— ¡Simplemente no puedo lidiar más con ella! —Kurt grita por el teléfono.— ¡Simplemente no puedo!

Kurt está a medio camino en su paso por Nueva York, mientras que Blaine lleva una semana en su gira por la Costa Este por lo que ahora se encuentra en Filadelfia durante las siguientes cuarenta y ocho horas. Pero mientras que Blaine se está divirtiendo inmensamente -haciendo nuevos amigos, explorando nuevos lugares y tocando con la orquesta noche tras noche- Kurt no lo está haciendo tan bien.

— Ella es insufrible, —él vocifera, a sabiendas de que Santana -la "ella" en cuestión- puede oírlo y sin importarle en lo más mínimo.— Entró cuando yo estaba en la ducha ayer para usar el baño. Quiero decir... ¡mierda! ¡Yo vivo contigo y duermo contigo y ni siquiera tú haces eso! Ella estaba simplemente... allí sentada, como si no hubiera nada fuera de lo común al respecto. Y hoy, el primer día que no tenemos que estar temprano para los ensayos, ella me despierta a las ocho porque quiere ir a lavar la ropa. ¿Por qué no puede ir a hacerlo ella misma? ¿Por qué tengo que ir con ella?

— Ponla al teléfono, —Blaine dice con calma.— Déjame hablar con ella mientras que... no sé... vas a tomar una ducha, tal vez.

— Te extraño, —dice Kurt, su voz va haciéndose pequeña de nuevo mientras sostiene el teléfono fuertemente.

— Lo sé, mi amor, lo sé. Y yo también te extraño.

— Pero tú te estás divirtiendo, —Kurt gime.— Yo sólo soy miserable.

— Tranquilo, Kurt. Sólo son dos semanas más. Puedes hacerlo. Ahora pon a Santana y te llamaré más tarde, ¿okay?

— Está bien, —dice a regañadientes mientras camina hacia el sofá y lanza el teléfono en el regazo de Santana.— Él quiere hablar contigo.

— ¿Qué? —Santana estalla mientras toma el teléfono.

— Deja de antagonizarlo.

— ¿Por qué? Estoy aburrida. Tengo que conseguir mi placer de alguna parte.

— Santana, yo te quiero mucho, pero si sigues molestando a mi prometido, harás un enemigo de mí. No es justo levantar a alguien sólo para tu propia diversión. Lo estás haciendo sentir miserable, —Blaine dice con exasperación.

— Este maldito verano apesta, —Santana se enciende.— Ya he tenido suficiente. Berry se pasea alrededor como si fuera una especie de Diosa -es completamente insufrible- y mientras tanto Kurt y yo nos estamos reventando el culo por una mierda.

— Lo entiendo.

— No Blaine, no lo entiendes. La ciudad es sofocante, la humedad es una locura. Berry se sienta en su vestidor privado con aire acondicionado todos los días, mientras que a la vuelta de la esquina, Kurt y yo estamos apretujados con otros once miembros del reparto en un sudoroso y apestoso montón. ¿Y para qué? Las cifras de audiencia son una mierda, la producción es una mierda y sólo estamos girando y pasando por los movimientos día tras día, recibiendo gritos de un enano alemán que no tiene la más mínima idea sobre dirección. Rogers y Hammerstein deben estar rodando en su fosa común.

— Um, no creo que ellos estén en una... —Blaine comienza antes de sacudir la cabeza.— ¿Sabes qué? No importa. Mira, tanto tú como Kurt querían experiencia, querían una actuación profesional. Lo lograron. Y sí, es difícil... de hecho, es una mierda. Pero no vale la pena tirar a la basura una amistad porque se sienten tan molestos que ya no pueden lidiar el uno con el otro. Kurt y tú tienen que pasar algún tiempo separados. Ve de compras o algo, y simplemente déjalo que se enfríe por un rato.

— No puedo ir de compras, ¿o sí? Porque no tengo ningún maldito dinero. No cobraremos hasta que termine la temporada.

— Dame una hora. Pero no le digas a Kurt.

— ¿Qué? ¿Qué significa eso? Eres tan críptico como uno de tus rizos... —Ella se calla, resoplando en frustración cuando se da cuenta que se ha cortado la línea.

