¡Hola queridos Terrafofans!

Nos encanta oír vuestra opinión ¡sea cual sea! Dicho con educación todo es bien recibido ^^. Además si nos decís tanto lo que os gusta como lo que no es como podemos mejorar ¡así que gracias a todos!

Hoy toca otro capítulo sobre Amelia y Keiji. Hemos utilizado a esta pareja en estos dos capítulos para relajar un poco el ambiente entre el combate de Joseph y Akari y lo que viene a continuación...porque tal y como os dijimos la anterior semana, en el capítulo del sábado van a pasar bastantes cosas interesantes. Al fin y al cabo las fiestas siempre dan que hablar, sobretodo cuando el alcohol hace que las personas se vuelvan más desinhibidas ;)

Como siempre, pasamos a contestar los reviews

Lobo: Alex y Akari han tenido buena vista, sí, sí. ¡Y Marcos! que apunto estuvo de echar la mano

Itzel: ¡Gracias por tu opinión! Lo valoramos mucho ^^. Con una mujer como Michelle como para no dispararse las hormonas...y otras cosas que no son las hormonas xD. A Keiji el pobre todavía le queda mucho que aguantar por parte de sus amigos ¡pero ahí radica la verdadera amistad!

Karen: ¡Muchas gracias por tu aporte! Y sí este capítulo fue más lento y el momento más entretenido no empieza hasta el final. Ay, Keiji que tan espabilado es para otros cuando se trata de él mismo no se da cuenta de nada ¡hombres! XDD ¡Un besazo!

Angie: No sabemos si todos los hombres serán igual de torpes para estas cosas, pero por lo menos estos cuatro chicos que tenemos aquí, sí. Keiji es más tranquilo que los otros tres con diferencia, pero claro también es más mayor...y eso algo hace (aunque no siempre, no hay más que ver a Shokichi XD)

Nobunaga 87: ¡Gracias por tu opinión! Sí este capítulo y el que publicamos hoy son más tranquilos, el del sábado va a ser más divertido. Deberíamos haber puesto a alguien fumando, así el pobre Keiji se habría asustado aún más.

Tony: El trasero de Michelle siempre, SIEMPRE es sexy ;P ¡gracias por tu opinión!

- Título: Estaré ahí para ayudarte
- Autora: Karuite
- Palabras: 12897
- Personajes: Amelia, Keiji, Shokichi, Michelle, Akari

¡Gracias a todos por seguir con nosotras! ¡Sois amor!

Para más información al respecto podéis consultar nuestro tumblr: cockroacheswetdreams


Estaré Ahí Para Ayudarte

Salió bostezando al frío de la mañana cuando aún era de noche y al momento se subió la bufanda hasta cubrirse la nariz ajustándose su gorro de lana con orejeras más aún. Miró a Sauron envidiando su mata de pelo y su energía mañanera preguntándose una vez más por qué estaba en la calle y no en su casa recuperando las horas de sueño que había perdido comiéndose la cabeza anoche después de la vergüenza que había pasado el día anterior.

Tras su infructuosa búsqueda de información sobre cómo empezar a hacer ejercicio e información de gimnasios, había hecho una lista de pros y contras sobre si pasarse o no por el gimnasio de Keiji. Finalmente, por muy poco, había ganado el sí, y lo que había planeado como un "voy, pregunto tarifas y me voy" había derivado en estar arreglándole un problema en el ordenador metidos en su minúscula oficina peligrosamente cerca el uno del otro y después soportar las pullas de sus amigos para acabar olvidando el papel con la información encima de su mesa. Se había dado cuenta en cuanto atravesó la puerta en dirección a la parada del autobús, pero ni de broma se hubiera atrevido a volver, y menos con aquellos enérgicos chicos presentes analizando cada gesto que hacía. Aunque igual no hubiera sido tan mala idea. Ahora se encontraría con Keiji como cada mañana y a ver qué cara le ponía. Habría visto el papel al lado de la impresora y pensaría que le había estado tomando el pelo con lo de apuntarse, o finalmente descubriría que era una simple acosadora y no querría verla nunca más. Además al verle en su ambiente se había dado cuenta de que no le conocía en absoluto, de hecho si se enteró de que era campeón mundial de boxeo fue de casualidad por la tele y por internet. Eso sin contar que si las mujeres que veía habitualmente estaban la mitad de bien que la mujer que se presentó como Michelle ella no tendría ninguna posibilidad de acercarse a él, y reconocía que no le entusiasmaba la idea de ir al gimnasio y verle hablar con otras chicas, aunque fuese un pensamiento infantil. En su mente aún resonaban sus palabras de gratitud cuando le configuró la impresora, o su sonrisa sincera, o su "tú nunca molestas", que tanta ilusión le había hecho… pero no. Definitivamente no debía apuntarse. Hoy cuando le viese se lo diría, que lo había pensado y…

- Buenos días, Amelia. – Dio un bote en el sitio. Iba tan perdida en sus pensamientos que no le había visto llegar. – Perdona, no quería asustarte.

- B-buenos días, Keiji. – Se bajó la bufanda para poder hablar con él. Sauron se puso a olisquear al boxeador, que le rascó la cabeza, mientras ella evitaba mirarle a la cara jugueteando con las borlas que colgaban de su gorro de lana.

- Ayer te olvidaste esto. – Buscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó un papel cuidadosamente doblado. Era el papel con las tarifas, como comprobó con dedos torpes al llevar guantes.

- Ah… ya… es verdad… - Comentó distraída.

- ¿Pasa algo?

- ¿Eh? No. Es sólo que… bueno… – Se le estaba cayendo la cara de vergüenza y no se atrevía a mirar a Keiji. – No creo que al final me apunte.

- Oh, vaya. – Keiji frunció el ceño preocupado y entonces pareció darse cuenta de algo. – Espero que no te hayan molestado Marcos y Alex. Si es así, mis disculpas. Son un poco impulsivos, pero son buena gente.

- Ah, no, no… No me molestaron. – En realidad, la agobiaron un poco, pero no podía decírselo. Se balanceó nerviosa sobre la punta de los pies. – Es solo que… no me veo yendo al gimnasio. Voy a estar muy perdida… - Levantó la cabeza al oír a Keiji suspirar aliviado.

- Bueno, si es por eso no te preocupes. – Le sonrió sincero. – Yo estaré allí para ayudarte y guiarte siempre que lo necesites.

- Gr-gracias. – Notaba la boca seca y agradecía que el viento frío ya le hubiese enrojecido la cara previamente. Había vuelto a hacerlo, esa sonrisa dulce y sincera que la desarmaba y no pudo evitar sonreírle. – L-lo pensaré.

- Bien, me alegro. – Se quedó mirándola un momento preguntándose qué haría al final. Aunque era muy tímida, no podía evitar tenerle cierta simpatía. – Bueno, Amelia, yo sigo mi camino. – Le rascó la cabeza a Sauron. – Nos vemos mañana.

- S-sí. Nos vemos mañana.

Amelia vio a Keiji alejarse con una sonrisa estúpida en los labios. No. No, no, no, no, NO. Había tomado la decisión de no apuntarse y evitarse sufrir y hacer el ridículo, y ahora sabía que tenía que apuntarse más que nunca. Volvió a mirar atrás comprobando que había desaparecido de su vista y se permitió una pequeña patada contra el suelo, presa de su ansiedad.

Bueno, decir que se iba a apuntar era fácil, pero cayó en la cuenta de que ni siquiera tenía ropa adecuada para hacer ejercicio, así que antes de comer buscó información para ir esa misma tarde a comprarse algo adecuado. Mentiría si dijese que no estaba un poco emocionada ante la perspectiva de ir a comprar todo lo necesario… hasta que llegó a la tienda.

Primero pasó por la zona del calzado. Esto fue relativamente fácil, ya que una chica muy amable le explicó que para ir al gimnasio con unas zapatillas bastante normales le valía, otro tema sería si fuese para correr. Y realmente se alegró, porque le enseñó un pasillo interminable con miles de zapatillas de colorines con letreros clasificándolas según resistencia, ligereza y nivel de entrenamiento, entre otras cosas. Como para volverse loco. Otro tema fue la ropa. Tenía claro que no quería llevar ni mallas ni pantalón corto, y a ser posible, quería que fuese discreto, pero por algún motivo que no llegaba a entender había una tendencia absurda a que la ropa de gimnasio, al menos para mujer, fuese de colores neón, blanca, o rosa chillón, con escote excesivo, con media espalda al aire o una mezcla de todo. Desde luego no pretendía ir como Michelle, que además de mallas llevaba un solamente un top, que esos, mira, al menos sí que había colores más normales. Cuando estaba a punto de desesperarse encontró un conjunto de pantalón pirata negro con una camiseta de escote redondo sin mangas también negra. El único adorno eran unas tiras blancas que recorrían la pierna y otras que recorrían los laterales de la camiseta. Era un poco más ajustado de lo que le gustaría, pero la menos no parecería que llevase acoplado un letrero luminoso en la cabeza que dijese "torpe aquí". También cogió un sujetador deportivo, que había leído que lo recomendaban para las mujeres y le tenía aprecio a su pecho. Por suerte las bolsas de deporte son unisex y pronto encontró una que se acomodaba a sus gustos.

Ya en casa, con la cartera un poco más vacía y un poco más preparada para su primer día de gimnasio, se probó todas sus compras y se miró en el espejo. Una cosa tenía que reconocer, la ropa desde luego era cómoda, pero se sentía un tanto desnuda. Estaba acostumbrada a que sus prendas de diario eran más bien holgadas y el verse de pronto en algo tan ajustado era una sensación bastante incómoda, hasta parecía que tenía más pecho, pese a que el sujetador deportivo que había comprado no les daba libertad precisamente. Al pensar en ver a Keiji vestida de esa guisa incluso se vio enrojecer en el espejo. Suspiró. Se consolaría pensando que el resto del mundo iba a vestir parecido.

