Azimio estaba con la camisa semi abierta, entrelazaba su mano con la de Trent y Dave estaba caminando de un lado para otro en la oficina como león enjaulado. Quería encontrar una explicación lógica para lo que acaban de ver.
—Entonces, ¿cómo paso? —Dijo irónico —, debe ser el agua ¿no crees Sebastian? —Sebastian medio asintió —. Digo, el agua de mi casa debe convertir a todos en gais.
—No soy gay —Azimio afirmó y Dave rió.
—¿NO? Entonces sólo paso que tú polla chocó con el culo de Trent.
—David —Trent le reprendió con su voz —. No tienes que ser tan grosero.
—No soy grosero. Sólo quiero saber, cómo coño terminaron follando en la oficina. Quiero saber desde cuando toda la maldita gente que me rodea es gay o bisexual o…
—Primero cálmate, David —Trent ordenó cogiendo más fuerte la mano de Azimio quien miró a su amigo sentándose en su silla. Az se aclaró la garganta.
—Es solo Trent —Dave asintió sin entender —. No entiendes lo que digo, ¿verdad?
—Entonces eres bisexual —Azimio negó —. ¿Entonces que eres? ¡Coño! Lo siento. Es el shock, hasta hace unos momentos pensaba que a uno de mis mejores amigos les iban las mujeres.
Azimio respiró profundamente, por eso mismo quería encontrar el momento oportuno para hablar con Dave y Sebastian. Claro que nunca imagino que Trent llegaría con toda su sensualidad a su oficina, lo seduciría y terminarían follando con la maldita puerta abierta, vio sus manos entrelazadas y le sonrió a Trent quien con la mirada lo animaba a continuar hablando.
—Me llevó años darme cuenta. Fue un proceso, empezó cuando ustedes aún eran pareja. Siempre dejabas a Trent solo, me mandabas a mí en tu lugar —Dave estaba a punto de decir que había tomado su lugar hasta en la cama de Trent pero eso era demasiado ruin y grosero —. Empecé admirando a Trent, su tenacidad, su esfuerzo por salir adelante y seguir con su empresa, sus obras benéficas. Su fundación para la investigación de enfermedades extrañas, su interés altruista y toda su bondad. Evidentemente tú sabes que tuve parejas, mujeres muy bellas pero con ninguna terminaba de encajar todo. Algunas me buscaban por mi dinero, otras querían que dejara mi trabajo de lado para dedicarme a ellas. Frívolas, egoístas y en realidad jamás termine por enamorarme de alguna. Luego me aleje un poco de las relaciones pasajeras esperando a que llegará la adecuada. Cuando fuimos a L.A y ustedes terminaron por eso que pasó en el hotel.
—Dave intercambió miradas con Trent, sabía que su ex no era tonto y sí aún no daba con la verdad del todo, estaba seguro que lo sospechaba la identidad de la persona con la que se había acostado aquel día en el hotel de L.A —. Trent y yo nos acercamos mucho, salíamos mucho. Conversábamos y era divertido pasar las tardes con él. Creo que en ese momento me di cuenta que Trent me gustaba desde hacía mucho tiempo y no sabía qué hacer con ello hasta que hable con Trent y él me dijo que fuéramos poco a poco. Que tal vez sólo era una confusión pero las cosas se hicieron más personales y nosotros terminamos teniendo sexo que fue bastante gratificante para una persona como yo que nunca se había sentido así con nadie. Quiero que comprendan, yo no me enamoré de un hombre, me enamoré de una persona. No soy gay, ni bisexual o tal vez sí o no. En realidad no he pensado demasiado, he estado muy ocupado aprendiendo ciertas cosas que Trent ha querido que aprenda —Azimio se sonrojó y Trent rió complacido —. No espero que lo entiendan así de rápido, ni yo lo entendí pero estoy feliz con lo que tengo ahora. No buscó etiquetas y les puedo asegurar que el único hombre que me ha gustado es Trent.
Dave observó a la pareja y rió. Por lo menos había personas a su alrededor que habían encontrado el amor en los lugares menos esperados.
—Me da gusto que por fin tengas el hombre que te mereces —dijo Dave observando a Trent —. Les deseo la mayor felicidad del mundo.
—Y yo deseo que aprendan a trabar las puertas —Sebastian rompió el momento con un chiste bastante oportuno —. Me parece maravilloso que estén juntos pero no quiero otra imagen traumatizante en mi vida —Azimio rió. Trent se puso de pie, le dio un ligero beso a Az en la mejilla.
—Me voy. Imagino que ustedes querían hablar de algo muy importe con Azimio —Dave y Trent intercambiaron una última mirada que decía demasiado porque estaba cargada de agradecimiento y disculpas. Luego, Trent se marchó.
—¿Ustedes viven juntos? —Sebastian preguntó tomando la silla que Trent había dejado vacía.
—No, Trent vive en su departamento y yo sigo viviendo en mi casa. La verdad es que seguimos llevándola tranquilos —Sebastian soltó una carcajada.
—Sí, lo que vimos en tu despacho fue bien tranquilo.
—Sí, bueno —Azimio le dio una mala mirada — ¿por qué nos interrumpieron?
—Cooper Anderson, ¿tú le disparaste? —Duro y a la cabeza fue Dave.
—¿Qué? No, fue alguno de ustedes ¿no? —Dave y Sebastian negaron —. Yo llegué mucho después que ustedes, encontré un móvil y en él está grabado casi todo su encuentro, se puede percibir claramente que ustedes solo se defendieron, que Anderson quiso dispararle a Dave.
—Esto es muy raro. Si ninguno de nosotros fue ¿quién coño le disparo a Cooper? —A Dave le estaba carcomiendo la maldita duda.
