CAPÍTULO 25.

Lexa nunca había visto a Clarke en ese estado: su cara estaba casi gris, sin el color en sus mejillas que la caracterizaba y que la morena adoraba ver; sobre todo cuando la rubia sonreía. Pero su novia había estado seria durante todo el camino, mientras Raven y Alex charlaban en el asiento delantero, mientras la mayor conducía de vuelta a casa.

Cada vez que le pregunta si estaba bien, Clarke se limitaba a asentir y mirar por la ventanilla mientras ella se moría por preguntarle qué había pasado; por qué su madre estaba de pronto en la residencia de su abuela. Suponía que su reacción tenía que ver con el hecho de que no se llevaban bien, pero sentía que en cualquier momento la rubia iba a explotar.

Una vez llegaron al destino, la residencia, Clarke se despidió de forma escueta tanto de Alex como de Raven, que miraron a Lexa de forma interrogante, y esta les respondió que les explicaría cuando volvieran al campus. Salió del coche para correr detrás de Clarke, que le dijo ya en el hotel que no tenía por qué ir con ella, que descansase y que luego hablarían; pero ni loca iba a dejarle sola frente a aquella situación que tanta angustia y tristeza parecía crearle.

Cuando entraron, la misma enfermera de siempre las saludaba con una agradable sonrisa, y les indicó que Abigail estaba con su hija en la sala de ocio. La rubia no perdió el tiempo, dirigiéndose automáticamente hacia aquella habitación, encontrándolas en una mesa. La abuela de Clarke estaba mirando a una mujer que no parecía tener más de cuarenta y cinco años. Era guapa, aunque parecía cansada, como si la vida hubiese sido muy dura con ella, y sostenía la mano de la anciana mientras hablaban. Lexa pensó que por la forma en la que estaba mirando a su madre, su suegra estaba disculpándose.

-¿Se puede saber qué demonios estás haciendo aquí? -fue lo primero que dijo Clarke. Lexa se quedó de pie justo detrás, sin querer interferir demasiado, pero se moría por decirle a Clarke que se tranquilizara.

-Clarke… -la mujer se puso de pie y sus ojos miraron a Lexa de forma fugaz, pero volvieron rápidamente a mirar a su hija- Hola -intentó acercarse para abrazarla, pero la rubia dio un paso atrás, chocando con su novia, que tuvo que cogerla por los hombros y retroceder un poco por el golpe. Clarke ni siquiera pareció notarlo.

-Te he preguntado que qué haces aquí -la mujer suspiró, y Lexa miró hacia donde estaba Abigail, parecía confundida, supuso que ese no era un buen día para ella.

-Me estaba ayudando a cambiar los canales de la televisión, cariño -intervino la anciana-. Por alguna razón no podía hacer que este mando a distancia funcionara -le mostró un vaso.

-Abuela, eso es un vaso -suspiró Clarke, relajándose un poco y hablándole con mucha paciencia a la anciana.

-¿Un vaso? -la rubia asintió, acariciando el cabello blanco de Abigail.

-Ya se lo había dicho -le dijo la otra mujer a Clarke, y la rubia miró a Lexa.

-¿Podrías quedarte con ella?

-Claro, mi amor -le acarició suavemente la mejilla, y Clarke miró a su madre antes de empezar a andar, esperando a que la siguiese, y ambas se fueron hasta los jardines. Lexa miró a la anciana, sentándose frente a ella-. Cuéntame cómo pretendías cambiar los canales con un vaso, cariño -le sonrió juguetona, y Abigail rio entre dientes.

X X X

Clarke se cruzó de brazos mientras caminaban por los jardines y saludaba a alguna que otra enfermera cuando se las encontraba. Estaba esperando que su madre dijera algo, pero estaba sospechosamente callada, así que fue ella la que fue directa al grano.

-¿Qué quieres esta vez? -se detuvo de golpe, y Abby la miró enseguida.

-Solo quería verte a ti y a mamá…

-¿Por eso ibas a llevártela de aquí?

-No iba a llevármela, solo quería dar un paseo con ella -miró a su hija, y sus ojos brillaron-. Dios, estás enorme y tan guapa -estiró las manos para acariciar su rostro, pero Clarke se apartó una vez más. Abby entendió que no iba a ser tan fácil, así que dio un paso atrás-. Clarke, esta vez no estoy buscando nada… -la rubia soltó una risita.

-Sí, claro -respondió con incredulidad-. ¿Crees que no sabía que pronto ibas a aparecer? -sacudió la cabeza- Te enteraste de que íbamos a trasladar a la abuela a un sitio más caro y has venido corriendo…

-¿Qué? No…

-Y supongo que habrás estado entretenido hablando con el doctor y preguntándole cuánto tiempo de vida le queda -Abby la miró sin pestañear y sus ojos se inundaron con lágrimas automáticamente-. Ay, por favor, ahórrate el drama…

-No, yo… -sacudió la cabeza y se secó las lágrimas- Sé que me merezco todo esto y… -levantó la vista- Realmente no espero que me creas, pero, Clarke, solo he venido busando vuestro perdón.

-Abby, has venido con ese cuento unas cinco veces. No puedo creerte -notó que la mujer se sorprendía cuando no la llamo "mamá".

-Lo sé, y lo entiendo. Pero este último año he pasado por muchas cosas y… bueno, he estado sobria. No había regresado antes porque quería traer la mejor versión de mí y… Clarke -cogió aire-, tienes un hermano -dijo, y entonces Clarke no supo si correr, pegarle o ponerse a llorar.

-¿Qué?

-Caleb -sonrió a medias-. Es la razón por la que sigo sobria -Clarke la miró sin poderse creer que estuviera contándole eso sin más.

-¿Tengo un hermano? -repitió incrédula.

-Tiene tres años -asintió-. Y sé que debí decírtelo antes, a ti y a mamá -rectificó-, pero tenía miedo… Miedo de esto, de tu rechazo.

Clarke estaba sintiendo muchas cosas. Era como un cúmulo de emociones que de pronto se habían desatado al ver a su madre frente a ella tantos años después, todo ese tiempo en los que les había dejado a ella y a su abuela a su suerte. Y ahora regresaba con todo eso, y la rubia sentía que era demasiado para procesar.

