Los personajes son de SM. La historia es mía.
Capítulo 25
- ¿Qué pasa, Bella?, te ves algo colorada…
Su sonrisa solo me hizo apretar aún más mi mandíbula que amenazaba con romperme un par de dientes. Esperé que mi mirada matadora fuera suficiente para hacerla retroceder pero supongo que ella no conocía esa palabra.
- Me siento mal – me doblé hacia adelante y tosí disimuladamente, pero rápidamente me compuse y le sonreí -, creo que tu perfume me está provocando náuseas… ¿no sabes que no hay que comprar cosas en la calle?, te dicen que es de marca pero nunca es así… y creo que te han estafado – aprovechando su mutismo me acerqué a ella -. No es bueno jugar un juego si no estás segura de ser la ganadora, Rosalie…
- Tú no me conoces – replicó ella con la furia a flor de piel.
Me encogí de hombros y rodeé los ojos – Y la verdad es que tampoco me interesa, solo quiero que te alejes de mi novio y de mi mejor amigo.
- Jasper habla dormido – su sonrisa no me gustó nada y menos que ahora ella se sintiera con poder. Quise retroceder pero no lo hice -, y es bastante más conversador que en el sexo.
- Déjalo tranquilo.
La forma en la que frunció los labios me dijo que mi amigo, había soltado algo inconscientemente – No estoy muy segura… porque no solo es muy bueno en la cama, sino que también es bastante conversador. No sabía que estaba enamorado de ti.
Estaba segura de que no era así y de que él lo sabía. Así que no podía creer en las palabras de Rosalie, conocía a Jasper desde hace años y más de una vez dormí con él, no solo después del sexo, por lo que estaba convencidísima, que no había dicho nada que pudiera esta rubia desabrida, usar en mi contra.
Relajándome, llevé mis manos hacia el interior de los bolsillos de mi jeans y me volteé quedando a un lado de ella y frente a la pantalla plana. La ignoré olímpicamente disfrutando de cómo su respiración se comenzaba a acelerar y a salir bastante más rápido por su nariz.
Dejé pasar unos segundos, absolutamente convenientes y volví a abrir mi boca, pero sin perder de mi vista a mi novio que estaba contestando la pregunta de un periodista.
- Edward te estima bastante… no – me corregí -, de hecho podría afirmar que te quiere – no me volteé a verla pero supe que estaba sonriendo -, pero ese cariño es puramente fraternal y puedo afirmar que un tanto frágil… no es mi intención ponerlo en tu contra, pero tampoco aceptaré que te metas en nuestra relación.
- ¿Me estás amenazando?
Por fin me giré a verla y noté que estaba más lívida – Para nada – alcé mis cajas y le resté importancia -, yo no amenazo, pero me gusta dejar las cosas claras desde un principio… no quiero problemas contigo, Rosalie, pero mucho menos quiero problemas en mi relación con Edward, así que espero que entiendas que el hilo siempre se rompe por lo más fino – la miré de arriba abajo y sonreí -, bueno… tú entiendes lo que quiero decir.
Sí, Rosalie tenía un cuerpo de infarto, pero podía afirmar que sus caderas estaban comenzando a rayar en lo exagerado y no sé si había algo de relleno en su trasero o no, pero la parte inferior de su cuerpo era evidentemente más amplia que el resto. Supongo que ella entendió mi ironía porque sin decir nada más, apretó los labios y salió del salón sin hacer mayor escándalo.
Pese a que ella no era una Top Model, su carrera iba potencialmente en ascenso y, por lo mismo, una duda se sembró en mí. No porque Edward no fuera un hombre soñado, sino porque, por lo poco que conocía a Rosalie, podía afirmar que era una mujer calculadora y que planeaba sus pasos con mucho ahínco.
Me acerqué hasta un sofá de un solo cuerpo ubicado contra una pared que me daba un poco de privacidad, y aunque desde ese lugar no podía escuchar la entrevista que se estaba realizando, seguía teniendo una buena visión de mi novio. Me crucé de piernas y apoyé mi codo en el apoyabrazos para así poder afirmar mi cabeza.
Este había sido un día interesante y bastante movido, por lo que aprecié este momento solo para mí. En cuanto la entrevista de Edward acabara, vendría a buscarme y un nuevo revuelo nos envolvería. No podía arrepentirme ahora, esta fue mi idea y, como la mujer adulta que era, debo hacerme cargo, aunque eso no quitaba que al cerrar mis ojos deseara solo estar en mi casa siendo mimada por mi novio.
