.
.
EN LA ESTACIÓN DE LA CALLE BAKER, ME SENTÉ Y LLORÉ.
Autor: Deco
CAPÍTULO 24: "VISIBLE OSCURIDAD"
En el cual Sirius Black reemplaza el problema de estar encarcelado, con el problema de no estarlo, y Petunia se esfuerza por encontrar una solución.
~~oOo~~
Después de la absolución de Sirius, los Aurores procedieron a procesarlo por el sistema, y le regresaron las escasas pertenencias que tenía al momento de su arresto original, y después lo dejaron sin ceremonias en la calle afuera de Carrick Court. Un grupo misceláneo lo esperaba, consistente de: su viejo amigo, Remus Lupin; su prima, Andromeda Tonks, su esposo, Ted, y su hija Nymphadora; Minerva McGonagall. Y Petunia Dursley junto con Titus McWhirter.
Ellos escoltaron a un apabullado Sirius de regreso a la casa de su familia en el número 12 de Grimmauld Place, en Londres. A pesar de haber sido desheredado por su familia, esta propiedad aun le pertenecía, aparentemente como resultado del equivalente mágico de mayorazgo. También había una herencia de un tío renegado, una propiedad en el campo que estaba totalmente dilapidada (solamente apta para echarla abajo, según el reporte de Pompeyo), y una pequeña cantidad de dinero en un capital vinculado. Por lo menos parecía que Sirius no había quedado en la calle.
Petunia quedó consternada al ver el estado de la casa, no era un lugar alegre. Ella nunca había visitado antes una casa aristócrata, y después de un encuentro con el retrato vociferante de la madre de Sirius, encontró razones para felicitarse por esa omisión. También comenzó a comprenderlo mejor. No creo que Walburga Black fuera un alma maternal. Aunque claro, esa es una suposición.
El Grupo de Apoyo a Sirius dividió sus tareas de forma equitativa, o intentaron hacerlo, pero como Petunia era la única que no tenía un trabajo ni un esposo, le tocó la mayor parte. Al principio, a ella no le importó tener que escoltar a Sirius a Gringotts para discutir cuestiones financieras con los goblins. Siguiendo el ejemplo de Marcella, ella demandó una contabilidad por cada servicio que ellos reclamaban que le habían prestado desde su bóveda durante su estadía en Azkaban, y recibieron un descuento considerable sobre sus facturas después de muchos debates. Sirius no parecía estar interesado en lo más mínimo, pero Petunia descubrió que disfrutaba de ello casi tanto como Marcella en su anterior visita a Gringotts.
Petunia después analizó los ingresos de Sirius para determinar si acaso necesitaba arrendar la casa en la ciudad para sobrevivir. Y al parecer eso no seria necesario, pero sí necesitaría vivir dentro de un presupuesto. Ella le organizó eso, y estableció los limites. Los cuales él sobrepasó a los cinco minutos. Él pareció hacerlo deliberadamente, para demostrarle a todos que no tendría restricciones sobre su comportamiento ahora que estaba afuera de Azkaban. Titus le había advertido que él encontraría la falta de una estructura, desorientadora, pero Petunia sentía que sus acciones hablaban más de desafío. Pienso que he pasado a ser un reemplazo de su madre, y como tal, ya lo enervo, y viceversa. Justo lo que yo necesitaba: otro adolescente rebelde.
Y hablando de Titus, Petunia urgió a Sirius para que comenzara un tratamiento en San Mungo por los efectos de su encarcelamiento. Sirius se rehusó terminante. Él no estaba loco, dijo. No ahora, ni nunca, y él no necesitaba de un sanador mental, muchas gracias.
Esa era *su* opinión, pensó Petunia. Sirius parecía albergar muchos hábitos auto-destructivos, cada cual más alarmante (e irritante) que el otro. Quizás Walburga Black era una maniática vociferante porque él la volvió loca. Hay veces en que he considerado eso no del todo imposible.
Titus, a quien su desesperación le había llevado a consultar furtivamente, le advirtió que el comportamiento de Sirius era el equivalente a un nene probando la paciencia de un padre, y Petunia podía verlo claramente; sin embargo, eso lo hacia más fácil de sobrellevar. Especialmente porque Sirius no era un nene, sino un supuesto adulto con una colección de mecanismos de defensa no necesariamente útiles, lo cual Petunia reconocía muy bien de sus días de encarcelamiento por el Rey del la Agresión-Pasiva, Vernon Dursley.