El domingo amaneció lluvioso y su interacción con Keiji se redujo a un saludo desde lejos. El lunes ya no llovía, pero el boxeador siguió su camino. En el fondo lo prefería así, ya pensaría cómo afrontarle cuando le viese esa tarde.

La mañana se le pasó volando en el trabajo. Antes de salir de casa había revisado cuatro veces la bolsa del gimnasio. La ropa que había comprado sin etiqueta, las deportivas, una botella de agua, toalla, chanclas, un neceser con cosas ducharse y asearse, una toalla pequeña para el sudor y una goma para el pelo. Según las recomendaciones que había leído por internet era todo lo que necesitaba, y a ella le parecía que se estaba mudando de casa. Había llegado un poco antes al trabajo y lo había dejado en su casillero. No le apetecía que sus compañeros comentasen nada, y antes de darse cuenta estaba ya montada en el autobús camino del gimnasio con los nervios a flor de piel. ¿Estaría Keiji? ¿Y si no estaba? Llevaba la bolsa de gimnasio encima de las piernas que no dejaba de mover hasta que el autobús llegó a la universidad. Bajó con paso decidido, pero poco a poco fue reduciendo el rimo con crecientes dudas. Bueno, estaba ya delante de la puerta, se había dejado un dinero ya, así que tenía que hacerlo. Cogió aire un par de veces y entró por la puerta.

Nada más entrar se encontró a Keiji de espaldas hablando con el chico japonés del viernes, el que preguntó si era su novia. Por qué me pasan siempre estas cosas… Al parecer el chico también la reconoció.

- Hombre, Keiji, si está aquí tu "AMIGA"…

- ¿Eh? – Keiji se giró y su cara de intrigada pasó a una de alegre sorpresa. - ¡Amelia! Al final te decidiste a venir.

- Emm… sí. – Sonrió encogiéndose de hombros. No quería decir nada más porque el japonés podría usarlo en su contra y entonces saldría corriendo de allí.

- Bueno, Keiji – vio cómo le daba un puñetazo amistoso en el hombro. – os dejo solos que seguro que tenéis mucho de lo que hablar… ¿eh? ¿eh? – Luego se giró a ella con una sonrisa que pretendía ser inocente pero nada más lejos de la realidad.

No sé si lo está haciendo a posta o no se da cuenta de lo evidente que es insinuando cosas… Paso a su lado despidiéndose y antes de cruzar por la puerta le dijo algo en japonés a Keiji, y éste, algo azorado, le contestó. Realmente no supo qué se dijeron, pero le pareció entender "Michelle" y Akari enrojeció pidiendo disculpas antes de marchar corriendo.

- Perdona, Amelia. – Su sonrisa sincera disipó las dudas de por qué estaba ahí. – Me alegro de que te hayas decidido a venir.

- Bueno… hay que intentarlo, ¿no?

- Claro. Vamos a mi despacho y te preparo la ficha, ¿te parece? – La invitó a pasar delante con un gesto de la mano.

Ya sabía dónde estaba la oficina, así que pasó y se sentó en la silla, con la bolsa en las piernas. Así al menos podía coger el asa y no se le notaría tanto que le temblaba un poco el pulso. Había decidido apuntarse de momento al plan de seis meses, así, si lo pagaba ya, se obligaría a ir. Keiji estaba en su silla delante mirando concentrado a la pantalla. Le vio dar doble click y esperar. Esperar. Esperar… Bueno, al menos esta vez no parecía preocupado.

- Perdona, es que el ordenador es un poco lento. – Se disculpó rascándose el hombro y mirando a la pantalla con cara de consecuencias.

- Bueno, siendo Windows Vista lo raro es que no explote el ordenador. – Al punto de acabar la frase se llevó las manos a la boca. Keiji la miró asustado. – Perdona, n-no quería…

- Tranquila. – Suspiró. – Michelle alguna vez ha dicho cosas del Windows Vista ese también, aunque la verdad no sé bien a qué se refiere, y cuando me viene a mirar el ordenador prefiero no molestarla demasiado. – Frunció el ceño. Cualquiera le dice algo a Michelle cuando está concentrada en un problema…

- Em… bueno, el Windows Vista es el sistema operativo que tienes en tu ordenador ahora mismo. – Se encogió de hombros. Era obvio, salía el letrerito cuando iniciabas el aparato.

- ¿Sistema operativo? – Keiji preguntó un poco azorado, no la estaba siguiendo en absoluto y Amelia le miró confusa.

- Sí… - Igual era cosa del idioma y por eso no le entendía. No podía ser que estuviera TAN perdido. – Es lo que hace que funcione tu ordenador, en general.

- Oh, ya veo. – Por fin lo estaba entendiendo y se sintió orgulloso. Miró a Amelia dudoso. – Y el que tengo… ¿es malo?

- Pues… - Venga, no le machaques, obviamente no tiene ni idea. – Pues es de los peores que han salido… - Bocazas… Le daba un poco de pena Keiji. Solo esperaba que no usase Internet Explorer…

- Oh, vaya… - Keiji se deprimió un poco y giró la vista hacia la pantalla. – Bueno, parece que esto ya funciona.

Por fin Keiji fue cogiéndole los datos para hacerle la ficha, su nombre y apellido, edad, método de pago, y…

- ¿Qué objetivo tienes? – Preguntó amablemente.

- ¿Eh? – No entendió la pregunta.

- Sí, que cuál es tu idea de apuntarte al gimnasio. – Amelia parecía no entenderle. – Tonificar, asistir a alguna clase, ganar músculo, mejorar tu condición cardiovascular…

- Esto… pues… - ¿Objetivos? Venir a verte. Nadie le había advertido que tenía que tener objetivos. – Supongo que mejorar un poco mi condición física, en general… Hace mucho que no hago deporte… - Miró a su bolsa avergonzada.

- De acuerdo, sin problema. – Apuntó algo más en el ordenador. – ¿Cuántos días tienes intención de venir?

- C-creo que me dejo aconsejar. – ¡Cuántas preguntas! Y ella que pensaba que era llegar y empezar a sudar como una idiota…

- Suelo recomendar tres como mínimo y obviamente no seguidos – Explicó con paciencia. – También depende del tiempo del que dispongas, claro.

- Tres días estará bien… sí…

- Vale. – Sonrió y apuntó los últimos datos. – Si quieres ve a cambiarte, que voy a hacerte una rutina y te la explico, ¿sí? – Le dio una llave de taquilla. – Los vestuarios de mujeres están a la derecha.

Por fin, tras lo que le había parecido una eternidad se dirigió a los vestuarios. Pese a que Keiji le había especificado la puerta de la derecha, iba directa al vestuario de los chicos cuando una mano autoritaria se posó en su hombro.

- Ey. – Al girarse de un bote vio a Michelle. – Creo que te estás equivocando. – Le señaló el letrero con el pictograma de hombre en la pared y se puso roja.

- Gracias…

- Así que al final te vas a apuntar a este gimnasio… - La rubia la analizó inclinándose un poco hacia ella por la falta de gafas. – Bueno. – Le sonrió. – Pareces buena chica. Nos vemos por ahí. – Sin más se giró y se fue a seguir con su rutina.

Amelia entró al vestuario de mujeres, esta vez sin error. Había un par de chicas que se acababan de duchar secándose el pelo, charlando entre ellas. Al menos se parecían un poco más a ella, y eso la animó un poco. La sala era amplia, con bancos y taquillas en dos de las paredes, así que escogió la que coincidía con su número de llave. Otra de las paredes tenía lavabos y un espejo que cubría casi toda la pared. Por una abertura llegaba el sonido de las duchas comunitarias. Le daba bastante corte cambiarse habiendo gente, aunque estuviesen a sus cosas. Podría remolonear y esperar a que se fuesen, pero parecía que tenía para rato y Keiji le estaba esperando, así que intentó cambiarse lo más rápido posible, pasando por alto su momento de vergüenza. Cuanto ya había acabado vio a otra mujer llegar y desnudarse sin pensárselo mucho para acceder a las duchas, así que debía ser lo normal. Se ató el pelo mirándose en el espejo. No le llegaba el pelo del flequillo, pero bueno, lo había intentado. El próximo día cogería horquillas.

Mientras tanto, Keiji estaba preparándole una rutina de iniciación a Amelia. A decir verdad, le había alegrado mucho verla en el gimnasio, aunque no se explicaba bien por qué. Supuso que se debía a que el otro día la había visto jadeando después de que Sauron hiciese que corriese un poco de más y se alegraba de que quisiese mejorar. También es cierto que él era una persona feliz haciendo deporte y la perspectiva de que más personas se sintiesen así también le motivaba. Llamaron a su puerta un par de veces con suavidad. Al levantar la vista vio a Amelia. Acostumbrado a verla siempre abrigada ahora con la ropa de deporte y el pelo recogido tenía que reconocer que estaba muy guapa. Se debió quedar mirando más tiempo de la cuenta porque Amelia bajó la cabeza azorada.

- ¿Estoy muy ridícula?

- No, para nada. Te queda muy bien. – Se sonrojó un poco más y sonrió. Sí, la verdad que quizá era algo torpe, pero desde luego ese luego ese toque de timidez le daba un aire encantador. Se aclaró la garganta alterado con sus propios pensamientos. – Siéntate un segundo y te explico la rutina que te he hecho.

Amelia se sentó en la mesa enfrente de él y se inclinaron los dos sobre la hoja que giró hacia ella. Era una tabla de ejercicios estándar en la que había marcado las máquinas adecuadas para que se iniciase en el gimnasio. Había dividido los ejercicios en los tres días que habían comentado, cada uno centrado en un grupo muscular. De cinco a diez minutos de calentamiento, cinco ejercicios de máquinas con tres series de quince repeticiones cada una con un minuto de descanso entre cada repetición y 15-30 minutos de ejercicio cardiovascular. Keiji levantó la vista comprobando que la mujer le seguía. Sus cabezas estaban bastante juntas, llevaba el pelo en una coleta y se había puesto detrás de la oreja los mechones sueltos del flequillo. Tenía el ceño ligeramente fruncido, al igual que los labios concentrada mientras miraba la tabla. Realmente era mujer muy bonita. En ese momento Amelia levantó la vista hacia él, encontrándose con sus preciosos ojos azules y se apartó de golpe. ¿Qué demonios le pasaba? Hacía esto miles de veces. Además a ella ya la conocía, no entendía por qué estaba nervioso. Guardó el bolígrafo con el que había rellenado la tabla en el cajón buscando una excusa para ocultar su momentánea desubicación.