- Creo que un poco de vino te hará bien.
Abrí los ojos y suspiré tratando de sonreírle a mi madre – Gracias.
Ella se sentó a mi lado y le dio un sorbo a su propia copa. La imité disfrutando del sabor dulzón del brebaje, sentí como pasaba quemando por mi garganta y como terminaba en mi estómago vacío.
¡Rayos!
Necesitaba comer algo si no quería terminar bailando en ropa interior sobre la mesa central.
- Necesito comida – murmuré, pero no alcancé ni siquiera a levantarme cuando mi madre me entregó un plato de cartón con un montón de galletas dulces en él. Le sonreí porque la verdad no encontré nada más qué decir -. ¿Te he dicho que eres la mejor mamá de mundo?
- Sí, pero nunca está de más escucharlo otra vez.
Suspiré y me crucé de piernas volviendo a apoyar mi cabeza en mi mano – Ha sido un día intenso.
- ¿Pensaste que no lo sería?
Suspiré – No… sabía que sería así, pero… - fruncí los labios y miré a mi madre esperando porque me entendiera -, creo que solo quiero ver a Edward… que hablemos y…
- ¡OH, POR DIOS!, ¡eres Bob Griese!, tienes que firmar mi camiseta… Dios, eres una leyenda de los Miami Dolphins.
Cerré los ojos con mayor fuerza y gemí rogando porque no terminaran sacando a mi padre con fuerzas especiales. Lamentablemente para él no pensaba siquiera amargarme por esto, así que con mi madre nos quedamos viendo cómo él comenzaba a revolotear por el salón, unos cuantos lo miraban con el ceño fruncido y otro tanto lo miraba sonriendo.
- Mamá… ¿estás segura que mi papá no tuvo algún accidente del que no me enteré?
Ella me sonrió pero con una nostalgia que me obligó a ponerme seria - ¿Recuerdas al abuelo Swan?
- Claro – él había muerto cuando yo era pequeña pero aun así lo recordaba.
- Él era fanático de los Miami Dolphins y comenzó a llevar… más bien a traer – se corrigió -, a tu padre al estadio desde antes de que pudiera caminar. Así que si hay algo de lo que Charlie es realmente fanático es los Miami Dolphins… tienes que entender que todo esto para él es como un sueño hecho realidad… el sueño de tu abuelo, Bella.
- Y supongo que el haber tenido solo una hija que no tiene idea del fútbol no ayudó mucho a que sus tardes de juegos fueron más entretenidas.
Cuando pequeña había ocasiones en las que me preguntaba si mi padre hubiera preferido tener un hijo. Siempre fui muy unida con él, pero hubo un montón de cosas a lo largo de mi vida que no pude hacer por ser mujer, así que supongo que ayudarlo a disfrutar de uno de sus sueños no era de ninguna forma algo malo.
- Solo espero que se le pase pronto el sabor por lo nuevo.
- ¿Eso quiere decir que seguiremos viniendo a los juegos?
Sonreí al entender el verdadero trasfondo en la pregunta de mi madre – Si hice todo esto hoy es porque estoy segura, madre.
- Bien, eso me parece muy bien.
Una nueva ola de gritos y aplausos se creó en el salón pero esta vez no vino solo de mi padre, sino de todos los presentes, con mi madre, inmediatamente nos pusimos de pie y vimos cómo los jugadores de los Dolphins comenzaban a entrar. Esto no se hacía siempre, pero hoy, estos hombres habían conseguido llegar al Super Bowl y eso era motivo de orgullo.
Entre la multitud, pude ver a Edward cuando venía a mi encuentro – Se me olvidó decirte sobre este lugar, nena.
- Pude encontrarlo por mí misma – le sonreí.
- Siempre está disponible pero casi nadie lo usa… supongo que hoy es especial.
- Supones muy bien – rodeé su cuello con mis brazos, y aunque me tuve que alzar en puntillas para hacerlo, no me molestó en lo más mínimo -. ¿Estamos bien?
- Sí… solo – él suspiró y besó mi frente -, te amo.
- Y yo te amo a ti… y ahora somos libres.
- Entonces, creo que una cita vendría siendo una buena idea.
Comencé a sonreír como si fuera cualquier adolescente a punto de cumplir uno de sus sueños - ¿Una cita?, ¿de verdad?
