"La perfecta mascarada."

_Flashback_

Entró a su alcoba, se sentó frente al espejo y comenzó a quitarse todos los accesorios que tenía puestos, guardandolos cuidadosamente en sus respectivos estuches seguido de su maquillaje.

Despues de unos minutos, sonrio un poco; ahora sí era ella, ya se reconocía...

Se levantó de su asiento y caminó lentamente hasta detenerse en el balcón, apoyando sus manos delicadamente sobre las raíces de las plantas que caían sobre los barandales.

-Que hermosa vista...- murmuró con una pequeña pero dulce sonrisa.

Echó un breve vistazo por los alrededores con semblante armonioso, era un buen ambiente; las estrellas brillaban y habia luna llena, era una noche hermosa. Todo estaba tranquilo… Tal vez demasiado…

-Pero...- cerró suavemente sus ojos y bajó un poco la cabeza.

Llevó ambas manos a la altura de su pecho y un pequeño suspiro escapó de sus labios, borrando su sonrisa de su rostro en un instante.

Alzó la vista poco a poco al cielo nocturno y una suave brisa mecio las finas cortinas de su habitación y su largo vestido.

...Era una de esas noches en las que sus recuerdos más profundos salían a relucir, dejando que su corazón viajara a millones de kilómetros, lejos de su planeta con una sola pregunta en mente...

-"¿Me extrañaran... como yo a ellos...?"

Continuó mirando el cielo estrellado, como si estuviera esperando una señal que le diera esperanza pero... sólo se abrazó a sí misma; temblaba pero no era por frío.

_Fin Flashback_

Era un nuevo día en el palacio, la estrella brillante de todas las mañanas se asomaba por el horizonte, apenas se podia escuchar el piar de las aves exóticas y una gran campana dorada sonaba estruendosamente por todos los rincones, indicando que era la hora de levantarse. Debían ser por lo menos las 7:30 a.m.

Tres mujeres estaban paradas frente a la puerta de la habitación de la nueva soberana y una de ellas, que tenía un aspecto mayor y serio y que parecia ser la jefa de las otras dos, tocaba la puerta delicada pero suficientemente fuerte como para que la princesa pudiera escucharlo.

Al cabo de unos minutos, tras no recibir respuesta, decidieron entrar.

-Buenos días, Alteza.- le saludó cortésmente la mujer alta y esbelta de cabello rojizo y sujeto en un moño mientras se acercaba a la cama de la susodicha acompañada de las otras dos.- Esperamos que haya descansado bien.

Volvieron a pasar unos minutos y al no recibir respuesta, una de ellas decidió retirar los cobertores y se encontraron con una fila de almohadas.

-¡Oh no!- se alarmaron ellas.

Mientras tanto en la cocina...

-¿Listos para desayunar?- preguntó ella dirigiéndose hacia sus acompañantes.

-¡Claro!- aceptó Kunihiro gustoso.

-¡Si, muero de hambre!- le secundó Kojiro igual de gustoso.

-¿Gustan una omelet o prefieren algo más nutritivo?- les propuso.

Antes que pudieran responder, se le oyó alguien gritar con ligero espanto...

-¡La princesa se ha perdido!

Luego, aquel trío entró a la cocina sin siquiera tocar la puerta.

-Ustedes, jóvenes ¿Han visto a la princesa?- preguntó la mujer de cabello rojizo.

-Si, está justo frente a nosotros.- respondió el judoca tranquilamente.

-¿Cómo dices?- algo confundida.

-Buenos días Inara*- saludó Kalula gentilmente con una pequeña sonrisa.

-¡Oh, es usted!- pegó un respingo por la sorpresa y un poco asqueada, señaló.- ¡Pe- pero esos horribles harapos!- luego se aclaró un poco la garganta.- le ruego que me disculpe pero no la reconocí. Alteza...- se inclinó suavemente como saludo.- Quiero presentarle a sus sirvientas; Sayen* y Ailin*.- ambas se inclinaron.

-Mucho gusto.- les devolvio el saludo y agregó.- llegaron justo a tiempo para desayunar.

-¿Para desayunar? ¿Con tostadas y miel?- preguntó entusiasmada la peli naranja pero al recibir una mirada severa de la mujer mayor, se calló de inmediato.

Los otros peli verdes sólo sonrieron divertidos.

-Alteza, una princesa JAMÁS prepara sus alimentos. No es así como se hacen aqui las cosas.- le explicó Inara con seriedad.

-¿Hay reglas para el desayuno?- se extrañó un poco Kojiro, la idea le parecía absurda.

-¡Por supuesto que sí!- le respondió ella y luego, se dirigió a la princesa.- Pero su alteza aún no conoce las tradiciones y eso es lo que los aristócratas esperan que yo le enseñe.

-Voy a seguir sus instrucciones.- dijo solicita dejando sus instrumentos de cocina sobre la mesa.

-Ajá...- la verdad tenía sus dudas.- Vamos, no hay tiempo que perder.- se colocó detrás de ella y la empujó suavemente de su espalda, retirandola de la cocina.- si hace lo que yo le digo, todo saldrá bien.- le aseguró.