- ¿Alguna duda?

- Supongo que muchas. – Sonrió y se encogió de hombros. – Pero creo que sobre la marcha me aclararé… ¿no?

La guió hacia la zona de ejercicio aerobio, y tras ver que Amelia rechazaba de una forma bastante contundente las cintas de correr, le enseñó el funcionamiento de una de las bicicletas estáticas. Se quedó pedaleando con la dificultad mínima puesta mientras él atendía otros asuntos hasta que acabase.

Amelia empezó a entender por qué la gente de los foros que había visitado recomendaba llevar reproductor de música. La bicicleta le estaba resultando aburridísima, pese a que le seguía pareciendo mejor que correr, y había un constante ruido de fondo por toda la sala tanto de otras máquinas, como el ruido metálico de las pesas y algunas charlas. A la izquierda de las bicicletas y cintas de correr había una zona de boxeo, donde estaba Michelle golpeando uno de los sacos con ganas. Desde luego la mujer parecía de armas tomar. A la derecha había una zona con bancos de hacer pesas, con estantes llenos de discos y mancuernas de todos los tamaños. Para llegar a la donde se encontraba ahora habían atravesado una zona con máquinas grandes, incluso vio a un chico haciendo dominadas al que se le marcaba la espalda de una forma nada desdeñable mientras otro controlaba que no se cayese. Otra cosa que no acababa de entender del gimnasio era por qué estaba todo lleno de espejos. ¿Tan egocéntrica es la gente que hace ejercicio? Aunque por lo menos le estaba sirviendo para ver a Keiji de refilón. Charlaba con la gente. Algunos se acercaban con dudas mientras recogía los discos y las pesas que la gente dejaba sin recoger, aunque había carteles por toda la sala que rezaban "No dejes que otros recojan tus cosas". Al fin su bicicleta pitó señalando el final de su calentamiento y Keiji se acercó.

- ¿Prefieres empezar por algún grupo muscular concreto?

- Pues… - Miró su hoja confundida. Su rutina estaba separada como piernas-glúteos-abdominales, espalda-bíceps-hombro y bíceps-tríceps-abdominales, y si tuviera que fiarse de los dibujos orientativos, todos le parecían máquinas de tortura. – ¿Qué me recomiendas?

- Bueno, a las chicas os suele gustar más las rutinas de piernas y glúteos, así que si lo prefieres empezamos por ahí. – Explicó amable.

Mientras iban a la zona de pierna, que estaba en una zona aparte accediendo entre la zona de boxeo y la de máquinas grandes, Amelia curioseó la gente que tenía a su alrededor y le alivió comprobar que había un poco de todo en el gimnasio. Algunos estaban muy musculados, claramente, pero predominaban más los "tirillas" y chicos más normales, y lo mismo para las chicas, eso sí, todos bastante jóvenes. Supuso que eso se debía a la cercanía a la universidad, así que al menos le parecía no que destacaba sobre el resto.

Se pararon frente a su primera tortura: "Extensión de rodillas en máquina". Keiji se sentó en la máquina y puso una barrita pequeña hacia la mitad de la pila de pesas conectadas a la máquina, levantándolas como si fuese un cojín de plumas. Cuando se sentó ella, tras ayudarla a ajustar el asiento, Keiji puso la barra en la primera pesa. Cogió aire y levantó la barra con la pesa. Vale, pudo levantarlo con un poco de esfuerzo, y miró al boxeador que la estaba vigilando pensando cuánto tiempo llevaría entrenando para tener tal fuerza en las piernas.

- ¿Qué tal lo ves? – Keiji la observó con su habitual sonrisa amable.

- Emm… pues… - Enarcó una ceja mirándole con una medio sonrisa sin saber qué decir y se encogió de hombros. - … no sé… ¿pesa?

Los dos se rieron divertidos con su comentario y Amelia cada vez estaba más convencida de que el esfuerzo estaba valiendo la pena. Además estaba hablando con él de una forma más o menos normal y, milagrosamente, sin hacer el ridículo. Incluso le había hecho reír, y le quedaba tan bien… Pero le vio alejarse mientras ella quedaba subiendo y bajando las piernas.

Cuando Keiji volvió, lo que al principio parecía que era solo un poco de esfuerzo había acabado dejándole los cuádriceps bastante resentidos. Hizo estiramientos bajo la guía del boxeador mientras éste tras dar un vistazo por la sala le comentó que su próximo ejercicio sería "curl de piernas acostado", pero pronto supo lo que era. Keiji se tumbó en la susodicha máquina boca abajo agarrándose a los soportes y levantando las piernas mientras explicaba el movimiento y los músculos que se trabajaban. Además de comprobar que el culo de Keiji era incluso mejor de lo que le había parecido cuando le veía correr por las mañanas, debido quizá a sus hormonas revolucionadas por la proximidad del hombre, el aparato le pareció algún tipo de silla sexual. Mal hecho, porque ahora le tocaba ponerse a ella de la misma guisa. En cuanto se tumbó y se agarró como le indicaba a Keiji, le empezó a dar la risa floja. Intentó contenerse mordiéndose el interior de la mejilla y apretando los labios pero empezó a respirar con dificultad.

- Amelia, ¿estás bien?

Keiji preocupado a ver los espasmos que sacudían su cuerpo se agachó a su lado, y en ese momento Amelia no pudo más y estalló en carcajadas hasta el punto de tener que levantarse del todo y sentarse en el aparato. El pelirrojo la observó también divertido preguntándose a qué se debía el repentino ataque de risa. Mientras tanto Amelia estaba con las manos en la cara y muy muy colorada intentando recuperar la calma.

- Pe… per… perdona. – Aún tenía la respiración entrecortada y se le escapaba alguna carcajada.

- Bueno, mejor que estés riendo y no llorando. – Keiji sonreía divertido. – Si no te gusta esta podemos esperar a que quede libre una de las otras, o…

- No, no, no hace falta, estoy bien ya. Perdona… ay… - Se limpió con el dorso de la mano las lágrimas que le caían de reírse mientras recuperaba el aliento. – No sé qué me ha pasado…

- No te disculpes, tienes una risa muy bonita.

Por suerte Amelia ya estaba roja y no se le notó aún más el rubor cuando se quedaron mirando los dos sin decir nada en un extraño silencio. Al fin, mientras Keiji se aclaraba la garganta mirando a otro sitio, ella más tranquila y con una sonrisilla estúpida en los labios volvió a tumbarse. Esta vez consiguió hacer el ejercicio y cuando Keiji se dio por satisfecho volvió a darse otro paseo hasta que acabase. Este ejercicio no le pareció tan divertido como el otro, y agradeció el momento del estiramiento cuando llegó el pelirrojo. Después pasaron a la siguiente máquina. Si el anterior le había parecido una silla sexual, ahora sí que no le quedaban dudas de que la persona que diseñaba estos aparatos tenía algún tipo de problema. Le tocaba trabajar los abductores en máquina. Contempló a Keiji sentarse en una máquina abierto de piernas pudiendo comprobar que además de bien formado era bastante flexible. Al cerrar las piernas levantaba las pesas, y volvía a abrirlas para repetir el ejercicio. Se levantó le indicó con un gesto la máquina.

- Has visto, ¿verdad? Es fácil.

Amelia le contempló con una mano en la boca y los ojos muy abiertos. Estar abriéndose y cerrándose de piernas literalmente delante de Keiji, o bueno, cualquiera que estuviese por allí, era algo que jamás hubiera pensado que fuese un ejercicio de gimnasio, y eso que el aparato estaba ya en un rincón y orientado de forma que no quedase muy expuesto al resto de la sala. Se sentó en la silla y ayudándose con las manos se colocó en el aparato. Cuando Keiji comprobó que lo hacía bien y se fue, suspiró aliviada, aunque tenía que reconocer que el aparato en sí le resultaba entretenido.

Cuando al fin acabó, Keiji no había aparecido, así que esperó un rato. Con los otros había aparecido puntual como un reloj en el momento en que estaba acabando, y se extrañó un poco. De pronto oyó un berrido gutural que le hizo dar un bote en el asiento, seguido de un golpe de pesas. Por un momento temió que alguien se hubiera hecho daño, hasta que volvió a oír el mismo berrido seguido del mismo golpe. Seguía sin ver al boxeador cerca y escenas cada vez más extrañas cruzaban por su mente. Al final la curiosidad pudo con ella y se fue a descubrir el origen. Al salir vio que Keiji estaba hablando con Michelle cerca de la zona de bicicletas y sintió una pequeña punzada en el pecho. Se acercó discretamente a ellos intentando que el boxeador se fijase en ella, pero los dos estaban viendo el espectáculo que tenían en la parte central del área orientada a espalda. Un hombre excesivamente musculado vestido con un mono azul de tirantes demasiado ajustado y sin perneras era el encargado de hacer el desagradable sonido cada vez que bajaba una barra hasta su pecho llevándose consigo la mitad de las pesas de la máquina. Otro chico al lado que estaba levantando incluso más peso le estaba mirando con una mezcla de miedo y lástima, y ella empezaba a decantarse por la primera opción. De pronto el hombre acabó la serie y se levantó con el rostro congestionado resoplando como si quisiera retar a que alguien le dijese algo.

- ¿"El Motivado" no viene hoy demasiado enérgico? – Michelle se volvió hacia Keiji en vista de que, al menos de momento se había acabado la diversión, e intentó escuchar la conversación, aunque sabía que no estaba bien hacerlo.

- Un poco… - Keiji parecía preocupado. Bueno, normal, a ella también le preocuparía si apareciese en su gimnasio un hombre así que parecía que se había tomado una raya de speed y había decidido lucirse como si estuviese en un coliseo romano.

