Bueno advertir que el capitulillo es un poquito más largo que los anteriores, pero es que tenía que ser así.

Espero que os guste y no aburriros demasiado jeje^^


Capitulo 25

Quistis caminó presurosa por aquel pasillo descubierto que unía el ala de habitaciones con el pasillo principal y su característica forma circular.

Al oír sus nombres por megafonía, una inquietud la invadió. Lo primero que vino a su mente fue que el personal de Esthar había hallado una solución, pero al instante, esos pensamientos fueron literalmente aplastados por la negatividad que últimamente, se hacia mas presente en la instructora. Así que en su mente solo flotaba la idea de que algo había ido realmente mal y que no habían hallado ninguna solución. Tal vez no volvía a ver a ninguno de ellos, no volvería a ver a Seifer, jamás. Su corazón comenzó a latir de manera insistente, golpeando una y otra vez contra su pecho, cerró los ojos con fuerza intentando borrar cualquier pensamiento negativo y empezó a correr hasta que su cuerpo impactó con algo justo en las escaleras del hall.

- Quistis: ¡Zell!, lo siento, no te…

- Zell: ¡Corre! –la interrumpió-.

Fue lo único que dijo el artista marcial antes de arrastrarla literalmente de la mano escaleras arriba. Cuando llegaron al ascensor, Zell pulsó el botón repetidas veces de manera nerviosa.

- Quistis: Zell, ¿quieres tranquilizarte? –dijo la instructora cogiendo la mano del chico y apartándola del botón-.

- Zell: No puedo ¿vale? –contestó algo agresivo para después volver a pulsar el maldito botón nervioso-.

Tras unos segundos, que a Zell parece ser que se le hicieron interminables, llegó el ascensor. Ambos chicos montaron y pronto llegaron a la puerta del despacho de Kramer.

Zell, una vez más, aporreó la puerta nervioso, como si fuese incapaz de controlar su propia mano. Quistis al instante, lo zafó del brazo y con una mirada casi asesina, le indicó que se tranquilizase. Ese chico tan inquieto había conseguido ponerla mas nerviosa de lo que ya estaba.

Cuando Shu abrió la puerta comprobaron que Irvine y Selphie ya se encontraban allí y sus caras en ese instante, eran bastante indescifrables.

Laguna se acercó a los chicos y los guió hasta donde se encontraban los demás. Un sin fin de aparatos, cables, papeles y botones de diferentes colores inundaban el despacho, mientras que cuatro hombres con batas blancas caminaban de un lado a otro en lo que parecía una comprobación de datos. Elleone se encontraba justo al lado de Irvine, hablando de algo que la joven instructora no supo adivinar. Selphie por su parte, miraba todo aquello con sus ojos abiertos al máximo, mientras se contenía para no tocar nada.

Cuando todos estuvieron juntos, Kramer llamó la atención de los allí presentes.

- Kramer: Bien chicos, esta es la situación. –Comenzó a hablar-. Estos hombres de aquí, son los científicos que han estado investigando los sucesos de esas criaturas. Por eso Laguna los ordenó venir hasta aquí. –Explicó invitando a los científicos a presentarse antes ellos-.

- Irvine: ¿Habéis conseguido algo? ¿Hay algún plan? –preguntó adelantándose un par de pasos impaciente-.

- Laguna: Tranquilos, venid por aquí –guió a los jóvenes hasta una maquina al fondo del despacho con forma de láser gigante-.

Todos los allí presente los siguieron hasta la misteriosa maquina y una voz grave comenzó a hablar tras ellos.

- Profesor Claréense: Bien muchachos –habló dirigiéndose a los cuatro chicos-. Evitaré explicaros todo lo que estáis viendo aquí e iré al grano. –Dijo colocándose en el centro, al lado de la maquina-. Hemos conseguido aislar la energía que dejó la grieta espacio-temporal que abrió el sujeto numero uno.

Los cuatro jóvenes levantaron una ceja a la vez, en un gesto confuso.