Los otros dos se miraron con desconcierto, se habían quedado sólos y... sin su desayuno.

Mientras tanto por otro lado; dentro de una de las aulas de la academia se encontraba un profesor de historia y literatura sentado en su escritorio, corrigiendo los deberes de los alumnos.

La Academia se regía por un sistema de clases donde los estudiantes más dedicados y con las mejores calificaciones, tenían las mejores instalaciones y los que flojeaban, tenían que esforzarse más por salir adelante y por lógica, no tenían tantos beneficios como los avanzados.

Era la hora del descanso y los estudiantes se encontraban en el patio de la academia; estaba un poco tenso, lo reconocía pero eso no le impedía concentrarse en su labor.

-¿Mal día?- habló una voz desde el marco de la puerta.

Éste dirigió su mirada hacia la puerta, bajando las hojas que tenía en manos.

-Oh, buenos días Kenta.- le sonrió débilmente.

-Buenos días Kim.- sonrió también.

-Me sorprende verte por aquí, ¿No tendrías que estar en el taller?- volvió a fijar su vista en las hojas.

-Aún no está abierto.- miró el reloj de la pared.- creo que otra vez llegará tarde...- suspiró.

-Jejeje...- se rió un poco.

Éste se lo quedó mirando unos momentos y entrando al aula, dijo...

-Volviste a discutir con los demás maestros ¿Cierto?.

El esgrimista resopló, frunciendo un poco el ceño.

-Kim...

-Si, es cierto.- lo miró por fin.- y no resultó muy bien...- se apoyó en el respaldar de la silla, dejando los papeles sobre el escritorio.

-Es difícil hacer que cambien de opinión cuando eres uno en un millón.- repuso serio, deteniendose frente al escritorio y cruzandose de brazos.- Aunque comparto y apoyo tu punto de vista; todos deben aprender al mismo tiempo.- le consolo.

-Es increíble no sólo el sistema de clases que tiene ésta academia y muchas otras, sino también el método enseñanza.- protestó disgustado.- ¡La verdad no los creí tan...!

-¿Primitivos?- le interrumpió el arquero, éste negó con la cabeza repetidamente; se sentía indignado.- no eres el único que piensa eso Kim, eso te lo puedo garantizar.

-¿Crees que estoy exagerando?

-No, sólo piensas distinto a ellos. Es todo.

-Es bueno no sentirse solo.- sonrió de lado.

-Alguien debe hacer algo para cambiar y reparar las cosas, o seguirán siendo iguales.- dirigió su mirada a la ventana.

-¿Qué quieres decir?

-Tú lo sabes.- le devolvió la mirada, una apacible.

-Ah, hablas de él...- murmuró como entendido.- ¿Alguna novedad?- preguntó luego de un rato.

Éste negó con la cabeza.

-Kenta, no es por meterme pero... ¿Crees que se resolverá?- el lo miró.- Siendo honesto, aún no comprendo que fue lo que pasó.- declaró un poco confuso.

-Yo tampoco pero eso no nos concierne, deben resolverlo ellos mismos.- señaló.

-Je...-soltó una pequeña exclamación de ironía.- al que hay que decirle eso es a otro.- se mofo un poco.

-Ni que lo digas.- se alejó de la ventana.- ha estado más sobreprotector que de costumbre.- aquello lo dijo con un poco de malestar.

-No me sorprende.- respondió relajado y y se levantó de su asiento.- pero ya lo conoces; si alguien nos hace un mal, esa persona está muerta para él y resultará muy difícil que lo perdone.

El arquero cerró sus ojos y bajó la mirada unos momentos, pensativo.

-Ese concepto cambiará.- dijo él para confusión de su hermano.

Más tarde ese día...

La joven se había reunido con Ailin y Sayen para continuar sus clases por órdenes de Inara. Ninguna de las dos mujeres mencionó algo respecto a la ausencia del día anterior, ni hicieron preguntas del porqué de su vestido arruinado.

Se había empeñado en concentrarse lo mayor posible en su lectura, lo cual le era algo difícil debido a que aún no comprendia muy bien los dialectos que, hoy en dia, ya no existían y que las palabras que le había dicho Kentaro ese día no desaparecían de su cabeza.

_Flashback_

De repente alguien llamó a la puerta.

-Adelante.- dijo ella.

Ésta se abrió y entró a su habitación, cerrando la puerta tras él.

-¿Kentaro?- volteó a verlo, observando que se acercaba a ella.- ¿Qué haces aquí? Deberías estar durmiendo.- se extrañó.

-Tú también.- repuso.

Ella bajó un poco la cabeza y regresó su mirada hacia las aldeas. Llevó una mano cerrada en forma de puño a la altura de su pecho.

-No podía dormir y pensé que un poco de aire fresco, me vendría bien.- respondió con suavidad.

Observó el semblante de su hermana unos segundos y caminó hasta quedar a su lado.

-Quería pasar a verte y saber si estabas bien pero...- la miró de reojo, ella no lo miraba.- creo que llegué en un mal momento.

Ella torció los labios, su mirada se entristeció un poco.