Así que ella decidió concentrarse en lo que podía cambiar por ahora. Petunia examinó el estado deplorable del número 12, y decidió invertir en un equipo de limpieza, y para desanimar cualquier despilfarro, los supervisaría de cerca. Sirius no pudo soportar el ruido y el polvo, dijo, y se fue a quedar con su prima Andrómeda Tonks mientras tanto. Petunia se sintió aliviada. Así pudo completar el trabajo con mayor rapidez de si hubiera tenido que supervisar al mismo tiempo a Sirius; y él necesitaba de bastante supervisión, especialmente durante sus altibajos emocionales.
Estos estados de ánimo era casi siempre negativos, lo que no era una sorpresa. Sirius aun sufría de pesadillas, depresión, insomnio, y ataques de ansiedad. Los síntomas físicos de su encarcelamiento eran igual de perdurables, sufría jaquecas, dolores de estómago, problemas a la piel y sabañones, entre otras cosas. Bajo esas circunstancias, era con frecuencia difícil mantenerlo de buen ánimo, especialmente porque rehusaba ayuda médica más allá de las visitas de rutina a Madame Pomfrey.
Petunia lo intentó. Los niños ayudaron; Sirius se relajaba en su compañía sin demandas, y a veces hasta se animaba. Él hablaba con ellos incesantemente acerca de sus días de escuela, y como Lupin, apuntaba a todas las cosas equivocadas, según Petunia. Ella tuvo que pedirle que incluyera más a Dudley, y que dejara de enfatizar los riesgos de su pasado. Sirius trataba de cumplir por un rato con esfuerzo, y después volvía a lo mismo. Petunia tratando de no perder su temperamento, se lo pidió de nuevo, y él trató de nuevo de enmendar su comportamiento. Pero nunca era permanente.
Por esa razón, y otras, a Petunia no le gustaba llevar a los chicos a Grimmauld Place. Era un viaje largo durante el año escolar, y aun después de haber sido aseado, el lugar era depresivo, con un aire fúnebre. "Como si los Dementores se pasearan allí una vez por semana, sólo para mantener el ambiente sombrío", como comentó Harry.
Sirius lidiaba con ese problema de la forma característica. No, él no decidió arrendarse un departamento para vivir. Eso hubiera sido lógico, y Merlín prohíba que un mago utilice la lógica. De modo que una mañana, cuando Petunia pasaba por la misma cabaña en que Titus y ella habían escondido a Sirius cuando estaba prófugo, ella notó que el lugar estaba ocupado. Cuando abrió la puerta y entró, varita en mano, se encontró con el mismo Sirius, sentado a la mesa de la cocina tomando té y comiendo lo que parecían ser bizcochos rancios.
―¿Qué rayos haces aquí, Sirius? ―preguntó sin comprender.
Sirius lució culpable, pero le explicó que él quería estar cerca de Hogwarts, donde podría visitar más fácilmente a los muchachos y a Lupin.
―Podrías haber alquilado un cuarto en la posada, o preguntarme, si querías quedarte aquí ―dijo Petunia, irritada, mirando a su alrededor la cabaña desordenada.
―Ya has hecho mucho por mi ―dijo Sirius, mirándose las manos―, y no quería pedirte más favores.
No, tan sólo te apropiaste de lo que querías. Y no me preguntaste, porque sospechaba que yo diría que no. Pero el aire de perro apaleado de Sirius hizo que Petunia se sintiera avergonzada de su irritación, y finalmente estuvo de acuerdo en que se quedara en la cabaña hasta fin de año, y que le pagaría un alquiler nominal por ese privilegio. Pero ella insistió en que él debería después buscar una casa propia. Oh, sé honesta. A fin de año vas a tener que encontrarle tu donde vivir, o él se quedará aquí hasta el Día del Juicio Final, y algo más.
Con el fin de encarrilar a Sirius, Petunia consideró conseguirle un trabajo, eso le ayudaría a distraerse, pensaba, y conocería otra gente que no pertenecía a su pasado, lo que ella sentía que sería muy deseable. En el pasado había estado entrenando para Auror, pero ahora esto parecía una ruta imposible.