- Laguna: El sujeto número uno es Yinna –aclaró el hombre con su sonrisa habitual-.

Los muchachos giraron para ver a Laguna que hablaba tras ellos y asintieron a la vez, para luego girarse de nuevo y prestar atención a ese tal profesor Claréense.

- Profesor Claréense: Bien, el caso es que con esa energía y esta máquina que tenemos aquí –dijo frotándola con cariño-, conseguiremos abrir de nuevo esa grieta. Así podréis traer de vuelta a vuestros compañeros.

- Quistis: ¿Así de fácil? –preguntó escéptica extendiendo las manos hacia delante-.

- Selphie: Espera, espera, espera… -protestó adelantándose hacia el profesor-. ¿Dónde se supone que nos llevará esa grieta? ¿No sabemos donde están ellos? ¿Y si no los encontramos? –preguntó de manera atropellada-.

- Profesor Claréense: Esa criatura vive de sus propias ilusiones, todo lo que hace, lo hace con la mente. Y esa grieta, no es una excepción. Esta creada también con su mente y al analizarla hemos conseguido aislar parte de memoria y con estas formulas –explicaba mientras les enseñaba un par de papeles llenos de garabatos que el hombre afirmaba ser formulas-, averiguaremos exactamente donde se encuentra los sujetos-.

Las caras de todos eran de un desconcierto total, sus cejas levantadas al máximo y sus bocas entreabiertas, esperando que aquel hombre se explicase mejor.

- Profesor Claréense: ¡No importa! –exclamó algo exasperado al ver las caras de los chicos-. Yo soy el científico y vosotros los soldados ¿No? Pues solo tenéis que pasar por la grieta que abriremos en unos minutos y traer de vuelta a vuestro compañeros –resumió quitando importancia a los interminables y complicados datos técnicos que explicaban el funcionamiento de la maquina-.

- Irvine: Bien, pues hágala funcionar de una maldita vez –ordenó el vaquero de manera urgente-.

- Profesor Claréense: Calma muchacho –sonrió acompañando sus palabras con un gesto de sus manos-. Hay un problema. La energía que hemos aislado no ha sido demasiada y solo podremos abrir la grieta un par de veces. Este aparatito –dijo señalando con su dedo índice una pequeña pantalla con una serie de rayitas verdes, situada en la parte superior de la maquina-, marca la cantidad de energía. Cuando todas la rayas desaparezcan, no habrá manera de volver a abrirla, nunca más.

Los jóvenes se quedaron con semblante serio y cruzaron miradas de preocupación. Tal vez no conseguían traerlos de vuelta o tal vez se quedasen allí atrapados, sin poder volver, pero era un riesgo que tenían que correr.

- Zell: No nos importa, usted simplemente ábrala –dijo con prisa-.

Fue en ese mismo instante cuando la voz del director irrumpió tras ellos. Todos se giraron al reconocer aquella voz que habló en tono serio.

- Kramer: Hay otro problema –dijo sorprendiendo a todos los que se encontraban en el despacho-. No os dejaré ir a todos, alguno tendrá que quedarse –explicó clavando la mirada en cada uno de ellos-.

Los cuatro chicos se quejaron al unísono sin entender porque esa reacción de repente.

- Kramer: No pienso correr el riesgo de perderos a todos.

- Zell: ¿Da por hecho que vamos a fracasar? –preguntó dolido-.

- Kramer: Yo no he dicho eso, pero es posible que no salga bien y no puedo dejar que el jardín se quede sin ninguno de los mejores Seeds que existen ahora mismo aquí-.

Todos mantuvieron miradas esquivas, entendiendo perfectamente lo que quería decir. Eran de los mejores y el jardín les necesitaba también.

- Kramer: Tendréis que elegir. –Dijo finalmente-.


Las tres criaturas se desprendieron de las molestas túnicas dejando a la vista aquellos repugnantes cuerpos de pieles grisáceas y amoratadas y con gran rapidez arremetieron contra ambos muchacho.