-Te dejaré a solas.- se dio media vuelta con intenciones de irse.

-No espera.- lo detuvo tomando su brazo, éste le devolvió la mirada al instante.- Por favor, quédate.- le pidió con ojos suplicantes.

El arquero dudó por unos segundos pero ante aquella petición tan dulce, no pudo negarse y regresó a su lado.

-Discúlpame Kenta, es que...- se tomó unos segundos para responder, tratando de encontrar las palabras correctas.- todo está muy confuso para mi últimamente; un día soy como cualquier persona común y corriente y ahora...- se miró y tanteo algunas partes su cuerpo con sus manos, como si buscara algo que perdió.- Sólo... Sólo mirame.- se señaló completa.

Él no dijo nada, la miraba fijamente con algo de pena disimulada escuchando todo lo que su hermana escupia.

-Intento convencerme de que todo esto es un sueño, que es algo temporal pero...- negó con la cabeza suavemente.- la realidad me golpea como un látigo y siento que no tengo escapatoria...- murmuró triste.

Observaba como la tristeza se apoderaba de ella cada vez más a medida que avanzaban los segundos y aquello hizo que un sentimiento de culpa oprimiera su pecho. Se sentía mal y parcialmente responsable de su estado, no sólo de ánimo.

No sabía si daría resultado, pero de todas formas intentó...

-Te miro Kaila.

Avanzó unos pasos hacia ella y apoyó su mano gentilmente sobre uno de sus hombros. Ella levantó la vista, aún con tristeza.

-Y lo que veo, son unos ojos como los míos.- ella lo miró con ligera extrañeza.- una pequeña nariz.- se la agarró entre sus dedos índice y medio y presionó un poco, sacudiendola.

-¡Oye!- se quejó ella, con voz nasal.

-Un par de orejas.- se las tomó y las estiró con sus manos.

-¡Jajaja, basta!- se volvió a quejar entre risas, apartando sus manos de sus orejas.

-Dos manos.- dijo él, tomando las mismas con firmeza.

Ella miró sus manos entrelazadas con las suyas y cruzo su mirada con la de él; sonrió levemente, comprendiendo.

-Gracias Kenta...

Una sonrisa se dibujó en sus labios, sintiendo satisfacción; había logrado lo que se había propuesto y prosiguió en darle un abrazo, el cual fue correspondido.

-No estás sola; recuerdalo siempre.- le dijo con voz queda.

Ella asintió con la cabeza hundida en su pecho y sin romper el abrazo; cerró sus ojos por inercia y de repente sintió como todo lo malo parecía desaparecer.

-Y estoy seguro, que más de una persona te lo hará saber.- dijo.

_Fin Flashback_

Suspiró y sumergió el rostro en el pergamino que llevaba en las manos. Sayen y Ailin se miraron entre sí.

-¿Sucede algo, Alteza? – Preguntó Sayen.

Ella levantó la mirada rápidamente.

-¿Eh? No, no… nada, sólo estoy un poco cansada. –Se excusó.

-No me extraña, ser princesa no es tarea fácil. Es mucha responsabilidad.- dijo la otra

Kalula miró a la mujer, se hallaba concentrada ordenando algunos pergaminos con un semblante serio. Las sirvientas, por su parte, seguían trabajando tratando de hacer el menor ruido posible. Era evidente que eran conscientes de lo que había sucedido pero eran demasiado discretas como para preguntar algo.

-Cuando acabe con ese pergamino, debe continuar con estos otros Alteza.- le dijo Inara.

Recibió tres pergaminos enrollados y sintió como le empezaba a doler la cabeza. La muchacha suspiró.

-Mientras más pronto comience con la lectura, más pronto terminará.- señaló con cierto tono seco, sabía que se estaba quejando y se retiró de la sala.

Ella abrió uno de los pergaminos pero su mirada se desvió a una de las ventanas; había un sol radiante, el cielo estaba despejado y los hermosos retoños de los jardines se mecian suavemente al compás del viento.

-Alteza...- le llamó la castaña, ella volteó la mirada.- beba esto, le hará bien.- le ofreció un vaso de jugo en una bandeja.

-Gracias Sayen.- aceptó gustosa y se llevó el vaso a los labios.

-No es por inmiscuirme Alteza, pero ¿Le sucede algo?- le preguntó la peli naranja con ligera curiosidad.

-La verdad es...- dejo la bebida sobre el escritorio.- que estaba recordando ciertas cosas que solia hacer en un dia como este y eso...- su mirada se apagó un poco.- me hizo sentir algo de nostalgia, es todo.

Ambas mujeres intercambiaron miradas, sentían algo de lástima por ella. Luego, Ailin hizo un gesto con la cabeza a su compañera, ésta comprendió y se dirigió a la puerta quedandose ahi por unos minutos.

-¿Qué están haciendo?- preguntó la peli verde con algo de desconcierto

-Alteza... ¿Le parece acabar las lecciones un poco más temprano hoy?

-¿Eh?- no comprendía nada.

-El día está muy bonito, aprovechelo para ir a pasear a los jardines.– continuo la peli naranja, recogiendo los pergaminos.

