Bueno, aqui ya tengo listo el capitulo, espero que les guste :D

PD: Gracias a Nalaks, Guest, ReynaDraki y todas las personas que han seguido este fic, gracias, en serio, mcuhas gracias :D

Disfruten :)

Capitulo 24:

Reflejo parte 4: El ejercito negro

-Bien hecho, Tigresa- felicito el oscuro leopardo de las nieves, con una voz suave pronuncio cada palabra demostrando su orgullo hacia la felina que asentía lentamente.

Tigresa, era su nombre. Le agradaba, era simple, fácil de recordar, al menos para sus víctimas. La felina de ojos de sangre sonrió, una ladina y algo torcida sonrisa que dejaba ver uno de sus largos y afilados caninos.

-Me alegra servirte, Liang-dijo ella.

Liang Zhe sonrió igual. Se sentía ciertamente complacido de que su creación hubiera sido tan eficaz en la eliminación del maldito mentiroso y causante de que los dos guerreros hubieran encontrado sus poderes… Pensar en ellos le causo un mal sabor de boca, amargo y acido le quemaban la garganta, simplemente le repugnaba pensar en ese oso panzón y en la felina traumada.

-Aun no hemos terminado- agrego Liang.

-¿Señor?- exclamo ella un poco confundida. Ladeo la cabeza, pero pasado el momento de curiosidad se cruzo de brazos sobre el pecho y compuso una mirada fría y penetrante.

-Tigresa, aun nos falta una cosa si queremos reina sobre todo el mundo y devolver las sombras a toda China- respondió él. La tigresa se quedo callada, esperando a que prosiguiera.-: Tenemos el poder del dragón gemelo, tengo un anfitrión, y a ti…. Lo único que nos hace falta para dominar este plano existencial es…. Un ejército.

Y Liang Zhe pronuncio la última palabra con pesar. Aun recordaba con un toque de culpa, culpa que era sacada a flote por su lado débil, el momento en que había eliminado a sus antiguos soldados… Recordó cada grito, cada dulce grito de agonía y dolor, y recordó la última expresión de sus rostros al ver como sus dedos y el resto de ellos se convertían en polvo negro.

-Tiene razón-dijo la felina oscura reflexionando un poco, con su mano en la barbilla agrego:- No podremos someter a todo un pueblo nosotros solos, menos a todo un mundo.

-Exacto- afirmo Liang.

-¿Dónde encontraremos a tantos voluntarios?-le cuestiono Tigresa- Porque… ¿sabe?, tengo unas muy buenas habilidades de persuasión- pronuncio ella mientras se miraba distraídamente las garras con una sonrisa sádica en el rostro.

-Lo sé, querida- el leopardo se acerco, pero ella le gruño un poco, le molestaba su proximidad… aunque no podía evitar amar su cercanía…-Pero los simples mortales que puedas reclutar en algún bar no servirán de nada para nuestra causa.

La felina rayada gruño por lo bajo. Luego paso una mano con delicadeza por el brazo de Liang, y con una voz dulce dijo:

-¿Entonces qué planeas hacer, Liang Zhe?-

El felino oscuro se quedo callado unos segundos. Escuchar su nombre completo de labios de ella, con esa voz…. Le había recordado tanto a la joven tigresa que una vez conoció en aquella aldea, antes de que todo lo demás pasara.

Se sacudió la cabeza y con una mirada de auto desprecio se dirigió a Tigresa, intentando controlar la molestia y la maldita nostalgia que le llegaba al corazón.

-Vamos a ir a Agmaui san

-¿Donde?- cuestiono ella.

- A la montana demoniaca.- aclaro el felino gris de ojos negros cual carbón.

La felina contuvo el aliento ante la mención de aquella locación. Su simple mención le causaba un sentimiento de añoranza, parecía un lugar salido de un cuento o un sueño ridículo. No dijo nada, solo asintió con respeto y sujeto con fuerza el brazo de Liang Zhe.

Al instante se vio envuelta en una enorme nube de polvo negro y el aroma amargo del azufre le impregno la nariz.

Liang Zhe reapareció en medio de un enorme valle en tinieblas. A su lado, aferrándose con demasiada fuerza a su brazo se encontraba la felina oscura. Ella se sacudió un poco la cabeza, los hombros y sus pantalones grises, retirando así unas cuantas motitas de polvo negruzco.

-¿Dónde nos encontramos?-pregunto ella girando su cabeza de un lado a otro, sin siquiera encontrar una sola pista del lugar en que se encontraban.

-En el valle de las pesadillas- respondió con su voz fría el leopardo.

Tigresa enfoco su vista, repaso cada detalle del acabado lugar y entonces supo por qué se llamaba así: Las casas derribadas hasta los cimientos, cada calle, hogar y acera inundada de maleza, arboles con troncos oscuros y retorcidos al borde de la muerte. Cadáveres, aunque no estaban a la vista, el nauseabundo aroma prevalecía en el aire. Incluso parecía que podías llegar a escuchar uno que otro lamento, las voces agudas, acabadas, suplicando por…alguien, gritando y destruyéndote por dentro como un virus…

-No entiendo, ¿Por qué estamos aquí?-cuestiono la felina.

