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Le Début d' une Nouvelle Vie

XXV

De pie sobre la fina arena de la playa, vistiendo una falda de color blanca que le llega a las rodillas, una blusa de tirantes ¾ de ancho color violeta, sandalias y un sombrero blanco estilo Floppy sobre su cabeza, su cuerpo se encuentra en posición frente al mar como si estuviera contemplando el amplio y maravilloso mar, sin embargo, la sombra del sombrero y los largos flequillos de su brillante cabello plateado cubren la visibilidad de sus ojos. La marea se mece al compás del sensual baile. Pronto, la suave brisa mece bruscamente su brillante cabello plateado cual cae como cascada y le llega más abajo de la cintura. Una sonrisa socarrona atraviesa sus labios pintados de rojo pasión.

De repente, siente la presencia de alguien familiar. Alza un poco la cabeza dejando a la apreciación sus ojos color rubí y los mueve hacia el lateral derecho posándolos sobre él. Ella extiende su mano derecha y él la toma delicadamente. Al instante, el viento sopla con suavidad meciendo el brillante cabello plateado del joven, quien le regala una cálida sonrisa mientras entrecierra sus ojos carmesí. Cariñosamente entrelazan sus dedos, al instante sienten el agua y las espumas blancas rozar sus sandalias a medida que la marea llega a la orilla.

Ella entrecierra los ojos, entristecida. Es un hermoso lugar, lejos de todos los que intenten separarlos, residiendo en una casa de playa felizmente enamorados, más no casados. Sacude su cabeza y le sonríe. Él posa mano derecha debajo del mentón y lo acaricia. – Himeko, dime qué te preocupa. – ella abre los ojos como platos, sorprendida y a la vez sensible. – Himeko...– frunce las cejas, intrigado.

– Aki...– se muerde el labio inferior. – ¿Qué pasará ahora con nosotros? – ojos tristes.

Dolido al ver esa expresión de tristeza en el rostro de su amada, la hala a su regazo y rodea los brazos alrededor de ella en un posesivo y tranquilizador abrazo. – Te amaré. – deposita su beso sobre la cabeza de Asumi. – Te amaré por toda la eternidad. – intensifica el abrazo. – Te amaré por siempre y nadie nos va a separar, lo prometo. – Asumi corresponde el abrazo y hunde el rostro en el pecho de él, quien besa su cabeza por segunda ocasión.

– ¿Aki? – atina a decir mientras mantiene el rostro escondido en el pecho de su gemelo.

– ¿Hm? – responde Haruki, concentrado en abrazarla con todas sus fuerzas.

Asumi aparta su rostro del pecho de él y le mira. – ¿No crees que debemos regresar? – interroga, inquieta. No comprende el motivo de su inquietud, pero el corazón le pide regresar. Haruki la apega más a su regazo obligándola a acomodar la cabeza en el pecho. – Akihi...– silencia al sentir que él la aprieta.

Apretando los brazos alrededor del femenino cuerpo, esconde el rostro entre el cuello de ella. – No... Lo siento. – frunce las cejas. Asumi abre sus ojos desmesurados ante la repentina respuesta de él. – No podemos regresar, no por ahora. – cierra los ojos con fuerza mientras los párpados tiemblan. – Lo lamento.

Asumi, quien mantiene los ojos desmesurados, entrecierra los ojos y corresponde el abrazo. – Lo entiendo. – una leve sonrisa atraviesa sus labios. – Estaré contigo sin replicar. No diré nada que te atormente, así que perdona mi egoísta petición. – en contestación, él acaricia su cabello aceptando gratamente su decisión.

Sólo busco protegerte. – dice para sí mismo entretanto huele su cabello. – Percibo un asfixiante peligro en Konoha y si regresamos estaremos envueltos en la desgracia que cubrirá a esa ciudad. – abre los ojos y los fija seriamente en la lejanía del inmenso mar. – Espero Airi esté a salvo, si no es así...– aprieta los dientes tan fuertes que son notables sus filosos colmillos. Su cuerpo empieza a tensarse e inquieta a Asumi. Inhala y relaja el cuerpo calmando a la chica.

