Chica sola en bar. Carrie Summertime


La novia correspondida

Kenyako

—¿Quiere otro café?

Miyako negó y señaló su taza todavía repleta de la última carga. El camarero se alejó con una mueca de molestia en el rostro. No podía echarla si no terminaba su consumición y tampoco podía cobrarle si no pedía algo más.

No es que quisiera fastidiar al camarero en su turno nocturno, pero Miyako no podía irse de aquel café hasta que fuera oportuno.

Miró su móvil, vacío de llamada alguna o de mensaje. Suspiró y lo dejó resbalar por la mesa hasta que chocó con el salero.

Si continuaba así no podría decir las cosas antes de que fuera demasiado tarde. Sabía que él siempre iba a esa cafetería. Era una rutina. Solo tenía que ir. Lo peor es que la persona que había dejado vigilándole no daba ninguna señal.

Se recostó sobre la mesa, ocultando su rostro entre sus brazos. Era terrible. La incertidumbre. El deseo de expresarse.

El camarero volvió a tocarle el hombro. Ella se sacudió para quitarse su insistente dedito sobre su carne. El toque continuó.

—Déjeme. ¿No ve que estoy en mi momento interno de depresión?

—Así que es eso.

Dio un respingo al escuchar su voz. Ken estaba frente a ella, sonriéndole con esa dulzura suya. Se sentó al otro lado de la mesa y la miró tras cruzar los dedos.

—¿Y bien? ¿Por qué estás depresiva y has dejado a Daisuke cuidándome?

Ella balbuceó, sorprendida. Se lo había imaginado de muchas formas. Lo tenía ensayado.

—¿Un café?

Esa vez el camarero sí interrumpió. Miyako estaba lo suficientemente harta de él como para no ser amable.

—¿Puede esperar, diablos? ¡Estoy intentando declararme! ¿Sabes lo que cuesta para una chica encontrar el momento oportuno para declarar lo que sientes por un chico tan despistado como el que tengo delante? ¡Muero por huesos y ni siquiera se da cuenta!

Al darse cuenta de sus palabras los miró aterrada. ¡Había fallado completamente! Volvió a esconder la cara entre sus brazos hasta que sintió una palma cálida sobre su cabello.

—Miyako —habló con su voz suave—. Gracias.

Desde entonces, aquella cafetería se volvió famosa con la leyenda de "La novia correspondida".