Ella habló con Dumbledore acerca de un puesto como profesor, consciente de que las tendencias lunáticas de Sirius no serian un detrimento para el Director, considerando el historial de sus empleados. Pero él le dijo con pesar que de momentos no había plazas disponibles. Ella después decidió que el Ministerio podría emplear a Sirius, y encargó al Señor Flywheel que amenazara con una demanda por falso encarcelamiento, sin mencionar la completa falta de un debido proceso. Ella tenía la esperanza de que el Ministerio le ofreciera a Sirius alguna clase de trabajo en compensación, pero ellos en vez de eso decidieron darle una suma de dinero. Petunia estaba exasperada. Si había algo que Sirius no necesitaba ahora era más dinero, eso sólo alentaría su ociosidad, y más tiempo para obsesionarse con su pasado, en vez de estar haciendo planes para el futuro.
Entonces Petunia tuvo la brillante idea de buscarle una novia; alguien adecuada para sacarlo de sus manos. No quisiera decirlo así, pero esta comenzando a reducirse a eso. Sin embargo, había muy pocas candidatas en Hogsmeade, o entre las que trabajaban en Hogwarts.
Después de la debida consideración, Petunia invitó a Septima Vector, quien parecía ser la más joven de ellos, a tomar el té el domingo con Sirius y los chicos. Pero, Ay, Vector probó ser una de esas personas que vivían tan encerradas en sí mismas que nada más sutil que un martillazo en la rodilla podría conseguir su atención. Ella bebió el té con educación, pero parecía estar computando logaritmos en su cabeza.
Sirius estaba arisco; era claro que resentía su presencia―. ¿Por qué le pediste a ella que viniera? ―le preguntó más tarde a Petunia. Petunia le dijo que ella deseaba discutir con la profesora Vector la posibilidad de que Dudley tomara Aritmancia, y por una vez se sintió agradecida de que los magos parecieran incapaces de procesar ninguna cosa de manera lógica, porque Sirius pareció aceptar esto sin comentarios.
Petunia después pensó en Nymphadora Tonks, la hija de la prima de Sirius, Andrómeda Tonks antes Black. Tonks, como preferían que la llamaran, era probablemente demasiado joven, y bastante veleidosa. Pero era lo bastante bonita, mágica, y tenía la distintiva ventaja de ser alegre. Además, tenía sentido del humor, lo que era un requisito indispensable para lidiar con Sirius. No eran una pareja perfecta, pero era una posible, hasta que se volvió obvio que ella sufría una inexplicable (para Petunia) infatuación por Remus Lupin, de toda la gente. Petunia no quería imaginar la escena que se produciría cuando se lo presentara a sus padres.
Oh, cielos, todavía recuerdo a mi propio padre rogándome que no me casara con Vernon Dursley. Debe haber un círculo especial en el Infierno diseñado para padres que tengan que ver a sus hijos cometiendo errores terribles. No es que Sirius fuera un error menos terrible que Lupin, suponía ella, pero cuando menos no era necesario el procurarse de balas de plata.
Petunia recordó los afiches que había visto en el viejo dormitorio de Sirius en Grimmauld Place durante su supervisión del equipo de limpieza. En ellos se veían motocicletas y chicas en bikini, y notó que prefería las morenas de buen busto. Marigold Evans solía reírse de uno de sus primos que se presentaba en cada reunión familiar con un novia, y aunque era una diferente en cada ocasión, todas se veían exactamente iguales―. Los hombres tienen un molde que los atrae ―le dijo ella a sus hijas, meneando la cabeza―, y rara vez lo cambian.
Con esta noción en mente, Petunia miró en Hogsmeade, y se decidió por Madame Rosmerta, la mesera de Las Tres Escobas. Ella era un poquito mayor que Sirius, pero tras ver el estilo parental de Walburga Black, Petunia concluyó que quizás él tendría necesidad de un tipo maternal. Y, por cierto, cuando ellos fueron a almorzar con los chicos a la taberna, Sirius demostró más interés por Rosmerta que por Vector o Tonks. O por lo menos eso imaginó Petunia, considerando la atención sobre el bien expuesto escote de Rosmerta. Al principio, él respondió con algo de vacilación a su gentil coqueteo. Por un tiempo, Petunia tuvo muchas esperanzas en una relación, pero aunque Sirius parecía disfrutar de las visitas a la taberna, y de bromear con Rosmerta, él pareció hacer pocos progresos.
Quizás me estoy apurando demasiado, pensó Petunia con desaliento. Esto va a llevar tiempo. El único problema que tengo con eso es que Sirius va a volverme tan loca como su madre si continua esta situación mucho más tiempo.
