La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

He vuelto, he arreglado mi computador y me he puesto al día escribiendo. Espero que este inicio de año haya sido bueno para todos. Gracias por leer y muchísimas gracias por sus amables comentarios.

Tenía pensado actualizar todas mis historias el domingo, aún estoy de vacaciones, pero comprendo que la espera ha sido demasiado larga. Espero que sepan disculpar cualquier error.

NOTA: Sí, Belle iba a dejar a Rumpel y él usó el corazón de ella para lanzar la maldición que los devolviera al Bosque Encantado, y convirtió a su hijo en un adolescente otra vez. (Lamento mucho los corazones que se rompieron por eso)

ADVERTENCIA: Experiencias sexuales, no explícitas, pero tenga cuidado al leer.

PD: The choice you dind't make será actualizada en estos días, es un capítulo difícil y quiero suavizarlo lo más que me sea posible.


CAPÍTULO 25

EMMA

Llevé mi boca a su pecho, lamí y chupé su pezón. Eso fue suficiente para quebrar su fuerza de voluntad.

—Soy tu princesa —dijo rendida, y sonreí con malicia al escucharla. Atrapé suavemente su otro pezón entre mis dientes y sujeté sus manos por encima de su cabeza—. Hazme el amor.

Mi vientre se tensó e instintivamente froté mi pelvis contra la suya, no podía esperar más, me sentía demasiado ansiosa por sumergir mis dedos en su interior y la idea de convencerla para que me dejara probarla volvió a ocupar mi mente.

—Tus deseos son… —mis palabras fueron cortadas al perder mi agarre en sus manos y ser empujada bruscamente, por poco caí fuera de la cama—. ¿Qué pasa?

Sus manos agarraron la sábana con desesperación y se cubrió de inmediato, parecía aterrada mirando directo hacia la puerta cerrada de la habitación. No pude escuchar ningún ruido que indicara que alguien se acercaba.

—Regina.

—Mi madre… mi madre estaba allí.

—¿Cora? ¿Dónde? —No podía ver lo que sea que ella estaba mirando—. No hay nadie aquí.

—Ella… la puerta… abrió la puerta. ¡Era ella! —Se alteró por completo.

—La puerta está cerrada —dije intentando no alterarla más—. Nadie ha abierto la puerta, solo estamos tú y yo aquí —ella no parecía creerme. Tomé la camisa que había dejado tirada en el piso y me la puse—. Voy a revisar, vas a ver que no hay nadie aquí.

—¡Henry!

Ni siquiera le importó estar envuelta en la sábana, corrió por delante de mí hasta la habitación continua, era como si hubiese recordado respirar cuando vio que Henry dormía a pierna suelta.

—Él está bien. Estamos bien. —No me hizo caso.

—Henry —lo llamó despertándolo—. Despierta, tenemos que irnos.

—¿Qué pasa? —Murmuró Henry adormilado.

—Nos vamos. Vístete.

Asentí indicándole a Henry que era cierto, evidentemente no iba a conseguir convencer a Regina de lo contrario. Volví detrás de ella a nuestra habitación y pude vestirme con mayor rapidez que ella.

—Estoy segura que tu mente te jugó una mala pasada; estamos en tu casa, en tu habitación, haciendo cosas por las cuales tu mamá nos mataría.

—No digas eso. No conoces a mi madre.

—La conocí ¿recuerdas?

—Eso no fue nada. Ayúdame con esto. —Se giró para dejarme atar su corsé.

—Necesitamos conseguir ropa más cómoda para ti.

—Se supone que está muerta. ¿Cómo es posible?

—No es posible.

—Sé que la vi.

—Te creo —no le creía, pero decir lo contrario hubiese sido un error—. Sigo pensando que es una de esas cosas que uno se imagina.

—¿Tú imaginas a tu madre observándote mientras haces el amor conmigo?

—No, pero he pensado que eso los haría perder la cabeza. —Terminé de atar su corsé y me coloqué frente a ella para mirarla a los ojos—. Todo está bien. Estamos bien.

