Capítulo 25

Madre

Alistair debía admitir que nunca en su vida había sido una persona muy religiosa, ni siquiera cuando estuvo a punto de tomar los votos como templario hace ya dos años, sin embargo en esos momentos oraba en su interior para que todos los esfuerzos hechos tanto por él, como por Elissa y sus demás compañeros no hubiesen sido en vano al aventurarse en la búsqueda de un milagro para salvar la vida de un sólo hombre.

Algunos soldados en el pueblo cuchichearon entre sí sobre la autenticidad de las esperadas cenizas de Andraste que los guardias grises decían traer consigo, no podían creer en sus supuestos poderes milagrosos hasta ver al arl recuperado. En cuanto lady Isolda y bann Teagan vieron al grupo entrar en el castillo, sus corazones se alegraron y aún más cuando les comunicaron las buenas noticias sobre la exitosa búsqueda.

El joven rubio por primera vez en su vida sintió simpatía por la esposa de su antiguo benefactor, ya que esta no paraba de agradecer en medio de lágrimas a todos por sus esfuerzos. Inclusive dirigió unas cuantas palabras expresamente a él para su gran asombro.

- "Alistair, tal vez no me creas lo que te diré, pero es algo que siento y debo hacer. En verdad aprecio tu esfuerzo y el de todos por salvar tanto a mi hijo como a mi esposo, son mi familia y lo más valioso que tengo. Nunca me he imaginado que sería yo sin ellos, sin embargo así como tú te has esforzado porque tenga a mi familia conmigo, años atrás yo te arrebaté a la tuya por estúpidos celos. Sé lo que tengo que conocer sobre ti y no diré más, lo único que quiero añadir es que agradezco todo lo que has hecho, aún cuando sé que no merezco tales acciones de tu parte. Lamento todo lo que hayas tenido que haber pasado por causa mía. No lo merecías."

Al joven esta repentina declaración lo tomó por sorpresa, una muy grata debía decir. No necesitaba de otra cosa para perdonar a Isolda, él se puso a reflexionar en torno al hecho de que si las cosas hubieran sido perfectas en su vida, tal vez él y Elissa nunca se hubiesen conocido. Ese pensamiento lo reconfortaba lo suficiente como para no guardar ningún tipo de rencor. Además Alistair sabía de antemano que lady Isolda era la que menos responsabilidad tenía en torno a su infeliz infancia, después de su extraño encuentro con Duncan eso le quedaba claro. Las dudas en su interior aún lo tenían tan abrumado que estaba seguro que al despertar el arl, lo llenaría de incesantes preguntas. Tras quedar en silencio por unos instantes ante semejante declaración, el guardia por fin pudo hablar.

. "La vida del arl es preciada por ambos, mi señora. Y en cuanto a Connor, hubiese sido inhumano abandonar la esperanza cuando un niño necesitaba ser salvado. No tiene nada que agradecerme, es lo que cualquier persona con algo de corazón hubiese hecho."

La arlessa no pudo agregar más ante la humilde respuesta de Alistair y Teagan alegre de que Isolda reconociese, aunque fuese tarde, los errores que había cometido con anterioridad, pidió a todos usar de una vez esa cura que salvaría la vida de su querido hermano y corroborar que tan ciertos eran los milagros que podía realizar.


Parecía que una gran roca lo había golpeado justo en la cabeza, el dolor en todo su cuerpo era terrible, sus ojos se sentían pegajosos y tenía la desagradable sensación de un gran agujero en el estómago. Nunca en su vida se había sentido tan mal, ni siquiera cuando tuvo que enfrentarse con esos terribles orlesianos una y otra vez en su propio castillo. Levantó los párpados lentamente, la luz del sol entraba por las ventanas y por primera vez la detestaba. Escuchaba voces y veía sombras difusas, después esas sombras se convirtieron en cuerpos, pero los rostros seguían siendo borrosos ¿qué demonios había pasado con él? ¡Por Andraste! Él sabía que ya no era un hombre joven, pero el no poder siquiera tener una buena visión era demasiado.