Petunia trató con todas sus fuerzas ser paciente, pero gradualmente empezó a resentir el poner sus propios planes en suspensión en favor de dirigir la vida de Sirius. Y ya es bastante duro ser siempre la persona más alegre en una habitación, maldición.
De igual modo, el Grupo de Apoyo fue desapareciendo, dejándole a ella todo el trabajo de apoyar el ánimo de Sirius, y menudo trabajo que era. Sus pedidos de ayuda fueron educadamente evadidos; todos parecían ahora estar demasiado ocupados, quizás en dos semanas... Titus, quien podría haberla ayudado, era capaz de hacerlo sólo de forma indirecta debido a la alergia de Sirius por los sanadores mentales. Petunia estaba cada vez más exhausta y frustrada.
Tanto Sirius con ella podrían haber seguido así hasta fin de año, cuando ella esperaba recuperar su libertad, pero los chicos resultaron ser su piedra de toque.
Sirius, contra toda aprobación de Petunia, recobró la motocicleta que le había pertenecido antes de Azkaban. Ella la toleró, simplemente porque andar en ella era una de las pocas cosas que parecían alegrarlo. Pero ella trazó la raya en que los chicos fueran con él. Él tomaba todos los riesgos posibles, y andaba siempre acelerado; en pocas palabras, ella sentía que él era un conductor irresponsable y un mal ejemplo para dos treceañeros impresionables.
Sirius le prometió que él no llevaría a los niños en la motocicleta, pero de algún modo Petunia no se sintió nada sorprendida cuando al llegar a casa con la compra un sábado en la tarde descubrió a Sirius en el aire sobre la moto, acelerando feliz, Dudley montado sobre el sillín trasero, y Harry aferrado a Dudley más atrás, apenas sosteniéndose, para horror de Petunia.
Sus acusaciones furiosas de sus actitudes y su ética (y la inhabilidad para mantener sus promesas) hicieron avergonzarse a Sirius. Dijo que los niños le habían rogado, y no pudo decirles que no.
―Pues será mejor que aprendas a decir que no, o puedes irte ahora mismo ―estalló Petunia, por una vez sin temor de su reacción. Ella estaba asustada, y eso la ponía furiosa.
Así que Sirius de nuevo se lo prometió. Juró que Petunia no vería a los chicos de nuevo sobre la motocicleta.
Esa promesa solamente quería decir que los chicos y él cambiaron el lugar de sus paseos en moto a los campos detrás de la cabaña de el guardabosques, donde en verdad Petunia no podía verlos. Pero un comentario del siempre indiscreto Hagrid, la alertó de lo que estaba sucediendo.
Esta vez Sirius se ganó una cachetada en el rostro, borrando su sonrisa que esperaba ser encantadora―. ¡Esto no es gracioso, Sirius! ―gritó, y se retiró cogiendo con ambas manos los cuellos de las camisas de los chicos, con los chicos dentro.
Sirius se enfurruñó un buen rato por la cachetada, y se encerró con Lupin en las habitaciones de éste en Hogwarts los días siguientes. Aparentemente, Lupin lo encontró tan desgastante como Petunia, porque ella recibió una disculpa seria de Sirius dentro de la semana. Lupin fue su emisario, ya que Petunia se rehusó a ver a Sirius, y él le confirmó que Sirius estaba muy arrepentido, y que se había dado cuenta que debía disculparse con Petunia. Él no podía comer ni dormir, dijo Lupin; Sirius deseaba su perdón. Con mucha renuencia, Petunia aceptó, pero le dijo a Sirius que no habría más paseos en motocicleta para los chicos. Sirius re-juró que no habría más paseos.
Las semanas siguientes, Petunia no vio evidencia de que hubiera roto su palabra. Ella estaba muy consciente de que eso no significaba nada, sin embargo, y algo en el comportamiento de los chicos le advirtió que algo no estaba bien. Bueno, eso y Hermione Granger, quien indignada le contó que Sirius y los chicos habían cambiado sus actividades motoqueras a las afueras del Bosque Prohibido, y que estaban usando encantamientos de No-Me-Notes sobre ellos. ¿Sabia ella que Dudley se había luxado la muñeca hacia poco cuando no había calculado bien su aterrizaje? Ahora lo sé, y también sé como se siente una ira candente.