-¿Y qué esperabas? ¿Un abrazo de bienvenida? ¿Una cena a tu nombre? -bufo- Por favor, mamá -comenzó a caminar aún molesta, y Abby la siguió.

-Quiere conocerte, y yo quiero que lo conozcas -Clarke sacudió la cabeza mirando el estanque, todavía sin creerse nada de lo que estaba ocurriendo.

-Tres años y ni una palabra... -la miró- ¿Quién es el padre? -preguntó entonces- Espero que no sea otro yonki -esas palabras hicieron que Abby agachara la mirada. Sabía que se merecía todo eso y más, pero no dejaba de ser duro-, porque si lo es, no puedo imaginar lo que debe estar viviendo ese niño. Ah, no, espera, sí que puedo… porque yo ya lo viví.

-No lo es. Se llama John y trabaja en una compañía eléctrica -se estrujó las manos-. Es un buen hombre y me ha apoyado durante todo este tiempo -estiró la mano acariciando el brazo de Clarke-. También quiere conocerte -esta vez la rubia no se apartó de su toque.

Las lágrimas recorrieron, sin poder evitarlo, su rostro. Demasiadas cosas guardadas, demasiado dolor no exteriorizado… No sabía si estaba preparada.

-No puedes llegar a nuestras vidas y soltarlo todo como lo has hecho, esperando que nosotras te recibamos con los brazos abiertos.

-Lo sé. Y no es lo que pretendo… -Clarke se miró los zapatos, secándose las lágrimas mientras se quedaban en silencio varios minutos- Esa joven… ¿es tu novia? -Clarke asintió mientras se miraban- Es muy guapa -sonrió contenta, y Clarke sonrió a medias en medio de su enfado.

-Lo es. Es la más guapa -Abby miró también al frente.

-Me alegra saber que tienes a alguien a tu lado. Te mereces que te pasen cosas buenas.

-¡Já! Díselo a la vida.

-La vida siempre nos recompensa si sabemos luchar por la felicidad.

-¿Has estado leyendo libros de autoayuda?

-Por algo se comienza… -Clarke miró curiosa el rostro de aquella madre tan ausente que había tenido, que esta vez parecía dispuesta a no irse otra vez.

-Necesito tiempo, no estoy lista para perdonarte.

-Lo entiendo -asintió-. ¿Cómo está mamá?

-Ya la viste, está bien por momentos, yo… no sé qué haré cuando la pierda para siempre.

-Oh, cariño, no pienses en eso -pasó su brazo por encima de los hombros de su hija, y Clarke se quedó inmóvil.

Abby no solía tener estas muestras de afecto nunca, así que se alejó, un poco incómoda. Se volvieron a quedar en silencio, y giraron los rostros a la vez al escuchar algo a sus espaldas, viendo a Abigail y a Lexa acercándose. La morena parecía algo apenada.

-Lo siento mucho, pero insistió en que era hora de darle de comer a los patos -la anciana se fue como una exhalación hacia el estanque, y Clarke intentó detenerla sin éxito.

-Abuela, espera -se fue tras ella y Lexa la miró, deteniéndose al lado de su suegra.

-Alexandra Woods -estiró la mano de forma amable, y Abby sonrió a medias.

-Abby Griffin -detalló a Lexa, y luego miró de nuevo al frente-. Le estaba diciendo a Clarke que me alegra mucho que tenga a alguien a su lado. Sabes que ha pasado por mucho, ¿verdad? -la chica asintió mientras veía cómo Clarke intentaba que su abuela no se mojara los pies mientras alimentaba a los patos.

-Lo sé, señora.

-Oh, por favor, dime Abby -la miró-. Me apena mucho decir que parte de ese sufrimiento lo he causado yo, pero… es la verdad.

-Todos cometemos errores -se encogió de hombros.

-Algunos demasiado imperdonables.

-Alguien me dijo una vez que el perdón no se pide, se gana -se miraron, y Abby pensó que la novia de su hija parecía una chica fantástica-. A Clarke le costará bastante, pero estoy segura de que acabará perdonándote.

-Eres muy dulce, Alexandra.

-Por favor, llámeme Lexa -le sonrió, y se acercaron hasta donde estaban las otras mujeres.

Después de que Abby se fuera y de que Lexa acompañara a Clarke hasta su habitación, no pudo evitar notar que estaba muy callada. No quiso presionarla ni preguntarle qué había pasado, pero sí quería que supiera que estaba ahí para ella. Se sentó sobre la cama de la rubia y estiró la mano para que se acercara, sentándola en sus piernas y acariciando su cuello con cariño.

-¿Estás bien? -por más que intentó contener las lágrimas le fue imposible, y Lexa pasó el dedo dulcemente por sus mejillas.

-Tengo un hermano -comentó entonces la rubia sorprendiendo a su novia.

-¿Un hermano?

-Sí, tiene tres años y se llama Caleb -se sorbió la nariz-. ¿Te das cuenta que tiene tres jodidos años y yo no sabía nada?

-Bueno, a lo mejor tu madre no estaba preparada para regresar -Clarke bufó.

-No puedo evitar sentirme mal…

-¿Por qué?

-Porque me ha dicho que él, Caleb, es la razón por la que ha estado sobria este último año. Ella nunca intentó eso conmigo, Lex. ¿Es que no era lo suficientemente importante? -su voz se quebró, y Lexa la rodeó con sus brazos mientras Clarke hundía el rostro en su cuello, mojándole parte de la camisa.

-No cariño, no creo que sea eso. Simplemente… la gente comete errores, y, a veces, requieren su tiempo para darse cuenta de la gravedad de sus acciones. Supongo que tu madre no quiere que ese niño viva lo mismo que tú. Es algo bueno -pasó su mano de forma suave por la espalda de Clarke para tranquilizarla-. Sin embargo, es normal que te sientas así.

-¿Lo es?

-Claro que sí -acarició su pelo y la cogió por los hombros para que la mirara a la cara-. ¿Qué te parece si llamamos a tu trabajo y le dices a Tom que te cubra porque estás indispuesta? -acarició sus labios- Nos quedaremos aquí, pediremos comida basura y veremos algún documental en Netflix mientras te abrazo y te acaricio el pelo y la espalda -rozó su nariz con la de Clarke.

