Había pasado bastante rato desde que Hermione se había ido. Draco Malfoy seguía mirando hacia el mismo punto donde ella se había perdido de vista como si en cualquier momento podría regresar. ¿Habrán pasado horas? Lo más probable es que no pero él así lo sentía y su mente aún no lograba procesar lo que acababa de ocurrir. Todo lo demás dejó de importarle: el frío, el entrenamiento para el partido, que Ginny Weasley supiera la verdad… absolutamente todo perdió sentido, excepto el repentino vacío en el pecho.

–Lo he arruinado por completo –habló en voz alta mientras se pasaba una mano por el cabello.

"¿Qué soy yo para ti?" recordó las palabras de Hermione y sus ojos esperanzadores. ¿Por qué le costaba tanto trabajo decirle la verdad? Ella ha demostrado que lo quiere, ¿por qué no demostrarle lo mismo? Lo peor es que nunca se había hecho esa pregunta a conciencia, no porque nunca se le hubiera ocurrido sino por el temor de la respuesta, una cosa es sentir algo hacia alguien y otra muy diferente admitirlo… aceptar la rendición de sus sentimientos.

No, él nunca ha hecho tal cosa.

Y ahora, qué se supone que debe hacer, ¿seguirla? ¿Rogarle? ¿Dejarla ir…? En seguida al pensar en la última posibilidad el vacío en su pecho creció. Draco soltó un largo suspiro al tiempo que ocultaba su rostro entre sus manos. Una parte de él le decía que era mejor dejar las cosas así y otra parte -la más fuerte-, le decía que hiciera algo lo más rápido posible. Con coraje, pateó fuertemente un bote que estaba sobre el pequeño muelle hasta que el pie le doliera.

Nunca había sentido nada parecido por alguien más. Siempre pensó que el amor tenía mucho que ver con la atracción física y el deseo… pero era mucho más complejo y más allá de lo físico. Hermione ha sido la excepción a todo lo que conoce, le enseñaron y soñó, desquiciándolo completamente al no saber que decisión tomar. Volvió a fijar su vista hacia el punto donde la castaña se había perdido de vista... Rápidamente comenzó a subir los escalones, mientras salía de aquel lugar pensó en diferentes maneras para poder entrar a la sala común de Gryffindor. No sabía con qué pretexto intentaría meterse en la jaula de los leones pero lo conseguiría, sea como sea.

Pero en cuanto dio los primeros pasos por la nieve, un dolor agudo lo frenó haciendo que se detuviera en seco y doblará el antebrazo izquierdo hacia su cuerpo.

–No ahora… –murmuró mirándose el antebrazo. Podría ignorar el llamado y después decir que estaba cumpliendo un castigo con la profesora McGongall por culpa de los Gryffindor.

Pero al dar más pasos hacia el castillo el dolor se hizo más intenso, como si la marca tenebrosa adivinara la intención de faltar al llamado. Se maldijo así mismo y miró el castillo sin saber qué decisión tomar. Una nueva punzada de dolor lo hizo reaccionar… tendría que irse ya. Con un nudo en la garganta camino hacia el bosque prohibido lo más rápido que podía.

"Esta es una de las razones por la cual quiero mantenerte alejada…"

Después de lo que le pareció una eternidad entre los grandes troncos de los árboles, llegó al limite de Hogwarts. El dolor del llamado no había disminuido ni un poco por lo que cuando se detuvo a calmarse un poco, descubrió que estaba sudando a pesar del intenso frío. No podía aparecerse ante Voldemort con ese aspecto ni tampoco quería hacerlo, mientras más frío e insensible luzca estará menos tiempo ante su presencia. Aquellos que detonen aunque sea unos leves nervios, eran víctimas de juegos psicológicos que sólo hacía que tuvieran crisis nerviosas.

Una vez listo, se apareció en un lugar bastante sucio aunque en realidad la palabra correcta seria abandonado. Creyó que aparecería a las afueras de la mansión Malfoy así que por una parte se alegro de que Voldemort escogiera otro lugar como cuartel temporal. Miró unos instantes al cielo, pronto anochecería y más le valía llegar para la cena, con paso decidido entró al edificio. El lugar estaba casi a oscuras por lo que su vista tardó un rato en acostumbrarse, con pura intuición camino por el lugar para reunirse con Voldemort.

–Draco… bienvenido –lo saludo una voz fría.

Lord Voldemort se encontraba en medio de un cuarto sentado en su habitual sillón acariciando a Nagini. Draco camino hasta encontrarse frente a él e hizo una ligera reverencia.

–Vine lo más rápido que pude, señor –contestó el rubio mientras miraba a su tía Bellatrix quien se encontraba a la derecha de Voldemort, muy cerca.

–Por lo que veo te estabas preparando para el partido del sábado, ¿no es así? –dijo Voldemort como una afirmación de lo cerca que vigilaba los movimientos del slytherin en el castillo, seguramente Snape le estaría informando de todo ello.–Tengo una misión especial para ti.

El Señor Oscuro hizo una mueca parecía a una sonrisa pero a Draco sólo le dio escalofríos, ya podría imaginarse que no iba a hacer algo fácil.

–Necesito que traigas aquí a Octavious Pepper, tiene información muy importante para mi y para el enemigo. Es vital que nosotros la obtengamos primero –comenzó a decir mientras Nagini se deslizaba lentamente hacia por el suelo.– Procura no llamar la atención esta vez.

Draco no pudo evitarlo mirarlo desconcertado, él siempre ha sido precavido con las misiones, no pudo haber llamado la atención. Pero Voldemort viendo su expresión dijo:

–Quizá Severus debería mantenerte más informado… porque si vuelves a cometer un error, te prometo que haré que pronto te reúnas con el inútil de tu padre.

Algunos de los presentes que hasta ahora Draco había ignorado se rieron con burla, la carcajada de su tía Bellatrix fue la más fuerte. Draco se limito a dedicarle una mirada de odio, al menos ella no podría hacerle nada.

