Capítulo 25

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: Seguimos aquí. No hemos abandonado el fic, hemos tenido retrasos pero no pensamos abandonar la historia hasta llevarla a término. Tercera parte del arco DiaMaru y esto se pone mejor, ¿Les he contado lo mucho que amo el DiaMaru? En serio son tan perfectas juntas que me hacen sentir amor instantáneamente. Con todo lo que pasó en Kobe este fin de semana y ese avance de la segunda temporada, el hype por el KanaMari está a todo y muy pronto regresaremos con nuestra pareja principal, que no nos olvidamos que esto se llama Oh my shiny!

Muchas gracias por todos sus reviews, son de verdad muy bien recibidos, sus sugerencias y todo lo tomamos en cuenta para ir mejorando la historia.

Mag Max Kuv Bigotes: Está mujer me exprime el smut DiaMaru, así que espero les guste. Si me pase con la hard me dicen, no quería algo tan extremo pero tampoco tan tranquilo. A ver qué sale. Esta semana también debo escribir más DiaMaru smut en Deber, pero este va a ser más fluffy y lindo. Así que tengo tarea para la semana. Además de que quiero avanzar en mi otro proyecto para después de terminar Deber. Me despido.


Cuando un sueño se convierte en realidad, puede ser tan sorprendente que nos cueste trabajo creer que está sucediendo de verdad. Hanamaru siempre había convivido con fantasías en su realidad, sin embargo, en esa mañana, su más profundo sueño se había convertido en una realidad, una realidad tan tangible como el cuerpo de su amada durmiendo a su lado.

Los rayos de sol se colaban por las cortinas de la habitación, conforme iba tomando conciencia, Maru pudo sentir la piel desnuda de Dia contra la suya, sus brazos firmemente afianzados a su cintura, el suave movimiento de su pecho pegando contra su espalda al respirar, el dulce olor de su cabello inundaba sus fosas nasales; sin remedio una sonrisa apareció en su rostro incluso antes de abrir los ojos.

Apenas empezó a mover algunos músculos cuando sintió dolor probablemente a causa de la faena de la noche anterior. Encontró el bello rostro de Dia durmiendo plácidamente y sintió en su interior ganas incontenibles de besarla, abrazarla y no dejarla ir jamás. Se acercó a darle un suave beso esperando que eso fuera suficiente para sacarla de su sueño.

—Buenos días Dia-sama —saludó la chica con voz melosa mientras Día abría y cerraba los ojos con pesadez.

—Buenos… días —saludó Día mientras regresaba a la realidad—, ¿ya es de mañana?

Hanamaru se acunó entre los brazos de Día haciendo que esta se sonrojara al recordar todo lo que había pasado el día anterior.

—Umm… creo que a alguien se le olvidó programar la alarma —explicó Maru señalando el reloj en la pared—, nos hemos perdido el desayuno.

—Lo siento… supongo que… me distraje —a pesar de haber hecho todas las cosas que habían hecho el día anterior, Dia se sentía extraña con la chica a su lado. Una parte de ella, la parte racional, sentía pánico por enfrentar las consecuencias de lo que habían hecho pero la otra parte hablaba más fuerte y solo le pedía a gritos que se dejara llevar por sus sentimientos aunque sólo fuera por una vez en su vida.

—Nadie la culpa Dia-sama —Maru jugueteó con sus cabellos—, de cualquier manera creo que tenemos una asignatura pendiente sensei —expuso la chica tomando entre sus manos el rostro de Dia y plantandole un beso en los labios que puso fin a los pensamientos de Dia.

El beso fue escalando rápidamente provocando que las manos de ambas mujeres empezaran a explorar nuevamente el cuerpo de la otra, apenas estaban despertando de la noche agitada y ya volvían a dejar que el deseo se apoderara de ellas. Desafortunadamente el momento fue interrumpido cuando el celular de Dia empezó a sonar anunciando una llamada entrante que hizo que ambas se detuvieran de inmediato.

Dia se tomó unos segundos para regularizar su respiración antes de estar algo presentable para poder responder. Miró la pantalla y vio que la llamada era de Ruby. Con prisa pulso el botón de respuesta mientras Maru sentía ganas de matar a su amiga por interrumpirlas.

—Buenos días Ruby-chan —saludó Dia disimulando su nerviosismo.

—Onee-chan buenos días, ¿estás ocupada? ¿interrumpo? —la pregunta de Ruby tomó a Dia con la guardia abajo.

—¡¿Eh?! No no —Dia empezó a ser presa su propio nerviosismo—, para nada Ruby-chan, que podrías estar interrumpiendo, todo está bien —dijo lo ultimo tan rápido que apenas fue comprensible.

—¿Segura onee-chan? Puedo llamar después si están ocupadas o algo...— Ruby se refería al evento sin embargo Dia al verse en esa posición comprometedora en la que se encontraba solo podía a preguntarse qué tan oportuna podía ser a su hermana en ese momento.

El evidente nerviosismo de Dia sólo hizo que Maru quisiera aumentarlo. Con suavidad deslizó su mano por debajo de las sábanas hasta alcanzar un suave montículo en el pecho de Dia que la hizo respingar haciendo un ruido gracioso que provocó que Maru no pudiera aguantarse la risa.

—Eh… no no para nada Ruby-chan… —Dia agarró la mano de Maru con fuerza para tratar de detenerla pero la chica ya se había incorporado y casi estaba sobre ella—, estamos… —la visión del cuerpo desnudo de Maru frente a ella le dificultaba mucho poder hilar sus ideas—, estamos bien, hay un desayuno antes… —pasó saliva pesadamente cuando Hanamaru empezó a besar su cuello—, antes de… del evento del día —concluyó por fin.

Maru amaba las reacciones que simples caricias provocaban en el cuerpo de Dia, era hermoso verla actuar de esa manera, estaba tan fuera de sí cuando se ponía nerviosa que era inevitable querer seguir adelante.

—¡Oh! Ya veo Onee-chan, solo quería saber cuándo volverán —la voz de Ruby sonaba apagada, tanto que fue evidente para Dia y hasta para Maru quien al notar el cambio en la chica, dejó que Dia pudiera concluir la llamada volcando toda su atención sobre su hermana.

—Será el sábado, aunque la hora depende de si ganamos o perdemos —explicó Día ya un poco más tranquila sin tener a Maru sobre ella—, si perdemos volveríamos por la mañana, si ganamos entonces lo haríamos hasta la noche pues todavía nos quedarían algunas actividades que cubrir ese día.

—¡Oh ya veo! —el ánimo de Ruby se encontraba completamente plano.

—¿Ruby-chan pasa algo? —preguntó Día preocupada—. Te escucho rara.

—No, todo está bien —negó la chica—, sólo te extraño, sólo eso...

—¡Aww! Bueno también te extraño Ruby-chan, ya solo faltan un par de días para vernos —Dia tenía un tono de voz especial que utilizaba cuando hablaba con Ruby, que Maru pensaba era muy tierno y hacía que su corazón se derritiera de ternura.

—Saludame a Maru-chan —solicitó Ruby—, dile que disfrute el viaje porque le espera bastante tarea cuando vuelva —concluyó con una risa apagada.

—Se lo diré —respondió Dia pero no quitó el dedo del renglón sobre el comportamiento de su hermana—. Si estuviera pasando algo, me lo dirías, ¿verdad Ruby-chan?

—Claro Onee-chan, no te preocupes, todo está bien —trató de animarse—, Kanan-chan te manda saludos también.

—Saludamela —Dia no creía lo que Ruby le decía pero tendría que esperar hasta estar de regreso para poder indagar sobre lo que le sucedía por el momento tendría que conformarse con eso—. Te quiero mucho Ruby-chan, no lo olvides.

—También te quiero Dia Onee-chan, te veré en un par de días —concluyó antes de colgar el teléfono.

Cuando Dia colgó se quedó mirando el teléfono unos segundos antes de que la voz de Maru la sacara de sus pensamientos.

—Algo le pasa a Ruby-chan ~zura —Maru expresó justo lo que la mente de Dia estaba pensando—, estaba bastante rara.

—¿La escuchaste? —Dia no recordaba haber puesto el altavoz de su teléfono.

