Capítulo 23: El Pensadero
Severus
-Solo quiero pasar un verano tranquilo y descansar un poco, aunque con la edición del libro ya tengo que hacer varias entrevistas, la firma del mismo en Flourish y Bloots y mudarme de casa antes de que comiencen las clases nuevamente -dije frotándome las sienes para luego tomar un sorbo de whisky de fuego.
-Te ayudaré con la mudanza, pero sé que eso no es lo que mas te estresa Severus-habló el licántropo con mirada preocupada.
-Por decima vez Remus, esa historia se acabó, ya no hay vuelta atrás, además el curso entrante será el último para ella en Hogwarts, volveré a calmar mi vida luego de eso-dije de mala gana, ¡ese tema áspero siempre tenía que tocarlo!
-Mañana es la ceremonia de fin de curso, ¿en verdad dejarás que se vaya con una mala impresión de ti?, después de todos estos años donde las personas decían que eras un mortifago o un traidor entre otras cosas cuando no era cierto, ahora que te han reivindicado… ¿vas a dejar que ella piense lo que quiera?-me miró incrédulo, sabía que era mi punto débil.
-No necesito más problemas Remus, en verdad, estoy cansado-susurré.
-Con Dora me pasó algo similar, intentaba huir de ella por cualquier motivo, alegando que era pobre, peligroso o viejo, pero tu no eres nada de eso Severus, yo superé esas adversidades para ser feliz, y aunque sé que no soy lo suficientemente bueno para merecerla la hago feliz, no hay nada mejor en el mundo que la felicidad de quien amas, si alguna vez viste a Hermione feliz por ti debes luchar por volver a que sienta lo mismo-los ojos de Lupin brillaban, como todas las veces que hablaba de la metamorfomaga.
-Cuando te pones así de sentimental me dan ganas de comer huevos de doxy podridos Remus-arrugué mi nariz aunque estaba meditando sobre la conversación.
El aludido no le dio importancia a mi comentario y siguió hablando.
-Ambas son iguales en algo, ¡son testarudas!, y por Merlín, agradezco que Dora fuera así de testaruda para poder convencerme pero en este caso está mal, porque Hermione no quiere escucharte y si no lo hace la perderás para siempre-alegó el castaño.
-Eso ya pasó Remus, yo no la perdí porque realmente nunca la tuve-susurré mirando a diestra y siniestra para ver que nadie estaba escuchando.
- Eres un cabeza dura Severus, vamos al castillo antes de que anochezca-dijo pagando la cuenta para dirigirnos al colegio.
…
Hermione llegaría en unos minutos al aula, se llevaría algunos ingredientes para practicar en el verano, hoy era nuestro último día de clases.
-Granger, siempre puntual, dejé un pergamino con algunos antídotos que podrá hacer en su casa y en cuanto a los ingredientes aún los estoy recogiendo-hablé con una fría cordialidad.
-Profesor, ¿Por qué hay un pensadero sobre la mesa?-sonreí para mis adentros, había caído en la curiosidad.
-No creo que sea de su incumbencia Granger, espere aquí unos minutos, buscaré unos cuernos de bicornio-salí del salón con tranquilidad confiando en que meta sus narices donde no debe.
Hermione
Se había marchado, miré la lista de pociones deteniéndome un instante para observar el pensadero del profesor, me asomé a la mesa y vi danzar un recuerdo platinado dentro de la vasija.
Corrí hacia la puerta para vigilar que el hombre de las mazmorras no se encontrara cerca y con velocidad volví curiosa ante el recuerdo que hacía ondas.
Metí mi cabeza dentro y pude ver el despacho del Slytherin.
El joven profesor Snape había entrado rápidamente y con una sonrisa en los labios, llevándose la mano a los mismos.
Se sentó algo preocupado y pronto se abrió la puerta otra vez.
-Cierra la puerta Odette-susurró el joven de piel cetrina.
La profesora de transformaciones se acercó con un vaivén de caderas y una sonrisa malévola
-¡Tu, Severus Snape, tu y la niña perfecta, los vi, lo sabía!, siempre escondidos aquí, siempre rechazando mis invitaciones siempre escabulléndote por los pasillos, ¡sabes que está prohibido!-chilló.
-Acúsame con McGonagall, es algo que no me importa mucho, ya tengo trabajo con otras cosas que hago-gruñó el Slytherin.
-Claro señor Orden de Merlín primera clase, señor millones de galeones, señor valiente espía y jodídamente joven por gracia del destino-gritó acercándose a la mesa.
-Mis asuntos no te incumben Beaumont, pero creo que ya has averiguado más de lo que quería que nuestra comunidad sepa-Snape se veía furioso.
-Ahora que lo sepa McGonagall no podrá hacer nada con su consentida Granger, ambos serán expulsados, ¡ambos!, a ella le importa mucho seguir tragando libros detrás de estas paredes pero ya no más, nunca más-rió a carcajadas.
