Capitulo N° 23

Por primera vez en mucho tiempo me reporté enferma en el trabajo esa noche. Alice no había querido que se hiciera un enorme alboroto sobre la cita en el hospital por lo que había decidido permitirle solamente a Esme y Carlisle que la llevaran a la reunión con el neurólogo. Yo estaba un poco sorprendida por el hecho de que la consulta fuera en domingo, pero Edward había intervenido y había usado su encanto —más bien había gruñido y tirado de algunos hilos, porque conocía a alguien en el consejo de dirección del hospital — para conseguir que el neurólogo viera a Alice tan ponto como fuera posible.

Esme y Carlisle la habían recogido, dejado a Nessie y Seth con nosotros, y llevado a Alice hacía una hora. Edward y Jasper no se fueron. Los cinco estábamos sentados en la sala de estar, mirando el reloj, mirando fijamente nuestros teléfonos. Me levanté para orinar. Edward hizo más café. Jasper no se movió ni siquiera una vez.

Dos horas más tarde, Nessie estaba metida a mi lado, Edward estaba mirando a Seth que se había quedado dormido en el otro sillón, y Jasper tenía los ojos cerrados con tanta fuerza por la preocupación que incluso Nessie lo notó y alargó su mano para apretarle la suya. Jasper le lanzó una sonrisa agradecida y la besó en el cabello suavemente, mi corazón doliendo porque ella estaba tan llena de amor como Alice.

La puerta delantera se abrió.

Todos nos pusimos de pie de golpe. Bueno, Seth no, inestablemente se despertó y en cierto modo cayó sobre sus pies.

Esme entró en la sala de estar primero, pero no pude medir su expresión. Miré detrás de ella para ver a Carlisle con su brazo alrededor del hombro de Alice, y juro por Dios que tuve que contenerme para no estallar en lágrimas.

—¿Qué pasó? —Jasper se movió hacia ella y Carlisle inmediatamente soltó a Alice.

Alice se hundió en el costado de Jasper y sonrió trémula.

—Vamos a sentarnos. Lo explicaré.

—Voy a hacer un poco de té. —Esme asintió y volvió a salir de la habitación mientras nosotros nos sentábamos, nuestros traseros en el borde de nuestros asientos.

Alice dejó escapar un profundo suspiro.

—La buena noticia es que mi tumor es realmente un gran saco con dos pequeños tumores en él. Está en la superficie de la parte superior derecha de mi cerebro por lo que pueden quitarlo todo. El Dr. Dunham piensa que con toda probabilidad los tumores son benignos. Piensa que ha estado allí por un tiempo largo y que ha crecido lentamente y tiene que salir por razones obvias. Tendré una cirugía, programada en dos semanas, y enviarán el tumor para una biopsia. —Alice sonrió, sus labios temblando un poco—. Estoy un poco asustada por la cirugía, pero el Dr. Dunham fue realmente seguro y dijo que el riesgo en este tipo de cirugías es como del 2% y la posibilidad de que el tumor sea canceroso es realmente muy pequeña.

Todos a la vez soltamos nuestros alientos, el alivio cayendo en cascada sobre nosotros en una gran ola que casi nos echa fuera de nuestras sillas.

Edward se apresuró hacia Alice antes de que nadie más pudiera, alzándola apretadamente entre sus brazos hasta que ella le dijo que no podía respirar, y mientras hacía eso Carlisle le aseguraba a Seth, que estaba todavía un poco soñoliento, que Alice con toda probabilidad iba a estar bien. Edward finalmente dejó a su hermana con un sonoro beso en su frente y antes de que siquiera pudiera recobrar el aliento Jasper estaba sobre ella, besándola en la boca en frente de todos. Un beso realmente bueno. Valiente.

—Bueno, ya era hora —suspiró Carlisle.

Alice rió contra la boca de Jasper ante eso. Obviamente ahora estaba dándose cuenta de lo que yo había sabido todo este tiempo. Ella y Jasper habían sido todo menos sutiles estos últimos meses.

—¿Qué es gracioso? —preguntó Esme, volviendo apresurada a la sala.

Aproveché esa oportunidad para llevar a Alice a mis brazos.

—Las peores veinticuatro horas en mucho tiempo, amiga mía.

Ella se retiró para mirarme.

