CAPITULO 24
LES MISERABLES.
Jueves 10 de Julio, 10:23 a.m. Mooresville, Illinois.
—Mmmm… éstas tortitas están de muerte— Brittany se recreaba en su plato.
—Vamos Britt, termina de comer. No podemos entretenernos demasiado—avisó Santana sin dejar de observar cómo era capaz de comerse cuatro tortitas con chocolate y seguía teniendo apetito.
—Déjala que se llene—intervino Quinn—Tú deberías comer también. Llegaremos sobre las dos de la tarde a St Louis y no pienso parar a comer en ningún sitio más—Añadió mientras seguía anotando cosas en la libreta.
Tres horas después de abandonar Lima y con Brittany exigiendo su desayuno, hicieron un alto en el camino para entrar en un bar de Mooresville, un pequeño pueblo cerca de Indianápolis donde Brittany iba a calmar su insaciable necesidad por comer.
— Hey… chicas— Rachel caminaba hacia la mesa donde estaban sentadas después de perderse por el bar— Mirad lo que he encontrado – colocó varios briks sobre la mesa— Hay zumos de todas las clases y he comprado algunos para el camino.—Santana y Britt no tardaron en adueñarse de sus preferidos. Quinn apenas miró un par de segundos para volver a su libreta.—He traído éste para ti— dijo acercando uno a la rubia— Es sin gluten… y sabe a manzana.
El juego de Britt tratando de averiguar las alergias de Quinn, provocó que durante todo el viaje hablasen de los gustos y lo que odiaban cada una de ellas. Después de aquello, cada una sabía lo que podía comer o beber las otras tres, Rachel no iba a olvidar que había mencionado que el zumo de manzana era su favorito, por supuesto.
Quinn observó el zumo sin mirar a Rachel directamente.
—Gracias— dijo escuetamente.
Rachel sonrió levemente. Recibir un gracias era mucho más de lo que esperaba de ella después de todo.
—Quinn—interrumpió Brittany—¿Qué es esa libreta? Llevas toda la mañana anotando cosas ahí, ¿Puedo leerla?
—Ni hablar. Esto es solo mío—musitó— Anoto las rutas y leo lo que nos vamos a ir encontrando, nada más.
—¿De verdad?, ¿Tienes una lista con todos los pueblos que nos vamos a encontrar hasta Los Ángeles?—preguntó de nuevo Britt.
—No… no todos—se excusó ante la atenta mirada de Santana y Rachel—sólo algunos…
—Necesitas relajarte Quinn… hay que disfrutar del viaje.
—Britt, si no tuviese eso anotado no estaríamos aquí desayunando— intervino Rachel tratando de justificar la maniática necesidad de Quinn por seguir un orden en aquel viaje. Sin embargo, aquella anotación de la morena no le gustó en absoluto a Quinn, que terminó por removerse incomoda en el sillón.
—Bueno... pero seguro que habríamos encontrado cualquier otro bar… hay miles.—Insistió Brittany.
—Sí, pero…
—Basta de charlas— Santana interrumpió la réplica de Rachel y terminó desviando la mirada hacia Quinn— Tenemos que salir ya o se nos echa el tiempo encima… ¿Verdad Lady?
—Si.— Murmuró Quinn dando por finalizada la estancia en el bar.
Unos minutos más tarde las cuatro salían del bar dispuestas a continuar con el viaje.
—¿A quién le toca conducir ahora?—cuestionó Brittany, que ya veía como Santana se acomodaba en la parte trasera tras haber sido la primera conductora.
—Lo haré yo—Fue Quinn quien respondió.
—Ok…— dio varios saltitos hasta llegar a la puerta trasera y adueñándose del segundo asiento que le correspondía, obligando a Rachel a que ocupase el lugar del copiloto.
Quinn ya estaba en su asiento cuando la morena abrió la puerta para subir. Fue la primera vez en toda la mañana que se miraron a los ojos de manera premeditada, sin que fuera una de esas miradas que ninguna de las dos pudiera evitar, y Rachel dudó. Ver como Quinn desviaba la mirada hacia el frente y no decía nada, le hizo reaccionar y no tardó en ocupar su asiento.