- Bueno, Keiji, lo dicho. Yo me voy a duchar y marcho ya. A mí me invitó Akari hace tiempo, ya tengo el regalo para ese chico y no se me ocurre más. – Se echó la toalla al hombro. – Habla con Shokichi, aunque yo no me fiaría de él. Bueno, te dejo ya – En ese momento Michelle clavó sus ojos en Amelia con una sonrisa sarcástica – que tienes compañía…

- ¡Ah! – Keiji se giró hacia ella. – Perdona, Amelia, te dejé abandonada.

- No, no, tranquilo. No quería molestarte…

Pasaron de nuevo a la sala y al poco volvieron a resonar los berridos del que Michelle había denominado "El Motivado". Amelia miró a la entrada con un poco de angustia mientras hacía los estiramientos del ejercicio anterior.

- Emm… ¿Eso es normal? – Señaló con un gesto de cabeza al origen del sonido.

- Por suerte, no. – Miró a la puerta frunciendo el ceño. – No lleva mucho viniendo, pero se cansa rápido y se va. Tendré que hablar con él en algún momento, al menos para que no sea tan ruidoso.

La máquina que le tocaba ahora a Amelia era como la anterior, solo que en vez de hacer fuerza cerrando las piernas, era abriéndolas. Ya había pasado la vergüenza de hacerlo antes, así que después de enseñarle Keiji cómo iba esta vez fue más decidida. El hombre la miró mientras lo hacía pero parecía distraído, tenía el ceño fruncido, parecía hasta un poco preocupado.

- Keiji… ¿pasa algo? – Le miró intrigada. – Pareces despistado…

- ¿Eh? ¡Ah! No, tranquila. – Desvió su cara como buscando las palabras. – Es solo que… Bueno. ¿Recuerdas a Marcos? – Estaba un poco sonrojado. – ¿El chico rubio que llegó cuando me estabas arreglando el ordenador? – Esperó a que asintiese. Lo difícil sería no recordarle. – Pues su cumpleaños es la semana que viene. Todos le van a llevar algún regalo y yo no tengo ni idea de qué comprar.

- ¿Cuántos años cumple?

- Diecisiete.

- ¿Y qué le gusta? – Ya le parecía que era más joven que él.

- La verdad es que no le conozco desde hace mucho… Sé que le gusta la música rock, tiene un perro desde hace no mucho, que juega con Akari con su videoconsola y poco más…

- Mmmm… Podrías regalarle un cómic, una novela gráfica o algo así. – Sugirió Amelia. – Eso suele gustar a casi todo el mundo. Siempre te queda el recurso de cogerle ropa, pero con 17 años no creo que le haga tanta ilusión…

- Ufff… - Keiji resopló y se una mano a la cabeza con los ojos muy abiertos. – La verdad es que no tengo ni idea de cómics ni de nada del estilo…

- Bueno, en nuestro barrio tenemos una de las tiendas de cómics más importantes de la ciudad. – Amelia se encogió de hombros. – Seguro que sabes cuál es.

- La verdad es que no… - Admitió Keiji.

- Oh. – Amelia de pronto se dio cuenta de que quizá no llevaba viviendo aquí el tiempo suficiente. – Está cerca del supermercado en el que nos encontramos un día. El problema es si le regalas algo que ya tiene, pero los chicos de la tienda son muy majos, no creo que te pusieran pegas para devolverlo, además te pueden aconsejar. Yo me llevo muy bien con ellos.

Amelia se puso a hacer las series, pero esta vez Keiji en vez de irse se quedó a su lado, con una mano en la barbilla mirando al suelo pensativo. Le estaba dando vueltas a la idea de la muchacha y no lo veía nada claro. Podría ir él mismo y dejarse aconsejar, pero nunca había pisado una tienda del estilo y tenía que admitir que le era un mundo totalmente ajeno. Podría hacer un ridículo considerable además de no entender de qué le estaban hablando y acabar comprando algo que no le gustase a Marcos. Miró a Amelia de refilón. El rubio la había invitado también de una forma un poco subgeneris, pero era una invitación al fin y al cabo… ¿no? Es su vecina y conoce la tienda, y por su forma de hablar parecía que controlaba del tema. Quizá fuese abusar de exceso de confianza, pero era necesario.

- Esto… - bajó un poco el tono - ¿te importaría acompañarme a esa tienda que dices?

- ¡¿EH?! – Amelia se quedó sentada en el aparato con las piernas cerradas y mirándole con los ojos muy abiertos. Tenía que haber oído mal. No podía haberla invitado a quedar así de repente aunque fuese para ir a Normalnever. - ¿Ir contigo… a la tienda?

- Eh… esto... No… No te sientas obligada. – Se llevó una mano a la cara y suspiró. – Perdona, he sido muy descarado. No debería…

- No, no, no. – Amelia se mordió la lengua. No quería sonar tan entusiasmada pese a que ahora mismo le bailaba el corazón dentro del pecho. – Está bien. De todas formas iba a pasar yo, así que podemos ir j-j-juntos.

- ¿De verdad? – Keiji la miró dudoso, se sentía como si la estuviese obligando y no le hacía gracia.

- Sí, sí, de verdad. – Sonrió sin poder evitarlo y se encogió de hombros como una adolescente encaprichada. – Podemos ir cuando quieras. – Observó a Keiji pensativo conteniendo el aliento.

- ¿Qué te parece mañana?

- Vale, sí, perfecto. Mañana.

Amelia se levantó al fin de la máquina y de pronto le flaquearon un poco las piernas. Keiji se quedó a medio camino de agarrarla, pero la mujer recuperó el equilibrio y el boxeador apartó las manos de repente. Entre el ejercicio que había hecho y la emoción de quedar al día siguiente, el suelo de repente no parecía tan firme como antes.

- Bueno – comentó el pelirrojo. – creo que te quedan un par de ejercicios, pero déjalo por hoy. Estira ahora un poco, ve a las bicis un rato y ya está. Lo has hecho muy bien, Amelia. – Sonrió apoyando la mano en su hombro y salió de la sala.

Siguió las indicaciones de Keiji sintiendo mariposas en el estómago. Realmente agradeció no tener que hacer los dos últimos ejercicios. Sentía doloridas las piernas y fue un alivio sentarse en el sillín de la bici. Se puso a pedalear inconscientemente mientras recapacitaba en lo que había pasado. De repente y sin previo aviso, iba a quedar con el hombre al que le llevaba siguiendo el rastro tanto tiempo para ir a la tienda que conocía de toda la vida a comprar un regalo para su amigo. Iba a hacerle de guía y consejera en su mundo, donde no haría el ridículo, a solas los dos, sin nadie más, pasando la tarde y… un momento… ¡¿a solas?! Eso no suena como una… ¡¿cita?! Vale, vale, quizá no era una cita al uso como consideraría cualquier chica normal y corriente, pero al menos pasarían más tiempo hablando que cuando sacaba a Sauron, o lo que habían hablado aquí, y eso era mucho más de lo que podía pedir. ¿Irían a tomar un café después? ¿Y a dónde? ¿Y qué demonios se iba a poner? No podía ponerse de punta en blanco, ni muy tirada tampoco, pero quería causar una buena impresión. No habían concretado hora ni dónde encontrarse aún, y quizá, por si acaso, debería pedirle su número de teléfono… ¡su teléfono! Tendría su teléfono y la posibilidad de comunicarse con él más allá de sus encuentros mañaneros y ahora en el gimnasio. Se estaba poniendo histérica por momentos. De hecho había acelerado su ritmo de pedaleo casi sin enterarse y estaba sin resuello. Disminuyó el ritmo e intentó tranquilizarse sin mucho éxito hasta que pitó el aparato.

Al bajar de la bicicleta se tambaleó como un cervatillo recién nacido. Se quedó agarrada un momento con miedo de echar a andar por si se iba al suelo, cosa que no le apetecía nada. Aprovechó para dar un buen trago de agua de su botella y vio a Keiji hablando con un cliente al que le debía estar explicando cómo muscular los brazos, a juzgar por los gestos y cómo se tocaba y señalaba los suyos propios. Se quedó embobada admirando sus bien torneados miembros superiores, hasta que el muchacho se fue, tras lo cual sus ojos se cruzaron y se dirigió a ella. Dio un respingo al darse cuenta y casi escupe el agua que tenía en la boca.

- Bueno, Amelia, ¿cómo te encuentras? – Sonrió amable.

- Pues… cansada. – Se sonrojó. – Y… emm… tengo las piernas un poco resentidas, la verdad.

- Bueno, poco a poco. Es posible que mañana tengas agujetas. De todas formas, cuando llegues a casa procura tomar alguna bebida isotónica y algo de fruta. ¿vale? – Amelia asintió y se produjo un silencio. – ¿Lo de quedar mañana…?

- M-me cambio y lo hablamos, ¿vale? – Sonrió nerviosa interrumpiéndole. Tenía que pensar algo antes de hablar con él y ahora no se encontraba en condiciones.

- Claro, sin problemas. Estaré por aquí.

Se dirigió al vestuario, esta vez por suerte estaba vacío, aunque había un montón de bolsas de deporte más que antes. Se desvistió lo más rápido que pudo, se calzó las chanclas que había llevado y entró a las duchas. Consistía en un habitáculo alargado anexo al vestuario con tres duchas en cada lado. Escogió una al azar y comenzó a ducharse sin saber con qué cara iba a salir a hablar con Keiji. Bueno, de entrada con escoger algún sitio para quedar e intercambiar números de teléfono ya estaba, ¿no? Ya pensaría en lo demás.

La ducha le sentó de lujo y estaba más tranquila, aunque ahora tenía hambre y miedo de sentarse incluso para vestirse porque estaba tan cansada que dudaba poder moverse si se ponía cómoda. Vestida y con la bolsa al hombro salió del vestuario buscando a Keiji con la mirada, que se acercó en cuanto la vio con su habitual sonrisa.

