¡Hola a todos!... Espero que estén muy bien, ya es viernes fin de semana para descansar. No me alargo mucho, simplemente les agradezco a todos por su apoyo y sus mensajes, al igual que por su paciencia, les tengo una noticia, pero la dejo para el final. Por el momento disfruten!
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Cap. 23: Escape/rescate
- Estás seguro de que quieres ir solo, me parece una tontería – le decía Miroku la noche antes del día dispuesto en la nota.
- Ha pasado mucho tiempo, no quiero imaginarme lo que el malnacido de Naraku puede haberle hecho a Kagome y…
- Pero ir solo… - le recordó Miroku no muy convencido.
- Él tiene razón Taisho – intervino Kouga – Al menos él y yo podríamos cubrirte la espalda.
- Ya hice mal contándoles, no los voy a llevar… voy solo…
- ¿No encontraste nada de Sesshomaru? – preguntó en cambio Miroku, era mejor no seguir con el tema.
- No… - masculló – Sus propiedades están limpias, nadie sabe donde está…
- ¿Nadie?
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- ¿Tienes a mi hermana acá? – preguntó mirando para el segundo piso de apartamento.
- Estamos juntos, aún no podemos irnos de la ciudad – contestó Sesshomaru.
- Inuyasha está enfadado, desde que desapareciste con ella nadie le ha visto, dicen que está hecho una furia – dijo Kikyo entrando a la oficina de él – Se suponía que yo estaría con él…
- Ahí no puedo hacer nada Kikyo, no puedo engatusar a mi primo por ti – dijo él sonriendo.
- No entiendo que tiene mi hermana… ¿Estás enfrentando al duque por ella?
- Quiero ser el duque…
- Lo siento mucho por ti, pero mientras Inuyasha viva no será así… - le dijo despectivamente – Dale saludos a mi hermana… - Salió de la oficina sola dejando a Sesshomaru en ella.
- Disculpe, señora… - una joven la interceptó en un pasillo antes de que logrará salir.
- ¿Qué quiere? – preguntó mirándola.
- Es usted la hermana de la joven – preguntó la muchacha, un tanto pálida y desgarbada, vio Kikyo.
- ¿Qué quiere? – mantuvo su pregunta.
- Ella está mal, está… enferma…
- Pues llame a un doctor… - iba a continuar, pero la joven la detuvo.
- No entiende, no la dejan ver de nadie… esta… - miró a todos lados y susurró – Secuestrada…
- ¿Qué? – Dijo sorprendida – Debe de haber un error…
- No lo hay, su hermana está secuestrada – dijo ella – Tiene que ayudarla… Ella está encinta…
- ¿Embarazada?
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- Traje algo para que coma señora – la criada entró en el cuarto con una bandeja, Kagome la miró, ya era un rostro conocido y amable - ¿Cómo se encuentra?... – miró su vientre y Kagome se llevó una mano a él, la verdad no veía que hubiera crecido, pero estaba muy mareada y vomitaba cada mañana.
- Bien, supongo… - suspiró cansada – ¿Puede soltarme?
- Lo siento señora, pero no puedo volver a hacer ese mismo nudo, el señor lo notará – aseguró ella – Será un problema para usted y para mi…
- ¿Lo conoces a él?
- El señor Dumais… trabajo para él… - dijo la mujer.
- Creo que entonces no te diré que me ayudes a escapar – sonrió con cierta melancolía.
- Lo siento señora – dijo la joven – Traté de pedirle ayuda, su hermana ella estuvo acá y le expliqué…
- ¿Kikyo? – dijo sin poderlo creer.
- Le dije que estaba secuestrada y encinta – le explicó – Me dijo que estaba loca y se marchó…
Estrangularía a Kikyo, podría ser su hermana, no, su hermanastra, no le debía nada a ella. Si fuera en lugares opuestos, ella la habría ayudado. No podía creerlo.
- Está bien… muchas gracias – sonrió a la joven quien esperó sentada a un lado - ¿Y dónde está él?