—El volumen de su teléfono es bastante alto ~zura, debería moderarlo, se puede quedar sorda muy joven —explicó Maru con preocupación haciendo que Dia esbozara una sonrisa.

—Ya veo —Dia tenía ganas de tomar a Hanamaru y hacerle el amor una y mil veces más pero no podían pasar toda la mañana escondidas en la habitación—, creo que tomaré un baño —concluyó con un suspiro.

—Creo que yo también ~zura —miró a Día con interrogación—, ¿puedo acompañarla? —cuestionó apenada con un leve rubor en sus mejillas.

—Eh… eso —Dia dudó pero no pudo negarse ante la mirada suplicante de Maru—, está bien —terminó diciendo aunque realmente sabía que no era buena idea, ya de por sí era tarde y quería que llegaran por lo menos a las conferencias de medio dia.

Tomar el baño acompañadas era una nueva y muy placentera experiencia. Disfrutaron dándose caricias la una a la otra y aunque Maru propiciaba algunos toques en lugares sensibles, ambas hicieron su mejor esfuerzo por contenerse pues ya tenían el tiempo encima.

Estuvieron listas con rapidez, sus estómagos exigían alimento y querían bajar cuanto antes para poder desayunar antes de dar por iniciado el día, Hanamaru no toleraría no tener algo de comida en el estómago.

Antes de abandonar la habitación Dia abrazó a Maru por la espalda, escondiendo su cabeza entre el cabello castaño de la chica, dio una profunda inhalación para llenarse de ese olor que la embriagaba y llenaba su mundo de color. Con ella se sentía preparada para enfrentar cualquier cosa que se les pusiera enfrente.

—¿Dia-sama? —preguntó Maru preocupada —. ¿Está bien?

—Dame un momento —expresó Dia abrazándola con más fuerza—, solo necesito tenerte así un poco más, quiero prolongar este sentimiento un poco más —Maru entendía a su sensei, entendía esa necesidad de tenerla cerca porque ella misma no quería que la soltase, quería que se quedaran en esa habitación que había sido su cómplice—. Soy feliz cuando estoy contigo.

Maru se dio la vuelta y pasó sus brazos por el cuello de Dia, ella la tomó por la cintura y disfrutaron un beso húmedo, lleno de pasión y sentimientos, sabía agridulce, sabía a felicidad con culpa, pero poco les importó, ninguna de las dos quería que nada de esto se terminara, no por ahora.

Caminaron por el pasillo del hotel tomadas de la mano aprovechando que no había nadie alrededor. Trataban de alargar por más tiempo su pequeña burbuja de amor, no obstante tuvieron que soltarse en cuanto se subieron al elevador y se aventuraron al mundo real, ese en donde era impensable que ellas estuvieran juntas.

Por ser después de mediodía, ya habían pasado las conferencias de la mañana, lo único que restaba era un par de talleres en los que Maru estaba bastante interesada, así que al menos podría recuperar algo de ese día que le producía suficiente interés. Uno era de redacción y el otro sobre incorporación de las tecnologías a los medios escritos.

El problema para ella fue que no estaba para nada concentrada en lo que fuera que estaba diciendo el expositor, Maru sentía que su mano le quemaba y la única forma de apagar ese fuego era tomando la mano de Dia que estaba a solo centímetros de la suya. Tampoco ayudaba el hecho de que a cada dos segundos se dedicaban miradas que iban mucho más allá de la inocencia.

Hubo un punto en donde les asignaron una actividad y no les quedó más remedio que separarse pues solo los alumnos podían participar en ellas, cosa que lamentó Dia.

Emparejaron a Maru con uno de los chicos que había leído el primer día con ella, cuyo trabajo era bastante bueno y eso al menos hizo interesante el poder trabajar con él en esa actividad.

—¡Hola! —saludó un chico que se veía más grande que Hanamaru al menos en apariencia, cabello oscuro y ojos con una coloración grisácea que lo hacían ver bastante apuesto—. Soy Akatsuki Akira —hizo una reverencia antes de tomar asiento a su lado—, será un placer trabajar contigo, gusto en conocerte.

—Kunikida Hanamaru —correspondió Maru al saludo del chico dedicándole una sonrisa de amabilidad—, igualmente, gusto en conocerte.

Dia se retiró al área en donde estaban los demás profesores discutiendo sobre un nuevo libro que acababa de publicarse o eso alcanzó a escuchar, en realidad toda su atención estaba sobre su alumna, por lo que no podía estar más lejos de la conversación del resto de sus colegas. Dia no podía quitar la mirada de su querida Maru pues tenía que si dejaba de verla el sueño que estaba viviendo podía disolverse y despertar teniendo solo el recuerdo de algo que en realidad no había sucedido, detestaba tener que mantenerse lejos de ella y tener que hacer un esfuerzo descomunal por, simplemente, estar en calma.

—Relájese sensei —un hombre de mediana edad, quizás unos pocos años más grande que ella, se acercó ofreciéndole una taza de té—, Akatsuki-san es un buen chico que no le haría nada a su alumna.

El comentario del hombre la sacó de sus pensamientos preguntándose de inmediato que podría hacer el chico que dañará a su querida Hanamaru. Ahora menos que nunca debía quitar la vista de ellos dos.

—¿Disculpe? —preguntó extrañada dándole parcialmente su atención.

—Mucho gusto Kurosawa-sensei —el hombre hizo una reverencia como saludo—, soy Takayama Hiroshi, profesor de literatura en la preparatoria Muroran y soy gran fan de su trabajo.

—¿Mi trabajo? —cuestionó Dia sorprendida—. No es que tenga muchos trabajos —expresó contrariada por el comentario del joven profesor que la dejó descolocada.

—Estudié en la universidad Sakura —explicó el hombre—, y su reputación era admirable, no había nadie que no conociera a la aguerrida Kurosawa. En alguna ocasión asistí a una de sus ponencias y verdaderamente quedé sorprendido por su fuerza y talento.

—¡Oh, gracias! —alzó las cejas extrañada—. Entonces supongo que se graduó algunos años antes de mí —supuso Dia.

—Solo un par de años —explicó—, y es un gusto verla de nuevo, especialmente dadas las circunstancias, creo que ha presentado un gran trabajo en conjunto con su brillante alumna.

—¿Lo cree en verdad Takayama-san? —Dia aceptó la taza de té que el hombre le ofrecía aunque se mantenía intranquila por Hanamaru a quien veía cada cierto tiempo.

—Claro y no podía esperar menos de usted, creo que será una competencia reñida, hay algunos trabajos interesantes por ahí —comentó el hombre emocionado.

—Ciertamente, en verdad me llevé gratas sorpresas, han sido unos días muy interesantes —dedicó una rápida mirada a Maru que estaba bastante entretenida trabajando con su compañero.

Tayama-san se esforzaba bastante en mantener la conversación viva, sin embargo era muy obvio que Dia no estaba ni remotamente interesada en lo que el hombre tuviera que decir, no fue hasta que finalmente se dió por vencido que se dió por terminada la conversación.

Maru, por otro lado, estaba muy entretenida con el trabajo que estaban realizando, para su sorpresa su compañero era bastante inteligente y terminaron escribiendo con bastante soltura juntos. Acabaron incluso antes del tiempo que se había destinado para la actividad y el chico aprovechó eso para iniciar una conversación con ella.

—¿En qué grado estas Kunikida-san? —preguntó Akira una vez que terminaron todo lo que debían hacer.

—Segundo año ~zura —Maru se cubrió la boca con las manos al recordar que era extraño para otras personas escucharla decir ese tipo de expresiones, pero el chico solo sonrió pues se le hizo algo lindo.

—Preparatoria Uranohoshi, ¿no? —cuestionó el chico con gentileza—. No tienes que avergonzarte, es lindo —se refería al "zura" que tanto trabajo le costaba reprimir a Maru—. Yo estoy en tercer año de la preparatoria Muroran, aunque estoy pensando en hacer de Tokio mi residencia permanente, he aplicado para algunas universidades aquí, ahora sólo me toca esperar para hacer los exámenes de ingreso.

—Te ira bien ~zura, me parece que eres un chico inteligente —expresó Maru con dulzura.

—Gracias Kunikida-san —dijo poniéndose ligeramente rojo.

