Capítulo 25
Diez en punto, Emma se encontraba delante de la casa de Regina esperando que esta le abriera la puerta, lo que hizo algunos segundos más tarde.
«Hey» dijo la rubia sonriendo
«Buenos días, entra» dijo Regina apartándose para dejar pasar a la sheriff «¿Quieres algo de beber?»
«Un zumo de naranja, si tienes»
La morena asintió y se dirigió a la cocina, seguida de Emma. La rubia vio una mochila en la mesa y miró a Regina con gesto inquisitivo
«He hecho unos sándwiches para el mediodía, le he cogido prestada la mochila a Henry, será más práctico para llevarlos»
«Oh, genial, es una buena idea»
La reina le dio el vaso de zumo de naranja a Emma que se lo bebió de un tirón. Después, dejaron la casa para dirigirse a los establos. En el coche, ninguna de las dos hablaba. La salvadora sentía una bola formarse en su vientre a medida que se acercaban. Cuando llegaron, Regina se dirigió a un box, y Emma cada vez se sentía más insegura
«Hola» dijo la reina acariciando el hocico del caballo «Te presento a Emma, ella te va a montar, pero como es su primera vez, tendrás que estar tranquilo»
La sheriff miraba a la morena con una ligera sonrisa en los labios, estaba verdaderamente adorable hablándole al caballo. Esta se dio la vuelta y miro a la rubia
«Este es Tenebroso, es muy dócil, Henry lo ha montado, no debería costarte tampoco»
«¡Es grande!»
Regina puso los ojos en blanco
«¿Esperabas montar un poney?»
«Heu…no, pero no creía que fuera tan impresionante» dijo la rubia poco segura
«¿Tienes miedo?»
«¿Qué? ¡No, en absoluto!»
La morena sonrió, era evidente que Emma estaba mintiendo.
«Puede sentir tu miedo, ¿sabes? Acércate»
La salvadora se acercó despacio y cogió la mano que Regina le tendía. La reina llevó la mano de la sheriff al hocico del caballo. En realidad, Emma estaba más concentrada en mirar los dedos de Regina pegados a los suyos que la cabeza del animal.
«Te estás enrojeciendo» dijo la morena sonriendo, feliz del efecto que acababa de provocarle a la joven
«¿Eh? No…¡Tengo calor!»
«Sí, será eso. Venga, lo vas a montar ahora. Ya está ensillado, llamé esta mañana al palafrenero para que lo tuviera preparado y así no perder tiempo»
Emma miró a la morena, la evocación del palafrenero le trajo a la memoria el recuerdo de Daniel y de repente sintió pena por esa mujer que había sufrido tanto.
«¿Emma? ¿En qué piensas para tener esa cara?» preguntó Regina inquieta
«En nada» se dio prisa en contestar la bella rubia «Bien, vamos»
Avanzó hacia el caballo y Regina la ayudó a montar, tocándole la parte baja de la espalda.
«Pero, se está aprovechando, Majestad» dijo Emma sonriendo
«En absoluto, sheriff, la ayudo, nada más»
Emma se echó a reír y Tenebroso dio un paso hacia delante, provocando que la salvadora perdiera la sonrisa
«Mierda, esto es alucinante, ¿por qué camina solo? ¡Regina, flipo, flipo…es muy alto, demasiado alto! ¡Me voy a caer y a romperme una pierna!»
La reina suspiró y se acercó a Tenebroso que se había parado. Pidió a Emma que se rodara hacia delante, lo que hizo. Regina montó detrás de la sheriff y puso sus manos en sus caderas. La rubia se quedó electrizada ante ese contacto y no se atrevió a hacer ni un movimiento.
«Coge las riendas» ordenó Regina
La joven así lo hizo. La morena dio un pequeño golpe con el pie en el flanco del caballo y este comenzó a caminar dulcemente. Emma se agarraba a las riendas como si su vida dependiese de ello. Su corazón estaba desbocado, pero no sabría decir si era por su miedo a caer o por el hecho de sentir el cuerpo de la reina pegado al suyo. Al cabo de algunos minutos de marcha, Regina se inclinó y murmuró en el oído de la rubia
«¿Cómo te sientes?»
Emma tragó saliva, tenía calor y sentir el aliento de la morena en su cuello no la ayudaba en nada
«Bien, ahora tengo menos miedo»
«Entonces, ¿podemos correr un poco?»
«Sí, si tú quieres…»
Regina dio dos golpes más secos con el pie y Tenebroso se puso a trotar.