-Pero...- balbuceo aun desconcertada.

-No hay moros en la costa.- Sayen se reunió con las demás, luego se dirigio a Kalula.- salga Alteza, es su oportunidad.

-Esperen, ¿Que están diciendo?- se levanto de su asiento.

-Que la cubriremos.- dijeron a dúo.

-¿Qué? ¡No! ¡No puedo hacer eso!- se alarmó

-Claro que sí y lo hará.- insistió Ailin con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡No, no esta bien! ¡Las metería en problemas por mi culpa y no quiero...!

-No se preocupe Alteza.- le interrumpió Sayen tranquilamente, ella la miró indecisa.- nos haremos cargo de la señora Inara en su ausencia. Ahora vaya, no pierda tiempo.

La verdad no estaba segura de ésto; si desobedecia las consecuencias serían de gravedad no para ella, sino tambien para aquel dúo, podrían ser sancionadas e incluso perder su trabajo pero a pesar de eso, parecía no darle mucha importancia.

Continuaron asi por unos minutos más y ante su insistencia, dijo...

-Muchas gracias chicas, se los compensare. Lo prometo.- hizo una reverencia con una gran sonrisa en los labios, y salió de la habitación.

En algún lugar, lejos del planeta tierra, alguien observaba la situacion a traves de un portal. Los rumores resultaron ser ciertos.

Con un movimiento con su mano, hizo desaparecer aquel portal y se dirigió a una cavidad estrecha y oscura en un muro tras la puerta. Al abrirla, caminó por un pequeño pasillo y al final del recorrido, se detuvo arrodillandose.

-Señor, disculpe que lo moleste pero tengo noticias; nuestras fuentes indican que han regresado a Etherion y la muchacha asumió como nueva gobernante de su planeta.– le informaba su leal súbdito, haciendo una reverencia en el suelo.

Al fondo de aquella cavidad fría y apenas iluminada por la luz de unas cuantas velas, unos ojos rojizos parecieron encenderse.

-¿Alguna novedad de los terrícolas?

-Nada aún.

-Entiendo... pero muy pronto los habrá.- aseguró sin una pizca de duda.

De repente una amplia sonrisa provista de finos colmillos se dibujó en el rostro de aquel demonio.

-Y de eso me pienso asegurar...- Dijo para sí, con voz profunda.

Había caído la sombra nocturna en la ciudad de Adabat y esa noche, se estaba llevando a cabo un evento especial.

Todo el Palacio se centraba en la forma hexagonal de una celda de un panal de abejas; Una escalera que conducía a las puertas dobles que podían abrir por sí mismos en el palacio. La primera habitación tenía una hermosa fuente y dos escaleras curvas a lo largo de los lados que se unían en una plataforma por encima y frente a la entrada. Otra curva ramas escalera desde la plataforma hacia el "Corazón" del palacio.

Era una sala con una gran lámpara de araña en el techo, espaciosa, llena de adornos extravagantes, varias vigas y pilares que se encontraban cerca de las paredes.

Los hombres vestían de trajes estilo victoriano, las mujeres vestidas de largo tambien del mismo estilo y todos usaban máscaras para cubrir sus rostros; se trataba de una fiesta de disfraces y estaba prohibido ver la cara del acompañante pero quienes eran la excepción a esa regla eran los aristócratas y cualquier miembro que perteneciera a la realeza.

Kalula usaba un vestido largo corte sirena, de color vino, atada con cintas halter en su cuello, de espalda descubierta y con su cabello recogido, dejando algunos pequeños y delicados mechones caer sobre sus hombros.

-Creimos que no aparecerias jamás.- les dijeron una voces que se acercaban a lo lejos.

Al momento de voltear, encontró al judoca vestido de saco negro, camisa blanca y una corbata roja y al boxeador vestido de smoking con chaleco color gris metalizado, una camisa blanca y una corbata azul; ambos estaban irreconocibles.

-¡Hola chicos!- se sorprendió ella con una sonrisa

-Vaya Kalula...- se detuvo kunihiro a echarle un vistazo de pies a cabeza.- así vas a atraer a toda la audiencia jaja.- bromeó un poco.- estás hermosa.

-Gracias kun...- se sonrojo un poco.- ustedes tampoco se quedan atrás.- señaló sonriente.

-¿Oh, te gusta?- dio una ligera vuelta.- lo compré hoy a la tarde.

-¡Me encanta, se ven encantadores!

-Ojalá pudiera decir lo mismo...- se lo oyó quejarse Kojiro.- me siento como un muñeco de torta.- se cruzó de brazos.

-No digas eso koji, al contrario; te ves muy elegante.- le dijo ella.

-Pues gracias...- medio sonrió de lado.- a propósito, creí que no te gustaba mostrar tanto tu cuerpo.- comentó un poco extrañado.

-Hubiera preferido algo más discreto pero... No me dejaron opción.- puntualizó.

Se la quedó mirando unos momentos, en silencio.

-Hicieron bien.- desvío un poco la mirada, ella ladeo la cabeza confundida.

-Por cierto, ¿Dónde están Kenta y Kim?- preguntó buscandolos con la mirada.