–Esta persona vive en un pueblo cerca de Londres, Lincolnshire –siguió Voldemort diciendo haciendo que todos se callasen de golpe.– Cuando llegues allá uno de mis espías te contactará para darte más detalles, espero llegues lo antes posible.

Draco no necesito que se lo dijera dos veces, habría que hacer el trabajo rápido y bien. Hizo una reverencia dispuesto a salir de ahí cuando Voldemort volvió hablar.

–Ya casi es hora del ataque principal… te sugiero que te prepares –su voz denotaba malicia y ansiedad como nunca antes lo había escuchado.

Draco asintió con la cabeza y camino hacia la salida, dispuesto alejarse lo más posible de aquel horrible lugar. Mientras caminaba se pregunto a qué ataque principal se podría referir. Aún no confiaba lo suficientemente en él para darle más detalles sobre ello a pesar de todo lo que ha tenido que hacer, quizás finalmente se avecinaba la batalla final. Por un instante sintió miedo, pase lo que pase sólo le gustaría disfrutar el máximo de tiempo con… Se detuvo en seco, su respiración errática era lo único que se escuchaba en el lugar, un escalofrío lo recorrió tratando de quitarse ese pensamiento que casi cometía. "Tú ya no estás con ella…"

Sin perder más el tiempo, salió del edificio intentando enfocarse en la misión que le acababan de encomendar. No trató de reconocer los alrededores del lugar, por lo que girando sobre si mismo desapareció de ahí.

Aterrizó a las afueras de la ciudad Lincolnshire. Se arrepintió de no haber traído algo más adecuado para el invierno, los pocos rayos del sol de la tarde ya se estaban ocultando y el viento ya era verdaderamente helado. Antes de avanzar, sacó su varita y con simples movimientos hizo desaparecer la insignia de su casa de Slytherin de la capa al igual que el color a totalmente negro, al parecer tendría que tener más cuidado que de costumbre.

Comenzó a caminar hacia el pueblo con pasos seguros por la nieve, al menos no estaba nevando por lo que pudo resistir el frío. A los pocos minutos ya estaba paseando por la calles como si fuera un habitante más, aunque sinceramente no sabía por donde ir, esperaba que el espía lo encontrara rápido para acabar pronto. Sin embargo, no lo fue como esperaba porque llevaba al menos cuarenta minutos caminando perdiendo el tiempo. Lo curioso fue que varias personas con las que se cruzaban lo saludaban como si en verdad él perteneciera a aquel pueblo, contestaba con cortesía aunque por dentro esperaba comenzaba a desesperarse. Fue hasta que camino por un hospital muggle cuando escuchó su nombre, volteo hacia atrás tratando de distinguir de donde provenía y con precaución se acercó a un callejón del otro lado de la calle.

–El Señor Oscuro confía en nosotros…–dijo un extraño encapuchado a unos metros de Draco.

–Por ello, nosotros los más fieles, moriríamos por él –recitó Draco a regañadientes, odiaba tener que recordar su iniciación.

–Fue muy fácil reconocerte, creí que tomarías alguna poción multijugos –contestó el encapuchado con reproche.

–¿Se puede saber por qué rayos tardaste tanto? –exclamó Draco demandante ignorando el comentario y mirandolo con desconfianza.

–Tome algunas precauciones para facilitarte el trabajo.

Draco lo miró aún con más desconfianza.

–No había necesidad de ello…

–Como quieras –respondió encogiendo los hombros, después sacó un pergamino del bolsillo donde había un croquis dibujado.– Aquí se encuentra el objetivo, debo advertirte que parecer ser un simple mago pero no debes subestimarlo. Revise los hechizos protectores de su hogar y las más difíciles las pude quitar, por lo cual te será fácil entrar a su casa.

A Draco no le gustaba la idea de que alguien le facilitará la tarea, cuando era más chico siempre utilizaba el poder de su apellido para que todas las puertas y obstáculos se apartarán de él, pero ahora lo molestaba de sobremanera.

–¿Eso es todo? –preguntó Draco mientras analizaba el croquis.

–Vive con su familia… –dijo el espía dudando para ver la reacción del rubio.

Draco Malfoy le dedicó una mirada dura, ¿qué esperaba que hiciera con su familia? Esta vez no viene a torturar a nadie, tiene un sólo objetivo y lo cumplirá, al menos de que intenten herirlo. Inmediatamente el espía bajo la mirada temeroso por la reacción del chico. El slytherin sonrió, desde la muerte de su padre muchos lo han subestimado creyendo que sin la defensa de su padre no era nadie de quien temer.

–No hay problema –aseguró Draco y sin decir nada más, salió de aquel callejón.

Reviso por última vez el croquis y lo hizo pedazos antes de tirarlo en algún basurero. Octavius Pepper no vivía muy lejos de donde él se encontraba, sólo unas cuatro calles del hospital y una calle a la izquierda. Mientras se dirigía al lugar, recordó la misión anterior cuando el recuerdo de Hermione Granger lo alteró a tal punto que influyó en su trabajo, no quería que esa historia volviera a repetirse. Mucho menos después de lo que pasó en Hogsmeade. Tenía que enfocarse en lo suyo sin permitir ninguna clase de distracción porque entonces podría fallar, esta vez claramente le dijo Voldemort que se uniría a su padre y sinceramente ese encuentro no estaba en sus planes en esos momentos.

Sin darse cuenta, ya había llegado al lugar asignado, se detuvo cerca y miró a su alrededor, la calle estaba vacía. Sacó su varita de la túnica, con un hechizo poco conocido, hizo aparecer su máscara de mortifago en su rostro. Ese era el momento en que se volvía el Malfoy sangre pura y mortifago, concentrandose en su papel. Avanzó hacia la casa número 15, tomó ciertas precauciones y efectivamente, los hechizos de protección ya eran muy simples. Deshaciendo una a una con rapidez, subió las escaleras hacia la puerta principal preparaádose para lo que venía.

–Alohomora… –susurró en voz baja apuntando hacia el picaporte, el seguro cedió rápidamente.

Entró al hogar de aquel desconocido, el recibidor estaba completamente iluminado y ya había varios adornos de Navidad. Draco se sintió incomodo ante ello. Para llamar la atención, cerró con fuerza la puerta tras él.

