El día que más temía había llegado: el primer aniversario de la muerte de mis padres. Había sido en este mismo día que había estado demasiado enferma como para que mis padres me mantuvieran en nuestra casa, y decidieron llevarme al hospital… no mucho más tarde ambos estaban muertos.
No quería despertar aquel día, pero, como todos los días, lo hice. Me desperté temprano, a las 4:20 am de hecho. Había estado tomando una poción para dormir sin soñar para poder pasar la noche últimamente, así que no me despertó una pesadilla, pero el fuerte soplar del viento y un inmenso sentimiento de angustia que no me permitía volver a dormir.
Vi el reloj en mi mesa de noche y conté las horas. Imaginé que exactamente hacía un año, mis padres me habrían llevado al auto dentro de unas dos horas más, a las 6 de la mañana, muriendo alrededor de las 7.
¿Por qué tuvieron que morir? Me pregunté otra vez, al igual que había estado haciendo todo el último año. Eran buenas personas, no habían hecho ningún mal a nadie, no merecían tener un destino tan horrible. Habían sido personas felices con vidas alegres, ayudaban a otras, vivían y creían en paz.
Lloré silenciosamente en mi almohada por algunos minutos mientras pasaban aquellos pensamientos por mi mente. Hacía mucho tiempo que estaba cansada de llorar, pero justo en ese momento, en aquel día, no parecía mal hacerlo.
Después de lavarme la cara en mi baño privado, decidí ir abajo. No iba a volver a dormir, y no quería bajo ningún concepto perturbar el sueño de Draco.
Horas más tarde él despertó y me encontró en la sala de estar, observando el campo de nieve en que nuestros jardines se habían convertido.
Draco ya estaba completamente vestido de una forma elegante y listo para salir.
"Buenos días."—Lo saludé.—"¿A dónde vas tan temprano?"
"Los dos vamos a ir al cementerio de tu familia."
Quedé sorprendida de que se acordara, and también de que estuviera preparado para salir a las 9 de la mañana mientras yo estaba sentada en un sofá con un aspecto horrendo. Suspiré lamentosamente, no estaba segura de qué hacer; quería ir, pero al mismo tiempo sabía que no sería capaz de tolerarlo. No quería ver a mi madre allí, no quería escuchar el discurso de mi abuelo en conmemoración de mi padre, su hijo; no quería tener a todo el mundo vigilándome, esperando que cayera al piso y me largara a llorar. Quería confrontar la tumba de mi padre sola, quería estar sola con mi dolor y mis recuerdos, no quería tolerar el afecto de mi familia. Pero sabía que también me sentiría culpable si no iba.
Así que fui, y todos los que pensé que estarían allí, estaban presentes, incluyendo a mi madre y a Narcissa Malfoy. Me pareció bastante insultante que estuvieran allí puesto que, de no haber sido por ellas, mis padres podrían seguir con vida. Era confuso pensar sobre ello, en realidad, sólo pensar cómo serían las cosas de distintas para mi si aquellas mujeres no hubiesen hecho un contrato tan diabólico.
Si mi madre no me hubiese puesto bajo una maldición para que me casara con Draco, mi padre probablemente no la habría dejado. Entonces habría sido criada como una bruja de sangre pura, habría vivido en una inmensa mansión, habría crecido junto con mi hermano, incluso podría haber tenido más hermanos. Incluso podría haber acabado en Slytherin en vez de Gryffindor, quizás ni siquiera habría conocido a Harry y a Ron. Y, quizás lo más importante, nunca habría conocido a mi otra madre, la mujer con la que mi padre reemplazó a mi madre biológica. No sabía qué pensar de eso, ella era la más dulce y amable mujer del mundo, y siempre pensaré en ella como mi madre, incluso si no lo era realmente.
Pero queriéndola como la quise, no podía pensar que mereciera la pena conocerla, tenerla como mi madre, si eso significaba que tenía que morir. Porque si mi padre no hubiese dejado a mi verdadera madre, probablemente no la hubiera conocido, y así, yo tampoco. Y de todas las personas involucradas en la situación, ella sin duda era la que menos tenía que ver con lo sucedido, la que no podía ver qué vendría, la más inocente e indefensa, ya que había sido una muggle.