Siguieron platicando un rato más hasta que se dio por finalizada la actividad y pasaron al siguiente foro, el cual aunque era más interesante, era mucho menos didáctico que el anterior, pero por lo menos volvían a estar cerca Hanamaru y Dia. Tanto a una como a la otra les pareció la hora más larga de su vida. Sentían urgencia por abandonar ese recinto y poder estar juntas de nuevo y los minutos pasaban agonizantemente lentos.

Una vez se dieron por terminadas las actividades del día, Dia y Maru prácticamente corrieron hacia su habitación, ansiaban con urgencia ese beso que su cuerpo les exigía. Ni bien cerraron la puerta detrás de ellas y Maru se abalanzó sobre Dia para besarla, no podía quitar sus manos de ella, al contrario, Maru sentía como si Dia la hubiera hechizado y ahora lo único que la hacía feliz era la posibilidad de sentir su cuerpo, su aliento, su piel, era lo único en lo que pudo pensar durante toda la mañana.

—Hana… maru-san, espera —suplicó Dia cuando sintió que las manos de su joven amante empezaban a retirar la ropa que la cubría—, tenemos… tenemos cosas que hacer.

—No hay nada más importante ahora ~zura —a pesar de ser más pequeña que Dia, Maru se las arregló para llevar a Dia al pie de la cama aunque francamente no opuso mucha resistencia—, moría de ganas por hacer esto.

Hanamaru la empujó contra la cama y con cuidado se sentó a horcajadas sobre ella, la tenía aprisionada con sus piernas y ya se había librado de la blusa de Dia. Reanudó los besos ahora concentrados sus labios en el cuello de Dia.

—Pero… es que… tenemos —Dia quería hablar, pero sentir el cálido aliento de Maru sobre ella no estaba dejando que su cerebro pensara correctamente—, la ropa… para mañana, ¿recuerdas?

—Tenemos ropa, no es importante zura~ —Hanamaru empezó a dar suaves mordidas sobre el lóbulo de la oreja de Dia, arrancando un gemido de la mayor que sólo acrecentó sus ganas de tenerla para ella.

—No tenemos para ese tipo de evento —Dia no lo soportó más y con fuerza derrumbó a la chica poniéndola contra la cama, siendo ella quien tomaba el control pero Hanamaru hizo un puchero que no pudo resistir—, bueno… tal vez, si nos damos prisa.

La cara de Maru era completamente diferente a la dulzura e inocencia que reflejaba todo el tiempo. La miraba llena de lascivia le hizo perder su poco autocontrol y el cuerpo de su alumna le invitaba a tomarlo nuevamente hasta saciar esa sed que la consumía por dentro.

—Quiero que me enseñe —solicitó Maru sonrojada—. Quiero que me enseñe a hacerle esas cosas que usted me hizo, quiero hacerlo también.

Dia consideró la petición de la chica y se acercó para besarla en respuesta, poco a poco fue desplazando su mano por debajo de su ropa, profiriendo caricias en todo su cuerpo.

—Por favor ~zura —dijo Hanamaru en tono suplicante, siendo presa nuevamente del calor que la consumía desde adentro.

—¿En verdad lo quieres? —cuestionó Dia mientras la besaba en los labios para saciar su deseo.

Inició un camino de besos que tenía un destino en particular. Bajó por el cuello deteniéndose en el espacio de la clavícula en donde con rudeza hundió los dientes en la suave piel de Hanamaru que respondió con un sonoro gemido, continuó su tortuoso avance para dar especial atención a su hermosos y abundantes pechos cuyos pezones ya se encontraban completamente erectos por toda la estimulación previa. Dia disfrutaba las reacciones que sus caricias causaban en la chica. Hanamaru era especialmente sensible en esa área.

—Dia-sama, por favor —Dia estaba haciéndolo todo tan despacio que el fuego en el interior y de Hanamaru la consumía, la necesitaba, sentía dolorosas pulsaciones provenientes de su intimidad que clamaban por ser saciadas.

Dia se sentía plena de tener a Hanamaru así para ella. Lentamente llegó hasta su parte baja. Aún sin desplazar la ropa interior, besó los muslos que se retorcían bajo su toque, se detuvo en las caderas de la chica degustandolas con su lengua mientras desplazaba la pantaleta que se encontraba ya bastante húmeda, como antesala a lo que iba a encontrar cuando se adentrara en su intimidad.

El dulce olor de Hanamaru inundó sus fosas nasales, la chica ya se encontraba más que dispuesta para ella. Con suavidad separó sus piernas y terminó de retirar su ropa interior. Se posicionó entre sus muslos admirando con detenimiento cada milímetro de esa bella anatomía de la mujer que amaba.

—Dia-sama esto es vergonzoso ~zura —expresó con un hilo de voz y el rostro rojo en la espera de que Dia fuera sobre ella.

—Eres hermosa —se detuvo en su avance para asegurarse que Hanamaru escuchara lo que tenía que decirle—, sólo quiero hacerte feliz —la voz de Dia sonaba cargada de excitación y actuó de inmediato para que Maru se terminara de relajar y le permitiera continuar.

Suave y lentamente acercó su rostro a la intimidad de Hanamaru y aspiró una vez más el intoxicante aroma que empezaba a amar, quería tenerlo en su memoria por el resto de sus días. Estaba completamente húmeda, se dió cuenta, además de que la respiración de la chica estaba ya agitada. Abrió sus labios y con cuidado pasó su lengua sobre su clítoris excitado tratando de abarcar la mayor parte de su intimidad provocando un respingo de Hanamaru que movió sus caderas de manera involuntaria, seguido por un gemido que trataba de contener sin mucho éxito con una de sus manos.

Dia continuó su labor haciendo movimientos circulares alternando la velocidad y la intensidad. El cuerpo de Hanamaru reaccionaba a cada uno de sus lengüetazos recompensandola con ruidos y gemidos que iban aumentando de escala. Hanamaru pronunciaba el nombre de Dia como si fuera un canto que la llevaba al cielo. El botón de la chica pronto aumento de tamaño y se irguió en busca de más estimulación. Pequeñas succiones y toques precisos la tenían al borde del precipicio del placer pero aún hacía falta el último empujón para caer en las redes del gozo sin fin.

Cuando Dia se dió cuenta que eso no sería suficiente, busco introducir uno de sus dedos en la vagina de la chica moviéndose con cadencia en su interior de adentro hacia afuera agregando al poco tiempo un segundo dedo para aumentar el área de contacto.

—Di… Dia-sama, eso… —era una sensación tanto placentera como dolorosa, Maru no sabía cómo describirla pero sentía que algo explotaría dentro de ella en poco tiempo—. Eso se siente… ¡Bien! —Dia incrementó la velocidad de sus movimientos conforme las caderas de Hanamaru se alzaban en busca de más de esas sensaciones—. Se siente muy bien…

El cambio en el interior de Hanamaru le decía a Dia que se encontraba cerca del final; disminuyó el ritmo pero dejó la cadencia y eso fue un aumento el placer de manera exponencial. Era extraño pero esa lentitud estaba matando a Hanamaru que se retorcía queriendo más. En uno de esos movimientos, Dia flexionó sus dedos dejando que la punta de sus yemas tocaran el interior de Hanamaru estimulando un área sensible.

—¡Ahí! ¡Oh… eso se siente… muy bien! —Dia escuchaba las reacciones de Hanamaru y supo que estaba haciendo un buen trabajo.

Los fuertes músculos vaginales de Maru empezaban a convulsionarse en su interior, sintió cómo se formó una rugosidad que se presionaba contra sus dedos y presionó con más ahínco.

—¡Dia-sama! —fuertes convulsiones presionaron sus dedos que sólo la invitaron a aumentar la estimulación en el clítoris que se encontraba en su máximo esplendor—. ¡Estoy… estoy… llegando!

La espalda de Hanamaru se arqueó con violencia y abundantes líquidos provenientes de su interior anunciaron que la chica había alcanzado el prometido orgasmo. Dia disfrutó de su orgasmo probando cada gota de ese flujo con su lengua. Hanamaru se estremeció trémula con las réplicas agonizantes que aún reververaban en su cuerpo. Poco a poco Dia fue disminuyendo la estimulación hasta detenerse por completo.

—¡Por favor ~zura —suplicó Hanamaru—, venga!

