Como siempre y antes que todo, mi absoluto agradecimiento para todos quienes se dan tiempo de leer en silencio y para quienes se dan tiempito de comentar... mil gracias.
A Gaby Madriz, mi beta (y voz de mi conciencia a veces) por ayudarme con cada capítulo... ¡Gracias nena!
Ahora les dejo para que lean...
Nos encontramos dentro de siete día. Besotes a todas!
Cata!
(Pueden encontrarme como Cata_lina_lina en twitter y Catalina Lina en Facebook)
25. Y el ángel voló.
"El mar rompió en mis venas, y libró mi corazón…"
~En Paralelo~
Bella estaba sentada sobre el frio suelo del pasillo del hospital, con su espalda afirmada en la muralla, rodeando y sujetando sus rodillas con ambos brazos, meciéndose hacia adelante y hacia atrás, con el terror calándole hasta los tuétanos. Y es que no estaba segura de cómo las cosas habían cambiado tan vertiginosamente. Cómo era posible que hasta antes del mediodía en su hogar haya sido muchas risas y alegría, para después tornarse en miedo, llanto y desesperación.
¿Qué pretendía Dios?
Esperando a que el médico saliera a darles una respuesta sobre el estado de su hermana, que ya hacía cuatro horas atrás, había sido internada con un coma diabético, y cerrando los ojos, recordaba como una película de terror todo lo que había pasado hacía hora atrás:
Michael había llegado de pasadas a decirle a Alice que debía de viajar hasta el otro lado del país y preparar una reunión importante que tendría a día siguiente a primera hora. No estuvo mucho rato, pero a Alice le bastó con que él haya ido a despedirse y prometerle que de regreso, en dos días, se tomaría una semana libre la que aprovecharía con ella y su pequeño bebé. Alice, ilusionada y un poco nerviosa, sabía que se debía preparar pues Michael le avisó que la llevaría a conocer finalmente a sus padres y que ambos les contarían sobre el futuro nieto que llegaría. Además, hablaría sobre la idea de formar una familia, pues Michael le aseguró que estaba listo, con su corazón en paz y dispuesto para volver a amarla, como nunca dejó de hacerlo. Eso ilusionó a Alice profundamente.
Bella se quedó dentro de la casa y cotilleando por la ventana para ver a hurtadillas la escena aquella cuando Alice salió a despedir a Michael a la calle cuando él tuvo que marcharse, dejándolo en la puerta de su coche y degustando, después de mucho tiempo, de los besos de su boca, suspirando a continuación, para desearle un buen viaje a Michael y pedirle que le llamara en cuanto pisara el aeropuerto al llegar a su destino.
Luego de eso, Bella desde la ventana de su casa vio que las cosas se tornaron negras: un coche llegaba al tiempo que Michael se difuminaba por la calle. Un coche oscuro desde el que salió nada menos que Jasper, apresurándose a Alice. Ella, instintivamente puso una mano sobre su barriga a modo de protección y se apresuró a entrar corriendo a la casa, pero no alcanzó.
—¡¿Por qué mierda te escondes de mi?! —le inquirió amenazante Jasper, sujetándola con violencia por el brazo.
—Suéltame…
—¡No te suelto! Dime… ahora que podemos estar juntos como siempre lo deseamos…
—¡No quiero estar contigo, me das asco! —decía ella, forcejeando.
—¿Te doy asco? —preguntó él con ironía— No sentiste asco de mi cuando te follé…
—¡Suéltame!
—¿A caso Michael ha vuelto a rondarte? ¿Olvidó que lo engañaste conmigo? ¿Te ha follado él, como yo lo hice?
—Por favor… —un mareo fuerte y la incapacidad de llevar aire a sus pulmones, hizo que Alice sucumbiera y se desmayara en la puerta de su casa.
Allí fue cuando Bella apareció y vio la escena con horror.
—¡¿Alice?! —preguntó, corriendo hacia ella, mientras Jasper daba pasos ciegos hacia atrás. Bella levantó su vista hacia él— ¿Qué le hiciste, maldito?
—Yo… yo…
—¡Una ambulancia! —Con desespero gritó Bella con voz en cuello— ¡Por favor!
Charlie salió al grito de su hija y corrió hasta ella, no alcanzando a ver a Jasper, quien se evaporó de la escena como un cobarde que era.
—Entrémosla hasta la casa y llamemos a su doctor —dijo el padre, tomando a Alice entre sus brazos para entrarla a la casa. Bella sacó el móvil de su bolsillo y le marcó al médico mientras entraban, quedándose Jasper estático en las afueras de la casa.
—¡Por Dios, Alice, hijita, reacciona! —Le pedía su padre, dándole golpecitos en el rostro, mientras Bella le informaba al doctor que Alice se había desmayado y que el color de su rostro se estaba tornando de una palidez extrema, y que su respiración era superficial— ¡Por Dios Bella, qué ocurrió, por qué se pudo así! —exclamó luego a Bella, quien tartamudeaba respuestas nada claras para Charlie.