De pronto, la marea sube y las espumas cubren sus pies no produciéndoles efectos negativos a sus cuerpos. Ambos se apartan, parpadean y sonríen. Pues una vez que dos vampiros jóvenes unen sus cuerpos para convertirse en adultos, sus cuerpos desarrollan habilidades únicas. Sorpresivamente, Asumi empuja a Haruki con intención de que éste caiga en el agua, más no contó con que él la tomaría de la muñeca y ambos caerían hacia atrás, Asumi sobre él. Parpadean confusos, enseguida ríen divertidos al verse empapados. No obstante, Haruki deja de reír y centra la mirada en el cuerpo de su gemela, la cual la ropa está ceñida a su cuerpo. Poco a poco va acercando su rostro al de ella y ella al de él. Inclina la cabeza y posan sus labios sobre los del otro, aprisionándolos y, lento y sin prisa, los mueven al compás. Haruki saca un poco su lengua y suavemente va frotando su labio, por su parte, Asumi entreabre su boca mientras siente a Haruki degustar y saborearle los labios, atrapándolos y apretándolos, constante. Asumi introduce su lengua dentro de la boca de él, buscando tener contacto con la de él. Haruki le acepta su lengua a gusto y desliza la propia en la boca de ella. Se besan dulce y tímidamente.


...

En un lugar lejano...

Atada sobre una silla del trono de la realeza y con la cabeza agachada, se encuentra la pequeña Airi mientras los flequillos del cabello cubren sus pálidos y opacos ojos rojos, sin el característico brillo. Un intenso y pulsante dolor le sigue quemando en el cuello, lugar exacto donde están tres Tomoe. Levanta la cabeza y frente a ella se ubican unos diminutos escalones que dan acceso al suelo inferior y una estrecha alfombra roja en el corredor central. No es un sueño. – Mama...– susurra. Cierra los ojos como si estuviera agotada y sin fuerzas. Los abre y se da cuenta que hay cables conectados en su cabeza; no sólo en la cabeza, también en el pecho. Abre sus ojos desmesurados, asustada. El corazón empieza a latir con rapidez y, al instante, escucha el sonar de un pitido que hace eco en cada espacio, cada muro. Pronto, una descarga eléctrica produce efecto retroactivo en su pequeño cuerpo, por tanto, se estremece abruptamente.

Rin se aproxima, se detiene frente a ella y cruza los brazos. – Eres idéntica a tu patética madre. – la furia se apodera de ella e inmediato intenta ahorcarla rodeando sus manos alrededor del pequeño cuello de Airi. – Pero tengo otros planes para ti. – aleja sus manos de su pequeño cuello. Alza la mirada, el cristal estrellado ubicado en el cabezal de la silla donde Airi se encuentra sentada y atada, brilla intensamente.

Una descarga recorre el cuerpo de Airi, ésta vez más intensa. Lágrimas desbordan de sus ojos pálidos. – Mama...– sacude su cabeza en negación. El brazalete que ata sus muñecas y tobillos en la silla intensifica la aprehensión. Su pequeño cuerpo se sacude violentamente mientras diversas descargas negativas la recorren completamente. – ¡MAMAAAAA! – abre sus ojos como platos y, de los mismos, lágrimas escapan acariciando sus mejillas. – WAAAAAHHHHH! ¡MAMAAAAA! – mueve el cuerpo con brusquedad. – ¡MAMA! ¡DUELE! – una descarga de energía negativa, oprime todo su cuerpo. – ¡MAMAAAAA! – agacha la cabeza, inconsciente.

Para sorpresa de Rin, un aura negativa empieza a recorrer el cuerpo de la pequeña. De inmediato, los brazaletes que atan las muñecas y tobillos de Airi se agrietan, y unas extrañas marcas empiezan a extenderse por todo el pequeño cuerpo como si quemaran. Rin abre los ojos con sorpresa. – ¿Qué? – retrocede atónita. Airi alza la cabeza y le mira con sus ojos completamente blancos. Rin retrocede, ojos tiemblan levemente. – Esto es... No...– sacude su cabeza. – ¿Qué está pasando? – pregunta en voz baja.

– Es lógico. – dice Orochimaru apareciendo en aquella amplia habitación. Rin gira sobre sus talones y le mira. – La hiciste enojar. – sonrisa socarrona surca en sus labios.

¿Enojar? – pregunta extrañada. – ¡Pero si es una niña de cinco años! – exclama, perdiendo la paciencia.

– Seis, para ser exactos. – le corrige.