Dia se incorporó y con cuidado se acomodó a su lado acunandola entre sus brazos. Podía escuchar el rápido palpitar del corazón de su amada que aún estaba sumida en un estado de éxtasis. Repartió besos en su rostro y caricias a lo largo de su espalda que la hacían temblar bajo su tacto.

—Eres tan hermosa —expresó Dia mientras acariciaba su rostro—, eres un milagro para mí Hanamaru-san, me siento tan feliz de estar contigo.

—Y yo Dia-sama, me siento muy feliz —se acomodó entre sus brazos sintiéndose plena, feliz y llena de tranquilidad.

No creyó que estar de esa forma fuera tan precioso, era la cúspide de todos sus anhelos y deseos, el estar en brazos de Dia dejándose amar.

—Aún tenemos que salir —le recordó Dia plantando un beso en su frente—, quiero comprar tu vestido.

—¿Ahora? ¿Podríamos dormir un rato? —pidió con ojos somnolientos, la actividad hizo que Hanamaru se sintiera repentinamente cansada y no ayudaba que se encontraba tan cómoda en esa posición que no tenía ningún deseo de moverse.

—Si no nos vamos ahora, difícilmente encontraremos algo a tiempo —respondió Dia sonriendo pellizcando un cachete.

—Umm… —protestó Hanamaru abrazando a Dia con fuerza—, no quiero salir de aquí, me siento como en un sueño.

—Un hermoso sueño —estuvo de acuerdo Dia—, pero tenemos que hacerlo mi pequeña princesa —tomó su barbilla con suavidad y plantó un beso en los labios.

Escuchar que Dia le llamaba de esa forma cariñosa hizo que su corazón se estrujara y no lo pudo disimular porque su rostro hizo un mohín.

—¿Qué pasa? —preguntó Dia preocupada al ver el cambio en el rostro de la chica.

—Nada —mintió Hanamaru.

—No mientas —Dia le dió un toque en la nariz que finalizó con un beso—, ¿te molesta que te llame así?

—No —negó Maru con la cabeza sintiéndose avergonzada—, es solo que… la manera en la que me llamó… siento que no lo merezco.

—¿Princesa? —repitió Dia afianzando su agarre en la chica—. ¿Crees que no mereces ser una princesa?

—Si… eso… eso creo —Maru escondió la cabeza entre el cabello de Dia para que no viera su vergüenza—. Yo no soy ni remotamente lo que se puede considerar una princesa.

—Vamos a ver —comenzó a explicar Dia amorosamente levantando la cabeza de Hanamaru, que se aferraba a no moverse, hasta que pudieran verse a los ojos—, eres hermosa, noble, inteligente, compasiva, comprensiva, poseedora de la mirada más dulce que he visto en mi vida, con solo mirarte haces que mi mundo se ponga de cabeza. Creo firmemente que las princesas de cuentos si existen y yo tengo la mía justo aquí —concluyó plantando un beso en sus labios—, ¿me entiendes? Tú eres mi princesa, Hanamaru-san.

Las lágrimas empezaron a salir de los ojos de la pequeña, pero no eran por tristeza, eran de felicidad, toda la que nunca se imaginó sentir alguna vez en su vida. Pero allí estaba con Dia llamándola princesa, considerándola lo más hermoso y valioso del mundo. No quería dejar ir eso, no quería que ese sentimiento se acabará nunca.


Dia la llevó a un gran centro comercial ubicado a unas cuadras de su hotel. Era un lugar enorme, lleno de todo tipo de tiendas para todos los gustos. Incluso había un piso entero dedicado a tiendas de moda femenina que iba desde ropa, accesorios y variedades. Tenían tantos lugares donde visitar y buscar y tan poco tiempo para hacerlo.

Dia ya sabía más o menos qué tipo de vestido necesitaría. Los vestidos largos en tonos oscuros eran los que más favorecían su larga figura y le daban un porte elegante que junto a su presencia la hacían ver imponente. No tenía mucho que pensar, en su lugar, quería dedicar toda su atención a encontrar el vestido perfecto para su princesa, ya se había hecho algunas ideas pero quería que la chica se los probara para ver cuál era el que mejor iba con su figura pequeña y voluptuosa.

Anduvieron recorriendo algunas tiendas pero ninguna llamaba completamente su atención. Caminaban platicando amenamente comentando de los escaparates y lo que en ellos se lucia. Lejos había quedado esa incomodidad que habían sentido los primeros días en los que les costaba entablar la comunicación. Ahora platicaban de todo y nada. Por momentos buscaban un contacto o una caricia furtiva, pero sabían que debían ser cuidadosas, aún si nadie las conocía, la diferencia de edad entre ellas y el hecho de ser mujeres podría llamar la atención si eran demasiado obvias en sus acercamientos para evitar incomodidades con terceros.

Encontraron una tienda que poseía una inmensa cantidad de vestidos para ocasiones especiales. No le costó trabajo a Dia encontrar el vestido en el que estaba pensando. Un vestido negro, largo, con un pronunciado escote en el frente que enaltecía su figura. Mientras se lo probaba dejó que Hanamaru vagara en la tienda buscando algo que fuera de su agrado.

La encontró sentada en unas de las sillas que estaban dispuestas para los acompañantes de las compradoras.

—¿Encontraste algo que te gustara? —preguntó Dia acercándose hasta donde estaba la chica.

—Umm… no, no hubo algo que llamara mi atención ~zura —negó la chica poniéndose de pie—, tal vez deberíamos ir a otra tienda —sugirió con algo de vergüenza.

—¿En serio? Ví algunos vestidos muy bonitos que me encantaría ver cómo te quedan —Dia buscaba a una dependienta con la mirada pero la chica que la estaba atendiendo estaba empacando su compra.

—Bueno… no es que no me gusten —Hanamaru tuvo que confesar—, es solo que salen de mi presupuesto ~zura. Esta tienda es bastante costosa y excede el límite de lo que puedo gastar —concluyó apesadumbrada y apenada por su falta de solvencia económica.

—Hanamaru-san, lo siento, creo que no te lo dije antes por alguna razón —se dió un suave golpe en su frente con la palma de su mano—, pero el vestido es mi regalo para ti, en agradecimiento por el arduo trabajo realizado.

—No ~zura, no podría aceptarlo, no necesito que me dé un regalo por un trabajo que disfrute tanto hacer en su compañía —se defendió Hanamaru rechazando cortésmente su ofrecimiento.

—Hanamaru-san, tómalo como un presente nada más, en verdad me gustaría que lo aceptaras —insistió Dia.

—No ~zura, es que es demasiado —Hanamaru no cedía en su determinación.

—¡Por favor! —suplicó Dia haciendo una mirada parecida a la de un borreguito tierno que hizo flaquear inmediatamente a Hanamaru—. ¡Por favor! —insistió.

—Esta bien ~zura —terminó cediendo ante la insistencia de su sensei—, pero… bueno, que no sea de esos muy costosos.

—Umm… no puedo prometer eso —Dia se cruzó de brazos—, pero podemos buscar uno que nos guste a ambas y ese nos llevamos, ¿esta bien?

—Está bien —respondió Hanamaru con una sonrisa.

Buscaron algunas opciones con ayuda de la dependienta de la tienda y pasaron al área de vestidores.

Maru se fue probando uno a uno los vestidos que habían escogido, modelandolos para Dia. Algunos eran un tanto infantiles para el gusto de la mayor pero la figura de Maru hacía que resaltaran muy bien en ella. En realidad a los ojos de Dia, Hanamaru era hermosa con todo lo que le pusieran, solo que debía ser objetiva y escoger el mejor.

De todos los vestidos que se probó no había uno que las hubiera convencido del todo. Dia se aventuró a buscar nuevamente entre los diversos vestidos de la tienda hasta que encontró uno que le pareció adecuado y supo que era el indicado.

Era un hermoso vestido en color amarillo claro, llevaba incrustaciones de cristales coloridos en el torso y la falda que asemejaban un vestido digno de la realeza. Día lo solicitó en la talla para Hanamaru y ella misma se encargó de llevarlo hasta los probadores satisfecha de su hallazgo.

—Hanamaru-san —tocó en la puerta para que la chica le abriera—, ¿podrías probarte este vestido?

—Si ~zura —Maru abrió la puerta del vestidor mostrándose en ropa interior, visión que hizo que Dia se sonrojara al momento—. ¡Vaya! Es espectacular —dijo Hanamaru en cuanto lo vió.