Desde ahí, todo ocurrió vertiginosamente.
Renée llegó a casa en compañía de Irina y su nieta Beth después de una mañana de compras en el supermercado, encontrándose en la sala con Charlie sentado con su cara entre las manos y Bella intentando calmarlo.
—¡¿Qué sucede?! —preguntó Renée con angustia y desesperación.
—Alice se desmayó… el doctor está arriba con ella…
—¡Pero cómo, qué pasó! —exclamó Renée con pavor.
Bella iba a responder, cuando el doctor bajó corriendo la escalera desde el segundo piso, informado que debían llevar a Alice de urgencia hasta el hospital y conectarla a un respirador artificial, además de someterla a chequeos, pues diagnosticó que acababa de sufrir un coma diabético que estaba poniendo en peligro su vida y la del feto. Esperar a una ambulancia iba a ser perjudicial, por lo que Charlie, su mujer y su hija subieron a arroparla para llevarla en el coche al hospital, siguiendo al doctor quien adelantó camino para preparar su ingreso.
Así estaba Bella, perdida en la pena, recordando con sus ojos llenos de lágrimas, después de saber que el feto no había aguantado el colapso de su madre, provocando un aborto espontáneo cerca de las cinco de la tarde, mientras Alice luchaba por su vida.
Y allí estaban sus padres en la sala de espera del frio hospital, desesperados, pidiéndole al doctor que salvara a Alice, mientras a ella le tocaba la ingrata misión de comunicarse con Michael, a quien encontró en un aeropuerto esperando la conexión de su vuelo. Lloró como un niño cuando Bella, entre llanto también, le explicó que tuvieron que ingresar con urgencia a Alice y que el bebé no había resistido. Bella oyó el jadeo de angustia y asintió luego cuando dijo que buscaría el siguiente vuelo de regreso, que según lo que Bella calculó, debería arribar a Chicago después de las diez.
Intentó comunicarse con Edward, pero él no respondía. Sabía que estaba con su familia arreglando los problemas allí, y que lejos estaba en ella interrumpirlo, pero lo necesitaba. Necesitaba la seguridad que él le hacía sentir, necesitaba oírlo decir que todo saldría bien, y que su hermanita regresaría a casa, recuperada y que muy probablemente Michael y ella tendrían más oportunidades de concebir un bebé.
Eso deseaba oír ella… ¿se haría su deseo realidad?
En la espera, llegó Victoria quien fue contactada por Irina que se quedó en casa cuidando a Beth mientras ella y sus padres estaban en el hospital —¡Mi Dios, Bella, qué ocurrió! —preguntó, sentándose junto a ella y tomando una de sus heladas manos.
—Yo… salí… y la vi en el suelo… como si estuviera… como si estuviera muerta… —tartamudeó Bella.
—Calma, nena… calma… verás que todo es un susto —la consoló, abrazándola ahora por los hombros, mientras Bella lloraba y temblaba de miedo— James se comunicó con Edward. Él ya viene de camino —informó enseguida para calmarla.
—Gracias…
Se quedaron en silencio un instante, hasta cuando, media hora más tarde, Edward apareció muy agitado por la entrada de la sala de espera, acercándose primero a Charlie y a Renée, contándoles ellos a grandes rasgos en medio de su preocupación lo que había ocurrido. Inmediatamente después desvió su vista hacia Bella, quien estaba acompañada de Victoria sentada sobre el piso y corrió hasta ella, hincándosele en frente y tomando sus manos. Bella se incorporó y se recluyó en sus brazos, deseando que el calor de su abrazo la reconfortara.
—Ya hermosa, ya estoy aquí, todo va a pasar… todo va a salir bien… —susurraba él, meciéndola abrazada a su pecho.
—¿Por qué…? ¿Qué pasa, por qué no podemos estar felices…?
—Esto es una prueba más, mi amor. Lo superarán… lo superaremos, lo juro —prometió, besando su cabeza una y otra vez.
Con cuidado se levantó, llevándose con él a Bella en sus brazos, hasta acomodarse en uno de los asientos junto al matrimonio Swan, quien como todos ahí estaba esperando noticias, intentando no perder la fe, viendo como pasaban las horas.
—¿Necesitan algo? Apostaría que ni siquiera han comido… —dijo Victoria a Renée y Charlie. El padre de Bella negó con la cabeza y Renée simplemente le agradeció la preocupación, pero ella no era capaz de tragar nada.
—¿Bella, quieres algo para comer? —preguntó luego a su amiga, la que simplemente se limitó a negar con la cabeza.
—Oye, necesitas estar fuerte, come algo, por favor —le pidió Edward, acariciando su cabello. Bella negó a comer, pues en verdad no se sentía capaz de tragar absolutamente nada de alimento. Enseguida dio un respingo cuando en el bolsillo de su pantalón sintió que su móvil vibraba .
—¿Irina? —Contestó preocupada— ¿Está todo bien con mi Beth?
—Está todo bien, no te preocuparas por la niña. Llamaba para saber por tu hermana…
—Estamos esperando noticias… y yo estoy muy asustada…
—Estoy rezando, Bella. Beth y yo estamos rezando.
