Iris - goo goo dolls
-Rach.- exclamo en un suspiro sintiendo como de pronto todo a su alrededor dejaba de existir.
¿Qué estaba haciendo en su casa? No tenía ni idea, pero su corazón y su alma agradecían eternamente por ello.
La morena la miraba dulcemente, por dios cuanto había extrañado su mirada, y para que mentir había extrañado todo de ella. Sus ojos, su nariz, su cabello largo, su aroma, ese aroma que ahora mismo inundaba sus fosas nasales y la hacían caer en un abismo profundo y placentero.
La observo por unos segundos, o tal vez minutos, la verdad que quien toma el tiempo cuando lo que más amas está parado frente a ti. No quería hablar, no quería moverse, temía estar soñando y que al hacerlo todo fuera a terminar y que la morena desapareciera dejándola nuevamente sola.
Respiro profundamente y hasta en ese momento fue consciente de como varias lagrimas ya descendían por sus mejillas. La morena al ver esto, se acercó lentamente hacia ella y con una tierna caricia poso sus manos en el rostro de la chica.
Limpio las lágrimas como si de la pieza más delicada del mundo se tratara, la rubia solo se limitó a cerrar los ojos al contacto, sentía que el calor que emanaba de sus manos la cobijaba de todo aquel dolor que la había acechado.
Quería decirle tantas cosas, quería decirle que la amaba y que eso jamás iba a cambiar, pero no pudo, su voz no reaccionaba, así que solo se limitó a bajar la mirada.
Rachel entendió perfectamente, no necesito palabras, en realidad con ella nunca las había necesitado, así que con una de sus manos levanto el mentón de la chica para que la mirara a los ojos, para decirle que ella también la amaba y que eso tampoco iba a cambiar.
Se miraron y lo entendieron, y como si fueran atraídas por un magnetismo mayor que la razón, acercaron sus labios hasta fundirlos en un beso por más necesitado.
La morena perdió sus manos en esa cabellera rubia que tanto le encantaba, y Quinn por su parte anclaba las suyas en la cintura de su chica.
Sus labios parecían tener vida propia y se unían como si toda la vida se hayan pertenecido. Se acoplaban perfectamente, se movían a un mismo ritmo, era como una melodía que en ese momento solo las dos podían comprender.
De pronto todo se volvió más intenso, la temperatura comenzó a subir y las manos ya no se podían quedar quietas. Rachel abrió los ojos y la rubia la entendió a la perfección, cerró la puerta tras de ellas y tomo su mano para guiarla hacia su habitación.
No rompieron el contacto visual en ningún momento, parecían estar en una burbuja donde todo el mundo quedaba automáticamente expulsado.
-Yo no…no esperaba visitas.- se disculpó la rubia avergonzada, pues su cama estaba hecha un desastre
-Yo no esperaba terminar en tu cuarto.- exclamaba la morena sonriendo
-Tu...
-Te amo.- la interrumpió.- Te amo tanto que hoy quiero olvidarme de todo, hazme olvidarme de todo por favor.- susurro con una voz completamente sensual que la hizo temblar
-Yo también te amo.- murmuro atrayéndola hacia ella y sin más la beso, la beso con tantas ganas y pasión que creyó volverse loca.
Como era posible que haya vivido tantos años sin probar esos labios que ahora mismo la hacían llegar hasta el éxtasis. No quería separarse nunca de ella, podía permanecer toda su vida de esa manera.
Podría pasarse eternamente desvistiéndola, viendo como las prendas caían de su cuerpo y le dejaban ver aquella piel morena que tanto la hacía vibrar. Podría quedarse rememorando cada lunar de su rostro, de sus manos, de su vientre y así besarlos una y otra vez sin cansarse.
Podría sin duda alguna hacerle el amor dulcemente, con tal de que su chica gritara su nombre una y otra vez, con esa voz ronca que le indicaba que estaba a punto de llegar hasta el clímax final, y que le producía a ella misma tocar el cielo.
Habían hecho el amor otras veces, pero ese día todo se sentía tan nuevo. Era como si sus cuerpos quisieran demostrarse con acciones todo lo que se habían echado de menos. Es por eso que lo gemidos no cesaron y las palabras de amor nunca llegaron a faltar.
La noche avanzo y el cansancio hizo caer en un profundo sueño a la morena. Quinn por su parte también estaba cansada, pero tener a su chica completamente desnuda era más fuerte que cualquier otra necesidad.