Ambos escuchan el sonido de un cristal agrietarse. Rin da media vuelta, abre los ojos. El cristal estrellado se quiebra en pedazos y los brazaletes de metal se rompen por completo, liberándola. – ¿Quién es esta niña? – se interroga, preocupada. Airi se pone en pie, las marcas terminan de cubrir su cuerpo, entretanto su plateado cabello crece de repente y se torna brillante. Sin embargo, sus ojos permanecen completamente blancos mientras el aura negativa fluye de su cuerpo. – Esta niña no es una vampiresa normal. – extrae de entre sus pertenencias, una daga.

Airi se lleva ambas manos a la cabeza y comprime la misma. Fuerte dolor impulsa en su cabeza. – Ma...ma...– da un paso hacia delante agrietando el suelo que pisa. Dentro de su cabeza, se ve a sí misma parada frente a un espejo contemplando sus ojos profundamente negros. Parpadea, el espejo refleja sus acciones. No obstante, la mirada que le devuelve aquel reflejo expresa algo más, algo siniestro, pero a la vez tranquilidad. Extiende el brazo derecho hacia el espejo, lo detiene y cuando iba a retirar su mano, alguien le agarra la muñeca. Abre sus ojos desmesurados sin poder creer lo que sus ojos ven. Una mano sale del espejo y, ésta, sostiene su muñeca con fuerza. Entonces, escucha una suave vocecilla susurrarle:

"Te dije que no estarías sola."

Airi hala el brazo hacia sí misma procurando ser soltada por eso o lo que sea que eso sea. – ¡Suéltame! – Airi retrocede sin dejar de halar su brazo, sin embargo, mientras hala, el reflejo va saliendo del espejo. Su cuerpo empieza a temblar. El reflejo le suelta la muñeca, Airi cae al suelo debido al impulso de halar. Levanta la cabeza en dirección al espejo, el cual refleja a una niña de diez años atrapada dentro de un pilar de hielo sólido. La niña tiene el pelo entre plateado-azuloso, largo y rizado, el cual se encuentra disperso mientras los flequillos cubren parte de sus ojos los cuales están completamente cerrados. Ella lleva un vestido sencillo que le llega a las rodillas, color blanco y con finos tirantes. Airi percibe su pálida piel de una tonalidad morada-azulosa debido al congelamiento y la forma de copo de nieve en cada una de las palmas como si fuera un tatuaje.

Airi se levanta del suelo y se aproxima al reflejo. Sin darse cuenta pasa a través del mismo hasta llegar frente al pilar de hielo sólido. – "No estás sola." – vuelve a oír la vocecilla. – "Somos una." – Airi coloca ambas manos en el hielo, éste empieza a derretirse. – "Recuerda." – lentamente, la niña atrapada en el pilar, abre los ojos de una tonalidad amarilla como la de una serpiente, extiende sus manos y las coloca junto a las de Airi. Su cuerpo de diez años se reduce al de una niña de seis años, entonces le regala una cálida sonrisa a Airi. – "Onee-chan." – cierra los ojos sin dejar de sonreír.

Una leve sonrisa surca los labios de Airi. – ¿Ri-chan? – atina a decir la pequeña Airi. De repente, siente una pequeña mano en su hombro izquierdo. Abre sus ojos, atónita y, lentamente, vuelve la cabeza hacia atrás.

La misma niña de largo y rizado cabello entre plateado-azuloso, pero de brillantes ojos carmesí, niega la cabeza. – "Ai-chan, debes regresar. Aquí no es seguro." – le dice la niña de brillantes ojos carmesí. Al instante, aparece un objeto con forma de cruz y con una cadena sujeta al cuello de Airi, dicho objeto es un rosario con una piedra roja y ovalada. Toma la mano izquierda de Airi y retrocede con ella. – "Debes irte." – Airi vuelve la cabeza para observar de nuevo la niña atrapada en el pilar de hielo sólido. – "Eso no es real." – dice obteniendo la atención de Airi, quien otra vez mira el pilar y lo que se encontraba atrapado no era una niña sino una enorme serpiente. – "Yo lo soy." – la piedra del rosario comienza a brillar. – "Ai-chan, regresa." – ambas escuchan el gruñido de algo o alguien. Al voltear la mirada, se quedan paralizadas al ver que el pilar de hielo se rompe en pedazos liberando a esa enorme criatura. Ella aprieta la mano de Airi y empieza a correr halando a Airi consigo y atraviesan aquella densa oscuridad.