—Necesitamos ver ese video. Necesitamos llegar al fondo de esto —Sebastian se puso de pie —. ¿Dónde lo tienes?
—El video está en mi casa —Sebastian pensaba que ese video podía aclararles el misterio o por lo menos darle más luz.
— ¿Estás seguro, Bilbo?
— Eso creo — Fergus frunció el entrecejo, contemplando como Blaine entraba y salía de las habitaciones de su casa, recogiendo algunas de sus pertenencias y volcándolas sobre las maletas que tenía dispuestas en su estudio.
— ¿No crees que deberías de hablar con Finnick primero? — Los pasos del moreno se congelaron mientras que tomaba un gran paquete de hojas y bosquejos, mismos en los que habían estado trabajando los últimos meses. Nick se recordó que debía de terminar con las maquetas de los landscapes para la nueva película.
— Necesito estar seguro antes de decirle nada — El irlandés dejó escapar un sonoro jadeo y meneó la cabeza, frustrado. Blaine lo miró por el rabillo del ojo pero no dijo nada, reanudando su camino y metiendo con mucho cuidado su trabajo en una maleta a parte.
— ¿Seguro de que, Blainers? ¿De qué va todo ésto? ¿Por qué no puedes decirle a tu prometido que vas a ir a París en un viaje de último minuto para visitar a tu padre? — Blaine se mordió el labio mientras contemplaba a Fergus, pero negó, jadeando pesadamente y cerrando su segunda maleta — ¿Es tan importante ese viaje que dejas a tu futuro marido con las preparaciones de la boda y sin explicación alguna atrás.
— Es algo que necesito tratar con mi papá a solas, Ferg — Más el irlandés se levantó de su silla con el entrecejo fruncido, deteniendo los rápidos pasos de Anderson para sujetarlo de la camisa y alzarle en vilo, ignorando por completo la exclamación de sorpresa del moreno.
— Nunca me dijiste el porqué se pelearon ni por qué, a partir de allí, te alojaste en mi casa. ¿Por qué, Blaine? ¿por qué ahora parece que hablar con Kurt te incomoda? ¿Por qué estar con Nick te parece una carga? ¿Por qué ni siquiera quieres conversar conmigo de ello? ¡Carajo! — Blaine trastabilló cuando Fergus casi lo lanza sobre el sofá. contemplándolo mientras el pelirrojo caminaba de un lado a otro como león enjaulado, haciendo arduos esfuerzos por no perder todos los estribos — ¡Carajo, Blaine! ¡A ti, viejo, te pasa algo! Y puedes negarlo todo lo que quieras, pero tengo ojos. Sé como pareces herido cuando hablas con Kurt, o sé como huyes de mí para no tener que tratar el tema de frente conmigo; y por supuesto que he notado la manera en la que evades a Nick y todo lo que tenga que ver con la boda. ¡No por nada te he ayudado a formular y fundamentar tus excusas para estaquearte de tus responsabilidades como novio!
— Fergus...
— ¿Y crees que no he notado que no traes tu sortija de compromiso? — Blaine se congeló llevando instintivamente su mano a su dedo anular y acariciando ausentemente la sortija que lo adornaba — ¿De quién es esa? ¿Quién te la dio? ¿Por qué la usas en vez del Anillo Único?
— No lo comprenderías, Fergus. Nick es tu amigo — Blaine se defendió con sus labios fruncidos. Pero aquel comentario hizo explotar al más alto.
— ¡¿Y qué tú no eres mi amigo?!
— No serías imparcial si te lo contara. ¡Sé que la idea de que Nick y yo nos casemos te emociona!
— ¡Me emocionaría más si uno de los novios no tuviera cara de que lo llevan al matadero! — Ambos se miraron fieramente, con las respiraciones agitadas. Fergus gritó y tiró de sus rojos rizos mientras retomaba su caminata. Blaine no le sacó la mirada de encima, sus miembros rígidos y tensos, preparados para huir o responder a cualquier asalto.
— Hago lo que puedo — Anderson rumió, sintiendo como su sangre bullía mientras Fergus soltaba una carcajada sarcástica que le obligó a morderse el labio.
— ¿Para qué? ¿Para fingir que estás feliz? Pues mira que eres bueno en ello. ¡Inclusive en la foto que salió en el periódico pareces mucho más contento de lo que realmente estás!
— ¡YO no finjo!...¡¿Y de qué periódico hablas?! No he salido en el periódico desde el estreno de Historias de Lima y la fiesta de compromiso.
— ¡¿Que tú no...?! ¡Eres una farsa, Blaine! ¡Desde que te conozco te la vives fingiendo que estás bien! ¡Fuera del trabajo, Kurt y tú nunca parecían verdaderamente felices! — Blaine abrió los ojos de par en par mientras Fergus sonreía cínicamente. Jamás se le hubiera pasado por la cabeza que su borracho y distraído amigo fuera tan observador — No tienes la sorpresa que me llevé al ver que 'Reinita' realmente era capaz de sonreír como lo hace cuando está con el flaco larguirucho.
— ¿Tú...?
—Aunque debo admitir que me sorprendió mucho más tu forma de ser cuando estabas con ese Karofsky, el tipo que fue acusado de negocios sucios — Blaine borró de su rostro cualquier indicio de estupefacción, dejando que la furia y los deseos de atacar endurecieran sus facciones — como esa. ¡Apenas lo menciono y parece que quieres matarme!
—Él y yo fuimos pareja. Lo sabes. Te lo conté. Y...
— Y aún se traen algo.
— No es de tu incumbencia, Fergus — Blaine amenazó, dando un paso hacia delante.
— Lo es desde el momento en el que él se marchó y tu regresaste a ser un autómata, tal y como lo eras cuando te conocí.