–¿Qué demonios…? –escuchó la voz de un hombre en lo que podría ser la sala y después unos pasos que se acercaban.

En cuestión de segundos, un hombre de unos 40 años de edad, alto y tez pálida entró al recibidor. Enseguida palideció al ver a Draco Malfoy imponente con la máscara de mortifago y varita en mano.

–¿Octavius Pepper? –preguntó Draco con frialdad.

–Si… soy yo –afirmó con duda aunque sin ningún temor en su expresión.

Draco Malfoy avanzó hacia el hombre dispuesto a llevárselo cuando una mujer entró al recibidor también y soltó un grito ahogado de sorpresa. Al parecer era la esposa de Octavius, el rubio la observó por si acaso intentaba atacarlo por lo que intercambiaron una mirada rápida, no pudo negar que la mujer era guapa.

–No… no… –murmuró la esposa repentinamente abatida después del susto.

–No tengo tiempo para esto –dijo Draco al ver que la mujer no iba a ser nada y apunto la varita hacia el pecho de Pepper como amenaza.

Sin previo aviso, la mujer se puso delante de su marido haciendo que Draco apuntará a ella. "Tonta, ¿por qué se pone delante de él?" pensó el rubio desconcertado. Pero antes de que pudiera hacer o decir algo, su marido actúo y la agarró por los hombros volteándola hacia él.

–¡No lo hagas! ¡No seas estúpida! –le reclamó Octavius con coraje mientras la miraba a los ojos, pero al ver la tristeza inmensa de su esposa bajo la guardia.

Draco Malfoy se quedó desconcertado por la actitud de ambos, por primera vez en su vida veía la expresión de un hombre llenó de miedo por perder a lo que más amaba. Algo en la escena le impedía actuar como debería… si estuviera en los zapatos de su tía, seguro ya habría matado a esa mujer con facilidad. Sin embargo, no podía ni siquiera gritarle para que se quitará de en medio.

La mujer volteó hacia Draco con los ojos llenos de lágrimas.

–Por favor, no te lo lleves… ¡Por favor! –le suplico con voz quebrada.

–Ya habíamos hablado de esto, sabías que algún día muy pronto pasaría –contestó su marido sin importarle la presencia del mortifago.

Porque Draco aún seguía con la varita en alto pero había pasado totalmente a segundo plano. ¿Qué se supone que debe hacer? No podía evitar sentirse extraño ante esa escena de aquel matrimonio, incluso se sentía culpable. Él acababa de llegar arruinar su felicidad, ¿qué hacer ante eso?

–Pero aún es muy pronto… es muy pronto –sollozó la mujer mientras abrazaba a su esposo con infinito amor mientras unas lágrimas caían en su rostro.

Draco no lo pudo soportar más, se acercó a Octavius y lo jaló del brazo con fuerza.

–¡Basta! Al Señor Tenebroso no le gusta esperar –exclamó Draco con una frialdad que no sabía de donde la sentía.

–¡NO! –gritó su esposa aferrándose a su marido.

Draco sin pensarlo, le apuntó con la varita a la esposa.

–¡Quitese ahora o serás la primera! –le gritó enojado dejándola congelada.

La señora la miró con miedo y dudó en soltar a su esposo, Malfoy le dedicó una mirada gélida y levantó su mentón típico signo de superioridad. Logró intimidarla lo suficiente, poco a poco comenzó a soltar a su marido…

–Mami… –se escuchó una voz llena de miedo pero dulce detrás de la pareja.

Draco se sintió desfallecer, ya era suficiente ver como sufría ese matrimonio al ser separados… no podía soportar esto más. Algo en su interior le inquietaba de tal manera que incluso le cruzó la idea de ayudarlos a escapar, ¿qué rayos le sucedía? A él nunca le ha importado las demás personas, en sus demás misiones siempre se había mantenido distante y frío, ¿por qué ahora era lo contrario?

La mujer se limpió las lágrimas con rapidez y volteo hacia su pequeño de seis años con una sonrisa fingida. Parecia que hacia un esfuerzo sobrehumano para aparentar tranquilidad ante el pequeño.

–Te dije que no salieras, cariño –lo regaño con suavidad.

Mientras tanto, Octavius desvió la mirada hacia Draco. No parecía ser un mortifago como antes había conocido o escuchado, tampoco creía que fuera un novato pero sin duda lucía como si todo lo que estaba pasando le afectará. Era verdaderamente extraño la actitud del mortifago y le llenaba de curiosidad.

Draco era ajeno a la mirada de Octavius, porque en ese momento, el pequeño se había detenido en seco al ver a Draco con su máscara de mortifago y sujetando a su padre del brazo. En seguida sintió mucho miedo y en su mente llena de inocencia, no comprendía lo que veía.

–¿Papi…? –preguntó el niño a punto de llorar y escondiéndose detrás de las piernas su madre.

El slytherin miró a Octavius y éste lo miró con súplica. Aquel hombre estaba resignado a ser llevado ante Lord Voldemort, no había escapatoria por lo que deseaba despedirse. Draco entendió perfectamente, asintió con la cabeza y soltó al hombre. Rápidamente, el padre abrazó a su hijo con gran ternura y nuevamente Draco se sintió muy incomodo ante la escena quizás porque Lucius Malfoy nunca lo había abrazado de esa forma… tan llena de cariño.

–Escucha bien hijo –comenzó a decir su padre mientras el pequeño lo miraba con los ojos llenos de lagrimas.– Me ausentaré unos días por motivos de trabajo. Quiero que cuides muchísimo a tu madre, en mi ausencia tu serás el hombre de está familia ¿te quedó claro?

La esposa lloraba en silencio, aún así logró sonreirle a su hijo con orgullo cuando éste volteo a mirarla contento de ser el hombre de la familia.

–Si, vuelve pronto –le contestó el hijo abrazando a su padre con fuerza.

–Te quiero muchísimo, lo sabes ¿verdad? –le dijo su papá manteniendo sus ganas de llorar a un lado.