Cuando despertó completamente, una mujer se abalanzó a su cuello. Era Isolda, su esposa, quien con lágrimas en los ojos expresaba tantas palabras de regocijo que era difícil entender lo que quería decir. A su lado se encontraba Teagan, su hermano, que le sonreía al verlo recuperado.

- "¡Isolda! ¿Qué me ha pasado? Estoy tan…"- Eamon trató de recordar qué era lo que le había ocurrido como para dejarlo postrado en cama con tanto dolor, pero la memoria le fallaba.

- "¡Oh mi amor! Creí que nunca despertarías, estaba desesperada. Si no hubiese sido por la ayuda de los guardias grises, tú aún estarías en una profunda agonía."- Isolda dirigió la mirada hacia un grupo de personas que los observaban expectantes, la omisión del nombre de Alistair como uno de los guardias era algo premeditado por ella, aún temía la reacción de su esposo al enterarse de que él estaba aquí y había salvado su vida y la de su hijo. A pesar de todo lo que había hecho por su familia, ella aún quería tener algo de precaución ya que temía que su marido se enfadara con ella.

Eamon desvió su atención a los extraños en su habitación ¿Acaso todos eran guardias grises? Su vista aún no reconocía muy bien los rostros, pidió un poco de agua para poder lavar su cara. Una vez que terminó, le dijo a su hermano:

- "Pide a los guardias grises que se acerquen, creo que tengo que darle las gracias por lo que han hecho por mí."

- "No sólo por ti, hermano, también han salvado la vida de cientos de aldeanos mientras tú estabas en cama, al igual que han rescatado a Connor de las garras de ese dem…"- Teagan estaba a punto de terminar su frase, pero la mirada suplicante de Isolda le hizo cambiar de parecer. Aún no era momento para que se enterara de eso o, al menos, sentía que a quien correspondía darle esa noticia era a Isolda. Al fin tendría que lidiar con las consecuencias de sus acciones y secretos. Isolda trató de que no quedasen silencios incómodos entre ellos.

- "Es cierto, mi querido esposo. Ellos han hecho tanto por nosotros, les debo tu vida y la de Connor. Enseguida los llamaré."

Isolda fue al rincón donde se encontraban y los hizo acercarse tal como él lo había solicitado. Eamon se encontró con varios rostros que no conocía, inclusive un golem que lo miraba con total indiferencia y un qunari con gesto molesto, quien se retiró de la habitación tan pronto Isolda le había hecho la invitación, sin embargo un par de rostros no le resultaron del todo extraños. Inclusive uno de ellos lo reconoció gracias al cariño que a pesar de tener años de no verlo le había guardado: Alistair. El niño que fue puesto a su cuidado desde que nació, se había convertido en un hombre cuyos ojos penetrantes lo hicieron sentirse nervioso por unos instantes. Su rostro había cambiado, eso era cierto, pero su forma de mirar seguía siendo la misma y en ella se notaba la alegría de ver a su antiguo benefactor nuevamente.

Hacía años que no había tenido noticia alguna de él, al parecer desde temprana edad había abandonado la Capilla donde él mismo lo había dejado por petición de su esposa, lo que escuchó después fue que el chico tenía la firme intención de unirse a los templarios. Al escuchar esos rumores se había quedado sin habla, pues era bien conocido el duro entrenamiento y control al que eran sometidos no importando estatus o edad, por mucho tiempo se sintió culpable del destino de Alistair, y los reproches del difunto rey por abandonar a su hijo lo perseguían todos los días. Ahora que lo veía convertido en un guardia gris, no estaba seguro de si el destino de templario era menos cruel. Trataba de no atormentarse a él mismo con esos recuerdos, sin embargo al ver su rostro cara a cara, los remordimientos volvían a inundar su mente.