—Lo sé —expresó Dia con suficiencia—, es un vestido digno de mi princesa —tomó su barbilla y la acercó para un rápido beso fugaz que sonrojó a la pequeña.

Hanamaru se lo probó y tal como pensaba Dia, le quedaba perfecto. Se quedó sin palabras cuando la vio. Parecía una princesa sacada de un cuento de hadas. El vestido hacía que resaltaran los lugares correctos de su cuerpo dándole un toque más maduro pero sin dejar de lucir su inocencia. Dia sentía unas terribles ganas de vestirse como un príncipe para poder reclamar la mano de la princesa que tenía enfrente aunque eso solo fuera una fantasía de un cuento de hadas.

—¿No te gusta? —preguntó Dia al ver la cara consternada de Hanamaru.

—No es eso —negó la chica—, es solo que es un vestido hermoso y todo ~zura, pero es demasiado costoso solo para que lo utilice una sola noche, no podría.

—Te dije que eso no importaba Hanamaru-san —se acercó Dia para guiarla hasta el espejo, colocándose detrás de ella, estaban en un vestidor privado por lo que era muy improbable que alguien llegara a molestarlas—, mira lo hermosa que te ves —le dijo al oído abrazándola por la espalda.

—Pero es sólo una noche Dia-sama, estoy segura que podemos encontrar algo más acorde —replicó Maru con dificultad pues el abrazo de Dia era embriagante, le hacía sentir la necesidad de tenerla para sí de nuevo.

—Una noche especial en que podríamos ganar, ¿recuerdas? —le dió la vuelta a la chica y la besó con suavidad para terminar de convencerla.

—Esto es trampa ~zura —se quejó en cuanto se separaron aún con la sensación fantasma y de los labios de Dia sobre los suyos—, pero si lo pone así, supongo que no puedo negarme.

—No puedes y no debes —estuvo de acuerdo Dia.

Una vez que su sensei se encargó del pago de ambos vestidos, salieron en búsqueda de zapatos que fueran de acuerdo a la ocasión.

Hanamaru vio una tienda que llamó su atención, en cuanto la vió, una idea apareció en su mente.

—Dia-sama, tengo que ir al baño —se excusó—, pero siga al área de zapaterías, ya la alcanzo.

—¿Quieres que te acompañe? —era ya bastante tarde y las tiendas no demorarían mucho en cerrar.

—No no, vaya usted y adelante un poco, la alcanzo enseguida —Dia siguió su camino y Maru regresó a la tienda que había llamado su atención para hacer una compra rápida.

Al final apenas y les dió tiempo para comprar las zapatillas de ambas. Maru no se sentía muy cómoda en zapatos de tacón pero Dia le ayudó a buscar unos que no le dificultaran tanto su andar.

A su regreso al hotel fueron sorprendidas con que ya se había llevado a cabo el cambio de habitación que le habían prometido a Dia cuando se registraron el primer día. Tantas cosas habían pasado desde entonces que ni por su mente pasaba que aún tenían ese cambio pendiente.

Fue algo bastante desagradable para ella porque había estado luchando con todas sus fuerzas por mantener callada a su conciencia, sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, que había faltado a su ética, que probablemente las cosas terminarían muy mal para ambas, y que probablemente rompería el corazón de Hanamaru en algún punto, pero hasta ese momento había desechado toda lógica y se había dejado llevar por el deseo.

En contraste con lo que sucedía en la mente de Dia, Hanamaru no había tomado en cuenta el cambio de habitaciones, simplemente pensó que todo seguiría igual entre ellas. Estaba más preocupada por la compra extra que había realizado que por otra cosa.

La habitación era mucho más grande que la que les habían asignado inicialmente. Además de contar con dos habitaciones, tenía una sala y una cocineta. En general daba la impresión de ser lo suficientemente grande para albergar a toda una familia, si así fuera el caso.

Dia necesitaba estar un momento a solas para pensar las cosas, todo se estaba saliendo de control y tenía la sensación de estar a la deriva. Anunció que tomaría un baño y agradeció que Hanamaru no quisiera meterse a la ducha con ella.

El baño de esta habitación también era mejor con respecto al anterior. Dia pudo darse un largo baño como los que acostumbraba tomar en casa que le ayudara a aclarar sus pensamientos.

Por un lado estaba su ética laboral, su responsabilidad con la familia Kurosawa, la promesa que le había hecho a su padre y por su puesto la confianza que la familia de Hanamaru había depositado en ella para que guiara a su hija. Por el otro, estaba su amor por la chica de cabellos castaños, esa necesidad que sentía para estar a su lado, sus ganas de mantenerla entre sus brazos y nunca soltarla, esa calidez que sentía siempre que estaba en su presencia, sus sentimientos por ella eran similares a los que alguna vez tuvo por Kanan pero a la vez tan diferentes, en esta ocasión no era solo un enamoramiento, era un sentimiento mucho más maduro pero a la vez irracional que la sacaba de su lugar asignado para ponerla en uno completamente diferente que le aterraba.

Lo que había hecho estaba mal, no lo podía borrar de ninguna forma, pero tal vez ese cambio de habitación era lo que necesitaban para darse un respiro y pudieran pensar mejor las cosas, después de todo quién era ella para oponerse a los caprichos del destino. Quizás Hanamaru pudiera reflexionar sobre lo que estaban haciendo y darse cuenta de lo horrible que era. Dia se sentía un monstruo por aprovecharse de esa forma de Hanamaru.

Tomó la decisión de que ese día dormirían cada quien en una habitación, ya iba siendo tiempo de poner las cosas en orden y no podía hacerlo cuando tenía la tentación tan cerca de ella. Debían bajar del tren sin control en el que ambas estaban.

Salió en busca de Hanamaru quien se encontraba guardando las compras que habían hecho. Ya había guardado los vestidos para que no se arrugaran y había acomodado las demás cosas.

—¿Hanamaru-san puedo hablar contigo? —algo en la tonada de Dia no le gustó la chica y dejó lo que estaba haciendo para prestarle toda su atención con el ceño ligeramente fruncido.

—Dígame Dia-sama —se acercó a ella.

—Bueno, el día de hoy me gustaría… —Dia se sentía una hipócrita pidiendo espacio después de todas las cosas que habían hecho—, me gustaría dormir sola el día de hoy… si no te importa.

La petición de Dia la tomo por sorpresa, no entendía a qué venía esa petición y lo único que surgía en su interior era molestia y no se censuró en mostrarla.

—Pero, ¿por qué ~zura? —su ceño fruncido dió paso a un mohín en sus labios.

—Es sólo que me gustaría tener un poco de espacio para pensar las cosas —explicó Dia poco convencida al ver la reacción que había generado su petición.

—No lo puedo entender ~zura —suspiró—, pero si eso es lo que desea, tampoco me voy a oponer.

La sorpresa que sintió en un inicio se habia reemplazando por molestia plena en esa última frase, cosa que ella no estaba acostumbrada a sentir y ahora no sabía cómo lidiar con ello, pero no iba a dejar tan fácil que Dia la hiciera a un lado.

—Si me permite, creo que iré a tomar un baño —dijo tomando sus cosas dejando a Dia con la palabra en la boca.

La salida de Hanamaru hizo que en Dia hubiera una sensación de vacío que distaba mucho de la calma que estaba buscando. Su corazón le rogaba que fuera tras la chica y olvidara el lapsus que acababa de tener, pero su cabeza decía que era lo correcto así que simplemente la dejó ir tratando de mediar el conflicto en su interior.

Terminó la tarea que estaba haciendo Hanamaru momentos antes y se encerró en su habitación. Sabía que si veía a Hanamaru de nuevo toda su determinación se desvanecería y eso era algo que no debía pasar otra vez. Llamó a Ruby porque aún seguía preocupada por ella, pero en esta ocasión no encontró nada anormal ni siquiera en su tono de voz y lo confirmó cuando habló con Kanan quien le dijo que la chica había estado bien en los últimos días. Quizás sus alarmas habían errado.

Dia estuvo a punto de contarle a Kanan todo lo que había pasado con Hanamaru pero prefirió dejarlo por el momento, no quería agregar un nuevo punto de vista a su ya de por sí confundida cabeza. Sólo quería calma y tranquilidad para serenarse y volver a tener el control de sí misma.