—Gracias Irina y cuida a mi hija, por favor —dijo, antes de colgar.
—¿Todo bien con la niña? —preguntó Edward, acariciando el preocupado rostro de Bella tras su corto diálogo con Irina. Ella asintió y suspiró, volviendo a dejar su cabeza en el pecho de Edward.
A pesar de que ahora Edward estaba con ella, Bella sentía que los minutos transcurrían con lentitud. A lo largo de ese rato, había recibido varias llamadas de sus amigos, que preguntaban por el estado de salud de su hermana. Ella deseaba decirles que estaban esperando noticias y que tenía fe en que fueran favorables, pero un mal presentimiento no dejaba de inquietarla, haciéndola sentir el constante deseo de llorar.
El recuerdo de la pesadilla que hace semanas la dejó preocupada, llegaba ahora hasta ella como un llamado de alerta para que estuviera preparada, como si aquel mal sueño hubiese sido una premonición. Pero ella cerraba los ojos y se negaba a pensar en lo peor.
Cerca de las nueve, Michael llegó corriendo hasta la sala de espera, jadeando como si hubiese corrido atravesando la ciudad para llegar ahí, con su rostro lleno de angustia y preocupación. Bella se levantó de los brazos de Edward y se acercó hasta él, directamente para abrazarlo y consolarlo, mientras él no pudo evitar llorar con desconsuelo en el hombro de Bella, mientras repetía una y otra vez:
—Mi hijo… mi Alice… yo me muero si…
—No digas eso… —le pidió Bella— Por favor, mi hermanita te necesita fuerte… y habrá otras oportunidades de ser padres, ya verás…
Michael se apartó de Bella, y limpió sus ojos —Pero qué sucedió, por qué Alice se puso mal, no entiendo, me despedí de ella y estaba perfectamente bien…
—Una descompensación… —susurró Bella, recordando después de qué su hermana se puso mal. No estaba segura si comentárselo a Michael, pues intuía que en medio de su dolor y su preocupación, era capaz de salir de cacería contra Jasper. Y no con el afán de defender la integridad de Jasper era que omitía su intervención en lo ocurrido, sino más bien por evitar sumar más dramas a todo eso. Lo más importante era su hermana.
—No entiendo… —insistía Michael con desconcierto, sin dar crédito— su alimentación estaba siendo controlada y medida, la glucosa estaba en niveles estables… ¿pasó un mal rato o algo así? —preguntó Michael, que sabía que un disgusto la hacía propensa a sufrir colapsos. Bella simplemente negó con la cabeza tragando grueso.
Cuando Michael fue a sentarse junto a los preocupados padres de Alice, Bella hizo lo mismo acomodándose junto a Edward, dejando que este tomara sus manos.
Cerró los ojos y respiró acompasadamente, cuando de momento a otro, sintió como si alguien soplara en su cuello, provocando un escalofrío recorrerle la piel. Al instante, la pesadilla que había tenido hace semanas se interpuso en su mente, esta vez con más claridad sobre sus actores. Como si estuviera soñando consciente, se vio sujetando las manos de Alice, que le sonreía con amor, hasta que por detrás, la figura negra de alguien como de más de dos metros de alto, corpulento, imponente, la tomaba de los hombros y se la llevaba, hasta hacerla desaparecer de escena, mientras ella quedaba allí, gritando su nombre y llorando su partida.
Abrió los ojos de sopetón, y como si fuera una señal, una congoja casi incontenible la hizo temblar, haciendo que Edward la mirara y la apretara aún más a su costado.
A continuación, todo para Bella pasó en cámara lenta.
Ese fue el momento en que el médico apareció ante la familia, y con la mirada criptica se dirigió hasta los padres de Alice. Sin decir nada, Renée se puso de pie y cerró la boca con sus manos, comenzando a negar vociferando una y otra vez, mientras lloraba con descontrol. El corazón de madre se lo dijo.
Su hija Alice ya no estaba con ellos. Ella había muerto.
Charlie no alcanzó a tomarla, cuando la madre se dejó caer al piso de rodillas, llorando con pavor, con el dolor que sólo una madre era capaz de sentir en ese momento.
—Doctor, no por favor… —rogaba Charlie entre llanto, hincándose junto a su esposa y mirando con súplica al galeno, para que no dijera lo que él tenía terror de oír.
—Lo siento… hicimos lo que estuvo a nuestro alcance, pero no resistió —explicó el médico
—¡No, por Dios, no! —gritó Michael, caminando de un lado a otro, mientras jalaba su cabello y lloraba de pena, rabia, dolor, desesperación.
Bella estaba como agarrotada, ni siquiera podía llorar con furia para desahogarse, aunque su cuerpo temblaba y todo el ruido ambiente, el llanto y las exclamaciones de dolor las oía lejanas. No se percató cuando Edward la tuvo que tomar por la cintura cuando la vio tambalearse, mientras el doctor intentaba explicar lo que había pasado, y como era que su hermanita había terminado muriendo en la sala de aquel hospital.