Ambos respiraron agitadamente, intercambiando miradas fieras y cargadas de palabras y sentimientos que eran incapaces de comunicar. Fergus fue el primero en reaccionar, caminando al sofá y dejándose caer en éste sin dejar de contemplar a Anderson.
Blaine lo siguió en todo momento, echando una rápida mirada a la puerta de su despacho antes de regresarla al irlandés.
— ¿Qué quieres que te diga? — Blaine rumió. Fergus pudo compararlo perfectamente como un lobo herido, tratando de protegerse.
— ¿Quieres casarte con Nick? — Anderson apretó los labios una vez más antes de contestar.
— Finnick es un buen hombre — El irlandés negó, tratando de controlar la furia que bullía y recorría sus venas.
— ¿Quieres?
— Es lo que esperan de mí.
— Blaine, ¿Eres acaso sordo, o pendejo? — ambos se miraron fieramente antes de que Fergus repitiera — Por última vez, ¿quieres casarte con Finnick?
— ¡Es más complicado de lo que crees, Ferg! ¡No es como si pudiera ir, tomar un avión de 20 horas de vuelo para buscar a David y decirle que quiero casarme con él! ¡No puedo estar con David, Fergus! ¡Por más que lo ame, NO-PUEDO! ¡Coño! — Blaine explotó, pateando, moviéndose, sintiendo como la voz se le entrecortaba del coraje y la impotencia — ¡Tú no sabes nada! ¡No sabes lo que pasó! ¡Lo que Dave significa para mi familia, para mí!
— ...No puedo creer que no puedas contestar esa simple y sencilla pregunta, lobo idiota — El puño de Blaine se estampó contra la mejilla del irlandés, tumbándolo del sofá al suelo, ganándose una maniobra del más alto al tirarle una patada en la pantorrilla y haciendo que el más chaparro trastabillara.
Ambos se envolvieron en una discusión donde sus puños eran los únicos que hablaban, poniéndole un alto tras unos largos y dolorosos diez minutos en los que terminaron acostados sobre la alfombra, jadeantes y con sus cuerpos llenos de moretones.
— Por última vez, lobo — Fergus jadeó con algo de dificultad, escupiendo la sangre acumulada de su labio roto y haciendo que el moreno rodara los ojos — ¿Quieres...?
— No... No con Nick — admitió, cubriéndose el rostro con ambos brazos — Pero...
— No puedes, ya te escuché — Nada más que sus respiraciones rompía el silencio en el cual se habían sumido. Los dedos largos y delgados serpentearon hasta la mano de Blaine para tomarla, sorprendiendo al moreno que no pudo más que girarse a mirar aquel perfil. Blaine tenía que admitir que Fergus siempre le había parecido muy atractivo, aunque jamás le inspirara más que un cariño profundo y la sensación de que conocía a uno de los hombres más libres que hubiera conocido — Pero tampoco puedes casarte con Finnick. Él no se lo merece. Si se casa, cuando menos que sea con alguien que lo ama.
— ¿Y yo? — Fergus arqueó una ceja, haciendo que Blaine ladeara la cabeza, curioso.
—Tú serás un verdadero hijo de puta si te casas con un hombre con el que sabes que no quieres desposar, sólo porque la gente, y no se qué gente, espera que te cases con él.
— Vaya, gracias — Blaine suspiró, mirando al techo.
— Y un cobarde — Cuando Blaine se apresuró a mirarlo, ofendido, Fergus le cerró la boca con una mirada penetrante y firme tan extraña en él.
— No puedo — Fergus soltó un resoplido de risa.
— Tienes miedo.
— No lo tengo — Anderson mintió aún sabiendo que era verdad.
— ¿Y por qué no vas a por él? Puedes tomar un avión a donde sea que esté ese tipo que parece oso. Tienes el dinero y eres lo suficientemente lanzado para hacer esas estupideces.
— Mi padre... — jadeó Blaine, sabiendo que se quedaba sin argumentos.
— Tu padre no eres tú, Blaine — le acarició el dorso de la mano con un pulgar — ¿Qué caso tiene hacer feliz a alguien si tu vives siendo infeliz?
— Lo traicionaría...
— ¿Prefieres traicionar y lastimar a la persona que más amas y que te ama, o a tu padre? — Blaine boqueó, bajando la mirada — Ese oso no siempre te va a estar esperando, Bilbo. Mucha gente tiene que vivir sin la persona que más ama en este mundo. No sería la primera ni la última que lo intentase. Seguir a pesar de tener un hueco que dejó su verdadero amor en su corazón — Fergus lo tomó del mentón y le alzó el rostro, obligando a aquellos ojos amarillos a mirar los suyos —Blaine, éste matrimonio te llevará a una vida mediocre. ¿Sabes por qué? — No le permitió a Anderson contestar cuando éste hizo amago de abrir la boca — Porque estuviste a nada de obtener la verdadera felicidad y te echaste para atrás. Te dieron miedo los problemas que esa relación te podía causar. Te dio miedo el correr y deslindarte. Te fuiste a lo seguro, con un hombre que te amaba, cuando tu no lo amas a él. Esta vida, segura y ausente de problemas te va a carcomer vivo porque nunca estarás satisfecho. Porque sabrás que nunca te va a llenar y terminarás buscando, demasiado tarde, lo que te falta en otras personas.
Fergus ignoró las lágrimas que comenzaron a brotar del rostro de su amigo aunque realmente deseara abrazarlo fuertemente y reconfortarlo. Pero sabía que no debía hacerlo. Blaine necesitaba que le dieran duro y a la cabeza. Si lo acobijaba muy seguramente su amigo buscaría esconderse de nuevo.