El pequeño asintió con la cabeza con una sonrisa en el rostro y deshizo el abrazo.

"De ahora en adelante tú serás el hombre de la familia ¿me escuchas Draco? Sabes perfectamente lo que conlleva esa responsabilidad y sobre todo tienes que buscar cualquier forma para mantener segura a la familia, confió en ti… y espero no me decepciones. Eres todo un Malfoy, hijo" Esas fueron las palabras de Lucius Malfoy antes de ser llevado a Azkaban. Ese hombre despidiéndose de su hijo, le recordó terriblemente esa escena en el Ministerio minutos después del juicio. Draco se esforzó por apartar el recuerdo, lo hacía sentir débil.

El hombre poco a poco se puso de pie y miró a su esposa, ella se abalanzó a sus brazos rompiendo en llanto, mientras su esposo la consolaba para que se calmara un poco.

–Tarde o temprano iba a pasar esto… será un hasta luego –le dijo con cariño.

–Lo sé… es un hasta luego –confirmó su esposa.

Draco se enojó al escuchar eso. Está seguro que luego de obtener lo que quiere, Voldemort lo asesinará ¿Por qué se construyen esperanzas cuando saben la realidad? ¿Para qué prometerle un hasta luego, sino no la volverá a ver? Las cosas serían mucho más fácil para ellos si afrontarán la realidad, ambos lo saben muy en el fondo y aún así siguen mintiendo. ¿Qué es lo que los hace seguir teniendo esperanzas? Y ante esas preguntas, Draco entendía más que por ese motivo era tan difícil para él dar a conocer sus sentimientos, dejarse llevar por ilusiones tontas… al final alguien saldrá herido, no hay manera de que existan los finales felices. Y de sufrir alguien, mil veces mejor que no sea él. Aunque simplemente con Hermione no podía llegar a ser tan egoísta, su situación no era nada de lo que esperaba.

–Te amo –le soltó su marido al tiempo que se separaba de ella para besarla con ternura.

Después de unos incomodos instantes, se separaron. La pareja se miró a los ojos y se perdieron entre ellos, por un momento a Draco le pasó por la mente la duda si así se veía con Hermione después de besarla…

–Ya es hora de irnos –interrumpió Draco a la pareja.

–Yo igual te amo y siempre lo haré después de lo que pasé esta noche –se despidió la esposa.

Con un gran esfuerzo se separaron y Octavius se acercó a Draco para que lo llevará a su destino. Agradecido porque finalmente terminara todo, Draco murmuró "incarcerus" y las manos del hombre quedaron atadas con fuerza por unas cuerdas. Caminaron hacia la salida sin mirar atrás, uno porque estaba seguro que se derrumbaría al ver a su esposa e hijo y el otro porque no se atrevía a mirar a la familia que se quedaría sin padre. Aún así, Draco se detuvo y volteo lo suficiente para dejar ver su perfil.

–Le aconsejo que salgan del país, aquí ya no es seguro…

El viento helado de la noche hizo aclarar mejor las ideas de Draco, bajaron las escaleras del hogar. Draco sujeto al hombre del brazo para poder desaparecer juntos. Aparecieron en el mismo lugar donde el slytherin lo había hecho hace un par de horas, a unos metros de la entrada del edificio.

–Gracias –agradeció Octavius por dejarle despedir y no hacerle daño a su familia.

Draco solamente se limito a asentir con la cabeza.

–Mi intención desde un principio era no hacerle daño a su familia… sólo para aclarar, tampoco fue mi decisión convertirme en lo que soy –confesó el rubio obedeciendo un impulso.– Sigo ordenes.

–Lo entiendo –respondió sorprendido el hombre ante la honestidad del mortifago.

Comenzaron a caminar, Draco abrió la puerta y entraron por el sitio oscuro. Condujo al hombre entre varios escombros para llevarlo ante el cuarto donde estaría Voldemort para interrogarlo pero antes de llegar, algo hizo que Draco se detuviera.

–Hay una chica… –comenzó a decir Draco en contra de su orgullo.– Lo nuestro no puede ser porque… somos enemigos y es importante que sea un secreto. Hoy discutimos y terminamos, yo… no pude decirle que la quiero.

En ese momento, se quitó la máscara con el mismo hechizo que uso para aparecerla. El hombre se quedó sorprendido al verse delante de Draco Malfoy, lo conocía por ser parte de una de las familias más importantes del mundo mágico y por la reciente noticia de su padre. Draco miró aquel hombre sin indiferencia ni superioridad, sino como iguales.

–¿Por qué me cuentas esto? –preguntó Octavius desconcertado.

–Realmente… no lo sé, quizás necesito hablar con alguien diferente –contestó Draco sinceramente.

–Bueno, ten por seguro que si no demuestras ni le dices lo que sientes… claramente la perderás –dijo el hombre.

Draco palideció más ante la sola idea de perderla. Durante el rato que se debatió entre seguirla o dejarla en la casa de los botes, tenía ese miedo de perderla y ahora que alguien más le confirme la posibilidad, lo hacía sentirse mucho peor.

–No quiero ponerla en peligro pero tampoco quiero perderla –respondió Draco tratando de que no notará el miedo en su expresión.

Octavius miró con compasión a Draco, lo entendía perfectamente. Él mismo se había encontrado en aquel dilema.

–Hacer lo correcto, hacer lo más fácil, hacer lo que más quieres… –dijo el hombre soltando un suspiro.– La decisión que tomes tiene que ser la combinación de esas tres cosas, ¿ella vale pena?

–Claro que si –contestó Draco sin dudarlo.

Octavius sonrió, pudo ver en aquella respuesta rápida y la forma en que los ojos del joven brillaron para saber la verdad.

–El amor no debe obligarte a perder el orgullo, debe fortalecerlo para bien –dijo con seriedad Pepper sin mirar a Draco.