Era todo tan confuso… aquella mañana ambas estaban haciendo planes para comprar la cunita del bebé… y ahora… y ahora su hermana estaba… ¿muerta?
¿Cuánto tiempo perdió, ofendida por su traición? ¿Cuánto la hizo sufrir, evitando darle el perdón que Alice buscó y que ella se negó a darle? Así era, el tiempo perdido, perdido estaba… y eso era algo de lo cual ella estaría arrepentida por el resto de su vida.
—Está… está muerta… —susurró conmocionada con su mirada perdida— está muerta, Alice está muerta —reiteró. Pestañeó y lo primero que vio fue a sus padres hincados en el suelo, llorando abrazados con desconsuelo, mientras Michael hacia lo mismo, con su cabeza sobre el frio muro del hospital. Ella desvió su vista hacia atrás, mirando ahora a Edward, quien tenía sus ojos verdes escocidos por el llanto también.
Sintió de sus ojos correr una lágrima y mirando a Edward volvió a susurrar con su voz temblante por el llanto que asomaba de ella —Mi hermana está muerta…
—Lo siento, hermosa…
Allí fue el momento en que su llanto se desbordó, abrazándose a Edward por el cuello, mientras su sollozo se liberaba de ella. Era un dolor irreal, algo que le quemaba y que la transportaba a un paraje doloroso donde ella jamás pensó verse.
No fue consiente que se apretaba con tal fuerza al cuello de Edward, sino hasta los propios músculos de sus brazos pidieron tregua, después de no sabe bien cuantos minutos. Se apartó, dejando que él secara con besos y caricias las lágrimas de sus ojos, para luego dar un par de pasos al costado y caminó hasta sus padres, hincándose junto a ellos, fundiéndose los tres en el dolor de aquella pérdida tan repentina, injusta y devastadora.
—¡Es una pesadilla, esto tiene que ser una pesadilla…! —gimoteaba Charlie, abrazando a su mujer y a su hija hasta él.
Renée negaba con su cabeza, mientras su llanto salía de ella de forma desgarradora. Bella apretaba su pecho que ardía de dolor y Michael, alejado de la familia, se acercó a zancadas hasta el médico que hablaba con Edward y le explicaba lo que había ocurrido. Agarró sus solapas y le exigió una explicación:
—¡¿Qué demonios es esto, doctor?! ¡Tiene que haber un error!
Edward intentó interceder, apartando a Michael del doctor —Cálmate, por favor…
—¡No puedes pedirme que me calme! ¡Mi mujer y mi hijo están muertos! ¡Muertos! —gritó esto último, dejando escapar una vez más su llanto furioso, sin soltar las solapas del doctor, apuñándolas con violencia entre sus puños.
—Michael, por favor… —insistió Edward con calma. Lentamente el aludido dejó caer sus manos, con su cabeza baja como en actitud de sentirse acabado.
—Necesito verla… —susurró trémulo Michael al doctor, sin alzar su rostro— necesito… necesito verla, acariciarla por última vez… convencerme…
—Por supuesto. Quizás sus padres y su hermana quieran pasar también…
—Deles un momento, por favor, doctor —solicitó Edward, a lo cual el médico asintió, llevándose a Michael por los pasillos a despedirse de su amor.
Bella alzó los ojos hasta Edward, el que se apresuró a ir hasta ella, levantarla y ayudar a levantar a sus padres del frio piso de la sala de espera.
—No sé… no sé qué debo hacer ahora… —susurró Charlie, sintiéndose realmente perdido en medio de tan basto dolor de padre.
—No te preocupes, Charlie. Yo te ayudaré en todo lo que pueda —se comprometió Edward, a lo que Charlie sólo asintió con la cabeza.
Edward no se resistió para acercarse al padre de Bella y abrazarle para mostrarle su contención, mientras Bella sujetaba a su madre por los hombros, quien en ningún momento había dejado de llorar.
Probablemente, las horas que se avecinaban para la familia Swan, serían las más largas y las más tristes por las que jamás pensaron atravesar.
~En Paralelo~
Edward observaba el entorno contrito en aquel velatorio con una fuerte sensación de familiaridad, como si aquello fuese una especie de déjà vu. Pero ciertamente lo que él sentía era más que la simple idea de haber vivido aquello, pues en sus entrañas y su corazón, la imagen y el recuerdo del dolor de la pérdida de su hija se hacía presente con intensidad, sobre todo cuando contemplaba a Charlie Swan, quien parecía estar en trance, respondiendo al saludo de pésame de sus cercanos y amigos de forma monótona, igual como él lo hizo hace algún tiempo.
Si alguien podía entender a ese hombre, su dolor y la desolación que reflejaban sus ojos, era él. Nadie que no hubiese pasado por lo mismo podía ponerse en los zapatos de un padre que perdía algo tan valioso como un hijo.