-Creo que suena genial -sorbió otra vez por la nariz.

-Bien, date una ducha y yo llamaré a Tom -Clarke suspiró abrazándose al cuello de su novia.

-No sé qué haría sin ti -dijo con mucho sentimiento contra su cabello.

-Probablemente seguirías siendo igual de guapa -Clarke rio entre lágrimas sin apartarse.

-¿Puedo quedarme entre tus brazos un ratito más?

-Puedes quedarte entre mis brazos toda la vida, mi amor.

Después de que Clarke se duchara y de que Lexa le suplicara a Tom que cubriera el turno de la rubia, las dos se acurrucaron en la cama de esta, y Lexa la abrazó, besándole el pelo de vez en cuando. Sabía que Clarke no le estaba prestando atención al documental, y sabía que las lágrimas la invadían de vez en cuando, pero se alegraba de que estuviera dejándolo salir.

La rubia no tardó mucho en quedarse dormida entre sollozos, y Lexa se preguntó si toda esta situación con su madre era realmente insalvable. Ahora tenía un hermano al que tendría que conocer, al fin y al cabo, era el motivo principal de la vuelta de Abby. Si pensaba en ella misma, no podía imaginarse estando molesta u odiando a su madre. Sabía que no tenía motivos para compararlas, pero una madre siempre hacía falta, y Abby parecía realmente arrepentida. Quizás era hora de que todo ese trauma fuese superado.

Y ella iba a ayudar a que eso pasara, estando ahí para su chica.

X X X

Solo tuvo que esperar unos segundos nada más salió del ascensor antes de sentir el cuerpo de Alexa sobre su espalda, y agarró automáticamente sus piernas para que no se resbalase hacia abajo. Sonrió al sentir sus labios posándose suavemente en su mejilla mientas abría la puerta, sujetándola con tan solo un brazo.

-¿Estás cansada? -preguntó divertida, cerrando y caminando con ella aún sobre su cuerpo hacia el sofá.

-No siento las piernas ni los brazos… -dejó que Alex se tirase en el sofá pesadamente.

-Me has dicho que querías estar más fuerte, ¿no? -inquirió girándose y levantando una ceja.

-Sí, para satisfacerte más en la cama -aclaró-, pero ahora soy un trapo… -se quejó, cambiándose de postura para estar completamente tumbada- No me pidas que te haga nada en unas semanas, no voy a poder moverme.

-Qué dramática eres… -rio divertida, golpeando su muslo con los dedos antes de dirigirse a la cocina para preparar té para las dos, como siempre hacía cuando volvían juntas de entrenar.

-¡En la boca y la lengua no tengo agujetas! ¡Confórmate con el oral! -gritó desde el salón, y Raven negó con la cabeza sonriente.

Puso el agua a calentar mientras abría la cajita donde tenía todos los tipos de té, decidiendo cuál iba a preparar. Últimamente se pasaban casi todos los días juntas, había algunos a la semana que no se veían; por reuniones de departamento, entrenamientos de fútbol, por tener que trabajar en alguna investigación, porque Alexa salía con sus amigos por ahí… En definitiva, por distintas y diversas razones, e intentaban no estar tan apegadas a la otra, también era bueno echarse un poco de menos.

A veces pensaba en todo lo ocurrido, y sonreía de forma automática. Esa ilusión por estar con alguien, verla y pasar tiempo con ella haciendo cualquier cosa, era increíble. Algunos fines de semana se iban juntas a pueblos perdidos por la montaña, e incluso, aprovechando el buen tiempo, fueron una vez a la costa. Había descubierto una nueva cara de Alexa desde que ambas sabían a ciencia cierta lo que la otra sentía, desde aquellos primeros "te quiero", porque, aunque su alumna fuese de dura y de ser puramente sexual, era muy romántica.

Hacía unos días, descubrió que estaba recibiendo clases particulares de español, y el último fin de semana que se fueron juntas decidió ir a un hotel, y estuvieron toda la noche bailando en un club latino. Ese interés que tenía en sus raíces, hacía que fuese feliz, sobre todo porque Stephan siempre se lo había negado. Pero él ya formaba parte de su pasado, y lo tenía muy superado, quizás porque Alexa lo hacía todo sencillo: era muy fácil avanzar a su lado y, sobre todo, era muy fácil enamorarse de ella.

No solo eso, todavía podía hacer que su corazón latiese muy rápido cuando fueron tras los bailes a la playa, a ver el amanecer juntas. El cuerpo de Alex detrás del suyo, abrazándola, mientras estaban sentadas sobre la arena, y cuando le susurraba cosas preciosas al oído solo conseguía que se estremeciera y que las ganas de besarla fuesen inaguantables.

No podía pedirle más a la vida en esos instantes. Estar compartiendo tanto tiempo con Alexa Woods era maravilloso, era lo mejor que le había pasado nunca.

-Mañana tendremos que empezar con los abdominales… -empezó a decir mientras salía de la cocina con dos tazas en las manos, pero frenó su avance cuando comprobó que la chica no estaba en el sitio donde la dejó- ¿Alex? -la llamó, y escuchó algo que se caía en su habitación.

La que no iba a tener sexo…

Esa chica era insaciable, y a ella le encantaba, no iba a negarlo. El sexo con Alexa era increíble, no podía definirlo de la mejor forma posible, pero esa complicidad que tenían y la confianza ciega por todo lo que la otra hacía, solo afianzaba sus lazos ya existentes. Habían probado miles de cosas nuevas, y su chica últimamente era muy fan de ir de excursión a los sex-shops para comprar algo nuevo. Pensó en qué podía haber traído esa vez, y sintió un escalofrío nada más que por la anticipación del momento.

Entró a la habitación tras haber dejado las tazas en la mesa de café frente al sofá, y separó los labios al ver a Alex girándose rápidamente con un enorme peluche de una ardilla entre los brazos.

-¡No deberías haber venido tan pronto! -se quejó- ¡Gírate!

Raven medio sonrió antes de girarse, notando el corazón bombeándole con fuerza en el pecho. No sabía qué le estaba preparando, pero la sonrisa se hizo más amplia cuando vio las manos de Alex sobre su abdomen cuando la abrazó desde atrás a los pocos segundos.