Con mucho cuidado y sin hacer ruido, se levantó de la cama y se puso algunas prendas que ya estaban esparcidas por el suelo. Tomo una de las sabanas de la habitación y a modo protector cobijo el cuerpo desnudo de Rachel. Se recostó a su lado y recargada sobre su propio brazo se dedicó a observarla.
La podría observar toda su vida y nunca se cansaría de ello, sonrió por sus pensamientos y en ese instantes se dio cuenta que amar a Rachel era fácil, posiblemente era los más fácil que podría hacer en toda su vida, y por eso mismo temió, temió porque sabía que soltarla iba a ser lo más complicado que tendría que enfrentar.
Sacudió la cabeza queriendo evadir esos pensamientos y a su cuerpo se aferró a su cintura.
-Eres lo mejor que me ha pasado.- susurro en su oído y como si la morena hubiera escuchado sonrió de medio lado.- Te amo tanto Rachel Berry, y te juro que no importa el tiempo o la distancia eso nunca va a cambiar.- murmuro con un nudo en su garganta, y dejándole un beso sobre su hombro, se dejó caer dormida.
La luz que lograba entrar en la habitación la hizo despertar, estiro su mano y al sentir el espacio vacío su corazón logro dar un vuelco.
Abrió los ojos asustada y volvió a respirar cuando vio a la morena ya con su blusa y sus braguitas puestas sentada a la orilla de la cama. Sus piernas cruzadas y su mirada puesta en ella, le hicieron saber que ya llevaba un buen rato de este modo.
-El día que te vi por primera vez, pensé que eras la mujer más hermosa del mundo.- comenzó a relatar logrando que la rubia se sentara para observarla mejor.- No tenía idea de quien eras, pero de lo que estaba segura es que eras sumamente especial.- exclamo con un brillo en los ojos.- Después te fui conociendo y comprobé que tu belleza física era lo menos atractivo de ti, pues tu belleza interior lograba opacarla mucho mas
-Rach.- susurro la rubia con un nudo formado en su garganta
-Nada ha cambiado Quinn.- la miro con dulzura.- Después de que me contaste la verdad yo pensé mucho las cosas, estaba dolida y eso era más que obvio, pero en ningún momento deje de creer que eras las misma chica hermosa y especial que había logrado enamorarme sin siquiera quererlo
-Tenía tanto miedo a que me odiaras.- exclamo en un susurro
-Te lo dije una vez y te lo repito nuevamente, jamás podría odiarte.- expreso mirándola con total adoración
-Rach… ¿Por qué has venido?- cuestiono sin ninguna doble intención
-Marley me conto que fuiste a buscarme, y que te platico todo lo que ha pasado.- espeto mientras que la rubia bajaba la mirada triste
-Mañana es el día.- susurro
-No voy a irme Quinn.- exclamo llamando la atención de la rubia.- No puedo irme después de lo que ha pasado entre nosotras
-¿De qué hablas?- pregunto confundida
-Yo venía con la intención de despedirme de ti, no quería irme sin verte nuevamente a los ojos.- susurro acercándose más a ella para tomarla de las manos.- Pero ahora ya no puedo hacerlo, eres lo que más quiero y no puedo alejarme de ti
-No me digas esto por favor.- exclamo la rubia con el rostro desencajado.- No me puedes hacer esto, no me hagas pensar que haber hecho el amor fue un error…
-No, no te entiendo.- murmuro la morena confundida
-Tienes que irte Rachel.- espeto seria, sintiendo como estas palabras le quemaban su garganta.- No quiero que te quedes.- susurro con los ojos vidriosos evadiendo su mirada
-¿Es una broma?- pregunto la morena confundida, recibiendo como respuesta solo un largo silencio.- Dime que es una broma Quinn.- suplico con los ojos brillosos
-Tienes que seguir tus sueños.- murmuro apretándole las manos.- Tienes que irte y brillar como la estrella que has sido destinada a ser
-Pues no pienso irme.- se rehusó
-¿No lo entiendes? ¡Tienes que hacerlo!- alzo la voz no pudiendo contenerse, guardando dentro todas esa ganas que tenia de rogarle lo contrario
-¿Porque me estás haciendo esto Quinn?- pregunto con la voz quebrada
-Porque ya una vez mi familia rompió tus sueños.- susurro con lágrimas en los ojos.- No puedo permitir que pase otra vez…
- Pero cielo, yo he decidido quedarme a tu lado.- exclamo acariciándole su rostro.- Tu no tuviste la culpa de lo que paso
-¡Pero mi familia si Rachel!- exclamo desesperada, separándose de ella para comenzar a caminar por la habitación.- ¿No entiendes todo el daño que te hemos hecho?