No podía evitar sentirse inquieto en medio de todas esas ofrendas florales que adornaban el féretro caoba donde descansaba el cuerpo de Alice Swan, recordando que en un féretro similar descansó el cuerpo de su hija antes de ser cremado. Cerró sus ojos y llevó una mano hasta su pecho al recordarlo, teniendo que tragar el nudo grueso que se formó en su garganta con sólo recordarlo.
—¿Estás bien? —susurró una voz familiar junto a él. Su amiga Tatianne, que lo conocía perfectamente, intuía seguro lo que estaba pasando con él. Ella y su marido Garrett habían llegado hace poco para acompañar a Bella y su familia.
—Es extraño todo esto… me siento un poco inquieto, la verdad —reconoció a su amiga.
—¿Por qué no vas a tu casa a descansar? Seguro anoche no dormiste y te ves muy cansado.
Ella tenía razón. Durante la noche se encargó de todos los trámites en el hospital y luego con la funeraria para coordinar lo referente al velorio y lo que sería el funeral unas horas más tarde. Acompañó a Bella en vela durante toda la noche, pues ella se negaba a dormir. Había tomado mucho café y algo liviano por la mañana para obligar a Charlie y a Bella a comer, además de haber abusado de una cajetilla completa de cigarros que se fumó en un par de horas. Se dio tiempo de ir hasta su apartamento, tomar una ducha rápida, cambiarse e ir donde Lauren a contarle lo que pasó, y de paso intentar explicárselo a su hija, que lo comprendió según lo que ella entendía sobre la muerte, relacionándolo de inmediato con el viaje que hizo su hermana al cielo cuando se convirtió en ángel.
—No puedo dejar sola a Bella, es mi deber estar junto a ella. Sólo… sólo debo calmarme… necesito… necesito un cigarrillo.
—Pues vamos —le dijo Tatianne, tomándolo por el brazo y llevándoselo al exterior, donde el frio del mediodía de aquel lunes calaba fuerte en la piel. Edward subió las solapas de su abrigo negro y sacó de su bolsillo la cajetilla de cigarros, ofreciéndole uno a su amiga.
Se quedaron un momento en silencio, con Edward aun sumergido en los recuerdos que no se apartaban de su cabeza. Era inevitable no recordar el último suspiro de su hija, el llanto de Lauren y el suyo propio, todo aquel pesar que cayó sobre su familia, de igual modo a como caía en ese momento sobre la familia de Bella.
—Siento que estás sufriendo más de lo que deberías por esto, y no me malentiendas, pero con todo lo que te ha pasado, creo que debe ser más duro para ti que para cualquier otro.
—Me es difícil, no puedo negarlo —negó, agitando su cabeza, mirando a las personas que entraban y salían del salón— es como si… como si cuando a mí me tocó vivirlo no hubiese sido consciente en verdad de todo el dolor que rodea una situación así. Me concentré en mi dolor, me sumí en él, que me tuvo como adormilado. Pero ahora que lo veo desde afuera, cercano… es escalofriante.
Tatianne suspiró y se acercó hasta su amigo, abrazándolo por la espalda —Me siento tan orgullosa de cómo has llevado este dolor, Edward. Sé que no es algo que se borrará de tu corazón, pero lo has sabido canalizar bien, vivir con la pena. Además, creo que Lizzie estaría muy orgullosa de ti, de cómo has sido capaz de dar amor y quizás con eso canalizar tu dolor. Es muy loable que estés aquí, acompañando a Bella y su familia a pesar de lo mucho que sé que te cuesta estar aquí.
Edward en un gesto de amistad y agradecimiento hacia Tatianne, llevó su boca hasta la cien de su amiga y dejó un beso allí. Exteriorizar con ella sus sentimientos le había servido para respirar tranquilo. Ahora necesitaba estar firme y concentrarse en contener en todo momento a Bella y su familia. Eso era lo que importaba.
/E.P/
El cortejo fúnebre salió desde la pequeña iglesia rumbo al cementerio, donde al llegar, el cura amigo de la familia Swan se encargó en darle a la menor de las hijas la despedida con unas palabras muy sentidas que buscaban entregarle confort a la familia en medio del camposanto, frente a la congoja de los padres, que observaron en medio de llanto y desolación como el cuerpo de su hija muerto bajaba a tierra.
Renée y Charlie lloraban con desconsuelo abrazados el uno al otro, y junto a ellos estaba Edward sosteniendo en todo momento a Bella, que se aferró a él, llorando apretada a su pecho el devastador dolor de haber perdido sin más remedio a su hermanita.
Michael en tanto, apartado de todo el grupo de gente, no escondía su pena y lloraba desconsolado con su vista fija hacia el ataúd. No quería que nadie se le acercara, no quería abrazos ni palabras de consuelo, pues nada de eso ayudaría de momento a mitigar el enorme dolor que sentía de haber perdido al amor de su vida y a su hijo, a quien no alcanzó a conocer.
La gente comenzó a salir del lugar cuando ya hubo terminado el cortejo, quedándose la familia y los amigos más cercanos allí hasta último momento. Edward apartó a Bella de la gente y la sostuvo en sus brazos fuertemente estrecha en él.
