25. Closer - Nine Inch Nails
-Has mejorado bastante, Yukine-kun. - Musitó Hiyori, reuniendo las evaluaciones con las que le había ayudado al muchacho y golpeándolas por los bordes contra la superficie del kotatsu. Frente a ella, la cabeza de Yukine sobre la mesa tenía más apariencia de patata asada.
-Eres demasiado estricta. - Se quejó suavemente.
-¡Pero estás viendo resultados! - Repuso la joven, con una pizca de orgullo. Yukine soltó un gemido como respuesta.
El ruido constante y estándar del bloque comercial en la televisión terminó y dio paso a una estridente fanfarria con una animada voz femenina recitando el nombre del programa.
"¡A continuación...:!"
-¡Kokki! -Kofuku levantó la cabeza de su lánguida postura recostada bajo el kotatsu tan rápido que Hiyori se preguntó si se marearía, y llamó a Daikoku por sobre su hombro - ¡Ya empezó!
"¡La controvertida historia de la banda que arrasó en los corazones de la juventud japonesa ahora se enfrenta al reto más grande!" Hiyori observó de reojo la transmisión que ahora entonaba una de las primeras canciones de SHRINE, mientras ayudaba a Yukine a poner sus útiles fuera del camino para que Daikoku pudiese colocar la tetera y un plato lleno de galletas de harina de arroz sobre la mesa. "¡Después de la dramática separación del dúo dorado del rock japonés, ¿cómo saldrán de esta?!". Daikoku se sentó al kotatsu y se desprendió el cigarrillo de encima de su oreja. Bufó burlón al llevárselo a la boca.
-¡Programas de porquería! - Encendió su cigarro y dejó que el humo llenase la sala. El intro dio paso a un set bien iluminado con una decoración por demás extravagante mientras una ronda de aplausos recibía a los tres jóvenes anfitriones.
-¡Está bien! -soltó Kofuku con una risita. -¡A la gente le encanta alimentar rumores! Sé que no es el mejor programa para estar, pero...
"¡Buenas noches a todos!" habló con una voz súmamente animada el único hombre de los 3 presentadores, tan bronceado que recordaba a un surfista. Una placa animada mostró su nombre en la pantalla. "¡Hoy tenemos un programa súmamente interesante, ¿no es así, Momo-chan?" Al ser enfocada, sobre la chica también se proyectó una placa con su nombre. "¡Efectivamente, Taro-kun! ¡Hoy, en la sección "¿delicioso, verdad?" los vamos a llevar hasta el norte del país, en donde nuestro querido corresponsal..."
-¿Por eso insististe en que Yato se presentase solo? -Preguntó el adolescente, pasándole a Kofuku una taza de té. La chica se estiró cuanto pudo para recibirla, pero no se movió del suelo.
-¡Será mucho más dramático, ya lo verán!
"...¿por qué no nos cuentas qué tenemos como nuestra sección principal, Kiki-chan?" preguntó la presentadora llamada Momo, y de la misma forma una placa fue proyectada en la parte baja de la pantalla. Mientras recibía su respectiva taza de té y tomaba una de las galletas del centro, Hiyori pensó que tendrían que poner eso cada vez que alguna de las dos hablara, ya que se veían exactamente iguales. "¡Será un placer, Momo-chan! ¡Como invitado de honor, hoy, en exclusiva, tenemos al rompecorazones, a nuestro chico malo favorito; el fundador y guitarrista de SHRINE: Yato!"
Kofuku prorrumpió en aplausos cual si estuviese en el plató mismo, Yukine sonrió levemente y Daikoku se cruzó de brazos al ver a Yato entrando a buen paso al set. Hiyori, por su parte, aguantó la respiración jalando aire ásperamente por la nariz. El atuendo negro de pies a cabeza del joven le daba una apariencia muy distinta a la que estaba acostumbrada. Aunado a los aretes que nunca le había visto usar en persona y al leve, pero notorio delineador que llevaba en los párpados inferiores, hacían que Yato no sólo exhudara confianza, sino que (admitiéndolo muy renuentemente) se veía demasiado bien.
Las dos presentadoras llevaban una sonrisa idiota que la hizo posar su taza sobre la mesa con más fuerza de la intencionada.
De pronto se sintió personalmente agraviada por Kofuku al dejar que se presentase solo, luciendo así.
El Yato de la televisión saludó vigorosamente con la mano hacia el público y sonrió a la cámara antes de ocupar un asiento vacío junto a los tres anfitriones del programa. "Es un gusto tenerte aquí esta noche, Yato", dijo la primera presentadora, cadenciosamente. "Al contrario, Momo-san, les agradezco el honor de haberme invitado". Derrochando coquetería, Yato le sonrió, ante lo cual la chica se rió como una idiota. Hiyori no tuvo tiempo de indignarse porque su ardor estomacal había sido reflejado por Yukine, quien se llevó una palma a la cara.
-Este maldito idiota...
-Todavía no empieza la mejor parte -Repuso Kofuku, entre risitas.
"¡Oh, vaya!" dijo Taro, el primer host. "¡Estamos ansiosos por entrevistarte, Yato, pero primero, vamos a nuestro primer bloque!"
Los tres presentadores instaron a Yato a que los ayudara a decir el bastante ridículo e innecesariamente largo título de la siguiente sección junto con ellos. Hiyori pensó que quizá se veía demasiado entusiasta. Daikoku bufó, burlón.
-Se está dejando llevar demasiado.
-Ah, vamos, déjenlo disfrutarlo un poco. - Rió Kofuku desde el piso.
La cara fulgorosa de Yato la llevó muy muy lejos de la fábrica de botones para cojín de la que estaban hablando en la televisión y la transportó al recuerdo de la sesión fotográfica de la semana pasada. El ritmo acelerado de los acontecimientos de ésa semana le habían parecido tan irreales, que realmente no había sentido la adrenalina hasta que una estilista especializada terminó de producir su imagen para las fotos. Hiyori casi tuvo que resistir el impulso de llevar una mano a tocar su reflejo en el espejo. No podía decir que no se reconociera, porque la misma cara estaba ahí, pero no alcazaba a asimilar la imagen completamente opuesta a la que estaba acostumbrada; la persona que le devolvía la mirada era una mujer con facciones definidas y un fuerte carácter en el rostro, alguien con voluntad de acero y mucha actitud. Quizá fuera el maquillaje o la ropa, pero de repente comenzó a dudar de que fuera capaz de cumplir las expectativas del papel que había escogido. Como si trajera a cuestas un disfraz demasiado grande para ella. Los chillidos entusiastas de Kofuku no le devolvieron la confianza y muy por el contrario, solo lograron que se pusiera más nerviosa. La única sesión fotográfica que había tenido había sido junto a sus padres y a Masaomi en un estudio helado en el que tuvo que posar tiesa con una sonrisa a medias que estaba colgada en su escalera. Se comparó con esa niña de vestido de crinolina y casi se pone a pensar que se sentía tan disfrazada como ella de no ser porque un silbido la distrajo. Yato estaba parado en el umbral de la puerta.
-Wow. -Dijo, recargando un brazo por sobre su cabeza en el marco de la puerta. Por un momento la chica se sintió intimidada por su mirada penetrante, pero sonrió un poco al darse cuenta de que luchaba con las palabras.
-¡Tienes un excelente gusto, Yatty! -Rió Kofuku, sugerente. Continuó al ver la mirada inquisitiva que Hiyori le dirigió. -Ah, ¿no te lo dije? Él escogió tu atuendo.
Al sentir la mirada incrédula de la chica, Yato no pudo evitar ponerse tan rojo como las líneas a los costados de su pantalón negro.
-Se nos va a hacer tarde. -Dijo, tratando de ocultar su cara dándose la vuelta y caminando por el pasillo.
Se pasó la sesión entera incómodamente consciente de la distancia entre los dos, que no era mucha. Los fotógrafos parecían querer mantenerlos al centro. En una de tantas tomas, Yato acercó hacia ella su cabeza, y ella se recogió el cabello tras la oreja para entenderle mejor. El murmullo que había salido de su garganta era inhumano y amenazó con quemarla por dentro.
-Te ves demasiado bien.