– Ri-chan, ¿Por qué corremos? – interroga Airi, curiosa. No obtiene respuestas, sólo continúan corriendo. Corren, corren y corren, pero sólo hay oscuridad, nada más. No obstante, más adelante pueden percibir una ventana de luz.

Una sonrisa melancólica atraviesa los labios de la niña de ojos carmesí. – "Ai-chan, estoy feliz de verte." – murmura con la voz rota. Casi se acercan a la ventana de luz. – "Pero..." – se detiene haciendo hincapié con su pie derecho. – "Debes olvidarme." – aprieta la mano de Airi y, tomando impulso, la hala en dirección a la puerta de luz que es en realidad la salida del espejo. Cuando la iba a soltar, el espejo se quebró en pedazos desconcertándola a ambas. Pronto, la densa oscuridad empieza a cubrirlas con la espesa neblina.

– ¡Ri-chan! – exclama Airi, siendo arrastrada por la oscuridad.

– "¡Ai-chan!" – responde la niña intensificando el enlace de manos. – "¡Pronto, olvídame!" – ambas se sumergen dentro de la oscuridad que, al parecer, se convierte en agua. La unión de manos se deshace. Ella emerge, tose. – "¡Ai-chan!" – alguien la agarra de los tobillos y la hunde dentro del agua. Se lleva las manos a la garganta señal de que le es difícil respirar. – "Ai-chan, si me olvidas todo volverá a la normalidad. Podrás vivir una vida pacífica y yo seguiré estando en tu interior, apareciendo en el momento indicado cuando necesites mi ayuda." – dice para sí misma.

Ojos cerrados. Airi siente que las fuerzas abandonan su cuerpo y ya no puede continuar. Abre su boca dándole acceso a la entrada del agua a su organismo. Abre los ojos y distingue el cuerpo de la niña de su misma edad. Su largo y ondulado cabello le recuerda a alguien, pero la pregunta es: ¿A quién? – Onee-chan. – inconscientemente dice para sus adentros. Extiende un brazo hacia ella. – Eres tú. Ya recuerdo. – cierra los ojos. – Tú eres...– los abre viendo absolutamente nada, esta vez sintiendo todo su cuerpo pesado y tirado en el suelo. Recupera la postura. La oscuridad no le permite distinguir nada.

Entrecierra los ojos con el objetivo de distinguir o diferenciar el lugar donde se encuentra. En la infinita oscuridad donde la nada prevalece, identifica un pequeño parpadeo de una luz roja. Curiosa, Airi se pone en pie y camina en dirección del parpadeo. Mientras se adentra en aquella negrura y sus ojos se van acostumbrando, nota a una joven desnuda con la cabeza agachada entretanto su lacio cabello plateado cae hacia delante y los flequillos impiden que sus ojos sean apreciados. Airi siente una terrible punzada hincando en su corazón por la posición de la joven. Brazos abiertos y las piernas juntas mientras gruesas cadenas mantienen atado todo su juvenil cuerpo lastimando su emblanquecida piel. Ella alza la cabeza y posa sus opacos ojos rojos sobre Airi, quien siente un leve frío recorrer su espalda.

La joven inclina la cabeza hacia el lado derecho sin dejar de observar a Airi, enseguida centra sus semiabiertos, opacos y sin brillo ojos rojos donde están sujetas esas fuertes cadenas, las cuales provienen de la nada. Éstas se congelan y rompen en pedazos, desconcertando a la pequeña Hatake. Ella desciende y deja su cuerpo elevado en las puntas sobre sus dos pies descalzos. Una cálida sonrisa atraviesa los labios de la joven. Pronto, un vestido blanco y con finos tirantes aparece cubriéndola, el cual le llega a las rodillas. Extiende los brazos hacia la niña, asiente con la cabeza indicándole que acepte sus manos.

Confiada, Airi extiende sus manos y estaba a poco de tocar las de ella. No obstante, algo la detiene. En otro sentido, la niña de pelo entre plateado-azuloso, largo y rizado golpea un cristal una y otra y otra vez con sus puños mientras ve a una Airi dispuesta a aceptar las manos de la joven. – "¡No lo hagas!" – grita desesperada, más nadie la escucha, pues está atrapada dentro del cristal ovalado ubicado en el centro del rosario que cuelga del cuello de Airi. El referido cristal se agrieta.

