Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Bueno, un sábado más, un capítulo más, espero que la historia esté siendo de su agrado, posiblemente tuve que iniciar con ésto antes de lo que ya he publicado, pero bueno, soy mala decidiendo, jajaja, espero que les agrade el capítulo, perdón par la tarde, pero no he podido escribir nada durante la semana, así que... me demoré hoy, pero aun sigue siendo día de actualización, muchas gracias por todo el apoyo.
Por cierto; cualquier error, no duden en hacérmelo saber, lo arreglaré.
La mirada de Draco se posó en la chica que iba callada en el asiento junto a él, se había dado cuenta de que al aceptar ir con él, tendría que ir al concierto de esa banda desconocida para él, ni siquiera había pensado en la posibilidad de convencerla, así que técnicamente era una gran victoria para él, que ella estuviese en el mismo automóvil.
—No te ves muy feliz –argumentó.
—El camino es aburrido, no eres tan divertido como dices que lo eres –suspiró.
—Puedes cambiar la radio –sugirió.
—Oh vaya, eres como mi padre –sonrió ladina.
—No suena divertido ser papá –volvió su vista al camino.
—Eso dicen todos hasta que tienen un hijo, después de eso, cambian de opinión.
—Significa que quieres hijos.
—No por el momento, quiero terminar la escuela, tener una carrera, a el hombre adecuado, y después, posiblemente los hijos.
—Posiblemente –sonrió.
—Aun no lo decido, tengo 16, no sé lo que quiero ¿cierto?
—Yo sé lo que quiero, y soy un año mayor.
—No todos somos tan maduros como tú –lo observó un instante, quedándose en completo silencio, incomodándolo más de la cuenta.
El rubio estacionó el auto en un lugar seguro y después bajó, Ginny lo siguió, hasta la entrada trasera del lugar, haciendo que frunciera el ceño completamente, no entendía la razón por la cual, estaban entrando por ese sitio.
— ¿Por qué por aquí?
—Privilegios de famoso –contestó.
—Ok –lo detuvo –quiero que sepas, que si vas a venir conmigo a un concierto, tiene que ser hasta el frente, sí, pero no de un lado, no es igual.
—Es mejor estar tras bambalinas, querida.
—No me digas querida y no, ver de lado un concierto, no es genial.
El corazón de él se detuvo un segundo cuando la mano de la chica lo sujetó, arrastrándolo hasta la entrada oficial del lugar, no dijo absolutamente nada, se dejó arrastrar hasta el lugar, sin poner algún tipo de resistencia en el camino, ella no lo soltó, sin duda esa sensación le agrado, como la pequeña mano de la pelirroja se acomodaba a la perfección entre la de él.
—Será divertido –argumentó ella –tengo la esperanza de que aprendas lo que es la buena música –le guiñó un ojo.
A veces, sólo a veces, con las actitudes que tenía, creía que le estaba coqueteando, pero ya le había sugerido de una mala manera que saliera con él, y se había negado, la única explicación es que Ginevra Weasley era una buena samaritana, y que él sólo era su obra de caridad del día, por eso siempre intentaba ser amable.
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Ginny Weasley cantaba y brincaba como una loca en cada una de las canciones, observando con devoción al tipo sobre el escenario, logrando que Draco tuviese una mala cara todo ese tiempo, no estaba para nada acostumbrado a no ser el centro de atención, las mujeres gritaban un poco más en sus conciertos, era cierto, pero no cantaban mucho a todo pulmón, como en ésta ocasión, haciendo que se sintiera un poco más incómodo, por un momento se imaginó a si mismo con delineador en los ojos, uñas pintadas de negro, con el cabello tan largo como su padre, tapándole uno de sus espectaculares ojos grises, cantando canciones tontas como esas; aunque las de él no eran la gran cosa.
Vio a Ginny mover los labios en su dirección, pero no entendió lo que decía, así que movió la cabeza de forma negativa, ella simplemente sonrió y volvió su vista hasta el hombre delgaducho; dándole una idea a Draco, normalmente era flacucho, un poco entonado, pero de ahora en adelante, mientras estuviera de gira, sin ella, podría dedicar sus tiempos libres a ponerse en forma, eso atraería a más de una fan a sus filas de seguidores.