—Debemos recoger nuestras cosas, podemos llevar algo de mi vieja ropa de montar, será mucho más cómodo para ambas, y hay algunos vestidos que también quiero llevar, pero no podemos demorarnos.

Abrió el armario y tomó lo que más pudo, toda su ropa era en colores pasteles demasiado suaves, la ayudé a guardar las cosas en un pequeño baúl, y tras asegurar las correas la detuve suavemente tomando sus manos entre las mías.

—Hey. Detente un segundo ¿ok?

—Tenemos que salir de aquí —el tono de desesperación en su voz no me gustaba en lo absoluto.

—Lo haremos. Solo quiero que te calmes.

La abracé. No dudó en relajarse contra mí suspirando pesadamente mientras me encargué de frotar círculos calmantes en su espalda.

—En serio la vi, Emma. ¿Cómo pude haberla visto si no estaba aquí?

—No lo sé.

El camino de regreso se sintió eterno, como si los caminos hubiesen cambiado y nos tomara el doble de tiempo, a pesar que no nos detuvimos ni siquiera para comer los pocos bocadillos que alcanzamos a tomar. Regina apenas probó bocado, prefirió ceder su parte a Henry, y mientras nuestro hijo aprovecho para continuar durmiendo, ella se mantuvo despierta todo el tiempo; estaba sumergida en sus propios pensamientos y ninguno de mis intentos sirvió para distraerla, así que todo lo que pude hacer fue mantenerla abrazada.

Sarah no estaba en el castillo cuando llegamos, una mujer que nunca había visto antes nos sirvió la cena y nos informó que mis padres debían llegar esa misma noche.

Regina se quedó casi un par de horas observando a Henry dormir, me costó convencerla de ir a descansar pero logré llevarla hasta nuestra habitación y acurrucarnos debajo de las pesadas cobijas.

La nieve siguió cayendo, cubriendo todo, obligándonos a buscar mantas más gruesas para protegernos del frío. Cada persona que habíamos visto en el castillo parecía hablar únicamente de la inesperada anticipación del invierno.

—Si por alguna loca razón mi mamá hubiese fracasado en matar a tu mamá, o quizá tu mamá acaba de convertirse en el paciente cero del inicio de los muertos vivientes, lo resolveremos. —Fue lo único que se me ocurrió decirle al ver que continuaba sin conciliar el sueño—. No hay nada que no podamos hacer estando juntas. Yo era la persona más incrédula del mundo pero llevo dos exitosos besos de verdadero amor. Soy una leyenda viviente. Es mejor que tu madre no esté viva porque no tiene la menor oportunidad contra nosotras.

No dijo nada, pero después de varios minutos de frotar su espalda se quedó dormida con su cabeza apoyada en mi hombro, y solo en ese momento fui capaz de permitirme descansar también.

Cuando abrí los ojos nuevamente fue como si tan solo hubiera dormido cinco minutos, tenía tanta pereza que de no ser porque la mitad de mi cuerpo estaba acalambrándose, me hubiese vuelto a dormir por lo menos hasta el mediodía.

—Nena. Nena. —Aunque ella se resistió la moví para despertarla.

—Emma —murmuró abriendo los ojos.

—Lo siento bebé, pero se me acalambró el brazo.

Me levanté de la cama, caminé un poco relajando los músculos de mi cuerpo. Abrí las cortinas y bebí un poco de agua. Regina se veía hermosa sentada estirándose y dando un gran bostezo que ocultó detrás de su mano, al menos parecía haber descansado.

—Ven acá, quiero darte un beso de buenos días —fui feliz de cumplir su exigencia, me lancé en la cama y recibí el dulce beso que me dio en los labios—. Te amo, Emma. Lamento haberme vuelto un poco loca ayer.

—No te preocupes, bebé… estoy acostumbrada.

Torció los ojos pero volvió a besarme de todas formas. Adoraba verla de tan buen humor.

—Acabo de recordar que debo estar muy molesta contigo —sin embargo, siguió sonriendo.

—¿Por qué? He estado en mi mejor comportamiento.

—Pusiste micrófonos en mi casa.