-Podríamos hablar sobre eso-susurró el profesor-¿qué deseas a cambio de tu silencio?-dijo decidido.
-¿Quieres saber lo que en verdad quiero Severus?-se pegó a su cuerpo, quería gritar, no deseaba ver como se besaban a escondidas pero algo llamó mi curiosidad cuando la cara del jefe de Slytherin reflejaba asco y me acerqué para observar como tocaba su varita, ¿Qué intentaba hacer?
Sus caras estaban muy cerca, la mirada pasional de Beaumont contrastaba al rostro de Snape quien parecía estar a punto de recibir el beso de un dementor.
Sabía que pasaría a continuación, mi yo del pasado entró conmocionada ante tal imagen al grito de "¡profesor!"
-No es lo que piensas yo no…-balbuceó el hombre sin terminar al ver que me había marchado.
-Bien, esto es mucho mejor de lo que pensé-susurró la trepadora.
-Antes de que me olvide, dulces sueños maldita zorra-dijo Severus cerca de su cuello-¡Obliviate!
Al instante el príncipe mestizo salió del aula a toda prisa mientras yo volvía a la superficie, el recuerdo había terminado.
Mi cuerpo temblaba de rabia, ¡era una idiota!, ¡no confié en él!, de que servía haber confiado todos estos años de sus buenas intenciones con la Orden y el bien para la comunidad si no podía creer en su fidelidad ante mi.
Gemí al recibir toda esa realidad encima, yo era la única culpable, lo arruiné todo y no creía que pudiera remediarlo.
-Señorita Granger, ¿por qué está husmeando en mis cosas?-sentí un escalofrío, ahora él sabía que yo vi el recuerdo.
-Yo, yo…no sabía, pensé que…-mis mejillas se tornaron rojas, estaba más avergonzada que nunca.
-¿Pensó que yo mentía?, ¿pensó que yo la estaba engañando?, ¿por qué haría eso si de por si lo que teníamos era peligroso?, ¿arriesgarme tanto para estar con usted si de todas formas iba a traicionarla?, no soy tan idiota Granger, y mucho menos un traidor, usted lo sabe muy bien.-sus ojos negros eran inexpresivos.
-Era algo lógico que te fijaras en ella, es hermosa y todo el mundo lo reconoce, yo pensé que tu también podrías hacerlo-hizo una mueca de asco mirándome con enojo.
-Creo señorita que le había dejado en claro mis intenciones, ¡Por Morgana!, si lo hubiera deseado sabe que estaría con ella pero como le dije antes, La profesora Beaumont no tiene nada que me llame la atención-habló como si fuera algo obvio.
Reuní todo mi valor Gryffindor para mirarle a los ojos con sinceridad sabiendo que no eran las mejores palabras pero se adecuaban a las circunstancias.
-Perdóname Severus-retuvo su mirada pero solo vi decepción en ella, algo que me vaciaba el alma pero era justo, era realmente justo.
-Solo quería que supiera que yo no la había engañado-susurró apartando su rostro.
-La espero el próximo año en el mismo lugar-sentenció para marcharse haciendo ondear majestuosamente esa capa negra.
…
En unos minutos la profesora McGonagall anunciaría quien ganó el torneo de las casas algo que Harry, Ginny y Ron esperaban con ansias debido a que este año Ravenclaw se llevó la copa de quidditch.
-Y el ganador es Hufflepuff-gritó la bruja mientras se decoraba por arte de magia el gran comedor con los colores de los tejones.
Mis amigos miraron con incredulidad aunque todos nos paramos a aplaudir a los ganadores, claro, algunos Slytherins orgullosos no lo hicieron y Ginny tiró del brazo de Ron quien se había puesto verde.
No me importaba ningún torneo pues yo lo había perdido todo, en la mesa de profesores se encontraba la persona que mas amaba y que seguramente me detestaba, aún recordaba sus ojos llenos de decepción de aquella misma tarde.
Me retuvo la miraba nuevamente, dando un vuelco a mi corazón, porque aunque ya no era su confidente, aunque ya no visitaba su santuario personal, aunque nunca más iba a besar sus labios ni escuchar mi nombre de ellos yo le amaba, algo tan sublime que no podría negar jamás.
"Hasta el próximo año profesor" pensé alejándome del castillo en el tren escarlata.
HOLA, ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO EL ULTIMO CAPÍTULO DE LA PRIMERA TEMPORADA.
ESPERO ANSIOSA SUS COMENTARIOS Y LES PASO EL LINK PARA LA SEGUNDA PARTE
s/8429349/1/Senorita_Granger_Podria_Besarme
GRACIAS POR LEER.
HASTA AHORA.
BESOS!