-Disculpalos kaila pero no pudieron venir.- se le oyó decir en un lamento kunihiro.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Kim tenía que preparar la clase para mañana y cubrir a un profesor que está de licencia por enfermedad.- le dijo él

-Y Kenta tenía una junta con el líder de la región del oeste y terminar de revisar unos documentos importantes que le llegaron hoy a la tarde.- respondió el otro.

-Entiendo...- bajó un poco la mirada, desilusionada.

-Alteza...- se le acercó uno de los soldados, éstos lo miraron atentos.- disculpe que interrumpa pero debe ir con los ministros, la están esperando.

-Si, esta bien.- asintió ella.

-Bueno Kaila, nosotros...

-Van a acompañarme.- les cortó en seco con una pequeña sonrisa.

Ambos se miraron con ligera sorpresa pero luego se dedicaron una cómplice y miraron a su hermana, quien ya había tomado sus brazos con delicadeza y se dirigieron a bajar las escaleras lentamente.

Cuando finalmente llegaron, observaron que las visitas ya habían llegado; todo el salón estaba lleno de condes, duques, marqueses y otros miembros de todas las edades.

Mientras las horas pasaban, que parecian interminables, la noche avanzaba de forma tranquila y serena en general pero para el trío de peli verdes, la fiesta dejaba que desear; la comida que servían los meseros y la que estaba en las mesas eran deliciosos manjares que cualquiera quedaría deleitado pero en cuanto la música, que si bien era fina y delicada no le quitaba la monotonía y sin contar la charla de los aristócratas; política, modales, etiqueta, etc.

Y en una de esas conversaciones, surgió lo siguiente...

-Es la primera vez, después de tanto tiempo, que tenemos a una princesa tan joven entre nosotros.- decía un etherion con tono amigable.

-Debo decir que además de poseer una gran belleza, sus aptitudes la hacen una persona agradable Alteza.- le secundó otro etherion de aspecto mayor.

-Se los agradezco mucho señores...- sonrió tímidamente y con un pequeño rubor.

-Jóvenes Kojiro y Kunihiro...- ambos miraron a una mujer baja y algo regordeta.- me sorprende que hayan podido asistir a ésta fiesta de disfraces. Es más, diría que casi fue un milagro.

-Disculpe Madame pero no comprendo, ¿A qué se refiere?.- respondió ligeramente confundido el judoca.

-A que dado a sus vocaciones, le hayan permitido pasar siendo los hermanos de la princesa.- señaló.

Una pequeña tensión se había generado en el ambiente.

-Ningún trabajo es malo Madame y menos si es para ayudar al prójimo.- respondió Kojiro con un poco de hostilidad en su voz.

-No lo dudo.- reconoció con calma.- pero ahora que su hermana es la princesa.- enfatizó, enfocando su mirada en ella, la cual la miraba de forma seria.- creo que deberían buscar otras opciones que vayan de acuerdo... a su altura.- explicó.

-Estoy de acuerdo con usted.- le apoyó otro aristócrata, vestido como un típico conde.- ahora que un miembro de su familia forma parte de nosotros, deberían evitar...- observó por unos segundos la pista de baile.- a ciertas personas.- añadió con tono desaprobador.

-Con todo respeto señores...- habló Kojiro de forma mas serena posible.- pero esa no es razón suficiente para cambiar de rubro.

-Él tiene razón.- le apoyó el judoca.- si alguien trabaja en lo que más le gusta y se siente cómodo haciéndolo, no debería dejarlo solo por comentarios de terceras personas.- sentenció.

Esa declaración había provocado la sorpresa de algunos, como el disgusto de otros; pensaban de manera muy distinta a ellos y eso no siempre era favorecedor.

-Me parece muy bien.- inició un duque de aspecto joven.- hermanos que piensan de la misma manera, eso es algo que no se suele ver seguido.- observó.

-Diferimos en algunas cosas y coincidimos en otras.- repuso Kunihiro con seriedad.

-Interesante... Y supongo que tambien deben ser unidos ¿No es así?- preguntó

-La sangre siempre será más espesa que el agua.- puntualizó Kojiro con tono seco.

-¿Le sucede algo, Alteza?- le preguntó éste, todas las miradas se enfocaron en ella.- ha estado callada en los últimos minutos, su opinión es importante para nosotros.- declaró con sutileza.

-No quería interrumpir.- bajo la mirada un poco.

-Oh Alteza, no sea tímida.- le dijo de forma suave.- estoy seguro que usted también puede tener una opinión respecto a éste tema.

Ella continuó con la mirada gacha por unos segundos, no quería decirles lo siguiente pero dado a lo sucedido recientemente, no pudo contenerse y alzando la vista dijo...

-Si, espero que hayan aprendido algo de mis hermanos.

Éstos la miraron con los ojos un poco más abiertos de lo usual.