Antes de que se sonrojara como loca, habían producido una toma excelente que estaba siendo promovida como una de las ganadoras de la portada, lo cual era extremadamente vergonzoso.
Al día siguiente Kofuku les entregó un sobre delgado color hueso con sus nombres escritos a lo largo. Hiyori no recibió uno.
-Necesito aquí la firma de tu padre o tutor para poder pagarte, Hiyoriin. -Musitó Kofuku con una sonrisa a modo de disculpa, mientras le extendía un folio membretado por el estudio, que leyó rápidamente. -Eres menor de edad y tu representante legal debe estar de acuerdo con que se te pague, para evitar malentendidos.
Con la boca abierta, la joven le dirigió una mirada de reproche e incredulidad, pero no dijo una palabra.
-Daikoku firma la mía siempre. - Informó Yukine.
-¡Siempre que te portes bien y hagas tus labores!
-Sí, sí...
La sola idea era aterradora. Hiyori dobló el formato por la mitad y lo metió en el bolsillo de su abrigo.
-Puedo vivir sin que me paguen. -Le había dicho a Yato, medio en broma, cuando se dirigían a tomar el tren.
-¿Tanto lo quieres mantener escondido? -El muchacho había tratado de disimular su tono de reproche.
-¡No!... es sólo que... -dudó ella. Y añadió con una sonrisa brillante: -¿Lo firmas por mí?
-¡Eso no tiene sentido! - Rió el, de buen humor. Hiyori suspiró. -¿Es por tus padres? -Añadió Yato con suavidad.
-No creo tener una respuesta muy amistosa, en especial mi madre.
Yato permaneció en silencio, mirando al frente, y Hiyori sacó la vista de su altanero perfil para suspirar de nuevo, sintiéndose derrotada. De inmediato el perfume de su compañero le embotó los sentidos y tuvo que hacer uso de toda su concentración para entender que el joven le había pasado un brazo por encima del hombro, estrechándola hacia su costado.
-¡Y-yato! ¿Qué...? ¡Alguien puede-!
-Al diablo con eso, la calle está vacía.
Hiyori le dirigió una rápida ojeada a la calle. A pesar de que los pequeños aparadores se habían adornado festivamente de corazones rojos y rosas para la próxima llegada de San Valentín, el andador estaba tan desierto que parecía más tarde de lo que era. Timidamente la chica le pasó un brazo por la cintura, sintiendo su cara encenderse casi del color de la decoración cuando Yato enterró los labios en su cabello. Habían caminado así hasta la estación.
Finalmente, Kofuku se decantó por poner el dinero de su pago a nombre de Yato, quien a su vez le entregó un plástico del banco advirtiéndole que de cualquier manera sus tutores debían firmar el folio a como diese lugar.
El recuerdo le generó una incómoda sensación de ardor en la espalda baja, proveniente del sitio en donde su maletín de la escuela reposaba recargado en la pared de la sala de Kofuku, en donde había guardado el formato temporalmente, en caso de que un golpe de inspiración le llegara de pronto mientras estaba cerca de su familia.
"No ha llegado un golpe de inspiración que nos haga terminar esa estúpida letra y quieres..." se regañó, siendo interrumpida por la ruidosa cortinilla del televisor que indicaba el final de un segmento.
"¡Gracias a todos por permanecer en sintonía con nosotros!" Chilló entusiasmada Mana, o Mimi, o como-se-llamara. "Es hora de comenzar con la sección principal del programa!"
-¡Gracias a Dios! - Masculló Yukine.
Procedieron a dar una reseña un poco más exhaustiva de la banda (después de un comercial de cerveza y otro de sazonador) y una vez que terminó, el estudio aplaudió y las cámaras enfocaron a Yato agradeciendo con un gesto de la mano.
"Yato, amigo, hemos de decirte que nos han filtrado una imagen exclusiva acerca del nuevo material que están preparando..." dijo el presentador-surfista, y Hiyori casi se desvanece antes de observar bien y darse cuenta de que su cara estaba censurada de una de las fotografías de la sesión. "¡Tenemos nueva vocalista, al parecer!" sugirió el anfitrión.
"No sólo eso, Taro-san," comenzó Yato, con una amplia sonrisa que destilaba orgullo. "Encontrarán que muchas cosas al respecto de nosotros están muy cambiadas en este nuevo trabajo."
El teléfono de Hiyori se encendió con un mensaje de Masaomi. "ESO ESTUVO MUY CERCA!1!", a lo cual la chica solo atinó a responder "Casi me muero." a toda velocidad.
"¡Explícanos más, por favor, Yato!" dijo en tono soñador una de las gemelas presentadoras, tan empalagosamente que Hiyori le tuvo que dar un trago (uno muy violento) a su te.
"En realidad me gustaría que se llevasen una agradable sorpresa al escuchar nuestro primer sencillo, pero puedo adelantarles que es un sonido muy distinto al que estaban acostumbrados."
"Yato-kun..." intervino el anfitrión. "¿Por qué tanta secrecía alrededor de la nueva vocalista?"
-¡Tranquila! - Rio un poco Yukine al escuchar el trago pesado que su amiga había pegado a la simple sugerencia de su persona.
"No puedo darles muchos detalles de momento..." sonrió el Yato de la televisión. "Pero sí les puedo decir que es fantástica."
Yukine, Daikoku y Kofuku pegaron una sonora carcajada ante el vivo tono de rojo que la cara de Hiyori mostró en cuestión de instantes.
"Si el material es tan diferente como dices, ¿no crees que tus antiguos fans sientan que quizá no es del todo de su agrado?" preguntó una de las anfitrionas.
"¡Sí!" dijo la segunda, "¿Qué le dirías a tus fans en caso de que recibieras críticas negativas?"
El joven mostró una expresión pensativa durante la milésima de segundo que tardó en morder su labio inferior, y luego respondió "Que lo tomen como un reto."
"¡Sólamente tú serías capaz de retar a tus oyentes, Yato-kun!" se rió el presentador. El entrevistado levantó ambas palmas con aire conciliador.
"¡No se precipiten! Sé que no toda la crítica será positiva, pero estoy convencido de que si van más allá de lo que normalmente acostumbran escuchar, encontrarán un gran disco."
"¿Quizá de los mejores del año?" rió una de las mujeres, en tono sugerente.
-¡Ah, vamos, dejen de tratar de meterlo en aprietos! -se levantó la vocecita juguetona de Kofuku.
"...es literalmente demasiado pronto para decirlo, a éstas alturas del año..." dijo Yato, pero añadió, mirando a la cámara y haciendo el gesto de paréntesis con las manos, sólo moviendo los labios "...sí lo es..." mientras el anfitrión anunciaba el final del bloque y pedía a la audiencia que se despidiera del invitado. Yato se despidió agitando vigorosamente ambas manos, y Yukine cambió abruptamente de canal, con un suspiro.
Al cuarto para la media noche, una exhausta Hiyori se dejó caer de cara contra el libro de texto. Quizá fuese capaz de entender algo de lo que estaba leyendo por ósmosis. Se aproximaba la temporada de exámenes finales, y la tensión la estaba matando. En realidad no sabía si era tensión por quedarse atrás en sus estudios, por el horrible ambiente escolar que se había acentuado conforme se acercaba el cierre del año, o porque la ominosa necesidad de hablar con sus padres crecía como una sombra detrás de ella, haciéndose demasiado notoria como para ignorarla. Había elaborado tres veces un mensaje de texto para su madre explicándole que tenía que verlos durante el transcurso de ésa semana, y las tres veces lo había descartado después de dos segundos de duda con el dedo sobre el botón de "enviar". Sabía de sobra que estaba siendo ridícula, pero no encontraba el valor para enfrentar a su madre.
Suspiró, derrotada, y estaba a punto de volver a intentarlo con el libro, cuando un mensaje entró a su celular. Era de Yato. Adiós noche de estudio.
"¿Estás despierta?" decía, acompañado de unas gotitas de sudor apenado. "No le apena en absoluto," pensó ella de inmediato.
"Muy despierta. ¿Qué ocurre?" le respondió, con simpleza. La llamada entró un minuto después.
"¡Buenas noches, Hiyori!", dijo él, animado, y con la voz entrecortada.
-¿Y ahora qué haces? ¿Corres un maratón? -preguntó la chica, desconcertada por el esfuerzo que aparentaba estar haciendo al hablar.
