¡Hola!

Gracias a Silvers Astoria Malfoy y Just Another Mad Girl por los reviews del capítulo anterior.


Capítulo 25: El atardecer de una vida

I'm bleeding out,
so if the last thing I ever do
is bring you down,
I'll bleed out for you.
Imagine Dragons-Bleeding Out

Lily se pega a la pared cuando se ve desarmada, buscando en vano una vía de escape. El hombre que está frente a ella, de pelo castaño y ojos azules, apunta con su varita directamente al corazón de la joven. La muchacha traga saliva, una parte de ella ya asumiendo que éste es su final.

Sin embargo, cuando el hombre empieza a abrir la boca, es como si algo se rompiese. A Lily casi le parece oírlo, y mira con los ojos como platos al hombre, que a su vez observa lo que hay a su alrededor, confundido.

—¿Qué hago aquí?—pregunta, extrañado—. ¿Y qué es esto?

Lily arquea las cejas.

—Ibas a matarme—comenta. Le resulta, cuanto menos, curioso que logre hacer sonar su voz casual, como si se viera diariamente en peligro de muerte.

El hombre arquea las cejas.

—¿Y eso?

—Ni idea, el que me está apuntando con la varita eres tú.

—Pero… no sé… Es…—intenta explicar él.

Lily se encoge de hombros.

—Entonces… ¿te importaría bajar la varita?

Él parece darse cuenta en ese momento de por qué la muchacha está tan tensa.

—Oh, claro.

Lily camina hasta la suya y la recoge. Vuelve a mirar al hombre.

—¿Cómo te llamas?

—Stuart. ¿Y tú?

—Lily.

—Un placer.

—Igualmente.

Stuart asiente y luego mira de nuevo alrededor, como intentando recordar qué ha pasado antes de que llegase hasta ahí. Parece rendirse, porque mira de nuevo a Lily.

—¿Podemos irnos?

La pelirroja asiente, y apenas unos segundos más tarde vuelve a pensar únicamente en James.


—¿Cómo que no encuentras a Albus?

Harry se siente morir. Ahora todos sus hijos están en paradero desconocido. Teddy lo ha estado buscando por todos lados, sin éxito, y su ahijado tiene cara de circunstancias.

—No se me ocurre dónde más puede estar—explica el hombre. Su pelo azul se oscurece mientras se muerde el labio—. Harry…—empieza, sin saber cómo explicarle lo que realmente está pensando—. La otra noche alguien entró aquí. No se llevó nada… Es obvio que sólo vinieron para…

Harry entierra la cara entre las manos, comprendiendo lo que quiere decir.

—Y parecía que James era el que no tenía cabeza—a su lado, Ron contiene la risa, a su pesar—. Vamos a Dover.

—Pero decías que teníamos que…

—Ya da igual. Si estos dos han ido, no nos servirá ningún plan.


Louis sigue sin creérselo.

No le resulta difícil convencerse de que esa mujer esté muerta; su cadáver parece gritarlo cada vez que la mira. Lo que tiene que ser un error es que Albus, el aplicado y afable Albus, sea su asesino. Que Albus acabe de matar a una persona.

Su primo no parece orgulloso por lo que ha hecho. Observa el cadáver de Minna con una expresión indefinible. Ahora la varita tiembla incontrolablemente entre sus dedos, y tras unos segundos acaba por caérsele. No obstante, no parece tener la menor intención de cogerla.

James se separa del cadáver de Minna y se acerca a él con esfuerzo, ignorando la sangre que sigue manando de su cuello. En silencio, se agacha para recoger la varita de su hermano y se la tiende. Albus lo mira con súplica.

—La he matado—musita, cogiendo su varita. Parece encontrarse tan aturdido como el resto—. Ya ha terminado, ¿verdad?

Su hermano lo abraza.

—Creo que sí, Al.

Un grito en el piso superior hace que los tres den un respingo.

—Vamos—susurra Louis, acercándose a James para ayudarlo a ir más rápido. Con la otra mano agarra del brazo a Al, y los tres jóvenes caminan hacia la salida. Tienen que salir de ahí cuanto antes.

No se encuentran con nadie, lo cual les indica que Lily y Elijah han hecho bien su trabajo de dejarlos fuera de combate. Sin embargo, cuando llegan a la salida, el hermano de James se detiene en seco.

—Tenemos que ir a por Lily—susurra.