Seifer y Squall pegaron sus espaldas el uno al otro y con actitud defensiva comenzaron a girar intentando cubrir visualmente todo el área de batalla.

Aquellos seres empezaron a lanzar haces de luz que iban a parar directamente a los cuerpos de los muchachos, haciendo que estos se separasen. El primero de todos fue directo hacia el joven comandante, que con un rápido movimiento de su cuerpo, consiguió esquivarlo sin problema alguno. Éste impactó directamente en la pared del fondo haciendo un profundo agujero y dejando caer una pequeña avalancha de piedras y escombros.

Los chicos cruzaron miradas de preocupación para después dirigir la vista a las criaturas. Cuando los ojos de ambos bandos se cruzaron, los rayos empezaron a atacarlos sin tregua y lo único que pudieron hacer es correr para esquivarlos, si no querían acabar con un boquete en su cuerpo como el que había aparecido en la pared. Corrieron por toda la estancia, intentando no perder la vida al principio de la batalla. Seifer podía escuchar, entre el ruido ensordecedor de los rayos, como Yinna reía de manera casi enfermiza. Por su parte Squall, esquivaba aquellos haces de luz sin apartar la vista de Rinoa, que al parecer, intentaba de nuevo soltarse de su amarre, pero Squall supo que eso sería imposible, la joven cada vez estaba mas débil y apenas le quedaban fuerzas para luchar.

De repente esos rayos cesaron y ambos muchachos intentaron recuperar el aliento como pudieron, sin bajar la guardia. Volvieron a juntar sus espaldas y repararon en que las criaturas los observaban con sonrisas triunfantes, mientras se acercaban con pasos lentos hasta ellos. Yinna y sus dos hermanos se habían apartado y miraban la pelea divertidos.

Squall solo podía respirar de manera agitada, mientras la herida del vientre seguía manando sangre con lentitud. Notó la gran espalda de Seifer en la suya propia y como su respiración era igualmente agitada.

- Seifer: Estas cosas no parecen que vayan a rendirse –dijo en voz baja al comandante-.

- Squall: No tenemos demasiado tiempo, si la sangre llega a esa criatura estaremos perdidos –dijo con preocupación-.

Los muchachos separaron sus espaldas y colocándose uno al lado del otro cruzaron una mirada de complicidad entendiéndose a la perfección. Fue entonces cuando con gran rapidez y destreza arremetieron contra los tres enemigos que tenían justo delante. Seifer y Squall corrieron a la vez hasta ellas y con un sablazo en diagonal de arriba abajo atacaron sin remordimiento alguno. Un desconcierto absoluto se hizo presa de los chicos cuando sus armas impactaron directamente con algo metálico. Tras esos segundos previos al ataque, en el que la adrenalina nublaba sus mentes, regresaron a la realidad, viendo con horror que las criaturas habían parado ambos ataques con unas cuchillas que sobresalían de sus brazos. Fueron esta vez las criaturas, aprovechando la incertidumbre del momento, las que comenzaron a atacar con rápidos movimientos de sus brazos, haciendo retroceder a los muchachos y de nuevo acorralándolos contra la pared del fondo.

Sus movimientos eran ágiles, rápidos y certeros. El chocar de las hojas metálicas retumbaba en toda la estancia y el olor a sangre comenzó a extenderse por la gran sala.

Squall retrocedía sin remedio alguno, viendo como su enemigo ganaba terreno de manera rápida. Entre sablazos pudo fijar la mirada un instante en su compañero que peleaba como podía contra los otros dos seres. El corazón se le encogió cuando vio como una cuchilla del brazo de esos seres, pasaba a escasos milímetro de la cara de Seifer. Éste, en un acto reflejo, se echó hacia atrás evitando el corte pero cuando volvió a su posición se agachó ágilmente y girando sobre si mismo propinó un corte en la pierna de su atacante. La criatura se dobló y aulló de dolor dejando así que Seifer, recuperase algo de terreno. El joven rubio, al comprobar que una de esas cosas bajaba la guardia, tuvo tiempo suficiente de atacar a la otra. Un cambio de posiciones tuvo lugar cuando Seifer llevó su arma contra el enemigo y ésta lo paró con su brazo derecho. Seifer, ejerciendo la máxima fuerza sobre la cuchilla del brazo, la hizo girarse quedando ahora ésta, contra la pared.