Santana desliza la puerta del loft una hora más tarde, poniendo los ojos en blanco cuando ve a Blaine de pie al otro lado.— Entonces esto es lo que querías decir, —dice mientras vuelve a caer en el sofá.

— Ve de compras, —dice, ofreciéndole un fajo de billetes de veinte dólares.

— Lo haré, —dice ella, tomando el dinero y metiéndolo en su sujetador, pero sorprende a Blaine parándose de nuevo y abrazándolo fuertemente.— Gracias.

— Cuando quieras.

— Él no está aquí, por cierto, —dice despreocupadamente cuando Blaine mira a su alrededor.

— ¿Qué? ¿Dónde está? —chilla Blaine.

— No lo sé. Sólo se vistió y se fue hace media hora.

— ¿Por qué no lo detuviste?

— Porque yo no sabía que ibas a venir aquí, ¿verdad? —ella se enfurece.— Sé más explícito la próxima vez. Sé que puedes manejarlo.

— Ugh, —dice con frustración mientras se sienta en el sofá.— Entonces le voy a llamar. Así que... ahora que tienes algo de dinero, ¿crees que podrías desaparecerte por un rato?

— Claro, —ella asiente.— Pero sólo para advertirte, Berry está en casa todo el día. Todavía está dormida.

— ¿Podrías llevarla contigo? —le pregunta, haciendo caso omiso de la forma en que ella arquea una ceja.— Podría hacerles bien pasar algún tiempo juntas haciendo algo más que discutir sobre los pros o los contras de sus respectivos puestos de trabajo.

— No sé... —dice alegremente mientras pasa el pulgar por el dinero.— Realmente no hay suficiente dinero aquí para dos...

— Bien, —suspira profundamente mientras abre su billetera.— Ya está. Ahora ve a despertar al dragón.

— ¿Eso es un eufemismo?

— ¡No! —Ambos se ríen de esto mientras Santana besa su mejilla una vez más antes de caminar hacia la habitación de Rachel, Blaine saca el teléfono de su bolsillo y espera a que Kurt conteste.

— Hey. —La voz de Kurt es desanimada mientras se arrastra a lo largo de la calle, con la mirada baja.

— Hey. Entonces... ¿dónde estás?

— Ni siquiera lo sé, —Kurt dice mientras mira los edificios que lo rodean.— Simplemente empecé a caminar.

— Bueno, por supuesto espero que puedas encontrar tu camino de regreso, —dice Blaine, mordiéndose el labio mientras se forma una sonrisa en su rostro.— Porque estoy en el apartamento de Rachel y Santana esperando por ti.

— ¡¿QUÉ?! —Kurt le grita, sorprendiendo a los transeúntes.— ¿Me estás tomando el pelo?

— ¿Por qué no vienes y lo averiguas?

Se ríe cuando se corta la línea, y veinte minutos más tarde, un Kurt sin aliento y jadeando irrumpe a través de la puerta, lanzándose a los brazos de Blaine mientras él lo levanta y lo hace girar.

— ¡Dios mío! —Kurt se ríe alegremente antes de encontrar los labios de Blaine y tomarlos en un profundo beso. Él se separa para permitirle acceso a Blaine a su garganta, dejando caer la cabeza hacia atrás mientras él gime ante la sensación de sus dientes raspando a lo largo de su línea de la mandíbula.

— No te has afeitado, —murmura Blaine.— Oh mierda... es tan caliente. No creo haber sentido barba de tres días en ti antes. No así, de cualquier manera, —dice, husmeando bajo su mandíbula para besar la piel sensible. Su mano aparece en el otro lado, arrastrando los dedos por la barba rasposa que tiene Kurt, el grueso y áspero vello al tacto.

— Es de dos semanas de... ¡oh! crecimiento, —Kurt se queda sin aliento cuando Blaine muerde justo por encima de su clavícula.— Trabajé duro en eso, —sonríe cuando siente la risa de Blaine reverberando contra su piel.— ¿Dónde están las chicas? —se las arregla para decir, su cuerpo empieza a temblar cuando Blaine lo recarga contra las encimeras. Él oye algunos libros caer al suelo, pero no se atreve a prestarles atención una vez que la mano de Blaine está debajo de su camisa y pasando a través de su abdomen.