"Acabo de trepar un muro", contestó Yato, como si fuese lo más normal del mundo. "Y estoy a punto de pescarme de un árbol".
-¿Se escapó tu gato? -preguntó ella, secamente.
"No, es un pasatiempo mío."
-¿Violar propiedad privada es un pasatiempo?
"Si lo intentas lo suficiente."
-Como digas. -Repuso la chica, derrotada. Preocupada, notó el sonido de hojas y ramas en el teléfono y se convenció de que simplemente era una broma muy elaborada. -Vimos la entrevista. -Aventuró, insegura.
"Kofuku nunca se las pierde", dijo Yato, de nuevo un tanto agitado. "¿Te divertiste?"
Hiyori lo dudó dos segundos. -No.
"¿¡Qué!? Fue una entrevista grandiosa".
-No sé si en realidad querían entrevistarte o sentarse en tu regazo. -Replicó Hiyori, mordaz.
"¡Ah, por favor, Hiyori! Nunca imaginé que fueras del tipo celoso". Algo en su tono le indicó a la chica que, en realidad, sí lo había imaginado.
-A decir verdad, yo tampoco. -Se colocó suavemente un mechón de cabello tras la oreja. -Hubiese preferido ir contigo.
El comentario elicitó una suave risa gutural de Yato, que hizo algo dentro de su estómago retorcerse. "¿Por las chicas, o porque simplemente me veía demasiado bien?"
A veces la hacía rabiar tanto.
-Un poco de las dos. -Respondió, con un hilito de voz.
"Si te hace sentir mejor, aún no me cambio."
Hiyori rió genuinamente.
-Como si fuese a verte en cinco minutos.
"Quizá sean incluso menos, depende de qué tan rápido abras la ventana."
-Wow. -Espetó ella, con sarcasmo. -En verdad no pensé que me creyeras tan ingenua para caer en una broma de tan mal gusto.
"¡No, de verdad, abre la ventana!"
Al correr la cortina, encaramado en una de las ramas cercanas a la ventana, Yato sonreía con el teléfono en la mano. Hiyori abrió el postigo con el corazón desbocado y tiró del marco de la ventana, que profirió un chirrido bajo al girar.
-¡¿Qué rayos haces aquí?! -Le regañó la joven, con un susurro áspero. -¡Entra, rápido!
Yato se precipitó hacia el alero del techo y trepó por uno de los refuerzos, procurando no mover una sola teja. Se escurrió por la ventana y aterrizó en la habitación de Hiyori, con los zapatos deportivos en la mano.
-¡Esto es ridículo, Yato! -Le dijo, en voz no tan alta, sumamente consciente de que no estaban solos en casa.
-¡Creí que era romántico! -Reprochó el joven, poniendo sus zapatos dentro de la bolsa de papel que le extendió la chica.
Hiyori suspiró, dejando caer los hombros. Tomó suavemente la mano de Yato, acariciándole los nudillos con el pulgar.
-Gracias por venir, Romeo. Estaba a punto de arrancarme la cabellera.
Riendo suavemente, Yato se le acercó y le plantó un cálido beso en la frente. Hiyori sonrió y cerró los ojos ante el contacto, dejando que su aroma le limpiase todo rastro de su negatividad previa, antes de alejarse dos milímetros para mirarlo.
-Te ves muy distinto. -Comentó con inocencia, y sus ojos parpadearon como si fuese la primera vez que lo veía. Yato se llevó una mano a la nuca con nerviosismo. Luego le pasó el brazo libre por la cintura, mientras le acomodaba el mechón de atrás de la oreja con la otra mano.
-Por favor no te arranques la cabellera. Si necesitas ayuda, llámame. -Rozó la punta de la nariz contra la suya, cariñosamente. Desconcertada, ella frunció el entrecejo y retrocedió su cara dos milímetros.
-¿Con la tarea? -Preguntó, sin ocultar su incredulidad. -¿Crees poder recitar la sucesión imperial del período Edo?
La chica ahogó una risita ante la expresión exagerada de indignación del joven.
-¡Me insultas, Hiyori! ¿En realidad piensas que soy un mico iletrado?
-Bueno... -divagó ella, ahora muy consciente de sus palabras. -Daikoku dijo que tú y Kofuku-san jamás iban a clases.
-Y tiene razón. -Aseveró, mirándola a los ojos. -Pero, a diferencia de lo que crea la señorita Erudición, he leído lo suficiente.
Ella levantó una ceja y subió sus manos de donde descansaban sobre los brazos de Yato hasta su cuello, elicitándole un bufido de fastidio.
-Primero fue Go-Yozei en 1586, -recitó, y le plantó un beso en la mandíbula que la hizo cerrar los ojos. -y luego su hijo, Go-Mizunoo. -Yato le besó el cuello con ligereza y ella suspiró cuando sus manos se prensaron de su cintura. Se sorprendió ligeramente cuando su espalda hizo contacto con la pared de su cuarto. -Siguió su hija, la Emperatriz Meisho, en 1630, si no mal recuerdo.
El tono áspero de la voz de Yato en la última frase la hizo levantar la mirada y encontrarse con el intenso azul de sus ojos. Aunque no podía verse a sí misma, sabía que llevaba la misma expresión anhelante con la que él la miraba, y tragó pesado por centésima vez en el día. Yato le soltó una sonrisa ladeada, confiado en que sus encantos estaban dando resultado. Hiyori contempló la situación como si la tuviese en la palma de su mano: había ido a verla casi a media noche, estaban en su habitación, a escondidas, luego de muchos días sin tener un momento a solas; la temperatura del cuerpo del muchacho cosquillándole en el estómago y los muslos y esa claridad resplandeciente de lo que transpiraban ambas miradas, buscando un momento perfecto de ignición. La sola idea le hizo enrojecer tanto que Yato, enternecido, persiguió un beso suave sobre sus labios, apagando de forma inmediata cualquier miedo que la joven pudiese tener.
Luchando contra sus propios deseos, Yato le dedicaba besos alternadamente dulces y profundos, refrenándose y perdiendo el control dos segundos más tarde. Él mismo estaba tan confundido que no podría culparla a ella si no tenía idea de cómo actuar en consecuencia. Se detuvo cuando la escuchó respirar entrecortadamente una vez que su lengua pasó juguetona sobre su labio inferior. La miró y parecía irreal; sus mejillas arreboladas y los labios rojísimos, entreabiertos. El cuerpo entero de Yato pulsó en protesta de la distancia entre ambos, y la presionó sin miramientos en contra del muro. A ella le recorrió un escalofrío por la espalda cuando la pierna del joven reclamó un espacio entre las suyas y se sintió apretada contra él. Al recibir un nuevo beso, la sensación fue tan quemante que no pudo evitar morder ligeramente el labio superior de él, quien en respuesta gruñó casi silenciosamente y la besó nuevamente en el cuello, con fervor. Volvió a estremecerse al sentir la presión del cuerpo de Yato y lo incendiario del toque de las yemas de sus dedos, que estaban aventurándose bajo el borde de su blusa. En dos segundos se encontró sin aliento al sentir los nudillos de él pasando por su abdomen, tocándola con una suavidad casi dolorosa.
-Yato... -soltó, sin reconocer el sonido de su propia voz.
A través de la niebla blanca que era su mente en esos momentos, Yato se sintió incomodado por el claro impulso eléctrico que ése nombre pronunciado con tal voluptuosidad provocó en su físico y al mismo tiempo por el recuerdo fugaz de la cara equivocada, diciendo ése mismo nombre por última vez en circunstancias muy distintas. Yato se despegó, no sin inconformidad, del cuerpo de Hiyori, y sacudió la cabeza para aclararse las ideas.
-...¿Pasa algo? -Sugirió ella, casi con miedo, en un susurro. Yato ajustó sus ojos a la penumbra del cuarto y su boca se abrió para responder, pero no salió ningún sonido de inmediato. Sólo hasta que Hiyori lo miró preocupada y le peinó un costado del cabello con los dedos se atrevió a decir algo.
-No dejo de actuar por el mero impulso y esto podría ocasionarte muchos problemas, Hiyori. Lo lamento.