Squall seguía parando golpes sin dejar de prestar atención a su compañero que parecía haberse recuperado de los ataques. Fue entonces cuando observó que la criatura herida se había levantado e iba directa hacia Seifer quien, concentrado totalmente en la pelea, no había reparado en ello.

El joven comandante bajó la guardia cuando vio aquello y no se percató de que una de esas cuchillas iba a parar directamente a su cuello. No supo decir cuanto tiempo transcurrió, pero el instinto de supervivencia hizo que parase esa cuchilla a tiempo, después con una agilidad pasmosa, giró sobre si mismo y quedando de espaldas a la criatura, empuñó su espada hacia atrás, clavándola profundamente en el abdomen de aquel ser de piel grisácea.

Rápidamente sacó su espada de esa carne putrefacta y corrió hasta Seifer llegando a tiempo de parar el nuevo ataque que iba directo al joven rubio.

Squall con su espada en alto y aguantando la fuerza que su nuevo enemigo estaba ejerciendo contra el, vio como el ser al que le había clavado su arma se descomponía en el suelo, convirtiéndose rápidamente en cenizas.

- Seifer: ¡Gracias, Comandante! –rió de manera generosa mientras blandía su arma con movimientos rápidos-.

- Squall: De nada -contestó confuso, ya que todo había pasado en cuestión de segundos-.

Las cosas habían cambiado y los chicos creían tener la situación algo más controlada. Ahora, eran uno contra uno.

Seifer y Squall se habían acostumbrado a esas criaturas y en el corto periodo transcurrido desde el comienzo de la pelea, habían aprendido como peleaban esos seres. Parece que los haces de luz solo los lanzaban a largas distancias por lo que debían mantenerse siempre cerca de ellas.

Parece que ahora el combate estaba igualado, cuando parecía que los chicos ganaban terreno, una bajada de guardia los hacia retroceder de nuevo. Sus alientos entrecortados y los múltiples cortes que les habían producido aquellas cuchillas, estaban agotando sus fuerzas. Aquel combate estaba siendo mas duro de lo que habían imaginado. Las criaturas eran demasiado ágiles y esquivaban los golpes con rapidez saltando, en ocasiones, por encima de las cabezas de los chicos y colocándose tras ellos, ganando ventaja en la pelea. En uno de estos movimientos, Seifer fue más hábil y justo cuando notó la presencia de la criatura tras su espalda, le propinó un fuerte codazo en la cara haciéndola caer al suelo. Seifer, girándose rápidamente, comprobó desconcertado, que esa cosa ni siquiera había llegado a caer al suelo, sino que se encontraba a varios metros de el, con una sonrisa arrogante. La criatura se llevó su garra hasta la cara y eliminó el hilo de sangre que salía de su nariz. Seifer sonrió de nuevo, creyendo que tenía el control y comenzó a avanzar hacia su enemigo con mirada retadora.

La criatura aguantó la mirada de Seifer y su gesto cambió a uno más arrogante. El muchacho no se dejó intimidar por aquel gesto y siguió caminando hacia ella con paso firme, pero de pronto el ser levantó una de sus manos a la altura de su cara y pronunciando una serie de palabras incomprensibles, lanzó un haz de luz que impactó contra el cuerpo del joven rubio, arrastrándolo varios metros hasta la pared del fondo y haciéndole chocar contra ésta de manera agresiva.