- He pensado – prefería hablar ella primero – que podemos quedar en el supermercado… si te va bien. No está lejos de allí, los dos sabemos dónde está y… eso.

- Claro, sin problemas.

- ¿Y a q-qué hora prefieres quedar? – Apenas era capaz de mirarle a la cara. Yo llego a casa sobre las 15h.

- ¿Sobre las 17h te va bien?

- Sí, claro. – Sacó el móvil dudosa. - ¿Q-quieres mi número? Por si acaso…

- Ah, es buena idea. Ven a la oficina, que lo tengo allí. – Amelia siguió al boxeador hasta la oficina que empezaba a conocer tan bien y le dio su número mientras buscaba en un cajón.

- ¿Te doy un toque?

- Oh, no, no. Prefiero apuntarlo yo. – Se sonrojó un poco. – Así no me lio…

Amelia sonrió mientras le daba su número. Pese a que normalmente solía desesperarle la gente, sobre todo joven, que no entendía la tecnología, él le parecía adorable siendo tan manco con todo lo que tuviese un mínimo de electrónica. Seguramente era porque admitía que no tenía ni idea y no se las daba de entendido como hacían otros.

Al fin se despidió de él y fue a casa en autobús. Nada más llegar a casa, comió una fruta como le había recomendado Keiji y sacó a Sauron de paseo antes de acomodarse en su sofá o el pobre perro quedaría sin pasear. Cenó como si no hubiese un mañana. Quién iba a decir que hacer ejercicio diese tanta hambre, aunque tenía que reconocer que se sentía bien consigo misma y orgullosa. Cuando acabó y recogió todo, se puso el pijama y fue a tumbarse un momento en el sofá para revisar sus redes sociales. Lo sentía por su perro, pero dudaba que hoy fuese a sacarle por la noche, estaba derrengada. Luego escogería lo que se iba a poner mañana antes de meterse en la cama… o ese era su plan. Despertó media hora después con el móvil el suelo a base de lametazos de Sauron, así que decidió que era hora de hacer seda. Al levantarse notó unos dolorosos pinchazos en las piernas, desde las ingles hasta los tobillos, e incluso los brazos los tenía resentidos.

- Mierda…

Hacía AÑOS que no tenía agujetas y había olvidado lo incómodas que eran. Lamentándose para sus adentros caminó hasta su habitación y abrió la cama. Al tumbarse y doblar las piernas para meterlas en las sábanas contuvo un quejido, intentando no pensar en cómo estaría a la mañana siguiente.

Cuando sonó el despertador se levantó, para variar, bastante bien, al menos mentalmente. Físicamente no pudo decir lo mismo. Al querer estirarse sus piernas protestaron enérgicamente y no pudo contener un quejido de dolor. Se tocó y apretó los muslos, estaban duros y congestionados, y dolía. Vaya que si dolía. Se levantó con cuidado de la cama y se calzó para ir al baño. Ponerse de pie y dar un paso fue un suplicio. Tuvo ganas de llorar. ¿Cómo se suponía que iba a quedar con Keiji esa tarde si apenas podía andar?

Consiguió llegar al baño con dificultad caminando como un maniquí apenas doblando las piernas. Desayunó y miró por internet alguna solución para aliviar sus agujetas y poder andar como una persona normal delante de la gente y no un velocirraptor beodo. Tomó un analgésico y cuando Sauron empezó a exigirle su paseo matutino se le cayó el alma a los pies. Intentó moverse un poco por casa, tanteando sus piernas y el resultado fue lamentable. Parecía que estaba caminando sobre una cama de pinchos, si bien es cierto que ahora más despierta, con el analgésico y habiendo desayunado, había activado la circulación de sus piernas y se encontraba mejor que recién levantada. Se sentó en el sofá y suspiró planteándose seriamente la opción de quedarse en casa o salir con sus consecuencias. Si se quedaba en casa podría descansar, aunque no vería a Keiji, y tampoco quería preocuparle, o que pensase que era una blanda que no aguantaba unas pocas agujetas. Aunque si iba al parque y la veía andando como un pato mareado haría el ridículo. Entonces en ese momento Sauron se acercó con el arnés en la boca que ayer se había olvidado guardar mirándola mientras ladeaba la cabeza.

- Vale, vale. – Se resignó. – Tú ganas… Pero no me des mucho trabajo, ¿eh? – Le rascó la cabeza y fue a vestirse antes de salir finalmente.

Para ayudar a su condición física y su suerte, el ascensor estaba estropeado. Por suerte no se encontró a ningún vecino en las escaleras cuando bajó los pisos que le separaban de la calle, preguntándose si siempre habían sido tan largas o los peldaños tan altos. Al menos el frío de la calle le sirvió de anestésico a las piernas.

Al poco de llegar al parque localizó a Keiji haciendo su ruta de siempre y sonrió. Sí, le dolían las piernas como si tuviese mil agujas atravesándola cada vez que caminaba, estaba nerviosa por quedar con él esa tarde y hacía frío, pero por poder verle correr merecía la pena el esfuerzo. Cuando estuvo a cierta distancia de ella sonrió y fue en su dirección.

El boxeador apenas estaba a unos metros de Amelia cuando Sauron, que le llevaba la pelota a su dueña, cambió de dirección y corrió hacia Keiji poniéndose a dos patas encima de él a modo de saludo. El hombre le rascó la cabeza al perro al tiempo que sonreía.

- ¡Sauron! No. Baja, no molestes. – Amelia se acercó avergonzada cogiendo a su perro del arnés para que volviese al suelo e intentando no pensar en lo mono que quedaba jugando con su perro. – Perdona, Keiji, no suele hacer estas cosas…

- Tranquila, no me molesta. – Le rascó la cabeza de nuevo al animal que agitaba la cola feliz. - ¿Qué pasa? – Amelia parecía estar buscando algo.

- No sé dónde ha dejado caer la pelota… ¡Ah! Allí está. – Puso un claro gesto de disgusto al verla en el suelo, y Keiji se debió dar cuenta, porque se adelantó a cogerla él mismo.

- ¿Puedo? – Tenía la pelota en la mano. Tras ver que Amelia asentía agitó la pelota delante de Sauron para atraer su atención y después la tiró. Pese a que estaba claro que no había usado toda su fuerza, la había lanzado bastante más lejos de lo que solía tirarla Amelia y se quedaron mirando cómo corría el perro. – ¿Y qué tal estás, Amelia?

- Bueno… - Bajó la vista al suelo. – La verdad es que tengo muchas agujetas.

- Es normal. – Keiji le sonrió. – Cuando tengas un rato en la ducha alterna agua fría y agua caliente. Te aliviará bastante.

- Vale, eso haré. – Al menos no parecía que la considerase una blanda.

- Bueno, Amelia, sigo mi camino. Nos vemos m… - Sacudió la cabeza frunciendo el ceño al darse cuenta y una amplia sonrisa se pintó en su rostro. – Nos vemos esta tarde.

- Sí. A las cinco. – Sonrió también. – Nos vemos esta tarde.

Keiji contempló un momento la sonrisa de Amelia y su mano levantada diciéndole adiós al tiempo que giraba para seguir con su rutina. Le alegraba habérsela encontrado, pese a que tenía sus dudas después de verla ayer tan cansada. Se estaba acostumbrando a verla cada día y charlar un rato con ella, le estaba cogiendo cariño a su perro, y además de que hoy le iba a ayudar a escoger un regalo para Marcos. Sí, definitivamente le agradaba Amelia.

La mañana transcurrió sin mayores incidentes, como cada día. A mediodía cogió su bento y fue a buscar a Shokichi. Por suerte esta vez el afable hombretón tenía antojo de comida japonesa y había llevado también su propia bento, así que no le propuso ir a ningún restaurante. Fueron a comer una sala de la universidad habilitada para tal fin mientras charlaban.

- ¿Le has cogido algún regalo a Marcos? - El rector pegó un bocado a su onigiri. – Michelle me ha dicho que también estás invitado a su cumpleaños.

- Aún no… Iré a comprarlo esta tarde. – De pronto se sintió un poco incómodo. Después del interrogatorio sobre Amelia al que había sometido hace unos días, si ahora le decía que iría con ella a comprarlo podría dar por sentado cualquier cosa. – ¿También irás, Shokichi-san?

- Sep. Bueno… a decir verdad Michelle me dijo que ella estaba invitada por Akari… Así que hablé con Akari y, bueno, al final voy. – Se rascó la cabeza sonriendo a modo de disculpa. Shokichi era incapaz de perderse una fiesta. – Dice que Alex quiere darle una sorpresa al chico y quiere que haya mucha gente.

- Eso me dijo a mí también… - Dudó un momento, quería cambiar de tema, pero necesitaba saber qué iba a cogerle. – ¿Y qué le vas a regalar?

- La verdad es que no lo he comprado aún… - Volvió a sonreír con cara de culpable. – Ey, podríamos ir este fin de semana los dos a comprarlo, ¿qué te parece? – Le miró convencido de que diría que sí y Keiji palideció.

- Esto… es que voy a ir hoy a comprarlo. – Tenía que cambiar de tema YA. – A Marcos le impresionó mucho tu acuario de corales.

- Oh, sí, me di cuenta. Es un buen chico. – Sonrió pero de pronto frunció el ceño. – Si tantas ganas tienes de ir hoy a por el regalo puedo hacer un hueco, aunque preferiría el fin de semana… - Se quedó pensativo un rato y Keiji rogó que sus asuntos fuesen lo suficientemente importantes como para no poder posponerlos, pero no era su día de suerte. – ¡Bueno! ¡Qué importa! Siempre tengo un hueco para ti. ¿A qué hora quedamos?

- Shokichi- san. – Le miró muy serio y sopesó rápidamente sus opciones. Podría decir que en realidad no quería ir con él, pero sería mentir a su mejor amigo, y no quería eso. Otra opción sería cancelar su reunión con Amelia, pero dejar plantada a una mujer no era un gesto bonito. Suspiró intentando parecer natural. – Es que voy a una tienda de cómics. No creo que te guste.