—Lamento hacerte pasar por eso.

Suspiré fuertemente y entonces miré el té y el café que Esme había traído a la sala. Le di una mirada de disculpas cuando dije:

—No creo que eso sea lo bastante fuerte.

Ella levantó una ceja en mi dirección.

—¿Tienes algo más fuerte en la casa?

—En realidad no. —Miré hacia Alice—. Pero hay un pub a sólo unas cuantas puertas debajo de nosotros en donde nunca hemos estado todavía. Quizá sea hora. Creo que existe la posibilidad de que tengan algo fuerte.

—Fuerte suena bien para mí.

—Y para mí. —Estuvo de acuerdo Carlisle.

—Tenemos a los niños —se quejó Esme.

Agarré mi monedero puesto sobre la mesita de café.

—Se permiten en un pub si están acompañados de un adulto. Pueden tomar una Coca.

Esme no se veía muy segura.

Sonreí tranquilizadoramente.

—Es sólo una bebida. Una bebida festiva.

—Carlisle puede tener una bebida. Yo conduciré. —Cedió Esme y agarramos nuestras cosas para marcharnos.

Esme y Carlisle sacaron a los chicos primero. Jasper tenía su brazo alrededor de Alice y ella estaba metida cerca de él, pareciendo increíblemente feliz para alguien que estaba por tener una cirugía en unas cuantas semanas. Nuevamente, durante más de veinticuatro horas todos habíamos estado convencidos que ella tenía cáncer para descubrir que probablemente no lo tenía… y por supuesto finalmente tenía a Jasper donde quería.

Eso nos dejaba a mí y a Edward rezagados en la parte posterior, y obtuve la primera probada de lo que él había querido decir más temprano. Sus dedos rozaron mi espalda baja para guiarme por la puerta y fue tan deliberado que no fue gracioso.

Él sabía que era sensible en ese lugar.

Intenté refrenar el escalofrío mientras me daba vuelta para cerrar el apartamento, pero Edward se interpuso en mi camino, así que cuando me di la vuelta colisioné con él.

—Lo siento. —Sonrió, moviéndose lentamente para que mis pechos se rozaran contra el suyo.

Sentí mis pezones endurecerse y me estremecí ante el calor que latía entre mis piernas. Mi mirada fue mordaz.

—Seguro que lo lamentas.

Edward rió suavemente cuando me incliné para cerrar la puerta, y entonces sentí su sombra caer sobre mí. Alcé la mirada a mi derecha para ver su mano presionada contra la puerta cerca de mi cabeza. Giré para mirarlo, solo para descubrir que él mismo se había arrebujado alrededor mío.

—¿Necesitas una mano?

Entrecerré los ojos hasta que fueron casi ranuras.

—Retrocede antes de que convierta tus bolas en un llavero.

Pude decir que intentó realmente no reír. Desafortunadamente no lo intentó con bastante fuerza.

—Nena, tienes que saber que cuando dices cosas como esas, sólo haces que te ame más.

—Suenas como un muy malo villano/acosador en este momento.

—No me importa cómo suena, siempre y cuando esté funcionando.

—No funciona.

—Unos días más y lo hará. —Rozó un rápido beso a lo largo de mi mejilla y entonces se alejó abruptamente antes de que pudiera matarlo.

—Vamos chicos —gritó Alice desde más arriba en la acera. Esme, Carlisle y los niños ya debían haber ido adentro—. ¿Qué les está llevando tanto tiempo?

—Isabella solo estaba rogando por sexo, pero le dije que no era el momento adecuado para ello —contestó Edward en voz alta, causando que los transeúntes se carcajearan.

Furiosa con él por muchas razones, me apresuré a alcanzarlos.

—Está bien, cariño —respondí igual de alto—. Tengo un juguete que hace un mejor trabajo de todas maneras. —Con eso me lancé al pub satisfecha de finalmente haber tenido la última palabra.

Y aunque inmadura, y sí altamente inapropiado considerando la razón por la que íbamos a beber, no pude evitar sentirme satisfecha de que finalmente había tenido la última palabra.

Lo admito. Era una gran cobarde.