Draco sólo pudo asentir con la cabeza en forma de agradecimiento, tenía muchas más cosas en que pensar ahora. Hizo una seña con la mano para que continuarán caminando pero ahora Pepper lo interrumpió:

–Espera, quiero pedirte un favor –dijo al tiempo que con torpeza se quitaba su anillo de casamiento, Draco lo miró desconcertado.– Yo sé que esta noche moriré… por favor, envíale esto a mi esposa… quiero que lo conserve.

Malfoy dudó pero termino agarrando el anillo, al menos se lo debía después de ser él quien interrumpió la tranquilidad de su hogar, y llevárselo para su condena, sobre todo también por haberlo escuchado. Siguieron caminando hasta llegar a la puerta donde se encontraban los demás. Tocó dos veces y abrió toda la puerta, nuevamente su expresión era de indiferencia.

–¡Vaya! Draco has hecho un excelente trabajo –lo felicito Voldemort al tiempo que mandaba a dos mortífagos por el hombre.

Lo arrastraron hasta en medio de la sala, donde ya no había ningún sillón, ahora se encontraba en el otro extremo de la habitación. Octavius miraba desafiante a Voldemort, todos los presentes lo miraban con curiosidad, al igual que Bellatrix quien comenzaba a reír sabiendo lo que se aproximaba.

–He cumplido Señor, ahora me marcho de vuelta al colegio –dijo Draco sin duda tratando de irse lo más rápido posible de aquel lugar.

–Espera… quiero que veas –contestó Voldemort levantándose de su asiento.

Nagini imitó a su amo, acercándose a la víctima y mirándolo como una presa a punto de ser devorada. Draco no pudo protestar, no le quedaba de otra que observar lo que se avecinaba y presentía que no sería nada agradable. Camino junto a otros mortifagos que se encontraban a los lados de la habitación.

–Hace muchos años, Octavius Pepper tenías en tus manos un objeto realmente valioso, según mis informes tú fuiste el último propietario de dicho objeto, por tal, tú sabes dónde está –dijo Voldemort utilizando una voz tranquila pero igual de fría.– Yo soy una persona que se apiada de los demás, si me dices en este momento donde está, tu muerte será rápida y sin dolor.

Draco no quería presenciar aquello, pero si mostraba debilidad sería mil veces peor, tuvo que usar mucho de su autocontrol para expresar frialdad e indiferencia. Sólo esperaba que todo acabara rápido.

–¿En verdad creíste que con eso me harías hablar? –le contestó desafiante Octavius.

Voldemort sonrío, le encantaba ver la falsa valentía en aquellos hombres y mujeres con delirios de héroes. Siempre terminaban rogando por su muerte.

–Tú lo pediste… –le advirtió con malicia el Señor Oscuro, lo apunto con su varita y un rayo de luz roja salió de ella pegándole directamente en el pecho.

Draco Malfoy sintió lástima por aquel hombre, no gritó para no darle la satisfacción a Voldemort pero él bien sabe que sólo eso lo haría enfadar. Lamentablemente conocía muy bien ser torturado por un cruciatus de Lord Voldemort, las torturas de su tía Bellatrix por el mismo hechizo parecían cosa de niños.

–Te daré otra oportunidad, dime dónde se encuentra la piedra de la resurrección –ordenó Voldemort ya en voz alta y sin la falsa tranquilidad.

Ninguno de los presentes se inquieto por escuchar eso, pero Draco sí. ¿Piedra de la resurrección? ¿Para qué rayos lo necesitaba? Es decir, muerto no estaba y bien sabe de los inferís que ha creado, entonces ¿por qué lo quiere? Sentía que ya había escuchado eso en alguna parte pero no podía recordar en dónde.

–No te lo diré, sé para que lo quieres y no te ayudaré en ganar esta guerra –le contestó Octavius con coraje. No se iba a dar fácilmente por vencido.

–Quizás cuando quieras resucitar a tu familia, puedas traérmela –comenzó a jugar psicológicamente con el pobre hombre.

Todo rastro de valentía se le borró del rostro, en un segundo parecía un fantasma e incluso envejeció unos años, claramente aterrorizado al escuchar eso.

–No, por favor… ellos no –imploró el hombre.

Voldemort río, todos eran igual de predecibles. Bellatrix también río con burla, ellos eran los únicos que disfrutaban ver sufrir aquel hombre, eran los únicos retorcidos en la habitación. Los demás se sintieron familiarizados con esa expresión de miedo puro al pensar que sus seres queridos podrían correr por su misma suerte.

–Entonces, ¿dónde está la piedra? –le volvió a preguntar Voldemort, seguido de un segundo cruciatus.

Octavius temblaba de pies a cabeza, fue más intenso este hechizo pero siguió sin dar ni un gemido de dolor, lamentablemente duró más. Draco evitaba mirarlo, de pronto se sintió mareado al estar ahí, quería escapar y ya no seguir presenciando eso.

–Antes quiero decir algo más… –dijo Octavius Pepper recuperando el aliento y levantándose.– Sé tú secreto Tom, sé porque sobreviviste hace 17 años cuando te reboto la maldición y te juro que…

–¡CRUCIO! –gritó Voldemort con la mirada llena de ira, ahora si estaba muy enojado y sobretodo su expresión parecía de asombro.

¿Secreto? ¿De qué estaba hablando Octavius? Aquel hombre en verdad era importante para que supiera algo tan bien guardado sobre Lord Voldemort, incluso para tener una piedra de la resurrección. Es por ello que estaba tan seguro que algún día vendrían por él, aún Draco sin saber bien de qué trata todo este asunto, se dio cuenta la importancia de su captura.

Aquello parecía durar horas y horas, lo peor de todo era que Octavius aún seguía vivo. Draco sólo veía como lo torturaba Voldemort una y otra vez sin descanso, apenas cinco segundos de respiro antes de volver a lanzarte la maldición nuevamente. En ningún momento gritó, pero parecía que perdería la conciencia en cualquier momento. Incluso Voldemort usó Oclumancia para torturarlo, mientras el hombre no decía ni una palabra.

Cada vez, igual Draco se sentía más enfermo además de un intenso frío que sentía en todo el cuerpo. Sólo de verlo, si tuviera el coraje, él mismo lo mataría para que ya no sufriera más.