—Ah… eso —me senté estilo indio frente a ella, me rasqué la cabeza pensando qué decirle, pero era muy temprano para inventarme una buena mentira—. Tú pusiste un micrófono en mi oficina primero ¿recuerdas?

—Y recuerdo que luego hiciste lo mismo en mi oficina. Creí que habíamos terminado con esas tonterías.

—Estabas muy extraña —protesté cruzando mis brazos y frunciendo el ceño—. Escuché que le dijiste a esa hada que querías matarme.

—Eso estuvo fuera de contexto, Tink lo sugirió porque yo creía que tú querías matarme.

—¿Yo?

—Entraste a mi habitación y me atacaste.

—Eso no fue así, quería hablar contigo pero tú nunca me dejas hablar. Y merezco un premio porque pude haber dejado que mis padres me pusieran en tu contra, pero creí en ti, siempre creo en ti a pesar de tus incontables intentos de deshacerte de mí.

—¿Y qué premio sugieres? —Volvió a bostezar.

—No lo sé —fingí inocencia—, supongo que debe ser algo especial, algo que implique que confías tanto en mí como yo en ti.

—No vamos a tener sexo sucio —dijo molesta.

—No he sugerido nada de eso —aunque lo pensé.

—Pero lo pensaste.

—Creo que necesitamos definir lo que es sexo sucio porque parece que no compartimos la misma definición.

—Debo alistarme para bajar a desayunar.

—Eso puede esperar —la sujeté de la mano impidiendo que bajara de la cama.

—Tengo hambre.

—Yo también.

—No seas vulgar.

—No lo soy, pero puedo ser muy vulgar y hacer que todos en el castillo se enteren lo que tengo pensado hacerte. ¡Quiero que nos portemos mal!

Regina se libró de mí —la verdad no quería retenerla al ver su cara de horror por lo que acababa de decirle, si hubiésemos estado en malos términos seguro me hubiese dado una buena cachetada—, corrió hacia el baño, y mientras ella se demoró una eternidad tuve tiempo suficiente de vestirme.

—Me alegra que ya estés lista —dijo apenas salió del baño—. ¿Quieres que te ayude a arreglar el cabello?

—¿Eso es todo lo que tienes que decirme?

—En este mundo no puedes andar con el cabello desarreglado —sus ojos me miraban pero había una barrera entre nosotras—, déjame…

—No. No quiero ninguna maldita trenza y no me importa no usar ropa interior. Estás evadiendo nuestra conversación, quiero saber por qué.

Respiró profundo. Yo debería haber respirado profundo y armarme de paciencia, no ella.

—Es absurdo. ¿Quién habla de sexo?

—Todo el mundo.

—Yo no soy todo el mundo, pensé que estabas bien con eso.

—Maldición —me desinflé por completo, y por suerte ella me permitió acercarme—. Me encanta que seas especial.

Me besó, y no pude evitar sentir que ella había logrado esquivar otra vez nuestra conversación.

Volvió a correr lejos de mí y durante todo el desayuno se dedicó a ignorarme. Pensé que la reunión con el concejo me serviría para pensar en algo más, pero en lo único que pude pensar fue en ella, se había apoderado por completo de mi mente; la peor parte es que había un montón de dudas armando una fiesta en mi cerebro: quizá no le gustaba hacer el amor conmigo.

—¿No estás feliz de tenernos de vuelta? —Preguntó mi madre apretando mis mejillas. No me di cuenta en qué momento el salón se quedó vacío.

—La verdad no. Lo único que me haría feliz es no ser tu prisionera y volver a casa. —Me levanté de la mesa para estar lejos de ella.

—Estás en casa, y fueron ustedes quiénes decidieron quedarse.

—No quiero hablar contigo.

—Emma.

—Tengo un montón de cosas en mi cabeza.

—Entonces habla conmigo. —Me detuvo sosteniendo mi brazo—. Solíamos ser amigas ¿recuerdas?

—Lo recuerdo, pero ahora que conozco quién eres realmente no quiero estar cerca de ti. Debes entender mejor que nadie lo que es querer estar lejos de tus enemigos.