Squall horrorizado desvió la mirada hasta Seifer y vio como tosía de manera ahogada, escupiendo sangre con gesto más que dolorido. Éste, abrió los ojos como pudo y al intentar levantarse se llevó la mano hasta su pecho, volviendo a caer al suelo. El muchacho castaño que había vuelto a perder terreno, observaba como el atacante de Seifer se acercaba con paso lento dispuesto a acabar con el. Miles de posibilidades recorrieron su mente, debía hacer algo si no quería perder a Seifer en la batalla. Volvió la vista hasta su contrincante y fijando su mirada en los ojos rojizos del ser, intuyó que la criatura estaba demasiado confiada, creyendo en todo momento que era ella la que tenía el control, ya que sus ataques eran repetitivos y Squall solo se dedicaba a pararlos con su arma. Squall desvió la mirada de nuevo hacia el suelo y vio la espada de Seifer casi a sus pies y como ahora la otra criatura estaba justo en paralelo a el, a escasos metros. Su mirada volvió a la de su atacante y de nuevo a la espada del suelo. En ese momento y en uno de esos ataques en los que la criatura creyó que Squall interceptaría, ocurrió algo inesperado. El joven, en lugar de parar el golpe, lo esquivó tirándose al suelo y rodando hacia un lado, hasta alcanzar el arma de Seifer. La criatura, sin esperarse ese movimiento, perdió el equilibrio, quedando las cuchillas de su brazo clavadas en el suelo.

Squall tuvo tiempo suficiente de coger la espada a la vez que se levantaba del suelo de un salto y sin miramientos se dirigió hacia aquel ser que pretendía acabar con Seifer. Con ambas espadas, una en cada mano, corrió sin vacilar mientras arrastraba las puntas de las armas, haciendo que chispas salieses al contacto del metal contra el mármol de la estancia. El joven cogió carrerilla y con un movimiento de sus muñecas hizo girar las espadas en sus manos para después levantarlas sobre su cabeza y cruzándolas en el aire, desgarró la espalda de la criatura, dejándole una marca en forma de equis. Una alarido de dolor retumbó en la estancia en el instante que el ser notó el corte en su espalda. Se retorció de dolor y con ira contenida arremetió contra Seifer. En ese momento Squall, que mantenía todos sus sentidos alerta, tuvo tiempo de lanzarle el arma a Seifer quien pudo atravesar a la criatura justo en el momento que iba a abalanzarse sobre el. Seifer suspiró aliviado y con dificultad pudo ponerse en pie. Antes de que el joven comandante pudiese acercarse hasta su compañero, un grito furioso se oyó a unos pasos de ellos. Los jóvenes dirigieron su mirada hasta aquella voz y comprobaron que la única criatura que quedaba con vida se acercaba hasta ellos corriendo, con su mano en alto y pronunciando, de nuevo, esas palabras sin sentido.

- Seifer: ¡Squall cuidado! –gritó sabiendo que estaba apunto de soltar una de esos haces de luz-.

Squall se armó de valor y corrió todo lo que pudo contra esa cosa, no dejaría que esa criatura siguiese más tiempo con vida. Antes de que el hechizo se produjese, Squall giró sobre si mismo añadiendo fuerza a su ataque y justo cuando se encontraba a escasos centímetros del aquel ser, dio un salto en el aire y con un sablazo de arriba abajo, la convirtió al instante en cenizas. Squall cayó de rodillas al suelo y apoyándose en su arma intentó recuperar el aliento.

El joven rubio se agarró el hombro dolorido por el último ataque y se acercó para comprobar el estado de su comandante. Justo en el momento en que éste ayudaba a levantarse del suelo a Squall unos aplausos que sonaron totalmente sarcásticos se escucharon cerca de la cúpula de cristal. Los muchacho, rodaron los ojos por la estancia hasta fijarla en Yinna que se acercaba a ellos con una sonrisa arrogante.

- Yinna: ¡Vaya! Creo que os he subestimado. No pensé que saldríais con vida tras el combate. –Dijo quedándose a escasos milímetros de la mesa en donde se encontraba Rinoa-.