El segundo rostro en el que se fijó le parecía extrañamente familiar, aunque no recordaba dónde había visto esas facciones. Era una mujer joven, tal vez demasiado para haberse convertido en guardia gris a una edad tan temprana. Ambos guardias se acercaron a él cuando Teagan se lo indicó, el primero en hablar fue Alistair al mencionar lo feliz que se encontraba de que se hubiese recuperado. Cuando la chica habló para presentarse, por fin pudo explicarse el porqué le resultaba conocida. Era la hija de los teyrns de Pináculo, lo que lo dejó aún más confuso ¿qué hacía la joven hija de un noble de alta cuna entre los guardias grises?

Se sentía perdido, al parecer Ferelden entero era todo un caos a medida que sus salvadores relataban lo ocurrido en los últimos meses. Por un momento, el arl deseó volver a dormir por un largo rato.


Elissa experimentaba una extraña tranquilidad al ver las aguas calmadas del lago Calenhad, nadie hubiese creído los horrores que habían ocurrido tiempo atrás. Los reflejos rojizos que se proyectaban en él parecían un vago recuerdo de la sangre derramada de sus habitantes. A la chica se le formó un nudo en la garganta al evocar esa noche en la que pelearon contra seres desconocidos, que no eran otra cosa que la invocación de un niño mago quien no controlaba sus poderes y había rasgado el Velo.

Ella no podía culpar a Isolda por la decisión que había tomado, por más desastrosa que ésta hubiese podido resultar. Sus padres dieron su vida por ella a pesar de sus negativas a abandonarlos, por ello estuvo molesta consigo misma por tanto tiempo. Creía que no había hecho lo suficiente para salvarlos, pensó que los dejó abandonados en las garras de un monstruo. Pero todos esos pensamientos se esfumaron después del encuentro con su padre en el Templo de las Cenizas Sagradas, ella prometió dejar toda la culpa y remordimiento que la atormentaba atrás, sin embargo hubo algo que no pudo prometer a su padre.

Cuando el teyrn le pidió jurar que desecharía el sentimiento de venganza que albergaba en su ser, la furia y los recuerdos la cegaron. Frunció los labios y bajó la mirada sin pronunciar palabra alguna ante tal petición por parte de su padre.

"La venganza no te traerá la paz, mi pequeña. A tu madre y a mí no nos hace falta, sólo sé feliz y libre."

La voz parecía desvanecerse lentamente, Elissa levantó la vista y antes de que se diera cuenta, su padre había desaparecido. Un suave eco retumbaba en medio de la oscuridad, parecía la voz de su madre que la llamaba. Eso era todo lo que recordaba de su breve encuentro y hasta su llegada al pueblo de Risco Rojo se puso a pensar detenidamente en el último deseo de su padre, aún no sabía cuál era el camino correcto ¿en serio debía olvidar los crímenes de Howe? Ella no quería venganza en un inicio, Elissa buscaba justicia, pero con la muerte del rey Cailan en Ostagar y con Loghain en el poder, era consciente de que ésta ya no era una opción. Obtener venganza era por lo único que podía optar.

- Pero… ¿y si Alistair se convirtiera en rey? Él podría… no… no puedo pedirle algo así. Eso sería egoísta de mi parte- pensaba Elissa, aunque desechó la idea rápidamente. Jamás le pediría que se convirtiera en rey en contra de su voluntad, sería hacerle pasar por lo mismo que le hicieron a ella al comprometerla en contra de sus deseos.