— Le tiré dinero al problema, —dice Blaine, su voz caliente y pesada en el oído de Kurt mientras mese sus caderas contra él.— Estarán fuera todo el día. Tengo que irme a las cuatro.

— Todavía ni siquiera son las diez, —dice Kurt, su voz ahora es poco más que un gemido desesperado cuando Blaine desliza sus manos con facilidad por la parte de atrás de sus pantalones cortos, apretando su trasero a través de sus calzoncillos.

— Lo sé.

Luego reclama su boca de nuevo, quitando su mano de los pantalones cortos, agarrando las muñecas de Kurt y fijándolas por encima de su cabeza. Un sonido sucio proviene de Kurt, una pierna sube para engancharse a la cintura de Blaine y arrastrarlo más cerca, necesitando más, pero Blaine lo está besando profunda y ásperamente, su lengua ahondando para degustarlo una y otra vez.

— Oh Dios, —Kurt gime cuando rompe el beso y su cabeza golpea con fuerza contra la repisa.— Sólo tómame, por favor. Por favor, sólo... ugh... dámelo.

— Niño travieso, —Blaine dice sombríamente mientras tira del lóbulo de la oreja de Kurt entre sus dientes.

— Al dormitorio, ahora, —demanda Kurt, luego grita cuando Blaine lo levanta, estrellando sus labios juntos mientras van a trompicones a través de la habitación.

— Por si acaso, —Blaine sonríe mientras tira de la cortina a través del espacio que Kurt llama habitación antes de clavarlo a la pared.

Y de repente, sus manos están en todas partes, tirando de los botones y las cremalleras, su boca chupando y mordiendo cada nueva pieza de carne de Kurt conforme va quedando expuesta. Él pasa rápidamente su camisa sobre su cabeza, con algunos botones todavía abrochados, y se libera de sus pantalones cortos y ropa interior. Empujando a Kurt contra el muro, presiona su cuerpo contra el suyo y gime profundamente.

— No tienes idea de lo mucho que he echado de menos esto. —Susurra mientras raspa sus dientes a través de la garganta de Kurt.— Cada segundo de cada día, he estado imaginando estar desnudo contigo otra vez. Besarte, lamerte, cogerte...

Kurt se escabulle de las garras de Blaine y lo besa mientras baja por su cuerpo. Tan pronto como está lo suficientemente abajo, los dedos de Blaine se enredan en su cabello, tirando y jalando, loco de desesperación, gimiendo mientras Kurt hace un chupetón oscuro sobre su hueso de la cadera antes de hundir su boca alrededor de su dolorosamente duro miembro.

— ¡Santa mierda! —Blaine se esfuerza por permanecer inmóvil, pero luego las manos de Kurt están en su culo, instándolo a moverse hacia adelante, más profundamente en su boca caliente.— Kurt... sólo... ¡Kurt! —grita, incapaz de decir nada más mientras Kurt mueve su lengua en remolino alrededor de la cabeza de su pene.

— Oh Cristo... Kurt, ven aquí, levántate.

Apartándose, Kurt sonríe hacia él, dejando que Blaine lo ponga de pie y lo empuja rudamente contra la pared una vez más. Una mano se mueve a su pecho, frotando su pulgar tentadoramente sobre un pezón mientras mete dos dedos de la otra mano en el tibio calor de la boca de Kurt.

— Fantasía, —Kurt jadea mientras Blaine aparta sus dedos y los mueve hacia el culo de Kurt.— Esta es mi fantasía.

— Lo sé, —Blaine sonríe maliciosamente antes de presionar un dedo en su entrada.— Y te voy a coger tan duro.

Blaine lo besa rudamente, y Kurt chupa su lengua de forma hambrienta, desesperado de deseo y necesidad de más. Más fricción, más caricias, más de absolutamente todo lo que Blaine le puede dar mientras engancha la pierna de Kurt alrededor de su cintura y empuja sus dedos mojados dentro de su apretado agujero. Kurt sisea por la intrusión en un principio, pero pronto se olvida del dolor y disfruta del ardor y el lento arrastre de los dedos de Blaine abriéndolo. Su boca trabaja duro en el cuello y el hombro de Blaine, mordiendo la carne entre sus dientes antes de correr la lengua por las marcas que ha creado. Echando la cabeza hacia atrás, Blaine empuja a Kurt con más fuerza contra la pared, cubriendo su cuerpo y gimiendo desenfrenadamente cuando sus miembros se alinean y la fricción comienza a construirse.