- Sal y déjanos… - la puerta se abrió, pero esta vez no era Naraku, era Sesshomaru, era la primera vez que iba a verla - ¿Cómo has estado?, que feo Moreton el de tu rostro, le diré a Naraku que tenga cuidado, no quiero una condesa con cicatrices…
- Estás loco…
- ¿Lo estoy? – Dijo él haciéndose el ofendido – Sólo regreso las cosas a su curso normal, mi padre debió ser el duque no el padre de Inuyasha… Pero bueno, yo debí heredar cuando Inuyasha desapareció…
- Te hubieran quitado todo en cuanto el apareciera…
- Lo hubiera matado… - dijo con simpleza – Como haré justo ahora… y luego tú y yo nos casaremos y yo seré el duque.
- No me casaré contigo…
- Claro que lo harás…
- No firmaré nada… - le dijo ella.
- Inuyasha no firmó nada la primera vez y mírate, eres la duquesa; no tendrás que firmar nada y yo seré el duque…
Le hubiera encantado decirle que no lo sería, que había un heredero en camino, pero no quería alentarlo a que hiciera nada más.
- Creo que lo mejor es que descanses, no iremos antes de la madrugada… verás por última vez a Inuyasha… Y luego todo será como debió ser…
Quería llorar, las lágrimas se estaban agolpando en sus ojos con demasiada frecuencia durante esos últimos días, tal vez era el embarazo, ya había aceptado que lo estaba y se sentía feliz, pero a la vez no podía gozar de aquello en plenitud.
- Señora… ¿No va a comer?... – preguntó Kana, la duquesa no la escuchó llegar.
- No tengo hambre – se le había ido el apetito.
- Tiene que descansar, me pidieron despertarla antes del amanecer…
- Lo sé…
- Ya está tarde… te traeré un té para que…
- Kana, sal de aquí…
Por segunda vez esa noche, alguien interrumpió, está vez era Naraku. Kagome se sentó de golpe en la cama y lo miró. Kana se quedó tiesa en su sitio.
- ¿¡No escuchas!... ¡Que salgas he dicho! – la tomó del brazo y trató de sacarla, pero la mujer se resistió un poco.
- ¡Señor!... Espere, no le haga nada, señor…
Kagome se tensionó al escuchar las palabras de la mujer. Naraku no había vuelto desde que la había golpeado en el rostro y ahora que se fijaba en él se veía bastante enfadado, la cicatriz en su rostro se veía más marcada de lo normal y el pánico en la voz de Kana, le dijo que él no planeaba nada bueno.
- ¡De cuándo acá puedes decirme lo que debo o no hacer! – le gritó a en francés a Kana mientras la arrojaba a un costado de la habitación - ¡Lárgate he dicho!
- Señor… ¡Señor!... – gritó por última vez cuando este la arrojó fuera.
- ¿Me has extrañado cariño?
Había algo en su mirada, algo gélido y tenebroso a la vez. Kagome se arrinconó contra la cama y lo miró desde su sitio.
- ¿Qué quiere?...
- Despedirme de ti… - con movimientos lentos se fue soltando los botones de su camisa blanca, dejando al descubierto la cicatriz del lado izquierdo de su cuerpo – Va hasta abajo, no es nada bonito… Bueno en realidad nada será bonito de aquí en adelante.
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- Todas las propiedades de Sesshomaru están vigiladas y ninguna está ocupada por él o por alguien – dijo Inuyasha mirando las ubicaciones en el mapa – Debe estar quedándose en algún lado, pero dónde…
- Ya hubiéramos sabido si hubiera rentado una casa en los últimos días… - dijo Miroku, estaba acompañando a su amigo hasta que fuera hora de ir a los muelles.
- Tal vez algún lugar se nos ha pasado por alto… - volvió a mirar el mapa, fijó su vista en Saint James's, allí era donde había sido visto Naraku, tal vez si era cierto…
- ¿Qué es esto? – preguntó Miroku tomando un sobre de encima de la chimenea.