Liang no le respondió, el oscuro animal gruñía por lo bajo mientras se sujetaba la cabeza. El dolor era inmenso. El peso de su corazón de piedra comenzaba a acentuarse, el cerebro explotaría, se desparramaría por las calles, quizás así esa voz compasiva en su mente dejaría de atormentarlo.

Tigresa noto el dolor, la incomodidad que Liang tenía al estar cerca de ese lugar. No lo molesto con más palabras, por miedo a su reacción. Con un rugido ahogado, Liang le indico que comenzaran a caminar. Y así lo hicieron, avanzaban a paso veloz, casi corriendo, por las acabadas y carbonizadas calles del valle negro. Tigresa no entendía por qué, pero no le molestaba, lo único que tenía en mente era obedecer a su creador, a Liang Zhe.

El cielo, gris y ausente de toda luz, de solo o de luna, no había cambiado. Las nubes se movían a paso de tortuga obesa, no parecía que fueran a cambiar rápido, o al menos en ese siglo. Liang se sentía de aquella forma, sin importar cuando se movieran sus patas, el no parecía avanzar, pues parecía que, sin importar cuán rápido corriera, seguía recorriendo las mismas calles, veía las mismas ruinas y las voces seguían gritándole.

Y Tigresa, la felina oscura, corría a su lado, llevándole el paso sin problema alguno. Aunque por dentro, en su mente, no dejaba de pensar en la extraña sensación que le recorría la espalda al cruzar por aquellos callejones abandonados. Una molesta nostalgia y desconocida memoria se revolvían en los recovecos de su cerebro. No le agradaba, y, al igual que Liang Zhe, ella ansiaba el momento de salir de ahí.

Entonces el pequeño cachorro de Tigre salió de la casa, la enorme residencia blanca, y se acerco con paso tambaleante a su hermano mayor. Liang lo miro con una sonrisa en la cara, le divertía ver al pequeño de un año intentar dar un par de pasos sin tropezar, le parecía una vista entretenida. Se quedo ahí, sentado frente a una roca, meditando, como se lo había enseñado su padre hasta que una cálida garrita le toco la rodilla. Abrió un solo ojo y bajo la vista.

Sonrió, parecía que el cachorro rayado al fin había logrado alcanzarlo, entonces Liang lo cargo y lo sentó en su regazo.

-Eres un travieso- dijo el leopardo de ojos grises mientras le acariciaba la nariz al joven felino de ojos claros.

El tigre lanzo una infantil risilla, y Liang se sintió complacido de su hermanito.

"Adoptivo", recordó con cierto pesar. Un desconocido rencor comenzó a surgir, no sabía porque, pero no le agrado la sensación. Bajo al cachorro y lo dijo que fuera a practicar. En cuanto el tigre se había alejado Liang sintió, con un escalofrió, como al paz regresaba a él.

Pero esos momentos se veían tan lejanos… Casi parecía que habían pasado siglos desde aquella tarde, Liang gruñía por el esfuerzo, tanto físico, como mental. No soportaba estar en ese lugar, era la segunda vez que lo visitaba en esas mismas circunstancias y no le agradaba, odiaba realmente ese lugar. No era por la aldea en sí, ni las voces, sino lo que significaban, lo que ese lugar había significado para él en algún momento de su vida, un hogar.

Le dolía revivir sus memorias felices, sus errores y secretos. Parecía que volvía a vivir las mismas experiencias, las risas y los dolores. Todo aquello que lo orillo a convertirse en el amo de las sombras.

Intento restarle importancia, al menos ignorarlo o trata r de sobre llevarlo, pero le fue imposible. Su propia mente lo torturo hasta que llego al límite del bosque de muertos arboles.

Tigresa estuvo junto a él todo el tiempo. Liang Zhe no podía estar más agradecido. Así que una vez pasado aquel tormento para ambos, siguieron su caminata, realmente era un trote veloz por la muerta tierra de un antiguo bosque.

-¿Señor?- dijo Tigresa con cautela.

-¿Si?-respondió el leopardo con cierta tranquilidad.

-Tengo una pregunta- dijo ella bajando la mirada, como arrepentida de haberle hablado en primer lugar.- ¿Por qué fuimos al valle de las pesadillas?-pregunto ella, curiosa como todo buen felino.

Liang se aclaro la garganta antes de responder:

-Porque no lo puedo evitar.- dijo él, ausente- No importa cuanto intente transportarme más allá, siempre termino ahí, algo me jala... Me obliga a ir, no puedo evitarlo aunque lo desee.

Y a Tigresa le recorrió la espalda un escalofrío al pensar que volverían a cruzar por aquel lugar.