-¿Ya puedo? -preguntó acariciando sus brazos con los dedos.

-Sí, pero quiero contarte antes una historia -susurró contra su oído-. Hace casi nueve meses me crucé con una tía buena tras haber ido a recoger a mi hermana de la estación de trenes -sonrió, porque se acordaba de ese momento-, le grité que menudas piernas tenía… Hoy la tengo aquí a mí lado, y si le hubiesen dicho a esa Alexa que se iba acabar enamorando de ella, se habría reído mucho, con mucha seguridad. Pero aquí estoy… -la giró para mirarse fijamente a los ojos- Totalmente enamorada de la mujer más increíble que jamás he conocido.

Se perdió en el verde que componía sus ojos antes de bajar la vista a sus labios, besándola despacio, sintiendo cómo sus labios habían aprendido la forma correcta de hacerlo, complementándose y moviéndose totalmente sincronizadas.

-Y yo lo estoy de ti también… Totalmente enamorada de la idiota que estaba obsesionada con mis piernas -sonrió contra sus labios, besándola fugazmente.

-Tres aclaraciones -sonrió ampliamente-: una, sigo estando obsesionada con tus piernas, no lo he superado; dos, sigo siendo idiota…

Raven rio, viendo cómo ella la imitaba antes de lamerse los labios nerviosa.

-¿Cuál es la tercera aclaración? -inquirió curiosa, sabiendo que, fuese lo que fuera, algo tenía que ver ese peluche que había visto antes.

Alex se separó de ella, y extendió su mano para que la agarrase, llevándola hasta la cama. Se sorprendió al ver el peluche de la ardilla sobre su cama con dos ramos de flores y un montón de pétalos dibujando una frase en concreto.

-Sé que no lo hemos mencionado nunca, pero me gustaría saber cómo definir esto que tenemos, y no hay nada más en el mundo en estos momentos que me haga tanta ilusión como preguntarte esto… ¿Quieres que esta idiota con obsesión permanente por tus piernas sea tu novia? -se giró para mirarla, y no pudo evitar colgarse de su cuello y besarla entre risas, porque estaba siendo adorable con esa expresión de nervios, vergüenza y algo de miedo.

No habían hablado nunca de lo que eran, aunque estaba más que claro, pero también era bueno saber cómo denominar a la otra persona, y poder pensar que Alexa, efectivamente, era su pareja y que así lo habían decidido entre las dos, era una sensación maravillosa.

-Claro que quiero serlo -le contestó, y la vio sonreír, olvidando aquel rostro con algo de angustia, y riéndose cuando la elevó del suelo, haciendo que rodease su cintura con las piernas. Empezó a darle un beso detrás de otro en los labios, llenando la habitación con los sonidos de sus labios al separarse y unirse de nuevo.

-Soy la chica más feliz del mundo -le dijo, y Raven acarició su pelo, que caía de la coleta que se hacía para hacer deporte.

-Creo que estoy a tu lado en ese pódium de la felicidad -se miraron fijamente, y se inclinó para besarla con más profundidad.

Alexa separó los labios y sus lenguas se encontraron en mitad del camino, mientras sus labios seguían unidos, y soltaron a la vez un sonido de agrado, apretando el agarre de sus manos: Alex en sus muslos y ella en su nuca.

-Ahora puedo decir que Raven Reyes es mi novia -dijo con una sonrisa chulesca, que solo le hizo estar más atractiva por la humedad que decoraba sus labios tras el beso-. La envidia de los nenes y las nenas.

-No seas tonta -bajó las piernas y cogió el peluche de la ardilla para mirarlo de cerca-. ¿Es por lo que te dije el otro día? -rio, observándola de reojo cómo se acercaba para acabar a su lado.

-Ahora soy tu ardillita, ¿no? Elegí a mini-Alex para las noches que no duerma aquí puedas abrazarla a ella -hizo que acariciaba la cabeza del animal-. Tranquila, no estaré celosa -sonrió.

Recordó cuando una mañana en uno de los hoteles donde se quedaron hacía recientemente, Alexa se hizo la dormida mientras Raven se entretuvo en mirarla y acariciar su rostro despacio. No pudo aguantar mucho antes de empezar a mover las manos y poner, lo que llamó, su cara de ardilla.

-A ver… quiero ver esa cara de ardilla -demandó Raven mirándola seria, pero no pudo aguantar el gesto y acabó soltando una carcajada cuando la vio con esa cara de tonta, sacando los dientes y moviendo los puños bajo su barbilla. Riendo aún más alto cuando la puso contra el colchón para empezar a hacerle cosquillas, acabando en una sesión de besos muy interesante.

X X X

Soltó un sonoro gruñido antes de aumentar la velocidad de las embestidas que daba, bajando la mirada para ver cómo su cuerpo se unía una y otra vez al increíble culo de Raven. La había puesto contra el colchón tumbada boca abajo, y había aprovechado la postura para elevar sus caderas, sin dejar de sujetarlas desde que la penetró con el dildo. Cerró los ojos al escuchar el gemido que emitió su novia y al ver cómo los músculos de sus brazos se tensaban al apretar los dedos en la almohada.

No aguantó más y la elevó para ponerla contra su pecho, apretando las manos en su abdomen antes de subir tan solo una hasta uno de sus pechos, masajeándolo con fuerza y gimiendo contra su cuello cuando Raven empezó a moverse también. Cambió las embestidas para poder introducir el juguete completamente en ella desde esa postura, agradeciendo internamente que la mujer separase las piernas para facilitarle la labor.

-Más fuerte -gimió la latina necesitada, echando un brazo hacia atrás para agarrar su culo.

Deslizó su mano por su piel sudad hasta llegar a su garganta, rodeándola con los dedos para que se girase hacia ella y poder besar sus labios al aumentar la velocidad de nuevo.

-Date la vuelta -demandó, sorprendiéndose de lo ronca que salió su voz, y la mujer se quejó cuando salió de ella y la tumbó en el colchón boca arriba.

Se permitió recorrerla completamente con la mirada antes de agarrar el juguete y acariciar con la punta de él su clítoris, antes de golpearlo suavemente, escuchándola jadear y pudiendo oír lo mojada que estaba.