—Está bien, hermosa… es momento de irnos… —susurró Edward a Bella, con su boca pegada en el tope de su cabeza.
—No quiero… no quiero dejarla aquí sola… —negaba, mirando hacia el lugar donde estaba ahora el cuerpo de Alice, rodeada de flores—Perdí tanto tiempo… podría haberla perdonado antes y cuidarla más, no tendría que haberle dado la espalda, ella necesitaba de mi…
—¡Basta Bella! No te culpes.
—Si yo… si yo hubiese estado más pendiente… ella ahora… ella estaría aquí ahora…
—Bella, mírame— pidió, tomando el triste y pálido rostro de Bella entre sus manos, obligando a que sus acuosos ojos le miraran —No tienes la culpa de lo que pasó, fue algo imprevisto que salió de control, nadie la tiene la culpa…
—Yo creo… yo creo que alguien sí tiene la culpa —susurró, arrugando el abrigo de Edward. Él frunció sus cejas, confundido por los dichos de Bella, quien dejó escapar un destello de rencor en medio de su dolor.
—¿Por qué dices eso? —susurró, acercando su rostro aún más a ella. Bella cerró sus ojos y negó con la cabeza, soltando aire de sus pulmones.
—No… ahora no podría hablar de eso, no en medio de todo esto —admitió, escondiendo su rostro en el pecho de Edward, para volver a soltar su llanto trémulo— ¡Dios! No puedo con esta pena.
—No sé qué decir para hacerte sentir mejor… haría lo que fuera para quitarte esta tristeza.
—Es suficiente con que estés aquí… te necesito, no te alejes de mí.
—Nunca —susurró su juramente, besando una y otra vez el tope de su cabeza.
Alejarse de Bella nunca fue una opción para Edward desde que la encontró, y no lo era ahora cuando ella más lo necesitaba. Allí estaría para ella y su familia.
Mientras sostenía a Bella en sus brazos y mientras la gente salía del lugar, sintió de momento a otro, que su abrigo era jaloneado desde abajo. Él bajó su cabeza y alzó sus cejas, muy sorprendido cuando vio de quien se trataba:
—¡Grace! ¿Qué haces aquí? —preguntó Edward mirando hacia todos lados, mientras Bella lentamente levantaba la cabeza del pecho de él, mirando también a la pequeña Grace, quien no le quitó los ojos de encima. Parecía que estaba ansiosa por algo, además de sujetar con fuerza sobre su pecho una hoja y una rosa.
—Perdona, pero me pidió que la trajera, dijo que era un asunto importante —se disculpó Emmett con su hermano, quien apareció a sus espaldas.
—Tenía que ver a Bella… —susurró la niña como con respeto, torciendo su pie repetidas veces en un gesto de nerviosismo.
Bella se apartó de los brazos de Edward y se inclinó hasta quedar de la altura de la pequeña de siete años. Acarició su rostro y esperó a que ella hablara.
—Mi mami me dijo que tu hermana se fue al cielo… así como mi hermana Lizzie —dijo la niña. Bella simplemente asintió con la cabeza, secando sus lágrimas— Y seguro estás muy triste… —agregó, poniendo su mano pequeñita sobre el rostro afligido de Bella— Yo también me puse triste porque no la vería de nuevo, pero ella me dijo que sería mi ángel y que siempre estaría conmigo… tú también me lo dijiste una vez…
—Lo recuerdo —susurró Bella.
—Creo que ahora tu hermana, es tu ángel también y te cuidará desde el cielo, a Beth, a Don Charlie y a la señora Renée también… uhm… y se me ocurrió hacer esto para que no la eches de menos —dijo, extendiéndole la hoja que llevaba como un tesoro apresado en su pecho.
El dibujo estaba ambientado en un lugar con áreas verdes, donde se veía a dos mujeres que por lo que se distinguían eran Bella y su madre Renée. También, había un varón con un gran bigote el que sin duda era Charlie y una bebita junto a él; Mary Elizabeth. Y destacando en el dibujo, la imagen de un ángel con sus grandes y blancas alas, de cabello corto y negro, y una brillante aureola, quien parecía sobrevolar por los integrantes de esta familia. Sin duda ese ángel era Alice.
Bella se cubrió la boca con su mano en tanto observaba el dibujo con clara emoción en su rostro y sus ojos, mientras Edward y su hermano Emmett contemplaban la escena en un silencioso respeto.
Eventualmente Bella levantó su vista hasta la pequeña Grace y alzó levemente la comisura de sus labios en una pequeña sonrisa de agradecimiento, llevando una de sus manos hasta el rostro de la niña para acariciarlo.
—¡Ah!, y te traje esta rosa porque mi tío Emmett dijo que a las mujeres grandes se les quita la pena cuando se les regala flores —agregó la niña, extendiendo la hermosa rosa blanca hacia Bella, que la recibió gustosa, llevándola a su nariz para captar su suave fragancia.
—Gracias Grace —dijo Bella, sin poder esconder la emoción en su voz —¿Me puedes dar un abrazo?