- Sí… yo tampoco he tenido una y creo que es hora de sacar a relucir todo mi poder de seducción…
- ¿De seducción? – llevé, lentamente mis manos a sus hombros y los acaricié por encima de su camiseta.
- Ya sabes – se encogió de hombros -, todo hombre tiene que ser capaz de enamorar y encantar a su chica a cada instante. No basta solamente regalar una rosa de vez en cuando, en una relación hay que ser creativo y, cariño… - afianzó el agarré en mi cintura -, yo pienso ser muy creativo contigo.
Por esta vez, solo rocé mis labios con los suyos ya que un lugar llenísimo de gente, no era mi lugar ideal para profundizar un beso que conllevaba tantas promesas implícitas.
- Hijo – mi padre apareció por detrás de Edward y puso una de sus manos en el enorme hombro de mi novio. Se veía chistoso -, con mi esposa reservamos una mesa en el Malus.
Malus, era un restaurante exquisito ubicado en el Belle Isle Park, y aunque muy pocas veces habíamos ido ahí, porque había que hacer las reservas con tiempo, me agradó mucho saber que mi padre había considerado ese lugar, ya que en los últimos años, se había convertido en una especie de tradición cruzar por el Venetian Causeway en los momentos especiales.
Miré a Edward con una enorme sonrisa rogando porque no rechazara esta oferta, él me entendió porque enseguida acarició mi espalda y me dio un beso en la mejilla derecha, yo me apoyé en su pecho pero recién ahí noté que todavía estaba con el uniforme puesto y que estaba sudado.
- Creo que lo mejor es que cada uno se vaya a cambiar y que nos encontremos en…
- Bella – me interrumpió mi padre -, nosotros vivimos al otro lado de la ciudad y acá estamos a cuatro cuadras del cruce, creo que es mejor que nos vayamos desde aquí.
- Pero… – miré a Edward, que aún estaba sudado, y luego a mí, que llevaba puesta la enorme camiseta con su número.
- Tengo ropa en los casilleros… si a ti no te importa – me miró -, ir con vestida así, pueden esperar a que me duche para irnos.
¿Qué si me importaba paséame con el número de mi novio que acaba de clasificar al Super Bowl?
¡Diablos, no!
- Entonces te esperamos acá – me alcé y besé sus labios castamente.
- Bien, vuelvo en unos minutos.
El salón había comenzado a despejarse poco a poco, solo quedaban un par de personas, cuando uno de los compañeros de Edward se me acercó.
- Hola, soy David – estiró mi mano y yo la acepté -, puede que Edward me mate por esto pero creo que es lógico que le dé las gracias a la chica que nos llevó a la final.
Pestañeé varias veces tratando de comprender sus palabras pero por más esfuerzo que hice, tuve que preguntarle a qué se refería – Lo siento, pero no entiendo lo que quieres decir.
- Que es por ti – me apuntó -, que Edward pudo poner por fin, esa puta cabeza en el campo de juego… así que si hay alguien que es responsable de nuestra victoria no es nadie más que tú, que le diste las energías a Edward para correr como nunca.
- Creo que estás un poco equivocado, Edward es muy buen jugador – fruncí un poco más la frente.
- Sí, pero hasta Edward Cullen necesita un pequeño incentivo de vez en cuando.
Mientras, David se iba, yo me quedé en el mismo lugar algo pasmada – Bien, eso fue raro – murmuró mi padre
Me encogí de hombros y seguí a mis padres hasta los pasillos. Aunque solo habían pasado menos de diez minutos desde que Edward se fue, lo vimos acercarse a nosotros, venía con su cabello mojado, consiguiendo que así se le viera unos tonos más oscuros y sexy, su camiseta blanca se amoldaba perfectamente a su torso y sus jeans… no los vi pero sabía que se veían perfectos aunque él pesara que le faltaba relleno.
- ¿Listos? – preguntó llegando a mi lado.
- Y hambrientos – le respondió mi padre.
Imitando a mi papá, Edward tomó mi mano y entrelazó nuestros dedos, y así caminamos por el pasillo hacia la salida.
Pese a que había pasado casi una hora desde que el juego finalizó, los periodistas deportivos seguían apostados afuera de los camerinos esperando por Edward, y es que dudaba mucho que dejaran pasar la oportunidad de acribillarlo a preguntas, sobre todo luego de su triunfo y mi aparición en el campus de juego.
- Tranquila – susurró antes de apretar el agarre de su mano en la mía.
Edward… ¿Qué se siente haber ganado?
