Capítulo Nº 24: Un nuevo diagnóstico.

Dentro de mi habitación, los sirvientes prepararon uno de los lechos para que Elrond me atendiera. Aragorn, que tenía amplios conocimientos médicos, había permanecido con el Medio Elfo para ayudarlo a disponer las hierbas y esterilizar los elementos para asistirme.

Elrohir me acomodó de costado, mientras Legolas se sentaba a mi lado y me sostenía la mano. Los gemelos pusieron a Elrond al tanto del mi estado y Aragorn se apresuro a componer un somnífero con plantas sedativas.

Entretanto, el Medio Elfo examinó la herida.

— ¿Por qué esta tu camisa está hecha jirones, Evënya? —preguntó el Medio Elfo.

—Araion me examinó —explique con gran dificultad. —Antes de que me defendiera, hundiéndole una piedra en la garganta.

Legolas me apretó la mano, conmovido.

—Te defendiste bien, mi amor.

—No en vano vine a aprender —respondí con orgullo.

Elrond continuó palpando.

—Aragorn está preparando un somnífero para que te duermas —explicó el Sanador con calma. —Después de beber el sedante, cuando estés profundamente dormida, te practicaré una operación para poner la costilla en su lugar y que el pulmón se cure correctamente.

Asentí, sonriendo suavemente, hasta que el dolor me borró la sonrisa; Legolas me acarició la frente.

—Cuando me tocas, me sienta aliviada; no me sueltes —le pedí.

El Elfo presionó mi mano.

—No te soltaré por nada del mundo —me aseguró, convencido.

Elrond abrió algunos frascos que despedían un fuerte aroma a hierbas y ceniza.

—Estoy mezclando hierbas para fabricar un ungüento que me permita limpiarte la herida —me informó Elrond.

—Confío en usted —con esas palabras, logré que se tranquilizara y que sonriera para liberar la tensión.

Elrond me frotó el brazo y me hizo una caricia en la mejilla.

—Todo va a salir bien.

Le sonreí débilmente; Elrond se volvió para continuar preparando el ungüento. Aragorn se acercó con una copa en la mano.

—Acá está el somnífero —avisó.

Legolas me sostuvo la cabeza; en tanto, Aragorn me ayudaba a beber.

—Ya no vas a sentir dolor, preciosa —me aseguró. —Bebe despacio, sorbos cortos. Eso es.

Cuando terminé de ingerir, el Elfo me acomodó la cabeza en la almohada y yo cerré los ojos.

—Legolas —suspiré, respirando profundo. —Te amo.

—Lo sé, mi amor; yo también te amo pero ahora debes dormirte. Descansa.

Legolas apoyó el rostro sobre mi mejilla y comenzó a susurrarme la canción de Nimrodel, que una vez había cantado en la Comunidad del Anillo, para adormecerme. El somnífero y la voz suave del Elfo hicieron efecto pronto; apenas sentí un cosquilleo cuando Elrond me limpió la herida con un paño humedecido con las hierbas antisépticas.

Recién cuando me sintió profundamente dormida, Elrond comenzó la operación, auxiliado por Aragorn. Legolas terminó de cantar y quedó en silencio, con la mirada posada en mi rostro. Por cada segundo que pasaba, el Elfo podía oír el latido de su propio corazón, rezándole a Ilúvatar que me salvara y todo saliera bien.

Finalmente, Legolas volteó ansioso la cabeza y vio a Elrond, de pie junto a mí, con una gran sonrisa.

—Debo decirte que ha sido todo un éxito.

Legolas resopló aliviado.

Por la mañana, Aragorn terminó de controlarme la herida, y se dispuso a limpiarla y venderla.

— ¿Cómo está? —preguntó Arwen con voz queda, sentada junto a la cabecera de la cama.

—Comienza a cicatrizar —explicó su esposo tranquilo.

—Entonces, ¿se va a salvar? —preguntó esperanzada.

El Hombre acomodó la venda alrededor del costado, cuidando que la presión no fuera excesiva.

—Todo marcha bien por el momento, amor —aseguró. —Si Evënya continúa respondiendo a la medicación, disminuiré la dosis de sedantes. ¿Qué te parece si nos sentamos en aquel rincón a conversar tranquilos? —sugirió tirando las vendas viejas y pasándole un brazo por los hombros.

La joven asintió, sin entender por qué asentía; había algo que la perturbaba. Llegaron hasta unos sillones que rodeaban una mesita en una esquina de la sala y se sentaron.

—Adormecimos a Evënya para detener la hemorragia. Su herida esta curando lentamente pero es seguro que cerrara completamente, aunque, necesita hacer reposo por un tiempo...

Antes de que pudiera proseguir, la puerta de la habitación se abrió y entró Legolas seguido de sus padres y Elrond. Los Reyes y el Sanador se sentaron al lado de la pareja pero el Príncipe se acercó a mi cama; se arrodilló junto a la cabecera y apartó unos mechones de mi frente.

Namirë lo miraba atentamente, mientras susurraba cosas inteligibles con la mirada fija en mí. Nunca antes lo había visto así; sus ojos, sus manos, sus labios temblando, todo el cuerpo de Legolas manifestaba el profundo dolor de su alma.