- Lo trajo mi abogado la semana pasada – dijo Inuyasha – Son propiedades que pienso vender y otras que él quería saber si iba conser… - continuó mirando el mapa - ¡Saint James's!... ¡Dios soy un verdadero idiota!... – corrió hasta donde Miroku y le quitó el sobre de las manos, lo abrió y comenzó a mirar de papel en papel - ¡Aquí está!...
- ¿Qué? – Miroku se acercó al mapa, Inuyasha buscaba un punto en los sectores de Saint James's mientras miraba el documento.
- Cuando Sesshomaru vino a la ciudad a vivir con nosotros, mi madre dijo que debería darle un lugar de soltero, compré un apartamento en Saint James's y Sesshomaru vivió allá durante un par de años, hasta que se mudo a donde está actualmente… - explicó mientras seguía buscando – El lugar está a nombre de Myoga, mi abogado, el firmó el papeleo e hizo la compra a mi nombre… Nadie ha vivido ahí por años…
- Por eso no nos pareció sospechoso cuando investigamos el sector, encontramos el apartamento a nombre de tu abogado
- Sesshomaru es el único que ha vivido allá… Tal vez… solo tal vez… - musitó para el mismo – ¡Es aquí!
- Señor, una joven lo busca, dice que sabe de la señora… - Entró Totosai intempestivamente, ambos lores se miraron y corrieron a la entrada, allí encontraron a una joven vestida humildemente estrujándose las manos nerviosa.
- ¿Qué es lo que sabe?
- ¿Usted es el esposo de la señora? – Inuyasha asintió y trató de controlar sus nervios, la mujer tenía un feo cardenal cerca a su ojo derecho – Ella está en… el numero 23 de Saint James's…
Inuyasha ya sabía eso, había acabado de descubrirlo.
- Lo mejor es que vaya ahora mismo, el señor… Dumais… Vaya ahora y ayúdela…
El pánico que vio en su mirada fue suficiente, las cosas no estaban bien para su Kagome.
- ¡Totosai pide mi caballo!... – el mayordomo se esfumó en el acto – Miroku ya sabes que h
acer…
- Toma… - dijo el conde pasándole un arma que guardaba en un bolsillo de su frac.
- Tengo una…
- Nunca sobran… - Inuyasha la recibió y corrió a la entrada donde su caballo ensillado lo esperaba, sin dudar ni un segundo se lanzó a todo galope – Totosai, lleva a la joven a que le revisen la herida y ayúdala en lo que necesite, no la dejes ir… - susurró a lo último – Mantengamos esto con discreción… Yo pediré mi caballo solo, gracias…
El anciano mayordomo aceptó y se llevó a la joven con él.
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- ¡No me toqué!...
Cuando Naraku estuvo lo suficientemente cerca, sacó los pies bajo su vestido y le dio con todas sus fuerzas en el rostro. Había convencido a Kana que le desatara los pies, así era más fácil su traslado al baño y más cuando tenía tantas nauseas e iba cada tanto tiempo.
Dumais no vio venir el golpe, sino hasta que sintió como caía a un lado de la cama golpeándose en la cabeza en el borde. Kagome aprovecho los segundos para correr hasta el baño y encerrarse en él, en un minuto todo estuvo en silencio, espero con la espalda pegada a la pared, al fin… ¡Un golpe!
- ¡Abre la puerta maldita zorra!... ¡Ábrela!... – gritaba Naraku al otro lado, la puerta temblaba con cada golpe, afortunadamente parecía fuerte, pero no duraría toda la vida.
Caminó por el cuarto de baño, debía haber algo que pudiera usar, debía soltarse las manos, si soltaba sus manos podría salvarse. Pero no, las cosas no iban a ser fáciles, había solo toallas, trapos, nada que le sirviera. Miró el espejo colgando frente a ella, maquinando en su cabeza con rapidez, movió la pequeña escalinata para entrar en la bañera de cobre y la acercó al espejo, se subió de espaldas y después de empinarse un poco logro tumbarlo de su sitio. El ruido del espejo no apagó el sonido de los gritos de Naraku ni de la puerta temblando en su sitio.