Louis mira a sus primos. Sabe que James está demasiado débil para luchar y ni siquiera tiene una varita, y Albus no parece ser capaz de mantener los pies en la tierra. Es obvio que no están en condiciones de acompañarlo.

—Id tirando—decide—. Donde nos hemos reunido antes, Al—él asiente. Cuando los pierde de vista, Louis se dirige de nuevo al interior de la casa en busca de Lily y Elijah.


James sigue a Albus, aún sin terminar de asimilar lo que ha visto. Supone que Al ha hecho lo correcto, aunque le parezca una barbaridad. Muerta, Minna ya no podrá hacer más daño a su familia. Ese pensamiento no ayuda a que el mareo que se ha instalado en su interior, producto de la inanición, los dos cortes del cuello de los que sigue manando sangre lentamente y la conmoción, disminuya.

Llegan hasta el lugar donde se supone que deben ir a la luz del atardecer. Están al aire libre, sin paredes que los aprisionen, a sólo unos metros del borde del acantilado, pero aun así los árboles se extienden hasta el mismo precipicio y el olor del mar llega hasta los dos hermanos. Es un lugar tan bonito que resulta antinatural no estar contento ahí.

Sin embargo, Albus, completamente ajeno al paisaje, se deja caer en el suelo, abatido; parece estar a punto de llorar. James se sienta junto a él y lo abraza.

—La he matado—susurra su hermano de nuevo—. No quería, de verdad. Sólo quería que nos dejara en paz ya. Pero no…—suelta un sollozo, y no hace nada por ocultar las lágrimas que bajan por sus mejillas—. James, voy a ir a Azkaban.

—No vas a ir a ningún lado—replica él—. Papá no lo permitirá.

—He matado a una persona—vuelve a decir Albus.

—Se lo merecía, Al.

—Nadie merece morir.

—Algunas veces es la única solución. Si no lo hubieras hecho…—James nota un doloroso pinchazo en el cuello que termina la oración por él.

Se quedan callados. Albus sigue llorando en el hombro de su hermano, horrorizado por lo que ha hecho. James no sabe qué decir para consolarlo, de modo que simplemente abraza a Al, preguntándose si realmente su padre intercederá por su hermano. No está seguro de que el amor por sus hijos esté por delante del recto sentido del deber del Elegido.

Un estallido saca a James de sus cavilaciones. Albus se separa de él y mira alrededor. Los dos hermanos descubren primero una marca oscura a pocos metros de ellos, donde ha caído un hechizo, y luego a un hombre alto y rubio dirigirse a ellos. Y no, no es Louis.

—Ludwig—el nombre suena estrangulado en la boca de Al. El joven se pone en pie y alza su varita, y James no puede sino admirar su entereza. Hace menos de un minuto estaba llorando y ahora está dispuesto a defenderse y defenderlo a él –algo que también resulta extraño; normalmente es James se encarga de que no les pase nada a sus hermanos pequeños– de cualquier amenaza.

El hombre tiene una expresión que hace que ambos hermanos se estremezcan. Los mira con un odio que no es sólo eso, sino también muestra un dolor que James está seguro de no haber visto jamás. Un dolor que Albus, en cambio, reconoce casi sin ningún esfuerzo como propio, porque él también ha perdido a quien ama.

—La has matado—Albus aferra su varita con fuerza al escuchar la voz del hombre—. Has matado a Minna—tiembla de arriba abajo—. Me lo vas a pagar—sisea.

Apenas lo ha dicho, un rayo de luz brota de su varita. Albus lo desvía y se mueve a un lado, en un gesto que aparentemente es casual, pero que sólo busca alejar el duelo de su hermano. James, sintiéndose inútil, mira alrededor, buscando una manera de ayudar a Al, sin perderse detalle del duelo.

Sin embargo, antes de que se le ocurra algo el joven ve, horrorizado, cómo la varita de su hermano escapa de su mano y cae unos metros más allá. Con un brillo triunfal en la mirada, Ludwig lanza un hechizo que Albus no tiene manera de rechazar y lo hace caer al suelo.

—¡Al!—James echa a correr –o, más bien, considerando lo débil que está, andar rápido– hacia su hermano, pero un hechizo cae a menos de un metro de él, haciendo una oscura quemadura en el suelo. El joven se detiene en seco y observa la escena, aterrado.

Ludwig se acerca a Albus y apunta a su cuello con la varita, mirándolo con una emoción tan oscura que va más allá del odio.