Además, el joven ex templario ya tenía suficientes problemas justo en ese momento. Por un lado, Elissa no podía estar más feliz, pues el gran viaje emprendido en busca de las cenizas de Andraste había valido la pena. La salud del arl volvió en un abrir y cerrar de ojos cuando la milagrosa cura fue rociada sobre su cuerpo. El shock que tuvo que pasar al enterarse de todos los acontecimientos sucedidos durante su letargo fue duro y difícil de asimilar: su único hijo era un mago que había ocasionado destrucción y muerte en Risco Rojo, su sobrino Cailan había muerto en el campo de batalla traicionado por Loghain, la gran mayoría de los guardias grises habían caído junto con él, una Plaga se avecinaba y aparentemente el país se vería sumido en una inevitable guerra civil debido a las ambiciones del teyrn Mac Thir y su puesto como nuevo regente. Aunque la primer sorpresa que se llevó al despertar no fue precisamente enterarse de alguno de los acontecimientos anteriores, sino encontrarse cara a cara con aquel niño que años atrás dejó llorando en la entrada de la capilla, ahora convertido en un hombre.


Alistair estaba decepcionado. A decir verdad, ni él mismo podía decir qué era lo que esperaba de su conversación con el arl, lo único bueno que sacó de él fueron "gracias" y "lo siento". Las gracias eran por obvias razones: haberlo salvado a él y a su hijo. El chico quiso cobrarse el favor al hacerle unas cuantas preguntas a Eamon, todas en relación con su visión en el Templo de las Cenizas. Las respuestas lo dejaron desconcertado y molesto con todo el mundo, nadie fue honesto con él jamás. Su madre nunca fue una sirvienta en el castillo y su supuesta hermana, Goldanna, no era más que un instrumento más para cubrir esa mentira. Goldanna sí que era hija de una sirvienta de Risco Rojo y dicha mujer tuvo un hijo, quien murió el mismo día que su madre en el lecho donde le dio a luz. El arl corrió el rumor de que el padre era el rey para cubrir su propia vergüenza, ya que al final resultaría ser su propio bastardo, después de todo las sospechas de Isolda no eran del todo infundadas. Para desgracia de esa mujer que lo echó de su casa en Denerim, ella misma era una víctima más de las historias del arl, su padre, madre e le dolía aceptar que era probable que Duncan tuviese también algo de culpa, ya no estaba seguro de nada a esas alturas. Su madre en realidad era una poderosa maga a quien los guardias grises reclutaron del Círculo de Hechiceros desde muy joven. Con ello, le llegaron los recuerdos de templarios arrebatando bebés de los brazos de sus madres sólo por haberlos parido en el Círculo, todo en esos instantes era muy confuso para el joven.

Todo tenía sentido ahora. Duncan sabía quién era él, sabía quién era su madre e incluso fueron hermanos de armas, por eso se empeñó en llevarlo con él y volverlo guardia ¿tal vez para vigilarlo de cerca? ¿protegerlo? Eso nunca lo sabría con certeza. Ella siendo guardia gris se había enamorado estúpidamente de Maric cuando éste los acompañó a una campaña hacia los caminos de las profundidades. Según Eamon, el rey le contó que llegó a amarla profundamente aunque nunca le dijo su nombre o aspecto, y mucho menos sabía si actualmente ella seguía viva o ya había muerto. La infidelidad de Maric era algo que calaba en el orgullo de los Guerrin tomando en cuenta que su difunta hermana era la esposa del rey en ese entonces. El arl no podría asegurarle en qué circunstancias su madre lo entregó al rey, puesto que no se encontraba presente cuando eso ocurrió, pero de lo que estaba seguro era que Maric quería quedarse con él. Sin embargo, las presiones por parte de la nobleza, un reino tambaleante y el hermano de Rowan, en este caso el arl, no veía con buenos ojos que el niño se quedase en manos de su padre, especialmente por representar un peligro para el hijo legítimo. Eamon admitió que no actuó de forma correcta con él cuando sólo era un niño pequeño, fruto de los errores de sus padres, y era por ello que se encontraba arrepentido.

La disculpa pudo haber terminado allí, Alistair la hubiera aceptado de buena gana y ser feliz al saber que estaba arrepentido por haberlo enviado de manera injusta a la Capilla, aunque no fue así. El rumbo de los acontecimientos políticos en el reino, hizo que Eamon abriera la boca para recordarle su deber como hijo bastardo del rey, tenían que detener a Loghain y la mejor forma de hacerlo era presentarlo a él como candidato al trono. La conversación de hace unas horas lo había dejado aturdido en más de un sentido.