— Sólo tómame, Blaine, —dice Kurt, su voz en un gemido estrangulado cuando siente el pene de Blaine empujando insistentemente en su cadera.

— Desesperación, —Blaine gruñe,— me gusta, —y lamiéndose la palma, se acaricia a sí mismo rápidamente, sin tener absolutamente ninguna intención de moverse para conseguir el lubricante cuando lleva la punta de su pene a la entrada de Kurt. Poco a poco, se empuja dentro. Parece ser más ajustado de lo que Blaine recuerda cuando Kurt aprieta con fuerza alrededor de él, inhalando bruscamente ante las chispas de dolor y excitación disparándose a través de su cuerpo hasta que Blaine se detiene, descansando su cabeza sobre el hombro de Kurt, con su miembro enterrado profundamente dentro.

— Joder, —murmuran juntos, y Kurt toma el rostro de Blaine en sus manos y lo besa tiernamente.

— Te amo, —susurra Blaine con una sonrisa,— te amo mucho.

— Yo también te amo. —Kurt susurra a cambio, gimiendo suavemente cuando Blaine hace un movimiento minúsculo.— Mi hombre fantasía.

— Ese soy yo, —susurra con orgullo. Una mano está extendida en la pared detrás de él, la otra alrededor de la cintura de Kurt, Blaine se aparta casi completamente y luego se empuja duro de nuevo en Kurt, y más duro todavía, estimulado por los gritos y jadeos que vienen del desbaratado joven atrapado sin poder hacer nada contra la pared. Sus embestidas son profundas y largas, el arrastre por la falta de lubricante hace que Kurt sienta como si estuviera siendo desgarrado en dos, pero es absolutamente lo que quiere y necesita cuando lleva su otra pierna hasta la cintura de Blaine y grita su nombre.

— Joder, —Blaine gime, empujando a Kurt con más fuerza contra la pared en su intento de retenerlo en su lugar. Sus embestidas se vuelven menos profundas con el cambio de ángulo, el ritmo desesperado y frenético. Kurt se agarra firmemente alrededor del cuello de Blaine, jadeando al tiempo con el ritmo de Blaine, su miembro no necesita mano, ya que queda atrapado deliciosamente entre sus dos cuerpos.

— Yo... sí... yo... ¡Oh, Blaine! —Kurt exclama mientras se viene duro, su cuerpo incapaz de dejar de estremecerse y convulsionarse. Sus ojos se ponen en blanco con la pura fuerza del mismo y siente una gran cantidad de humedad filtrándose entre ellos. Trabajando su mano en una pequeña grieta de espacio entre sus estómagos, Kurt toma su corrida, conduciendo sus dedos a la boca de Blaine, quien chupa duro mientras se viene una y otra vez en el calor del culo todavía contrayéndose de Kurt.

De alguna manera se las arregla para no dejar caer a Kurt de inmediato, a pesar de que sus piernas y brazos tiemblan casi incontrolablemente mientras deja con mucho cuidado que los pies de Kurt encuentren el piso y luego lo tira hacia la cama donde ambos colapsan, jadeando y mirando al techo.

— Santa mierda, —Kurt dice en voz baja.

— Sí, más o menos, —Blaine sonríe, rodando sobre su costado para besar la comisura de su boca.— No puedo creer lo que acaba de suceder.

— Tú lo empezaste, —señala Kurt.

— En realidad, tú me besaste primero, —Blaine sonríe.— ¿Dónde están tus pañuelos desechables?

— En el suelo en alguna parte, —Kurt murmura adormilado.— Podría o no haber estado pensando en ti anoche.

— Igual, —gruñe Blaine, colgando la cabeza a un lado de la cama donde localiza los Kleenex.— Pero lo creas o no, yo en realidad no vine aquí para eso. Es que... esto, —dice, pasando una mano por la mandíbula áspera de Kurt.— Hizo algo para mí.