La niña no lo dudó un instante, para abalanzarse donde su querida maestra. Bella la apretó fuertemente, susurrando una y otra vez su agradecimiento y lo mucho que la quería.
Edward sintió un profundo orgullo de su hija, quien sin saberlo, estaba consolándola, porque de cierto modo, ambas habían padecido la misma pena, y ya desearía él que Bella pudiese ver la muerte de su hermana con la naturalidad de su Grace, y con la seguridad de que su hermana, como Lizzie, aunque estuviese en el cielo, de alguna manera estaba con ella todo el tiempo y era su ángel que cuidaba de ella desde el cielo.
—Gracias por traerla, Emmett —susurró Edward a su hermano, quien estaba de pie junto a él. El aludido sólo asintió con la cabeza, mientras palmeaba la espalda de su hermano menor.
—¿Quieres acompañarme a ver a Charlie, para que le enseñemos el dibujo? —le preguntó Bella a Grace, cargándola en sus brazos. La niña asintió con rapidez. Miró luego a Edward buscando su aprobación, y él por supuesto estuvo de acuerdo.
Emmett dio dos pasos rápidos hasta Bella —Uhm… Bella… yo pues… quería presentarte mis respetos... lamento mucho esto…
—Gracias, Emmett y gracias por traer a Grace —dijo Bella, abrazando a la niña, quien descansaba su cabeza en el hombro de Bella. Caminó luego con la niña en sus brazos, acercándose hacia sus padres, quienes estaban a unos metros de ella, rodeados de gente.
Edward vio la escena cuando Charlie divisó a Bella que iba con Grace en sus brazos. Él no dudó en apartarse y hacerse hacia ella, tomando ahora él a la niña, abrazándola y hundiendo su cara en su pequeño hombro.
Era increíble como en tan corto tiempo, Grace se había ganado el corazón de toda la familia de Bella, tanto como para entrever por la escena aquella, que la pequeña niña podía alivianar aunque sea un poco el dolor con tan solo su presencia. Edward pensaba en que si su hija Lizzie ciertamente era un ángel del cielo, su pequeña Grace era un ángel en la tierra.
/E.P/
— Tuve toda la intención de ir y darle mi pésame a Bella, pero creí que después de todo lo que ha pasado no era el mejor momento para acercarme —dijo Esme a su hijo, cuando este recibió su llamado telefónico.
—Agradezco tu intención mamá, pero con todo esto, ni tiempo he tenido de hablarle a Bella, pero te aseguro que ella no tendrá ningún problema en que te acerques.
—Por favor, hazle llegar nuestras condolencias y explícale…
—Pierde cuidado, mamá.
—Emmett llegó hace un rato con Grace. Ella nos contó que Bella recibió su dibujo y la rosa que cortamos del jardín para ella.
—Sí, fue un lindo gesto de su parte… pero pensé que Emmett la llevaría a casa de Lauren.
—Ella nos pidió que la cuidásemos hasta que pasara por ella, nos dijo que tenía algo importante que hacer.
—Bien, gracias mamá.
Lauren había estado durante la mañana en el salón donde velaron a Alice, acompañando a Bella por un momento, excusándose de no poder acompañarla en el funeral por asuntos de trabajo. Ahora, Bella había ido a tenderse a su cama para tratar de dormir un poco, además decía que necesitaba estar a solas con su hija. Edward ciertamente respetó eso, pero antes de marcharse, se cercioraría de que comiera algo y de que durmiera si es que en ese momento no lo conseguía.
Después de fumar un cigarro en la puerta de la casa y cuando se disponía a entrar, reconoció un vehículo que se estacionó en la entrada de la casa. Lauren bajó de este y caminó directamente hasta él.
—No sabía que vendrías —reconoció Edward cuando ella llegó hasta él.
—Sentí que debía hacerlo…
—Bella ahora está descansando, pero…
—Llévame con la madre de Bella, por favor —le dijo antes que Edward siguiera hablando. Él notó el mismo y familiar gesto de ansiedad que su hija hace horas atrás cuando llegó al cementerio en busca de Bella, por lo que no cuestionó su petición.
Sin decir más, Edward la guió al interior de la casa y caminó junto a Lauren hacia la cocina, donde se encontraba Renée en compañía su hermana, tomando una taza de té caliente.
Lauren se estremeció al ver el semblante de dolor de aquella mujer que no había tenido la oportunidad de conocer antes, pero con la que sin duda las unía un inmenso dolor, pues como Edward en Charlie, ella se vio reflejada en esa mujer, como un paralelo de su vida.
Entendía perfectamente lo que estaba sintiendo: el dolor desgarrado de su corazón que quemaba como nada, el deseo de hundirse hasta desaparecer, la inquietud de no saber qué sería de ella en adelante y la necesidad de que las preguntas que abrumaban su cabeza fueran respondidas, para poder siquiera entender por qué alguien debía de pasar por semejante pena.
—¿Renée? —la llamó Edward al acercársele. Ella desvió su vista perdida hacia él— Ella es Lauren…
—Soy la madre de Grace —acotó Lauren, sentándose junto a ella y tomando sus manos— y la madre de Elizabeth, que falleció hace casi ocho meses.
