Eiko despertó agitada y se percató de que aún no amanecía. La luz opaca que iluminaba el paisaje afuera de la cueva daba la impresión de que fuera una pintura en blanco y negro por los matices neutrales que surgían por el tipo de iluminación. Se talló los ojos y se levantó tratando de no despertar a Rin. Sesshomaru seguía donde mismo mirando hacia afuera hasta que encontró la silueta de la joven con el rabillo del ojo, sosteniendo la visión por pocos segundos. Demasiadas palabras cruzaban por la mente de Eiko mientras caminaba hacia la salida; deseaba reclamar por su dignidad y al mismo tiempo no se acababan las disculpas. Debió suponer que un artefacto mágico sería un riesgo y que debía de comentarlo rápidamente con el youkai pero estaba tan acostumbrada a la presencia del cristal reposando en su clavícula que lo olvidó por completo. Se detuvo al lado del inu-youkai quien no se había molestado en torcer su cuello para observarla esperando recibir unas palabras de él. Salió de la cueva y caminó lentamente en dirección hacia el bosque.

-¿A dónde vas?-

-Voy a tomar aire fresco- respondió sin volverse al arrogante youkai.

En el camino hacia la cueva había visto un pequeño estanque de aguas termales y no pensaba desaprovechar la oportunidad de tomar un baño antes de ir hacia otro sitio. Se deshizo de su ropaje y lo dobló en una orilla para después sumergirse en la calidez del agua aliviando el dolor muscular que sentía en brazos y piernas por la falta de ejercicio. La intensa luz del amanecer se filtraba por las hojas provocando un efecto de destellos dorados que se movían en distintos lugares iluminando pequeños círculos sobre el agua y los alrededores. Dejó caer su cabeza hacia las rocas relajando su cuello y espalda, liberándose del estrés que le pesaba en los hombros.

"Si les hubiera contado esto a mis padres jamás me habrían creído" pensó dejando escapar una lágrima que se unió al cuerpo acuático en el que Eiko se encontraba reposando.

Los ruidos del bosque fueron tornándose extraños; los pájaros parecían asustados y de cierta manera el viento también. Eiko se mantuvo alerta al notar un cambio en la armonía del bosque. De pronto, una ráfaga de viento apareció frente a sus ojos. Kagura, la mujer que había visto el día anterior apareció frente a ella con un gesto maléfico, ocultando la mitad de su rostro detrás de un abanico de papel. Sumergió su cuerpo hasta el cuello sintiéndose con pudor de ser observada mientras que la endemoniada mujer caminaba hacia ella acechándola con la mirada.

-Tú eres un estorbo; ¿De dónde sacaste ese fragmento?-

-Ya no lo tengo- respondió levantando el mentón.

-Con que te lo confiscó- preguntó refiriéndose a Sesshomaru con una sonrisa que no pudo definir. –Bien, pues vas a entregármelo; irás y se lo quitarás de las manos o si no, te mataré a ti y a esa mocosa-

-Hnn, eres una tonta si piensas que puedes engañarme a mí-

La voz de Sesshomaru viajaba entre los árboles pero no se veía por ningún lado. Kagura parecía estar en posición de ataque y con un movimiento de su abanico cientos de demonios aparecieron detrás de las corrientes de aire. Eiko perdió totalmente la noción de que se encontraba sin ropa y salió corriendo del agua para ocultarse detrás de un arbusto.

-Tus intentos son fútiles; la derrota es inminente- y al decir esto las garras de la mano de Sesshomaru dejaban escapar una luz verde; los movimientos del youkai comenzaron a tornarse circulares pintando con sus garras un destello verduzco semejante a un listón de seda destruyendo a todos y cada unos de los demonios que amenazaban con destazarle el cuerpo. Kagura permanecía alerta detrás de todo el movimiento hasta que por fin, el youkai logró destruir al grupo de criaturas y con agresividad se abalanzó sobre ella amenazándola con sus garras pero antes de que pudiera extender su ataque hacia ella, Kagura logró escapar sobre su pluma voladora alejándose del látigo venenoso del inu-youkai.

La joven humana temblaba detrás del arbusto debido a la baja temperatura de la mañana pero no quería salir de su escondite ya que el youkai aún se encontraba mirando hacia el cielo observando el rastro de su contrincante desvanecerse en el aire. Eiko dejó escapar un estornudo lo que captó la atención de Sesshomaru quien caminó hacia el estanque y observó el montón de ropa que se encontraba en la orilla, lo tomó y lo lanzó hacia donde se encontraba su dueña para después retirarse de ahí.

-Gracias- murmuró apretando la ropa contra su desnudo pecho y comenzó a vestirse.