Capítulo 25 : Consecuencias.
Ginny despertó, sobresaltada; el corazón le iba a mil por hora y se vio obligada a realizar varias respiraciones profundas antes de poder intentar moverse siquiera. Aún tumbada, miró a su alrededor con infinita urgencia, mientras palpaba la superficie del lugar donde yacía. Para su monumental sorpresa, estaba acostada en la cama de la habitación que compartía con Harry, en la casa que este poseía y ocupaba en Godric´s Hollow. Inmediatamente había distinguido el coqueto balcón tras las elegantes cortinas de un agradable color salmón – los rayos del amanecer se colaban por la rendija de ambas cortinas, otorgando un remanso de paz allí donde eran reflejados -, los dos pequeños sillones frente a la cama, a ambos lados de la habitación, la discreta puerta que ocultaba tras ella un nada discreto vestidor, enorme y espacioso, la bonita lámpara que colgaba del techo… Sin duda, había "vuelto" a casa. ¿Pero cómo vuelto si, encontrándose igual que cuando se había acostado la noche anterior, parecía que jamás se hubiese marchado? Aunque su corazón le juraba y perjuraba haberlo hecho, sin duda, y ella sabía que aquello era totalmente cierto.
De pronto, se palpó la tripa con desesperación y permitió que sus propios sentidos hiciesen el resto; no sabía cómo lo sabía, pero todo andaba bien. ¡Merlín bendito! ¿Y Harry? Con un brusco movimiento, se giró hacia el lado de la cama que él siempre ocupaba; en efecto, él estaba allí, tumbado boca arriba, totalmente inmóvil, con los ojos cerrados y los brazos a ambos lados de su cuerpo… Notó cómo lágrimas de derrota asaltaban sus ojos. ¿Y si él no había vuelto? Desesperada, no pudo evitar abalanzarse sobre el chico y sacudirlo con vehemencia para intentar reanimarlo. Inmediatamente, Harry abrió los ojos y se incorporó de golpe, aturdido.
- ¡Ginny! – gritó con todas sus fuerzas, tomándola por ambos brazos como si la vida le fuese en ello.
Ella dio rienda suelta a todo el miedo y nerviosismo contenidos y las lágrimas comenzaron a derramarse por sus ojos en abundantes y rápidos torrentes, y se abrazó a él, sumida en llanto.
No supo cuánto tiempo ambos permanecieron abrazados, sin decir palabra, mientras intentaban serenar sus almas destrozadas.
- ¿Estás bien? – él quiso saber, intentando separarse de ella tan sólo lo justo para que sus ojos pudiesen encontrarse.
Pero Ginny se empeñaba en aferrarse a él con todas sus fuerzas, y no parecía responder a estímulo alguno.
- Por lo que más quieras, princesa, ¿estás bien? – él repitió con voz tranquilizadora, intentando ayudarla a serenarse.
Por fin, ella asintió levemente, y Harry soltó una fuerte exhalación de alivio.
- ¿Y el bebé?
- Creo que también – la chica afirmó con voz débil, aún afectada por lo sucedido.
- ¿Sólo lo crees? Vamos inmediatamente a San Mungo a que te hagan un chequeo.
- No, Harry… no me preguntes cómo, pero sé que él está bien. ¿Crees que mi hermano y los demás habrán sobrevivido también?
- Si nosotros estamos vivos, no existe ningún motivo por el que ellos cuatro no deban estarlo también – Harry afirmó, esperanzado. – Voy a hacer que, inmediatamente, el Ministerio de Magia Inglés se ponga en contacto con el Ministerio de Magia Chileno para que localice a esos cabezas huecas. Y en cuanto vuelvan, pienso matarlos. ¿En qué cojones nos han metido a todos? – preguntó con indignación. – Y ese Ar-hik-hi o como demonios se llame… como algún día lo tenga frente a las narices, te juro que no lo cuenta. No, mejor, voy a hacer que el Ministerio de Magia Inglés reclame su extradición con la primera excusa que me sirva para ello; me lo voy a echar a la cara, y me las va a pagar todas juntas.
- ¿De verdad estamos en casa? ¿Qué ha pasado, Harry? – ella quiso saber, confusa.