No escuchó ruidos afuera de su habitación por un buen rato, lo que le indicó que Hanamaru aún seguía en el baño. Odiaba la ansiedad que sentía, no la dejaba pensar, no la dejaba respirar y mucho menos la iba a dejar dormir, cosa que había intentado sin mucho éxito. Se puso a hojear un libro pero simplemente no pasaba de la misma línea y se dió por vencida.

Apagó las luces y se metió bajo las sábanas para ver si podía conciliar el sueño de una buena vez. Esperaba que en algún punto el cansancio acumulado ayudará a callar las voces en su cabeza que no dejaban de sonar. Minutos después escuchó pasos afuera de su habitación seguidos por toques en la puerta que quiso ignorar.

—¡Dia-sama! —la llamó Hanamaru.

Dia había rogado a los dioses que la chica no le pidiera derecho de réplica porque en cuanto la viera seguramente se despediría de toda su determinación.

—¡Dia-sama! —insistió y su poca determinación de perdió.

—Un momento —muy a su pesar tuvo que ir a atender el llamado de Hanamaru.

Dió un profundo suspiro antes de abrir la puerta repasando mentalmente todas las razones por las cuales estaba mal lo que estaba haciendo y por lo cual no debía suceder de nuevo.

—Dia-sama, respecto a lo que me dijo hace unos momentos me gustaría me diera oportunidad de contestarle —expuso Hanamaru en cuanto Dia entreabrió la puerta.

—Emm… no es algo debatible Hanamaru-san, sería mejor hablarlo por la mañana —respondió Dia manteniendo la calma.

—No ~zura, no voy a esperar hasta mañana para decir algo que me concierne —Maru mostró tanta determinación que Dia terminó cediendo.

—Bien… en eso tienes razón, dime qué piensas —abrió la puerta por completo dejándola pasar al interior.

—No es justo que usted tome decisiones que conciernen a las dos ~zura, para empezar, nadie me obligó a hacer lo que hicimos, fue decisión de las dos y no siento confusión o inseguridad en cuanto a mis sentimientos por usted, Dia-sama —explicó la chica sin titubeos—. Sé que no es fácil, que tiene muchas cosas en juego y que probablemente todo cambie cuando regresemos a casa, pero por el momento, sólo por ahora —hizo énfasis—, ¿no es injusto desaprovechar los días que gracias a nuestro trabajo nos hemos ganado para poder estar juntas ~zura?

—Hanamaru-san… —todos los argumentos que Dia tenía en su cabeza se habían esfumado ante las palabras de la chica y ahora se había quedado sin nada que decir pues su corazón le pedía a gritos hacer caso que lo que Hanamaru le decía y hacer a un lado su razón.

—No quiero que regresemos a casa y vivir arrepentida de haber desperdiciado tiempo que pudimos disfrutar estando juntas ~zura —suspiró—, y también le pido que no pase por alto mi opinión cuando se trate de tomar una decisión que nos atañe a ambas.

—Lo siento mucho Hanamaru-san, no era mi intención no tomarte en cuenta, es sólo que me siento un poco abrumada por todo esto y necesito un poco de espacio para pensar, ¿puedes entender eso? —dijo en tono suplicante pues su voluntad pendía de un hilo.

—Lo entiendo y respeto su espacio ~zura, solo espero que al término del viaje no se arrepienta de haber desperdiciado el tiempo así —dicho eso Hanamaru se dió la vuelta y salió de la habitación de Dia dejándola inmersa en sus pensamientos aún más confusos que al inicio.

Dia se derrumbó en la cama con el sueño lejos de ella y la tortura dentro de su mente.

"¿Qué rayos estoy haciendo?"

Se preguntaba una y otra vez, su lógica le decía que estaba en lo correcto, que necesitaba espacio para enfriar las cosas, que era justo lo que requería, pero las palabras de Hanamaru resonaban con fuerza en su cabeza.

"¿Y si en verdad estoy desperdiciando el tiempo?"

Dia se revolvía el cabello de un lado al otro con desesperación, terminó por apagar las luces de nuevo para tratar de dormir y dejar que la noche le ayudara a decidir que hacer pero no fue como esperaba. En compañía de la oscuridad a su mente empezaron a llegar vividos recuerdos de la maravillosa experiencia que había compartido con Hanamaru, sentir su cuerpo vibrando bajo sus toques hicieron que el calor en su interior regresara con más fuerza. La sensación de los suaves labios de Hanamaru sobre su piel hizo que se erizara su cuero cabelludo y empezara a sentirse tremendamente acalorada.

Empezó a dar vueltas en la cama tratando de aligerar la sensación que la estaba consumiendo pero era demasiado tarde, la semilla estaba plantada y solo había una forma de calmar sus ansias. Tenía la necesidad de Hanamaru y en ese momento todo razonamiento quedó nublado bajo los ojos del deseo que clamaba en su interior.

Sin darse cuenta se levantó de la cama y salió de la habitación. Llegó a la habitación de Hanamaru y tocó la puerta un par de veces haciendo que sonara más fuerte de lo que pretendía. Sus nervios la tenían descontrolada.

—Hanamaru-san, ¿Puedo pasar? —habló en voz alta.

Espero algunos segundos hasta que la chica le contestó.

—Adelante —Hanamaru desanimada sin molestarse en levantarse de la cama la recibió.

Dia entró a la habitación que se encontraba completamente a oscuras y después de encender las luces se quedó de frente a Hanamaru que ya se había incorporado para escuchar lo que tuviera que decir.

—Emm… —había sido más fácil pensarlo que decirlo, particularmente ahora que veía la decepción que sus palabras habían causado reflejada en la mirada dulce que tanto amaba—, yo, bueno... pensé en lo que dijiste y creo que tienes razón —suspiró agobiada por sus impuros pensamientos—, si no aprovecho esta oportunidad para que estemos juntas creo que me arrepentiré toda la vida. Sé que no te forcé a nada, pero no puedo evitar tomar la responsabilidad en esto que estamos haciendo…

—No estamos haciendo nada malo ~zura —la interrumpió Hanamaru recargándose sobre su hombro—, cuando estoy con usted, siento que es el único lugar al que pertenezco, siento que usted me ayuda a sacar la mejor versión de mi y me siento mejor de lo que jamás pensé que se podía.

Oír todas esas palabras la termino de doblegar, su voluntad, su control, su razón, su lógica, todo se fue por la borda. Dia no soportó más la necesidad de besarla, era demasiado grande ese deseo que terminó cediendo. Tomó el rostro de Hanamaru entre sus manos y la besó dejando que la pasión que tanto había estado conteniendo finalmente se desbordara.

Poco a poco guió a Hanamaru hasta la cama sin despegarse de sus labios y la fue recostando con cuidado.

—Dia… Dia-sama espere —protestó Hanamaru empujándola levemente.

—¿Qué pasa? —Dia se detuvo en el acto entrando en pánico—. ¿Te lastimé?

—No, no es eso ~zura —de repente Maru se sonrojó completamente de la cara—, es que hay algo que compre para usted… y bueno, ¿me podría esperar un momento?

La petición de Hanamaru descolocó a Dia que se quitó rápidamente de encima sin saber qué hacer.

—Espere un momento ~zura —solicitó la chica levantándose de la cama.

Fue directo a su maleta, agarró una bolsa y se dirigió rumbo al baño pero justo antes de salir de la habitación regresó hasta donde estaba Dia quien la veía con una mirada tan dulce, por lo perdida que estaba, que le derritió el corazón.

—No se vaya… solo espere un momento —finalizó depositando un beso en los labios.

Hanamaru regresó unos minutos después, pero solo asomó su cabeza por la puerta de la habitación encontrando a Dia mirando fijamente al techo esperando con paciencia aparente, ya que por dentro era un manojo de nervios.

—¿Dia-sama? —la llamó desde el otro lado de la puerta—. ¿Podría cerrar los ojos?

—¿Eh? ¡¿Por qué?! —se alarmó Dia incorporándose hasta quedar sentada.

—Es una sorpresa ~zura, y no los abra, que se va a arruinar —advirtió la chica viendo como Dia seguía su orden cerrando los ojos sin más protestas.