- ¡Como que no! – Shokichi parecía emocionado. – Hace tanto que no voy a una… ¿Vas a regalarle un cómic a Marcos? ¡Qué buena idea! No sabía que controlabas de ese tema. ¡Puedo ayudarte a escoger! ¿Dónde está la tienda?

- Shokichi-san. – Esta vez sonó más serio aún y se sonrojó. Vio cómo la cara de su amigo pasaba de la alegría a la intriga. – Ya he quedado para ir, lo siento.

- ¿Has quedado ya…? ¿Y no puedo ir yo…? – Shokichi hizo pucheros como un niño pequeño y de pronto la luz se hizo en su mente. – No será… - Se formó una sonrisa cada vez más amplia en sus labios y se llevó una mano a la cara. – ¡¿Tienes una cita con Amelia-chan?! ¡Keiji! ¡Eso se dice antes! ¡Felicidades! – Vio cómo se le llenaban los ojos de lágrimas. – Me acabas de alegrar el día, Keiji. ¡Qué bonito! ¡Vas a tener una cita! – Sacó su móvil. – ¡Tengo que contárselo a Michelle!

- ¡No! – Le agarró de las manos antes de hacer nada. – Shokichi-san, no es una cita, solo me va a acompañar a comprar un regalo a Marcos. – Notaba las mejillas ardiendo. – Me dio la idea ella, pero yo no entiendo de cómics, y ella sí. Nada más. Solo es mi vecina. – Shokichi le miraba confundido. En realidad se podría apuntar al plan, pero en parte prefería quedar solo con ella. Además, conocía a su amigo y tenía miedo de que incomodase a la tímida Amelia.

- Pero es una cita.

- No. – Suspiró desesperado. – No es una cita, solo me va ayudar a escoger algo.

- Keiji, amigo mío. – Le puso una mano en el hombro. – Qué inocente eres. – El pelirrojo iba a replicar pero le interrumpió. – Michelle me ha dicho que es muy mona. Eso lo admites… ¿verdad?

- Pues… - Se quedó pensativo un momento. Algo tramaba Shokichi, pero no sabía el qué. – Sí… es guapa. Pero…

- Y vais a quedar para ir JUNTOS a la tienda esa, ¿verdad?

- Sí. – No le iba a dejar hablar, así que esperaría a que acabase.

- Los dos solos, ¿verdad?

- Sí.

- Has quedado con una chica que apenas conoces. A solas. – Shokichi le miró fijamente a los ojos con cara de tener la verdad absoluta. – Eso es una cita. – Keiji no supo qué responder, empezaba a ver su lógica y estaba entrando en pánico. – Y no sé si te lo has planteado, pero seguramente ella piensa parecido.

- Pero… - Intentó rebatirle, pero no encontró las palabras. Shokichi retiró la mano de su hombro y le observó con ansia, viendo cómo su amigo empezaba a darse cuenta por sí mismo de que tenía razón. – Pero yo… yo no… yo no quería… Amelia es solo… - Apoyó los codos en la mesa y escondió la cara en las manos. Notaba el rostro ardiendo. Sabía que su amigo le estaba con una sonrisa de oreja a oreja y eso no le hacía sentir mejor. - ¿Y ahora qué hago, Shokichi-san?

- ¡Sé natural! Eres una persona encantadora, seguro que puedes conquistarla siendo como eres y… un momento… - Sonó su móvil y lo sacó comprobando los mensajes. Puso un gesto de disgusto.

- Pero Shokichi-san, no quiero conquistarla yo solo…

- Keiji, lo siento en el alma, pero es tardísimo y llego ya muy tarde a mi reunión. – El rector torció el gesto profundamente disgustado mientras contestaba al móvil y empezó a recoger sus cosas a carreras. – ¡Pásalo bien en tu cita! ¡Te llamaré!

- Shokichi-san, espera…

- ¡Se natural!

Keiji se quedó sentado en la mesa desolado. ¡Una cita! Desde luego tenía que admitir que como lo había planteado su amigo claro que sonaba como una cita, pero no era lo que él quería. Simplemente quería alguien que le aconsejase. Sí, tenía que admitir que Amelia era muy guapa, y simpática, e inteligente, y le gustaría ser su amigo, pero no tenía ningún sentimiento más allá de eso… Bobadas. Shokichi había vuelto a exagerar, eso es todo. Seguro que para Amelia no significaba nada.

Recogió sus cosas y fue al gimnasio. De los veinte o veinticinco minutos que solía pasar con su amigo había pasado a estar casi tres cuartos de hora fuera y se sentía culpable. Pese a que intentaba convencerse a sí mismo de que lo de esta tarde era una mera formalidad, no podía dejar de sentir una ligera comezón bastante incómoda. Finalmente, incapaz de concentrarse, marchó a casa. Aprovecharía para darse una ducha rápida y tranquilizarse un poco antes de quedar con su vecina.

Amelia por su parte se había duchado ya y estaba en ropa interior desesperándose en su habitación. Llevaba media tarde probándose ropa y aún no se había decidido. Había descartado llevar demasiado escote, tampoco era una buscona. Había descartado también sus camisetas más frikis, como su camiseta negra con piezas de tetris, o su camiseta de "Videogames don't cause violence… LAG DOES". Tenía la ropa que había eliminado en una silla y ahora mismo encima de su cama había un vestido azul sencillo, sin mangas, escote a pico y falda con vuelo por un lado y a su lado un vaquero que le favorecía un montón con una camiseta negra jaspeada con el desarrollo de un dado de 20 caras y una chaqueta fina de punto. Realmente si no te fijabas en el número veinte que estaba en el centro parecían simplemente triángulos formando flores abstractas, así que dentro del resto de camisetas que tenía no era la más rara. Miró a Sauron, que estaba tumbado en el suelo con aspecto de estar aburrido. La verdad es que hoy le había hecho poco caso y tenía ciertos remordimientos de conciencia. Entonces se le ocurrió una idea.

- Ven, Sauron. – El perro se levantó animado y fue hacia ella agitando la cola. – Ven. – Fue a su lado frente a la ropa. Se agachó a su lado pasándole la mano por el cuello mirado a la cama. – Voy a ver a Keiji. Te acuerdas de Keiji, ¿a que sí? Escoge un modelo para mí. – Los animales son sabios, ¿no dicen eso siempre? El perro la miró sin entender, y señaló a la cama. – Venga, escoge.

Se levantó y observó a Sauron. El perro se acercó a la cama, posando las dos patas delanteras encima y olisqueó las prendas. Miró ambas sin saber muy bien qué tenía que hacer y miró a Amelia, que le animó con un gesto de la mano. Finalmente arrimó el morro a los vaqueros empujándolos y miró de nuevo a su dueña, que sonreía al fin. Fue a su lado y la mujer le rascó la cabeza felicitándole.

Por fin se vistió con lo que había escogido su perro, se puso unos botines bajos y se miró en el espejo. Estaba un poco pálida, así que se dio un poco de color en los labios. Era un tono claro, así que tampoco se notaría demasiado, pero se sentía más cómoda así. Comprobó la hora en su móvil. Estaba atardeciendo ya y aún le quedaba algo más de media hora para el encuentro con Keiji, o dicho de otra forma, algo más de veinte minutos en casa. Se puso a mirar Twitter y cuando se dio cuenta que pasaba el dedo por la pantalla sin leer el 90% de los mensajes decidió que prefería estar pasando frío en la calle a estar en casa haciendo el tonto. Volvió a mirar la hora. Las 16:33. Pasó por el baño y se miró en el espejo otra vez. ¿Habría sido mala idea pintarse los labios? Si se lo quitaba ahora le iban a quedar irritados y seguramente fuese peor el remedio que la enfermedad. ¿Y la ropa? ¿Iría demasiado simple? Bueno, la había escogido Sauron, así que no era culpa suya… Vale, es muy cobarde culpar a tu perro, pero era una forma de escoger como cualquier otra… ¿no? Aunque es un perro, quizá es que olió algo raro en ellos. Tuvo un ataque de pánico y volvió a la habitación a verse en el espejo de cuerpo entero. Miró su móvil de nuevo. Las 16:39. Ya no le daba tiempo a cambiarse, pero aunque se cambiase, ¿qué demonios iba a ponerse? Ya está, da igual, no había tiempo. Se llevó la mano a las orejas. Ay, ¿debería ponerse pendientes? ¿Y cuáles? Iba a acabar llegando tarde. Da igual, dejaría los pendientes, pero sí que podía echarse un poco de colonia. Miró la hora. Las 16:42. Comprobó que llevaba todo en el bolso, se puso el abrigo, unos guantes, bufanda. Última comprobación, cartera, móvil, llaves. Perfecto, estaba todo. Se despidió de Sauron y salió al fin de casa. Las 16:47. Vale, bien, no llegaba tarde.

Las escaleras de su casa le recordaron sus agujetas. Tenía que decir que gracias al consejo de Keiji del contraste de agua y el reposo le habían hecho bien y estaba bastante mejor que esa mañana, o quizá habían sido sus nervios los que le habían hecho ignorarlas, pero al bajar a los escalones aparecieron de nuevo. Una vez en la calle echó a andar a buen ritmo a la puerta del supermercado. Tenía el estómago hecho un manojo de nervios. Al menos algo le decía que Keiji era del tipo puntual, así que no tendría que esperarle mucho. Era un consuelo, ¿no?

Las farolas estaban encendidas y se encontraba ya cerca del punto que habían quedado. Comprobó la hora de nuevo, las 16:54. Perfecto. Acababa de llegarle una notificación de Whatsapp. Comprobó qué era al tiempo que iba cantando "I like trains" en voz baja para relajarse un poco. De pronto vio que la notificación era de Keiji y casi se le cae el móvil de las manos. Giró la esquina, y cuando ya estaba abriéndolo a ver qué ponía se chocó con alguien.

- Hola, Amelia. – El boxeador la sonrió amable. Llevaba una gabardina negra y una bufanda también negra.