Las lágrimas fluían por su rostro, ya lentas y escasas, sintiéndose un poco más repuesta.
- Me temo que tú y yo, al menos, hemos vivido un viaje astral; un secuestro astral, para ser más exactos.
Ella le mantuvo la mirada, estupefacta.
- ¿Eso es posible? Creía que los viajes astrales tan sólo podían ser realizados bajo el propio deseo de la persona que los realiza.
- A mí no me mires; tú has vivido exactamente lo mismo que yo; y sabes a la perfección que no ha sido tan sólo un sueño; lo hemos vivido realmente, nos hemos sacrificado de verdad, los cuatro. Lo que me extraña, es que habiendo muerto durante un viaje astral, continuemos viviendo en este plano de la realidad.
Ella rompió a llorar de nuevo al recordarlo, y él no pudo más que rodearla con sus brazos con todas sus fuerzas; se sentía morir.
- Tú y yo nos hemos despedido en ese momento… Acababa de lograr tenerte y he tenido que dejarte marchar… y al bebé… - ella recordó entre llantos. – Es lo más duro e injusto que viviré jamás.
- Te juro que toda la lava ardiente del maldito volcán no habría logrado fundirme las entrañas como lo ha hecho la rabia e impotencia que he sentido por dentro – Harry afirmó con amargura. – Yo habría muerto por ti, tan sólo yo, pero he entendido que eso no iba a salvarte realmente, sino que iba a condenarte; no he podido hacer nada para salvarte, absolutamente nada… - bajó la cabeza, completamente frustrado.
- Lo mismo me ha sucedido a mí.
- Por Merlín, deja de llorar, Ginny, te lo suplico – él pidió, sintiendo que si no era capaz de calmarla, él mismo se hundiría con ella. – Hazlo por el bebé, al menos…
- Dios mío… hemos sacrificado al bebé… ¿Cómo le contaremos esto cuando sea mayor?
- Como mejor podamos, mi vida; y sólo podremos tener la esperanza de que, algún día, él logre comprenderlo. ¡Joder! ¡Alguien va a pagar por esto! – gritó en un arrebato de furia.
Él se puso en pie con vehemencia, se dirigió al vestidor, y escasos minutos después salió del cuarto listo y preparado para marcharse al Ministerio de Magia, llevándose con él toda la ira, la frustración y la rabia que llevaba dentro.
Al verle tan desenfrenado, Ginny se apresuró a levantarse de la cama y fue a su encuentro, interponiéndose entre la puerta de la habitación y él.
- Tranquilízate, por favor – le rogó, acariciándole el rostro con la mano.
- ¿Que me tranquilice? ¡Voy a matar a alguien por esto! – él gritó con vehemencia, fuera de sí.
- No, te lo ruego… Todos hemos llevado a cabo una buena acción, Harry; por favor, piensa en ello y contente.
- ¡Aún así! ¡Nadie tenía derecho a hacer lo que ha hecho con nosotros seis! ¡Y ni siquiera sabemos aún con certeza si los demás han sobrevivido a esta locura!
- Pide las explicaciones oportunas, pide cuentas, si consideras que debes hacerlo… pero no así – ella le rogó una vez más, tomándole por una mano para transmitirle su calor.
Él emitió una fuerte exhalación, dando su brazo a torcer, frustrado.
-Haré lo que pueda; no puedo prometerte más – dijo por fin, manteniendo la mirada de ella con dureza.
- ¿Puedo acompañarte al Ministerio de Magia? No puedo quedarme sola en casa en este momento; me moriría por la incertidumbre…
- Está bien – él aceptó. – Arréglate para salir, princesa; pero no vendrás conmigo sin antes haber desayunado.
- Lo haré, si tú lo haces también – ella dejó bien claro.
- Maldita sea, Ginny, ¿es que siempre sabes cómo tenerme comiendo de tu mano? – Harry preguntó bromeando, aunque sus palabras no fueron un reproche, sino la simple constatación de un hecho del que, por otro lado, él se sentía más que satisfecho.
Por primera vez desde que ambos habían despertado, Ginny sonrió.