Sin darle importancia a sus pies desnudos y a los trozos del espejo clavándose en ellos, busco uno pedazo afilado, algo para romper las cuerdas, cuando finalmente lo halló, la puerta resistió lo último y se abrió.
- Ya me cansaste cariño – masculló Naraku en la entrada.
Kagome soltó un grito cuando este se acercó a ella, trató de salir corriendo, pero este logró cogerla y arrastrando de los cabellos la llevó hasta la cama.
- ¡Suéltame!... ¡Suéltame! – gritó mientras forcejeaba con él, el peso de su cuerpo grande contra el de ella la dejo casi inmovilizada, pero continuó peleando… no se dejaría por él.
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Cuando llegó a Saint James's aceleró el galope de su caballo, el numero 20… 21… 22… ¡Finalmente!... 23…
Justo cuando se acercaba un individuo subía las escalas frontales, conocía la figura de Sesshomaru, este giró al escuchar el ruido producido por el caballo. Pero cuando volteó a ver se encontró con el puño de Inuyasha en su rostro.
- ¡¿Dónde está? – Preguntó agarrándolo del cuello y estrellándolo contra la puerta - ¡Te voy a matar!
Sesshomaru finalmente reaccionó y trató de devolverle los golpes, pero el primero lo había dejado desorientado e Inuyasha estaba demasiado enojado, así que se vio en el suelo recibiendo varias patadas, Inuyasha sacó una de sus armas y la apuntó a su primo quien lo miraba con el rostro sangrante en el suelo.
- ¡Suéltame!... ¡Suéltame!
Inuyasha miró al segundo piso de la casa y cambió la dirección de su arma, apuntó a la cerradura de la puerta y esta se abrió, Sesshomaru se arrastraba bajando las escaleras, el ruido de cascos de caballo llamó su atención y reconoció la figura de Miroku a lo lejos. Sin dudarlo más entró.
- ¡Quédate quieta!
Le dio un golpe en el rostro, pero eso no la desmotivo, por el contrario, cuando sintió las manos de él levantando sus faldas y aflojando su cinturón, dio un fuerte tirón con sus manos que sangraban y la cuerda se soltó. Aún con el trozo de espejo aferrado en su mano derecha, sacó sus manos tras su espalda y le enterró el trozo justo bajo su ojo izquierdo.
- ¡Maldita perra!... – masculló Naraku en el suelo retorciéndose.
Kagome se colocó en pie en la cama y rebuscó bajo sus faldas, finalmente enganchada al liguero, encontró el arma que había guardado la noche de la fiesta, no lograba desengancharla con las manos atadas a su espalda y no confiaba en Kana para decirle que la usara ella.
- Me las vas a pagar
Naraku se levantó del suelo, era imposible ir a la salida, pero ahora tenía un arma y la iba a usar si era necesario. El rostro de Dumais sangraba horriblemente, él había sacado el trozo de espejo y casi parecía que ojo fuera a salirse, si no era que ya no le serviría para nada.
- ¡No te muevas o disparo!... – le gritó de pie sobre la cama, sabia usar un arma, su padre le había enseñada hacía muchos años.
- No, no lo harás cariño… no eres una asesina… - le dijo mientras se acercaba a la cama, Kagome se movía al lado contrario de él.
- ¡Quédate ahí! – gritó una vez más.
- ¿¡Quieres disparar!... hazlo entonces, no amenaces y hazlo… - le decía mientras sonreía con malicia, él estaba jugando con su mente, Inuyasha le había hablado de aquello – No puedes disparar… ¿Sabes por qué?... No eres una asesina…
- Ella no, pero yo sí… - Naraku se giró a la nueva voz, Kagome pudo saltar de la emoción en la puerta estaba Inuyasha, tan alto y guapo como siempre.
- Ah… pero si no es nada más ni nada menos que Inuyasha… Estaba aquí con tu esposa y se puso un poco agresiva – dijo señalando la herida en su ojo – Creo que no es muy… - Cuando el sonido rasgo el aire Kagome gritó.