Rin retrocede al ver a Airi caer de rodillas mientras el aura negativa la arropa completamente. Airi siente un intenso y pulsante dolor que le sigue quemando en el cuello. Ella abre los ojos como platos completamente blancos. Empieza a respirar forzosamente. Sin embargo, un pulsante dolor de cabeza continuado por un incesante zumbido, le provoca una sensación de querer explotar. Sacude su cabeza en negación, pues un punzante dolor impulsa la misma y ya no aguanta los agudos dolores. Se aprieta las manos en la cabeza procurando calmar la incomodidad, más no es posible. – Ma...– lágrimas escapan de sus ojos. –...ma. – descargas de energía cubren su aura. Aprieta los dientes aguantando un grito, pero el dolor, el ardor que le quema el cuerpo, es demasiado. – ¡MAMAAAAAA! – grita, alzando la cabeza hacia arriba.

Rin y Orochimaru sienten un fuerte y preciso temblor de tierra. – ¿Qué está pasando? – se pregunta, inquieta.

– No necesitas de tu rival para lograr tu cometido. – responde Orochimaru, dando la vuelta. – Ya está en proceso. – se retira como si todo el asunto del secuestro y los malignos planes no tuvieran nada que ver con él.

Rin parpadea en confusión, pero al instante reconoce lo dicho por el Sannin. Una maliciosa sonrisa atraviesa sus labios. El aura negativa que rodea el cuerpo de Airi desvanece y ella cae al suelo inconsciente.


...

Amplia recámara. Dentro de la misma, se ubica Sakumo acostado sobre una cama donde reposa dormido y respirando calmamente. De repente, mueve dos de sus dedos derechos. Poco a poco abre sus ojos empezando a ver todo borroso y, mientras la vista se aclara, percibe la presencia de alguien familiar en aquella habitación. Inhala, exhala. Enseguida centra los ojos hacia el lateral izquierdo en dirección a la ventana. Se puede visualizar una figura de pie cerca de la ventana contemplando, a través de la misma, el panorama que le ofrece la vista. – ¿Por qué estás aquí? – le pregunta a la figura de una mujer.

La mujer de cabellos pulcramente negros, vuelve la mirada hacia él. Kurenai gira el cuerpo y se aproxima hacia el Hatake. – Siento ser yo quien deba informarle. - se detiene al lado de la cama. – Prometí no intervenir, pero la situación se ha complicado. – mirada seria, cierra las manos en puños. – Airi Hatake deberá morir. – aprieta los puños.

Atónito, Sakumo abre los ojos desmesurados. No puede creer que Kurenai haya dicho semejante atrocidad, sin embargo, algún día tendría que pasar si ésta situación se presentaba. Más implementarla tan deprisa... No, no puede permitirlo. – Es mi nieta. – murmura, en tono de súplica.

– Lo siento. – dice, agachando la cabeza. Alza la mirada firme. – Ya hemos prolongado lo inevitable. - retrocede dispuesta a marcharse, pero Sakumo la agarra de la muñeca de la mano izquierda.

Le aprieta la muñeca. – Reconsidera. – le pide con amabilidad. – Es mi nieta... Kurenai. – la nombrada desvía la mirada hacia un punto muerto, evitando ver el rostro del Hatake mayor. – Sálvala, por favor.

Ante dicha petición, Kurenai abre los ojos sorprendida. – Yo... no...– agacha la cabeza. – Lo siento, no puedo hacerlo.

De repente, la puerta se abre desconcertando a los presentes. Un hombre de brillantes cabellos plateados y con las manos deslizadas dentro de los bolsillos del pantalón, arriba a la recámara y echa un vistazo a la misma, más fija sus profundos ojos negros sobre el Hatake. Él viste pantalón de fina confección, color negro, camisa blanca de mangas largas, la cual lleva con las mangas remangadas hasta los codos y, por encima, lleva un chaleco negro que hace juego con el pantalón. Él avanza un par de pasos. Labios curvados hacia abajo. – Me extraña verlo en ese estado...– musita con la voz firme. – Padre. – cierra la puerta.

– Kakashi...– susurra Sakumo, atónito al ver a su hijo de pie ante él.