Así que cuando ese día Sirius y los chicos aterrizaron la motocicleta, encontraron a Petunia esperándolos, muy quieta, su capa gris mimetizándose tan perfectamente con la caída del sol que no pudieron verla de inmediato. Ellos se estaban riendo y charlando, pero entonces Dudley vio a su madre y se quedó callado. Harry fue el próximo, quedándose callado a mitad de una frase. Sirius pareció confundido ante el silencio repentino de los chicos, y después también divisó a Petunia.
Sirius se quedó fuera del alcance de sus cachetadas, y primero trató de comportarse con descaro. La saludó alegremente, como si no lo hubiera atrapado rompiendo su palabra por tercera vez consecutiva. Petunia no contestó, solamente se le quedó mirando. El carisma no funcionará esta vez, Sirius.
Sirius se mordió el labio, y trató de decirle que sus reglas eran ridículas para muchachos que estaban creciendo, ellos necesitaban tomar riesgos, y divertirse. Ella era demasiado controladora, y era su culpa que ellos tuvieran que esconder lo que estaban haciendo.
Sí, y tu eres un ejemplo de lo que sucede al tomar riesgos, Sirius Black, no hay duda de ello. Ella notó que ambos chicos, conociendo mejor a Petunia, trataron de hacerlo callar, pero él no les hizo caso.
Perplejo por su falta de reacción, Sirius después se disculpó, esta vez de manera resentida.
Que disculpa tan gentil.
―¿No vas a decir nada? ―dijo Sirius, casi suplicante.
Petunia lo miró considerándolo, pero no contestó.
Por fin, Petunia le dijo a Dudley―. ¿Ha visto tu muñeca la señora Pomfrey?
―No, mamá ―contestó él de forma sumisa.
―Entonces ve a verla ―dijo Petunia―. Ahora, por favor.
Dudley corrió hacia él castillo, sin mirar atrás. Siguió un largo silencio.
Después Petunia dijo―: Harry, ¿no estás a punto de perder el toque de queda?
―Sí, Tante.
―Entonces, ve. Hablaré con Dudley y contigo más tarde.
Harry se fue. Petunia pudo ver que Sirius estaba sorprendido con su conformidad.
Justo después de que Harry desapareciera, Petunia extrajo la varita de su capa como un relámpago y aturdió a un distraído Sirius. Él cayó al suelo. Petunia se arrodilló a su lado y se quedó mirando sus ojos abiertos.
―Pompeyo va a sacar todas tus cosas de la cabaña ―dijo ella―, y las va a dejar en Grimmauld Place. Le he ordenado que selle mágicamente la cabaña y que bloquee el Flú. Ya no eres bienvenido ni en mi propiedad ni en mi hogar. Cuando los chicos cumplan diecisiete años, puedes contactarlos de nuevo, si tu y ellos lo desean. Hasta entonces, no eres bienvenido a visitarlos, y he instruido lo mismo al personal del colegio, incluyendo al profesor Lupin. Te advierto que he desarrollado un excelente sistema de informantes en Hogwarts, así que no te recomiendo que me desafíes más en esto.
Ella se puso de pie―. Este es Escipión Africano ―dijo, indicando un elfo doméstico que estaba parado al borde del claro (la Tía-abuela Cressida tenía debilidad por los nombres de generales romanos). Este elfo era el segundo al mando después de Pompeyo―. Él va a ser tu chaperón en este lugar hasta que el hechizo desaparezca, y después va a escoltarte a las habitaciones del profesor Lupin esta noche. Y no, no tienes alternativa. Si lo deseas, puedes usar su Flú para regresar a Londres por la mañana.
Sirius, haciendo un esfuerzo sobrehumano gimoteó.
―Agradece que no sé conjurar una Imperdonable, Sirius. Si supiera cómo, estarías en mayores problemas. No voy a permitir que me sigas mintiendo ni enseñándoles a mis hijos a que me mientan. Dudley me contó que se había luxado esa muñeca jugando quidditch.
Ella le hizo señas a Escipión para que se acercara, y murmuró―. Dame veinte minutos ―el elfo asintió. Ella se dio la vuelta internándose en la oscuridad, y no miró atrás.
ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ
N/T: Oh-oh. Sirius es una pesadilla parental :/
Muchas gracias por leer.
Harry Potter, personajes y su mundo © de J.K. Rowling y varias otras compañías. Fanfiction sin fines de lucro, ni pretensiones de infringir derechos de reproducción, realizado sólo con fines de entretención.