-Vamos, Alexa… por favor -suplicó cuando imitó los movimientos anteriores con el dildo, y ella sonrió.

La penetró rápidamente, disfrutando de lo bien que se deslizó en su interior. Agarró ambas muñecas de Raven y colocó sus manos a los lados de su cabeza cuando se tumbó sobre su cuerpo, introduciendo el juguete en ella completamente. Realizó movimientos lentos y bruscos al final contra ella, sonriendo cuando la veía gemir y buscar sus labios. Profundizó el beso ella misma, sin dejar de embestirla de esa forma en la que ambas disfrutaban más, recibiendo los gemidos que su garganta expulsaba y succionando su lengua cuando sentía que no podía devolverle bien el beso.

-¿Quieres correrte, Raven? -preguntó, separándose levemente de ella, aún con sus manos apretándose en sus muñecas.

-Sí… -se miraban fijamente a los ojos.

-Me encanta ver cómo consigo que te derritas para mí… Pones unas caras tan jodidamente sexys… -habló cerca de sus labios, y aumentó la velocidad de nuevo, soltando una de sus manos para acariciar su clítoris a la vez, notándola automáticamente arañar su espalda entre distintos sonidos de placer que soltaba la mujer.

Había ido a su piso con la intención de secuestrarla para ir a un lugar concreto que estaba a varias horas en coche, y acabaron en esa situación casi sin buscarlo. Primero, Raven le había dado el mejor cunnilingus de su vida. El mejor. No supo cómo podía mejorar tanto, pero en ese punto de su relación era toda una experta, y nada más de ver su rostro entre sus piernas ya se empezaba a poner mala. Después se le insinuó, se movió contra su cuerpo, la tentó con ese culo que sabía que la hipnotizaba… y acabaron con el arnés.

Se desplomó sobre ella, totalmente agotada cuando la mujer se tensó completamente y se corrió emitiendo un gritito que la dejó casi sin fuerzas a la que portaba el arnés.

"Dile lo de la cena ya, Alex… Tenéis que ducharos y arreglaros para salir", eso debería estar haciendo, pero no, había bajado para lamer esos flujos que había conseguido tras aquel momento, consiguiendo excitarla de nuevo para poder darle otro orgasmo. Gimió contra sus labios más íntimos cuando la sintió agarrar su pelo con fuerza y golpear, al mismo tiempo, su boca con las caderas.

Movió varias veces la lengua sobre su clítoris antes de levantar sus caderas para poder alcanzar mejor su ano y hacerle un poco de caso también, escuchando ese gemido especial que tantos escalofríos le provocaba. Dios, se quedaría años seguidos adorando sin parar ese cuerpo al completo. Soltó otro sonido de agrado cuando empezó a dar pequeñas palmaditas, una tras otra, en su clítoris, escuchando sus sonidos placenteros, indicándole sin palabras que continuase con lo que hacía.

El corazón se le paró de repente cuando, por el rabillo del ojo vio la hora que era. No iban a llegar, joder. Se separó de ella, y Raven la miró con una expresión entre extasiada y confundida.

-No pares… -susurró, e hizo algo que descubrió hacía poco que le volvía loca, concretamente el día que le pidió que fuesen novias, y era acercarla a su intimidad tras haber colocado su gemelo tras su nuca, tirando desde ahí para acercarla a donde quisiera.

Separó los labios gustosa, atrapando su clítoris entre ellos para succionarlo varias veces, deleitándose al notar esa humedad rodeando su boca y empapando su barbilla.

No, no, no… Céntrate, Alexa.

Gruñó frustrada al separarse de ella, viendo su intimidad tan necesitada de ella. Joder… Era tan difícil controlarse. Cerró los ojos, respirando profundamente, antes de abrirlos y hablar.

-He reservado en un restaurante, tenemos que prepararnos.

-¿Qué? -murmuró, completamente confundida, mirando cómo se levantaba de la cama- Alex -la llamó cuando se dirigió al baño, abriendo el grifo de la ducha. No podía perder más tiempo, por mucho que le encantase estar en la cama con su mami.

-Tenemos una cita, Reyes -sonrió cuando volvió a por ella, cogiéndola en brazos para llevarla al baño.

X X X

Conducía en silencio, ya habían dejado atrás casi dos horas de viaje, pero estaba tan acostumbrada a esos trayectos largos para poder tener esos momentos en pareja con Raven, que se le pasaban volando las horas que fuesen. Miró a su novia, y sonrió al verla observando el nocturno paisaje. Llevaba un vestido azul oscuro, que resaltaba sus curvas completamente, y un recogido que dejaba ver su increíble cuello. Jamás pensó que tendría la oportunidad de compartir momentos únicos como ese con una mujer también única.

-Mira la carretera -habló, y Alexa soltó una risita.

-Ya dejamos claro que me encanta mirarte a ti, ¿no? -la observó de reojo antes de volver la vista al camino- Estás preciosa -ahora Raven la miró sonriente.

-Tú también lo estás -la latina estiró su brazo para apretar suavemente su pierna, y Alexa acarició suavemente su mano antes de volver a colocarla en el volante.

-Espero que te guste el sitio -comentó.

-¿Por eso estás tan callada? -la escuchó reír- Sea cuál sea el sitio me va a gustar si me acompañas tú.

Alex mordió su labio nerviosa antes de coger aire al divisar la salida hacia la casa rural que había reservado, no le había dicho nada en concreto de hacia dónde se dirigían, porque quería que fuese una sorpresa. Y había algo que tenía muy claro: deseaba que Raven fuese completamente feliz.

Aparcó el coche a la media hora de haber cogido el desvío, y respiró hondo antes de observar cómo la mujer miraba el sitio antes de salir del coche. Alexa la imitó, alisándose un poco los pantalones y colocándose la americana que había elegido para esa noche. Dios, se le iba a salir el corazón del pecho en cualquier momento.

-No es un restaurante -sonrió hablando con voz burlona y acercándose hacia donde estaba ella, rodeando su cintura con los brazos. Alex la besó en los labios fugazmente, abrazándola también por su cintura.

-Una casa rural es más íntimo, ¿no? -preguntó con cierto temblor en la voz, y Raven se quedó extrañada.

-¿Por qué estás tan nerviosa? No es la primera vez que venimos solas a una casa… -frunció el ceño.