Levantó la mano, intentando ver su reloj, pero recordó que se lo había quitado, y no recordaba exactamente el lugar donde lo había puesto, así que cambió de pie para apoyarse, y la vio disfrutar de lo que se supone, era su primer concierto, al menos alguien la había pasado bien en esa hora y media que estuvo torturado de esperar, aguardó un poco, cuando la última canción comenzó a sonar, llamando su atención por la innumerables pausas que hacía entre cada maldita palabra, o por el extraño solo de guitarra.
El aire golpeó el rostro de Draco, dándole una nueva bocanada de libertad, ella estaba realmente alegre, sus ojos demostraban lo bien que la había pasado, diciendo que no podía esperar a que su novio supiera que había asistido a ese concierto de esa banda no tan popular.
—Anímate un poco –pidió Ginevra rodeando el brazo de Draco, en gesto amistoso y de agradecimiento por llevarla a verlos.
—No es mi mundo –admitió con una sonrisa incómoda.
—Dale una oportunidad.
—No comprendo porque puede gustarte esta música.
—Más que la música, la letra, la forma en la que la pueden interpretar, no pido que lo comprendas.
—Por qué no puedo comprenderlo, eso es lo que dirás ¿no?
—Cada persona tiene gustos diferentes, sólo te digo que le des una oportunidad, yo te la di a ti ¿no? –sonrió.
—Sus letras son malas –justificó –como es eso de "Ésta felicidad la está matando".
Ginny sonrió y bajó la cabeza, encogiéndose de hombros. —Cada quién le da un significado a la música que escucha ¿no te pasa?
—Escucho música clásica para despejar mi mente –contestó de mal humor.
— ¿Por qué elegiste la música clásica? –lo observó apretar la quijada.
Draco no dijo nada; no podía decirle que era lo único que tenía en común con su padre en gustos, no sabía cómo había nacido el gusto por esa música, sólo necesitaba que borrara de su mente todo lo que le molestaba durante el día, que lo despejara por completo, eso, y nada más, era lo que necesitaba, no quería palabras que complicaran más sus pensamientos.
—No hay respuesta.
—Porque no te interesa la respuesta –soltó.
—De acuerdo –sonrió, poniendo distancia entre ellos, dejando que el viento la hiciera temblar, en comparación del calor que sentía mientras lo sujetaba cerca de su cuerpo.
— ¿Quieres ir a otro lado? –interrogó en un tono más tranquilo.
—A mi casa, dije que estaría con Michael –le recordó –no quiero perder la confianza de mi padre, tengo que llegar a la hora que dije.
—Puedo…
—No, no puedes, no sé cuáles sean las reglas en tu casa, pero en la mía, sin duda alguna, se cumplen, porque nos gusta que nos crean nuestros padres.
—Pues ya le has mentido al cambiar a la persona con la cual venías.
—Tú eres el que quiere ser mi amigo, no al revés, y si le decía a mi padre que Draco Malfoy quiere ser mi amigo, me encerrará en el primer convento cerca de mi casa.
—Comprendo –sonrió un poco culpable por portarse como un idiota con ella.
El camino fue menos pesado de lo que pensó, Ginevra continúo bromeando, completamente despreocupada, como si no hubiese sido grosero con ella en ningún momento, así que se tranquilizó notablemente, siguiendo lo mejor que pudo la conversación y contestando a la perfección el sarcasmo de la chica.
—Gracias por todo –sonrió, se quitó el cinturón de seguridad y se estiró un poco para besar la mejilla de Draco.
—A ti, por aceptar salir conmigo.
—Rara la vez estás en la ciudad ¿no? Nos conocimos en Abril y estamos varios meses separados de ese mes.
—Lo sé, y lo digo en serio, me encantaría que en vacaciones vinieras conmigo a mis giras, por el momento son en el país; lo más lejos que he estado es en España y Rumania –informó.
—Necesitaría mucha labor de convencimiento con mi padre.
—Creí que eras la favorita –sonrió.
—Una cosa es que me deje ir a un concierto, y otra viajar por el país con un completo extraño.