El rostro de Renée se contrajo y otra vez el sollozo salió de su boca, echándose a llorar en el hombro de Lauren. La ex esposa de Edward la abrazó por los hombros, pasando su mano tiernamente por su espalda.
—Yo… no entiendo… —gimoteaba Renée en los brazos de Lauren, mientras su emocionada hermana que la había estado acompañando hasta ese momento, salía de la cocina junto a Edward para darles a ambas privacidad —No sé… esto es…
—Irreal —dijo Lauren, terminando la frase— la peor pesadilla de una madre, lo sé.
—Me siento tan vacía… —reconoció con frustración Renée, apartándose un poco de Lauren. Desde las habitaciones contiguas se sentía el ruido de las conversaciones, haciendo que la desolada madre mirara con indignación hacia la puerta— ¡No sé qué hacen todos ellos aquí! Quiero que se vayan, que guarden silencio, que tengas respeto por mi niña…
—No se encierre en sí misma. —aconsejó Lauren desde su propia experiencia— Renée, no se aparte de su entorno, es el peor error que puede cometer. Sé que ninguna palabra podrá remediar su dolor, pero le aseguro que esa gente, su entorno cercano está aquí porque precisamente respeta la memoria de su hija y quiere recordarla.
—Ella… ella tendría que estar aquí ahora… ¡Tengo tanta rabia! Y el alma… me duele, es como si pesara… ¿cuánto tiempo tendrá que pasar para que este dolor desaparezca, Lauren, cuánto?
Lauren negó lentamente con su cabeza —No desaparece… se hace más llevadera, pero siempre está. No hay olvido para esta pena —dijo Lauren en un susurro. Una vez más tomó las manos de Renée entre las suyas y consiguió que esta la mirara directamente a los ojos— ¿Sabe una cosa? Ahora, después que han pasado estos meses, el recuerdo de mi Lizzie es lo que me ayuda a seguir adelante. Me volvería loca ahora si la hubiese olvidado, pero eso es imposible. Sigo sintiendo su perfume, a veces oigo su risa, sobre todo con Grace… —una lágrima cayó y se deslizó por la mejilla de Lauren antes de agregar con toda su convicción— Ni mi Lizzie, ni su Alice, ningún hijo que se ha ido, merece que lo olvidemos. Vale la pena cargar con el pesar y dejar que el tiempo y las personas a nuestro alrededor nos ayuden a sobrellevar la pena. El amor de los suyos y el recuerdo de su hija han de ser su motor, Renée.
Renée, que en medio de toda su congoja escuchó atentamente las palabras de Lauren, que para ella surtían mucho sentido, pues probablemente nadie podía entenderla como ella lo haría.
—Vamos, Renée… hábleme de su hija, cómo era, qué le gustaba, qué características la destacaban —pidió Lauren, esbozando una pequeña sonrisa.
—Bueno… —Renée carraspeó y pensó por unos segundos— ella era una niña muy tierna… desde siempre le gustaron las artes, cualquier rama de estas —se quedó pensando y se carcajeó ante el recuerdo— siempre participaba en los montajes teatrales de la escuela, ganándose siempre los papeles principales. Era de muy pocos amigos, pero muy fiel a estos… y qué decir de cómo quería a Bella… no fue una niña perfecta, ¿sabe?, pero era mi orgullo. Cometió errores, pero eso la hizo más madura, y supo hacerle frente cuando fue preciso…
—Estoy segura de eso —dijo Lauren.
Y allí se quedaron ambas madres por mucho rato hasta que oscureció y la casa poco a poco se fue desocupando, compartiendo una con la otra de sus vivencias, contando y recordando parajes de las historias de sus hijas que ahora ya no estaban con ellas; acompañándose una a la otra en medio de todo ese pesar tan grande.
En el piso de arriba, Edward acunaba a Bella en sus brazos mientras ella al fin había conseguido dormir, pensando en cómo es que la vida se cruzó y unió a ambas familias por un sentimiento común. Como los amargos parajes en la vida de Lauren y él sería de ayuda ahora para Renée y Charlie Swan, y de cómo la pena y la confusión que seguro sintió su hija Grace cuando su hermana murió, también había sido de consuelo ahora que Bella pasaba por un muy similar dolor y desconcierto por la partida de Alice.
De cualquier modo estaba seguro que su familia sería de ayuda y apoyo para la familia de Bella, y él era un agradecido de que así fuera, porque con todas sus fuerzas deseaba que el dolor de ellos menguara, por amor a Bella y por el cariño que le tenía a su familia.
En silencio, y con Bella aferrada a su cuerpo, rogó a Dios y a su ángel Lizzie, que ayudara a esa familia a sobrellevar el dolor de esa pérdida tan terrible, la cual él entendía tan bien.
—Descansa, mi amor —susurró a Bella, dejando un beso en su cabeza y quedándose allí a velar su sueño, por el tiempo que fuese necesario.