–Por favor… basta… –murmuró de pronto Octavius sin aliento.

–Tienes una última oportunidad antes de que mande a mis mortifagos por tu esposa e hijo –le advirtió Voldemort con cólera, mientras les hacía señales a cinco de sus seguidores, enseguida se acercaron para escuchar instrucciones.– Draco sabes cuál es el camino.

Por si fuera posible, Draco palideció aún más, si aquella instrucción viniera en serio, sólo esperaba que la esposa de aquel hombre le hubiese hecho caso inmediatamente para huir de su hogar.

–NO –gritó Octavius al ver lo serio de la amenaza, su expresión estaba lleno de puro miedo por su familia. Dudó unos momento, debatiendose en qué hacer pero se dio cuenta que ya no le quedaba otra opción.– Albania… En Albania está la piedra.

Voldemort sonrió con victoria. Nunca fallaba con sus presentimientos, el típico hombre dándose por vencido al verse amenazado para matar a su familia. Ese viejo truco le ha servido decenas de veces.

–Muy bien, Pepper… –exclamó el Señor Tenebroso y con un gesto, los mortifagos regresaron a su lugar. Draco trató de no soltar un suspiro de alivio.– ¿En qué parte de Albania?

Octavius miraba ya derrotado a Voldemort, el hecho de que había sido torturado tantas veces y luego el susto de ver como iban por su familia, lo dejaron con todas las defensas abajo. Ya no tenía caso seguir fingiendo una fuerza que no sentía, mucho menos tiene sentido seguir ocultando la verdad.

–En el bosque de Iliria… –susurró la respuesta. Los ojos de Voldemort tuvieron un brillo peligroso ante la expectativa de volver a ese lugar. Ya sólo necesitaba esa piedra, lo demás sería muy fácil.

–Muy bien –respondió Voldemort satisfecho de conseguir lo que quería.– Nagini, la cena…

Octavius agrandó los ojos llenos de sorpresa y pronto su expresión se deformó por el miedo. Esperaba más tortura finalizando con la maldición asesina pero no creyó que llegará a ser tan cruel. Nagini miró a su presa, se arrastró hacia ella con gusto.

Draco ya no pudo seguir con su máscara de indiferencia, ese hombre estará a punto de morir de la forma más brutal posible.

–¡Sé tu secreto Tom! No creas que escondí la piedra en ese bosque por simple casualidad, tengo entendido que ahí también esta un tesoro tuyo, ¿no es así? –exclamó el hombre para evitar mirar a la enorme serpiente que no le quitaba los ojos de encima.– Qué no te sorprenda si Dumbledore ya lo sabe…

Voldemort volteó a ver al hombre furioso, era obvia la cólera en su rostro. Murmuró algo en lengua pársel para detener a la serpiente de su objetivo y se acercó a Octavius con suma amenaza, la mirada que le dedicaba hizo que el hombre se encogiera sobre si mismo casi queriendo ser tragado por el suelo.

–Da la casualidad que ya no está ahí desde hace tiempo, en cambio al parecer eres el único que lo sabe… Mi secreto sigue a salvo y tu sólo terminarás muerto –le dijo con suma frialdad mientras sonreía con maldad.

Volvió a susurrar en pársel, la serpiente comenzó a rodear a su victima.

–No pensaba dejarte morir de una manera lenta y dolorosa pero, tú lo pediste –se burló Voldemort al tiempo que se reía.

Draco no entendía de qué secreto hablaban pero tampoco le importaba mucho en ese momento porque la enorme serpiente se abalanzó sobre Octavius, dejó de mirar justo a tiempo, por primera vez el hombre gritó con horror y dolor al ser devorado lentamente por la mascota de Lord Voldemort sin piedad…


Draco Malfoy se materializó en los límites del castillo de Hogwarts. Lo primero que hizo fue tirarse al piso en cuatro tratando de controlar las horribles arcadas que sentía, no vio absolutamente nada pero bastó con el sonido de la serpiente morder aquel hombre y los gritos de horror… Una nueva arcada lo envolvió. Estaba temblando de pies a cabeza, se sentía mareado y sudaba frío, incluso el viento helado paso a segundo plano en comparación con lo que sentía.

Estuvo varios minutos en esa posición hasta que las arcadas cesaron y pudo respirar con un poco más de normalidad. Acababa de comprobar que sí hay algo peor que mirar torturas por la maldición cruciatus, en esas situaciones a veces terminaba sintiéndose enfermo pero en esta ocasión creyó que se desmayaría.

Por unos momentos, después de las arcadas, tuvo la necesidad de llorar, ya no quería seguir perteneciendo al bando de ese psicópata seguido por un montón de idiotas, ¿en qué momento sus padres se dejaron convencer por ese lunático? En su vida quisiera volver a soportar algo como lo de esta noche, pero sinceramente él no puede hacer nada más que esperar a que el idiota de Potter pueda terminar con Voldemort. De pronto, Draco se puso de pie con una idea en mente, él acababa de escuchar cierta información importante acerca de Lord Voldemort que sin duda sería de ayuda para Potter, ¿y si…?

Soltó un bufido enojado, ¿ahora qué le pasa? El hecho de decirle eso implicaría informarle que es un mortifago, pondría en peligro a su madre y eso es considerado traición por lo que tendría a Voldemort persiguiéndolo por todas partes… No, aquello es una estupidez y no va arriesgar su pellejo para darle una información a Potter que ni bien no era mucha.

Para este punto del día, ya no quiere pensar en nada ni ver a nadie. El día en verdad había sido una verdadera mierda, que conforme había avanzado las horas, todo se ponía peor. Ya seguro de que el mareo se le había pasado, comenzó a caminar hacia el castillo. Agradecía saberse de memoria el camino de regreso porque aún el cuerpo le temblaba ligeramente y trataba de ignorarlo. "Si sólo hubiera alguien para recibirme" pensó con amargura, independientemente de que si mañana se desataba la guerra mágica, él sólo quisiera arreglar lo suyo con Hermione. Ahora todo lo podía ver más claro. Sí, es difícil imaginar hasta que punto había llegado ella a importarle, si alguien hubiera llegado hace un año a decirle aquello sinceramente le hubiera arrojado un cruciatus pero ahora ya no le parecía tan descabellada la idea.