— No digo que sea la mejor opción, Blaine; pero si la correcta. Para ti. Vas a pasar por problemas. Seguramente vas a tener que trabajar para recuperar a ese oso, porque dudo que se haya ido de aquí muy contento de que te vas a casar con Finnick. Y si hay problemas con tu padre, también tendrás que superarlos. Pero, cuando pasen los años y tomes su mano y lo beses y veas en retrospectiva tu vida, sabrás que todo eso valió la pena.
— Son 20 horas de aquí a Moscú — Blaine jadeó limpiándose descuidadamente el rostro, exclamando un sonoro '¡AUCH!' cuando la mano amplia del irlandés lo golpeó en la nuca.
— Una queja más y tus hijos sufrirán las consecuencias — Advirtió.
— ¡No me estaba quejando! — Blaine replicó, pasándose una mano por el cuero cabelludo.
— Hn...bueno, entonces sólo para que lo tengas en claro — Fergus le guiñó el ojo y Blaine rodó los ojos — ¡Ahora termina de armar esa maleta y vamos al auto. Necesitamos tomar el primer vuelo disponible a Moscú!
— 'Vamos' me suena a manada — Blaine se enderezó y le tendió una mano al irlandés que casi lo regresa al suelo. Ambos se sonrieron antes de que Fergus lo volviera a golpear y lo ayudara a terminar de empacar. Fergus tenía razón. Él era un miedoso, un cobarde que no fue capaz de hacer lo que realmente deseaba y arriesgarse, como Kurt lo había hecho en su momento. Ahora Dave tenía a un nuevo chico con el que Blaine no sabría como lidiar. Cerró los ojos y apretó los puños, sintiendo como el metal de su anillo de compromiso se clavaba en su carne. No le quedaba más que ir e intentar.
Dave estrujo el diario en sus manos, cerró los ojos y unas solitarias lágrimas se rodaron sin querer. Blaine se veía terriblemente bello, radiante y feliz del brazo de Finnick. Abrió los ojos y observó la lluvia bañando su coche, no podía dejar de sentir su corazón destrozado y quería arrancárselo de tajo para que dejará de doler. Estaba harto de llorar por las noches en su cama, de tener buenos momentos con Jean, con Kurt y Sebastian. Estaba harto de amarlo como le amaba porque le dolía hasta la ultima fibra de su ser. Bajó del coche agradeciéndole a su chofer, entró a su casa en penumbras y lo agradecía porque estaba llorando y no sabía como esconder todo ese dolor.
Sus pies se dirigieron al piano, se sentó en la banqueta acariciando el instrumento y llorando en silencio. Había dejado de gritar y de beber como un loco. Eso fue antes, cuando los habían dejado ir para ir tras Cooper Anderson. En ese momento era distinto porque Blaine se había ido, había declinado la vida que él había dibujado para ellos. ¿Amaba Finnick más? Dave no lo sabía, pero si sabía que Blaine amaba a su padre más de lo que un día lo había amado a él. Su padre era todo para Blaine y por eso había renunciado a la vida que Dave quería compartir a su lado. Dave descubrió las teclas del piano y empezó a tocar las primeras notas de "My wish" recordando que había sido un idiota al tocarla para Blaine, en cantarla y en decirle todo aquello que había sido el más firme deseo que tenía para la vida de Blaine. Su deseo para él era que la vida se convirtiera en todo lo que Blaine quisiera. Que sus sueños sean grandes y sus preocupaciones pequeñas y que mientras este afuera, consiguiendo su vida, esperaba que supiera que alguien lo amaba y que le deseaba, alguien llamado Finnick, porque ese hombre iba a compartir la vida con Blaine. Dave golpeó con fuerza el piano mientras cubría su rostro con las manos sintiéndose el hombre más desgraciado del mundo.
Dave se limpió el rostro y empezó a tocar las notas de "Here comes good bye" desgarrándose el alma con la letra pero sabiéndose tranquilo. Sabía que había amado a Blaine con sus cosas buenas y malas. Había caído de nuevo, había confiado en un Anderson de nuevo pero debía olvidarlo, lo haría, olvidaría hasta la última letra de su nombre. Aceptaba su derrota... y le deseaba toda la felicidad del mundo.
—Esa canción parece ser triste —Dave se giró. Jean lo miraba desde el quicio de la puerta con Precioso a sus pies. El gato se movió rápido y saltó al regazo de Dave quien lo acarició —. Lo siento, te esperaba en el despacho porque necesitaba que me firmaras unos papeles. No sabía que tocarás...
—Lo hago muy poco. El piano no lo compre para mí... —Jean asintió caminando hacia él y sentándose a su lado.
—No importa saber para quien lo compraste. Lo importante es que ya está aquí, como tú, que estás aquí —Jean le cogió las manos —, conmigo. Eres un buen hombre, Dave. Ya has pagado lo que tenías que pagar y ahora es momento de que seas feliz.
—¿Feliz contigo? —Dave sonrió débilmente mientras Jean hacía más fuerte su agarre.
—Tal vez... tal vez no... Lo realmente importante es que dejes atrás todo lo que te duele y veas hacia el futuro —Dave observó los azules ojos de Jean, sus facciones ligeras y sus pequeñas pecas. Se acercó poco a poco y le besó ligeramente los labios.
—Gracias...
Hummel miraba las puertas del elevador con impaciencia mientras dejaba que la punta de sus nuevos zapatos se estrellara contra el piso en un ritmo continuo, casi obsesivo.