—¿Puedo?— cuestionó mientras señalaba el mapa de la rubia que había dejado entre los asientos.
—La libreta no la toques— amenazó la rubia permitiendo que se hiciera con el mapa, y la curiosidad terminó invadiendo a la morena.
—Ok…
El coche comenzó a rodar de nuevo y el silenció dentro era sepulcral. Santana, apoyando su cabeza sobre el peluche, parecía a punto de quedarse dormida mientras que Brittany, se mostraba más tranquila y relajada que por la mañana.
En la parte delantera, Quinn se limitaba a conducir y Rachel tratando de no molestar, se entretenía mirando las rutas que la rubia había señalado en el mapa.
—Quinn…. ¿Por qué no pones algo de música?— De nuevo Brittany volvía a crear algo de sonido en el interior de la cabina.
—Imposible— interrumpió Santana con los ojos aún cerrados— El equipo de música no funciona. No funcionan los cds y le falta la antena de radio, por lo que es…misión imposible escuchar nada.
—Genial—ironizó Brittany dejándose caer de nuevo en el asiento.—Como esto se anime más, va a parecer un velatorio.
—Hey…me suena esa frase—musitó la latina y Brittany sonrió divertida.
—Es de…
—Traigo el iPod—interrumpió Rachel—¿Queréis que lo ponga?
—Sí por favor—dijo Britt— Esta carretera interminable y el sonido del coche me empieza a molestar.
No lo dudó. Rachel sacó el reproductor de música completamente ilusionada al ver que seguía aportando cosas buenas en aquel trayecto, a parte de los zumos y las barritas energética, y poniéndolo en modo altavoz seleccionó su lista de canciones para que amenizasen el viaje. La música empezó a sonar y las miradas no tardaron en producirse a través de los espejos retrovisores, mientras Rachel regresaba al mapa.
—Oh dios—balbuceó Santana reincorporándose en el asiento —¿Qué es eso?—preguntó al escuchar la primera canción.
Rachel sonreía.
—Realmente me sorprende y me avergüenza que no seas lo que es, pero siendo tú haré una excepción y te lo diré; 25 Aniversario de Les Miserables. Cuarenta canciones grabadas en directo en el Teatro Imperial de Nueva York, donde…
—Oh dios—se lamentó la latina lanzando una mirada hacia Brittany, mientras Quinn no podía evitar sonreír al observarlas.
El panorama era estremecedor. Durante casi 2 horas de viaje todo fue absoluto mutismo por parte de las chicas excepto por Rachel, que emocionada al escuchar la música que ella misma tenía en su iPod, no podía evitar gesticular en cada nota o estribillo de las piezas que más le gustaban.
Un completo show que Quinn empezaba a disfrutar, aunque no lo demostrase.
—¿Cuánto queda para llegar a St Louis, Quinn?— cuestionó Brittany empezando a perder la paciencia.
—Nada… un disco más de cualquier musical y listo. — trató de bromear.
Rachel pilló la indirecta pero hizo caso omiso.
—Eso es mucho ¿No?— insistió de nuevo la bailarina mientras Santana cabeceaba a su lado
—Según el mapa—respondió Rachel—Estamos….mmm ¿Estamos aquí?...No, no—recapacitó buscando de nuevo un punto sobre el mapa y desviando la mirada hacia la ventana — estamos en la carretera I7…
Quinn miraba de reojo divertida siendo consciente de que estaba completamente perdida en el mapa. La dejó que siguiese buscando, pero Rachel apartó rápidamente el mapa de sus rodillas. Se quedó quieta mirando al frente y provocó la incertidumbre en la rubia.
Lo siguientes minutos fueron extraños. Quinn seguía observándola cuando la carretera se lo permitía, y esperaba una respuesta que no llegaba de sus labios. Rachel había adoptado una postura forzada en el asiento. Completamente erguida, sin apenas moverse y la mirada al frente.
—Britt tranquila, llegaremos a St Louis en una hora más o menos— respondió ella a falta de información por parte de Rachel.
—Da igual… creo que me voy a dormir como Santana. Avísame cuando lleguemos, no quiero quedarme encerrada en el coche.