No me encontré con Kate y Garrett el lunes como había prometido. En cambio le mandé un correo, explicándole la situación de Alice y que no quería dejarla sola por el momento. Si Kate pensaba que era raro que no pudiera tomarme dos horas del día para verla, no lo dejó saber. Si pensó que era raro que le estuviera mandando un correo en vez de llamarla por teléfono, tampoco lo dejó saber.

La verdad era que apenas vi a Alice en los siguientes días porque Jasper prácticamente se había mudado a su habitación y los dos solo salían por bocadillos y salidas al baño.

No quería ver a Kate y a Garrett. Esa era la verdad

¿Y por qué?

Porque no hace mucho tiempo vomité mierda en el teléfono a Kate sobre no huir de Garrett sólo por tener miedo de lo que el futuro podría depararles, y realmente no estaba de humor para recibir una charla de Kate sobre romper con Edward y ser una completa hipócrita.

Mi historia con Edward era completamente diferente. Lo era.

En serio.

Bien.

Estaba asustada. No. Aterrorizada. Y tenía todo el derecho a estarlo. Solo tenía que mirar la manera en que había reaccionado ante la situación de Alice para saber que Edward tendría una vida difícil y neurótica conmigo.

Además, mi vida había sido mucho más tranquila sin él en ella. Raramente me preocupaba por algo, mis emociones eran bastante estables, tenía, sino paz, entonces calma. Estar con Edward era tumultuoso y, cuando realmente pensaba en ello, agotador. Quita el sexo increíble y todo lo que queda es un manojo de feas emociones. Preocupación, que él podría volverse aburrido y dejar de gustarme. Celos, nunca había sido una novia celosa antes de conocer a Edward, pero ahora mis garras se volvían filosas cada vez que veía a una mujer coquetear con él. Miedo por él, como si no bastara preocuparme por mí misma, ahora me importaba si él estaba contento o sano. Me importaba mucho. Eso simplemente no era genial.

Me gustaba la Bella antes de Edward.

Era valiente, fantástica e independiente.

La Bella después de Edward en cierto modo era una idiota sensiblera.

No ayudaba que Edward haya mantenido su palabra. Aparecía en el apartamento a cada oportunidad que tenía, y aunque le dije que Alice estaba ocupada, seguía pasando por allí.

—Estaba lavando los platos y el astuto bastardo se deslizó detrás de mí y envolvió sus brazos alrededor de mi cintura. Y me besó. Aquí mismo. — Señalé airadamente mi cuello—. ¿No podría hacer que lo internaran o algo asi?

La Dra. Pritchard resopló.

—¿Por amarte?

Me eché hacia atrás, sacudiendo la cabeza con disgusto.

—Dra. Pritchard —amonesté suavemente—. ¿De qué lado está?

—Del lado de Edward.

Era miércoles a la noche, dos días después de Navidad, y estaba cubriendo a un colega en el bar. La cirugía de Alice era en dos días.

Había tenido una agotadora semana esquivando a Edward, y, cuando salía de su habitación, intentando calmar a Alice sobre la cirugía. Esquivar a Edward no era tan fácil. A pesar de que Darren, su gerente en Fire, tuvo que dejarlo porque su mujer estaba embarazada y le había pedido que tuviera un horario normal de nueve a cinco (Edward le consiguió un trabajo de gerente en un hotel de la ciudad propiedad de un amigo y eso significaba capacitar a otra persona), Edward todavía había encontrado tiempo para acercarse y molestarme. Se produjo el incidente del fregadero —al cual yo pude haber sobre-reaccionado porque me trajo un recuerdo que tuve de mis padres—, el incidente de entrar caminando mientras estaba duchándome para preguntarme dónde estaba el control remoto, el incidente de él comiendo su almuerzo en la cocina sin camiseta —dijo que "accidentalmente" había derramado café sobre ella y tuvo que ponerla en la lavadora/secadora— y hubo muchos, muchos incidentes de "mirarme sin ninguna razón". Juro por Dios que me estaba desquiciando. Había estado cerca de rendirme cuando él empezó a retroceder un poco.

Claro que no me habría rendido de todas maneras.

Porque podía ver la imagen completa.

