AGRADECIEMINTOS A:

-Marie2489

-NotengonombreU.U

-Carito305

Gracias por acompañare en esta historia, ya estoy por acabar esta historia y me alegra que les guste lo que escribo. Y si me siguen halagando así me voy a sonrojar. Jajaja, un millón de besos a cada uno.

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Caminaron hacia el campo de batalla, el viento corría con fuerza, no se atrevía a mirar a nadie, solo se aferraba con fuerza al pelaje tosco y blanco del Bandhersnacth que montaba y siguió adelante. No podía ver mucho, al parecer, Infratierra había despertado con mucha niebla el dio de hoy. Llegaron al campo, no había nadie, o no lo podían ver debido a la espesa niebla. Bajaron de sus caballos todos exceptos la reina. Sacaron y empuñaron sus armas. Esperando. Esperando en momento indicado para atacar.

La niebla empezó a disiparse, solo se veía a uno que otro soldado del bando contrario salir de aquella niebla, pero cuando se dispersó todo. Había un mar de soldados, todos los desterrados estaban empuñando sus armas. No había señales de la Reina roja. Se abrió paso a través de ellos aquel hombre demoniaco. Edward Black vestido de pies a cabeza de una armadura negra. El caballero negro.

Desenvaino su espada y hablo con voz fuerte y clara.

-Mirana de Marmoreal, entrega tu corona ahora, y prometo que les daré una oportunidad de escapar de este reino, si se rinden ahora, prometo apiadarme de ustedes y hacer que tu pueblo no sufra… mucho.

- jamás tendrás mi corona, como tampoco permitiré que lastimes a gente inocente

- escucharon eso, muy bien. Mirana de Marmoreal acabas de condenar a tu pueblo y cuando caigas, Infratierra caerá contigo. Prepárense para pelear – se escuchó ruido de parte de los dos bandos, me desearon suerte y salí para hacer frente – hola preciosa, bien, iniciaremos con los campeones – el ejército de Black se dividió en dos, dejando un espacio como un camino para que algo enorme pasara. De las sombras, como si fuese un recuerdo, surgió el Jabberwocky, salvo que este debía ser el triple de grande, cuerpo blanco con manchas negras, como la tinta, y corazones sangrantes en uno que otro lado. Tenía tres cuellos y tres cabezas, cada una de ellas con incontables hileras de dientes ensangrentados y en la espalda había una larga melena pelirroja.

- es más grande que la última vez – susurro la campeona, mordiéndose el labio inferior. Estaba asustada.

- no tienes que hacerlo, yo peleare por ti, ocupare tu lugar, escucha no lo hagas, si me permites puedo tomar tu lugar. Por favor – le dijo el sombrerero sujetándola de los hombros. Ella no lo miro, solo esuchaba sus suplicas – esta no es tu lucha.

- pero es mi obligación como campeona – lo abrazo fuertemente y lo soltó, respiro y empuño la espada caminando hacia la dirección del Jabberwocky. Evaluó su terreno, vías de escape posible, pero las expectativas eran bajas

- ES SU ÚLTIMA OPORTUNIDAD – grito el hombre. Nadie le respondió – Ataca

La criatura rugió y avanzo hacia la joven rubia, que agarraba con fuerza la espada. Dio el primer movimiento, dio un zarpazo pero ella fue más rápida y logro esquivarlo. quiso aplastarla con la cola, mas no pudo. Alicia corría de un lado a otro evitando los golpees. Aun no atacaba. Se quemó un poco el brazo cuando no pudo bloquear la llamarada que lanzo de la tercera cabeza. Primero corrió lo más rápido que pudo y le hirió cerca de la pierna, pero la piel era tan gruesa que la espada Vorpica se quedó atorada un momento, durante ese segundo pensó que no lo contaría hasta que algo salió disparado al ojo de la segunda cabeza. Era una flecha, Alicia saco la espada y corto una de las patas, pero aún quedaban cinco, si contaban las terminaciones de las alas.

-¡ATAQUEN! – se escuchó un grito, Alicia volteo y vio a Robert con un arco, junto con el sombrerero que empuñaba su espada, todo el ejército blanco contra los expulsados, se desato una matanza. Alicia tomo valor, confiada de que ganarían, y siguió peleando con fiereza. La criatura la atrapo con una de sus garrar y la lanzó al aire, abriendo las bocas para devorarla, pero Alicia aprovecho eso y corto la primera cabeza, bañándose de sangre, la criatura la golpeo y dejo en el suelo, tratando de no caer en la inconciencia mientras de su frente brotaba un rio de sangre se levantó cojeando. Uno de los expulsados fue en su dirección a atacarla, pero Tarrant lo intercepto y lo tiro al suelo dándole puñetazos en la cara. Sus ojos estaban rojos, estaba fuera de sí. Pero ahora ella no podía hacer nada, tenía peores problemas. Se escuchó varios gritos y rugidos, cuando el Bandhersnatch ataco mordiendo aquí y allá.

El ave Jub Jub se lanzó hacia la reina pero fue defendida por Mally y Thackery que no dejaban de lanzar objetos para derribarla. Más solo hacía que se alejaran. Alicia corrió, lo mejor que pudo hacia el Jabberwocky pero fue aventada lejos cuando le dio un zarpazo cerca del estómago, casi no se podía levantar, estaba tirada. Inmóvil. El Jabberwocky era una máquina de matar, no le importaba de que bando era. Su único motivo era matar y comer los cuerpos agonizantes.

Alicia se volteo y cuando el Jabberwocky se inclinó para devorarla, le atravesó el corazón con la espada. Se colgó de la espada para mantenerla con todas sus fuerzas mientras el dragón se retorcía y le arañaba dejando grandes cicatrices sangrantes en la espalda y armadura de la chica. Alicia grito como nunca lo había hecho en su vida, ese grito congelo a todo el mundo, ya que veían la escena.