Maru entró en la habitación y se colocó frente a Dia hincándose en el borde de la cama.

—Bueno ya… ya los puede abrir —suspiró sintiendo el bochorno subir a sus mejillas.

Cuando Dia abrió los ojos no se creía lo que veía, hasta su garganta se cerró de pronto y su saliva se negó a pasar, su boca prácticamente babeo por lo que tenía delante. La dulce y tierna Hanamaru se veía muy diferente, era como si uno de sus sueños pervertidos, que alguna vez tuvo, se hubiera hecho realidad o quizás solo había muerto y estaba en el cielo.

Hanamaru vestía un conjunto de lencería en color amarillo. El sostén acentuaba sus marcadas curvas haciendo que se vieran aún más irresistibles de lo que pudo esperar. Las bragas además de poseer un bello encaje tenían listones en forma de moños que adornaba sus bellas caderas. Dia sintió su rostro arder, en realidad todo su cuerpo, un calor indescriptible la invadió y sus ojos no alcanzaban a devorar con la mirada toda esa figura hermosa que tenía enfrente.

La chica se cubría el vientre agobiada por la vergüenza, en parte estaba satisfecha por la reacción de estupefacción de Dia y en parte no dejaba de sentirse apenada por mostrarse tan soez.

—No… no me vea así ~zura —Dia no pudo disimular su sorpresa, prácticamente se quedó con la boca abierta disfrutando la vista que le daba Hanamaru.

—¿Esto es real? —preguntó finalmente cuando salió de su estupor y asombro.

—Pues… si… si ~zura —Hanamaru estaba muy nerviosa ante la mirada de su sensei, la veía cual cazador a punto de abalanzarse sobre su presa pero se armó de valor tomando seguridad—. Soy real ~zura.

Hanamaru gateo por la cama hasta quedar a horcajadas sobre Dia a quién empujó sobre hasta quedar sobre su espalda.

La vista era increíble, concluyó Dia admirando el cuerpo de su joven alumna, sus lindos y prominentes senos estaban demasiado sugerentes en ese bra de seda amarilla y el resto de su cuerpo se miraba tentador. La lujuria interior tomó control de Dia y mil pensamientos pervertidos pasaron por su mente al ver a Hanamaru con ese sonrojo en su rostro, su mano sobre su boca mordiéndose un dedo por la vergüenza y el leve temblor que se apoderó de la chica cuando Dia sujeto sus caderas. Le gustaba tener a Hanamaru en esa posición.

Se levantó lo suficiente para hundir su rostro en el pecho de la chica llenándolo de besos por todo el borde de la tela que los cubría. Pasó su lengua degustando el sabor de la piel nivea y sus dientes se arrastraron dejando leves marcas rojas. Subió sus manos para apartar la tela dejando que los grandes senos de Hanamaru salieron por encima del bra quedando sus pezones a su alcance.

—Dia-sama —dijo su nombre cuando la boca de la aludida atrapó un pezón entre sus labios succionando y mordiendo con avidez.

Los dedos de Hanamaru se enredaron en los cabellos negros de Dia dejando que está continuará con su labor.

—Eres tan hermosa mi princesa —habló por encima de su lujuria—. Quiero hacerte mía tantas veces como pueda.

—Ujumm… —se quejó Hanamaru cuando los dientes de Dia mordieron con más fuerza—. Yo también quiero hacerla mía, Dia-sama.

Sus dedos, los que tenía entre la cabellera de Dia, jalaron su cabeza para apartarla y empujando sus hombros volvió a ponerla sobre la cama.

—Es mi turno de hacerla mía —exclamó sugerente inclinándose para besarla con pasión—. Quiero probar cada parte de su cuerpo Dia-sama —susurro antes de que sus labios se unieran.

Sus bocas se encontraron y sus lenguas se acariciaron con desesperación, era gratificante tener a Hanamaru siendo de ese modo. Era lascivo, era pecaminoso, era demasiado para su corazón. Sentía que había pervertido a su pequeña e inocente Hanamaru hasta ese punto… pero no le importaba. No cuando los labios de su alumna besaban su cuello sacando sonoros suspiros de sus pulmones. No le importó en lo más mínimo cuando sus manos se deshicieron de su ropa dejándola desnuda. Mucho menos le importó cuando Hanamaru beso sus pechos cogiendo con su boca cada uno de ellos dejando un rastro de saliva a su paso.

Sólo le importaba la sensación de placer que sentía cada vez que Hanamaru la tocaba, los sonidos sin control que salían de su garganta y repetir una y otra vez el nombre de su alumna, que se acrecentó cuando comenzó a repartir besos por su abdomen bajando poco a poco pasando por su ombligo yendo hacia su intimidad.

No lo pensó mucho cuando la chica tomó sus muslos para separar sus piernas y adentrarse entre ellas. No hubo muchos preámbulos, Hanamaru se dirigió a sus labios sin dilación besando la intimidad de Dia que gimió por lo sorpresivo pero no menos placentero toque.

Hanamaru no era experta, nunca antes en su vida había hecho algo así pero trataría de imitar lo que Dia había hecho sobre ella la noche anterior y esa tarde también. Ella era buena aprendiendo rápido, podría poner en práctica y hacer que Dia disfrutará de lo que podía hacer.

Con algo de torpeza separó los labios de Dia abriéndose paso. Era diferente, no es como si conociera del todo esa zona de su cuerpo, pero sabía que era diferente a la suya en cuanto a la apariencia, sin embargo tenía la idea de qué lugares podrían ser objeto de sus atenciones para dar a Dia algo de lo que está había dado a ella antes.

Saboreó con su lengua todo el contorno pasando de abajo hacia arriba hasta llegar a una pequeña protuberancia. Cuando la tocó, Dia respingo moviendo sus caderas buscando mayor contacto. Maru supo que estaba en el lugar correcto y con más ahínco inició su tarea.

—¡Ahí Hanamaru! —indicó Dia poniendo sus manos en su cabeza pidiendo por más.

Hanamaru se enfrascó en hacer con su lengua toda clase de movimientos, lentos, rápidos, cortos o largos, según los sonidos que Dia emitía de su boca. El sabor de sus fluidos era salado, no sabía mal, podía acostumbrarse a él y disfrutarlo. Sólo era un tanto raro probarlo aunque le gustaba. Buscó tener más y fue con su lengua hasta la entrada de su vagina introduciendola en lentos empujes que parecían hacer gemir con más fuerza a Dia.

—Lo haces muy bien —exclamó entre jadeos—. Aprendiste… ¡Ah!

La interrumpió cuando Hanamaru metió uno de sus dedos y se concentró en su clítoris dejando que fueran sus manos las que hicieran el resto del trabajo. Sus embates eran rudos, con torpeza pero había algo en ellos que le agradaba a Dia. Podía gustar de toques lindos, tiernos y dulces pero había un encanto particular en Hanamaru y su inexperiencia que volvían la faena mucho más satisfactoria.

Dia abrió sus ojos para ver la cabellera castaña de Hanamaru esparcida entre sus piernas y su hermoso trasero en ese conjunto de lencería que sólo deseaba arrancar de su cuerpo. El ritmo de Hanamaru en su interior se aceleró y se sintió cerca de llegar.

—¡Hanamaru me voy a venir si sigues así! —gruñó cuando la pequeña metió un segundo dedo sin bajar su intensidad—. ¡Ah te amo Hanamaru-san! ¡Te amo! —exclamó sin pensar realmente, no estaba en condiciones de censurarse y lo había dicho, había salido de sus labios y no existía marcha atrás.

Sólo que no hubo tiempo de razonar en el "te amo" que había pronunciado, no cuando Hanamaru la seguía tocando así. Solo esperaba que la chica no hubiera escuchado o entendido sus palabras. Siguió adelante queriendo llegar al final.

Las paredes internas de Dia se contrajeron apretando con fuerza y haciendo más difícil el ir y venir. Podía sentir las contracciones musculares y la rigidez en las piernas y muslos de Dia que se alzó de pronto arqueando su espalda.

—¡No te detengas! —prácticamente le ordenó empujando con ambas manos su cabeza a su entrepierna sin importarle nada más que llegar al tope de su orgasmo.

Un grito sin fin resonó en la habitación seguido del nombre de Hanamaru y con él, el tan ansiado ascenso a la gloria a manos de la boca de su amante, su alumna.

