De Cómo Cenicienta Se Quedó A La Mitad Del Camino–

No se trataba sobre cuentos de hadas con finales rosados de "y vivieron felices por siempre", de los que les contaba su abuela por las tardes, después de hacer la tarea, cuando era niña y que no era posible que pasaran en la vida real. No. No era cuestión de dejar de creer en sus sueños de Cenicientas y Bellas Durmientes rescatadas por el Príncipe Azul. O tampoco sobre como imaginaba, sería conocerlo. O de cómo quería que sucediera todo eso que desde pequeña le inculcaron con tanta devoción, como a toda buena niña le dicen. Conocer a su príncipe azul. El primer beso. El primer amor.

Todo eso era de ensueño. Y ella quería vivirlo. Creía que lo viviría, tarde o temprano, sus ojos verían convertidos en realidad sus sueños que soñaba con anhelo todas las noches. Y si, sabía, que la realidad de la vida era dura y que quizá lo que quería no se cumpliría al pie de la letra, que algún inconveniente resultaría de toda la experiencia, pero que al fin y al cabo, lo que más deseaba se volvería realidad y esa realidad sería de fantasía.

La cuestión era que, la realidad no podía ser fantasía. No, no había cavidad para semejante cosa de antología, porque en la realidad las cosas sucedían como tenían que suceder. En los cuentos, había madrastras malvadas que envenenaban manzanas, hermanastras más feas que las brujas con verrugas y con más maldad que nadie, y los caminos hacia el castillo, aunque fuesen andados en carruajes tirados por corcel, estaban plagados de cardos y espinos, que picaban y manchaban, hacían sangrar. Ningún cuento de niñas bien portadas decía esas cosas, porque no podían desilusionarlas. Lo bueno sería que mejor lo hicieran. Así, ya todas cuando crecieran supieran a lo que se atienen al querer un príncipe encantador.

Porque en algunos, pocos —muy pocos— (sólo el suyo), el dichoso Príncipe Azul se negaba a serlo, aunque desde siempre ese era su papel, no importaba que desde un principio, antes de que ella supiera quien era, ya lo hubiera elegido como su príncipe y el condenado príncipe se negaba a serlo. Porque era necio, más terco que una mula, más cabezota y pedazo de alcornoque que cualquiera de los cabezotas y pedazos de alcornoques que existiesen sobre la faz de la tierra, sin ofender.

¿Y qué jodido Príncipe Azul se negaba a interpretar el papel que le correspondía? Sólo ese que tenía sentado a su lado, con cara de pocos amigos, frunciendo la boca, rezongando por lo bajo, como si estuviera orando, llevando los insultos de lo más mínimo a lo exasperante, con ganas de meterle un calcetín en esa gran bocota para ver si así ya se callaba.

Bueno, su príncipe elegido no tenía mucho de eso. No llevaba armadura ni iba sobre un caballa blanco, ni mucho menos ahora tenía algo de encantador, pero sí algo de azul. Un azul que no era el nombre pero sí las puertas de su alma, porque eran dos y brillaban con tanto fulgor, aún más con ese coraje que llevaba encima y que lo hacía parecer más chistoso de lo que se veía, y que esos ojos que contenían su azul eran suyos, suyos y de nadie más.

Ya estaba. Había conocido al mentado hombre que la encandilaría con una sola de sus miradas, con una palabra, con un gesto, con lo que él quisiera. También se podría decir que las mariposas que revoloteaban allá bajo, en su estómago, con una velocidad espeluznante y que en ocasiones lo sentía desaparecer por lo esquizofrénicas que eran, y que el latido del corazón se le disparaba hacia el infinito y más allá y que sentía como si un rayo pasara cerca de ella y la hiciera ver miles de estrellas que brillaban y brillaban y no dejaban de hacerlo, era lo más parecido al amor, entonces ella ya había completado los dos primeras fases de intento de cuento de Cenicientas muy azuladas y de Bellas Durmientes muy rosadas. Sólo le faltaba el primer beso.

Pero de pronto, Hermione se encontró a si misma abrazando a alguien muy, muy alto para ser lo que ella creía abrazar, con las manos de ese alguien sobre su cintura, reteniéndola y con los labios de otro príncipe estampados sobre los de ella, con un sabor a cerveza de mantequilla y pastel de frambuesa, un sabor que no era el correcto, porque su príncipe correcto no era el que ella besaba ni el que quería besar.

Entonces, la realidad la golpeó de golpe y se dio cuenta de que eso no era lo que quería, y le dieron ganas de llorar, porque el cuento de hadas se había quedado a la mitad del camino y no se podía remediar, porque ya estaba jodido, muy jodido.

Su primer beso no había sido con Ron. Como ella deseaba desde hace mucho tiempo sino con Viktor Krum. Y vale, tendría que admitirlo. No besaba tan mal, al contrario, en un momento se llegó a emocionar un poquito, porque el chico sabía lo que hacía y como convencerla, pero no eran los labios suaves, con sabor a menta y chocolate que ella pensaba tendrían los del pelirrojo.

Viktor la miraba, expectante. Y las ganas de llorar volvieron, porque no era el príncipe indicado, el que ella quería, el que tenía enfrente era el de alguien más, no el de ella. Pero no pudo decir ni hacer nada, excepto regresar al castillo junto a él, despedirse y marcharse a su habitación, para poder maldecir lo que se le antojara.

De todas formas, el primer beso no quitaba al primer amor. Porque Ron era su primer amor y el único que tendría. Eso, Viktor no podría robárselo, nunca.


Hallo, people! Yes, I'm back, again. Porque ya era justo y necesario xD, me escuché como los padrecitos dicen en misa xD, well, eso no importa, esta viñeta me vino por estos días a la mente y hoy me puse teclearla, no podía parar, aunque me dan ganas de ahorcar a Krum por haberle robado ese beso a Ron, porque ese beso era de él y me dolió que su primer beso de Hermione no hubiese sido con el indicado sino con otro xD, but, su historia no podía ser perfecta, porque en todos lados hay bueno y malo. Okay, ya no me extiendo tanto, sólo que dejen reviews, comenten, díganme que les gusta y qué no, alguna viñeta, momento que quieran que escriba, ustedes digan, yo lo hago, tomo opiniiones en cuenta, eso es lo más importante, que opinen.

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Atte.

MadameeDelacOur 29/08/10