Casi choqué mi hombro contra el de ella, aun alejándome podía sentir sus ojos penetrantes en mi espalda y el impacto provocado por mis duras palabras. No me importaba. Fue poco sorpresivo darme cuenta lo distantes que nos habíamos vuelto, y no creía que los enormes agujeros que ella había hecho en nuestra relación podrían cerrarse algún día.

—Te vez como si pudieras matar a alguien con tus pensamientos.

—¿Dónde diablos te has metido? He estado buscándote.

—Estaba haciendo nevar —dijo Sarah de muy buen humor, mirando que nadie nos estuviera escuchando.

—No es gracioso, en especial estando aquí, podemos morir de hipotermia o gripe.

—Deja el drama y el mal humor.

—Es todo lo que tengo, voy a volverme loca o una especie de salvaje que vive en lo profundo de la selva.

—Bosque.

—Lo que sea. Quiero volver a casa y quiero volver ahora.

—Por qué en lugar de comportarte como una adolescente, mejor me cuentas lo que te tiene de tan mal humor.

Nos perdimos entre los descuidados jardines cubiertos de nieve, lejos de cualquiera que pudiera espiarnos.

—¿Recuerdas lo mucho que quería tener una familia?

—Lo recuerdo.

—Bueno, pues he obtenido la versión retorcida de lo que quería… ellos dicen quererme pero no siento que me quieran. Es más importante su odio contra Regina que yo.

—Tienes razón.

—¿Es todo lo que vas a decirme? ¿No se supone que debes intentar hacerme sentir mejor?

—Hay un montón de padres que hacen hasta lo imposible por separar a sus hijos de quiénes ellos creen que no les conviene; puedes dejar que lo hagan o luchar por la mujer que quieres. No me necesitas para ayudarte a tomar tus propias decisiones, siempre lo has hecho tú sola, eres una adulta.

—Estoy cansada de luchar. Quiero un poco de calma y aburrimiento.

—Debes ser paciente, estoy segura que encontraremos la forma de volver a casa.

—Tenemos que hacerlo pronto, siento que estar aquí está afectando a Regina.

—¿Pasó algo con ella?

—Solo lo sé, créeme.

—¿Pero todo está bien entre ustedes?

—Sigue intentando volverme loca pero lo ha hecho desde el día que nos conocimos —no pude evitar sonreír—. Es la mujer más complicada del mundo. Me tiene saltando obstáculos y no puedo dejar de hacerlo porque me muero por ella.

—Es bastante evidente.

Torcí los ojos y sonreí, pero las preocupaciones volvieron a mortificarme. Pateé una pequeña roca y me arrime contra un árbol seco.

—Sé que hay algo más que te está molestando. Puedes confiar en mí.

—No es algo de lo que pueda hablar contigo.

—Oh. Entiendo. —La nieve se movía alrededor de sus manos, parecía algo habitual que hacía por puro entretenimiento—. No pensé que necesitaras la charla a tu edad, pero puedo compartir mis experiencias contigo y escuchar las tuyas.

—No te atrevas, no puedo pensar en ti de esa manera.

—¿Todo está bien con Regina… en lo sexual? —La nieve dejó de bailar alrededor de sus manos y ella puso toda su atención en mí.

—Sí… seguramente no tiene importancia… estamos intentando estar juntas en medio de toda esta locura… el sexo ni siquiera importa.

—Es importante en una relación.

—Lo sé, yo… estamos bajo mucho estrés.

—¿No han tenido relaciones sexuales?

—Sí.

—¿No ha sido bueno?

—Es bueno… es… me encanta hacer el amor con ella… no estoy tan segura que a ella le guste hacer el amor conmigo.

—¿Por qué crees eso?

—Siento como si se estuviera conteniendo. Yo quiero hacer todo con ella, pero… ella no.

—Están conociéndose. No somos estrellas de películas para adultos. No puede ser perfecto ni increíble todas las veces; he tenido mis propias decepciones, créeme.

—Lo sé… Lo sé muy bien.

—Mira. Mis padres no me dieron la charla que los padres deben dar a sus hijos, no estuve en ninguna clase donde me explicaran sobre mi cuerpo, tuve dos hermanas pero ellas sabían tanto como yo. ¿Te has preguntado cómo aprendió Regina sobre sexo?