Por mucho que ella quisiera replicarle y decirle que se equivocaba, no podía. En efecto, era muy poco sensato dejarse llevar en ése momento. Volvió a ponderar el hecho de que había ido a verla casi a media noche, estaban en su habitación, a escondidas, luego de muchos días sin tener un momento a solas; la temperatura creciente del cuerpo de ambos como un recordatorio agonizante de lo que había estado a punto de comenzar. Se sintió vulnerable, ingenua, y al mismo tiempo muriendo por averiguar toda la gama de sensaciones nuevas que podía descubrir, teniéndolo tan cerca. Todo ésto la había puesto de un pésimo humor. Yato ahogó una carcajada al ver el puchero que Hiyori había puesto involuntariamente y le hundió el índice en una mejilla, cariñosamente.
-Creo que es mejor que me vaya. -Le dijo, con una sonrisa apenada. Al darse la vuelta para sacar sus zapatos de la bolsa de papel que había quedado olvidada en el piso del cuarto de la chica, se dio cuenta del inusual silencio de su parte, y preguntó, de nuevo tratando de no reír: -¿Qué pasa, Hiyori? ¡De cualquier modo nos veremos mañana!
La joven se movió a abrir la venana de su cuarto para dejarlo salir.
-Detesto cuando tienes razón. -Le dijo, secamente. Yato se colocó entre ella y el rectángulo al exterior, levantó su cara con ambas manos y la besó una última vez. Cuando la miró a los ojos, aunque no se lo dijo, Hiyori estaba segura de lo que estaba tratando de decirle. Y aunque la mirada que le regresó fue más bien una de frustración, también estaba segura de que él la había entendido. Colocó las manos sobre las de él.
-Ven a mi casa mañana. Tenemos que terminar esa última letra cuanto antes.
-Como diga, jefe.
-Eres muy graciosa. -Añadió, con sarcasmo, al darse la vuelta y salir, arreglándoselas para no mover ni una teja en el camino de regreso. Hiyori lo observó trepar por el árbol y saltar la barda hacia la calle.
Nunca se le iba a olvidar la sucesión de los tres primeros emperadores Edo, éso lo sabía con certeza.
"Por mucho que odie lo que estás haciendo, hermana", le dijo Masaomi al teléfono, mientras andaba lentamente por la banqueta que rodeaba la escuela, temprano en la mañana, "creo que si tienes una responsabilidad, lo menos que deberías hacer sería cumplir."
-No es precisamente sencillo tratar de explicarles qué estoy haciendo, hermano. -Le reprochó Hiyori, con energía.
"Tarde o temprano se terminarán por enterar. Es mejor que lo sepan de tí, directamente." Hiyori escuchó por la bocina el tintineo de su cuchara revolviendo dentro de su taza de café, y el frío pareció pronunciarse repentinamente. Deseó no haber salido del futon esa mañana.
-Pues contigo nunca se tuvieron que enterar... -divagó, acomodándose el cuello del abrigo y la bufanda.
"¡No gracias a tí, precisamente! Estuviste a punto de darme una muy buena trastada y todo por tu impert..."
-¿Vamos a discutir esto ahora? Porque en ése caso mejor te marco después de la escuela. -Lo frenó en seco su hermana. Sabía que había actuado de forma desesperada durante la cena de aniversario de sus padres, pero éso quedaba muy lejos del tema que le preocupaba en el momento. Masaomi suspiró.
"¿Qué quieres que te diga? Te lo dije: no tengo ningún consejo para tí, Hiyori."
-¡No lo sé! Una frase para empezar, sería buen comienzo.
"Queridos hermanos, estamos aquí reunidos para llorar la muerte de nuestra querida Iki Hiy..." dijo Masaomi, en un canturreo monótono.
-¡Estoy hablando en serio, idiota! -Contestó acalorada la chica, sacudiendo cómicamente su brazo libre, provocando varias miradas de los estudiantes que caminaban a sus alrededores.
La risa de su hermano al teléfono se transformó en un curioso cacareo.
"Ojalá pudiese firmar como tu tutor."
-Ojalá tu o Abuelita pudieran. Es más fácil hablar con ustedes. -Hiyori miró con pesadumbre la entrada de su colegio. -Ya llegué. -Le anunció a Masaomi.
"¡Destrúyelos!" le espetó él, con sarcasmo.
-Ojalá pudiera. -Contestó gravemente su hermana, y cortó la llamada.
Suspiró y atravesó el umbral, y de pronto fue como si se hallara en otra dimensión. Casi pudo sentir el toque suave de la barrera entre un mundo y otro. Afuera era un estudiante como cualquier otro. Dentro, el tiempo parecía no haber corrido desde que su impulso idiota la había conminado a saltar la barda para encontrarse con un completo desconocido. Si no lo hubiese hecho, quizá ahora sería un estudiante como cualquier otro, como aquéllos que limpiaban las ventanas a toda prisa o corrían de un lado a otro del patio tirando bolsas de basura. Su vida sería ordinaria, rutinaria, protegida entre los brazos cegadores de su madre y la presión de mejorar académicamente para tener acceso a una carrera universitaria, Dios sabría cuál. Nunca se hubiese unido a SHRINE ni hubiese freído su reputación gracias al maestro del club de música. Nunca hubiese descubierto aquella vida tan acelerada, ni lo apasionante de que una guitarra distorsionada a todo volumen le hiciera vibrar el costillar. Nunca hubiese conocido a Yato.
Recordó su arranque la noche anterior y los miles de otros momentos en los que había admirado su encanto y su gentileza, y el hecho de imaginarse siquiera no poder estar cerca de él le ocasionó un malestar doloroso que se extendió hasta su última falange. Se detuvo en seco antes de entrar a su edificio. Nada de lo que había tenido en su vida anterior, ni siquiera su tranquilidad o su impecable imagen estudiantil le parecía suficientemente importante para renunciar a todo lo que representaba aquél pequeño desliz de meses atrás. Sonrió, y entró al edificio con paso decidido.
El olor a limpiador del trapo con el que una estudiante limpiaba una ventana asaltó su nariz al pasar. Caminando despacio, escuchó por casualidad la conversación apresurada entre ella y un compañero que secaba lo que ella iba limpiando.
-¿Ya pensaste qué vas a llevar a la excursión de almuerzo?
-¡No puede ser! ¡Lo olvidé por completo! - se horrorizó el joven.
Hiyori recordó sus excursiones anteriores y lo mucho que se divertía junto a Ami y Yama. Un breve pinchazo de tristeza le asaltó el pecho.
-¡Eso está muy mal, Iida-san! ¿Te firmaron el permiso? -Comentó la estudiante que limpiaba la ventana, con una risita.
-¡No, carajo! ¿Hoy es el último día para entregarlo?
-¿Qué vas a hacer? -preguntó ella, con un poco más de alarma en la voz.
-Supongo... -Dudó Iida, y agregó en un casi susurro: -Supongo que puedo firmar como mi viejo... sólo tiene que verse creíble.
-¡Eres lo peor, Iida-san! ¿Qué harás si te atrapan?
-Ya lo he hecho antes. Nunca me han atrapado...
-¡Siempre hay una primera vez!
-¡No si cierta persona no me delata!
Mientras la otra chica le reprochaba a Iida por creerla capaz de tal cosa, Hiyori los observó entrando a su salón de clase, boquiabierta.
La campana sonó al mismo tiempo en el que su mente vio su próximo plan con tal claridad que de inmediato supo que era una idea espantosa.
Tan espantosa, que quizá funcionaría.
El parloteo alegre de Suzuha se detuvo junto con el andar de Yukine, abruptamente. Fuera de la estación más cercana al departamento de Yato siempre había tanta gente que el atisbo de segundos entre el mar de espaldas que le rodeaba no le sirvió para rastrearla con la mirada.
Ésa niña...
-¿Qué pasó? -Preguntó su amigo, confundido.
-Creí... -Empezó Yukine, tratando de no sonar paranoico. El corto cabello negro reluciente incluso bajo el cielo nublado del centro de Tokyo y los ojos negrísimos que brillaban como ascuas de segundos antes le habían inflamado el vello de la nuca con alarma, dejándole un mal sabor de boca al no poder volver a ubicar a la chica.