Kakashi camina hacia ellos, lentamente. Mientras avanza, extrae la mano derecha del bolsillo del pantalón sosteniendo en la misma una cadena de plata con un corazón de medallón, la cual deja colgar de su mano. – No me sorprende que hayas sido capaz de retenerla todo este tiempo. – se detiene, posa su mirada completamente seria directo a los ojos de su padre. Aprieta la cadena con fuerza. – ¿Dónde puedo encontrarla? – Sakumo parpadea confundido. Suaviza su mano derecha. – Mi esposa. – enarca una ceja, mientras su expresión firme no deja de ser dura y cuestionable. – Deseo ver a mi esposa en este instante. – aprieta de nuevo la cadena.

El enojo se apodera de Sakumo, ¿Cómo es posible que pregunte por su esposa cuando él la abandonó a su suerte? Cierra las manos en puños, aprieta los dientes con fuerza. – ¿Cómo te atreves a venir después de lo que le has hecho? – interroga, furioso. Intenta levantarse de la cama, pero Kurenai le detiene. – ¡Suéltame Yuuhi! – forcejea contra ella. – ¡Debo enseñarle una lección a este sinvergüenza!

– Cálmese. – le incita Kurenai entretanto forcejea con él. – No logrará nada empleando la fuerza. – logra tranquilizarlo.

Sakumo, ya calmado, suspira. Cierra los ojos. – Aquel día cuando marchaste con esa mujer, le destrozaste el alma a tu esposa. – entreabre los ojos. – Aunque la veas, no la reconocerías. – centra la mirada sobre Kakashi. – No es la misma mujer que alguna vez llegaste a conocer. – Kakashi abre los ojos desmesurados, sorprendido. En seguida, voltea la mirada hacia Kurenai, quien desvía la cabeza a un costado evitando los ojos del Hatake. – Kakashi...– empieza a decir Sakumo, sin embargo, silencia.

Kakashi entrecierra los ojos. – Kurenai, ¿Es verdad? – interroga, dudando de las palabras de su propio padre. La nombrada no responde. La inquietud se apodera de él, entonces se aproxima a Kurenai, con la mano izquierda la agarra del cuello de la chaqueta y la levanta. – ¿Es verdad? – voz grave e intimidante.

Kurenai no se intimida, más bien, sus ojos rojos empiezan a brillar. – Bájame. – musita seriamente.

Sin soltarla, la apega contra la pared. – Te pregunté si es verdad. – aprieta los dientes con fuerza. – ¡DIME! – intensifica el agarre, incomodándola. – ¿Qué pasó? – sus ojos negros cambian de inmediato a un rojo pulcramente carmesí.

– Pregúntale a ella. – responde Kurenai, tajante. Kakashi la suelta con brusquedad. –...Si es que puedes encontrarla. – sonrisa maliciosa.

– ¿Qué quieres decir? – entrecierra los ojos. – No estoy de ánimos para tus juegos de palabras. – aprieta las dos manos en puños. Silencio incómodo. Kurenai le mira con deseos de estrangularlo mientras a Sakumo ganas no le faltaban para matarlo en ese instante. Kakashi alza la mirada hacia el techo, inhala y exhala, les mira a ambos. – Necesito ubicarla. – ellos no contestan. – Si no la encuentro primero...– preocupación en sus ojos. – Por favor. – suaviza la mirada.

Kurenai gira sobre sus talones, dándoles la espalda. – No conozco su paradero. – se cruza de brazos. – Pero...– espira. – Intenta en aquellos lugares donde ambos se frecuentaban. – deshace el cruce de brazos y vuelve los ojos en dirección al Hatake, quien se pone inesperadamente serio. – Es posible que la encuentres allí. – dice dudosa. Kakashi da media vuelta dispuesto a retirarse, así que empieza a caminar apresurado en dirección a la salida. – Tus hijos...– se muerde el labio inferior.

Detiene su caminar. – Lo sé. Ellos son libres de hacer con sus vidas lo que les plazca. – responde, seguro de sus palabras, pues comprende que si ellos decidieron huir es porque se respetan y podrán vivir una vida lo más normal posible.

¿Le darás tu bendición? – interroga Sakumo, sorprendido.

Kakashi centra sus ojos sobre Sakumo como sin darle importancia al asunto, pero dándosela de todos modos. – No existe regla que les prohíba confraternizar. – ambos batallan mirándose directo a los ojos. Uno, con la idea de entre hermanos no debe existir romance y, el otro, da lo mismo si es entre hermanos si son sangre pura. Kakashi rememora un posible suceso, entonces cierra sus ojos en una sonrisa de satisfacción. – No dudo que ellos ya hayan intimado, así que perdemos el tiempo. – Sakumo parpadea, atónito. – Además, nuestro objetivo como vampiros sangre pura es prevalecer nuestra especie. Y qué mejor entre hermanos si pueden amarse. – se encoge de hombros. Kurenai no puede creer que su amigo se exprese de esa manera.