El sudor cubrió su piel y los espasmos del orgasmo permanecieron otro poco más poniéndola sensible a todo contacto. Se estremeció cuando los cabellos de Hanamaru rozaron sus muslos y gimió sin quererlo. Trató de retomar su compostura pero había algo aún que tenía pendiente. Tomó a Hanamaru de los brazos y la jaló hacia sí.

—Eso estuvo muy bien, Hanamaru-san —besó sus manos y sus labios probando su propio sabor en la boca de la chica—. Pero aún hay más cosas por conocer.

No esperó mucho más y sus manos fueron a hacerse de cada parte del cuerpo de Hanamaru.

—Quiero aprender Dia-sama —suplicó—. Quiero hacer todo lo que usted quiera.

—¿En verdad? ¿No te importaría hacer lo que sea, lo que yo quiera? —los ojos de Dia brillaron en lujuria.

—Lo que usted quiera, Dia-sama —jadeo cuando Dia mordió su cuello.

Dia detuvo sus avances y se levantó de la cama, su cuerpo aún temblaba ligeramente pero tenía la suficiente fuerza para ir a buscarlo que quería.

—Espérame un momento Hanamaru-san —dijo yendo hasta el closet de su propia habitación.

Busco entre las cosas que había confiscado a Hanamaru el primer día y que ahora guardaba para que no fueran vistos por nadie más. Esa chica, Tsushima, había dejado un par de juguetes interesantes con los que había fantaseado usar sobre el cuerpo de su alumna. Era el momento adecuado. Tomó los que creyó convenientes y los llevó consigo de vuelta a la habitación de Hanamaru.

La chica la esperaba recostada en la cama y tuvo que contener un grito de asombro cuando Dia volvió con las manos ocupadas. Lo que fuera a hacer Dia con ella le emocionó y la asustó en igual proporción pero no quería echarse atrás.

—Ven aquí Hanamaru-san —la llamó mientras dejaba los objetos sobre la cama—. Préstame tus manos —ordenó y Maru obedeció poniendo al frente sus brazos.

Dia cogió las esposas y la colocó alrededor de una de sus muñecas para sujetarla, la guió hasta un extremo de la cama por donde pasó la cadena de la esposa y el otro extremo lo colocó en su otra muñeca libre. Le gustaba la idea de dominar a Hanamaru y someterla a sus deseos insanos. No pudo resistir cuando Maru puso cara de sorpresa y vergüenza, la besó con fuerza mordiendo sus labios con aspereza.

Tomó los otros juguetes que había llevado y los presentó a Hanamaru que palideció al verlos.

—¿Qué te gustaría más Hanamaru-san? —preguntó con malicia—. ¿El látigo o el vibrador? —le dió la opción y los ojos de Hanamaru pasaron de uno a otro objeto—. ¿O quizás ambos?

Tragó pesado, no por miedo ahora sino por la imagen de una Dia demonio que parecía querer hacerla suya de todos los modos posibles y eso la calentó a tal punto que deseaba responder que los dos.

—Tal vez es muy pronto para esto —azotó el látigo sobre sí mismo produciendo un sonido que erizó los vellos de Hanamaru.

Era justo como había imaginado a Dia en más de una ocasión. Era la Dia que imponía, que producía miedo a sus alumnos pero que deseabas con todas tus fuerzas te castigará dándote una nalgada por haberte portado mal. Hanamaru sería una niña mala con tal de recibir ese castigo de Dia.

—No, Dia-sama, quiero los dos —dijo con su voz ronca por el deseo y Dia sonrió como un verdadero demonio de la lujuria.

—¿Alguien quiere ser castigada? —se rió cuando Hanamaru agitó la cabeza con rapidez—. ¿Te has portado mal Hanamaru-san? ¿No has sido una buena niña?

—No, Dia-sama, no lo he sido —envolvió con sus piernas las caderas de su sensei, pues estaba entre estas.

—No sé si te mereces algo como esto en realidad —pasó un extremo del látigo por el pecho de Hanamaru recorriendo y delineando sus senos y rozando con violencia sus pezones.

—¡Por favor Dia-sama! ¡Necesito me castigue! —rogó y Dia extendió el látigo azotando en el aire.

—Si eso pides… Date la vuelta —Maru se mordió los labios pero hizo lo que le ordenó.

La cadena de las esposas se cruzó, pero tenía suficiente para poder girarse y dejar su espalda y trasero al dominio de Dia. Esta no tardó en recorrer la columna vertebral de su alumna concentrándose en su lindo y redondo culo. No sé reprimió y soltó una nalgada que resonó bastante. Hanamaru dejó escapar un grito.

—¡Más por favor Dia-sama! —le pidió siguiéndole el juego, había algo tremendamente atrayente de todo eso.

Un nuevo azote le siguió en la otra nalga y un tercero se dejó ir. Dia subió los bordes de la ropa interior que estaba usando Hanamaru dejando libre la piel de su trasero. Dió suficientes azotes hasta que la piel se enrojeció. Hanamaru no había podido evitar derramar algunas lágrimas que, aunque eran de dolor, le gustaban.

La mano de Dia encendió el vibrador y con cierta saña lo paso por la intimidad de Hanamaru encima de la tela de su braga de encaje. Estaba húmeda, tanto que una mancha oscura había cubierto la tela y hacía que las vibraciones pudieran sentirse con más intensidad.

Gimió aferrándose a las esposas en sus muñecas y paró el trasero para poder tener más. Empezó a mover las caderas y Dia frotó con más fuerza la punta del vibrador.

—Te gusta esto, ¿verdad? —habló de un modo que Hanamaru se estremeció—. Dime cuánto deseas esto.

—La quiero… la quiero dentro de mí, Dia-sama —se pegó más y Dia le dió una nalgada.

—Te voy a hacer mía mi princesa —oír esa palabra con ese tono de voz afectado por el deseo hizo que la vagina de Hanamaru se contrajera sin querer. Deseaba como loca que Dia la poseyera sin dilación.

—¡Hágame suya! —jadeó pues al mismo tiempo Dia había hecho a un lado la tela de la braga e introdujo la cabeza del vibrador en la entrada de Hanamaru.

—¿Así lo quieres? —empujó a un ritmo endemoniado que solo seguía el vaivén de las caderas de la chica.

—¡Sí, así por favor! —se mordió los labios pero no contuvo sus gemidos—. ¡Me encanta!

Nuevas nalgadas sonaron y Dia se inclinó para besar la espalda de Hanamaru recargando su peso en ella mientras con su mano libre buscaba hacerse del pecho de la chica. Retorció con sus dedos el pezón y pellizco con rudeza.

El ritmo era tan vertiginoso que Hanamaru se sintió mareada. Eran demasiadas sensaciones que estaban nublado su cabeza que estaba al borde de perder el conocimiento de tanto sentir. Dia dejó sus senos para bajar su mano y ayudar al vibrador a terminar su trabajo. Con un dedo comenzó a masajear el clítoris de Hanamaru mientras en su interior el vibrador se agitaba sin control. Era abrumador y placentero.

—¡Me voy a venir Dia-sama! —anunció apenas dándole tiempo de reaccionar.

Su cuerpo se tensó sin que Dia se detuviera.

—¡Me… voy… Diaaaa! —se aferró a las esposas, sus caderas temblaron y un flujo abundante de sus fluidos bajo empapando el vibrador y la mano de Dia.

Jadeó cansada, dejándose caer en la cama sin fuerzas. Era como si toda su energía se hubiera acabado cuando llegó a su intenso orgasmo. Sólo quedaba su respiración agitada y su cuerpo tembloroso que con cuidado Dia sostuvo una vez que quitó las esposas de sus muñecas.

—¡Eso fue increíble! —dijo con emoción apagada por el cansancio.

—Tú estuviste increíble mi princesa —besó su coronilla atrayendo su cuerpo al suyo—. Ahora descansa, mañana podremos seguir haciendo más de esto, tanto como quieras. Tienes razón, debemos aprovechar el tiempo estando juntas todo lo que podamos.

—Si Dia-sama… juntas… —se acurrucó dejando que su cuerpo se relajara y sus ojos se cerraran para poder dormir pensando en todo lo que amaba de Dia—. También la amo… la amo mucho...

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