—No soy un delincuente, además, dijiste que querías ser asistente personal, tómalo como un trabajo de vacaciones.
—Vas a pagarme por viajar por el país –soltó riendo.
—Voy a contratarte, será más oficial ¿Qué dices? –sonrió.
—Tengo que pensarlo –aceptó.
—Lo bueno que tienes tiempo de aquí a las vacaciones.
—Como unas semanas –se burló.
—Bueno, es mejor que nada, vamos, no pasará nada ¿Qué es lo peor que puede pasar? Que perdamos un vuelo –sonrió –no arruinaré tu vida, lo prometo.
—Eso es bueno saberlo –suspiró –lo pensaré, pero gracias por la oportunidad.
—No agradezcas hasta que aceptes –soltó.
—Gracias por la tarde –sujetó la mano del chico y salió del auto.
La observó alejarse rumbo a la puerta de su casa, sonrió al verla detenerse antes de entrar y decirle adiós, con un efusivo movimiento de muñeca, esperó a que entrara y condujo hasta su casa.
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El rubio entró a su casa con un buen humor, bastante raro en él, porque por primera vez, estaba dejando que eso se reflejara en su rostro, se detuvo en la sala, donde estaba su padre sentado en una posición de poder, sonreía, así que se le hizo bastante extraño.
—Ha llegado el inútil –se burló su progenitor.
—Estás de buen humor –soltó sin darle importancia al insulto.
—Siempre estoy de buen humor, eres tú quien siempre arruina las cosas.
—Es bueno saberlo –se cruzó de brazos.
—Y… si no tienes una rabieta, una crítica, o algo que decir, puedes marcharte.
—Es la forma más linda que has utilizado para echarme de aquí –se burló.
—Ahí va, ese afeminado hijo mío a mostrarse –sonrió.
—Déjalo en paz, Lucius –pidió una voz conocida, así que Draco se giró, para toparse con su padrino, de pie aun lado de la mesa con el whiskey.
—No sabía que estarías aquí, padrino –sonrió.
—Vine a saludar y despedirme, estaré un tiempo en medio oriente –se encogió de hombros –tengo un par de negocios allá que no puedo rechazar, así que vine a tomar un trago con tu padre, antes de marcharme, hablaría contigo y bueno, me iría, pero alargué los tragos, ya que no estabas –le sonrió.
—Me alegra, así podre despedirme, por lo regular siempre te vas antes de que tenga la oportunidad de hacerlo.
—Tu padrino es una persona ocupada, no tiene por qué decirte cuando va a irse.
—Él tiene razón, la mayoría de las veces sólo regreso para verlo a él, aprovechando y poniendo de pretexto el trabajo, y siempre me voy sin despedirme, así que está bien que me reclame.
—Tiene que comportarse como un hombre, no como un afeminado sentimental –observó al hombre –y no opines de eso, es mi hijo.
—Pero soy su padrino, significa que también tengo que guiarlo de una buena manera, Lucius.
—Como sea –suspiró resignado –nunca podré hacer que actúe como un hombre, siempre corre a refugiarse con su madre, o contigo –admitió resignado.
—Cambiemos de tema.
—Sólo espero que cuando tenga hijos, mi nieto…
—No pienso tener hijos –soltó de inmediato Draco.
—Claro que vas a tenerlos, desgraciadamente, eres la esperanza de ésta familia, para que no termine el apellido.
—Es una lástima –se burló, sintiendo el poder que le otorgaba tener el destino de su familia en sus… testículos.
—Ya sé que no puedes conseguir una mujer por ti solo, voy a conseguírtela, porque así como eres –negó –no me interesa si prefieres someterte a otro hombre, embarazarás a una mujer, con la que te casarás, y tendrás un varón, que alargará el apellido Malfoy.
—Esa es una decisión personal, Lucius –intervino el otro hombre –yo no tengo un heredero –le recordó.
—Lo que tú hagas con tu legado familiar no es asunto mío, no me importa, él va a darme un nieto, que cuidaré y criaré yo mismo, no dejaré que éste blandengue lo arruine, haciéndolo a su imagen y semejanza.
—No tendré de qué preocuparme, porque padre, jamás voy a darte un nieto, así que es mejor que vayas resignándote a ello.