- Ho-hola, Keiji. – Se sonrojó. – Perdona, iba mirando el móvil, y… - Se alarmó de repente. – ¿Llevas mucho esperando?

- No, acabo de llegar. Te he mandado un mensaje ahora mismo. – Le señaló a la mano con la cabeza.

Amelia bajó la vista a su móvil que aún lo tenía cogido.

Keiji:

Ya estoy aquí (16:54)

Keiji se sintió bastante aliviado al ver Amelia. Había estado dándole vueltas a las palabras de Shokichi toda la tarde. Realmente él no había quedado con ella como si fuese una cita. Vale que no tuviera experiencias en ese tipo de cosas… bueno, ni con mujeres en general, pero una cita es algo más elaborado que ir a comprar un cómic ¿no? Amelia era una mujer con la que había conectado, y le caía bien. Claro que influía el hecho de que había entrado en su rutina diaria, y ahora que además se había apuntado a su gimnasio y la vería más a menudo le había cogido aprecio, así que le alegró comprobar que no se había vestido de una manera especial. No hubiera sabido cómo tratarla de ser de otra forma, pero ya conocía a la sencilla y tímida Amelia. La observó guardar el móvil en el bolso y luego le miró con una sonrisa suave.

- ¿Vamos? Está aquí cerca. – Amelia notaba el corazón en la garganta y le resultaba difícil hablar.

- Claro, cuando quieras.

Amelia guió a Keiji. El hombre le resultaba impotente caminando a su lado, con paso calmo y grandes zancadas, ajustando claramente el ritmo al suyo. Bueno, intentó relajarse. Iban a Normalnever y siempre había sido como su segunda casa. Todo iría bien.

- L-la tienda es bastante grande. – Explicó Amelia. – Tiene un par de plantas, una orientada a temática occidental y otra más asiática… uy. – Se llevó una mano a la boca. Había recordado que es japonés, ¿se habría ofendido? Si fue así no lo demostró.

- Lo que me aconsejes estará bien, no te preocupes. – Le sonrió sincero. – Me fío de ti.

Amelia intentó obviar las ganas de abrazarle explicándole algunos detalles más de la tienda y preguntándole qué temática podría gustarle más a su amigo. Cuando al fin llegaron, Keiji entendió por qué la chica se había extrañado cuando le confesó que no conocía la tienda.

Encima de un escaparate enorme había un letrero no más pequeño que decía "Normal? NEVER!" acompañado de una foto casi a tamaño real del torso de una persona vestida de payaso con el puño en alto, la cara blanca, bigote y pelo rojo y rizado, gafas de sol y un sombrero tipo Fedora negro. Unas luces de neón bajo en cartel brillaban secuencialmente hasta una flecha que señalaba la puerta.

- ¿Entramos? – Era el turno de Amelia de sonreír.

- Sí… vale. – Keiji dudó un momento pero entró por la puerta siguiéndola.

Si se esperaba encontrar una tienda parecida a una librería pero con cómics, nada más lejos de la realidad. Su primer pensamiento fue que había muchos colores. La tienda era enorme. Había pósteres de súper héroes y vitrinas de cristal a intervalos regulares con todo tipo de merchandising… del cuál no entendía prácticamente la mitad. Una zona un despejada en el centro de la sala tenía un cajón lleno de números de cómics donde había un par de personas revisando uno por uno. Al mirar al mostrador, Keiji vio a una mujer vestida pantalones pitillo y botas de tacón. La camiseta tenía un corte desigual y simulaba estar rasgada en la parte delantera dejando ver por detrás una calavera con una serpiente enroscada. Tenía numerosos piercings y el pelo largo, rizado con el flequillo morado, y los labios rojo oscuro. Entonces la mujer hizo un gesto hacia ellos.

- ¡Ey, Amelia! ¿Cómo estás?

- ¡Buenas, Megan!

- Leí tu correo, ya sabes que no tienes que venir aquí a comprobarlo. Ya tienes eso reservado.

- Ya, ya lo sé, pero hoy vengo de acompañante. – Hizo un gesto discreto hacia Keiji mientras se notaba enrojecer.

- Oh, ya veo. – La mujer levantó una ceja mirándole de arriba abajo, y el boxeador sintiéndose un poco incómodo, simuló mirar los cómics de una estantería cercana. – Bueno, si necesitas algo sabes dónde estoy, pero estás en tu casa.

- Sí, lo sé. – Sonrió y entonces vio algo a través del cristal del mostrador. – ¡Anda! ¿Ya salió el "Humanos 3"?

- Sí, chica. – Resopló. – Al menos tiene su gracia jugar de parte de los zombies y no de los humanos. Este está basado en un expocómic. Tiene algunas cartas curiosas, como hacer cosplay y cosas así.

- Eso sí, aunque a mí el Zombies nunca me gustó especialmente. Bueno, vamos a echar un ojo. – Keiji se encaminó hacia ella cuando la oyó decir eso. Se encontraba muy desubicado, y se preguntaba por qué todas las súper heroínas iban medio desnudas, cuando los hombres iban completamente tapados, pero entonces la mujer del flequillo morado llamó a Amelia de nuevo.

- Por cierto, Amelia, mira qué preciosidad ha llegado hoy. – Se agachó a por algo y cuando se volvió a incorporar tenía una réplica de la cabeza de Alien de unos 25 centímetros de alta.

- ¡Anda! ¡Que pasada!

Mientras Amelia se emocionaba con la figura dándole vueltas en el aire para contemplarla desde cada ángulo posible, Keiji, que se fue a otra estantería disimulando para poder mirarla. Era la primera vez que la veía entusiasmada con algo, y no pudo evitar sonreír. En el fondo realmente no la conocía y era consciente de ello. Con él siempre se portaba de una forma más premeditada y tímida, así que confirmar su lado espontáneo y alegre le produjo una agradable sensación en el pecho.

Mientras esperaba, cogió un cómic de Spiderman, ya que había visto todas las películas sobre él. Humanos con poderes de animales, qué cosas. Le resultaba graciosa la imaginación de la gente. Eso sí, lo que tenía en las manos y lo que había visto en pantalla no tenía ni punto de comparación.

- ¿Te gusta Spiderman? – Amelia apareció de pronto a su lado sin previo aviso sorprendiéndole.

- N-no especialmente. – Se sonrojó dejando el cómic. – He visto las películas, nada más.

- Oh. – Amelia avanzó por el pasillo curioseando por los estantes. – ¿Te gusta el cine?

- Bueno… Sí, bastante. Veía muchas películas cuando visitaba a mi madre. – Vio a Amelia coger un cómic de Hulk y lo posó con un gesto de descontento. – Aunque no suelo ir mucho al cine, la verdad, aunque sí estoy pendiente de los estrenos. ¿A ti te gusta?

- Sí. La verdad es que iría todas las semanas si tuviera con quién. – Se giró a él sonriendo y apartó la vista rápido un poco sonrojada. – Mira, esto podría ser una opción. – Le pasó el libro que tenía en la mano.

- ¿Kick-ass? – Keiji miró el personaje vestido de verde en la portada. – Vi la película hace tiempo.

- Sí. Al menos es una historia un poco diferente, por lo de ser un chico sin súper poderes de base. – Fue mirando otros cómics haciendo algún comentario para sí. – La película no quedó mal, la verdad, aunque…

Amelia dejó la frase colgando y fue como hipnotizada a una vitrina enorme de dos baldas en la que había figuras de mujeres con grandes pechos muy ligeras de ropa, y hombres vestidos de manera extravagante con pinta de guerreros, pero ignoró todas esas y se centró en una de un chico de pies grandes y una llave gigante en la mano.

- Qué boniiiitaaa… - Dijo para sí. – ¿Y qué costará…? Ufff… Pero es taaan bonita… Y está articulada… jo… - Suspiró profundamente. – ¿Verdad que…? – En ese momento se giró a Keiji que estaba a su lado sonriendo viéndola embelesada y sus mejillas se tiñeron de rojo intenso. – P-p-perdona.

- ¿Por qué te disculpas?

- Pensarás que soy una rarita. – Se mordió el labio y miró al suelo. Maldita sea, se había dejado llevar.

- No, ni mucho menos. – Vio que Amelia torcía el gesto apartando la cara sin creérselo y apoyó la mano en su hombro. – Amelia, quizá yo no entienda mucho de cómics, pero vengo de Japón. Estas cosas te gustan, y lo respeto, relájate. – La chica levantó los ojos aún dudosos hacia él pero con una pequeña sonrisa. – Eso está mejor. Además me gusta verte alegre. – Al fin la vio sonreír de nuevo y se giró a la figura de nuevo.

En ese momento el nerviosismo de la mujer le hizo recordar las palabras de Shokichi "Eso es una cita. Y no sé si te lo has planteado, pero seguramente ella piensa parecido". ¿Sería por eso por lo que parecía tan alterada? De pronto empezó a sentirse intranquilo y se produjo un silencio entre ambos que empezaba a alargarse demasiado. Carraspeó nervioso y le preguntó a Amelia que si la figura que estaba mirando era de algún cómic también. Ella se puso a explicarle animada de qué era y se relajó el ambiente, enterándose de paso que le gustaban los videojuegos, aunque Keiji sutilmente le sugirió seguir. Le estaban poniendo nervioso las figuras de mujeres semi desnudas sin razón aparente.

Dieron una vuelta el resto de estanterías mientras Amelia le hablaba de cómics y juegos de mesa, para luego bajar a la planta asiática. Ahí fue el turno de Keiji de contarle cosas de su tierra. Ella le escuchaba sin perderse detalle, absorbiendo todo como una esponja. Eso sí, si el boxeador esperaba encontrarse menos desnudos en esta planta, estaba muy equivocado, porque si tenía que apostar, había incluso más figuras y en general más destapados y destapadas que en la planta superior. De hecho tuvo un momento de pánico cuando Amelia volvió a quedarse prendada de otra vitrina sin que Keiji se diese cuenta y cuando fue a buscarla, acabó en el pasillo de hentai y yaoi. Cuando por fin encontró a la muchacha, estaba muy rojo preguntando por qué no especificaban un poco más claramente la zona de adultos. Amelia contuvo una risita al señalarle el cartel correspondiente, y Keiji enrojeció tanto que costaba distinguir dónde acababa su cara y empezaba su pelo.