-Disculpe pero, ¿Qué podría yo aprender de ellos?- no parecía entender

-No sólo usted, todos los aquí presentes aprenderian muchas cosas que no tienen nada que ver con lo material.- dio unos pasos al frente.- aprenderían no sólo a valorar algo importante que es la familia, sino también a esforzarse por cumplir y alcanzar sus objetivos, a interrelacionarse con personas de distinto entorno social y ayudar a personas de escasos recursos, quienes lamentablemente no están en buena posición económica y no tienen la suerte de recibir una educación como las suyas.- declaró con tono autoritario, manteniendo un perfil sereno pero firme.

Todos se habían quedado anonadados por sus palabras y nadie se atrevía a refutar o incluso contradecirla; no podían creerlo ¿Se estaba revelando enfrente y contra a los ministros? ¡Eso era inconcebible! Mientras que sus hermanos esbozaban una discreta sonrida satisfsctoria y sentían que sus pechos se llenaban de aire, estaban orgullosos de ella: había callado a los "poderosos" sólo con las palabras humanitarias y llenas de verdad.

Al apreciar que nadie decía una palabra, dijo...

-Disfruten el resto de su noche.- se dirigió a sus hermanos.- muchachos...

-Después de ti Kalula.- dijeron a dúo.

Se retiraron de la sala y se dirigieron al gran salón, donde el baile estaba a punto de iniciar.

-¡Ay Kaila, te adoro!- le abrazó fuerte el judoca.

-¡Muy bien, esa es mi hermanita! ¡Los callaste a todos!- le felicito Kojiro con una sonrisa de oreja a oreja y a todo pulmón

-Gracias chicos, la verdad es que ya no soportaba más la situación.- dijo con cierto malestar.

-¡Si, era muy incómoda por demás de aburrida!- protestó abiertamente Kunihiro, luego miró a su hermano.- por cierto koji, todavía no entiendo como es que no los moliste a golpes.

-Yo tampoco, pero cinco minutos más y les hubiera dejado el ojo morado, por lo menos.- le aseguró.

-Jeje... Que bueno que eso no pasó entonces...- se rió ligeramente incómoda la joven, con una gotita en la cabeza.

De repente, el ritmo de la música había cambiado a uno más lento y romántico y todos los invitados comenzaron a reunirse para empezar a bailar en pareja.

-Chicos, voy a salir por unos momentos ¿Esta bien?

-¿Qué?- repitió el judoca.

-¿Te sientes bien? ¿Quieres que te llevemos a la enfermería?- preguntó el otro peli verde con algo de preocupación.

-Estoy bien chicos.- dijo para calmarlos.- sólo quiero salir a tomar un poco de aire fresco.

-De acuerdo, pero ten cuidado ¿Si?- le pidió

-Claro.- asintió sonriente.

-Si nos necesitas, ya sabes dónde estamos.- le guiñó el ojo el judoca.

Ella se dio media vuelta y se retiró del lugar a paso firme, atravesando a las personas y haciendo caso omiso a sus adulaciones, halagos e incluso a sus invitaciones para bailar; no sabía hacia dónde se dirigía lo que si es que quería salir de ahí cuanto antes.

Entre toda esa multitud, había chocado contra alguien rozando levemente su hombro y en una mezcla entre asombro y duda, murmuró...

-¿Kalula?- la observó marcharse con la mirada.

Se dirigió hacia el ascensor y al abrirse; echó un breve vistazo por los alrededores con semblante un poco dudoso, era un ambiente raro estando vacío. Todo estaba tranquilo… Misteriosamente tranquilo…

Se diría que podrían pasar cosas extrañas… Cosas inesperadas…

-"Yo y mi imaginación…"- se replicó mentalmente, con una sonrisa irónica en sus labios e ingresó al interior, presionó cualquier botón y las puertas se cerraron por detrás.

Mientras que descendía el ascensor, aprovechó para acomodarse su atuendo y cabello, se había despeinado un poco.

Sus inexpresivos orbes azules se posaron en la ventanilla, como era un ascensor hidráulico, se podía observar y apreciar el hermoso paisaje que tenía a su merced pero... Suspiró profundamente, su mente no estaba al máximo en estos momentos.

-"La verdad es que... Lo mejor será que esto termine aquí."

-"¿Qué estas diciendo? Piccolo..."

-"¡Que terminamos Kalula!"

Las imágenes de aquella deplorable escena golpearon su mente, reabriéndole una herida que aún no había cicatrizado.

-¿Por qué?- fue su pregunta.

Aún no encontraba explicación a lo sucedido, todo fue tan de repentino que ni siquiera vio una señal de advertencia, ni siquiera tiempo para poder defenderse… Se había sentido expuesta, desprotegida… Incluso inútil por no haber podido hacer algo al respecto…

Volvió a suspirar, cerrando sus ojos brevemente.

-"¿Volveré a vivir alguna vez lo mismo?"- abrió los ojos, apoyando su cabeza cuidadosamente en el vidrio.

Tenía sus dudas y en estos momentos, no tenía certeza de que algo así le pasaría… Sentía que ahora mismo, nadie se podría fijar en ella. Si, una vez más la inseguridad se estaba apoderando de sus pensamientos y emociones.

El aparato se detuvo unos momentos, fijó su mirada en el número y volvió a observar el paisaje. No era su piso.