-¿Yuki? -llamó Suzuha, tocándole el antebrazo con preocupación. El calor de la mano lo ancló a la realidad y el pánico se deslavó poco a poco, como absorbido por la tierra. El rubio miró a su amigo a los ojos, que quedaban ligeramente más arriba de lo que recordaba. Suzuha estaba creciendo.
-Creí haber visto a alguien. -Musitó, tratando de hacer pasar desapercibido su tragar pesado y de no sonar alarmista cuando le dijo, atropelladamente: -Salgamos de aquí.
Yukine siempre admiró lo resoluto, perceptivo y discreto que podía llegar a ser su mejor amigo. En menos de minuto y medio ya estaban fuera de la vista de la concurrida estación.
-¿Crees que te haya visto? -Preguntó Suzuha, lanzando miradas calle abajo por encima de su hombro, para cerciorarse de que nadie les seguía.
-No lo sé... Quiero pensar que no... pero... -Dudó el rubio, enfocándose en llegar a casa de Yato cuanto antes. Suzuha puso su temor en palabras, despacio, haciendo muchas pausas para evitar incomodarle o asustarle más.
-¿Crees que ya hayan encontrado a Yato-san?
-Espero que no.
Luego de intercambiar una mirada preocupada, apuraron el paso. No se sentirían del todo tranquilos hasta no estar bajo techo y tras una puerta.
Yukine prácticamente corrió por el pasillo del quinto piso, pero su ansia de llegar se vio pisoteada por el formato blanco pegado en la puerta del 512.
Suzuha llegó instantes después, momento en el que vio la expresión mortificada de Yukine, la cual lo hizo arrancar la hoja de papel de la puerta de Yato. Yukine se acercó a mirar de nuevo el mensaje impreso en una letra diminuta, centrada en la página.
"El rey ha muerto.
Larga vida al rey."
-Hombre... -Comentó el castaño. -Esto es algo espeluznante.
Yukine se devanó el cerebro tratando de sacarle sentido a las palabras mientras trataba de sacudirse de encima el horrible sentimiento inexplicable de desasosiego que lo invadió.
Nora en la estación sólo podía significar una cosa.
-¿Qué hacen, enanos?
Ambos saltaron, sorprendidos, y dieron vuelta sobre sus talones. Suzuha escondió la nota detrás de su espalda. Yato los observaba con las llaves en la derecha y una gran bolsa de supermercado en la izquierda.
-S-sólo estábamos... -Balbuceó Yukine, a lo cual, un presto Suzuha dio medio paso al frente.
-¡Lo estábamos esperando! Nos sorprendió mucho no hallarlo en casa, Yato-san.
Yukine captó de inmediato la idea de su amigo, y añadió:
-¡Sí! ¿Qué te tomó tanto tiempo, idiota?
Yato los miró alternativamente con una ceja levantada con detenimiento. Finalmente se giró para poner la llave en la puerta.
-No deben ver ésa clase de revistas en público, mocosos. -Dijo el mayor, con un dejo de picardía en la voz.
Yukine se abalanzó a través de la puerta hecho una furia sonrojada.
-¡NO ES ESO EN LO ABSOLUTO!
Suzuha hizo una pelota con la hoja de papel y la tiró discretamente al cesto de la basura de la cocina al ir pasando.
-A veces me arrepiento de haber puesto ese estúpido estribillo antes de entrar al coro. -Lloriqueó Yato, llevándose otra patata frita a la boca. Sacudió las moronas del borde de la guitarra acústica que rasguñaba con pereza.
-¡Ah, vamos! Sólo son dos estrofas y terminamos. -Presionó Hiyori desde el teclado parapetado en la mesa baja, ocupando la mayoría del espacio.
Yukine miró al reloj, y balanceó con el extraño peso de otra guitarra acústica. Miró discretamente a Suzuha, que jugaba en su consola portátil con los audífonos puestos.
-Creo que yo debo irme ya. -Musitó, dudoso.
-¿Eh? ¡Pero todavía no terminamos! -Soltó Yato, perplejo. Cuando observó que Suzuha guardó la consola y los audífonos, volvió a quejarse con un tono particularmente molesto. -¡Yukineeeeee!
-¡De verdad no me necesitan para ésta parte! -Espetó el rubio, asqueado -¡De hecho podrías hacerlo tú solo!
-¡Pero quiero que me ayudes!
Suzuha y Hiyori se despidieron en voz baja mientras Yukine arrastraba a un Yato prensado de su pierna izquierda como un gato anormalmente grande.
-¡Quizá si apagaras el maldito celular podrías avanzar más rápido! -dijo Yukine, despidiéndose con un sonoro portazo, luego de una perorata de insultos.
Yato se quedó mirando la puerta como esperando que el chico volviera. Hiyori suspiró y recargó el codo en la mesita.
-¿Será que necesitaba ir a otro lado? -Caviló la chica en voz alta.
-Nah. -Bufó Yato, poniéndose de pie y regresando a su lugar en la mesa. -Yukine se fue porque no le gusta caminar a oscuras. Aún no pasan de las ocho.
Después de una interjección sorprendida, Hiyori rió un poco. -A veces olvido que tiene sólo un par de años menos que yo.
-Dentro de poco tendrá que entrar a la preparatoria. -Comentó el joven, rasgueando una y otra vez en la guitarra la parte faltante de letra, en espera de que algo le viniera a la cabeza.
-Crecerá para ser una persona admirable. -Respondió ella, con simpatía.
-No importa cuánto tiempo pase, seguirá siendo un mocoso para mí. -Repuso Yato, canturreando, a lo cual Hiyori cambió su instancia y se enserió.
-Pero muchas veces tiene razón. Como ahora.
La frase tomó desprevenido a Yato, quien la miró con ojos redondos de la sorpresa.
-¿Como ahora?
En menos tiempo de lo que le tomó tocar los acordes de la parte faltante, casi en automático sus manos habían buscando su nuevo smartphone (que aún no terminaba de configurar) y había ingresado a tres redes sociales diferentes. Hiyori lo miró, exasperada, esperando que notase el acto compulsivo en el que se había convertido tomar su teléfono.
-Debemos apagar las distracciones y terminaremos más rápido. -Antes de que Yato pudiese hacer nada, le arrancó el dispositivo de las manos y lo guardó en su mochila, apagándolo. Entre los balbuceos de su compañero, también apagó su propio teléfono y lo guardó al lado del otro.
-¿Me recuerdas por qué los presenté? -Se quejó el hombre, haciendo una mueca.
-Deberías escucharlo más seguido, Yato. -Aconsejó la chica, tratando de que no sonase a reproche. -Es un muchacho muy sensato.
Él se recargó en la pared, soltando un suspiro cansino. -Ya lo sé. -Murmuró. Hiyori le dejó continuar. -Junto a Yukine... -hizo una pausa, y corrigió la idea. -Junto a ustedes dos, cualquier camino que se nos atraviese, sé que lo podemos sortear.
Había soltado la frase casi libremente, con los ojos fijos en el techo. Escuchó, de repente, como alejado de todo, la voz clara de Hiyori cantando al ritmo de la canción la frase que acababa de decir.
Al sentir la intensa mirada azul de Yato sobre ella, fue casi inevitable dudar.
-No... no suena tan mal. -Hiyori quiso afirmarlo, pero el final de la frase salió como pregunta. Yato tocó la parte de la guitarra y cantó con suavidad.
-Trata con "los lazos que nos unen serán nuestra fuerza". -Sugirió. De inmediato conectaron con el coro. Yato, sin dejar que el sentido de alivio le invadiera, se apresuró a escribir el trozo de letra sobre la partitura, mientras su compañera trataba de aprender las palabras exactas junto al acompañamiento de piano. -Sigamos la misma estructura en el segundo coro faltante y ya está.
Hiyori retiró las manos de las teclas y trató de estrujar su cerebro en búsqueda de otra frase que quedara acorde al ritmo de lo que habían escogido.
-"Continuaremos peleando por este camino sin horizonte aceptando cargar con nuestras esperanzas..." -Musitó, canturreando.
-¡Qué profundo! -Se burló Yato, pero anotó la pieza definitiva. Pasó un par de veces más los ojos por encima de la partitura antes de darle dos golpes de canto contra la mesa, nivelando las hojas, para luego dejarlas en su sitio y estirar los brazos por detrás de la cabeza. Hiyori apenas y lo podía creer.