Hacía ya más de una semana que no sabía nada de Blaine y eso le comenzaba a preocupar. Varias noches sentía la imperiosa necesidad de revisar su teléfono y dejar que sus dedos se resbalaran sobre las teclas para marcar el número tan conocido, pero nada. Alzó sus ojos verde azules a los números que marcaban los pisos de aquel enorme rascacielos y se permitió bromear cruelmente de la necesidad de su futuro marido y de su mejor amigo por poseer pertenencias tan exageradamente costosas y presuntuosas cuando, muy en el fondo, se sentía orgulloso del fruto del trabajo de su pareja, y ser capaz de decir que una pizca de éste era suyo a pesar de que él se negara a ocuparlo. En parte, por orgullo, y la otra, porque Kurt no era, ni quería ser, mantenido de nadie.
El sonido característico del elevador llegando a su destino le distrajo, ajustando sus dedos sobre la correa de su bolso antes de abandonarlo. Recorrió distraídamente los pasillos que había memorizado y dejó que su mente divagara un poco más mientras se encontraba con Sebastian. Pensar en Blaine lo remitía, indudablemente, a tratar de averiguar quien había sido el culpable de la muerte de Cooper Anderson. Sabía que Sebastian no había sido. Confiaba ciegamente en él y sabía que jamás le mentiría, pero entonces...¿David? ¿Acaso papá oso tendría el descaro de intentar regresar con Blaine aunque fuera él quien le hubiera arrebatado a alguien de su familia?
Kurt apretó su bolso con más fuerza, sintiendo como la culpa lo corroía. Maldito Blaine con su maldita conversación que le hizo comprobar que tenía una fe ciega en Sebastian y que éste jamás le iba a traicionar. Maldito Sebastian y su lealtad incondicional que le remordía la conciencia y le incitaba a decir la verdad...
Y maldito Dave con su maldita conversación que los hizo terminar a golpes y follando como dos animales lastimados, porque sino fuera por ella no tendría razones para sentirse como una rata inmunda y mentirosa.
Sus pies se detuvieron frente a la oficina de Sebastian y él, suspiró. Cerró los ojos y se tomó unos minutos para vaciar su mente. Estaba allí para recoger a su prometido e ir a cenar, no para liarse la cabeza con miles de problemas que no estaba seguro de poder solucionar. Lamió sus labios y alzó el brazo, tocando la puerta un par de veces, esperando cualquier respuesta del interior.
Sebastian hizo zoom sobre sus imágenes, era evidente que el proyectil no había salido del arma de Dave y tampoco de la suya. La bala venía directamente detrás de ellos. ¿Quién coño podía hacer un tiro de esa distancia? Para disparar debieron estar a unos trescientos metros. Maldita sea, decidió reproducir el video de nuevo.
—¿Qué haces aquí? —Se sorprendió al ver a Kurt entrando en su despacho y de inmediato paró el video.
— ¿Que qué hago aquí? — Kurt lo miró extrañado mientras se cruzaba de brazos, echándole una rápida mirada a la portátil y frunciendo la nariz, imaginándose los peores escenarios posibles — Ir a cenar, por supuesto. Te lo recordé esta mañana, cuando me dijiste que ibas a desocuparte temprano, Timón.
—Ah, si... yo... ¿te dije? —Sebastian boqueó.
— Lo hiciste — Hummel frunció un poco más la nariz, tratando de ignorar la voz en su cabeza que gritaba lo sospechoso que todo eso era — Después de...ya sabes, la mamada...
—¿Sí? ¿Pides que lo recuerde después de eso? Soy un hombre normal y no un robot —Sebastian sonrió intentando cerrar su computadora.
— Es recordar una cena, Bas; no es ningún secreto nacional o lo que deseo de regalo de cumpleaños — Kurt notó aquel movimiento y, en dos zancadas se sentó en el borde del escritorio de Smythe, dejando que su mano se interpusiera entre la pantalla y el teclado — ¿Qué era lo que veías que te tenía tan distraído, amor?
—Porno —dijo rápidamente pero Kurt elevó su ceja y Sebastian suspiró fuertemente. Se dejó caer en su silla jalando a Kurt para que se sentará en sus piernas —. Es el video de la muerte de Cooper. Dave es inocente también, él no disparó.
— ¿Ninguno de los dos accionó el arma? — Sebastian negó mientras Kurt hacía una nota mental de mencionárselo a Blaine en cuanto tuviera la oportunidad — Entonces...¿Quién fue? Había alguien más con ustedes ese día?
—Todos los chicos estaban allí —Sebastian acariciaba la cadera de Kurt. Empezó a reproducir el video de nuevo pausándolo justo cuando Cooper sujetó a Dave por el cuello —. Aquí yo pensé en dispararle a la cabeza —siguió el video y Dave se liberó —. Aquí los dos estamos apuntándole y él tenía la firme intención de bajar nuestras armas. Él quiso disparar pero si ves, hay un destello que pasa entre nosotros y luego Cooper cae. Le dispararon directo al corazón.
— ¿Azimio? — Kurt dejó que sus dedos se entrelazaran con aquellos que le sujetaban con deliciosa posesividad — Pudo haber sido él. Además, tendría sentido del porqué nos dejó escuchar la grabación de voz a Blaine y a mí, meses atrás.
—No. Az estaba debajo. Ves, nosotros estamos en una plataforma. La persona que disparó estaba detrás de nosotros en un andamio igual a este —señaló una estructura similar detrás de Cooper.
— ...Dices que todos sus chicos estaban allí...Tal vez uno de los que disparó es de aquellos en los que más confían — Se volvió a Sebastian, besándole la mejilla — ¿Han hablado con ellos?
—No habíamos hablado ni Dave ni yo. No sé, Trent... Thad, Nick... no sé. Son demasiados —Sebastian besó los labios de Kurt y luego escondió el rostro en su pecho —. No sé...