¿Ya olvidaste a Rosalie?
¿Tienes nueva novia?
¿Está embarazada?
¿Contra quién crees que les toca disputar el título?
¿Piensas casarte?
¿A quién le dedicas tu triunfo?
¿Qué le dirías a todos los corazones femeninos que se rompieron con ese beso?
¿Cómo piensas prepararte para el Super Bowl?
¿El beso es una especie de cábala?
Entre preguntas y más preguntas, conseguimos llegar a nuestros autos. Yo me subí con Edward a su Volvo mientras mis padres se montaban en su camioneta, ellos iban por delante y nosotros siguiéndolos muy de cerca.
Cuando dejábamos atrás el estadio, puse mi mano sobre la de mi novio que descansa en la palanca de cambios.
- Eso salió mejor de lo pensado – murmuré.
- Todas esas preguntas – comenzó a negar pero lo detuve.
- Los periodistas somos así – le sonreí -, ser insidiosos es parte de nuestro trabajo – rodé los ojos -, pero supongo que hay que agradecer que las preguntas profesionales se intercalaran con las personales.
La cena de celebración con mis padres salió perfecta. Aunque algunas personas reconocieron a Edward, solo dos niños se acercaron a pedirle un autógrafo, los que él aceptó a dar sin problema.
Mientras comíamos pude estudiar más de cerca la situación. Si bien, los últimos dos años había tenido otro novio, y James era absolutamente fabuloso en muchos aspectos, creo que nunca se compenetró tan bien con mis padres, y no me refiero al hecho de que mi padre fuera prácticamente un fanático de Edward, sino del hecho de que mi madre le contara paso a paso su receta para la enchilada y que él le dijera como es que hacía la suya, que mi padre le explicara su forma de poner el cebo en la caña de pescar y él lo escuchara atento haciendo las preguntas precisas pero sin que nadie lo obligara.
Me refiero al hecho que, con Edward, las cosas se daban con naturalidad.
Tomé un poco de mi copa de vino y sonreí, Edward me hacia feliz como nadie y se lo hice saber cuando tomé su mano por debajo de la mesa, había estado demasiado callada y él lo estaba comenzando a notar.
- ¿Estás bien?
- Sí – me apegué un poco más hacia él y quedó más tranquilo.
Para cuando la cena terminó ya estábamos todos evidentemente cansados, había sido un día largo.
Generalmente, cuando veníamos hasta aquí, nos quedamos dando una vuelta y disfrutando del mar, pero hoy no, Edward necesitaba descansar, así que le pedí que nos fuéramos directamente a casa. Esta noche nos quedaríamos en la suya, y ni bien llegamos y tocamos cama, caímos rendidos.
.
.
.
- Si no estás seguro de esto…
- Lo estoy, solo quiero que salgamos de esto de una vez por todas.
Asentí y apretando el agarre de su mano entramos a las oficinas de Marco donde ya nos estaba esperando.
Pasamos a la sala que tenían preparada para la entrevista, pero con Edward ya habíamos hablado mucho al respecto y ambos acordamos no tardar más de diez minutos, en diez minutos contestaríamos todas sus preguntas y después él podría inventar lo que quisiera, de todas formas sabíamos que lo haría.
- Mi querida Isabella, es un gusto tenerte aquí – rodé los ojos y me crucé de piernas -. Edward, igualmente un placer.
- Comencemos esto cuanto antes – rugió mi novio.
- Bien, veo que ninguno anda de muy buenos ánimos. Comencemos por la primera pregunta. Edward… no hace mucho estabas de novio con Rosalie Hale, ¿terminaste con ella antes o después de conocer a la señorita Swan?
Bien, la primera pregunta directo al hueso.
- La verdad, señor Volturi, es que conozco a Bella desde hace mucho, fuimos compañeros de colegio y hace un par de meses nos reencontramos.
- Oh – su sonrisa no me gustó para nada -, ¿un reencuentro casual? – me miró directamente esperando mi respuesta.
- La verdad es que no – le sonreí -, yo lo busqué, teníamos un asunto pendiente y preferí hablarlo con él antes que con nadie.
Aunque los ojos de Marco se entrecerraron de rabia al confirmar que nunca fue mi intención investigar a Edward, lo dejó pasar, después de todo estaba obteniendo la que muy posiblemente, fuera la única entrevista que diéramos juntos, y solamente porque nos estábamos viendo obligados.