-¡La que no entiendes eres tu Quinn!- espeto alzando la voz.- Yo ya lo he superado, yo ya los perdone.- exclamo siguiéndola con la mirada.- ¿Por qué no puedes hacer lo mismo? ¿Porque no te puedes perdonar si yo ya lo he hecho?- cuestiono con las lágrimas corriendo por su rostro
-¡Porque no puedo evitar mirarte y recordar todo lo que te hice!-exclamo sollozando.- No puedo evitar mirarte y pensar que estarías triunfando en este momento si no fuera por lo que te hizo mi madre.- exclamo llorando.- Tengo que dejarte ir porque no podría soportar que en un futuro miraras un escenario y te preguntaras que hubiera pasado si hayas hecho tu sueño realidad.- suspiro profundamente limpiándose las lágrimas.- No puedo ser tan egoísta Rach.- se acercó a ella para tomarla del rostro.-No puedo ser tan egoísta y decirte que te quedes sabiendo que esa oportunidad la vas a perder por estar conmigo
-No tiene que terminar así.- susurro llorando, haciendo un puchero que lograba romperle aún más el corazón a la rubia.- Yo sé que tal vez no te puedas ir conmigo por la empresa de tu padre, o porque quieras estar ha lado de Sophie, pero existen medios Quinn, podemos aun seguir juntas…
-No cariño.- la interrumpió mientras acariciaba su rostro con ternura.- No te puedo atar a una relación así, tú tienes que irte siendo libre, tienes que disfrutar Rachel, tienes que conocer a nuevas personas y comerte ese mundo que te has estado perdiendo
-No quiero ese mundo si tú no estás en el.- murmuro sollozando
-¿Recuerdas cuando me contaste tu cuento de hadas?- pregunto y la morena solo cerro los ojos asintiendo con la cabeza.- Yo ya he formulado el mío Rach ¿y sabes qué? Te he elegido a ti para ser la princesa, así que no importa el tiempo que pase, cuando regreses ese puesto aun estará vacante, y te prometo que si lo quieres tomar yo voy a ser la mujer más feliz del mundo…
-Te voy a extrañar muchísimo.- espeto llorando, lanzándose hacia sus brazos que tanto lograban reconfortarla
-Yo también mi amor.- la abrazo con más fuerza.- No te das una idea de cuánto.- comento dejando caer algunas lágrimas silenciosas
-¿Vas llamarme de vez en cuando?- pregunto separándose un poco de ella para mirarla a los ojos
-Lo prometo.- susurro sincera, perdiéndose nuevamente en esos ojos marrones que tantas noches de sueño le iban a robar.- Tienes que irte ya.- exclamo pesadamente.- Tienes que arreglar todo para mañana.- espeto mientras le dejaba un beso sobre su frente
-Eres increíble Quinn Fabray.- exclamo viéndola a los ojos, mientras que la rubia sentía una nueva oleada de sentimientos al oír que la llamaba por primera vez de esa forma.- Nunca, pero nunca, vayas a dejar que nadie te haga creer lo contrario.- espeto con firmeza, dejándole un dulce beso en los labios para después girarse y comenzara juntar su ropa.
Por más está decir que el nudo formado en la garganta de la rubia no la había dejado contestar, solo se limitaba a ver como Rachel se ponía sus últimas prendas y la sensación de vacío se instalaba en su corazón.
-¿Va a ir a despedirme mañana?- pregunto esperanzada, caminando hacia la entrada mientras era seguida por la rubia
-Rach.- dudo
-Por favor prométeme que mañana vas a estar allí.- exclamo deteniéndose bajo el marco de la puerta
-Lo prometo.- murmuro con un nudo formado en su garganta
-Te veo mañana.- susurro mientras se acercaba a ella para dejarle un beso en los labios, un beso que a la rubia le supo a despedida
-Cuídate mucho Rach.- exclamo separándose de ella, aguantando todas esa ganas que tenia de llorar al ver como su morena comenzaba a caminar hacia el elevador
-¡Un chiste!- exclamo deteniendo sus pasos y la rubia la miro confundida.- Te puedo contar un chiste y así por fin tal vez te haga sonreír.- espeto logrando que la rubia cerrara los ojos y cientos de recuerdos que ya parecían tan lejanos la golpearan sin consideración, no puedo evitarlo más y soltó algunas lágrimas contenidas
-Rach enserio no es…
-¿Qué le dijo un techo a otro techo?- pregunto con los ojos brillosos, aguantando las ganas de ir a abrazar a su chica
-Los techos no hablan.- murmuro con media sonrisa secándose las lagrimas
-Vamos inténtalo.- exclamo expectante
-¿Eres muy alto?- cuestiono no muy convencida
-Sigues siendo malísima para esto.- exclamo riendo la morena
-Lo se.- espeto dándole una sonrisa cómplice.- Y entonces ¿Qué le dijo?