— Calma, Bas — Kurt cerró los ojos dejando que sus brazos envolvieran a Sebastian celosa y protectoramente. Besó su frente y coronilla, deslizando los dedos largos de su mano por toda la amplia espalda, buscando brindarle un poco de aquella paz que su prometido parecía necesitar — ¿ Desde cuando has estado analizando esos videos?
—Desde hace tres días —Sebastian cerró los ojos —. Maldita rata asquerosa. Cooper Anderson me jode la vida aunque seguramente ya tiene la polla agusanada.
— Eso explica el porque andas tan disperso — Kurt lo volvió a besar, sus yemas ascendiendo hasta la nuca, masajeándola mimosamente en movimientos circulares, orgulloso de escuchar un gemido complacido de parte de Bas — No diré nada de Cooper, al final de todo es familia. Pero me alegra saber que Dave queda absuelto de mi odio — ambos se sonrieron — ¿Por qué no vemos ese video juntos y me dejas ayudarte a descifrar quien fue el que le mató? Al fin de cuentas tu necesitas saberlo para ganar paz y yo, para tener a alguien a quien detestar.
—¿En serio lo necesitamos, Kurt? Ya sabemos que Dave no fue. Saber quien fue no cambia nada —Sebastian sujetó con fuerza la cintura de Kurt —. Además, Cooper vendió a mi padre...
— No, no lo necesitamos — Kurt lo abrazó de vuelta, tratando de aliviar con besos la tensión del cuerpo de Sebastian — Pero estabas tan empeñado en ello que pensé que sería importante para ti...
—No lo es —Sebastian dijo contundente. Sin Blaine en su vida, ¿qué caso tenía saber quién había matado a la rata de su hermano? —. Sabes, mi padre te hubiese encantado y le habrías caído muy bien.
— ¿En serio lo crees? — Kurt rió sutilmente cuando los labios de Sebastian rozaron su cuello testarudamente a pesar de que aquella noche llevaba un bonito suéter de cuello de tortuga — Me hubiera gustado conocerlo. ¿Sabes? Nunca hemos hablado mucho de tu padre. ¿Te importaría decirme cómo era?
—Un galán como yo —Sebastian rió mordiendo el lóbulo de la oreja de Kurt —. Mi padre tenía ascendencia libanesa. Siempre tuvo canas, pero eran muy elegantes, usaba bigote y siempre tenía una sonrisa constante. Las mujeres se derretían con él —los ojos de Sebastian se llenaron de lágrimas —. Me habría gustado que lo conocieras.
— Aún puedo conocerlo — Kurt le animó tragándose la risa y el comentario que habían pugnado por salir mientras Sebastian le describían a su padre — Tal ves no físicamente hablando, pero... — Le alzó el rostro a su pareja, retirando con besos dulces los ojos de Sebastian. Se bebió las lágrimas a pesar de que éstas no cesaron de aparecer, sintiendo como sus propios ojos comenzaban a sentirse vidriosos y húmedos por contemplar a su pareja, siempre segura y fuerte, de una forma tan vulnerable — Pero podemos ir a visitar su tumba...juntos.
Sebastian lo besó dulcemente, recorriéndole la boca con la lengua. Adoraba a ese hombre más que a nada ni a nadie, quería formar un familia con él.
Kurt reafirmo su abrazo con algo de fuerza, apartándose de los labios de Sebastian únicamente para rozarlos con los suyos un par de veces más y ascender ceremoniosamente por la respingada nariz hasta los párpados, mismos que siguió besando antes de recoger con su lengua las lágrimas que, tercas como su dueño, insistían en salir.
— ¿Debo tomar eso como un sí? — Kurt bromeó cuando su lengua dibujó todo el contorno de las mejillas de Sebastian, distrayéndose por unos segundos con los tentadores y preciosos lunares de su pareja antes de apartarse a regañadientes de su rostro.
—Sabes, su tumba está en Lima. Pero creo que es hora de traerlo a casa —Sebastian sonrió —. Traeré sus restos para el cementerio de familiar, aquí en Rusia. Pronto tendremos que buscar una casa para nosotros.
— Ya era hora — bromeó dejando que sus labios se curvearan en una sonrisa sarcástica — Estaba empezando a pensar que íbamos a vivir en cada de David por el resto de nuestros días. No que me moleste una mansión, pero... me gusta la idea de tener un rinconcito sólo para nosotros dos y...— Kurt sintió un nudo en su garganta, tragando saliva dificultosamente antes de que la mirada de Sebastian se volviera más inquisitiva — no sé, tal vez...¿Nuestra familia?
—¿Por familia te refieres a miles de gatos? —Sebastian intentaba besar el cuello se su novio y gruñía por el maldito suéter.
— Mientras esos gatos no tengan el carácter de esa bola de pelos gris — Kurt bromeó, tomando con uno de sus dedos su cuello de tortuga y descubriendo su piel tanto como podía con un movimiento lento y sensual — Pero no, sigue adivinando.
—Perros chihuahua —gimió colando sus manos por debajo del suéter de su novio —. Joder...
— ODIO a los chihuahuas, y ese odio no incluye al que seguro tienes en mente — Kurt jadeó, regocijando a Sebastian cuando el tacto de aquellas manos bajo la tela le hicieron arquear la espalda y jadear discretamente — Vamos, Smythe, puedes hacerlo mejor. ¿A qué crees que me refiero cuando decía 'familia'?
—Muchos hijos —Sebastian alcanzó los pezones de su novio —. Quiero tener muchos hijos contigo —le besaba el cuello, le mordía solo para marcarlo y recordarle que era suyo.