¿Así qué a quién tenía que culpar? ¿A mi padre por dejar a mi verdadera madre e involucrar a una mujer inocente que aprendí a querer como a ninguna otra en una situación en la cual no se podía defender? ¿O a mi madre por empezar todo eso? En verdad, ninguno de los dos había manejado la situación bien. Mi verdadera madre por obvias razones, mi padre porque pudo haber escogido otros métodos, pudo haber utilizado la magia para defenderse—lo cual no hizo sólo para no ser encontrado—pudo haber aceptado que no había salida luego de investigar durante 16 años, pudo haber decidido rendirse y permitir que mi verdadera madre me encontrara para que nos pudiera proteger a todos. Pero él había sido incluso más terco que yo, y su terquedad lo dejó dos metros bajo tierra.
El tema es que, en realidad, no podía culpar a ninguno de ellos, porque también sabía que no habían querido hacerme ningún daño. Mi madre debido a su crianza, mi padre debido a la suya. En el final, a pesar de que hicieron todo mal, en realidad siempre quisieron lo mejor para mí.
Por ello le permití a mi madre sostenerme mientras escuchaba el discurso de mi abuelo, a pesar del rencor que le tenía. Pero eso también acepté las condolencias de Narcissa, a pesar de no estar absolutamente segura de que sus palabras igualaran a sus sentimientos.
Me quedé allí sola en el cementerio una vez que todos se fueron; toda mi familia—incluyendo a Narcissa y a Draco—se fue a almorzar, pero yo no quería acompañarlos y me entendieron. Necesitaba estar un momento sola, necesitaba estar sola con mis sentimientos.
Mi madre yacía al lado de mi padre en el cementerio Zabini, había sido una batalla difícil de ganar, porque ella había sido una muggle, y jamás había habido un muggle en aquel cementerio. Era un lugar inmenso con cientos y cientos de tumbas, y mi madre no debía estar allí, porque no sólo no era una Zabini, sino porque también era una muggle. Alegué que ella había sido la verdadera acompañante de mi padre en su vida, que había sido quien me había criado y querido como mi madre, y que merecía yacer al lado de él por siempre, incluso si aquel lugar se suponía que estaba allí para mi verdadera madre.
Fue una batalla muy difícil de ganar, pero al final mis abuelos aceptaron mi petición, y concluyeron que mi madre biológica tendría un lugar al lado de la tumba de Blaise. Era algo bastante enfermizo en mi opinión, pero ya tenían reservados lugares para todos los hombres Zabini y sus esposas que estaban vivos. No quería ni ver esas tumbas, era horrible pensar que algún día serían ocupadas.
Me resultó bastante pacífico estar allí, tanto que me senté allí en frente de las tumbas de mis padres por horas, sólo pensando sobre ellos, recordándolos. Pasando por mis mejores recuerdos sobre ellos. Al pasar el tiempo, empecé a sentirme mejor. No era que la angustia se hubieran ido, ni que me sintiera satisfecha, pero de alguna forma pude sentir que el dolor se iba y que algún día podría encontrar paz.
Fue como a las 3 de la tarde que Draco decidió que era hora de ir a buscarme. Sólo fui consciente de su presencia cuando sentí su mano en mi hombro.
"Hermione, hacen menos cinco grados centígrados aquí y han pasado horas…"
"Si, será mejor que me vaya."—Me di cuenta entonces de que no sentía mis piernas ni mis pies. Moví mi cuello muy lentamente para mirarlo desde allí abajo.—"Creo que necesito ayuda."
Él, muy gentilmente, me ayudó a levantarme por la cintura para que pudiera usar su cuerpo como soporte para caminar. Nos apareció a nuestra casa donde el calor de la chimenea nos dio la bienvenida. Draco me ayudó a quitarme mi abrigo y yo, con gusto, me senté en frente del fuego. Había una taza de chocolate caliente y algunas galletas servidas en la mesa de café en frente del sofá en el que estaba sentada.
"¿Cómo te sientes?" Me preguntó él mientras se sentaba a mi lado.
Me tomé un momento para responderle, observando el fuego más que viéndolo a él. "No puedo sentirme bien, pero tampoco me siento horrible."—Hice una pausa para beber de mi taza, y luego proseguí.—"No pensé que me ayudaría estar allí y escuchar a mi abuelo y ver sus tumbas… sabes."