Camino durante varios minutos, no tenía ninguna prisa y estaba seguro de que nadie habrá notado su falta. Además, le gustaba caminar, era una excelente herramienta para despejarte y pensar claramente las cosas, cosa que ahora no le vendría mal. Metió sus manos en los bolsillos para calentárselas un poco cuando reparo en un objeto en el bolsillo derecho, extrañado lo sacó y un anillo emergió de él. No era una joya carísima pero significaba todo para alguien, suspiró cansado, antes de irse a dormir tenía un pendiente más. Cuando hubo divisado la gran puerta de madera del castillo, sacó su varita y le regreso los colores originales a su túnica. Afortunadamente, aún no cerraban la puerta lateral y sigilosamente entró al castillo.

En cuanto entro se dio cuenta que ya había pasado la hora de la cena, ya eran muy pocos los estudiantes que se encontraban en el gran Comedor e incluso sólo quedaban tres maestros en la mesa. Al menos nadie lo vio llegar tan tarde,, y como si nada, camino en dirección contraria a las mazmorras directamente hacia la lechucería. Aunque lo más prudente sería cambiarse el uniforme de quidditch no quería toparse con nadie conocido e inventar excusas del por qué aún seguía en uniforme.

Camino como si fuera a la torre de Astronomía ya que la lechucería no se encontraba muy lejos de ésta. En cuestión de minutos llegó y entró al lugar con cuidado, más de una ocasión casi le ha tocado la terrible experiencia de ser blanco de excremento de las lechuzas, el lugar estaba alumbrado por varias antorchas y la mayoría de las aves estaban dormidas. Antes de llamar a cualquiera de ellas, algo le llamó su atención en el gran hueco de la pared por donde por lo general salían y entraban las aves.

Estaba cayendo nieve, los copos caían de forma lenta casi imperceptibles, no supo porque le llamó la atención pero se acercó para ver mejor. Sin evitarlo, escenas de lo ocurrido volvieron a su mente, una de ellas en especial, Octavius abrazando a su hijo de forma de lo más cariñosa… No puede recordar ni un momento en el que Lucius Malfoy haya tenido esa clase de afecto con él. De pronto sonrió, porque recordó un momento de su infancia, un momento que hasta la fecha nadie ha sabido de él.


Un pequeño niño rubio se despertaba sobresaltado, intentaba sentarse en su cama, acababa de tener una horrible pesadilla sobre unas criaturas horripilantes con capuchas y que succionaban el alma, tal cual como las que su tía le contó esa tarde en su Mansión. El pequeño Draco tenía mucho miedo y sabiendo que no lo tenía permitido, salió de su cama para ir a la recámara de sus padres.

Abrió la puerta con cautela, el pasillo estaba muy oscuro y frio, lo cual sólo agrando su miedo, reunió fuerza y avanzó hacia el cuarto del otro lado del pasillo. Por alguna razón, el camino se le hizo eterno. Pronto se dio cuenta que la puerta estaba entreabierta dejando salir la luz del interior de la habitación. Se asomó con curiosidad, aún no entendía bien cuando estaba interrumpiendo algo y cuando no.

Lo primero que vio, fue a su mamá parada enfrente de su papá. Narcissa Malfoy le decía algo a Lucius Malfoy con expresión de preocupación, estaban realmente muy cerca uno del otro, más cerca de lo permitido en público. El matrimonio aún no se daban cuenta de que su pequeño heredero los miraba con gran interés al verlos como alguna vez vio a parejas así en el callejón mágico -así lo llamaba él-, aún recuerda a su padre regañándolo por preguntarle por qué no agarraba la mano de su madre como las demás parejas.

Draco no lograba escuchar nada de lo que decían pero se sorprendió mucho al ver como Narcissa acortó la distancia y abrazó a su esposo con tanto cariño, sin embargo su sorpresa fue aún mayor cuando Lucius la abrazo del mismo modo para después darle un beso en la frente a su esposa, al parecer eso tranquilizo mucho a su mamá.

De pronto, un ruido detrás de Draco lo sobresalto recordándole el motivo por el cual se había despertado, siendo educado, tocó varias veces la puerta antes de entrar.

–Pase –escucho la voz de su madre.

Enseguida abrió y corrió a brazos de Narcissa olvidándose de sus modales.

–Cariño, ¿qué pasó? ¿Qué haces levantado? –la voz de Narcissa cambió de inmediato mientras abrazaba a su hijo.

–Draco, ¿qué significa este comportamiento? –exclamó Lucius con tono frío.

El pequeño de cinco años escondía su rostro en el estómago de su madre, aquel tono con el que le hablo su papá lo atemorizaba también.

–Tuve un sueño horrible, tía Bella me contó sobre unas criaturas… y… –comenzó a contar pero pronto los ojos se le llenaron de lágrimas por el miedo.

–¡Otra vez! Hablare claramente con mi hermana, tiene que dejarte de espantar con sus horribles historias –exclamó Narcissa molesta al tiempo que tranquilizaba a su hijo.

–Quizá Draco debería ser más valiente –murmuró Lucius viendo como una simple historia ponía tan asustado a su hijo. Narcissa lo fulminó con la mirada como diciéndole: "Es sólo un niño".

Lucius observó a su heredero, tan pequeño e inocente aún, como se supone que todos los niños de su edad deberían ser.

–Mamá… ¿me puedo quedar aquí con ustedes? –le preguntó Draco levantando su cabeza para mirarla, al ver la expresión de duda de ella rápidamente añadió.– prometo no volver a pedirlo… por favor.

Narcissa estaría encantada de dormir con su pequeño hijo, pero Lucius miraba con duda a su hijo, si le permitía no será sólo una vez sino muchas veces más, luego querrá tener esa costumbre y por ningún motivo lo permitiría. Además, el trato de padres a hijos tienen ciertas limitaciones que permiten el cariño dentro de normas que igual aún no entiende Draco pero debe conocerlas ya

–No, Draco. Ya estás grandecito para dormir en tu propia habitación –le dijo Lucius con frialdad.

