He aquí la soledad de dónde estás ausente- Pablo Neruda.
Los días transcurrían lentos, pesados e impacientes. Las noches eran frías y las tardes eran dolorosas, caminar, respirar y mirar me dolía, el contacto de mis dedos con las cuerdas, con el violín, con la vida me dolía. Pero fingía que no me dolía, caminaba por los pasillos con la cabeza alta, preparándome para las preguntas de la gente, respondiendo que no pasaba nada y que solo habíamos seguido adelante, fingía que no oía los murmullos, que no me apuñalaban las miradas. Evitaba cualquier contacto con él o con cualquiera de los suyos, me tragaba mis lagrimas, mi orgullo y mi dolor para mirar a otro lado, aunque cuando nadie me miraba lo observaba, paseando con Victoria y miraba sus cabellos rojos volar al viento, observaba los ojos serios de Edward, a pesar de que cualquiera me lo dijera yo quería pensar que él era feliz.
En las noches cuando nadie podía oírme lloraba, lloraba y sentía las lagrimas como de verdad se sienten, como frías gotas de hielo desgarrando mi rostro o hirviendo, quemándome las mejillas al caer y cuando Chen o Angela me veían irritados los ojos, las marcas de la falta de sueño me daba vuelta y decía que todo estaba bien, estoy mintiendo, ellas lo saben.
Todas las tardes me encuentro con Jake, y en realidad no sé qué haría sin él, las tardes son más ligeras, más frescas y no duele tanto, es como sí los momentos que estoy con él mi dolor se mitigara, lograba olvidar a Edward y podía reír, sonreír sin que me doliera pero en las noches cuando Jacob se va y las pesadillas me cazan, me preguntó sí esto algún día acabara, sí un día podre abrir los ojos en la mañana sin que me duela recordar que ese día la sonrisa más bella no me sonreirá a mí, que esa mañana el sol no brillara de mi lado, que esa noche como las demás será fría y solitaria.
Pero eso sí, por las tardes podía olvidarme y solo sentirme un poco como antes.
-Bella—Dijo Jacob, mirándome como lo hace cuando nos veíamos por las tardes, mirándome enamorado y yo lo dejaba, por puro egoísmo.
-¿Sí?
-Extraño tú sonrisa.
Sonreí falsamente.
-Querida Bella—Dijo tomándome de la mano, con una dulzura y una ternura, pero al mismo tiempo de una manera muy brusca- ¿Cuándo serás la misma? Dime, porque todas las tardes me pregunto si sonreirás como antes, porque el cielo es azul, los pájaros están cantando, es un día hermoso igual que tú.
-Jacob…
-¡Bella lo odio tanto, tanto que podría ir ahora mismo a arrancarle la cabeza ahora mismo!
-No…
-Exacto… exacto, por eso no lo hago porque sé que sí lo hiciera no habría nunca ninguna posibilidad de ver tu bella sonrisa, ¿crees que no lo noto? Que a veces cuando lo ves solo, cuando no está con esa chica cualquiera, sonríes, sonríes tierna como antes, lo evito, me muero por hacerlo pero no lo hago.
-Jacob—dije tartamudeando, la verdad me pegaba como un tornado en pleno rostro.
-¿Qué Bella? Te extraño eso es todo y no puedo evitar odiarlo por llevar a la otra Bella a quien sabe que otro lugar.
Empecé a respirar cortadamente y a intranquilizarme.
-¡Crees qué no lo odio yo también! Lo hago, con todo mí ser, con cada partícula de mi muerto cuerpo pero todo ese ser, todas esas partículas que lo odian, lo aman, lo aman con la misma pasión que lo odian, y es toda esa pasión lo que me levanta cada mañana. No puedo pensar en nada ni en nadie el resto del día y tú, tú eres el único que me hace olvidarlo por las tardes.
Me beso, sin mirarme, tal vez sí me hubiera mirado habría podido evitarlo pero no lo hizo, no me miro, solo me beso, sus labios cálidos, su cercanía y todo era tan distinto a Edward no ni siquiera la misma sensación pero igual era buena, calurosa, como sí todo fuera a esta bien mientras él estuviera ahí pero…
-No Jacob, por favor déjame confiar en ti.
Me levanté y conforme me alejaba podía sentir la sensación extinguirse dentro de mi frío ser.
Me acerca a mi habitación y ahí, sentado frío y endeble estaba sentado Edward, sobre las bancas enfrente de mi edificio. Pase como sí no lo hubiera visto.
-Has regresado más tarde hoy…
Intente buscar la llave nerviosa, quería entrar ya, perderme en mi habitación.
-¿Te gustó?
Seguía intentando buscar la llave.
-¡Bella!
-¡No! No, tú no puedes hacer esto, ¡no puedes! Tú no puedes estar celoso, no puedes preguntarme nada, ¡no me importas y yo no te importo! ¿No entiendes? Te lo dije, no me hables no me busque y mucho menos me vigiles. ¿Entiendes?
-Lo sé, perdón.
-¡No! No te disculpes, no me mires así, no eres el bueno, ¿entiendes?
-Bella…
-¿Por qué me haces esto? Es tan fácil para ti lastimarme.
-Bella lo siento.
-¿Sigues sin quererme cierto?
-Cierto.
-Lárgate. –Edward se dio la media vuelta para dirigirse a su edificio —No vuelvas nunca.
Me encerré en mi habitación y escondí mis gemidos entre esas cuatro paredes.
Sé que un Fic nunca vuelve a ser el mismo después de un paro tan largo pero está de vuelta y espero que me perdonen y que vuelvan a leer la historia pues ahora estoy dispuesta a escribir todos los fines de semanas o en mis tiempos libros y publicar mínimo un capítulo a la semana así que por favor discúlpenme, espero que sigan ahí. BESOS :DD