—Bien, entonces, dejaré todo éste dinero e imperio en las manos de tu primer hijo.
—Sabes bien que eso no se puede ¿cierto? –interrogó el hombre antes de beber de su whiskey, tranquilizando a Draco.
—Entonces dejaré todo a la caridad ¿qué más da? No tendré un nieto digno de todo esto, porque es más que claro que mi hijo… es un inútil bueno para nada, no sirve para nada más que para comer y defecar, o, y estorbar en la vida de los demás, creo que ni siquiera es capaz de embarazar a una mujer –se burló.
—Vayamos al patio –Draco observó a su padrino, que se interpuso en su camino, antes de que avanzara hasta su padre, e intentara golpearlo.
El rubio siguió al varón, que llevaba un nuevo vaso de whiskey, lo levantó, dándole un trago y aguardando un segundo, hasta que el coraje de Draco se bajara un poco.
—Sí que tu relación con tu padre no ha mejorado para nada.
—Nunca lo hará, sólo quiero cumplir los dieciocho y largarme de aquí.
—Tu madre me contó que indirectamente te corrió.
—Lo hizo.
—Quiero que sepas que cuentas con mi ayuda, si un día estás cansado de todo lo que tu padre dice, puedes acudir a mí.
—Ayudarás a que mi padre no mueva influencias y haga que mis sueños terminen ¿a eso te refieres con pedir tu ayuda?
—Tu padre no es tan valiente como aparenta que es, Draco, no tienes por qué ponerte a ese nivel y pelear a cada rato.
—Es imposible no hacerlo, padrino, en serio que intento ignorarlo, pero siempre logra hacerme enfadar con sus palabras o sus actos.
—Lo comprendo –admitió –pero ya te lo he dicho, si ocupas algo, no importa que sea, yo te ayudaré, digo ¿conseguiste encontrar a esa chica?
—Vengo de estar con ella –admitió.
—Entonces hay posibilidades de un nieto para tu padre –bromeó el hombre.
—No lo creo, ella sólo me distrae de todas mis preocupaciones y mi relación con mi padre, tenerla parloteando me agrada, pero no es la mujer de mi vida, ni siquiera es alguien a quien quiera llevarme a la cama.
—Eso es bastante nuevo de escuchar en un músico, por lo regular se acuestan con las fanáticas.
—Ella no es mi fanática, creo que por eso es libre de decir lo que piensa, soy yo quien insiste en esta amistad, no ella.
—Quiero que seas consiente de que tu padre no tolerará una amistad entre una chica sin posición y su única esperanza para esta familia ¿comprendes? Espero que sólo sea lo que has dicho, y que no sientas nada por ella.
—Nunca la adentraría a esta familia de locos, no con un padre como el que tengo, me niego a ello.
—Bien, sólo quiero que estés consciente de las cosas, Draco.
Pasó un largo rato platicando con su padrino, hacía mucho que no lo hacía, la última vez que habían charlado por tanto tiempo, es cuando se había roto un brazo, a causa del buen trato de su padre, lo había distraído del dolor, mientras llegaban al hospital.
—Tengo que irme, el jet me espera, no quisiera irme, pero en realidad son asuntos importantes.
—Espero que vuelvas pronto –aceptó.
—No creo que vuelva tan pronto, pasarán unos años, posiblemente unos tres, antes de que vuelva a Inglaterra, pero sabes mi número, puedes marcar en el momento que quieras.
—Gracias, así lo haré.
—Sobre todo si es asunto de chicas –rió –soy un experto, aunque no lo parezca.
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Los días que siguieron fueron una tortura para Ginny, tenía que esperar a que terminara el colegio para poder reunirse con su nuevo amigo, él, como típico de él, había querido impresionarla más de lo que debería, llevándola a lugares exclusivos que siempre terminaba rechazando y llevándolo a otros sitios, económicos, pero divertidos, siempre se enfadaba con el cambio de planes y perder reservaciones, pero al final del día, él terminaba tan relajado como siempre.
—Así que lo has pensado ¿cierto?
—Sí, pero… creo que es imposible convencer a mi padre si no te conoce antes.