La pregunta fue como un golpe en mi estómago y en lugar de despejar mis dudas solo creó muchas más.

XXXSQXXX


REGINA

Llevé a Henry a la biblioteca y lo dejé allí leyendo un libro de historia adecuado para su edad, no podía permitir que abandonara su educación, y cuando volviéramos debía estar listo para recuperar el tiempo perdido en la escuela. Esperé que la reunión del concejo terminara y que la mujer que quería arruinar mi vida por segunda vez se quedara a solas. Entré a su habitación y aseguré la puerta para que nadie nos interrumpiera.

—¡Regina! ¿Qué estás haciendo aquí? —Parecía sorprendida pero no atemorizada de verme.

—¿Te gustaría fingir que estoy aquí para trenzar nuestro cabello? —Sonreí caminando hacia ella.

—No sé cuáles son tus intenciones pero —corté sus palabras dándole una fuerte cachetada.

—Eso es por borrar mi memoria y convertirme en una muñeca manipulable.

—¡Cómo te atr…!

Le di una segunda cachetada mucho más fuerte que la primera. Trastabilló chocando contra la mesita detrás de ella haciendo caer el florero al piso, las flores y los vidrios quedaron esparcidos pero el ruido no fue suficiente para alertar a nadie.

—Eso es por lastimar a Emma y a mi hijo.

—¡La única que los ha lastimado eres tú! —Sobó sus mejillas pero eso no desvaneció las marcas rojas—. ¡Puedo hacer que te ahorquen por esto! ¡Soy la Reina!

—¡Yo soy la Reina! Sigues siendo la misma niña patética incapaz de ver más allá de sí misma.

Se abalanzó contra mí, y cuando la sentí sujetar mis brazos y estrellar mi espalda contra la pared fui consciente de mi falta de fuerza, pero no necesitaba ni siquiera mi magia en ese momento.

—¡No eres nada! ¡Te vencí una y otra vez, y volveré a vencerte así tenga que matarte! —Gritó fuera de sí, demostrando por completo su odio hacia mí.

—No puedes —sonreí, relajada a pesar de que ella tenía un firme control sobre mí.

—¡Claro que puedo! Has llegado demasiado lejos y voy a corregir el error que cometí al dejarte vivir.

—Espero que estés dispuesta a pelear contra tu propia hija, porque ella me ama con todo su corazón y no va a dejar que ni siquiera tú me alejes de su lado.

—No —dijo sin convicción—. Mi hija no te ama.

—Soy su verdadero amor. Me dio un beso de verdadero amor y rompió la maldición que pusiste en mí.

—¡Eso fue un truco! —Apretó mis brazos con más fuerza sacudiéndome.

—No lo fue. Ella me ama.

—¡Cállate!

—Estás perdiéndola, y si insistes en retenernos aquí, no la recuperarás jamás.

—Te equivocas. No vas a convencerme. Lo que he hecho es por su bien.

—Lo mismo pensaba mi madre. Y sé mejor que nadie lo que Emma está sintiendo, estuve en su lugar, y odié a mi madre de la misma forma en que Emma te está odiando a ti.

—¡Cierra la boca! Eres un monstruo igual que Cora.

—La diferencia es que, a pesar de todo, yo la amaba, crecí con ella. Emma ni siquiera te conoce.

—¡Basta! —Me soltó, me dio la espalda para ocultar sus lágrimas, casi podía sentir su ira.

—Crees que soy quién está robando el amor que debería darte a ti pero yo soy su mujer, y si no fueras tan egoísta e idiota te darías cuenta que la razón por la que la estás perdiendo es porque te has negado a ser su madre y aceptarla por lo que es.

—Si tenía… alguna duda sobre lo que estaba haciendo —giró hacia mí, el odio en sus ojos era como un reflejo de mi pasado—, ahora no tengo ninguna. Disfruta la felicidad que estás sintiendo porque te aseguro que no va a durar.

—Siempre fuiste una excelente villana, Blancanieves, pero aún puedes hacer lo correcto.