~~O&o&O~~
Minutos después, Harry dejó a Ginny preparando el desayuno para ambos en la cocina, mientras él marchó a la sala de estar, donde creía haber dejado la cartera la noche anterior, cuando regresaron de la fiesta del Ministerio de Magia, con todo el dinero y la documentación dentro de ella.
Entró en la sala de estar, pensativo, cuando un fuerte fogonazo le hizo retroceder y dirigir la vista hacia la chimenea, atónito; de ella apareció Neville, seguido por Ron, y finalmente lo hicieron Hermione y Luna. Al ver a Harry, el más alto caminó hasta él, le dio un apretón cariñoso en el brazo, y le pasó por delante sin detenerse, comenzando a gritar:
- ¡Ginny! ¡Ginny! - como un descosido.
Ron hizo exactamente lo mismo, y así Luna y Hermione. Esta última, una vez hubo pasado ante Harry, se detuvo, lo pensó mejor, y volvió hasta él, le dio un fuerte abrazo y un beso en la mejilla, y volvió a pasar como una bala en busca de la pelirroja.
La sorpresa del moreno no alcanzaba límites, y quedó estático, con cara de bobo, mirando cómo los cuatro se alejaban, antes de poder seguirles siquiera.
Cuando por fin llegó a la cocina, vio cómo todos habían rodeado a Ginny, la llenaban de abrazos y de besos, y la acribillaban a preguntas sobre su estado de salud y la del bebé.
- ¿Seguro que estás bien? – Neville le preguntó con insistencia, preocupado.
A lo que Ginny asintió con una sonrisa.
- ¿Desde cuándo sabéis que Ginny está embarazada? ¿Y cómo demonios no nos lo habíais contado? ¡Nos has mentido, Harry! – Ron se encaró con su mejor amigo, con cara de reproche.
- Lo sabemos desde hace muy poco, y no os hemos mentido. Simplemente… bueno… Ginny y yo necesitábamos tiempo para ir asimilando tanto bueno que nos ha pasado en tan poco tiempo – Harry se disculpó, sonriendo por fin. El corazón se le llenó de tanta alegría por ver que los cuatro estaban sanos y salvos, que olvidó cualquier reproche que hubiese pensado hacerles por lo sucedido.
- ¡Pero a quién se le ocurre! ¡Los cuatro nos marchamos tan preocupados por vosotros, que la angustia no nos permitió olvidar vuestros problemas ni por un segundo siquiera! ¡Y vosotros dos aquí, disfrutando de la vida! – el pelirrojo insistió con cabreo.
- Es cierto, Harry. ¿Era necesario eso? – Hermione, más comedida pero no menos molesta, le preguntó también, apoyando a Ron.
- Sinceramente, ni Harry ni yo creíamos que vosotros estuvieseis tan preocupados por nosotros – Ginny salió en defensa de su prometido. – él y yo llevábamos tiempo separados, eso no era algo que hubiese pasado de un día para otro.
- Ya, pero si hubieses visto a tu novio hace tan sólo unos días… - Neville objetó, mirando a su amigo también con reproche. – Llegué a creer que haría una tontería; pero no de este tipo, la verdad.
El chico miró a la pareja, lleno de culpabilidad.
- Perdóname, Harry; perdonadme los dos por lo que ha sucedido; tan sólo es culpa mía – Neville pidió a la pareja; se le veía completamente hundido.
- ¿Pero qué dices? – Ron se inmiscuyó, reprendiendo a su amigo con la mirada. – Ese tío tan sólo le estrechó la mano, y fuera como fuera, halló en él lo que necesitaba – explicó a su hermana y a su mejor amigo. - Habría pasado exactamente lo mismo si hubiese estrechado la mía, la de Hermione, o la de Luna. Los seis somos una piña, eso habría sido innegable en cualquiera de nuestras mentes que él hubiese explorado sin permiso, el muy cabrón.
- Ya, pero fue a mí a quien utilizó – Neville insistió, sintiéndose culpable.
- No os preocupéis, que voy a hacer que pague por todo el dolor que nos ha causado – Harry afirmó, rotundo.
- Pero él sólo ha intentado salvar a toda una isla, Harry; su intención no ha sido causar el mal – Luna objetó con voz débil, sin atreverse demasiado a enfrentarlos a todos.
