Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Asi como la historia original, no puedo decir quién es el autor ya que esta historia la tome de otra adaptación la cual tampoco daba el nombre del autor real.

Advertencias: AU. Yaoi. Kokoros rotos.


Save Me

XXIV

Una sonrisa de a poco comenzaba a iluminar el rostro de Gaara, quien seguía mirando al gato con cierta curiosidad e interés. Mamá estaba hablando con mi padre, acerca de algo que no podía descifrar muy bien. Himawari miraba fascinada a Gaara y al gato, quien tenía los ojos cerrados y ronroneaba a gusto.

—A Nibi le gustas —sonrió Himawari.
—Supongo que… si.

Gaara le entregó el gato a Himawari. Al instante, este abrió los ojos, pero continuó con su ronroneo.

—¿Por qué no vamos a desayunar? —sugirió mamá, mientras se dirigía a la cocina.
—¿No han desayunado? —pregunté, mientras iba con ella.
—Si, nosotros si. Les prepararé algo a Gaara y a ti, ¿bien?

Asentí, mientras besaba su mejilla con cierto cariño y salía de la cocina para ir a lavarme las manos.

—Llamamos a la escuela —me mencionó ella antes de que yo pudiera desaparecer— Los vientos de anoche hicieron que cayera un árbol en la cancha y las clases se retrasaron. Comienzan a las once y terminan una hora después de lo habitual.

—Bien. Le diré a Gaara que comience a prepararse, entonces —sonreí. Caminé escaleras arriba, donde había escuchado los pasos de Gaara hace unos pocos minutos. El estaba en su habitación, observando una caja musical que contenía una pequeña bailarina de ballet que se movía en el centro de la caja. Alrededor de ésta, habían joyas pertenecientes de mi madre.

Golpee la puerta dos veces, el se sobresaltó y cerró la caja lo más rápido que sus manos le permitieron y me miró sonrojado.

—¿Qué hacías? —pregunté en el umbral.
—Yo… escuchaba esta caja… —murmuró, avergonzado— No importa, ¿verdad?

Negué.

—Oye, mamá me avisó que las clases empezaban a las once, será mejor que te comiences a preparar, ¿vale?
—Vale.

| PDV de Gaara |

¿Se habrá enojado conmigo? No quería que Naruto se enfadara conmigo. Era la única persona que tenía mi confianza ya ganada. Él me miró y cerró la puerta cuando salió de la habitación, dejando un silencio espantoso. Caminé y, algo nervioso, abrí el closet.

Cuando llegué del hospital, Minato, lo primero que hizo al llegar, fue ir al armario de su habitación y sacar mucha ropa que, según el, ya no utilizaba. Kushina comenzó a guardarla en el armario de esta habitación y me dijo que si necesitaba algo para mi, se lo dijera a ella directamente y ella solucionaría las cosas. Pero no me atrevía a pedirle algo, que ella gastase su dinero en mi necesidad. No lo necesitaba.

Miré con atención y curiosidad las prendas colgadas y dobladas. Había de toda clase y de todos colores. Acerqué una mano a una tela de color beige, y las puntas de mis dedos rozaron la fina tela brillante y suave. De buena calidad.

Miré pantaloneras, jeans, camisas, blusas, remeras, chalecos y polerones y abrigos de todo tipo. Algunas tenían diseños juveniles, diseños de los años 60 y 70. ¿Cuánta ropa tendrá en total el armario de Minato?

Saqué una remera manga larga de color gris, que tenía en negro un dibujo de un signo de prohibido. Saqué una chaqueta que me pareció realmente hermosa. Era negra, de una gruesa tela que me protegía del frío de la mañana, con varios bolsillos con cremalleras y cuellos y puños elasticados. También cogí unos jeans de un color azul fuerte.

Para los pies unas botas, las que estaba usando ayer, que eran de piel falsa pero demasiado comodas.

Por primera vez en mi adolescencia, me sentí guapo.

La habitación tenía un espejo de cuerpo entero ovalado, con un hermoso cuadro de plata con diseños. Me miré allí, sin saber que decir.

¿Qué diría mi madre si me viera así, así de bien? Toqué mi cabello que se encontraba desordenado y algo enredado. ¿Dónde habrá un cepillo? Mi cepillo se había quedado en la habitación de mi casa, y no tenía nada más.

Cuando me dirigía a recoger el bolso que Kushina me había dado para la escuela, tocaron a la puerta antes de abrirla. Kushina apareció por la puerta, sonriendo levemente y con una bolsa de supermercado en la mano.

—Compré algunas cosas para ti cuando veníamos de vuelta.
—No debiste, Kushina… —comencé a protestar, pero ella me detuvo.
—Ahora eres parte de esta familia, y necesitas tus cosas personales, ¿no? —sonrió. Hizo que me sentara en la cama y ella se sentó frente a mi, comenzando a sacar las cosas de la bolsa— Te traje un cepillo de dientes y un peine para tu pelo. También un desodorante, Shampoo y bálsamo, cremas, perfumes, ropa interior nueva y algunas otras cosas.

Miré todos los productos para mi sobre las colchas del final de la cama.

—Kushina… Gracias, de verdad —sonreí. Ella me devolvió la sonrisa y me abrazó.
—Recuerda que si necesitas algo más, solo pídemelo, ¿si?

Asentí con la cabeza. Ella me avisó que el desayuno estaba abajo esperando por mi y por Naruto, y que tenía menos de media hora para terminar para ir a la escuela. Me dejó para que terminase de hacer lo que tuviera que hacer.

Agarré el peine y le quité la etiqueta. Mi cabello estaba realmente enredado, más de lo que pensaba. Mis cabellos finos, rojizos y oscuros, con visos de colores más claros. Lo toqué, suspirando complacido por sentirlo así de suave entre mis dedos. Agarré la mochila –que estaba vacía, ya que tenía todo en la escuela- y bajé las escaleras, mientras me mordía el labio. Dejé la mochila sobre el sofá y fui a la cocina. Naruto estaba allí, con una chaqueta de cuero, una camisa azul y jeans que hacían juego con su chaqueta y unas botas como las que usaban los motociclistas. Estaba comiendo una manzana mientras hablaba con su padre acerca del equipo de la escuela hasta que entré yo y se detuvieron. Naruto me miró fijamente y me sonrió.

—Te pareces a mi madre —dijo, mientras me señalaba un tazón pequeño con cereales y leche— Come para que nos vayamos —dijo.


Sigue leyendo la siguiente parte…