Una historia que pertenece a Moning Karen Marie, no a mí, yo sólo agregué los personajes Serena y Darien que tampoco me pertenecen, sino a la grande y fantástica Naoko Takeuchi :D
CAPÍTULO 24
-¡Dioses!
Serena regresó de sus pensamientos errantes, alarmada. El sacerdote gordito estaba casi en la parte de "Acepto". Serena estiró el cuello, buscando frenéticamente a su padre, sin éxito. El Gran Hall estaba tan abarrotado que rebalsaba; los invitados se amontonaban arriba de la escalera, colgando sobre las balaustradas, y rellenando cada rincón y cada grieta.
El miedo la poseyó. ¿Qué ocurriría si su madre había inventado la historia del plan de su padre simplemente como una treta para que permaneciera de pie delante de la muchedumbre? ¿Qué ocurriría si su mamá deliberadamente había mentido, apostando que una vez que dijeran los votos, Serena no tendría la audacia de deshonrar a sus padres y a Quinn, sin mencionarse a sí misma, rehusando casarse?
-Si hay alguien aquí hoy que conozca alguna razón por la que estos dos deberían permanecer separados, entonces hable ahora o por siempre haud your wheesht.
La galería estaba silenciosa.
La pausa se extendió a lo largo de varios latidos.
A medida que se prolongaban intolerablemente los minutos, las personas comenzaron a bostezar, arrastrar los pies, y desperezarse impacientemente.
Silencio.
Serena sopló en su velo y miró a hurtadillas a Quinn. Él estaba parado inmóvil rectamente a su lado, sus manos agarradas. Ella murmuró su nombre, pero o él no oyó o se rehusó a darse por enterado. Ella miró fijamente al sacerdote, quien le pareció haber caído en un trance, contemplando el libro encuadernado en sus manos.
¿Qué demonios sucedería? Ella golpeó ligeramente su pie y esperó que su pa dijera algo para interrumpir esa debacle.
-He dicho, si hay alguien aquí que vea alguna razón…- el sacerdote entonó dramáticamente.
Más silencio.
Los nervios de Serena se estiraron hasta quebrarse. ¿Qué haría ella? Si su pa no la rescataba, entonces que lo partiera un rayo. Ella se rehusaba a acobardarse por miedo al escándalo. Era la hija de su padre, por Dios, y él nunca se había inclinado ante el ídolo falso del decoro. Sopló su velo, lo lanzó hacia atrás impacientemente, y miró con el ceño fruncido al sacerdote.
-Oh, por el amor de Dios...
-No te pongas insolente conmigo, niña- el sacerdote contestó bruscamente-. Estoy simplemente haciendo mi trabajo.
El coraje de Serena fue momentáneamente aplacado por su reprensión inesperada.
Quinn cogió su mano en la de él.
-¿Está algo mal, Serena? ¿Te sientes mal? Tu rostro está sonrojado-. Su mirada estaba llena de preocupación... ¿y compasión?
"No puedo casarme contigo" es lo que ella comenzó a decir cuando las puertas del Gran Hall se abrieron de golpe, aplastando a varias personas inocentes contra la pared. Sus palabras fueron tragadas en el estrépito de chirridos indignados y aullidos agudos.
Todos los ojos volaron hacia la entrada.
Un gran garañón gris se levantaba en dos patas en lo alto del portal, su respiración escarchando el aire con soplos de vapor. Fue una escena de cada romance de cuento de hadas que ella alguna vez había leído: el príncipe apuesto irrumpiendo en el castillo a horcajadas sobre un semental glorioso, en llamas del deseo y el honor, declarando su amor imperecedero ante todo y todos. Su corazón se hinchó de alegría.
Luego su frente se frunció mientras examinaba cuidadosamente a su"príncipe". Bien, era casi como un cuento de hadas. Excepto que este príncipe estaba vestido con nada más que un tartán empapado y embarrado, con sangre en su cara y manos, y trenzas de guerra colgando de sus sienes. Aunque la determinación brillaba intensamente en su mirada, una declaración de amor imperecedero no parecía ser su primera prioridad.
-¡Serena!- rugió.
Sus rodillas se doblaron. Su voz la trajo a la vida violentamente. Todo en el cuarto se alejó y estuvo sólo Endimion, ojos azules resplandecientes, su cuerpo macizo llenando el portal. Era majestuoso, de altura imponente, y cruel. Aquí estaba su guerrero feroz listo para luchar contra el mundo para ganar su amor.
Él impulsó a Occam dentro de la turba, haciéndose camino al altar.
-Endimion- murmuró ella.