— Muchos, muchos hijos — Las uñas de Kurt se hincaron en la carne de los hombros de Sebastian, arañando la piel a pesar del traje, tirando la cabeza hacia atrás acompañada de u gemido mucho menos sutil — ¿tres?...¿Cuatro?
—Cinco chicos que sean tan guapos como tú —Sebastian empezó a acariciar la polla de Kurt muy suavemente —. ¿No te gusta la idea?
— ¿Tres muchachitos...y dos nenas? —Kurt insistió mientras sus caderas se meneaban suaves y discretas al mismo ritmo que las manos que le tocaban.
—Cinco hombres. Me encargaré personalmente de sus adopciones —Sebastian gruñó —. ¿Quieres ir a cenar? —Le dio un apretón en la polla.
— Bas... — El actor gimió sintiendo como el calor de la excitación lamía su cuerpo de pies a cabeza, dejándolo jadeante — Podríamos... intentar el pedirle a una mujer que nos rente su útero para que sean nuestro propios...nuestros...niños — Ronroneó pasando por alto la misma cena.
—No te engañes. No serían nuestros, de los dos —Sebastian lo elevó en sus brazos y lo colocó en el escritorio —. Odio la idea de no ver tus ojos en los niños y tu insufrible carácter que tanto amo.
— ¿Mi insufrible carácter? ¿Ese que compite con el tuyo? — Kurt envolvió a Sebastian con piernas y brazos antes de saltar sobre su boca, dejando que su lengua se enroscara sensual y posesivamente con la ajena; apartándose juguetonamente cuando un gemido largo y extasiado de parte de su pareja manó, necesitado — Pero lo sé. No serían de los dos...aunque tampoco lo serán cuando los adoptemos. Lo mejor que podemos hacer es encontrar a cuatro niños con mis ojos y tus lunares y tu carácter, y una niña tan bella como yo.
—¿Cuál niña? —Sebastian cogió su abre cartas y rasgo la tela del suéter —. Ups, lo siento —lo cogió con las manos y prácticamente lo partió a la mitad —. Upsi.
— Si, ups...—Kurt lo miró con una ceja arqueada y un mohín dibujado en su rostro — Este suéter era nuevo, bruto. ¡Lo compré hace dos días! Y tú sabes que niña: Nuestra hija, por supuesto. La bella y elegante Elizabeth Hummel Smythe.
—Claro —Sebastian besó libremente el cuello se Kurt, su clavícula y se levantó para ver lo estúpidamente sexy que era — pero sólo será Smythe —le fue abriendo el pantalón a Kurt hasta librar su polla —. Joder. .. te ves tan sexy.
— Corrección: Será Hummel Smythe — Kurt sonrió cadenciosamente mientras sus propias piernas hacían el trabajo de despojarse completamente de los molestos y entallados pantalones antes de cruzarlas, regalándole a Sebastian no sólo una clara visión de su erección erecta y apoyada contra su veinte; también le dejó vislumbrar sus exquisitos muslos y la longitud de sus piernas — Y no me veo sexy, Timón... SOY sexy.
—Si, por eso voy a follarte —Sebastian gimió —, adoro tu culo.
— ¿Mi culo...? — Ronroneó Kurt con un tono falsamente inocente, moviéndose inclinándose un poco más hacia su izquierda y alzando un poco más su nalga, apoyando ambas manos en la madera.
—Kurt... ¿eres mío? —Empezó a acariciar su polla y frotándola sobre la entrada de Kurt.
— Soy tuyo, Sebastian — susurró abriéndose completamente de piernas, estremeciéndose de pies a cabeza por la mirada hambrienta con la que su pareja lo recorría — Ahora y siempre...he sido completa y absolutamente tuyo, y lo seré siempre...más de ahora en adelante...
Sebastian lo penetró de golpe completando lo que había empezado en la mañana cuando se había comido ese delicioso culo. Kurt enredo sus piernas en la cintura se Sebastian quien lo besaba mientras movía la cadera entrando y saliendo se Kurt.
Sorpresivamente Hummel empujó a Sebastian, tomando los segundos en los que su pareja pareció estupefacto para sacarlo de su culo y tirarlo sobre su silla. En medio de la confusión Kurt aprovechó para bajarse de un salto del escritorio y sonreírle felinamente a su pareja. Se lamió los labios lascivamente, trepándose a los muslos de su hombre; atacó su boca con hambre, tomando entre sus dedos la erguida polla y colocándola a la altura de su culo, dejándose caer sobre ésta y acallando su placentero grito con la lengua de Sebastian jugando con la suya.
Le dio unas buenas nalgadas animándole a que se moviera más fuerte. Era maravilloso sentir ese culo tan posesivo que le hacía estremecer. Si normalmente no podía negarle nada a Kurt, cuando follan, Kurt podría pedirle su fortuna entera y Sebastian se la daría sin chistar.
Sebastian contuvo el aliento cuando Kurt pareció entender sus intensiones más, en vez de cumplir su capricho, aminoró el ritmo de las embestidas, dejando que su hermoso caliente cuerpo se empalara lenta pero profundamente la erecta polla, echando la cabeza hacia atrás cuando su garganta necesitaba un escape para dejar salir toda aquella pasión que le quemaba por dentro.
Kurt sintió hervir a Sebastian quien le llenaba de besos cogiéndole con fuerza se la cadera, dejándolo ir lento y mi gimiendo por él y por su intensidad. Le dio otras fuentes nalgadas que retumbaron por la solitaria oficina.