Había empezado a mostrarse frío unos pocos días antes de Navidad, e incluso tuvo un comportamiento bastante bueno cuando tuvimos la cena de Navidad con la familia de Alice. El único momento extraño llegó cuando tuvimos que intercambiar regalos. Ambos habíamos comprado nuestros regalos hace tiempo, y estos eran más significativos que los que dos simples amigos se regalarían. Edward me había conseguido una copia firmada de mi libro favorito por mi autor favorito. ¿Cómo lo había conseguido? No lo sé. Oh, ¿mencioné el impresionante brazalete de diamante? Ajá. Le conseguí la primera edición de su libro favorito, The Sun Also Rises de Hemingway. Fue el regalo más elaborado que nunca compré, pero valió la pena ver la manera en que me sonrió cuando lo abrió.

Mierda.

Jodida, mierda, joder.

Tal vez esperaba que él subiera la apuesta después de eso pero Edward pareció hacer exactamente lo contrario… desaparecer.

Me preguntaba si era una nueva táctica.

Así que estuve en alerta cuando no apareció con Alice y Jasper el miércoles cuando estaba cubriendo mi turno. Él los había arrastrado a la barra la semana anterior cuando había recogido turnos extras, después de que Alice exigiera que saliera del apartamento, creo que yo estaba merodeando, y se había sentado en el sofá frente a la barra, en mi línea directa de visión, dividiendo su tiempo entre mirarme y coquetear con chicas bonitas. Supongo que esta era la parte de "enfadarme" de su promesa.

Así que me sorprendió que no estuviera el miércoles.

Alice todavía estaba despierta cuando llegué a casa del trabajo. Salió de su habitación y cerró la puerta suavemente detrás de ella.

—Jasper está durmiendo —susurró, siguiéndome a la sala de estar.

Le sonreí sobre mi hombro.

—No me extraña. Debes desgastar mucho a ese pobre chico.

Alice puso los ojos en blanco y se desplomó sobre el sofá junto a mí.

—No es realmente así. Bueno… en cierta manera. —Se ruborizó, sus ojos brillando de felicidad—. Mayormente hablamos mucho. Arreglando cosas. Todos esos malentendidos. Al parecer, ha estado enamorado de mí por bastante tiempo.

—Oh, no me digas.

—Graciosa.

—Hablando de gracioso, Edward no apareció en el bar esta noche.

Su hermana me miró con cuidado.

—Su nueva gerente necesitaba ayuda esta noche. ¿Estabas decepcionada de que no estuviera?

—No —respondí con rapidez. Probablemente demasiado rápido. Maldición, echaba de menos a la Bella antes de Edward—. Solo noté la falta de ego en la habitación y pensé "Oye, ¿dónde está Edward"?

Alice no se rió. Me dio una desaprobadora mirada maternal.

—Edward tiene razón. Estás enamorada de él. Entonces, ¿por qué lo dejas corretearte? ¿Estás disfrutando que te persiga? ¿Es eso?

Levanté una ceja.

—El tumor sacó a relucir toda la mordacidad que hay en ti, ¿uh?

Hizo una mueca.

—¿Demasiado pronto para bromas de tumores?

Sus ojos se entrecerraron

—¿Acaso existe un momento para bromas de tumores? Nunca, Bella. Nunca.

Parpadeé.

—Lo lamento. Eso fue miserable.

—No. miserable es usar mi tumor como una herramienta para desviar. Te amo hasta el cielo, Bella, pero también amo a mi hermano. ¿Por qué le estás haciendo esto?

—No le estoy hacienda esto a él. Estoy hacienda esto por él. —Me volví hacia ella, mis ojos sinceros mientras intentaba hacerla comprender—. No manejo las cosas malas muy bien. No estoy orgullosa de ello, pero es la verdad. Mira cómo me fui cuando me necesitabas. Cuando Edward me necesitó.

—Pero volviste —discutió—. Estabas en shock. Pero has estado aquí desde entonces.

—Edward me habló sobre ello —confesé—. Tuvo que darme algo de sentido. Y mientras lo hacía me di cuenta que no puedo protegerme o a las personas alrededor mío de las cosas malas que pasan. Y al parecer, las cosas malas me siguen, así que probablemente vaya a suceder nuevamente. Cuando lo haga, no puedo garantizar que no vaya a ponerme hecha una furia, y no puedo hacerle eso a Edward. Su vida sería inestable conmigo y después de que la perra de su esposa lo hizo atravesar el infierno, se merece a alguien que le pueda dar paz.