– ¿Qué te hizo cambiar de opinión? – pregunta Sakumo, intrigado.

El Hatake baja la mirada y la centra en su mano derecha la cual sostiene la cadena de plata. Se lleva la mano a la altura del pecho, contempla el medallón en forma de corazón. Rodea los dedos alrededor del medallón, lo aprieta. – Durante años he estado equivocado. – susurra con la voz apenas audible, pero lo suficientemente clara para ser escuchado por los presentes. – Sólo deseo que no sea demasiado tarde para enmendar mi error. – se lleva el puño a los labios, abre la mano y mira el medallón.

Kurenai parpadea, más identifica el medallón que Kakashi sostiene en la mano derecha. – Ese collar es...– se cubre la boca con ambas manos. – No. – sacude la cabeza en negación, alejando extraños pensamientos. – No es posible que sea...

– El que le obsequié a Anko el día de nuestra boda. – atina a decir Kakashi, ilusionado.

– ¿Pretendes...? – empieza a preguntar Kurenai, más silencia. Cierra las manos en puños. Niega la cabeza, enojada. – ¿Cómo le puedes dar importancia a un objeto tan insignificante cuando nunca intentaste quererla? – aprieta los puños tan fuerte que comienzan a temblar. – ¿No te bastó con abandonarla por esa mujer, ahora quieres recuperarla? – se aproxima hacia él. – ¿Quieres verla llorar cuando no tuviste la oportunidad de hacerlo? – lo empuja. – ¿Sabes cuántas noches ella lloró tu ausencia? le agarra la tela del chaleco. ¿Sabes cuántas veces ella aguantó las ganas de ir a buscarte? intensifica el agarre. – ¿Puedes contar los largos días que calló por sus hijos? empieza a golpearle el pecho. Ella... – le da un preciso puñetazo en el pecho que le dejó sin aire. – Dejó de luchar cuando perdió a su hija, ¿Lo recuerdas? Kakashi abre los ojos, recordando aquel fatídico y horripilante suceso. Ella inhala, exhala. Me arrepentiré después, pero... – espira. – Si llegaste a conocerla, sabrás que no será sencillo acercarte a ella. – él afirma con la cabeza mientras procura respirar después de ese fuerte golpe. – Te pido, por favor, que la detengas.

Ante la petición de ella, él frunce las cejas. ¿Detenerla? – se pregunta mientras piensa en los posibles acontecimientos. ¿Airi? ¿Acaso ella...?

Kurenai baja la mirada. Anko... – se muerde el labio inferior. Alza la mirada. –...pretende usar sus habilidades para encerrarse a sí misma. dice, evidentemente preocupada. Sabes qué significa. Kakashi retrocede. Silencio incómodo. Ella espira sonoramente. ¿Qué esperas? ¿Una invitación? lo empuja directo a la salida. Ve a buscarla. en el corredor, desiste. Ella ha estado esperando tu regreso. dichas palabras desconciertan al Hatake. Esta vez, no seas un idiota. – le regala una leve sonrisa.

Kakashi le devuelve la sonrisa. – No lo seré. – se retira, apresurado. Atraviesa el corredor de la mansión Hatake. Anko, no hagas una tontería. dice para sí mismo.


...

Por otra parte...

Pierna derecha levemente doblada. Ojos ambarinos contemplan la hermosa luna llena, mientras el viento mece con suavidad y onduladamente su largo cabello violeta, así como los flequillos del mismo. Ella usa un vestido corto que le llega un poco más arriba de las rodillas, color rojo, ajustado en la parte superior y ancho desde las caderas en adelante con corsé de satén color rojo vino sobre la parte superior del vestido. Extiende el brazo izquierdo hacia al frente dejándose guiar por el viento. – Mi pequeña Airi... – apega el brazo izquierdo a su cuerpo y presiona la palma del mismo contra su pecho. Mami irá a por ti, lo prometo. – cierra los ojos. – Sólo espera. los abre, dejando a la apreciación sus ojos intensamente rojos. – Y estaremos juntas de nuevo.


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