— Bueno, no se quedará, —refunfuña Kurt.— Esto se supone que es mi look de 'rudo trabajador del parque de diversiones', pero sólo parece la de un niño que está intentándolo demasiado duro.

— Se ve sexy, —Blaine dice honestamente, sonriendo cuando nota la punta de las orejas de Kurt tornándose rosas de placer.— Pero no quiero que se quede todo el tiempo. Sólo... en ocasiones especiales.

— Pues dame dos semanas de anticipación y lo cumpliré, —dice riendo.

Blaine termina de limpiar a Kurt y luego se acurruca apretadamente contra él; el aire es demasiado caliente y pegajoso para requerir sábanas. Kurt corre una mano ociosa sobre los hombros de Blaine, el ritmo los arrulla a ambos casi hasta dormir antes de que Kurt de repente se siente completamente recto.

— Espera un minuto. ¿Cómo te las arreglaste para llegar hasta aquí en una hora?

— No lo hice, —dice Blaine, cruzando los brazos detrás de la cabeza mientras le sonríe.— Decidí anoche que ya que, dado que hoy tendríamos el día libre, me gustaría venir a visitarte. Así que alquilé un coche y me puse en marcha justo después del desayuno. No podría estar tan cerca de ti y no verte.

— Oh, —dice Kurt, su mandíbula cerrándose con sorpresa antes de enterrarse en el cuello de Blaine.— Eso es maravilloso en todas sus formas.

— Siento mucho que todo esto sea tan difícil, —dice Blaine mientras juega distraídamente con el cabello de Kurt.

— Hmm. Es... bueno, en realidad; ahora que estás aquí, de repente no parece tan malo, —dice levantando la cabeza brevemente para besar sus labios.— Viniste.

— Claro que sí, —dice Blaine mientras ambos se ríen.

— Supongo que simplemente no es lo que pensé que sería, —Kurt suspira.— Es muy difícil, y hay mucha tensión entre los tres todo el tiempo.

— Santana dice que la producción no es tan genial.

— No lo es. Es terrible, para ser exactos. Y cuando vengas a verla, estará más que bien, si esa es tu opinión también.

— ¿Por qué es tan mala? —Blaine le pregunta.— Quiero decir, entiendo que el director debe tener algo que ver con ello, pero...

— Es toda una multitud de cosas. Pero Friedrich, el director es el principal culpable. Yo vacilo en llamarlo un fascista por las connotaciones nazi -y él es alemán- pero... sí, es un cerdo fascista. Y cuando trabajas para alguien como él, que sólo te agota día a día, y que no escucha ninguna de tus sugerencias, o que no está preparado para cualquier tipo de dar y recibir en absoluto... con el tiempo uno deja de intentarlo. Añadiendo a esto el hecho de que todos somos sólo niños universitarios tratando de ganar experiencia, los vestidores son estrechos y sucios, el calor es simplemente sofocante... y todo es demasiado. Santana y yo estamos juntos día tras día, desde que despertamos hasta la hora en que dormimos y todo lo demás, y luego Rachel viene pavoneándose a casa, con los brazos llenos de flores, su chofer dejándola y acompañándola a la puerta y simplemente... ugh. Es muy, pero muy difícil. No como pensé que sería.

— Oh, niño precioso, —Blaine suspira, besando su cabello y apretando su brazo alrededor de sus hombros.— Lo siento mucho.

— No es tu culpa.

— Yo te envié a la audición.

— No seas tonto Blaine, —Kurt dice con firmeza, rodando para colocar la barbilla sobre el pecho de Blaine.— Yo quería hacer una producción de una manera u otra. Esto no es obra tuya en absoluto. Pero quise decir todo lo que dije. De repente es como si nada de eso importara, porque viniste.

— Sin embargo, puede que no sea capaz de venir otra vez, —advierte,— no de esta forma, de todos modos. Pero todavía estaré aquí dentro de dos semanas. Eso es todo. Dos semanas más.

— Dos semanas, —repite Kurt, sintiéndose de repente mucho más feliz.— Entonces serán vacaciones.

— Tengo algo que decirte sobre eso, —dice Blaine, mordiéndose el labio mientras trata de detener la creciente sonrisa.— Pero no puedes contarle a nadie, —dice,— sobre todo, no a Rachel.