Draco no dijo nada y, en cambio, nos sentamos en un silencio agradable. Luego de eternos minutos de observar el fuego, hablé otra vez: "No creo que alguna vez vaya a dejar de extrañarlos y de sentir pena por sus muertes, no creo que alguna vez vaya a superar que hayan fallecido, pero siento que puedo seguir con mi vida."
"Puedes." Dijo él en concordancia conmigo, asintiendo con la cabeza como para acentuar su asentimiento.
Entonces me moví para verlo a la cara y le sonreí débilmente. "Gracias por acompañarme, Draco. Ahora me siento culpable por no haberte acompañado al funeral de tu padre."
"Fue mejor que no estuvieras ahí, créeme."
Temí preguntar, asustada por la respuesta que obtendría.
"Lo siento."—Lo miré profundamente a los ojos, mi voz suplicante.—"Siento tanto lo que sucedió, debería haber…"
"Hermione…"—Él me interrumpió antes de que pudiera terminar mi oración—"Nada de esto ha sido nuestra culpa, sino la de nuestros padres. Al menos en mi parte de la familia este tipo de arreglos son normales, todos sabían en qué se estaban metiendo… excepto tu padre, por supuesto, que nunca quiso que nada de esto sucediera."
"Pero aún así, Draco, cometí el mismo error que mi padre. No quería admitir lo que tenía entre manos, no quería reconocer lo que sucedería, quería creer tanto que había una forma de escapar de todo esto que me cegué y acabé por creérmelo, y por ello, por mi terquedad…"
"No, Hermione."—Draco me interrumpió otra vez, de una forma tan tranquila y determinada que no parecía acorde a la situación—"No te culpo, así que realmente no deberías culparte a ti misma. Todos pudimos haber actuado de otra forma, pudimos haber escogido mejores métodos, y todos cometimos errores… pero esto… esta cosa en la que nos metieron era demasiado grande, y nosotros no éramos más que—aún lo somos en realidad—adolescentes."
Habló con palabras de sabiduría, sorprendiéndome una vez más.
"¿Me perdonarías, Draco? ¿Alguna vez me perdonarás por no haber aceptado antes?"
En vez de contestarme con palabras, me contestó con un beso. Se acercó a mí, inclinándose levemente, y me besó con suavidad en los labios. De nuestros pocos besos, nunca había sentido un toque tan tierno viniendo de él, por lo general era violento y necesitado, pero no esta vez, esta vez fue dulce y gentil, y me gustó.
Cerré mis ojos y lentamente abrí un poco los labios, y pronto sentí su mano en la parte trasera de mi cabeza, acariciando mi cabello; su otra mano pronto se encontró en mi espalda, y las mías en la suya.
Nuestro beso, esta vez, sin embargo, sólo duró unos pocos segundos, pero fue dulce, fue tierno, fue adorable. Abrí mis ojos cuando él se apartó de mi, y lo vi observándome, no con lujuria en sus ojos, no con arrepentimiento ni agonía, furia u odio, sino con lo que quería interpretar como amor.
Casi le pregunto ahí si me amaba, pero pensándolo mejor sabía que no era así. Tan sólo me había demostrado que le gustaba, y estaba segura en ese momento de que era verdad, podía verlo en sus ojos, no era un acto. Le gustaba, y de alguna forma, yo también gustaba de él.
"No fue tu culpa." Me dijo luego de una prolongada pausa en la cual sólo nos habíamos estado mirando el uno al otro.
No fue mucho después de esa frase que lo volví a besar, esta vez con pasión, y él me contestó con la misma fuerza, un gran contraste con el beso que habíamos compartido antes, pues éste ahora era necesitado en ambas partes involucradas.
Y fue en ese mismo día que, luego de estar casados por medio año, consumamos nuestro matrimonio.
N/A: No sé cuanto tiempo pasó, pero aquí está. Tengo planeado terminar de traducir esta historia, que si no me equivoco va por los 31 capítulos, y una vez llegados ahí, probablemente empiece a escribirla en español para luego traducirla al inglés. Que por desgracia, después de haber estado tanto tiempo escribiendo en español, me será más facil así.
