Prompt: X. A flash of anger.

Fandom: Final Fantasy VI (Square Enix)

Personajes: Kefka Palazzo

+ Peligroso +

Siendo sinceros, yo lo quería muerto, bien muerto, ahogado por su propia sangre y saliva mas teniendo forzosamente que negarme ese placer, se me ocurrió hacerle algo igual o peor que la muerte...

Me constaba o sabía gracias al hojeo de los documentos presentados junto con su acceso que no se trataba de un soldado común, arrastrado y acogido a fin de servir o recibiendo este deber a modo de indulto por la traición cometida a manos de su progenitor. No, él provenía del pequeño grupo de jóvenes ingresados con la esperanza de seguir los pasos de papá o en casos aún más patéticos, a fin de hacerle sentirse orgulloso. Me reí de lo lindo al tirar la carpeta de fino cuero con cada documento repleto de información a la basura, mis propias carcajadas llenando el silencio del despacho, pues si se creían que eso iba a bastar para favorecerle, tratarle medianamente bien se equivocaban o haciendo el esfuerzo de dedicarle una indulgencia que nunca he tenido.

El tiempo hablaría y habló muy claramente.

Tampoco le traté peor que a a la mayoría. De haber sido más cauto y menos fanfarrón hubiese sido otra cara más en la larga fila en la que parar, observar y continuar con la comprobación de asistencia a las sesiones de entrenamiento pero no, una vez me alejaba él aprovechaba toda ocasión para fijar su atención en MI muñeca, aún habiéndola posicionado apartada de los muchachos en la fila que le hubiese correspondido siguiendo la lista por la primera letra de sus apellidos. Evitando tentaciones en caso de que fuese ella la causante voluntaria o involuntariamente de alguna.

Pero lo más indignante no fueron sus furtivas miradas, no, lo más insultante fue descubrir que su interés hacia Terra, mi Terra, crecía impulsándole a tener mayor acercamiento a ella.

Sin una exigencia de su presencia en mi despacho o notas que informaran de un castigo a ejecutar como hubiese sido el procedimiento a seguir opté por el elemento sorpresa. Curiosamente, lo que tenía en mente se asemejaba a una actividad de preparación en caso de caer en manos del enemigo ejecutado en soldados sin previa información hasta que en los últimos años hubieron muchas quejas, considerándose inhumano. Precedido por la presión, Gestahl acabó por ceder y ese ejercicio se quitó del programa aunque yo sé que le molestó bastante acorde con su pensamiento. ¡El descubrimiento fue magnifico!

Se convirtió rápidamente en una afición con mi deseo de perfeccionar las tácticas, permitiéndome dar rienda suelta a mi creatividad pues por poco que me gusté decirlo, al principio resultó algo arriesgado llevar al sujeto hasta un lugar apropiado.

Tenía tantas ideas que elegir una y ceñirme a ella no fue sencillo pues bien había tantas formas de comenzar el juego. Atarlo era un deber, aún con la gruesa puerta de hierro cerrada, el corderito haría cuanto estuviese en su mano por escapar aunque así no habría espectáculo al ver algún penoso intento de fuga. Mis ojos ascendieron al techo y la decisión fue tomada, mordiendo el labio posterior con el superior mientras una imagen cobraba nitidez en mi subconsciente. El correr de encarnado fluido cayendo y en su caída tiñendo el suelo bajo el cuerpo colgado, trazando formas ambiguas rojizas. Puntos extra si se hacía pis encima como el desgraciado ese... Cuyo nombre ni recuerdo ni merece la pena ser dado.

Me llevó un rato atarlo para luego dejarlo suspendido como era debido. La excitación provocaba que mis dedos temblaran mientras anulaba las cuerdas a sus tobillos lo suficientemente fuerte. Lo que hubiese necesitado el uso de una silla u otro hombre era superable gracias a la magia, flotando alcance en un abrir y cerrar de ojos el gancho de hierro acoplado al techo por el que atar el lado libre de cuerda. Una vez bien atado, deje caer el resto con el soldadito quedando colgado igual que un pelele. ¡Abrupto despertar para el muchacho!

-Sshh... Juguete. -Le silencié posando una mano enguantada sobre su boca, sus ojos desorbitándose, el grito ahogándose al perder su voz. -Reserva tu voz para lo que va a venir. -Agregué contra una de sus orejas agarrándolo con la otra mano por la cabellera.