— Está bien, —dice Kurt, ansioso de escuchar las noticias.

— Wes va a pedirle a Kathy que se case con él.

— ¡Ahhh! —grita Kurt alegremente, sentándose y aplaudiendo.— ¡Oh, Dios mío! ¡OhDiosMío OHDIOSMÍO OHDIOSMÍO! ¡Oh!

— Un poco preocupado de que estés más emocionado por esto de lo que estuviste con tu propia petición de mano, —Blaine dice secamente.

— ¡Cállate! —Kurt se ríe mientras lo golpea suavemente sobre su vientre desnudo.— ¡Oh! ¡Oh Blaine! ¡Qué maravilloso! —se ríe, mareado de felicidad.— Oh, ooh. Lágrimas, —dice, abanicándose la cara.— Aw, Wes.

— Sí, lo sé, —Blaine sonríe, recostándose contra las almohadas.

— Espera un minuto, —dice Kurt, con sus ojos volviéndose repentinamente pequeños.— Ellos van a casarse después de nosotros, ¿verdad?

— Sí, —Blaine se ríe a carcajadas.— Porque Wes dijo -y cito textual- que 'de lo contrario Kurt enloquecería.'

— Oh, por favor, —se burla Kurt,— No enloquecería.

— Enloquecerías.

— Sí... sí, enloquecería, —coincide Kurt, sonrojándose con auto-desaprobación mientras se ríe.— Pero, ¡oh! Podemos tener una boda gay fabulosamente lujosa en el sol de California y luego Wes y Kathy pueden casarse en una pequeña iglesia pintoresca en Ohio.

— En realidad, ellos probablemente se casarán en Inglaterra, —medita Blaine.— Dado que toda su familia está allí.

— Oh doy mi palabra, ¡podrían tener a Alice como dama de honor!— Chilla Kurt,— Me pregunto si Kathy me dejará hacer los trajes de los acompañantes.

— Bueno, ella tiene que decirle sí a Wes primero, —señala Blaine.— Pero sé quién va a ser el padrino.

— Oh, ¿me pregunto quién podría ser? —Bromea Kurt, moviéndose hasta cubrir el cuerpo de Blaine con el suyo, descansando sus brazos ligeramente sobre sus hombros.— Tú serás mi marido para entonces, —dice sonriendo.— Oh, te gusta esa idea, ¿verdad? —le pregunta, abriendo mucho los ojos al sentir el miembro de Blaine contrayéndose.

— Estás desnudo, presionado encima de mí y hablando de nosotros casados. Sí me gusta, —Blaine sonríe.— Pero todavía no estoy listo. Más tarde, lo prometo.

— Okay. ¿Quieres tomar una ducha?

— En realidad no.

— ¿Qué? Estamos todos pegajosos por el sexo.

— Lo sé, y me gusta, —dice Blaine.— Nadie está en casa, ¿por qué no nos quedamos así por un rato? Me gusta tu olor en mi piel.

— Mi prometido quiere mantenerse bañado en semen seco porque le gusta mi olor, —Kurt dice mientras se acomoda en el abrazo de Blaine una vez más. —Eso no debería ser tan agradable como lo que realmente es.

Se quedan dormidos durante una hora antes de despertar satisfechos en brazos del otro, con una sonrisa suave en sus caras mientras yacen en sus costados uno frente al otro. Se reconectan como sólo Kurt y Blaine saben hacerlo. En silencio, con besos perezosos ocasionales compartidos, pero en su mayoría sólo mirándose en los ojos del otro y sonriendo, muchas, y muchas sonrisas. Los besos se hacen más frecuentes, más insistentes, construyéndose hasta que hacen el amor lenta y dulcemente, Blaine envuelto sobre la espalda de Kurt, su cuerpo apenas levantándose del colchón mientras se conducen a un silencioso orgasmo. Blaine los desliza a una parte limpia de la cama, todavía enterrado profundamente dentro de Kurt de cucharita, satisfechos de dejar que el tiempo los cubra por un momento hasta que Kurt se mueve a regañadientes, arrastrando con él a Blaine para una ducha perezosa antes de ir a la cocina a comer.