Pese a su desconocimiento en el mundo del cómic, y la tendencia al desnudo que había, el pelirrojo tenía que admitir que lo estaba pasando bien con Amelia. Era divertida y le gustaba verla entusiasmarse con ilustraciones, o figuras. La verdad es que le parecía que estaba muy bonita cuando reía. Volvió a recordar que Marcos la había invitado al cumpleaños también. ¿Se acordaría ella? Es más… ¿se acordaría Marcos? Alex quería que hubiese mucha gente, y pensaba que Amelia podría caerles bien, pero no sabía si recordárselo. La miró ensimismada con un libro en la mano. Bueno, a fin de cuentas iba a ayudarle…

- Me gusta esta edición… - Murmuraba para sí. – Es mejor que la anterior…

- Amelia. – La llamó suave.

- ¿Eh? – Levantó la cabeza distraída y cerró el libro posándolo. – Perdona, dime.

- ¿Vendrás al cumpleaños?

- ¿Eh? ¡Ah! El cumpleaños…. Pues… Es que solo te conozco a ti y…

- Bueno. – Le interrumpió con una sonrisa nerviosa. – Realmente a Marcos, que es el cumpleañero, y a Alex no les conozco desde hace mucho tiempo tampoco. Y – Apartó la vista sonrojado. – la verdad es que me cuesta un poco hacer amistades, pero contigo me resulta fácil hablar. – Amelia se quedó mirándole con la boca abierta y los ojos como platos y carraspeó rascándose el hombro. – N-no te sientas presionada. Entendería que no quisieras venir.

- V-vale. – Sonrió nerviosa encogiéndose de hombros.

- ¿Eh?

- Que iré al cumpleaños. – Disimuló mirando la estantería. – Tengo curiosidad de si le gustará el regalo. – Se dio la vuelta para que no la viese sonreír como una cría. – C-creo que en la de arriba encontraremos algo. ¿Vamos?

Tras debatir entre varias novelas gráficas diferentes, y por lo que le había contado del muchacho, Amelia se decidió por Watchmen. Además era un tomo voluminoso y podían comprarlo a medias, en vez de comprar dos diferentes. Keiji le dio el dinero y se dirigieron a la la caja.

- Envuélvelo para regalo, Megan. – Le pidió Amelia. Keiji miraba distraído las cosas bajo el cristal.

- ¿Tienes un cumpleaños?

- Emm… ¿sí?

- Ya veo – Enarcó una ceja y miró a Keiji de refilón. Amelia sacudió la cabeza discreta y la dependienta levantó las cejas. – Por cierto, hace bastante que no quedamos, Amelia. – Lo dijo con toda la intención y Amelia sonrió nerviosa. – En cuanto haga un hueco te avisaré.

- Claro. Nos vemos.

Keiji también se despidió y cogió la bolsa. Al salir de la tienda se quedaron uno frente al otro sin saber muy bien qué hacer. Amelia no quería despedirse ya. Lo estaba pasando bien y quería saber más de él, así que reunió valor.

- K-Keiji, es un poco tarde, pero ¿te gustaría ir a tomar algo?

- Vale. – La invitación le pilló un poco por sorpresa. No solía salir de copas, excepto si era con Shokichi principalmente, y no era muy a menudo. – Tú dirás.

Amelia le llevó a un bar tranquilo que conocía cerca de allí, bastante acogedor. Tenía butacas, música tranquila e iluminación tenue. Al menos así si volvía a sonrojarla no la vería mucho. Iba a pedirse una cerveza, pero Keiji se le adelantó pidiendo un té rojo, así que escogió un café para ella. Se quitaron las chaquetas y escogieron una mesa.

- ¿Llevas mucho viniendo a esa tienda?

- Sí. – Empezó a echar el azúcar en el café. – La verdad es que mi padre es aficionado a los cómics también. De hecho tiene algunas colecciones que muchos matarían por tenerlas. Yo le acompañaba a la tienda, porque es amigo de los dueños, y conozco a Megan, su hija, desde cría, porque solía estar por allí y me saca un par de años.

- Se nota que os lleváis bien.

- Bueno… Supongo que es normal. Ella lo tenía todo a mano, y yo tenía los cómics de mi padre, así que solíamos comentarlo entre nosotras. – Suspiró. – La verdad es que es un mundo bastante machista, así que tampoco teníamos muchas más opciones. – Revolvió su café distraída.

- ¿Machista? ¿Por qué?

- Ahora lo es menos, pero antes parecía que una mujer en una tienda de cómics era poco menos que un sacrilegio. Como si no nos pudiesen gustar los cómics, o los videojuegos.

- ¿De verdad? – A Keiji le habían inculcado desde joven el respeto a las mujeres por encima de todo, así que le costaba que en algo como una afición por leer o jugar a algo hubiese un machismo patente.

- Se nota más cuando juegas online. – Keiji le miró raro mientras retiraba la bolsita de té de su taza. – Por internet, vamos, con más gente. Obviamente no sabes quién hay al otro lado del ordenador, pero en cuanto saben que eres una chica, te hacen desprecios, o algunos incluso te insultan si juegas mejor que ellos. Como si les cortases su virilidad, o algo así. Hay de todo, pero bueno, es un poco deprimente.

- La verdad Amelia, no sé cómo serán esos juegos, pero si alguien te insulta a ti es que claramente no te conoce. – Keiji estaba molesto. Le parecía absurdo de base el meterse con otra persona por no saber jugar, pero que además fuese por ser mujer, o por jugar mejor, o que fuese a Amelia, que era un encanto, había tocado su fibra sensible.

- Pero crees que soy rarita… ¿verdad? – Amelia dio un sorbo a su café.

- No, ¿por qué? – Keiji le miró con el ceño fruncido. – Eres diferente. Ser diferente es bueno. A mí me decían que era "rarito" porque hacía mucho deporte.

- ¿De verdad? – Le animó oírlo.

En ese momento el móvil de Keiji empezó a sonar con notificaciones de algún tipo de mensajería con mucha insistencia. Se disculpó un momento y lo miró temiendo quién era el responsable de la frecuencia incansable de los mensajes.

Shokichi:

Keijiiiiiiii =^o^= (17:58)

Amigo mío! =D (17:58)

Qué tal con Amelia-chan?! ^_^ (17:58)

Tienes fotos? *o* (17:58)

Me pasas alguna? =0 (17:59)

Quiero conocerla, cuándo me la presentas? :3 (17:59)

Estáis aún por ahí? Puedo acercarme =DDD (17:59)

Keiji:

NO (18:00)

Guardó su móvil con el ceño fruncido. Sabía que su amigo lo hacía con buena intención, pero también tenía el don de la oportunidad. Al momento de guardarlo volvió a sonar de nuevo. Cogió aire y lo expulsó lentamente intentando ignorarlo pero seguía sonando.

- Parece importante… - Comentó Amelia un tanto triste y bajó un poco el tono. – Si tienes que irte, no pasa nada.

- No, no, tranquila. – Keiji miró su móvil sacudiendo la cabeza. Había mensajes de Shokichi disculpándose si estaba interrumpiendo, deseándole suerte y hasta sugiriéndole que la invitase a cenar. Además se lo debía haber dicho a Michelle y tenía también mensajes de la rubia preguntando por su cita. – Créeme que no es importante. – Apagó su móvil. Ahora estaba con Amelia, no iba a estar pendiente del móvil. – Ya está. ¿Qué te estaba contando?

Amelia se lo recordó con una sonrisa. Había apagado el móvil por ella y en estos momentos se sentía la mujer más feliz del mundo. Quizá fuese campeón del mundo y tuviera a sus pies a cualquier chica que quisiese, mientras que ella solo una simple informática aspirando a mucho, pero si le preguntasen, podría decir que ahora mismo el famoso Keiji Onizuka estaba al alcance de su mano. El pelirrojo siguió hablándole de su infancia, y cómo había empezado en el boxeo. La mujer escuchaba embelesada, haciendo pocas preguntas y fueron compartiendo experiencias de sus mundos. Keiji daba sorbos a su té mientras escuchaba a Amelia con una sonrisa. Una vocecita en su interior, muy parecida a la de Shokichi, le dijo que esto sí se parecía más a una cita, y tenía que admitir que si realmente era tal, no estaba tan mal como había pensado. Hacía bastante que no salía, lo estaba pasando bien, y Amelia era una gran compañía. Al día siguiente tendría que soportar un tercer grado por parte de su mejor amigo, y probablemente de cierta rubia entrometida, pero al menos ahora disfrutaría de este momento.

Sus consumiciones llevaban ya un rato acabadas cuando volvieron a interesarse por la hora. Eran casi las siete de la noche cuando decidieron volver a casa. Keiji pagó antes de que Amelia tuviera siquiera ocasión de sacar la cartera y caminaron un trozo juntos hasta que sus caminos se separaron.

- Yo sigo por aquí. – Comentó Amelia. – Cenaré y sacaré a Sauron, que me estará esperando. – Se balanceó sobre sus pies mirando a otra parte. – Gr-gracias por invitarme.

- Gracias a ti por ayudarme con el regalo. – Keiji sonrió. – Creo que yo solo no hubiera sabido decidirme.

- Pero estaba yo para ayudarte. – Amelia le devolvió una sonrisa tímida y un tanto orgullosa.

- Sí. – La contempló un momento. Realmente es una mujer bonita. – Bueno, Amelia. Nos vemos mañana.

- Nos vemos mañana, Keiji.

Keiji se encaminó a su casa recordando las palabras de su madre sobre buscarse una novia. Nunca se lo había planteado en serio, pero tenía que reconocer que había conectado con Amelia. Mientras, ella llegaba a casa pensando que quizás un día sería capaz de correr al ritmo del boxeador.