Quinn ignoró la petición de la rubia y tras ver como se acomodaba sobre Santana, volvió a buscar a Rachel, con la intención de hacer lo que no había hecho en toda la mañana. Interesarse por ella.
—Rachel— Musitó evitando mostrar preocupación— ¿Puedes mirar en el mapa el siguiente punto?.
—No… no puedo ahora. Tendrás que esperar. – Respondió tensando la mandíbula y sin dejar de mirar al frente. Quinn se sorprendió ante la respuesta.
—Si vas a llevar el mapa tienes que decirme por dónde tengo que ir, o si no se lo das a Britt o Santana— espetó enfadada.
—No puedo moverme….
—¿Qué?
—Quinn—balbuceó con dificultad— ¿Puedes detener el coche en el arcén?
—¿De qué hablas?¿Qué pasa?
—Quinn por favor… detente— suplicó la morena palideciendo por segundos. Algo que llamó la atención de Quinn. Dejó que el coche fuese aminorando la velocidad y con sutileza se acercó al arcén, para terminar deteniéndose junto a él. El desierto las rodeaba por ambos lados.
—¿Qué te pasa ahora?— cuestionó extrañada, sin dejar de mirarla. Rachel no respondió. Abrió la puerta y caminó con paso rápido a través del campo, alejándose de la camioneta.
Brittany, que no había logrado dormir, salió tras ella mientras Santana despertaba un tanto confusa.
—¿Qué hace Berry?— murmuró la latina.
—Ni idea— respondió Quinn siguiendo los pasos de ambas.
Rachel se detuvo a unos metros de ellas, y apoyando sus manos sobre las rodillas, agachó la cabeza. Respiraba de manera agitada.
—Rachel ¿Qué te pasa?— Brittany logró alcanzarla.
—Me he mareado— dijo a duras penas.— Creo que voy a vomitar.
—Oh dios… ¿Necesitas que te ayude? Suelo ayudar a Lord Tubby cuando enferma.
—No, no, déjame a solas. Se me pasa enseguida— gesticuló invitándola a que regresase al coche, y eso hizo sin apenas dudarlo.
—Tranquilas, no le pasa nada—Informó llegando hasta el mismo—, va a vomitar—añadió subiéndose a la camioneta.
—Que bien… ¡sí que va a ser divertido el viaje!— Santana volvió a tomar el peluche y se recostó sobre él. Quinn por su lado seguía en el exterior, dudando si debía o no acercarse para interesarse por ella. Una duda que quedó resuelta cuando vio como el malestar parecía adueñarse de la morena.
No pudo evitarlo. Sacó del coche una pequeña botella de agua que Rachel habia comprado en el bar horas antes, y se decidió a ir hacia ella, dejando atrás el orgullo que habia estado cohibiendola durante todo el viaje.
— Ven– Quinn ni siquiera le preguntó. La sujetó del brazo y tiró de ella sorprendiéndola por la brusquedad.
—Déjame Quinn… ya se me pasa.
—He dicho que vengas— tiró con más fuerza y la morena no pudo detenerse. Sujetándola aún del brazo caminaron unos metros más hacia delante, llegando ante unas piedras de grandes proporciones.—Siéntate ahí y pon la cabeza entre las rodillas.—Rachel hizo lo que le dijo. Seguía con la respiración agitada y el malestar sin darle tregua. Quinn esperó a que siguiese su indicación y tras ver como lo hacía, abrió la botella y apartando el pelo que caía sobre el cuello de la morena dejó caer un poco de agua sobre la cabeza y nuca.—Mantén la cabeza baja—susurró con dulzura— Te pondrás mejor. ¡Britt!—Alzó la voz llamando la atención de la rubia, que rápidamente se asomó por la ventana y recibió más indicaciones de ella. Concretamente que se acercara sin demoras.
El sobre ellas empezaba a ser desolador. Apenas eran las 12 del mediodía pero la temperatura de aquel árido paisaje no era muy beneficiosa para una situación como aquella.