El resto del camino fue prácticamente aburrido. Siguieron viajando por unas horas más sin descanso alguno. Caminaban por el bosque, atravesaban montañas, desiertos, parecía que llevaban viajando años, y aun así ninguno de los dos parecía resentir el esfuerzo.

Llego un momento en el que los dos felinos se detuvieron frente a la enorme montaña. Una incluso más grande que cualquier otra que hubieran visto antes, eran enrome, con rocas negras afiladas como garras. En la punta, se notaba una figura, no sabían que era, pero parecía imponente.

Rodearon juntos el pie de la gigantesca roca, al cabo de unos minutos llegaron al destino: Frente a sus ojos se alzaba una majestuosa, aunque al tiempo tenebrosa, puerta hecha con roca volcánica. En el marco de la monstruosa entrada se leía una inscripción:

["Aquel que se atreva a entrar… Corazón oscuro… Para enfrentarse a sus demonios"]

Tigresa arqueó la ceja confundida, un poco desconcertada, en realidad. Liang leyó la frese unas cuantas veces antes de atreverse a dar unos pasos. Se retiro la capa negra como la noche y alzo los brazos, mientras se acercaba a la puerta entonaba un cantico incomprensible. Llego a la puerta sellada con fuego y estampo sus palmas en ella, una luz extraña comenzó a envolverlo, mientras mantenía los ojos cerrados, la entrada comenzaba a ceder.

Tigresa observaba, perpleja, como Liang Zhe empujaba la puerta, parecía que incluso la misma Montana se estremecía con su poder. De pronto, un sonido como el de una botella de refresco al abrirse le interrumpió sus pensamientos, se sacudió la cabeza para espabilarse y entonces vio, con enorme sorpresa, que la gran roca negra ya había sido retirada.

El leopardo de ojos negros hizo una seña con su garra, indicándole a la felina que se acercara. Tigresa asintió tragando saliva, se aproximo a su creador y sujeto su brazo con fuerza.

-Eres una gata cobarde- se burlo Liang. Tigresa no protesto siquiera.

Entraron, al momento un calor como el de mil soles les golpeo el rostro. Tigresa se froto los ojos para ver el origen de aquella luz intensa, lo que esperaba era un rio de lava, un volcán o algo que pudiera explicar aquel calor de inframundo, pero encontró algo muy diferente. Frente a Ella se encontraban cientos de enorme ojos, anaranjados, cálidos como el fuego de un incendio. No pudo evitar dar un par de pasos hacia atrás, ganándose así otra reprimenda de parte de Liang Zhe.

-¿Qué es lo que quieren?-la voz gutural, grave, al parecido a la voz del monstruo de las pesadillas de los niños, les hablo.

-Venimos por… Un… ¿Cómo llamarlo?- Liang se broto la barbilla, y luego dijo:-Un intercambio de bienes.

Cientos de susurros comenzaron a escucharse por todo el lugar, parecía que las voces incluso llegaban a alcanzar las profundidades de aquella montana.

-¿Qué clase de bienes?-cuestiono la misma voz de inframundo.

-Un simple intercambio- Liang se encogió de hombros- ustedes, demonios, me seguirán en la batalla, derrotaran a mis enemigos…

-¿Y qué hay para nosotros?- se apresuro a interrumpir una voz ligeramente menos amenazante. Y una vez más, el coro de voces reclamando premios se alzaban por todos lados, provocando un caos, un insoportable caos de voces, ruido, gritos y risas diabólicas.

-El mundo- respondió con naturalidad aquel extraño felino, que parecía no intimidarse ante la presencia de aquellos seres oscuros.

Muchas voces volvieron a resonar. Parecían considerarlo, hablarlo, debatirlo de manera que todo se asemejaba a un gigantesco auditorio lleno de público insatisfecho.

-¿Qué debemos hacer?-dijo finalmente una de las voces profundas.

Y Liang Zhe ensancho su ya de por si enorme sonrisa felina, ladina con los colmillos al aire.

-¿Conocen "Xing Long"?-respondió el felino de pupilas negras.

Despertó de su meditación. Sus ojos felinos se abrieron con pesar y sorpresa.

-No Liang-murmuro en voz baja, con la respiración jadeante.

-No hagas esto…-dijo para si mismo, como si no hubiera despertado aun, como si siguiera en alma junto a aquel felino gris.- No ataques la aldea…. Por favor…-pronunciaba cada palabra con los ojos vidriosos y la voz suplicante-… por favor… Hermano.

Continuara…

Bueno, la verdad es que me sorprendió tener el nuevo capítulo tan rápido XD

Bueno, solo para los que no recuerdan un poco de la historia (no los culpo, yo tampoco lo hago XD), la aldea llamada "El valle de las pesadillas" es el mismo acabado lugar que Liang Zhe visito en el capítulo 16: el asenso de Liang Zhe. Solo para aclarar :D

Espero les haya gustado. Ya saben que aquí se puede dejar review de cualquier tipo, dudas o comentarios o lo que sea :D

Hasta pronto :D