- "Piénsalo Alistair, tienes una gran ventaja."

- "¿En verdad? Creo que será necesario que me la recuerdes, la única ventaja que veo es que el asesino que envió para matarnos a Elissa y a mí ahora es nuestro aliado. Al menos por ahora."- el joven no sabía si eso era algo bueno o malo, bien podría Zevran acabar lo que dejó pendiente más adelante.

- "Tú mismo lo has dicho, tienes un aliado y no uno cualquiera."

- "Sigo sin entender."-

- "La joven Cousland."

- "¿Elissa?"- por un momento quedó sorprendido por la declaración de Eamon, después su sorpresa pasó al enojo- "No metas a Elissa en esto, Eamon, ella ya ha tenido bastante con la suciedad de la política y los asuntos nobles."

- "No es algo de lo que me agrade hablar Alistair y mucho menos le diría esto cara a cara a la señorita Elissa, pero las circunstancias son así. Ella es la heredera legítima de Pináculo, la única con vida si es que su hermano no aparece, sigue siendo la segunda casa noble más importante en todo Ferelden y una de las más antiguas, estoy muy seguro que los nobles la escucharan a ella, especialmente después de lo ocurrido con su familia a manos de Howe."

La propuesta de Eamon le parecía horrenda y de lo más inapropiada, el arl tenía razón en decir que no tocaría ese tema frente a ella de una manera tan brusca. La reacción de Elissa sería lanzarse contra el arl a gritos y golpes, eso si es que la encontraba de buen humor ¿cómo podía el arl pensar que él podía pedirle algo así a Elissa? ¿Representarlo en la corte como única heredera de los teyrns de Pináculo cuando ella aún tenía la esperanza de encontrar a su hermano con vida? De ninguna manera permitiría siquiera que Eamon se lo propusiera y mucho menos él, no quería ser rey y tenía la intención de dejarlo muy claro al arl.

- "Arl Eamon, por lo que sé el trono ya tiene dueño, así como la corona. No creo que a la reina Anora le vaya a hacer gracia que un bastardo llegue a querer arrebatársela. Y mucho menos usaré lo que le ha ocurrido a Elissa para esos propósitos, eso es muy bajo. Podré ser muchas cosas Eamon: un bastardo, un huérfano, un templario o un guardia gris, pero jamás un rey. Eso me lo dejaste muy claro hace años."

- "Alistair si las circunstancias requieren de…"- el joven lo interrumpió bruscamente.

- "Si las circunstancias requieren que alguien tome la corona, ese no seré yo, creo que hay personas más capaces para desempeñar ese papel. Tú entre ellas Eamon. Además no me interesa quitarle a Anora la corona, creo que se ve bien en ella, si me permites decirlo. Si me disculpas tengo que retirarme, supongo que pronto tendremos que salir de Risco Rojo y hay cosas que hacer."

- "Alistair… yo no…"

- "Espero contar con tu ejército para detener la Ruina, recuerda que por eso vine aquí en primer lugar."- el rubio sonó más brusco de lo que él hubiese querido, pero el enojo por todo lo que se había enterado y además por lo que le habían pedido lo tenía fuera de sí mismo.

- "Por supuesto que tienes el apoyo, eso no lo dudes."

- "Bien, será mejor que me vaya. No tengo nada más qué decir, salvo que me alegra que estés bien."

Eamon le dedicó una sonrisa débil que Alistair le devolvió, aunque eso no hizo disminuir la tensión que impregnaba el momento, justo cuando el chico guardia se dio la vuelta para salir, el arl se atrevió a hablar.

- "Esta no será la última vez que hablaremos sobre esto, Alistair."- terminó el arl de manera tajante.