—Relájate... ¿Ok?—volvió a dirigirse a Rachel, a quien volvía a humedecer el cuello con agua, ésta vez directamente desde su mano. Lo que provocó una mayor sorpresa en la morena.
Rachel no pudo evitar alzar la mirada hacia ella al notar la mano sobre su cuello, y la mirada entre ambas se prolongó lo suficiente como para agradecerle el gesto que estaba teniendo con ella. Aunque Quinn no dejó que fuese demasiado. La rubia recuperó la postura y tras ver como Britt aparecía a su lado, optó por deshacerse de su sombrero para colocárselo a Rachel, y así evitar que el sol incidiera demasiado en ella.
—¿Sigue mal?— preguntó Santana al ver llegar a Quinn.
—Está mareada…
—¿Por qué no ha dicho que se marea en el coche?
—No lo sé… ¿Crees que puede ir aquí atrás?— se acercó a la parte trasera del coche que estaba descubierta.
—¿Ahí?... no sé. Imagino que sí…
—Aquí le dará el aire y se recuperara antes. Si nos quedamos aquí paradas va a ser peor para ella.
—Pues que se suba—añadió Santana sin darle importancia, justo cuando veían como Britt y una recuperada Rachel llegaban a ellas.
—Dice que se encuentra mejor—anunció Brittany.
—¿Por qué no nos has dicho que te mareas?— preguntó Santana
—No me ocurre siempre— se excusó mientras se aferraba al sombrero de Quinn, y mostraba que la palidez seguía haciendo mella en ella— Vamos… ya me encuentro mejor.— Se acercó a la puerta del copiloto.
—No...Tú no vuelves dentro hasta que no lleguemos a St Louis—La detuvo Quinn
—¿Qué?.
—Te vas a montar en la parte de atrás. El aire hará que te recuperes mejor.
Rachel la cuestionó con la mirada, sin saber si hablaba en serio o simplemente bromeaba. O tal vez la estaba castigando de alguna forma. Sin embargo, su gesto preocupado no tenía nada que ver con lo que sus intenciones parecían demostrarle. Quinn hablaba con autoridad, y ante eso no podía ni debía debatir.
—¡Genial!—exclamó Brittany—Yo te acompaño, esa música me estaba empezando a provocar un instinto asesino que no iba a poder calmar.—Dijo subiéndose de un salto, mientras Santana optaba por ocupar el asiento que había estado utilizando Rachel. La morena permanecía paralizada frente a la rubia, y tras ser consciente de lo que tenía que hacer, hizo ademán por deshacerse del sombrero y entregárselo.
—Quédatelo— Quinn rechazó el sombrero—,te queda bien—Susurró con dulzura, tratando de suavizar un tanto su actitud y hacer que el malestar de la morena fuese menos intenso.
Rachel sonrió y sin dudarlo, se fue en busca de Brittany a la que pidió ayuda para subir. Al igual que hizo Quinn, que tras ver como ambas se acomodaban en la parte trasera, regresó al interior del coche y puso en marcha el motor, dispuesta a llegar a St. Louis lo antes posible.
—¿No puedes evitarlo verdad?—Fue Santana quien rompió el silencio en el interior del coche tras varios minutos de absoluto mutismo.
—¿No puedo evitar que?— respondió sin comprender
—No puedes evitar protegerla. He visto como la mirabas cuando ha llegado. Como la cuidabas allí…
—Trato así a todas las personas que se ponen mal—se excusó quitándole importancia.
—Vamos Quinn. Es superior a ti y con tu actitud lo vas a pasar peor. Es humano preocuparse por las personas que son importantes, a pesar de que te hayan jodido el corazón.
—Es asunto mío. Tú lo has dicho, es una persona, por muchas diferencias que tengamos no puedo dejar que lo pase mal pudiendo evitarlo… ¿Tú no lo harías? No tiene nada que ver con el corazón o el orgullo.
—No seas hipócrita—le recriminó—Mírame, llevo toda la mañana molesta con Britt por lo que ha hecho, y sin embargo, no puedo enfadarme con ella.
—¿Por qué estás molesta con ella? Es Britt. Sabes que haría eso una y mil veces.