Él se detuvo a su lado. Deslizándose del lomo de Occam, se dejó caer al piso al lado de la novia y el novio. Miró a Quinn. Los dos hombres se contemplaron mutuamente un momento tenso, luego Quinn inclinó su cabeza una fracción mínima y dio un paso hacia atrás. El Gran Hall se silenció a medida que quinientos invitados contemplaban incrédulos el espectáculo que se desplegaba ante sus ojos.
Endimion sufrió una pérdida repentina de palabras. Serena estaba tan bella, una diosa vestida en raso trémulo. Él estaba cubierto de sangre, manchado de barro y asqueroso, mientras detrás de ellos estaba de pie un Quinn incomparable, un Quinn impecablemente ataviado, titulado y aristocrático, que tenía todo aquello de lo que él carecía.
La sangre en sus manos era un recordatorio implacable del despecho de sus votos fervientes para esconder al Berserker, pues los McKane siempre estarían allí. Habían estado al acecho de él ese día. ¿Qué ocurriría si atacaban cuando viajaba con Serena? Cuatro habían escapado de él. Los demás estaban muertos. Pero esos cuatro eran suficiente problema, ya que juntarían a más hombres y se mantendrían cazando a Endimion hasta que el último McKane muriera, o lo hiciera él. Junto con cualquiera que viajara con él.
¿Qué podía esperar lograr tomándola ahora? ¿Qué ensueño tonto lo había poseído ir allí ese día? ¿Qué esperanza desesperada lo había convencido de poder esconder su naturaleza verdadera ante ella? ¿Y cómo sobreviviría él la mirada en su cara cuando ella viera lo que realmente era?
-Soy un condenado tonto- masculló.
Una sonrisa curvó los labios de Serena.
-Sí, lo has sido en más de una ocasión, Endimion Roderick. Fuiste más que tonto cuando me dejaste, pero creo que podría perdonarte ahora que has regresado.
Endimion sorbió en una respiración áspera. Condenados fueran los Berserker, él tenía que tenerla.
-¿Vendrás conmigo, Serena?- Di sí, mujer, rezó.
Una simple inclinación de cabeza fue su respuesta inmediata.
Su pecho se hinchó con emoción inesperada.
-Lo siento, Quinn- dijo Endimion. Quiso decir más, pero Quinn negó con la cabeza, se apoyó cerca, y murmuró algo en la oreja de Endimion. La mandíbula de Endimion se tensó, y clavó los ojos en silencio en el rostro de su amigo. Finalmente Endimion asintió.
-Entonces ve con mi bendición- dijo Quinn claramente.
Endimion extendió sus brazos hacia Serena, quien se deslizó en su abrazo. Antes de que pudiera sucumbir al deseo de besarla ciegamente, la lanzó en el lomo de Occam y montó detrás.
Serena escudriñó las caras preocupadas alrededor de ella. Ramsay contemplaba a Endimion con una cantidad estremecedora de odio en sus ojos, dejándola momentáneamente azorada por su intensidad. La expresión de Quinn era una mezcla de interés y comprensión renuente. Ella finalmente divisó a su pa, que permanecía de pie con su madre a una docena de pasos. La cara de Elizabeth era sombría. Gibraltar sostuvo su mirada un momento, luego inclinó la cabeza alentadoramente.
Serena se reclinó en el pecho ancho de Endimion y dio un suspiro pequeño de placer.
-Viviría cualquier tipo de vida tuviera que vivir, sólo si es contigo, Endimion Roderick.
Eso era todo lo que él necesitaba oír. Con sus brazos apretados alrededor de su cintura, él apretó con las rodillas a Occam impulsándolo hacia adelante y juntos huyeron de Caithness.
-Ahora bien, esa es mi idea de cómo un hombre toma a una mujer por esposa- Gibraltar comentó con satisfacción.
UNA PROFECÍA ILLYOCH
La leyenda narra que el
clan Illyoch prosperará durante mil años.
Nacerán guerreros que lograrán grandes fortunas
para Alba.
En el valle fértil de Tuluth un castillo se levantará
alrededor del Hall de los Dioses y muchos codiciarán
lo que forma parte de la raza bendita de Scotia.
Los adivinos advirtieron que un clan envidioso perseguirá
a los Illyoch hasta cuando sean nada más que tres. Lo tres se
esparcirán como semillas desarraigadas por el viento de
la traición, lanzados por todas partes, y todo parecerá
perderse. Mucha pena y mucha desesperación descenderán en
el valle santo.
Pero tengan esperanza, hijos de Odin, pues los tres
serán congregados por su dominio transcendental. Cuando
el Illyoch joven encuentre a su consorte verdadero, ella lo traerá
a casa, el enemigo será vencido, y los
Illyoch prosperarán por unos mil años más.