-¿Eso era todo? -Preguntó con incredulidad.
-¡Y en buena hora terminamos! Llevaba trabajando en esta varias semanas. -Argumentó él, y la miró con ojos chispeantes antes de levantarse. La chica lo siguió con la vista hasta que desapareció detrás de ella y escuchó el tintineo de porcelana.
Hiyori de repente se sintió inquieta. Había terminando trabajado demasiado poco para la considerable cantidad de esfuerzo que habían hecho entre varios, y de algún modo tenía la sensación de que estaba olvidando algo. Se sobresaltó cuando la mano de Yato posó una taza de té caliente frente a ella y se sentó a su lado, observándola con curiosidad.
-¿Qué te pasa? -Le preguntó el joven, burlón, palmeando su hombro con tanta energía que casi la manda de cara contra la mesa del kotatsu.
-¡Estás de buen humor! -Replicó Hiyori.
-Acabamos de terminar una canción que francamente estaba por tirar al escusado, ¡creo que es obvio que estoy de buen humor!
La chica lo observó con detenimiento. En verdad que era un sujeto muy extraño. Al darse cuenta de su mirada analítica, Yato sonrió profusamente y alcanzó los hombros de Hiyori con las palmas, sintiéndola hundirse un poco bajo su peso, y masajeó levemente con los dedos.
-¡Relájate, Hiyori! Todo este asunto te tiene muy...
-¡Auch! ¡Deténte! ¡Me duele! -La joven trató de alejarse del agarre enérgico del muchacho después de que le tronó el primer nervio, recorriéndole la espina retiró las manos, y luego de mirarla con preocupación durante unos instantes, se echó a reír. Lo cual ella no encontró gracioso. -¿Qué rayos te pasa? ¡Me lastimaste!
-¡Lo siento! -Soltó Yato, entre risas. Igual de repentinamente, la estrechó fuertemente contra sí. Hiyori terminó con la cara hundida en el pecho de el joven, respirando su aroma. Él continuó, pero con un tono de voz completamente diferente. -Lo siento, Hiyori.
-Eres un bruto... - masculló ella, con la certeza de que no la había alcanzado a escuchar, así como estaba, con la boca casi pegada a la tela de su jersey deportivo.
Con una suavidad contrastante con la aspereza de momentos antes, Yato acunó la cabeza de Hiyori entre los brazos, y acarició sus mejillas por encima de sus mechones de cabello hasta que se halló mirándolo a los ojos de nuevo. Él la miró con expresión soñadora, lo que la hizo sonreír. Le costó trabajo darse cuenta de cuándo habían iniciado el beso.
Yato se había pillado a sí mismo con la guardia baja. Los brazos cálidos de ella por debajo de sus brazos y posándose sobre su espalda lo encerraban en un mullido mundo del que no quería salir y al que se aferró como sus manos a los costados de la cintura de Hiyori. A pesar de lo escrupuloso que había sido hasta el momento, su cuerpo se regocijó al pasarle el brazo detrás de la cintura. Se detuvo cuando le costó trabajo seguir respirando con regularidad, pero se mantuvo muy cerca de los labios de ella, quien lo miró a los ojos con confusión empañada por algo que Yato reconocía muy bien, y se mentiría a sí mismo si negara que estaba a punto de ocasionarle un corto circuito de pura frustración: deseo.
Hiyori sintió la yema del pulgar de él recorriéndole una mejilla con una suavidad excruciante por encima de un mechón entrometido de cabello. Entendió que quizá no iba a recibir respuesta alguna de la expresión adorante de Yato, y simplemente se abandonó a la mano que la acariciaba, sujetándose de ella con la suya, entrelazando sus dedos por encima.
-Gracias por el té. -dudó, con un hilillo de voz. Pese a haber hecho su mejor esfuerzo, su intento de enmascarar la confusión y lo herida que se sentía después de sentir la evasión de parte de Yato resultó casi cómico, y el otro la miró con atención, aunque no atinó muy bien qué decir y se quedó con la intención muriéndole en la boca, que abrió y cerró un par de veces, luciendo como un pez bastante torpe.
Viéndolo sonrojarse de pura vergüenza, la chica suspiró con suavidad al enderezarse y terminar de entrelazar los dedos de ambas manos, tratando de ignorar el remolino de sensaciones corriendo por todo su sistema nervioso que ocasionaba Yato al acariciar con el pulgar la suave piel del dorso de su mano.
-A veces me gustaría saber qué piensas exactamente. -La voz de Hiyori fue casi tan suave como el susurro de dos telas al rozar.
Yato pensó con intensidad en su respuesta, tragando pesado. Sólo atinó a posar los labios sobre la mano de la chica y contestar con un murmullo, sin mirarla.
-Pienso mucho en cómo es posible que tenga tanta suerte.
Sus palabras la hicieron estremecer, y su corazón casi se detiene cuando Yato plantó un beso sobre sus nudillos. Al sentirla relajarse ante su toque, él desenlazó sus dedos y tomó su muñeca para poder besarle el dorso. Un efímero acento del perfume de Hiyori jugó bajo su nariz, y él lo persiguió con los ojos cerrados por la superficie de la piel hasta la palma de la mano de la chica, besándola de nuevo ahí, inhalando y bajando hasta su muñeca, en donde volvió a aspirar.
Una parte de su cerebro (la parte racional) le rogó porque mantuviese el control. La otra parte le recordó, patéticamente, lo difícil que era todo esto.
Ella tragó pesado. -¿No estás demasiado confiado? -Estaba segura de que su voz no era normal. Era imposible que sonara normal. Dudó volver poder a formular frases coherentes cuando los intensos ojos azules de Yato se fijaron en los suyos con mirada felina, acechante. Sin moverse un milímetro, él raspó la delicada piel de su muñeca con los dientes, en algo que apenas y podría haberse considerado como una mordida. Hiyori cerró los ojos, temblando, sintiéndose enrojecer de pies a cabeza, y los volvió a abrir para pescar la sonrisa torcida de Yato acercándose a ella con cautela.
-Cualquiera lo estaría si le dijeses que estás enamorada de él.
Ella quiso replicar, pero se dejó capturar por los labios de Yato, esta vez ardorosos. La agresividad y el aroma de su compañero le hicieron catapultarse al pasado, a ése primer beso invasivo y tóxico que había recibido en el aula de música contra su voluntad. No pudo evitar comparar ambas situaciones, aunque en realidad lo que Yato la hacía sentir no tenía absolutamente nada que ver con lo anterior. Yato era detallista al grado de que cada pequeño roce con los labios o los dientes se sintiera como el más afectuoso de los abrazos. Se sentía protegida. Lo saboreó y tenía un ligeramente acre sabor a tabaco. Se sentía amada. La mano en su cintura, posesiva como una garra, la llenaba de pensamientos ansiosos, y se preguntó, estremeciéndose, cómo se sentiría el toque de ésa mano contra la piel de sus muslos. Entrelazó sus brazos tras la nuca de Yato y enredó sus dedos en el cabello negro y sedoso.
Con una mano, se sujetaba a ella por la cintura, y con la otra se ancló al piso de tatami. La mano del piso tenía los nudillos blancos por la presión. Si se soltaba y abandonaba ambas manos a la deriva en el cuerpo de Hiyori, estaba perdido. No podía soportar los latidos de su corazón en los tímpanos y esa presión en el pecho que amenazaba con romperle el esternón. Su cuerpo entero rogaba por Hiyori, al punto en el que se estaba volviendo doloroso. Por su propia cordura, rompió con suavidad un beso que saboreaba en la lengua de la joven, inclinándose, frente con frente, dejando que su respiración recobrara su ritmo normal.
-Se te está enfriando el té.
Hiyori parpadeó estúpidamente, tratando de sacarle sentido a sus palabras. Mientras se las arreglaba para encontrar su voz en el desastre que era su cabeza, Yato posó un par de besos delicados en sus mejillas y en su nariz.
-Ya no... quiero té.