–Pero…

–¡Nada! Ahora ve a tu habitación y deja de lloriquear, ya hemos hablado de esto –le ordenó Lucius subiendo el tono de su voz.

El pequeño Draco miró a su padre con temor, se separó de su mamá y con la manga de su pijama se limpio las lágrimas aunque salían más por el rechazo de su papá. Narcissa lo ayudó, no podía dejar ir a su hijo de esa manera, ¡por Merlin, sólo tiene cinco años! Aún incluso le tiene miedo a la oscuridad y Lucius luego tiene que encender alguna antorcha en el pasillo o una pequeña vela en su habitación para que el pequeño pueda dormir.

–Entonces yo me iré con él a su habitación –dijo Narcissa mirando a su esposo, retándolo a contradecirla. Draco sonrió y agarró la mano de su mamá.

–Cissi, ¿qué haces? –le preguntó su esposo desconcertado.

–Lucius, es tu hijo, esta pequeño y tiene miedo, no lo dejaré sólo en su habitación –contestó enojada por la actitud tan fría de su marido.– Quizá tú deberías mejor enseñarle a no tener miedo en lugar de sólo regañarlo por su actitud.

Draco los miró callado, el ambiente se había puesto incomodo. Lucius miró a su hijo a los ojos pero éste desvió la mirada pensando que estaba a punto de gritarle, aquel gesto desconcertó por completo al padre. Su hijo de cinco años lo mira con miedo cuando se había propuesto que lo mirara con respeto, una inquietante sensación se apoderó de su pecho.

–Esta bien… puede quedarse –aceptó finalmente a regañadientes.

El pequeño rubio grito feliz, se soltó de su madre y corrió hacia la enorme cama de sus padres, enseguida se situó en el lugar de en medio. Su padre enarcó una ceja al ver el comportamiento de su hijo, era obvio que aún era muy chico para entender cual es el comportamiento correcto de un Malfoy. Narcissa finalmente, le dedicó una gran sonrisa a su esposo y él no pudo evitarle responderle de la misma manera.

Ya cuando los tres estuvieron acostados, Draco les deseo buenas noches y a los pocos minutos se quedó profundamente dormido. Si supiera que Lucius se quedó un buen rato contemplando dormir a su esposa e hijo, si supiera que anteriormente por caprichos de Narcissa de bebé durmió muchas veces con ellos y por miedo a sentir demasiado, su padre ordeno mandarlo a su propia habitación. Si supiera que cuando amaneció, Lucius abrazaba a su hijo y esposa con seguridad, sobretodo con todo el amor que les tenía.

Para Draco fue la primera y última vez que estuvieron tan juntos como la familia que eran y ha sido uno de los mejores recuerdos de su infancia.


Después de esa noche, Draco sólo recuerda todo lo que le enseño su padre sobre ser un Malfoy, ser un mago de sangre pura, su comportamiento ante la sociedad, quienes merecían ser respetados y una de las lecciones más importantes: no mostrar ningún sentimiento ante los demás, así como mantener la mirada fría para que de esa manera todos lo respeten y obedezcan… Le enseño todo lo que es en este momento, todo menos cómo querer.

Desde el principio, su padre le dejó muy claro que se casaría con una mujer de pureza de sangre y digna de tener el apellido Malfoy, mientras su madre siempre le decía que esperaba que se enamorara perdidamente de una mujer de su mismo círculo. Draco creyó que ese sentimiento llamado amor era igual a atracción física y comodidad. Nuevamente nadie le advirtió cuando llegara a querer a alguien con todo el sentido de la palabra, mucho menos le dijeron qué hacer cuando se terminará enamorando. Entonces deseó no haber sido un Malfoy, de esa manera no estaría metido en todo aquel lío y no tendría problema en decirle un te quiero. De esa manera incluso podría verla en público y estar juntos, en verdad nunca creyó que le pasaría algo así.

Lo peor es que el pobre matrimonio de hace una horas le enseño lo suficiente, aún no puede creer que le pidiera un consejo pero a partir de ahí lo decidió. Sí, esta enamorado en todo el sentido de la palabra, no puede huir para siempre de lo que siente y mucho menos esperar a perderla cuando sabe perfectamente que será imposible encontrar a alguien como ella. Hermione es irremplazable, no está dispuesto a dejarla ir porque igual ella ha sacado lo mejor de él. Enfrentará lo que siente, lidiara a vivir con eso y sólo tendrá una semana para ello antes de las vacaciones, sino después será muy tarde.

Al menos tiene que agradecer algo de ser un Malfoy, nunca se dará por vencido hasta obtener lo que quiere, él no está destinado al fracaso.

Finalmente, sacó de su túnica el anillo de Octavius Pepper, agarró un sobre que había en uno de los depósitos y lo metió ahí. Un nudo en la garganta se le formó al saber lo que representaba ese sobre, no quería ni imaginar el sufrimiento de aquella esposa al recibirlo y rogó a Merlin para que nunca llegara a sentir un dolor así.

Llamó a cualquier lechuza, le amarró el paquete en su pata y le murmuró su destino. Observó como la lechuza se iba perdiendo de vista, mientras se prometía a si mismo nunca volver a ignorar sus sentimientos por Hermione.


Hola,

una rápida aclaración,el personaje de Octavius Pepper salió en uno de los libros pero sólo lo mencionan como desaparecido en primavera del 1997 -investigue- y decidí ocupar el personaje para este capitulo. Además de alguna forma ya se aclaró porque Draco es tan tonto en cuanto se trata de sentimientos, sinceramente él no sabe cómo es querer y por eso comete tantos errores cuando se trata de Hermione. Bueno, al menos eso creo yo :)

Espero que les haya gustado el capitulo, muchisimas gracias por seguir mi historia y por leer. No se olviden de comentar, me ayudarían mucho para saber cómo les va pareciendo la historia si la odian o les gusta, aunque bueno si me ayudarían a mejorar.

Besos!