Squall, como si de pronto los minutos anteriores a la pelea golpeasen su mente, corrió hasta la joven bruja. Comprobó de nuevo que su respiración era inestable y que apenas podía mantener los ojos abiertos. El chico, invadido por la rabia, se abalanzó sobre Yinna apretando al máximo el arma contra su cuello. Seifer corrió hasta ellos, a la vez que los dos hermanos. Yinna con un gesto de su mano les indicó que se detuviesen y Seifer por su parte intentó calmar a Squall.

- Seifer: ¡Squall, cálmate! –obligó al joven-.

- Squall: ¡Solo sois unas malditas criaturas creadas pos la compresión del tiempo! –declaró con desprecio-.

- Yinna: ¡Oh! gracias por la aclaración de nuestra procedencia, pero ya lo sabíamos. –Confesó, dejando a los muchachos totalmente sorprendidos-.

Seifer cruzó una mirada de desconcierto con Squall y se acercó aun más a ellos.

- Seifer. Entonces ¿Qué pretendéis? –preguntó sin entender a donde querían llegar esos seres-.

- Yinna: Eso que veis ahí –dijo señalando la cúpula-, es nuestra iniciadora, ella fue la primera y es ella las que nos mantiene con vida en esta dimensión, pero su vida se agota y con la sangre de ella volverá a revivir. -Explicó con los ojos abiertos al máximo-.

- Squall: ¿Solo eso? –desconfió el joven mientras apartaba la espada del ser-.

Yinna rió mirando hacia el suelo, tachándolos de ingenuos al instante.

- Yinna: Claro que no, nuestro objetivo es vivir en vuestro mundo y dejar estas malditas ilusiones. –Dijo mientras comenzaba a pasearse alrededor de la mesa metálica acariciando con una de sus garras el borde de esta-.

Squall avanzó unos pasos hacia la criatura creyendo que Rinoa corría aun mas peligro, pero Seifer lo detuvo cogiéndolo del hombro.

- Yinna: Desde el principio nos dimos cuenta de lo que éramos y que si no hacíamos algo y rápido nos extinguiríamos. Así que con esos recuerdos del pasado y los sellos podremos controlar fácilmente a los humanos, seréis una especie de sirvientes para nosotros- Añadió con sonrisa triunfante-.

- Seifer. No sabía que la naturaleza pudiese ser tan retorcida –dijo burlándose de ella-.

- Yinna: Seguid hablando, pero cuando esa sangre llegue a nuestra iniciadora, mi pueblo renacerá y estad seguros de que acabaremos con vosotros –Dijo finalizando con odio en la mirada-.

-Squall. Vuestro objetivo desde un principio era ese, ¿vivir entre nosotros? –intentó aclarar-.

-Yinna: No te equivoques, comandante. Nuestro objetivo no es vivir entre vosotros sino que vosotros seáis nuestros sirvientes en el mundo real.

- Seifer: Pero…

- Yinna: ¡Somos así por vuestra culpa! –gritó de pronto sin dejar continuar a Seifer-

Ambos muchachos se asustaron y retrocedieron unos pasos, pero pronto recobraron la compostura, no debían dejar que esos tres monstruos notasen su miedo.

-Yinna: Si vosotros no hubieseis detenido la compresión del tiempo, ahora no seriamos lo que somos. Ahora pagareis las consecuencias. –Finalizó inyectando sus ojos en sangre-.

- Seifer: No si nosotros lo evitamos –dijo retando a aquella criatura-.

Yinna y sus hermanos rieron una vez más, como si las palabras de Seifer hubiesen sonado totalmente en broma.

- Yinna: No tenéis nada que hacer, esa sangre esta a punto de llegar a su destino –dijo señalando la enorme criatura que esperaba dormida-.

- Squall: Soltadla –sentenció el comandante-. Ya tenéis su sangre, dejadla ir –continuó suplicando al ser que tenía delante-.

Squall se acercó de nuevo hasta la joven bruja y acarició su rostro pálido.