- ¡Ya, ya tranquila! – los brazos de Inuyasha la rodearon y Kagome se dio cuenta de que había sido un disparo el ruido.
Inuyasha miró el cuerpo de Naraku en el suelo, un disparo en el centro de su frente, no iba a darle tiempo de nada, no estaba para juegos, él se había metido con Kagome y él simplemente le había metido una bala en el cerebro.
- Ya está bien… - susurró para Kagome quien sollozaba en sus brazos - ¿Estás bien?
- Sí… yo… - todavía tenía el arma encerrada en sus manos – No pude…
- No eres una asesina… - murmuró contra sus cabellos a la vez que le quitaba el arma de las manos – Vamos a casa cariño…
- ¡Inuyasha! – un apresurado Miroku entró en la habitación empuñando un arma - ¿Tú hiciste ese desastre? – preguntó mirando a su enemigo en el suelo.
- Solo el disparo en su frente – tomó a Kagome en brazos, quien se acurrucó contra su pecho y lo abrazó.
- Bien hecho Kagome – dijo Miroku mirando la herida en su ojo – Tenemos a Sesshomaru… - Inuyasha asintió.
- Encárgate
En esos momentos no quería nada más que ir a casa con su esposa, abrazarla y si era posible encerrarla donde nadie jamás la lastimara.
En casa los esperaba un doctor, quien se encerró con Kagome y su madre en la habitación, dejándolo a él. Su mayordomo lo convenció de que se cambiara las ropas y apenas notó que tenía sangre en sus manos y en sus botas, era de Sesshomaru.
- Las heridas son superficiales – dijo el doctor una vez vendo sus pies – Los cardenales se irán un par de días – le aseguró – Puedo darle un poco de láudano si quiere descansar su Excelencia…
- No… - contestó Kagome mientras era arropada en la cama – Yo… - en ese instante recordó que había algo que debía decir - ¿Dónde está Inuyasha?
- Fue a cambiarse a sus antiguas habitaciones – dijo Izayoi acariciándole la mano – Vendrá en un momento.
- No, dile que venga ya, por favor – pidió a su nana y a la madre de Inuyasha.
- Pero tienes que descansar cariño… él… - trató de convencerla Kaede.
- ¡Inuyasha!... ¡Inuyasha!
- Su excelencia – el doctor la miró preocupado - ¿Segura que está bien?... Es posible que…
- ¡Estoy bien!... Estoy magnifica, sólo quiero que venga Inuyasha, ¡Inu…
- ¡¿Qué pasó?... ¿Estás bien cariño?... – un Inuyasha a medio vestir, con tan solo un pantalón entró en el cuarto por una puerta lateral - ¿Qué pasa? dime, dime
- Estoy embarazada… - le dijo sonriendo y con los ojos llenos de lágrimas.
- ¿Qué? – preguntó él sin dar crédito a lo que escuchaba - ¿Cómo?
- Mmmm… su excelencia, los bebés generalmente – comenzó el médico a hablar.
- Sé como… - le cortó las palabras - Es que… ¡Kagome!... ¡Vamos a ser padres! ¿Por qué no había dicho? – le dijo al doctor.
- Lo siento su excelencia, apenas y me entero, si me permite revisarla…
- ¡Pues hágalo hombre! – jaló al doctor de un brazo y lo acercó.
Un par de minutos después el doctor dictaminó que en verdad había un embarazo y que todo estaba en perfecto estado. Izayoi se abrazó con Kaede, pues entre Inuyasha y Kagome no había mucho espacio.
- Un bebé… - musitó mirando a Kagome quien sonrió – Es increíble… digo lo creo, pero… Un bebé… ¡Mamá voy a ser papá! – gritó a su madre quien asintió emocionada - ¡Papá!...
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A la mañana siguiente y como ya todo el mundo se esperaba la noticia del secuestro de los cómplices y de Dumais se expandió como una plaga. Todo el mundo hizo llegar miles de flores a la mansión Lancaster, con notas de recuperación para la duquesa, quien había pasado por semejante trauma.