Alistair no le dio importancia a estas últimas palabras, una Ruina se aproximaba y eso era en lo que debía enfocarse. La nobleza podía pelearse por el poder del trono mientras tanto.


Wynne estaba agotada después de pasar meses viajando y los días de descanso que tuvo después de llegar a Risco Rojo le parecían insuficientes, pero no iba a quejarse. Ella fue quien decidió tomar parte de la misión y debía concluirla, pese a que su cuerpo le dijera lo contrario. Además, el espíritu que residía en ella le había otorgado una segunda oportunidad para vivir y no iba a desperdiciarla, ya que no sabía hasta cuándo podía aguantar. Ese era un pequeño secreto que aún no compartía con nadie y todavía se encontraba indecisa sobre la pertinencia de contarlo.

Al caminar por los pasillos del castillo, ella notó la presencia de Alistair reclinado sobre una de las ventanas mientras veía fijamente hacía abajo, la curiosidad le hizo asomarse y notó la figura de Elissa cruzando el puente que conducía a la puerta trasera a paso lento. Era obvio que el joven guardia estaba profundamente enamorado de su compañera, Wynne no albergaba buenos augurios para una relación que florece en medio de la guerra y destrucción, ya que alguien podía salir herido tarde o temprano, ya en una ocasión había hablado de ello con Elissa y ahora sentía los deseos de aconsejar a Alistair. Él era muy inocente en temas del corazón y Elissa también, lo más seguro es que ambos salieran lastimados. Eso le dolía a Wynne, ya que se había encariñado con ambos. Quería decir lo que pensaba, quería que ambos se alejaran el uno del otro y se concentraran en el enorme deber que cargaban sobre sus hombros.

Pero simplemente no podía, ambos eran muy jóvenes y por lo visto representaban el primer amor el uno del otro. Era demasiado cruel aplastar sus ilusiones de repente. Wynne seguía viendo a Elissa cuando la voz de Alistair la sobresaltó.

- "¡Wynne! ¡No me di cuenta que estabas aquí!"- dijo Alistair mientras se acercaba.

- "Hola Alistair. Sólo paseaba por el castillo, nunca está de más estirar un poco los huesos viejos."- ella se volteó para sonreírle cálidamente.

- "Deja de decirte vieja a ti misma, no lo eres ¿cuántos años tienes? ¿Veintitantos? Te aseguro que te ves de 26"- le dijo el chico con una sonrisa.

- "No te burles de mí jovencito, tengo suficiente edad para ser tu madre y jalarte de las orejas"- Wynne quiso darle una respuesta ingeniosa y bromear un poco, aunque el efecto no fue el esperado. El rostro de Alistair se puso triste y sombrío ¿habría dicho algo malo?

- "¿Wynne?"- pronunció su nombre después de un breve silencio.

- "¿Sí Alistair?"

- "¿Puedo preguntarte algo?"

- "Por supuesto, adelante."- contesto ella gentilmente.

"- Alguna vez tú… bueno… tú…"- el chico se había sonrojado, al parecer la pregunta le daba algo de pena.

- "Pregunta sin miedo Alistair, no te preocupes. Lo que sea responderé con gusto."- ella lo animó a continuar.

- "¿Fuiste madre alguna vez? ¿Tuviste algún hijo o hija?"

Wynne se quedó sin habla, ella esperaba que le pidiera algún consejo sobre Elissa o hiciera alguna broma. Lo que le preguntaba era algo tan íntimo y doloroso, pero ella prometió responder a lo que fuera. Tomó un ligero respiro y lo miró a los ojos, tal vez eso le ayudaría a no llorar.

- "Tuve un hijo hace mucho tiempo, ahora debe ser incluso tres o cuatro años mayor que tú. Es lo único que sé de él, no me dieron tiempo de tenerlo entre mis brazos, ni siquiera me permitieron ponerle un nombre antes de que me lo quitaran."

Conforme Wynne contaba su historia, Alistair se preguntaba por dentro si existía algo más terrible que una madre sin un hijo.