—Trato de que lo entienda, Quinn. Trato que vea que no está bien lo que ha hecho. Primero se quedó dormida, y luego nos la ha jugado haciendoque Rachel viniese sin decirnos nada. Nos ha hecho parar para que desayunase, lleva todo el camino diciendo cosas absurdas o metiéndose en vuestros asuntos… pero no puedo decirle nada que le haga daño, es superior a mí. La miro y solo me sale una sonrisa…y eso mismo te pasa a ti.Quieres odiarla, quieres mirarla y que se sienta mal y ser borde con ella… pero no puedes. Lo haces y te arrepientes a los dos segundos
—¡Ya basta…!—la interrumpió—Deja de romperme la cabeza, no quiero pensar en nada más. Solo quiero llegar a St. Louise ¿Ok?.
—Ok—respondió tomando el mapa —¿Dónde estamos?
Mientras en la parte trasera, Britt y Rachel disfrutaban del viaje de una forma más especial.
—Ha sido buena idea. Creo que voy a viajar aquí todo el camino.
—La verdad es que sí… al menos el aire me está ayudando… y es divertido—respondió Rachel más recuperada— Aunque no es justo que ellas conduzcan tanto.
—Te queda muy bien el sombrero.—Ignoró su petición
—Es bonito— musitó sujetándolo con firmeza para evitar que el viento se lo llevara.
—Cuando lleguemos a St Louis me voy a poner el bikini y voy a tomar el sol aquí mismo— dijo la rubia tumbándose sobre el suelo de la camioneta.
Rachel la miraba divertida al tiempo que jugaba con el sombrero de Quinn, el cual habia decidido quitarse por temor a perderlo. Apenas estuvo un par de minutos en silencio observándolo cuando volvió a hablar.
—¿Crees que se le pasará pronto el enfado?— cuestionó indecisa.
—¿A Quinn? o ¿A Santana?
—¿Vosotras también estáis enfadadas? — preguntó sin comprender.
—Yo no, pero ella pretende estar enfadada conmigo. A mi me da igual, no he hecho nada así que está luchando contra su cabeza…. es divertido—Musitó sin darle importancia y Rachel sonrió—Seguro que a Quinn se le pasa…. Solo tienes que ponerte enferma un par de veces más y listo.— Dijo divertida.
—No es divertido marearte… al menos no para mí, pero veo que ha merecido la pena.— Respondió recuperando el entretenido juego que había tenido con el sombrero entre sus manos. Sin embargo, un golpe seco y certero la sacó de aquel pequeño trance.
—¡Rachel!— Fue Santana quien tras golpear el techo del coche, se asomaba por la ventanilla y la llamaba a pleno pulmón. Britt y Rachel no dudaron en asomarse al lateral.—¿¡Dónde demonios has dejado el bolígrafo de Quinn!?— gritó.
—Eh…¡En el bolso. Creo que está ahí!—respondió de igual manera. Alzando la voz a más no poder y evitando que el viento se llevase el sombrero cuando regresaba a su improvisado asiento al ver como Santana regresaba al interior del coche.
—Rachel, eres una inconsciente total—musitó Brittany al tiempo que volvía a tumbarse.
—¿Yo? ¿Por qué?
—Estás loca dejando que Santana busque en tu bolso— respondió riéndose— Es una cotilla y es probable que quiera utilizar algo en tu contra.
—Me da igual que sea cotilla, no tengo nada que ocultar. Solo es un bolso.
—Ya, pues te aseguro que encuentra algo con lo que chantajearte y te tendrá todo el viaje a su antojo—añadió cerrando los ojos.
—No va a encontrar nada ahí, Britt. A menos que le interese los pañuelos, las gafas o…. ¡Mierda!— exclamó tras mencionar lo que supuestamente existía en su bolso.
—¿Qué?— Brittany volvía a abrir los ojos y centraba su mirada en ella—¿Qué pasa? ¿Qué llevas? ¿El Anillo de Sauron? ¿Una foto con tu mam…digo con Barbra Streisand? ¿Llevas a Lord Tubbi…
—GPS—interrumpió al tiempo que volvía a palidecer—Llevo el maldito GPS.
#NC