—Bella, estás hablando como si fueras algún caso mental. No lo eres. Tu único problema es que no enfrentas lo que le sucedió a tu familia y empiezas a lidiar con ello.

Golpeé mi cabeza hacia atrás contra el sofá.

—Suenas como la Dra. Pritchard.

—¿Quién?

—Mi terapeuta.

—¿Estás viendo a una terapeuta? ¿Cómo no lo sabía? —Me pegó una palmada en el brazo.

—Oye. —Hice una mueca de dolor, apartándome.

—De eso es de lo que estoy hablando. —Alice estaba enojada; sus ojos destellando al igual que los de Edward cuando se enfadaba—. Soy tu mejor amiga y no me dijiste que estabas viendo a una terapeuta. ¿Lo sabe Edward?

—Sí —respondí como una adolescente huraña.

—Bueno, eso es algo por lo menos. —Sacudió la cabeza con incredulidad—. Tienes que empezar a lidiar con tu familia, Bella. Creo que si lo haces, todo lo demás empezará a sentirse no tan grande y abrumador. Y te darás cuenta que puedes tomar un día a la vez con Edward. No tienes que protegerlo de estar contigo. Es un chico grande, y claramente sabe mucho más que yo, y milagro de los milagros todavía quiere estar contigo.

—Gracioso. Realmente suenas como la Dra. Pritchard.

—Con toda seriedad, Bella, creo que necesitas dejar de jugar.

—No estoy jugando. —Aunque la estudié cuidadosamente, atrapando algo en su rostro—. ¿Qué? ¿Qué es? ¿Qué sabes?

Se tomó un minuto, casi como si no estuviera segura de decirme lo que sea que estuviera en su mente. De repente, tuve esa horrible sensación en la boca del estómago.

—Jasper y yo salimos a almorzar hoy.

—Lo sé. Estaba aquí, mirando fijamente el manuscrito que no he tocado en días.

—Bueno. —Alice no pudo mirarme a los ojos—. Nos encontramos con Edward para almorzar y trajo a la nueva gerente de Fire con él.

—¿Y?

Sus ojos se alzaron rápidamente hacia mí y me tensé por la preocupación que vi en ellos.

—Su nueva gerente se llama Isla. Mide casi un metro setenta, rubia impresionante quien también resulta que es inteligente y divertida.

Creo que sentí mi corazón desplomarse en mi estómago.

—Bella, parecían entenderse. —Sacudió la cabeza—. No quise creerlo, pero estaban coqueteando y Edward fue… fue muy atento. Parecían… cercanos.

Los celos son algo horrible. El dolor de ellos es casi tan arrollador como un desamor y lo sé porque estaba sintiendo ambos al mismo tiempo. Sentí que alguien había rasgado mi pecho con las manos desnudas, quitado mi corazón y pulmones, y reemplazado con un montón de rocas y piedras.

Miré fijamente el árbol de Navidad, mi mente zumbando. Esa fue la razón por la que últimamente no había estado cerca.

—¿Bella? —Alice tocó mi brazo.

La miré, determina a no llorar. Le di una mirada triste.

—Supongo que tuve razón todo el tiempo entonces.

Alice empezó a negar con la cabeza.

—No, esto es bueno. —Me levanté, necesitando estar sola—. Rompí con él porque se merece encontrar a alguien normal y decente. Y ahora no tengo que sentirme culpable porque tuve razón todo el tiempo. No me ama. No estás con alguien más al acabar de romper con el amor de tu vida, ¿verdad? Esto es bueno. —Me moví hacia la puerta de la sala de estar y escuché a Alice revolverse en su asiento.

—¡No! —siseó Alice—. Eso no es lo que pasa, o la razón por la que te lo dije.

—Me siguió al pasillo pero ya no estaba escuchando ya que tenía un montón de sangre corriendo apresurada en mis oídos—. Bella, te lo dije para que dejaras de jugar y estés con él otra vez. Escucha, puedo… — Cerré la puerta en su cara.

—Bella. —Golpeó sobre ella.

—¡Buenas noches, Ali!

—Mierda —la escuché murmurar y entonces sus pasos de desvanecieron.

Lo intenté. Realmente lo hice. Pero cuando me acurruqué en la cama, no pude detener las lágrimas.