El joven estaba completamente seguro de que su espina dorsal había dejado de funcionar. Desfalleció sobre el hombro de Hiyori, envolviéndola en un suave abrazo. Era una frase muy simple, que sin embargo estaba cargada de significado. Yato sabía perfectamente lo que ella quería decir, porque él también moría por hacer lo mismo. Una risa amarga nació en lo profundo de su pecho, y Hiyori inclinó la cabeza ligeramente hacia su hombro, haciendo el suficiente contacto para hacerle entender que lo escuchaba. Yato habló en susurros.
-No me pidas que siga. Te lo ruego. -La abrazó un poco más fuerte. -Siempre he sido un imbécil. Esta vez quiero hacer las cosas bien. -Se enderezó de nuevo para mirarla a los ojos. El tono de súplica se hizo más evidente, y Hiyori sintió de nuevo el conocido apretón en el pecho. Estaba segura de que cada segundo que pasaba a su lado la hacía enamorarse más. -Quiero tener una cita normal contigo y besarte al dejarte frente a tu casa. -La besó, aunque para él hubiese sido más propicio suplicarle de rodillas. -Quiero ser un tipo decente antes de siquiera imaginar que puedo merecerte.
Hiyori lo tomó por las mejillas. Era una completa locura. -No quiero volver a escucharte hablando así de tí mismo nunca. -Y añadió, dulcificando la voz. -Necesitas tener más confianza en tí mismo, Yato.
Ambos se buscaron con la mirada, y él la atrajo de nuevo hacia sí por la cintura.
-No tienes idea de lo mucho que me he tratado de contener hasta ahora.
-No tienes por qué hacerlo.
-Hay cosas que muero por hacerte que te harían cambiar de opinión, Hiyori. No podrías verme como nada mejor que un cerdo.
Su frase la hizo estremecer, pero por una razón enteramente distinta. Lo besó repentinamente, con todo lo que tenía. Yato respondió al beso soltando un suspiro entrecortado, y Hiyori perdió la cabeza por completo.
La otra mano de Yato abandonó el tatami, y apresó la cintura de la chica junto con la otra. Saboreó sus labios, corrió por todo el interior de su boca, respirando a la par, compartiendo el oxígeno. Pasó lentamente a dejar besos plantados a lo largo de su mandíbula hasta el cuello y la oreja, escuchándola respirar con más dificultad con regocijo, y jadear cuando apresó su lóbulo entre los dientes. Hiyori dejó una mano en el cabello de su amado, tratando de besar con torpeza su cuello expuesto, el otro brazo sobre el de él, trazando patrones sin sentido sobre su hombro con las uñas. Al sentir cómo le besaba el cuello, descendiendo lentamente sobre ella, ésa misma mano se dirigió a su pecho y, en un acto de espontáneo valor, bajó el cierre del jersey del joven. Al exponer la camiseta blanca de Yato, su aroma se volvió el único aire que podía respirar, y todo comenzó a sentirse lejano, difuso, sublime. Hiyori se imaginó que quizá así se sentiría estar ebria.
Por un instante, Yato trató de convencerse a sí mismo de retroceder, pero su mano temblorosa lo desobedeció y jaló uno de los extremos del corbatín de Hiyori, desatándolo. Con extrema facilidad desabrochó también los dos primeros botones de la camisa de la chica, quien con ése simple movimiento ya estaba a medio camino al cielo. Los labios de Yato sobre su clavícula se sentían sorprendentemente frescos, propiciándole un siseo agudo instantes después, al sentir el borde de sus dientes enterrándose en la piel. El joven colocó una mano en la cabeza de Hiyori antes de volver a besarla con fervor y empujar, llevándola a recostarse en el piso. La admiró durante un momento, recargado en su codo, recortando su sombra proyectada por el foco sobre de ella, incendiando aún más sus mejillas. Sus ojos bajaron despacio por todo su cuerpo y se quedaron estancados en su abdomen, donde la camisa había decidido salir de debajo de su falda y abrirse al final, revelando un poco de piel. Por puro impulso, Yato llevó los dedos ahí y repasó la línea de la bastilla, antes de aventurarse un poco debajo, inseguro.
El contacto con su piel le hizo explotar la cabeza. Hiyori jadeó al contacto de su palma en su abdomen por debajo de la blusa, anticipando emocionada el momento en el que Yato comenzaría a subir; sin embargo él se detuvo después de desabrochar el primer botón de abajo. Confundida y frustrada por la duda de su compañero, Hiyori tomó la mano de Yato que reposaba bajo su cabeza y la colocó sobre su propia mejilla, de inmediato sintiendo humedad. Incómodo, Yato trató de retirarla.
-Perd... Disculpa, Hiyori, tengo las manos... me sudan un poco cuando...
No pudo terminar. La joven lo tomó por la nuca y lo jaló sobre sí misma, besándolo con fervor. Yato le correspondió de inmediato, y el cuerpo entero de Hiyori se electrizó por dentro, haciéndola juntar las rodillas con ansiedad. Lo necesitaba más cerca. Quería que la tocara. Antes de poderse confundir a sí misma con el conflicto entre lo que deseaba y lo que era correcto, recordó lo que Yato le había dicho acerca de ser capaz de decidir hasta dónde llegaban las cosas. No le hizo falta armarse de mucho valor para deslizar la mano del muchacho de su mejilla, hacia uno de sus pechos. Escuchó de repente el gruñido de Yato, y el cosquilleo se intensificó al doble.
Él se despegó de los labios de ella, y jadeó contra ellos, mirando abajo dos instantes, con incredulidad. Hiyori no había retirado la mano de encima de la suya, y le otorgó, no sin extrema dificultad, otros dos instantes de duda antes de masajear ligeramente su pecho con la mano. Posó su intensa mirada en los labios de ella, capturando un silencioso gemido que le incendió cada terminación nerviosa. Tres botones más tarde, masajeó ambos pechos por encima del sostén. Estaba soñando. La besó, silenciándola. Las manos de la chica volaron hacia su abdomen, por debajo de su camiseta. Arrugó el entrecejo por el cosquilleo que mandaba fuego a todas las partes de su cuerpo y volvió a besarla en la clavícula, bajando poco a poco, volviéndose loco al escucharla respirar con dificultad.
Sintió con un dejo de vergüenza la evidente humedad que se había acumulado en su ropa interior, y trató de sacarle el jersey a Yato con dos ligeros jalones. Después de eso, todo comenzó a pasar muy rápido. Yato se quitó el jersey con violencia y en vez de arrojarse sobre ella, la puso de pie y la guió al fondo del apartamento, cerrando tras de sí la puerta corrediza. Afuera brillaban las luces de la ciudad con suficiente intensidad para iluminar suavemente sus siluetas en la penumbra. Hiyori se deshizo de su saco y su camisa abierta, recostándose en el futón, y pudo admirar el torneado abdomen del chico arrodillado frente a ella al sacarse la camiseta. Aprovechó su distracción para pasar los dedos por sus pectorales y sus abdominales, provocándole un gruñido más intenso al besarlas un par de veces, tímidamente. Él le retiró las manos, impidiéndole seguir, y la aprisionó sobre el futon, con las manos arriba. Se sintió desfallecer cuando la besó de nuevo en los labios y bajó a lo largo de sus brazos, hasta aterrizar de nuevo en sus pechos, erizándole la piel.
-Dime si quieres que pare. -Ronroneó Yato en su oído.
-No pares. -Jadeó.
Las manos del hombre bajaron por su abdomen y buscaron el broche de su falda. La liberó de ella con un deslizar firme, y volvió a subir con las manos por toda la longitud de sus piernas, demorándose dos segundos más en sus muslos. Si no estaba delirando, estaba segura de que Yato la estaba olfateando.
-Hiyori... -lo escuchó murmurar, y acto seguido sintió de nuevo las manos sobre sus pechos y el peso de la cabeza del joven entre ellos, aspirando. Su cerebro tardó un poco en asimilar el intenso placer subsiguiente de Yato besando la parte expuesta y turgente de sus senos, y besando por encima de la tela de su sostén. Los espasmos de electricidad corrían por a través de sus venas, depositándose en el vientre de ella, mientras se retorcía con avidez debajo del peso de Yato. Velozmente llevó una mano a uno de sus glúteos para apretarla contra sí, pelvis con pelvis. El contacto cálido de ambos les nubló la mente por un segundo, mientras un agradable calor se les esparcía por la piel. Yato aún llevaba el pantalón, y aún bajo de él era perfectamente discernible, más aún haciendo contacto contra ella en una parte tan sensible, un bulto tan firme que casi rayaba en lo doloroso.