XXXSQXXX

Emma entró a nuestra habitación justo a la hora del almuerzo, prácticamente corrí hacia ella y la besé hasta que Henry dijo que íbamos a causarle un trauma, pero después de discutir con su madre había esperado con ansias volver a verla.

—Veo que me extrañaste —dijo Emma.

—No tienes ni idea —Me sentí tan aliviada al tenerla cerca.

—Dejen de besarse, no voy a esperar más para comenzar a comer.

—Está bien, chico. Yo también estoy muriendo de hambre.

Nos sentamos junto a Henry en la pequeña mesa que habíamos acomodado cerca del balcón.

—¿Hicieron algo interesante?

—Mamá me obligó a estudiar.

—Hay nieve, deberíamos estar afuera haciendo muñecos de nieve.

—No lo alientes. Voy a organizar un horario para darle algunas clases. ¿Quieres ayudarme a educar a nuestro hijo?

—Claro, nena. Puedo enseñarle química o un poco de matemática avanzada, ¿te he dicho que amo la física?

—Un simple no hubiese bastado.

—¿Cuándo vamos a volver? Quiero ir a casa —No podíamos culpar a Henry por ser un niño, su ansiedad era comprensible.

—Lo haremos muy pronto. Quizá si encontramos a Tink, ella podría ayudarnos.

—¿Tu hada madrina? —Preguntó Emma burlándose—. Seguro ayudó a Azul y obtuvo un ascenso.

—Tink no es así.

—¿Qué hay de Sarah? Ella tiene magia.

—No lo sé, chico. Ser la Reina de las nieves no me parece de mucha ayuda.

—No es tan fácil. Lanzar una maldición no es una opción, debemos conseguir una habichuela.

—Las habichuelas no crecen en los árboles, al menos no ahora; y la última vez que estuve aquí perdimos el armario mágico gracias a tu madre.

—¿Significa que no vamos a volver a casa?

—Emma no quiso decir eso, cariño. —Se levantó y se sentó en mi regazo.

—Quiero ir a casa, mamá. —Me preocupaba escucharlo tan triste. Emma se acercó a nosotros y me ayudó a sobar la espalda de Henry para calmarlo.

—Todo está bien, lo resolveremos. Siempre lo hacemos —Dijo Emma.

—¿Y si no es así? —Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Sería muy malo si nos quedamos aquí? Podemos conseguir nuestro propio lugar, unos caballos…

—Buscaremos la forma de volver —dije mirando fijamente a Emma—. Lo prometo, mi pequeño príncipe.

Lo abracé con fuerza, besé su cabeza y me repetí a mí misma que volveríamos a casa.

XXXSQXXX


EMMA

Pasamos la tarde construyendo muñecos de nieve, Regina parecía incapaz de hacer algo que no sea perfecto, y Henry pensó que era una buena idea armar su propio ejército de muñecos de nieve. Yo era la única normal, y fui atacada con bolas de nieve. Perder una guerra en contra de ellos pareció suficiente para hacerlos sonreír, pero cuando Henry cayó rendido en nuestra cama y nos acurrucamos en un sillón junto a la chimenea todas las dudas volvieron.

—No podemos quedarnos aquí, Emma —dijo Regina.

—Quiero lo mismo que tú, tener un baño con tuberías no es consuelo suficiente, pero es momento de ser realistas.

—No nos quedaremos aquí.

—Regina.

Ella estaba sentada entre mis piernas, de lado, mirándome fijamente.

—Tenemos que hallar la manera, hacer un trato con Rumpel…

—No. Ese tipo nos trajo aquí en primer lugar. Es peligroso.

—Tus padres son peligrosos, la gente que me odia es peligrosa. Nadie está de nuestro lado. ¿Qué futuro nos espera si nos quedamos aquí?

—¿Y cómo se supone que volveremos? No tienes magia, mi magia es lo mismo que no tenerla. Lo mejor que podemos hacer es centrarnos en lo que sí tenemos.

—Me enfrenté a tu madre y ella me dejó en claro que no iba a descansar hasta destruirme, ¿cuánto crees que falta para que lo logre?

—Eso no va a pasar.

—No lo sabes.