- Squall: Te voy a sacar de aquí -dijo con dulzura al oído de la muchacha-. Aguanta…

Un leve gemido es lo único que encontró por respuesta.

- Squall: Por favor… -suplicó de nuevo mirando a Yinna con ojos vidriosos-.

La criatura levantó la mano a la altura de su pecho y apuntando hacia la mesa donde se encontraba Rinoa, pronunció una única palabra. De pronto las ataduras metálicas que la mantenían presa desaparecieron, liberando por fin a la chica.

- Sonhen: ¡Que haces! –exclamó con rabia mientras agarraba a su hermana del brazo-.

- Yinna: Déjalos, no van a salir con vida de aquí… ninguno. –Apuntó con ademán tranquilo-.

Seifer la miró desafiante, pero ella nuevamente, ni se inmutó, haciendo que el chico rubio apartase la mirada temeroso.

Squall se dio prisa en coger a Rinoa, pero cuando vio sus brazos entendió porque la muchacha había estado sufriendo tanto. Los tubos que se habían llenado de sangre, salían directamente de sus brazos y múltiples cortes haban aparecido en ellos.

Había tres tubos en cada brazo y Squall intentó quitárselos con cuidado. Llamó a Seifer y éste le ayudó a deshacerse de las finas sondas. Cuando consiguieron quitárselos todos, la sangre empezó a brotar de sus brazos. Squall la agitó, intentando que recobrase la conciencia y Seifer por su parte intentaba parar las pequeñas pero numerosas hemorragias.

- Squall: ¡Vamos Rinoa! –llamaba mientras pasaba uno de sus brazos por debajo del cuello de ella, incorporándola un poco en la mesa-. Podemos irnos… -susurró con voz ahogada-.

Rinoa no contestó, su respiración se agitó aun más y cuando el joven comandante intentó moverla, unos quejidos lo hicieron detenerse. Rinoa abrió los ojos con gran dificultad pero consiguió llevar su mano hasta la mejilla de Squall, que la miraba con una ternura extrema.

- Rinoa: Squall… -susurro débilmente-. No puedo… Debéis salir de aquí… cuanto antes –dijo desviando, esta vez, los ojos hasta Seifer, que se encontraba apretando con fuerza sus finos brazos-.

- Seifer: No nos iremos sin ti… ¡Aguanta, Rinoa! –le dijo con preocupación mientras apartaba la mirada de nuevo a sus brazos-.

De pronto la joven comenzó a toser agitadamente y su dificultad para respirar aumentó. Pudo ver como una lágrima solitaria recorría el rostro de Squall, lágrima que le partió el alma. Ella sabía que no aguantaría más en ese estado pero lo que realmente le dolía era abandonarlo, dejarlo solo, otra vez.

- Rinoa: Te quiero… no lo olvides nunca… -Dijo expirando su último aliento-.

- Squall: No… no me dejes… -suplicó entre lágrimas solitarias, pero Rinoa no pudo escucharlo-.

Tras eso la joven cerró los ojos, para siempre.

Squall, totalmente incrédulo por lo que estaba viendo, notó como la mano de ella resbalaba sin vida por su cara hasta reposar sobre su pecho. Squall la agitó de nuevo intentando en vano que volviese a abrir los ojos pero eso jamás ocurriría. El muchacho se acurrucó en su cuello impregnándose del olor de ella, reteniéndolo en su memoria, mientras lloró en silencio. Un par de golpes y juramentos se escucharon salir de la boca de Seifer, que tampoco podía creer lo que estaba pasando. Ella no debía haber muerto.

- Yinna: Vaya pensaba que era mas fuerte –rió de manera desenfadada-.

Un grito de desesperación y dolor salió de lo más profundo del joven comandante.

Aquello fue lo último que se escuchó en aquella estancia.


Bueno pues aquí acaba el capitulo de manera muy dramática si, si, k penita me ha dado escribiorlo, snif, snif…

Hasta la proxima^^