«Tienes que ser uno con el caballo» dijo la morena
Emma trago saliva de nuevo, las palabras de la reina la conmocionaban y sobre todo la hacían pensar en cosas no muy católicas. Al cabo de una hora de paseo, Regina decidió hacer una pausa al borde de un pequeño lago para que Tenebroso pudiera refrescarse. Emma se sentó en la hierba y abrió la mochila para tomar un sándwich. Regina se unió a ella unos minutos después y se sentó a su lado
«¿De qué te apetece el sándwich?» preguntó la sheriff
«De queso, por favor»
«Toma. Buen provecho»
«Gracias, a ti también»
Comieron en silencio, cada una inmersa en sus pensamientos. Después de un rato, la reina rompió el silencio
«Entonces, ¿te gusta montar a caballo?»
«Confieso que al principio me pareció impresionante, pero contigo detrás, me siento más segura» dijo la salvadora riendo.
«Algún día tendrás que montar sola»
«Sí, como tú dices, algún día. No tengo prisa y además habrá todavía más ocasiones para hacerlo»
«Eso espero, sheriff»
Emma acabó su sándwich, bebió agua y se echó en la hierba bajo la mirada divertida de Regina
«¿Por qué sonríes así?»
«Oh, por nada»
«Miente mal, Majestad»
La sonrisa de la morena se ensanchó
«Te encuentro adorable en esa posición»
La salvadora enrojeció y desvió la mirada. Regina se echó a reír
«¡Y estás más mona cuando te enrojeces!»
Emma puso los ojos en blanco, una ligera sonrisa en los labios
«Deja de decir tonterías y echate a mi lado»
«¿Bromeas? No tengo ganas de ensuciarme»
«Regina, ya estás sentada en la hierba, acostarte no cambiara gran cosa, venga, relájate por una vez»
La morena suspiró y se echó al lado de la sheriff. Giró la cabeza para mirarla
«¿Satisfecha?»
«Si» dijo la rubia sonriendo «Ahora vamos a hacer un juego»
Regina frunció el ceño
«¿Qué tipo de juego?»
«Ya verás, ¡es divertido! Mira, yo empiezo»
Las dos mujeres se pusieron a observar el cielo
«¡Aquella me recuerda a una cacerola!»
Regina se echó a reír
«¿De verdad? ¿Sabes a qué se parece una cacerola?»
La sheriff se giró hacia la reina, fingiendo estar ofendida
«Hey, ¡no te permito que digas eso!»
«¡Oh! ¿Mis Swan se ha ofendido?»
«Venga, ahora tú, ya que te crees tan inteligente»
La morena se puso seria y buscó una nube para analizarla
«¡Aquella, diría que un corazón!»
Emma sonrió y se giró hacia la joven.
«No la imaginaba tan romántica, Majestad»
«Oh, todavía te queda mucho por conocer de mí»
«Solo pido eso» murmuró la rubia
Regina clavó su mirada en la de la salvadora, tenía unas ganas locas de besarla, pero se contuvo. No era ella la que tenía que dar el primer paso, así que esperaría hasta que Emma estuviese preparada. Se levantó para ver si Tenebroso estaba bien. Estaba allí tranquilo, bebiendo agua del lago.
«¿Volvemos?» preguntó la reina
«Heu…sí, si quieres»
Emma estaba desilusionada, le hubiera gustado quedarse más tiempo acostada cerca de Regina, pero por alguna razón que desconocía, esta no quería. Entonces, se levantó y se acercó a la reina que estaba junto al caballo. Deshicieron el camino para regresar a los establos. Después de dejar al caballo en las cuidadosas manos del palafrenero, se subieron al coche de Regina. Emma se sentía bien, miraba el paisaje y de repente tuvo una idea.
«Mañana es viernes y hará calor»
«Sí, ¿y?» preguntó la reina, con los ojos fijos en la carretera
«¿Qué me dices de ir a la playa, solo nosotras dos?»
La morena giró la cabeza hacia la sheriff sonriendo
«Sí, ¿por qué no? Pero, ¿no trabajas?»
«Recuperare el retraso el lunes, no te preocupes»
«Pues a la playa, entonces»
«¡Genial, entonces, te paso a recoger sobre el mediodía, no hagas nada, yo me ocupo de todo!»
«De acuerdo»
El trayecto acabó en silencio y pronto llegaron a la casa. Emma acompañó a Regina hasta la puerta y antes de subir en su coche dijo
«Hasta mañana, estoy ansiosa de verte en bikini»
Regina estalló en una carcajada
«Yo también. Hasta mañana»
Emma sonrió y subió en su coche, excitada solo de pensar en el día siguiente…