Probablemente en cuanto la vean llegar, le pedirán una explicación acerca de su retraso. No era su intención ausentarse de esa manera, pero de verdad necesitaba salir y tomar un poco de aire, se sentía abrumada allí dentro.

Se apoyó en una esquina sin despegar sus ojos de la hermosa pintura que tenía enfrente, era algo que la tenía fascinada pero dentro de su campo de visión sabía que la persona que había entrado llevaba un smoking oscuro con capa, unos guantes, botas y una espada en su cintura. Su fisonomía era atlética, despedía un aroma sutil y sus manos eran las de un hombre joven.

Continuó con su observación como si nada, estaba absorta en sus pensamientos como para prestar atención a la persona que había subido pero por otro lado, no podía evitar sentir un poco de curiosidad por saber su identidad…

En el instante en que las puertas se volvieron a cerrar... ¡El ruido del motor del ascensor se había apagado! ¡El ascensor se detuvo y todo se sumergió en la oscuridad!

Un silencio incómodo e inquietante se apoderó del espacio, sólo la débil luz del foco iluminaba sus cuerpos pero solo duró por unos momentos. Ahora reinaba la oscuridad profunda.

-"Oh no… ¡Esto no puede estar pasando!"

Salió del rincón con aire algo preocupada, estar encerrada con un extraño a bordo donde probablemente no había nadie más que ellos dos no era algo que en verdad le agradara en éstos momentos. Tampoco era alentador.

Caminó de un lado a otro tratando de encontrar una salida, le preocupaba el hecho de que el desconocido pudiera atacarla en este preciso momento si lo quisiera.

No podía escuchar nada, no había nada mas que la proximidad de un misterioso desconocido y la sangre que golpeaba en sus sienes. No sabia dónde estaba, apenas le escuchaba respirar pero sabía que estaba ahí (tenía la habilidad de desaparecer su poder de pelea, algo que no la ayudaba mucho)

Continuó buscando por unos segundos más pero sin éxito, la única opción que tenía era romper el cristal y escapar volando. No quería hacerlo pero tenía qué…

Retrocedió unos pasos y preparó una bola de energía pero antes de que pudiera lanzarla, una mano la detuvo agarrándola de su muñeca.

Ella reaccionó al instante, volteando devolviéndole la mirada. Estaba sorprendida, no se había dado cuenta de en qué momento se le había acercado tanto.

La tenue luz que emanaba la esfera de energía se estaba siendo cada vez más pequeña hasta que finalmente desapareció por completo volviendo a sumergirse en la oscuridad pero gracias a eso, pudo notar que aquel extraño llevaba puesto una máscara en su rostro.

La atmósfera se había vuelto más pesada, con una energía que se podía palpar...

Podía sentir el tamaño de su mano, estaba en lo correcto, se trataba de alguien joven pero no aplicaba una fuerza agresiva en su muñeca. No estaba forcejeando, ni peleando... Más bien, le estaba pidiendo que se detuviera; que no rompiera aquel espacio en la que estaban atrapados.

Una mezcla entre confusión y extrañeza se asomaron en sus ojos, por lo general alguien que está encerrado lo primero que quiere hacer es encontrar una salida y huir pero lejos de poder ver o adivinar la expresión de su rostro a través de ese antifaz, parecía que estaba muy tranquilo. Al menos, eso creía ella…

-Esta bien...- desistió sin esfuerzo alguno.

La mano que la sostenía, la soltó casi de inmediato.

Ella se sobo aquella parte su cuerpo con cierta incertidumbre, no le había hecho daño pero por una razón que desconocía su pulso se había acelerado y un calor subía por su cuerpo.

-Usted…

Antes de que pudiera continuar con su frase, escuchó un crujido de tela y notó como una mano se posaba en su cintura. Sintió una descarga en su columna vertebral y unos estremecedores escalofríos recorrieron su piel.

Por una razón que ignoraba, se sentía casi hipnotizada y recibió aquel contacto con placer, sin quejarse, sin oponer resistencia, sin pelear. Como si lo hubiera estado esperando y notó la cálida respiración del desconocido.

Se quedó así unos instantes como si analizara la situación, como si estuviera evaluando su estado de ánimo hasta que su otra mano que tenía libre acarició delicadamente su mejilla con el dorso. Ni siquiera había notado que había retirado su guante.

Esto provocó que los labios de la peli verde se entreabrieran, su respiración se entrecortara y los latidos de su corazón aumentaran. No entendía nada, no sabía que estaba pasando pero por unos momentos sintió la necesidad de sentir sus labios posarse sobre los suyos...

-"¿¡Qué es esto!? ¿¡Qué me pasa!?"

Aquel contacto hizo sonar la alarma de alerta en la mente de la etherion. Sabía que estaba mal, que tenía que detenerse sobretodo porque no era ese tipo de mujer pero la calidez de su piel, el aire misterioso que desprendía y la mezcla de su perfume, masculino y sutil invadiendo su nariz, terminó por despojarla de toda voluntad.

Su mano tocó sensualmente la curvatura de su espalda mientras que su torso firme se pegó a su pecho para inmovilizarla contra la pared.