-Lo sé, pero quiero que esta noche sea muy especial.

-Me muero por ver lo que tienes preparado -sonrió gustosa antes de besarla y morder suavemente su labio inferior, logrando que Alexa suspirase suavemente.

-Busco al dueño en aquella casa de allí para que me dé las llaves -señaló una que quedaba a unos metros en esa misma calle-, y vuelvo, ¿vale?

Fue rápidamente a por la llave, fijándose que había una luz encendida dentro de la casa que había reservado para ellas. Maldijo internamente haber tardado en llegar, pero ya había avisado por mensaje que se iban a retrasar, sin comentar el motivo real: que se había entretenido perdiéndose un rato por la piel de Raven. No era necesario alarmar a nadie.

Dio las gracias a los dueños por recibirla, a pesar de haber quedado antes, y volvió rápidamente donde estaba Raven. Sonrió mientras se acercaba a ella, y dejó que rodease su cuello con los brazos antes de besarla despacio. Se moría de los nervios, pero creía que había conseguido mantenerlo todo en secreto y ella no sospechaba nada. Atrapó su labio inferior antes de dedicarle una suave succión, notando sus dientes apretarse suavemente en su labio superior nada más soltó el suyo, volviéndose a besar a la vez.

-Vale, te he preparado algo, y espero mucho que te guste -anunció, y se separó levemente de ella para mirar ese brillo especial que apareció en sus ojos.

Alex cogió aire una vez metió la llave dentro de la cerradura, y obviamente la puerta estaba abierta. Entraron al interior de la casa y observaron lo acogedora que era, y agarró una de las manos de Raven para dirigirla a la cocina, donde habían quedado que estarían esperándolas.

-Es muy bonita la… -las palabras de Raven se cortaron en el instante en el que enfocó a las dos personas que había frente a ellas en aquella habitación, y Alex miró a su novia, viendo cómo, tras la sorpresa inicial, sus ojos se empañaron de lágrimas, dejándolas caer automáticamente mientras caminaba hacia ellos y se abrazaban a la vez, escuchándose los sollozos de las dos mujeres, e incluso pudo comprobar cómo el hombre también se hallaba emocionado.

Arthur y Sofía Johnson. Los padres de Raven, a los que le costó encontrar más de lo que pensó en un principio, pero gracias a Marcus y Carmen consiguió finalmente contactar con ellos. No les contó nada de la historia real con Stephan, a pesar de que, como dicen, los padres no son tontos y ambos sabían que su hija no había pasado los mejores años de su vida al lado de aquél imbécil. Tan solo les dijo que se había divorciado de él finalmente, y que le haría mucha ilusión volver a verlos, pero que pensaba que no iban a querer estar con ella en la misma habitación por todo lo que pasó, porque pensaba que los había herido y que no iba a conseguir su perdón.

Se morían por volver a ver a su hija y, en la conversación que tuvieron por teléfono, Sofía acabó llorando desolada cuando, tras mencionar que su estatus económico daba que desear, Alexa le dijo que ella les pagaba lo que hiciese falta para que fueran allí para verla, porque quería darle una sorpresa a Raven. No le dijo nada de que era su pareja, quizás pensarían que era una amiga. No lo tenía muy claro, pero iba a enfrentarse a ello tarde o temprano.

Alexa se quedó observando la escena con el corazón encogido, viendo cómo se miraban, se volvían a abrazar y se decían lo mucho que se habían echado de menos, pudiéndose escuchar también los "lo siento" repetidos de Raven. Se sorbió la nariz algo emocionada, y observó que su novia se giraba para mirarla antes de acercarse a donde estaba y estrecharla entre sus brazos con fuerza. Alex rodeó su cintura y se escondió en su cuello, apretándola contra ella y acariciando suavemente la piel de su espalda que aquel vestido dejaba ver.

-Gracias… Gracias, Alexa -susurró y se separó ligeramente de ella, atrapando su rostro con las manos, y pensó que iba a besarla, pero se apartó para agarrar su mano y dirigirla a donde estaban sus padres. De repente, los nervios volvieron a apoderarse de ella al quedar frente a ellos- Mamá… Papá… Ella es Alexa, aunque ya lo sabréis -terminó de decir con un ligero temblor en la voz, pasándose el dorso de la mano bajo sus ojos-. Es mi actual pareja -la sorpresa no se hizo esperar en los presentes en aquella habitación, reflejándose en el rostro de Sofía, de Arthur y de Alexa, que no esperaba que lo dijese tan a la ligera-. Sé que quizás esto de Alexa puede difícil de digerir, pero me pilló por sorpresa incluso a mí misma, y es la que me ha ayudado dar los pasos que debería haber dado hacía años… -empezó a explicar atropelladamente Raven.

La chica la miró, pero no le dio tiempo de mucho más cuando Sofía la abrazó con fuerza murmurando un "gracias" detrás de otro. Se sintió al principio algo incómoda, pero después respondió el abrazo lo mejor que pudo, a pesar de los nervios, sintiéndose bien por haber vuelto a reunir a aquella familia.

Vio que Arthur también se acercaba a ella, y le sonrió cuando le dio un suave apretón a su brazo, obteniendo el mismo gesto de su parte.

-Muchas gracias por esto, de verdad -habló con su voz grave, y Alex se sintió cohibida cuando ambos la miraron emocionados fijamente.

-No tienes que darnos explicaciones sobre esto, Raven. Lo aceptamos y nos alegramos de que sea ella, la persona que ha hecho que nos volvamos a encontrar. Estoy tan feliz por tenerte aquí con nosotros otra vez, por poder tener la oportunidad de nuevo de estar bien contigo... -abrazó de nuevo a su hija.

Dejó que Raven hablase con ellos, sentándose los cuatro en el sofá del salón de aquella casa, y la observó mientras se contaban todo lo que había pasado y qué habían estado haciendo ellos durante su ausencia. Se alegró por ellos cuando les contó que habían abierto una tienda de alimentación hacía unos años con unos amigos y que les iba bien; amigos que su novia conocía, pero que ella no, obviamente.

-Arthur y yo vamos a traer lo que hemos estado preparando esta tarde para la cena -la mujer se levantó rápidamente, siendo seguida por el hombre.