-Le dijo.- hizo una pausa para aclararse la garganta.- Te-echaré de menos.- susurro con los ojos brillosos.- ¿Es el mejor chiste del mundo cierto?
-Es el mejor chiste del mundo.- contesto la rubia sonriéndole, con esa sonrisa que a pesar de estar llena de dolor, le quería hacer entender que todo iría bien
-No vemos Quinn.- espeto la morena apenada, girándose nuevamente para avanzar
-¡Rach!- grito logrando que la morena se detuviera antes de entrar al elevador.- Yo también…. Yo también te-echare de menos.- susurro con un hilo de voz y la morena no pudo hacer otras cosas más pasar el nudo formado en su garganta, y regalándole un último guiño de ojos, se perdió dentro del elevador.
Las horas pasaron y el momento llego. Tal vez a estas alturas ustedes ya lo saben, pero Rachel no lo sabía, no sabía porque la rubia no había ido al aeropuerto tal y como se lo había prometido.
La verdad es que de alguna forma ya intuía que aquello pasaría, pero no por eso dejo de dolerle menos.
Por un segundo, cuando ya todas sus esperanzas se estaban agotando, creyó ver a lo lejos ese hermoso rostro que tanto amaba, su corazón comenzó a latir con todas su fuerzas y una sonrisa en su rostro se instaló automáticamente
-Es hora cariño.- exclamo Marley llamando su atención
-¿Es ella?- cuestionaba emocionada, pero su sonrisa se borraba pues al girar nuevamente su rostro, el lugar donde había creído verla se encontraba vació
-¿Es quien?- pregunto la castaña confundida, dirigiendo su mirada hacia donde Rachel tenía clavados los ojos
-No, no es nada.- sonrió con tristeza pasando el nudo formado en su garganta.- Los voy a extrañar mucho.- susurro con nostalgia, mirando esos ojos azules que tanto habían significado en su vida
-Y nosotros a ti cielo- exclamaba conmovida la castaña, abrazándola con fuerza
-Ya está todo hecho.- llegaba Puck con el boleto de abordaje en mano.- Morena mía, te prohíbo que te consigas a un judío sexy ¿de acuerdo?- exclamo con la voz quebrada, acercándose a ella para arroparla entre sus brazos
-No podría existir un judío más sexy que tu Puckerman.- le contesto mientras el chico rápidamente y sin que nadie se percatara de ello, limpiaba algunas lágrimas de su rostro.-Cuídense mucho, y denle mucho besos a Sophie de mi parte.- se separaba de ellos para mirarlos con los ojos llenos de amor.
-Ten por seguro que lo haremos.- contesto Marley con una sonrisa en su rostro, mientras que Puck con la mirada triste solo asentía con la cabeza y abrazaba a su mujer por la espalda
-No vemos pronto.- exclamo la morena con una sonrisa nostálgica, y dando una última mirada hacia alrededor subió ese avión que la llevaría a un nuevo destino.
Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, una rubia llegaba a su departamento y queriéndose desahogar, comenzaba a escribir probablemente la carta más dolorosa y sincera que jamás iba a entregar:
"Amor…
He llegado a casa desecha, afortunadamente nadie estaba y lo agradezco, ya que mi estado deplorable es digno de una película de horror. Ayer cuando hablamos dije muchas cosas que no sentía y realmente no sé cómo conociéndome tanto me las creíste… yo supongo que lo que paso los últimos días y mi actitud te hicieron creer mi más grande actuación.
Sabes, no quiero alargarme mucho escribiendo pero ya que probablemente nunca te lo diga es mejor que lo plasme ¡si fui al aeropuerto! ….."
Llegamos al principio y yo solo les puedo agradecer a los que han continuado conmigo a cada paso de este camino.
A todos los que se han tomado el tiempo de dejar su review infinitas gracias, pues me han motivado a no abandonar la historia.
Sin más nos seguimos leyendo , y no, no ha terminado aun ñ.ñ