Las lágrimas se derraman cuando se separan, pero el tiempo en brazos de su prometido deja a Kurt con una sensación de renovado vigor, y el tiempo pasado con el dinero de Blaine hace que Rachel y Santana sean mejores personas para tener alrededor- resultando en que todos ellos se las arreglan para disfrutar estar juntos de nuevo, y el resto de la temporada de Kurt vuela hasta que, con sólo tres shows por hacer, Blaine llega de vuelta en la ciudad.

Los ojos de Kurt se agrandan cuando llega al Four Seasons para unirse a Blaine en su habitación, sonriendo con indulgencia cuando Blaine se niega a moverse cerca de la ventana para admirar la vista, afirmando que él puede ver perfectamente bien apoyado en la reconfortante y sólida pared en el otro lado de la habitación. Pronto están sentados en la profunda bañera, Blaine acomodándose alegremente contra el pecho de Kurt mientras vierte agua y la escurre sobre sus hombros.

— Entonces... No me gusta preguntar esto, —dice Kurt, inclinándose para besar los húmedos rizos de Blaine.— Pero siento que tengo que estar preparado. ¿Cuando estamos próximos a separarnos?

— Hmm, bueno... no lo estamos, no creo, —dice Blaine, arrugando la nariz pensando mientras toma las manos de Kurt, besando sus dedos.— Tenemos vacaciones por una semana, luego a casa durante tres días, y luego LA... Luego será la hora de que vuelvas a la universidad, jovencito, —dice con un golpecito en la rodilla.— Tu último año.

— ¿Pero cuándo será el próximo tour de la Sinfónica?

— Ah. Bueno.

— No me va a gustar esto, —dice Kurt, tensándose debajo de él.

— Escúchame, —Blaine dice pacientemente.— Hay un tour por Año Nuevo... Espera... —dice mientras es empujado sin miramientos del pecho de Kurt, que parece a punto de explotar.— Es en Austria... y me preguntaba si te gustaría venir conmigo.

— Oh. Bueno, eso es mejor de lo que pensaba, —dice Kurt, sintiéndose extrañamente desinflado después de prepararse para una discusión.— Sí. Me gustaría. Gracias.

— Buen chico, —bromea Blaine, moviéndose al otro lado de la tina, sonriendo maliciosamente mientras sus dedos de los pies empiezan a frotarse en la parte interna del muslo de Kurt.— Tú sabes, podríamos ir a esquiar.

— Voy a fingir que no escuché eso y a enfocarme en lo que tu pie está haciendo, —dice Kurt, ladeando la cabeza hacia un lado y sonriendo dulcemente.

Blaine se ríe oscuramente, sus ojos volviéndose pesados mientras se recuesta contra la bañera y respira profundamente.— Se siente bien, —murmura cuando su pie sigue acariciando el muslo de Kurt.— Ser capaz de relajarme contigo de esta manera.

— Lindo, —Kurt está de acuerdo.— Ha sido todo un verano loco. No estoy ansioso de tener que salir de esta bañera e ir a trabajar.

— Sólo quedan tres más, y estaré en la matinée de mañana.

— Lo sé, pero me gusta este hotel. Fui hecho para este estilo de vida.

— Totalmente, —dice Blaine, cerrando los ojos y suspirando con satisfacción mientras Kurt le frota los pies bajo el agua.

— Siento como que estoy en Pretty Woman, —Kurt dice mientras Blaine sonríe.

— Debes estar cantando Prince.

— Solo quiero tu tiempo extra y tu... ¡BESO! —Kurt canta en voz alta y deliberadamente fuera de tono mientras Blaine ríe, sentado completamente derecho y mirándolo.

— Creo que mejor bailo ahora, —canta de vuelta, y Kurt chilla mientras él se sumerge bajo el agua, emergiendo con el rostro cubierto en burbujas y sonriendo a través de ellas, descansando su cabeza sobre el pecho de Kurt.— Bésame entonces, —balbucea.

— Debes estar bromeando, —ríe Kurt, tomando la toalla y secando su cara.— Sin embargo, ahora lo haré.

— Siempre violamos el agua del baño, —murmura Blaine, sus labios a centímetros de Kurt.

— Es sólo un beso.

— No será por mucho tiempo.