- Se puede pedir permiso para eso, digo yo – el auror dijo con ironía, fijando los ojos en su amiga, cabreado.
- Él ha dicho que ya no había tiempo – Hermione añadió, pensativa.
- ¿Qué no había tiempo, o que ha preferido pedir perdón, en vez de pedir permiso? – Harry alzó la voz, cada vez más irritado al recordarlo. – Si hubiese "conocido" a Neville y a nosotros a través de este, como él dice que sucedió al estrecharle la mano, habría tenido la certeza de que todos habríamos accedido a su petición; aunque no hubiésemos sabido que saldríamos con vida de ello. De hecho, ninguno de nosotros lo sabía y aún así todos nos hemos prestado a esa locura – argumentó, rotundo.
- No sé, Harry; todo ha sido tan rápido y repentino… – Neville, frustrado, sacudió la cabeza. – Necesito pensar. Me disculparéis que me marche en este momento, pero ahora que sé que Ginny, el bebé y tú estáis bien, necesito tomarme un tiempo a solas – declaró.
Harry y Ginny miraron a Luna de reojo, pensando en la decepción que ella debía estar sintiendo en aquel momento; una vez más, el joven profesor no la había incluido en sus planes de futuro, y eso decía mucho del rumbo definitivo que parecía iba a tomar aquella relación. La rubia miró a su ex novio con tristeza, se notaba que estaba apunto de llorar, pero no dijo ni palabra. Tampoco Neville pareció percatarse de aquel hecho.
- Si logro hacer que el tal Ar-hik-hi ese venga al Ministerio de Magia Inglés para rendir cuentas de sus actos, te avisaré. Quiero que todos oigáis lo que tenga que decir – Harry anunció, decidido.
- Te agradeceré que lo hagas. Nos vemos – Neville dijo a todos, como despedida.
Y tal como había aparecido por la chimenea, la usó de nuevo para marcharse.
Ginny negó con la cabeza quedamente, entristecida.
- ¿Pero cómo es que habéis vuelto tan pronto? – Harry preguntó a Ron, aún sorprendido.
- Ya no nos quedaba nada que hacer allí, ni ganas para hacerlo; hemos recibido una "invitación" del Ministerio de Magia Chileno para usar uno de sus trasladores más potentes, que nos traería de vuelta a Londres en unos minutos, y no lo hemos pensado siquiera. Sin duda, quien tú ya sabes ha tenido algo que ver en ello – el pelirrojo explicó. – Además, nos moríamos por saber si vosotros habíais sobrevivido también a esa maldita epopeya.
- ¿Nosotros, o cierta pelirroja que conozco? – Harry preguntó con sarcasmo, bromeando.
- Vosotros, tonto – Hermione volvió a acariciarle la mejilla con cariño, mientras le dedicaba una adorable sonrisa.
- Ya… - él respondió con retintín, pero sonrió abiertamente, encantado.
- Yo me voy también, chicos – Ron anunció inesperadamente, adoptando un semblante serio.
- Yo me voy contigo – Hermione se unió a él inmediatamente. – Tenemos que hablar.
- No, Hermione, yo me voy solo. Mira… da igual que Ginny y Harry estén delante para lo que tengo que decirte, porque así es y así será siempre, y no tiene vuelta de hoja. He pensado mucho y… Cuando tú me dejaste – ella intentó protestar, decir que había sido una ruptura de mutuo acuerdo; pero él no lo permitió. - Cuando me dejaste, yo me volví loco de dolor porque jamás he podido imaginar una vida donde tú no estuvieses a mi lado; sentí que te debía algo por todo lo que habías significado para mí, por todo el tiempo que me habías dedicado, por todos tus sacrificios… Pero con lo sucedido anoche, verdaderamente siento que estamos en paz. Se ha cerrado el círculo, y esta vez muy bien cerrado. Me dejaste y se acabó: sin intentos ridículos de recuperar algo que jamás podrá volver, sin rencores, sin reproches, sin miradas al pasado.
Tomó una mano de la chica y la besó con respeto.
- Nos vemos – se despidió de todos con una sonrisa serena.
Y segundos después desapareció por la chimenea, tal y como Neville había hecho.