El Jabberwocky levantado en sus dos patas traseras, con las alas abiertas, gimiendo de dolor, sus dos cabezas llenas de sangre y el cuello sobrante. Alicia ensangrentada y sosteniendo con fuerza la espada. El Dragón cayó y una gran nube de polvo se levantó sobre el campo de batalla con un grito que te ponía los vellos de punta. Cuando el polvo se dispersó. Solo se podía ver a Edward Black que sostenía por el cuello a Alicia Kingsleigh, con un puñal cerca de su cuello. Estaba por matarla cuando. Black cayó sobre el cuerpo de Alicia, ella gritaba muerta de miedo. Todos voltearon a ver que lo había matado. Mirana tenía el arco de Robert y apuntaba hacia él, con las manos temblando.

Tarrant corrió hacia Alicia, a rescatarla de esa prisión. Aventó lejos el cuerpo y la ayuda levantarse, la abrazo y la beso. Claro que nadie se dio cuenta o tal vez, pero no importaba, ahora todos gritaban y se abrazaban, celebrando el triunfo, mientras que los expulsados pedían piedad, pero eran atrapados uno a uno.

Alicia levanto su espada, y todos aplaudieron. Pero se escuchó un grito, una especie de graznido. El ave Jub Jub se lanzó en ataque contra a la campeona. La sujeto con fuerza de los hombros y se la llevo volando. Todos gritaban su nombre mientras corrían tras el ave, que se elevaba más y más. Alicia forcejeaba para librarse del ave, pero no lo lograba. Cogió el pequeño puñal que le había quitado a Edward y le cortó las patas, lo cual la hizo caer en el bosque Turgal. Cayó por los árboles secos que la lastimaban. Se astillaba y sangraba por las ramas que se le clavaban. Cuando abrió los ojos, descubrió que estaba en el piso. Se tocó el abdomen que tanto le dolía y descubrió que tenía algo atravesado. Había caído sobre el puñal.

Se sentía tan débil. Entonces fue cuando recordó la imagen del Oraculum. Esto iba a pasar, y sucedía ahora mismo. Se recostó en un árbol y aguardo en silencio, esperando que sucediera. Lloro por su familia. Por ella. Por su sombrerero. Por sus amigos. Por todo lo que había sucedido.

-ALICIA – el grito la saco de su cavilación, miro por todos lados pero no vio a nadie – ALICIA – no tenía fuerzas para responder. Se apretaba con fuerza la herida – ALICIA – algo la agarro del rostro, hizo que abriera los ojos – Oh por Dios. Shh tranquila, tranquila mi pequeña, vas a estar bien, te lo prometo. Alicia, mírame. Alicia – la sujetaba con fuerza, e intento cargarla pero ella se negó, estaba muy lastimada para continuar.

- Tarrant, ya… estoy muy cansada, necesito… necesito dormir… -

- no, no, no… tranquila, estarás bien lo prometo, pero necesito sacarte de aquí, debemos llevarte al castillo – no veía a nadie que lo acompañara. Sus ojos están amarillos, casi para anaranjados. Alicia tenía miedo de que perdiera la cabeza en estos momentos

- no… ve tu por ayuda. No me puedo levantar.

- de acuerdo… escúchame, voy a volver por ti – beso su frente – debes ser fuerte ¿de acuerdo? Voy a volver – Alicia lo vio irse, ella sonreía. Mientras que una lagrima caí por su mejilla.

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-Ya ha pasado mucho, William. Lleva cuatro días desparecida. Scotland Yard lleva la investigación desde hace tres. ¡¿Y si algo le paso?! ¿Y si esta…?

- no… ella… ella está bien, yo lo sé. Algo me dice que, pronto vendrá. Tiene que hacerlo, ella jamás nos abandonaría así.

- el detective Evans vendrá en cualquier momento – Will se acercó a su hermana para ver lo que estaba haciendo

- ¿eso no es de la Tía Alicia? – Miro el libro de tapa marrón hecho a mano. Al parecer la tía Alicia, el libro contenía cientos de imágenes del país de las maravillas, dibujos, recortes de periódicos para hacer collage, apuntes, entre otras cosas. El libro parecía un rompecabezas lleno de color, nada comparado con lo que les obligaban a leer.

- sí, eh lo tome prestado un momento, hay muchas cosas interesantes – paso la página de la reina blanca y siguió con el sombrerero – sabes, tía Alicia escribió con mejor letra en esta página, hay como millones de apuntes y suposiciones sobre Tarrant Hightopp.

- creo que ella le gusta… me pregunto dónde estará.

- joven amo William, Lady Carolina. Rápido vengan, hay un hombre que desea verlos

- debe ser el detective Evans – dijo emocionada Carolina dejando el libro a un lado

- no señorita, es un señor diferente, viste algo extravagante y viene acompañado, no lo he podido ver bien ni a su acompañante pero están en el jardín, radio señores – Ana Maria salió corriendo hacia el jardín y le seguían de cerca los jóvenes Manchester.

Todos los personales estaban protegiendo la entrada de la casa a través del jardín, un hombre salía del bosque, bestia algo extravagante pero no tanto, se notaba que había hecho un increíble intento por peinarse, aunque su cabello seguía pareciendo una maraña de pelo anaranjado brillante. Traía consigo a otra persona, esta si bestia de colores, como si hubiese explotado un arcoíris. Tenía un par de venda. Ambos se protegían el rostro con sombreros muy raros. Parecían sacados de un libro. Uno de ellos cojeaba y el otro tenía el brazo vendado, parecían mensajeros. Y se acercaban a la mansión.