-No sabes cuánto te quiero, mi amor -escuchó la voz de Raven y se giró para recibir automáticamente sus labios.

-Y yo te quiero a ti -murmuró antes de devolverle el beso mejor-. Tus padres se han tomado bien la noticia de que estás con tu alumna.

-Tú has hecho que estemos juntos después de muchos años, claro que se han tomado todo bien -sonrió, pero aún tenía los ojos acuosos por la emoción que la envolvía.

Agarró su mano y entrelazó sus dedos, sonriéndose mutuamente.

-Explícame por qué no tienes el apellido de tu padre -inquirió curiosa-. He estado aguantando el preguntártelo desde el mes pasado, que conseguí contactar con ellos -explicó.

-Tengo el apellido de mi padre, Arthur no es mi padre realmente. Mi padre se llamaba… bueno, supongo que sigue vivo, así que se llama Carlos. No sé nada de él, tan solo lo que me contó mi madre que, antes de yo cumplir los tres años, nos abandonó a las dos. A los pocos años, yo creo que tenía cinco o seis, apareció Arthur en la vida de mi madre, y ha sido como un padre real para mí.

-¿Nunca has querido conocer a tu verdadero padre?

-Mi verdadero padre ha sido Arthur, que es el que ha estado ahí siempre -sonrió, y Alex se inclinó para dar otro beso suave, esta vez, en su mejilla.

-Me encantaría saber historias tuyas de pequeña… ¿Tendrá tu madre anécdotas graciosas? -preguntó divertida para cambiar el ambiente de la habitación- Que fueses desnuda por la calle, que te hicieses pis en el salón, que jugases con Action Man y no con las Barbies, jugadora de fútbol, amigas muy cercanas que se quedaban mucho a dormir en casa… ¿Quién sabe? Quizás tenías indicios de que te gustaban las chicas…

-Ni se te ocurra indagar en temas oscuros… -rio, y se incorporó del sofá- Ahora, levántate -demandó con un movimiento de mano-. Si quieres ganarte a tu suegra, debemos ayudar con la mesa.

-Si quiero ganarme a mi suegra, mejor no contar las cosas que hago con su hija -la picó, rodeando su cintura y abrazándola desde atrás mientras caminaban.

-No hagas que tenga que cometer un crimen, Woods -advirtió en broma, y se rio cuando Alex hizo una pedorreta en su cuello, aprovechando para adelantarse e ir a ayudar a la cocina.

Claro que quería llevarse bien con los padres de Raven.

X X X

Clarke estaba nerviosa. No sabía cómo se había dejado convencer por Lexa, pero estaba a punto de conocer a su hermano y al nuevo novio de su madre. O marido. No tenía ni idea. Habían pasado un par de semanas y había tenido tiempo suficiente para pensar y para exteriorizar su molestia y dolor, así que era hora de que se enfrentara a sus fantasmas.

Sintió la mano de Lexa sobre su pierna, que no dejaba de mover de forma impaciente debajo de la mesa. Iba a ser muy clara con su madre, esta sería la última oportunidad que le daría, estaba cansada de acabar con el corazón roto por su culpa.

-Todo va a ir bien -miraron a Abigail, que esa noche parecía estar muy tranquila mientras esperaban en la mesa de ese restaurante.

Clarke estuvo a punto de responder, pero la visión de su madre entrando con un pequeño niño rubio y con un hombre alto con una melena negra, hizo que se quedara mirando la escena. Parecían realmente una familia feliz, y la rubia se preguntó si ella alguna vez habría podido tener algo como eso; algo poco probable teniendo en cuenta que su padre nunca se interesó por ella.

Venga, Clarke, esa noche solo cabe un trauma. No des paso a ninguno más.

Llegaron rápidamente a la mesa, y notó que el niño la miraba con curiosidad y con asombro. Saludó a su madre y a John, y se arrodilló frente al niño, cuidando que no se viera su ropa interior por la falda del vestido.

-Hola, Caleb, soy Clarke, tu hermana -el niño sonrió.

-¿Eres Clarke? -tenía una vocecilla de lo más graciosa.

-Sí, lo soy -sonrió y sintió que sus ojos se humedecían-. Y estoy encantada de conocerte -se sorprendió cuando el niño la abrazó de forma efusiva y respondió el abrazo sonriendo.

-Suele ser muy efusivo -comentó John mientras todos miraban la escena.

Pronto se sumergieron en la cena mientras Caleb se distraía por todas las cosas a su alrededor. Clarke le preguntó cuál era su color favorito y si le gustaba el fútbol, a lo que el niño había dicho que sí, y la rubia le preguntó a su madre si podrían llevarlo al próximo partido de su cuñada. La conversación se dirigió rápidamente hacia esa área, y el interrogatorio a Lexa no se hizo esperar. Sin embargo, su novia no parecía nada incómoda, y a Clarke le encantaba cómo estaba controlando toda aquella situación.

Probablemente, cualquier otra persona la habría apoyado, sí, incluso habría estado para ella en esos momentos, pero solo Lexa era capaz de hacerle ver cosas que ni ella misma era capaz de ver. Como el hecho de que no podía vivir toda su vida odiando a su madre. Y mucho menos ahora que sabía que tenía un hermanito. Sabía que no sería fácil, pero, ahora que estaba ahí, notaba a la mujer realmente cambiada, y pensó que, quizás, el perdón sí era posible.

-Oye, Caleb, ¿quieres helado de chocolate? -el niño casi se abalanzó a los brazos de Lexa cuando esta le ofreció ir a buscarlo, y Clarke rio divertida.

-Creo que le queda bastante bien… -comentó Abby viendo a Lexa con el niño en brazos.

-Eh, oye… Despacio -rio Clarke haciendo que su madre sonriera, al igual que John.

-Tu madre me contó que eres una artista… -dijo el hombre, y vieron a Lexa llamando a Abigail para que fuese a buscar también helado. La mujer, muy jovial, no se hizo de rogar.

-Quizás está exagerando un poco.

-No lo hago.

-La cosa es que tengo un amigo que tiene una galería de arte… Quizás te interesaría un trabajo de media jornada allí. Escuché que pagan bastante bien.

-Eso sería fantástico -Clarke estaba muy emocionada- ¿Es en serio? -John rio.