Soltándose de los pocos hilos de control que le quedaban, Yato empujó un poco con la cadera hacia la cama de Hiyori, acercándose milimétricamente. No estaba ni la mitad de cerca de ella que deseaba estar en ese instante. El ligero gemido de ella ante sus acciones excitadas se transformó en una sonrisa tímida, tras la cual se mordió el labio inferior y pasó una mano tras ella hacia su espalda. El sostén se aflojó considerablemente, y antes de siquiera atreverse a voltear, Yato la besó tiernamente una, dos veces, y se alejó de ella para poder sacarse los pantalones deportivos junto con el boxer. Ambos se quedaron en silencio, Yato con un ligero ardor en las mejillas mientras Hiyori lo observaba con adoración. Era la primera vez que veía a un hombre desnudo en estas circunstancias, y curiosamente resultó muy distinto a lo que había creído que sería, llena de risas tontas y un sentimiento de incomodidad. Incorporándose, se acercó a Yato, impulsada por la curiosidad y el deseo de hacerlo sentir bien. Extendió los dedos hacia su erección, y antes de tocarlo lo miró dudosamente a los ojos. La mirada de amor inmenso que encontró en la cara del joven le dibujó una pequeña sonrisa en los labios, y lo tomó con delicadeza entre los dedos. Yato soltó un suspiro al sentirla acariciarle a todo lo largo y detenerse dos segundos más en la punta, ante lo cual jaló aire entre los dientes, siseando. Prestando mucha atención a lo que le gustaba, Hiyori acarició la suave cabeza con los dedos, recolectando una gota transparente de humedad y esparciéndola sobre el mismo punto. Otro siseo, más intenso, salió de entre los labios de Yato, quien estaba empezando a sudar frío. Le temblaban las rodillas.
-Mierda, Hiyori... -Espetó, tomándole las manos, empujándola de nuevo sobre el futon, donde le arrancó el sostén.
-Yato... -Musitó la joven, sintiéndose muy vulnerable bajo su mirada de depredador, que la recorría de arriba hacia abajo.
Por dos breves instantes, la mente de Yato hizo mutar la cara de Hiyori en la de alguien más, y sacudió ese pensamiento tomando sus pechos a manos llenas. La voz de la chica inundó la habitación, y su amante no pudo más. Ella aún llevaba sus bragas, contra las cuales él embistió con su cadera, sintiendo la humedad de la tela.
Más.
Le lamió los pechos y tomó uno de sus pezones con los labios y luego entre los dientes. Ella gimió su nombre.
Más.
Una mano en uno de los pechos de Hiyori. Su Hiyori. Amada Hiyori. La otra se aventuró debajo de su pantaleta, arrastrándolo al borde del abismo al sentirla húmeda.
Más.
Se detuvo al sentir los dedos de Hiyori de nuevo alrededor de su miembro, que pulsaba en anticipación. Una ola de placer le recorrió la espalda.
Esto no era distinguido. Seguramente su madre y todo mundo desaprobaría su comportamiento. Esto no era elegante; lejos de ello. Era puro, básico, enloquecedor. Y se sentía tan bien, y quería más de una manera tan desesperada que olvidó todo, olvidó su trasfondo, su historia, su entorno. Sobre de ella solo estaba la piel quemante de Yato. Su Yato. Sus hermosos ojos azules se cerraron por la manera en que ella lo estaba tocando, con la boca entreabierta. Quería hacerlo sentir incluso mejor que esto. Ése mismo espasmo la recorrió a ella cuando los dedos de él recorrieron el espacio entre sus piernas, llenándose de humedad. Le costó trabajo reconocer su voz detrás del gemido de placer que soltó involuntariamente cuando Yato trazó un círculo suave sobre la parte más sensible de su entrada.
-Yato... -lo llamó, y el tiempo se detuvo cuando sus bragas descendieron por sus muslos. Tragó pesado al verlo abrir una bolsita metalizada y poner el contenido en su lugar.
Al ver su mirada aprensiva, Yato se volvió a colocar sobre ella, y sin tocarla casi, repartió besos demasiado dulces en sus mejillas, en su nariz y en sus párpados, haciéndola reír, enternecida.
-No tenemos... ya sabes... no hay prisa. -Susurró él. Entendiendo la preocupación en su mirada y también medianamente fundida de ternura, Hiyori envolvió las piernas alrededor de la cadera de su amado, haciéndolo caer contra ella. Su miembro reposó entre sus piernas con comodidad, y el calor la hizo perder la cabeza casi por completo. Lo miró a los ojos.
-Quiero esto. -dijo con sinceridad, y él la besó con pasión, enterrándose en su cuello instantes después. Yato buscó su miembro con la mano y lo guió hacia su entrada, empujando con suavidad.
-Dime si... -se tomó un instante para recobrarse. -Necesitas que me detenga... -Las palabras murieron en su garganta al no poder contener más el impulso de hundirse en ella. Lo hizo con toda la suavidad que pudo, y el mundo se destruyó para los dos.
Hiyori gimió al sentir su cuerpo amoldándose al de Yato, quien soltó un rugido grave cuando el espasmo de calor lo recorrió nuevamente, pulsando en los lugares adecuados. Prometió tomárselo con calma, pero estaba probándose sumamente difícil. El siguiente embiste fue más rudo y más rápido de lo que había calculado, pero el lloriqueo de Hiyori le regresó la confianza.
Ella tuvo que recordarse respirar cuando Yato comenzó a penetrarla más rápido. Sus caderas comenzaron a chocar con las de él a ritmo, sintiendose llena de estática blanca que crecía conforme su amado la llenaba. Yato se aferró a su espalda como si su vida dependiera de ello, y la besó, acallando sus gemidos, mandándola cada vez más cerca del límite cuando lo escuchaba gruñir de placer.
El momento era hermoso y perfecto. Ninguno quería nada más que la persona en sus brazos.
Yato la embistió, esta vez con violencia.
Blanco.
-¡Yato!
Cerca de su límite, Yato se detuvo por un instante y le dedicó un susurro jadeante a su amada, mirándola a los ojos.
-No... ése nombre... está mal.
Confundida, Hiyori empujó su cadera contra él, quien soltó un gemido agudo. De repente entendió. Recibió otra embestida de él, y lo llamó en voz baja, con timidez.
-Ya-Yaboku...
-¡Maldición, Hiyori! -Gimió, abrazándola y acelerando el paso. Era mucho para soportar, y Hiyori juró que podría morirse.
-¡Yaboku!
El nombre lo llevó más cerca del límite de lo que creyó, y balbuceó algo similar al nombre de la joven.
Blanco.
-¡Yabo..! -El espasmo dentro del cuerpo de ella al terminar con un grito, hizo que Yato se derramara de inmediato, gimiendo una octava arriba de su voz normal. Embistió un par de veces más, prolongando su agonía, hasta que finalmente se dejó caer al lado de ella, viendo estrellas, universos, y la cara llena de placer de su chica, que jadeaba no muy lejos de su alcance. La envolvió en un abrazo protector.
Hiyori arrojó los brazos sobre el torso de él, completamente segura de que era el mejor día de su vida.
Una gota se deslizó por el interior del cristal empañado. Las luces de la ciudad titilaban en colores que ambos jamás habían visto antes.
450 tazas de café después, heme aquí con 17 páginas de texto y MÁS DE 10,000 PALABRAS. Me tomó dos meses actualizar, (WOW PERDÓN) pero finalmente terminé esta bestia de episodio.
¿Qué opinan? Estoy nerviosa respecto al lemon, no quería caer en algo de mal gusto así que creo que me reprimí y terminé jugando con muchos eufemismos que a la larga me tomaron más tiempo. Sé que había dicho que ya lo tenía hecho, y sí, pero lo volví a escribir porque varias cosas ya no concordaban y también porque me gusta sufrir, lo admito.
Déjenme sus tomatazos en los comentarios y prometo verlos mucho antes esta vez. Muchas gracias a todos los que me siguen hasta ahora. ¡En verdad son lo máximo!