Ella se encontraba atrapada entre la calidez de su cuerpo y el frío acero. De alguna forma, pudo adivinar que había apoyado su mano cerca de su rostro para controlar mejor la situación.

Se sentía desorientada, incapaz de ordenar sus pensamientos. Sus piernas temblaban y, a pesar de que tenía intenciones de apartarlo, sus manos se le habían vuelto de repente pesadas. Sentía como su mano recorría lentamente la base de su espalda hasta el nacimiento de sus caderas.

Éste posó sus labios con una lentitud casi diabólica sobre la delicada piel de la muchacha.

-Ah…- no pudo evitar que un pequeño gemido se escapara de sus labios. El contacto era embriagador, casi irreal…

Podía cambiarlo todo, podría atacarlo ahora mismo por tal atrevimiento pero en lugar de eso, se dejó llevar por el deseo que la aturdia simplemente por las sensaciones vertiginosas que estaba sintiendo.

De repente, sintió como tomó sus labios como si fuera a devorarla. La había atrapado como lo haría un depredador a su presa; acorralandola, cerrándole todas las vias de escape.

La princesa contuvo la respiración y sus labios se entreabieron para acoger su lengua que se insinuaba avivadamente entre ellos. Colocó sus manos sobre su pecho, disfrutando de aquel momento voluptuoso y respondió al ritmo que imponía.

Se quedaron así por unos momentos; rozandose, con la respiración entrecortada, olvidándose de todo y gozando de éste momento tan placentero.

Ella intentó luchar por última vez contra lo que su cuerpo reclamaba y terminó por vencerla, era bastante fuerte.

Sin darle tiempo a un pequeño respiro, aquel hombre agarró su nuca y comenzó a besarla de nuevo; la exigencia de un beso era equivalente a un potente afrodisíaco, la hacia sentir mareada.

...No tenía la menor idea de dónde estaba; no era más que un cuerpo ardiente, impaciente, suplicante...

-"¿¡Pero qué es lo que me pasa!? ¿¡De verdad voy a hacer ésto!?"

La capacidad y la voluntad de su abrazo dejaban pocas dudas sobre el curso de los acontecimientos... Y suavemente éste aflojó la presión sobre sus muñecas, liberandola.

Kalula colocó sus manos sobre su esculpida cintura para subir a lo largo de su smoking y desabrocho el botón que lo mantenía cerrado. En eso, escuchó el roce del tejido que se deslizaba y cayó al suelo.

Cuando colocó sus manos sobre su pecho y tiró de su camisa, escuchó como su acompañante ahogó un pequeño gemido perturbador. A su vez, acarició la piel bajo la tela de su vestido.

Ninguno de los dos cruzaban palabras; no se oía nada más que una mezcla de gemidos ansiosos y murmullos apagados.

De pronto los motores se pusieron en marcha y las luces regresaron como un flash cegador.

Ella continuaba con los ojos cerrados, era imposible discernir los rasgos de su misterioso acompañante puesto que la sujetaba con firmeza y no podía ver su rostro; quería asegurarse de no ser visto.

Parpadeo varias veces para que sus ojos se acostumbraran de nuevo a la luz y para despertar de aquel trance, suspirando y tambaleandose un poco en el proceso sin estar del todo segura de lo que había sucedido hace unos momentos.

Aún confundida, se dejó embriagar por el olor de su perfume y el contacto de su piel; era cálida. Y cuando había recuperado el equilibrio, sintió su voz acariciar su oreja mientras la sujetaba.

-Usted se baja aquí. Guardemos este momento en secreto...

Le hubiera gustado responderle algo, decirle que se fuera al infierno él y su secreto, deshacerse de su dominación pero nada. No podía articular palabra alguna.

-No sabrá quién soy...

Por el tono de su voz, podría jurar que estaba sonriendo. Ella lo sentía así.

De alguna forma, sentía que jugaba con ella como lo haría un gato con un ratón entre sus patas pero ésta última frase, lejos de molestarla, sacudia todo su sistema nervioso como un festival de descargas.

Como pudo, Kalula salió del elevador totalmente desorientada; apenas tenía fuerzas para voltear. Estaba en otro mundo... El que le había impuesto su perturbador desconocido... Por un instante, se preguntó si aquel tórrido encuentro no había sido más que fruto de su imaginación.

Se tomó unos momentos para tranquilizar sus emociones y recobrar los sentidos y cuando menos se dio cuenta, se encontraba en el interior de un hermoso jardín.

Después de unos minutos, se encontraba caminando normalmente entre las flores del jardín y se detuvo en un puente, observando su reflejo en el agua.

-¿Qué me pasó?- preguntó en voz alta.

Se llevó una mano a la cara, sintiendo que sus mejillas seguían moradas arrastrandola hasta su peinado, seguramente debía estar desaliñada pero...

-¿Hm.?

Curiosamente encontró entre sus cabellos una flor y no una cualquiera: era una orquídea blanca.

Aquello le hizo sentir de una forma especial, llevando la flor con ambas manos a la altura de su pecho y alzó la vista al cielo; había luna llena.

-Espero volver a verte...- murmuró.