—¿Qué quieres que haga? —No grité, pero estábamos teniendo nuestra primera gran discusión, o la segunda, no sabía si la conversación de la mañana contaba como una pelea.

—Nada. No te estoy pidiendo nada, pero no voy a ser una princesa atrapada en este castillo otra vez, y mi hijo no va a tener que convertirse en una réplica de tus padres.

—Nuestro hijo. Y no es eso lo que quiero para nosotros.

—¿Qué otras opciones tenemos?

—Discutir no nos llevará a nada, y no haremos un trato con Rump… Gold, cómo diablos se llame.

—No te preocupes, princesa, seguiré tus órdenes al pie de la letra.

—No hagas eso —la detuve para que no se alejara de mí—. Sabes que yo sería incapaz de tratarte de esa manera. Te amo, quiero lo mejor para ti y para Henry. Quiero que seamos felices.

—No podemos ser felices aquí.

—Seremos felices en cualquier parte, siempre y cuando sigamos juntos. Es por eso que no quiero seguir postergando nuestra felicidad. Debemos vivir nuestra vida, hacer lo que haríamos si no estuviéramos en medio de esta locura.

—No es algo en lo que tenga experiencia.

—Yo tampoco. ¿Quieres intentarlo?

—Siempre.

XXXSQXXX


REGINA

Era extraño discutir con Emma, solía ser nuestra realidad habitual, pero esta vez no fue algo que me produjera satisfacción.

—Lamento discutir tanto contigo.

—Estoy acostumbrada —dijo acariciando mi mejilla.

—Estoy dispuesta a poner de mi parte para que tengamos una vida normal, al menos lo más normal que nos sea posible.

—Lo haremos bien. Siempre nos va bien estando juntas.

Me arrimé contra su pecho, ella comenzó a jugar con mi cabello y yo pasé mis dedos por su estómago.

—¿Qué es lo más importante en nuestra relación?

—¿Es una pregunta con trampa?

—Dijiste que no estábamos en la misma página.

—Eso era sobre ya sabes qué.

—Parece muy importante para ti.

—Pues… es parte de cualquier relación.

—Lo sé…

—¿Te gusta hacer el amor conmigo?

—Claro que sí —levanté mi cabeza para mirarla a los ojos—. ¿A ti te gusta hacer el amor conmigo?

—Me encanta, no puedo pensar en otra cosa —sonrió besándome—. Henry está dormido, podemos ir a otra habitación.

—No quiero dejarlo solo.

—Claro. —Suspiró. Parecía decepcionada.

—Emma.

—Está bien. Tenemos todo el tiempo del mundo.

—¿Estás molesta conmigo?

—No. —Sus palabras parecían sinceras—. Solo… siempre puedes hablar conmigo, de lo que sea.

—Lo sé… Estar aquí no es fácil… De no ser por ti no creo que podría bloquear todos los malos recuerdos.

—Voy a espantar cada uno de ellos —dijo besando mi cabeza.

Las dos estábamos igual de cansadas, quizá por eso no recordaba haberme quedado dormida, y cuando escuché mi nombre creí que era Emma quién me llamaba, pero no fue así. Mi piel se erizó al ver la puerta abrirse, y esta vez no fue a mi madre a quién vi, era Daniel, mi Daniel. Corrí hacia él sin pensar pero antes de poder alcanzarlo Emma llamó mi nombre.

—¿A dónde vas?

Miré a Emma, y miré la puerta cerrada frente a mí.

—Regina.

La ignoré, abrí la puerta y salí al pasillo. No había nadie. Verlo fue tan real que me costó recordar que no podía haberlo visto porque Daniel estaba muerto.

—Regina —Emma tocó mi brazo llamando mi atención—. ¿Qué pasa?

—Vi a Daniel.

—¿Daniel? —Ella no me creía.

—Lo vi. No fue un sueño, estaba aquí.

—Pero está muerto, al igual que tu madre.

—¿Crees que estoy loca?

—Creo que estar aquí es más difícil para ti de lo que yo pensaba —ni sus palabras ni sus manos en mis mejillas me hicieron sentir mejor. Algo no estaba bien—. Ven. Necesitas descansar.