Los periódicos tenían titulares sobre la muerte de Dumais y el escándalo de Sesshomaru Taisho en prisión, de inmediato todo el mundo comenzó a especular sobre la rivalidad entre el duque y su primo y como éste tenía bien merecido estar tras las rejas por tratar de secuestrar y tratar de matar al duque más importante de Inglaterra. La corona no dio tiempo a esperar sentencia y fue enviado a las colonias de Nueva Gales del Sur, a pagar sentencia en las islas usadas como prisión, de allí no saldría nunca.
Kagome terminó de leer la prensa y la dobló y dejó a un lado, ya estaba harta de leer sobre el asunto.
- Creo que me volveré alérgica a las flores – dijo mirando los múltiples ramos en la salita, esa era la tercera sala en la que los metían, ya habían dos llenas de flores, sin contar la entrada – Y a las noticias…
- Pronto nos iremos a Knighton Hall – le dijo dándole un beso en los cabellos – La Temporada terminó y no regresaremos si no hasta que el bebé haya nacido…
- Eso suena maravilloso, no quiero saber nada de Londres en un buen tiempo… - musitó Kagome acurrucándose en el diván junto a Inuyasha, no la había dejado sola ninguno de los días posteriores a su rescate.
- Concedido
- Inuyasha…
- ¿Mmmm? – musitó mientras enredaba uno de sus dedos en un rizo de ella.
- Kikyo, ella…
- La criada de Naraku… Kana… ella me lo dijo – sabia a que se refería, a que su propia hermana no la había ayudado – No va ir a la cárcel, no tenía nada que ver con Naraku, aunque ayudó en tu secuestro…
- Puede que me haya traicionada y metido en todo este embrollo, pero es la única familia que me queda, no quiero verla tras las rejas…
- No, no la verás tras las rejas – dijo Inuyasha – Pero tampoco la verás nunca más… Fue exiliada…
- ¿Qué?
- Se le condenó al exilio por traicionar a un par del reino, fue enviada a Irlanda…
- Irlanda… - musitó Kagome haciéndose a la idea, no le dolió, ni siquiera sintió lastima por ella, no lo haría por alguien que le había dado la espalda y que no le interesaba que estuviera esperando un bebé.
- ¿Cuándo anunciaremos que tenemos un bebé en camino? – preguntó Inuyasha tocándole su vientre.
- ¿Quieres mas revuelo y más flores?
- Quiero que todos sepan que tengo una esposa maravillosa y un bebé en camino… - contestó él haciéndola sonreír.
- Su excelencia… El señor Myoga está aquí…
Ambos se enderezaron en el asiento e Inuyasha se puso de pie para recibir al abogado.
- Inuyasha… - entró el anciano, siempre había sido el abogado principal de la familia.
- Myoga… - saludo a anciano con una abrazo.
- Su excelencia, no sabía si traerle flores, así que traje bombones – dijo el anciano extendiéndole la caja, ella sonrió agradecida al anciano.
- Muchas gracias, señor Myoga – dijo antes de lanzarse a comérselos.
- ¿Tienes lo que te pedí?
- Fue un poco complicado, es la primera vez que requiero algo como esto, no creo que nadie haya sacado alguna vez un documento de ese tipo – dijo el anciano extendiéndole un sobre largo y amplio.
- ¿Puedo preguntar qué es?
- Claro que sí cariño… Es algo así como una licencia…
- ¿Para qué? – preguntó sin entender mientras desenvolvía un nuevo chocolate.
- Nos vamos casar…
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¡Están cordialmente invitadas chicas! Jajajaja! Hay boda en mi historia.
Espero que les haya gustado el capítulo de hoy, lo que les quería comentar, era que este es el "PENULTIMO CAPITULO"… Eso significa que el próximo será el final y más tarde tendremos un pequeño epilogo para cerrar la historia. Muchas gracias a todos, dejen sus mensajes, comentarios y demás. Les mando un abrazo, Nos leemos!