— ¿Estamos hablando de que me lo presentarás? –la mirada gris de Draco se iluminó un momento, ante la idea.
—Sí, pero… tienes que comportarte, y no excederte en tus comentarios de cuan famoso eres, y lo poderoso que es tu apellido ¿bien?
—De acuerdo, omitiré eso.
—Entonces baja –sonrió –mamá cocina delicioso, aunque no es chef de ninguno de esos restaurantes exclusivos.
—Pero…
—Draco –pidió –somos amigos, mi familia acepta a mis amigos.
—Bien, así que me estás invitando a cenar a último momento.
—No, ya les había dicho que llevaría un amigo.
— ¡Por qué rayos no me avisaste a mí!
— ¿Para qué? –interrogó.
—No lo sé, comprarle flores a tu madre, traer un presente, yo que sé, vestirme adecuadamente.
La mirada de Ginny recorrió el cuerpo del chico, traía unos jeans negros, una playera azul claro y su chaqueta de cuero, las gafas de gota colgaban de su playera. —Yo no veo nada malo en lo que estás usando, la mayoría de mis amigos se visten así, claro, no de marca cara y exclusiva como tú.
—Graciosa –frunció el ceño.
—Si no quieres venir, no te preocupes, diré a mis padres que…
—E insultarlos de esa forma, no lo sé, mejor les doy una bofetada y me largo –frunció el ceño, haciendo que Ginny riera divertida.
—Vamos ya, exagerado.
La pelirroja bajó del auto, haciendo que él también lo hiciera, no sabía en qué momento se había puesto tan nervioso, las manos le estaban sudando, observó el cuello de la chica, y tragó saliva.
La mirada gris iba de un lado a otro, esperando en que en cualquier momento saliera un enorme pelirrojo, estilo vikingo y lo golpeara por salir con su hija, sacudió un poco la cabeza, él no salía con ella, sólo eran amigos, y ella lo había dejado en claro todo el tiempo.
— ¡No puedo creerlo! –chilló emocionada la chica y brincó encima de un pelirrojo fornido, enrollando sus delgadas piernas en sus caderas, él la sostuvo, abrazándola fuertemente y besando su mejilla alegremente.
—Esa clase de bienvenidas, son las que me gustan –admitió el hombre, besando de nuevo la mejilla de Ginny, mientras la dejaba sobre el suelo, enfocando su mirada en Draco.
—Él es Draco, un amigo, lo invité a cenar.
— ¿Y Corner? –cuestionó.
—No tarda en llegar –admitió –tienes que verlo ahora, se dejó el cabello largo y quiere hacer su propia banda.
—No suena tan descabellado ¿qué serás tú?
—Su asistente –le guiñó un ojo.
—Pensé que su bailarina –bromeó.
—Idiota –lo golpeó en el brazo –Draco, él es mi hermano Charlie –golpeó el estómago del varón –Charles, él es mi amigo Draco.
—Un placer –extendió la mano el rubio, con una sonrisa incómoda.
—Claro –la estrechó, sólo por su hermana, se dio la vuelta y entró a casa.
—Creo que no le agradé.
—Ideas tuyas –lo sujetó de la mano, y lo guio dentro de la casa.
Un extraño calor envolvió a Draco, haciéndolo observar atento el millón de retratos de muchos pelirrojos, de todas las edades, pero sólo se limitó a ver a Ginevra de bebé, la reconoció aparte de que era la única de tener los ojos chocolate, era la única que vestía de azul.
—Me explicas –sonrió señalando la foto.
—Bueno, mamá y papá siempre quisieron una niña, así que… cuando mi hermano mayor venía en camino, mamá compró todo rosa, asegurándose de que era niña, y así fue, en los primeros seis embarazos, así que cuando se embarazó de mí, se resignó, se deshizo de todo lo rosa, y en espera de su séptimo hijo, nació su séptima hija.
—Esa es una gran anécdota –admitió con una sonrisa.
—Te estás burlando de mí –lo empujó divertida.
—Puede que un poco –aceptó, y su mano fue a su mejilla –gracias por invitarme.
—Hola –alguien se aclaró la garganta.
La mirada de Ginny se quitó de la de Draco, sonrió encantada y fue hasta su novio, besándolo efusivamente, mientras le dedicaba una radiante sonrisa.