-Claro que sí.

-Te lo agradecería mucho, John -no es que odiara su trabajo en la cafetería, pero si pudiese trabajar en un sitio relacionado con su carrera, y encima donde le pagaran mejor, estaría viviendo un sueño.

-Mamá, mira a Lexa… -Caleb llegó riendo y todos vieron cómo Lexa tenía helado en la nariz mientras reía acercándose.

-Este pillo tiene manos rápidas -sonrió sentándose junto a Clarke. La rubia la miró con un amor indescriptible y le limpió la nariz con el dedo, divertida.

-Clarke, queremos agradecerte que hayas planificado esta cena. Es muy importante para tu madre… -comenzó John acariciando la espalda de Abby- Te aseguro que lo ha estado intentando muy duro -Clarke miró a Lexa.

-En realidad fue Lexa la que me convenció -cogió la mano de su novia y se puso seria-. Esto… es un primer paso. No quiero que te hagas ilusiones sobre nada -le dijo francamente a Abby-. Aún tengo cosas que superar, pero creo que puedo intentarlo.

-A mí me parece que Lexa es lo mejor que te ha pasado, cariño -dijo de repente Abigail que estaba atenta, terminando su helado de chocolate-. ¿Verdad que sí, pequeñajo? -miró a Caleb, que rio.

-Yo también lo pienso, abuela. Créeme -miró a su novia, que se sonrojó un poco.

-Por Lexa -Abby levantó la copa y todos brindaron. Nunca pensó ver a Lexa tan sonrojada en su vida. Era jodidamente adorable.

Mientras regresaban fue Clarke la que condujo, porque la morena le dijo que estaba un poco mareada por el vino.

-Gracias por esto -dijo de repente, viendo cómo el viento agitaba el cabello castaño de su chica. Era una jodida visión para sus ojos. Los artistas solían ser personas muy estéticas, y Lexa era hermosa, estéticamente hablando, pero también en su interior. No había conocido a nadie que fuese igual de hermosa tanto por dentro como por fuera.

-Yo solo quiero verte feliz -Lexa recostó la cabeza, girándola para mirarla-. Y hoy te ves feliz -Clarke sonrió a medias.

-Lo estoy, pero sigo sintiendo esta presión en el pecho…

-Poco a poco, mi amor -le dijo besando sus dedos-. Un paso a la vez -la rubia asintió.

-Te quiero más que a nada en el mundo… Lo sabes, ¿no?

-Lo sé. Y yo te quiero a ti. Te adoro -se miraron unos segundos con sonrisas en sus rostros mientras Clarke volvía la vista a la carretera.

-¿Crees que Alex y Caleb se llevarían bien?

-¿Bromeas? Alex es genial con los niños. La adoran.

-Por lo que pude ver a ti también -Lexa rio entre dientes.

-Viene de familia, supongo -se encogió de hombros-. Oh, ¿sabes qué? Mis padres quieren que te lleve a cenar a casa uno de estos días.

-Yo encantada.

-Les he contado lo de las películas porno -dijo de repente.

-¿Que has hecho qué? -rio Clarke- No es verdad.

-Sí que lo he hecho -siguió riendo-. Y me han preguntado que cuál hemos visto… -ambas carcajearon.

-Tus padres sí que son especiales -meneó la cabeza-. Supongo que por eso tu eres tan especial… -Lexa la miró, aún con la cabeza apoyada en el asiento.

-No digas esas cosas, Griffin, o me acabaré enamorado aún más de ti -le susurró, y Clarke sonrió sintiendo calor en sus mejillas. Adoraba cuando Lexa decía esas cosas.

-¿Es posible?

-Seguro que lo es. Mi amor por ti es infinito.

-Tengo ganas de tantas cosas…

-Mmm… escucho atentamente.

-Ahora mismo quiero una malteada de chocolate -comenzó a decir-, después quiero que me abraces mientras vemos "El diario de Noah". Cuando la terminemos, quiero que me hagas el amor y, finalmente, te contaré sobre una posible entrevista de trabajo que tendré.

-Espera, me quedé estancada en la parte en la que te hacia el amor… -Clarke rio- ¿Una entrevista? -Clarke le relató entonces lo que le había comentado John, y Lexa no podía estar más feliz- ¡Eso suena genial!

-Lo es -asintió-. Oh, cielos, no puedo esperar la hora en la que nos graduemos y podamos irnos a vivir juntas.

-Prácticamente vivimos juntas, Clarke -rio divertida-, pero… estaba pensando en que, quizás… este último año decirle a papá que quiero un apartamento. ¿Qué te parece? Así tendremos un lugar al que ir -la rubia la miró de reojo-. ¿Qué?

-Eres una niña de papá -rio y acarició su pierna-, pero me encantas.

-Tú sí que me encantas.

Llegaron hasta la habitación de Lexa, y como había solicitado Clarke, pusieron la película que eligió, pero no hubo acción posterior porque la morena se había quedado dormida incluso antes de que terminasen de verla. Clarke supuso que estaba exhausta.

Esos días habían sido una locura, y el hecho de que ella estuviera a su lado en todo momento, e incluso la animara a hacer cosas que sola nunca se hubiese atrevido a hacer, significaba más que nada en el mundo.

Si alguien le hubiese preguntado en ese momento si Lexa Woods era el amor de su vida, ella habría respondido que sí, sin titubear. Apagó el portátil y arropó a su novia, metiéndose luego ella dentro de las sábanas para abrazarla, quedándose dormida con el olor de su cuello.


Hola, holita.

¿Qué os ha parecido el nuevo capítulo de Las Dos Caras del Amor?

Voy a intentar hacer el siguiente anuncio sin llorar, pero parece que ya hay una estabilidad en la historia, ¿no? Muchas probablemente os lo estaréis oliendo desde hace un tiempo.

En fin, allá voy... *coge aire* *no puede evitarlo y llora antes de hablar*

El próximo capítulo de Las Dos Caras del Amor, fic que con tanto amor estamos escribiendo Juno y yo, es el último.

*Se va corriendo mientras deja caer las lágrimas de forma desolada*

Muchas gracias por cada uno de los comentarios que nos dejáis de la historia.

Un saludo sensual triste de Juno y Ginsey.