—La has matado—gruñe—. A Minna. ¿Sabes lo que has hecho?

Un grito de dolor brota de los labios de Albus. Al principio, James no comprende el motivo, pero luego descubre la camisa de su hermano oscureciéndose con sangre. Con la sangre de Al. James mira alrededor con más urgencia. Tiene que ayudarlo. Sólo necesita algo que pueda utilizar como arma, maldita sea.

Sólo…

—¿Te has divertido? ¿Cuántas veces has matado, Al?—el joven vuelve a aullar de dolor y se abraza a sí mismo. Entonces James descubre la varita de su hermano, que ha caído a sólo unos metros de él—. Ella ha sido la primera, ¿eh?—esta vez, el quejido de Albus suena sofocado. James, avanzando paso a paso hacia la varita, intentando que Ludwig no se dé cuenta, lo mira. Un corte en la base de su cuello hace que el color se vaya de su rostro más rápidamente.

Y, contra todo pronóstico, Albus habla:

—Ella… mató a Lina—suelta un gemido y escupe sangre al toser—. Y James… Louis… Estamos mejor.

James tiene ya la varita al alcance de su mano, sólo tiene que agacharse para cogerla.

—Tampoco creo que tú seas imprescindible—sisea Ludwig—. ¡Avada kedavra!

—¡Desmaius!

La maldición asesina se desvía cuando su emisor mira a James, alarmado, unos segundos antes de que un rayo rojo haga que Ludwig caiga al suelo, inconsciente.

James se acerca a Al todo lo rápido que puede y se deja caer junto a él. Su hermano intenta evitar que la sangre se le escape por las múltiples heridas, y él no puede sino recostarlo en sus brazos y tratar de ayudarlo.

—Me muero—comenta Albus en voz baja. Suelta un quejido y aferra la camiseta de James con fuerza.

James parpadea para contener las lágrimas. Mira sus propias manos, manchadas con la sangre de Al, y trata sin mucho éxito de taponar las heridas de su hermano.

—No, no vas a morirte. Tenemos…—mira alrededor—. Has dicho antes que Elijah está aquí; tiene que venir, es sanador, seguro que puede… que puede…

Albus mueve la cabeza en lo que sin duda es un gesto de negación. Varias lágrimas brotan de los ojos de su hermano.

—No quería matarla—susurra; un nuevo acceso de tos hace que la camiseta de James, ya sucia, se manche con su sangre—. Te secuestró—agrega. Da la impresión de que considera imprescindible disculpar sus acciones.

—Ya lo sé—replica James, mordiéndose el labio—. Pero no te preocupes, Al, no te preocupes por eso… Papá lo entenderá y no te pasará nada, ya lo verás.

—Ya da igual—Albus respira hondo con cuidado y James se da cuenta, horrorizado, de que tiene toda la ropa empapada de sangre—. Al menos… estaréis bien.

Estaremos—James se obliga a incluir a su hermano en el verbo—. Deja de ponerte dramático, porque no es como si…

Al clava sus ojos verdes en los castaños de James con cierto enfado, y por un momento ambos se ven transportados a otro tiempo, hace años, cuando eran niños y Albus se enfurruñaba porque su hermano lo enredaba hasta hacerlo llegar a la conclusión que le interesaba.

—Deja de ser tan optimista.

Él niega con la cabeza y aferra a Albus con más fuerza.

—No soy optimista, tú eres asquerosamente pesimista. Y como no dejes de decir gilipolleces te juro que te daré una colleja, me da igual cuántas heridas te haya hecho ese hijo de puta. Elijah tiene que estar al llegar y él no dejará que te…

—Me da miedo—lo interrumpe Albus. Tiene la mirada perdida en el retazo de cielo naranja que se ve entre los árboles.

James recuerda la otra ocasión en que ha oído ese tono a su hermano. Cuando se disculpó con él por estar en Slytherin, después de una discusión monumental. Le acaricia el pelo y se rinde en su empeño por no llorar.

Maldita sea; por mucho que intente verlo desde otra perspectiva, la verdad no va a cambiar: su hermano pequeño se está muriendo en sus brazos y él no puede hacer nada para evitarlo, y además está intentando negarlo cuando Al está completamente aterrado.

—Voy a quedarme contigo—le promete—. Hasta que venga Elijah.

Una lágrima solitaria recorre la mejilla de Albus.

—Eres el mejor hermano que tengo.

James suelta una risita llorosa.

—¿Y qué hay de Lily?