Sabía que en el instante que me girase y me dirigiese a la tosca mesa de madera en la que una selección de instrumentaría especialmente pensados para torturas me esperaban él intentaría deshacer mi nudo, tomando entre mis dedos una taza de simple elaboración ladeando un poco la cabeza al volverme observé con satisfacción sus esfuerzos. Reconocí para mis adentros que esos tiempos de caza con el Emperador al menos habían valido para algo.

-No te canses, no vas a poder deshacerlo. Lo he hecho especialmente para ti, con extra de cariño. -Le comenté burlón, avanzando hacia él, automáticamente volvió a dejarse caer, su rostro enrojecido por la frustración y el empeño. -Para que veas que en el fondo no soy tan malo, te ofrezco una bebida antes. -

Cosa que él rechazó girando su cabeza con energía al aproximar la taza a sus labios. Levantando una fina y dorada ceja, me carcajeé meneando la cabeza, apenas emitiendo ruidosas carcajadas sino todo lo opuesto mostrándole ambas filas de mis dientes, antes de proceder a obligarle agarrando su cabeza con fuerza y sacando ventaja del grito que escapó de su boca para verter el contenido dentro. Entrecerrando los ojos no me ande con más cortesías y tomando otra cuerda até sus manos.

-Pero si prefieres que lo sea, lo seré... -Le hice saber apretando la cuerda hasta un punto que podría originar un cese de circulación. -¡Vayamos al grano pues! -Exclamé echándole el resto del brebaje por la cabeza y tirando la taza vacía cuya colisión con la solida pared la dividió en múltiples pedazos sonoramente.

En pocas zancadas llegué nuevamente hasta la mesa con el material, mis ojos pasando de un objeto a otro veloces chispeando de ilusión y la sonrisa retorciéndose. ¿Qué fue lo primero que hizo con mi muñeca? Oh sí, seguramente la miró razoné tomando uno de los alargados objetos, el que me pareció más indicado para clavar en cada uno de sus expresivos ojos. Dejando escapar una nueva risilla, escondiendo el arma, regresé al centro donde él estaba fingiendo no temblar a fin de encubrir la intranquilidad causada por mi risa.

¡Oh como brillaron al ser revelada el punzante arma! Una imagen que recordar sumido en la oscuridad en la que iba a dejarle. Con un fluido movimiento de la mano que lo sostenía, la punta incidió en el centro, justo en la redondeada pupila expandiéndose de horror, el dolor en tan sensitivo amplificado por la droga que le había hecho tragar, la húmeda superficie circular pronto impregnándose de rojo. Su grito, música para mis oídos, una nota que se alargó hasta quebrarse al sacar el causante del dolor con crudeza. Sus lagrimas teñidas de igual color que el fino metal extraído. Aunque con el otro ojo tuve que mantenerlo abierto con ayuda de dos dedos debajo y por encima de éste, sucedió lo mismo.

Lo siguiente era silenciarlo. Estaba absolutamente convencido que más de un sencillo e inofensivo saludo se habría atrevido a ofrecer a mi preciosa Terra. El tajo en su lengua podía haber sido ejecutado con el mismo elemento que limpiaba con un trapo pero eso hubiese sido demasiado apresurado, demasiado benévolo, no compensaría todas y cada una de las palabras formuladas lo que me llevó a elegir otra arma menos eficaz en su corte. Recuerdo que entre mis dedos acaricié al principio sin mucha precisión la hoja sobre la húmeda y gruesa carne, aumentándola a cada caricia. La sangre mezclándose con la ya rosada superficie. Otra sensitiva zona a juzgar los ruiditos que producía el muchacho mientras yo tiraba insistentemente de su lengua para que no la ocultase.

La siguiente suposición hubiese provocado que directamente le arrancase cada dedo de cuajo. El mero pensamiento bastaba para encenderme, todo el espacio a mi alrededor calentándose peligrosamente, me negaba a formar una imagen en mi cabeza o eso hubiese despertado a las llamas. Retorcerlos y quemar sus yemas tendría que bastar.

Con desgana me ocupé de que no se desangrará vendando sus ojos y forzándolo a mantener en el interior de su boca otra tela blanca antes de liberarlo totalmente y abandonarlo a su suerte cual animalito sin hogar por alguna zona de la vasta Vector. Más allá de eso no me importaba si acabaría por ahogarse o no, en mi pensamiento estaba usando una piedad inmerecida.