—Pasa –lo tomó de la mano, entrelazando sus dedos.
—Le traje esto a tu papá –le mostró un montón de revistas.
—No necesita que sigas alimentando esa obsesión, Michael –frunció el ceño, pero después rió.
—Vamos a la cocina –pidió ella, así que los dos la siguieron.
El lugar estaba lleno de muchos pelirrojos, la cocina estaba pintada de un color amarillo que le llamó la atención a Draco, era bastante extravagante, pero le agradaba el hecho de que a nadie ahí parecía incomodarle, era como si no le dieran mucha importancia.
—Buenos tardes familia –saludó el hombre mayor, que estaba perdiendo pelo.
—Buenas tardes –saludaron todos, mientras se dedicaban a hacer sus correspondientes tareas.
—Por cierto, Percy, Fred, George, Ron, papá, mamá, él es mi amigo Draco –lo señaló y le sonrió a los miembros de la familia.
— ¿Por qué excluyes a Charlie? –cuestionó Fred.
—Los presenté hace un momento –sonrió.
—Espera un momento –soltó George –es ese Draco ¿del que tanto te quejabas por su existencia?
—Ahm –sonrió –sí, justo él.
— ¿Cómo es que se conocieron? –cuestionó Arthur Weasley.
—Al parecer Ginny se metió a su camerino, estaba desnudo, y por las palabras que me dijo, parece que ella gozó mucho la vista, más que la vista –respondió Cormac a la interrogación, haciendo que todos los pelirrojos, menos Ginny, observaran a Draco, que observó al novio de su "amiga", que le dedicó una mirada fanfarrona.
—Ginevra –soltó su padre.
—Él sólo bromeaba, papá, lo conocí en el festival al que no fui… yo… bueno, me colé al backstage, y se portó amable, contrario a esa cara –la chica lo sujetó de la barbilla y le sonrió.
—Claro –soltó Ron –no comprendo cómo es que alguien como tú –señaló a Ginny –se hace amiga de alguien así –señaló a Draco –si siempre dijiste que era mucho desperdicio de aire su existencia.
—También la de Percy y aun así está sentado a la mesa –soltó Charlie, haciendo que todos rieran, menos el aludido.
—No es gracioso, Charles.
—Para nosotros lo es, créeme.
La cena fue un desastre para Draco, porque a pesar de que todos los Weasley por lo visto eran divertidos y muy unidos, a él lo excluyeron, y aunque disfrutó de ver que ella tenía una familia así, de alegre, feliz y entretenida, cada que lograba que le prestara atención, alguno de los demás, la distraían, a propósito, para aislarlo de la conversación.
—No les caí para nada bien –soltó él.
—Son unos idiotas, no te preocupes por eso, fueron así incluso con Michael al inicio, sólo necesitas ganártelos.
—No quiero ganármelos –la sujetó de la mano y le dio un suave apretón –la única Weasley que me interesa ganarme eres tú.
—Eso es tan dulce –musitó, y un segundo después, soltó una risotada –lo siento.
—No te preocupes, digo la verdad, y espero que convenzas a tu padre, puedo pagarte bien.
—Lo intentaré, pero tendrás que venir más seguido antes de que eso pase.
—Si me invitas, lo haré.
—Estás invitado.
—Gracias.
La besó en la mejilla, le sonrió y caminó rumbo a su auto, completamente exhausto de tener que controlarse de contestar cada uno de los insultos de los hermanos Weasley a su persona.
—Y a pesar de que no les agradaste al resto, seguirás molestándola y rondándola.
Draco se giró a observar a Corner. —Es algo que a ti no te interesa, deberías ir con tu novia y decirle de tus inseguridades.
—No tengo inseguridades, sé que ella prefería lanzarse del Big Ben, antes de involucrarse contigo.
—Pues hemos estado saliendo, después de clases ¿ya te lo había dicho? –Se burló al ver la cara del chico –supongo que no.
—Aléjate de ella.
—No lo haré, tienes que saber que no tenía esas intenciones con ella, pero sólo la enamoraré, por el placer de ver cómo te deja –le golpeó el hombro y entró al auto.