Albus tose de nuevo, y James se da cuenta de que intenta pegarse más a él, como si no pudiera conservar el calor por sí mismo. Lo acuna con más cuidado.

—Ella es la mejor hermana que tengo—explica Al. James le aparta un mechón de pelo azabache de la frente.

—Eso no vale.

—Siempre… llevando la contraria—James intenta sin mucho éxito reprimir un sollozo—. Dale un beso de mi parte.

James se queda en silencio, y Al tampoco dice nada más. Simplemente lo observa, cada vez respirando más lentamente, abriendo menos los ojos, aferrando a su hermano con menos fuerza. Muriéndose. Los dos lloran y ninguno intenta hacer nada por ocultarlo.

—Por favor, Al—susurra tras unos minutos. Su hermano abre un poco los ojos, pero los cierra casi enseguida—. No puede ser, no puede pasar esto. No quiero. No quiero—repite en voz baja, en un tono casi infantil—. No quiero.

—Yo tampoco—Albus lo mira y, contra todo pronóstico, sonríe—. Llevo toda la vida peleándome contigo—susurra, como para sí mismo—. Y ahora eres quien está aquí…—un acceso de tos lo interrumpe de nuevo—. Os quiero, ¿sabes?—lágrimas furiosas recorren los senderos dejadas por las anteriores, mientras James niega con la cabeza. No le gustan las despedidas, y ésta aún menos. No puede ser. Al no.

Pero es. Es, y cuando James zarandea a Albus y él no se mueve, ni dice nada ni le suelta una airada réplica por sacudirlo así, la realidad cae sobre el joven con tanta fuerza que le quita un trozo de sí mismo.


—¡No, no!

Lily se pone entre Elijah y Stuart.

—¡Quítate!—gruñe el novio de su hermano—. ¡Está con ellos!

—No, no lo está—lo contradice la joven—. Estaba hechizado, o eso creo… pero no está con ellos.

Elijah mira a Stuart con desconfianza. Él se encoge de hombros a modo de disculpa.

—Pues yo tampoco me fío—declara Louis, y apunta al hombre con su varita—. Delante de nosotros y sin hacer tonterías—ordena.

Stuart bufa. Elijah entorna los ojos, y no deja de apuntarlo con su varita mientras salen de la casa. Por una vez, Louis Weasley no parece tener el menor deseo de llevarle la contraria, y el joven se encarga de vigilar a Stuart también.

Echan a andar hacia donde se supone que están Albus y James. Elijah se permite sonreír mientras camina, contemplando cómo el sol se hunde en el mar. Todo ha acabado. James está bien, Minna no volverá a hacer daño y su vida va a volver por fin a la normalidad. Se muere de ganas de meterse en la cama con su novio. En el sentido bueno, en el malo y en todos en general.

Sin embargo, cuando llegan al punto de encuentro su sonrisa se esfuma. Elijah descubre a James arrodillado, y los sonidos que llegan hasta ellos le indican que está llorando. Preocupado, el joven se acerca a su novio, dispuesto a curarle lo que quiera que se haya hecho.

Pero James no parece herido de gravedad. El que está mal es Albus Potter. Atrapado en los brazos de su hermano, el joven tiene la piel tan blanca que parece traslúcida y la ropa empapada de sangre. Elijah corre hacia ellos al darse cuenta de que algo va realmente mal, sin prestar atención al chillido de Lily ni al grito ahogado de Louis.

Se agacha junto a James y con cuidado separa a Al de él. Lily se deja caer junto a sus hermanos, horrorizada.

El mayor se percata entonces de la presencia de los demás.

—Elijah—susurra con la voz rota. Elijah apenas le presta atención; está intentando encontrar algún resquicio de vida en Albus—. Haz algo.

Al no tiene pulso. Ni respira, ni se mueve.

Elijah mira a James, desolado, y niega con la cabeza.

—No puedo. Ya no.

—¡Sí puedes!—la repentina fuerza que impregna su voz sorprende a todos—. Sí puedes… Haz algo. Es Al. Tienes que poder. Intenta…—se le quiebra la voz.

Algo le dice a Elijah que ésta no es una cuestión de cabezonería; si así fuera, Albus estaría perfectamente. Pero de todos modos intenta reanimar al joven, rezando a todas las divinidades en las que no cree para que funcione.


Notas de la autora: Sé que es inútil pediros que no me odiéis. Así que os pido... que no me odiéis mucho.

¿Reviews?