Mismas que hicieron que Kurt casi gritara mientras se sacudía deliciosamente extasiado por el escozor que aquellos inocentes y sensuales golpes le provocaban. Las nalgadas fueron la pauta para que las estrechas caderas de Hummel comenzaran a tomar un ritmo más errático y ansioso. Con sus manos atenazando sobre los hombros de Sebastian
Con sus manos atenazando los hombros de Sebastian Kurt se alzó y se dejó caer sobre aquella polla con mucho menos cuidado, sintiendo como todo su ser era recorrido por deliciosas descargas, disfrutando de la erótica sinfonía armada por sus gritos de placer y la colisión entre sus nalgas y los duros testículos de su prometido.
Sebastian rugió cuando se corrió dentro de Kurt, tan profundo como su polla podía llegar y se estremeció al ver como la polla de Kurt se derramaba sin más, brotando esa leche caliente que tanto le volvía loco.
Kurt se desplomó satisfecho y cansado sobre Sebastian, frunciendo el entrecejo al notar el roce de su mejilla con la ropa y haciéndose una nota mental de despojarlo a él de sus prendas la próxima vez.
—¿Crees que aún podamos ir a cenar? — Bromeó, tratando de olvidar el cómo su adorado y nuevo suéter acababa de ser violado y destrozado...por una buena causa.
—Si, creo que tengo una camisa por ahí —Sebastian lo abrazó fuerte —. ¿Te sientes un poco embarazado? —Bromeó.
— Ahora que lo dices...creo que me empiezan dar de esos antojos extraños de media noche, y que eso de las "hormonas alborotadas que te hacen querer sexo todo el tiempo" me empiezan a afectar — ronroneó.
—Se puede arreglar. Sólo tenemos que llegar a casa —le besó suave —. Te amo.
— Yo también te amo, Bas — Kurt correspondió besándole con dulzura antes de darle una cariñosa pero sorpresiva cachetada a su pareja — Pero eso es por romper mi ropa. Bastian malo.
—Jódete Hummel. Sabes que cada que te rompo un arapo te compró una tienda entera de ropa —maldito Kurt y su buena mano.
— Aún con ello, sigues rompiendo mi ropa; y ese suéter era hermoso, así que tendremos que ir a Milán, de compras, para compensar su pérdida.
—Sí hombre, sí. Ahora vamos a casa, muero de hambre —le dio una nalgada más —. Eres tan mandón —dijo sonriendo.
— Y tú tan insufrible — bufó cariñosamente — Y Sebastian...no crees que voy a pasearme por todo el edificio sin camisa, ¿o sí?
Sebastian le colocó el sacó y sonrió al ver su enojó por el suéter.
—Te compraré otro, te lo juro —le besó la nariz —. ¿Nos podemos ir?
Kurt siguió con su teatro unos segundos más antes de borrar cualquier atisbo de enfado, codeando a Sebastian antes de tomarlo del brazo y besarlo.
—Vámonos a casa — susurró, usando su mano libre para tirar a Sebastian de la corbata y dejar sus labios a escasos milímetros de la sensible oreja — Por cierto...te amo, suricata.
Dejaba que el nerviosismo humedeciera sus palmas y lo obligara a buscar ansiosamente a una figura en especial entre la multitud. Casi gritó cuando las amplias manos que le sostenían su saco color borgoña lo arrastraron de un extremo del recinto al otro, balbuceando palabras que Anderson no podía ni quería tratar de entender.
— ¡Fergus...! — Replicó a lo que el irlandés detuvo graciosamente sus movimientos, ganándose más de una mirada extrañada — ¡Recuerda nuestra misión!
— ¡Ya voy, ya voy! Es que todo es tan 'fancy' aquí — bromeó mientras se estiraba cuan largo era para poder ver mejor el alboroto que se desataba.
Anderson negó divertido, agradeciendo el carácter tan despreocupado de Ferg que lo ayudaba a relajarse. Blaine echó un nuevo vistazo por el salón y comenzó a caminar escondiéndose las manos en los bolsillos del pantalón. Apenas llegaron a Rusia ni Fergus ni él tuvieron idea alguna de donde comenzar a buscar a Dave; sin embargo, un par de días después habían escuchado el rumor de la fiesta benéfica que Trent Nixon pensaba patrocinar.
Al ver que no había ninguna especificación para entrar además de ofrecer una cuantiosa suma en beneficio de la casa, ambos lograron escabullirse dentro del evento sin el mayor conflicto.
Blaine bordeó la pista de baile aparentando desinterés pero buscando con ansias cualquier rostro conocido. 'EL' rostro que tanto deseaba contemplar. Tras una búsqueda discreta pero exhaustiva que lo llevó a darle más de tres o cuatro vueltas a la pista lo vislumbró, pero tan pronto como su corazón comenzó a bombear sangre sintió como ésta le bajaba del rostro hasta los pies en un santiamén.
Porque allí estaba Dave, tan perfecto, guapo y elegante como él sólo podía lucir, con esa sonrisa luminosa y resplandeciente de la que se había enamorado; sin embargo la misma tenía un dueño aquella noche...y este era el chico pelirrojo que reconoció como su abogado.
Trató de pasar saliva dificultosamente mientras sus pasos le condujeron, cual autómata, hasta la pista de baile. Necesitaba llegar hasta ellos. Necesitaba hablar con David y pedirle perdón. Necesitaba decirle tantas cosas, mostrarle que el anillo que le había obsequiado adornaba su dedo. Contarle lo de su familia, lo de Nick. Todo...
Sólo unos cuantos pasos más...
—¿Qué mierdas haces aquí? —Sebastian le cogió con rudeza del brazo y lo alejó de la pista. Había visto a Blaine desde que llegó, lo había seguido con la mirada y estaba dispuesto a evitar a toda costa que llegará hacia Dave.
Aquí tienen el capítulo, larguito para que rinda. Les diré que estamos cambiando el final del fic y espero que les guste.
Un abrazo
PD: ¿Qué le dirá Sebastian a Blaine?