El calibre de las preguntas no bajó, solo hizo una relacionada con el fútbol, pero no esperábamos menos, después de todo su revista solo era una más de las que se veían dependiendo de la cantidad de chismes en el contenido.
Como parte del trato, le permitimos a su fotógrafo que nos tomara una sola fotografía para acompañar el artículo.
Quince minutos después nos estábamos despidiendo, y con eso yo estaba terminando toda relación con Marco y su revista, aunque la mirada impasible que me dio no me daba buena espina, para nada.
- Ya nos volveremos a ver, querida Isabella.
- No creo que nuestros caminos nos lleven al mismo destino Marco – hablé con firmeza y quitando mi mano de entre las suyas.
- Eso ya lo veremos.
Edward rodeó mi cintura con su brazo y salimos de ahí tratando de olvidar lo que acabábamos de hacer.
- Maldita la hora que acepté el trabajo de Marco.
Él me apegó más a su cuerpo mientras me guiaba hasta su auto – Solo lo hiciste para poder protegerme y no sabes cómo te lo agradezco.
- Pero aún así fue una locura, nos involucré en algo demasiado estúpido, y estoy segura de que nadie podría siquiera acercarse a tu secreto… nadie sabrá nunca lo que escondes Edward, porque eso es solo mío – ya habíamos llegado a su auto y ahora él me tenía apresada contra él.
- Ahora que lo pienso – habló con coquetería -, si no fuera por Marco quizás nunca nos hubiéramos reencontrado, así que supongo que sí le debemos algo a ese infeliz.
- No… creo que lo nuestro era solo cosa de tiempo.
Me estiré y rodeé su cuello con mis brazos, no me importaba estar en la calle y que alguien pudiera vernos, por fin, después de tantos secretos y escondernos, podía besar a mi novio libremente sin preocuparme de quien pudiera vernos. Y hasta podía apostar, ni siquiera a la prensa que seguía a Edward le iba a importar a quien besaba luego de que vieran que no tenía ninguna intención de dejarlo ir.
- No sabes las veces que pensé en buscarte, Bella.
- No más de las que veces que yo pensé en ti cuando comenzaste a salir en la televisión… y cuando hiciste ese comercial del perfume… ¡Dios! – estiré mi cuello para reír mejor -, tuve que amarrarme para evitar ir a buscarte.
- Pero ahora somos libres y en estos momentos agradezco más que nunca no tener un agente detrás de mi trasero o si no lo hubiera pateado hasta la China.
- ¿Por qué nunca tuviste uno?
Se encogió de hombros – Ya te lo dije una vez, no me gustaba depender de nadie y Rosalie supo hacerse cargo de todo…
- ¿Y ahora? – temía preguntar pero más temía la respuesta.
- Rosalie está muy ocupada – sí, siendo una perra -, así que supongo que ahora si necesito algún tipo de asistente, pero algo de medio tiempo, nada más.
- Para que organice tus citas y horarios – le dije juguetonamente.
- Exacto… aunque yo puedo organizar solo mi cita de los viernes.
- Oh, ¿tienes una cita este viernes? – aprovechando que mis manos estaban en su cuello, jugueteé con sus cabellos.
- Sí…
Chaqueé la lengua y me apegué un poco más hacia él - ¿Y con quién?
No me importó en lo más mínimo sentir el cuerpo de Edward prácticamente sobre el mío y cortándome la poca ventilación que podría llegar a obtener.
- Con una chica muy guapa.
- Mmm… ¿y ella dijo que sí cuando le preguntaste?
- No, pero estoy seguro de que lo hará – iba a decir algo más para seguirle el juego, pero él puso uno de sus dedos sobre mis labios cortando mis palabras -. Así que, Bella, ¿quieres ir a una cita conmigo este viernes?
Fruncí el rostro y fingí pensar por lo que parecía una eternidad, jugar con mi novio era lo mejor del mundo y sobre todo ver como él comenzaba a impacientarse con cada segundo que pasaba.
- Prometo ser creativo – aportó.
- Bien – asentí -, entonces si prometes ser lo suficientemente creativo, acepto salir contigo este viernes.
Mejor que jugar con Edward, era ser besada por Edward.
Hola!
Bueno, acá este capítulo, ya pasó lo "peor" con Marco, pero veremos si lo último :D
En el próximo se vienen un par de historias que han estado algo rezagadas y unos personajes desaparecidos en estos capítulos.
Mil gracias, como siempre :), a mi beta Erica Castelo.
Besos, Joha!