Hermione ni siquiera buscó una silla donde sentarse: se dejó caer al suelo sentada con todo su peso y rompió a llorar, desconsolada. Al verla, Luna rompió a llorar también, y Ginny no sabía a quién intentar consolar primero.
- Ay, Dios – Harry se lamentó, mientras se acariciaba la barbilla, como solía hacer cuando algo le preocupaba demasiado.
- Luna, ¿tienes dónde quedarte? – el moreno preguntó a su amiga, a la vez que la sentaba en una de las sillas de la cocina y la abrazaba con cariño.
- N-no – ella respondió entre sollozos. – Pero puedo hablar con mi padre y quedarme en su casa, o en un hotel…
- Tonterías, te quedarás aquí todo el tiempo que quieras. ¿Verdad, Ginny?
- Por supuesto que se quedará – la pelirroja afirmó, rotunda.
- Y tú, Hermione…
- No te preocupes, Harry. Yo tan sólo tengo lo que me he ganado a pulso: estaré bien – la castaña respondió, secándose las lágrimas con rabia.
Se puso en pie y se alisó el vestido de noche que aún lucía, intentando recuperar un poco de dignidad. Tras ello, dio un fuerte abrazo a Ginny, a Luna, y a Harry, y también ella se marchó en busca de la red flu que la llevaría a casa.
La pareja condujo a Luna hasta una habitación de invitados y la dejó a solas para que se acomodara y se tomase un tiempo para serenarse, y ambos volvieron a la cocina, a tomar el desayuno que la llegada de sus amigos había interrumpido.
- ¿Qué vamos a hacer, Harry? – Ginny preguntó a su prometido, desesperada.
- Todo lo que tú y yo hemos hecho hasta ahora para unirlos, no ha logrado más que separarles aún más; quizá sea momento de no hacer nada y dejar que pase lo que tenga que pasar – él respondió, sombrío.
- ¿Así, sin más? – ella se encaró con él, indignada.
- Sin más, Ginny. A pesar de que tú y yo nos hemos empeñado en separarnos no una vez, sino varias, la vida se ha empeñado en unirnos, y hemos acabado juntos e inseparables. Si el destino de ambas parejas es ese, su momento llegará, y si no lo es, ¿por qué insistir en sumirles en una lenta agonía, hasta que todo termine?
- Ya, pero…
- Lo sé; pero te duele tanto, que incluso te abrasa el corazón – él dijo con tristeza.
Ella asintió, acongojada.
- Voy a salir un momento a recoger la edición diaria de El Profeta, que a estas horas ya habrá llegado al buzón – él anunció mientras se ponía en pie, sin nada más que añadir sobre el tema que habían estado comentando.
Al no recibir respuesta de Ginny, caminó con tranquilidad hasta la puerta, la abrió, distraído, pensando en todo lo sucedido, y al salir de la casa para alcanzar el pequeño buzón que, apoyado sobre un largo y estrecho poste central, presidía el hogar de los Potter, una vez más quedó paralizado por la sorpresa.
El fogonazo del flash de una cámara de fotos mágica lo había cegado por un momento, y al buscar con la mirada al culpable de aquella intrusión, no se topó con uno, sino con lo que le parecieron decenas de periodistas que, al verle aparecer, lo abordaron desde la valla exterior de la casa con un montón de preguntas formuladas rápidamente, apelotonadas, al igual que ellos se habían congregado intentando obtener una declaración por su parte. Los vuelapluma echaban humo sobre los cuadernos de los reporteros, plasmando en ellos todo lo que sus dueños querían expresar en aquel mismo momento.
- ¿Pero qué coj…?
- ¡Sr. Potter! – un avispado periodista se hizo escuchar sobre los demás, encarándose directamente con el nuevo Director del Departamento de Seguridad Mágica. - ¿Es cierto que la señorita Ginevra Weasley es ahora su prometida?
- ¿Y que ella está embarazada? – añadió inmediatamente después, sin darle tregua, el mismo periodista que había estado cenando al lado de Ginny la noche anterior, y que había escuchado toda la conversación entre ella y el auror; sin duda, había atado demasiados cabos, y aunque todavía disparaba a ciegas, había dado en el blanco de pleno.
Harry estuvo tentado de despacharles a todos a cajas destempladas, si no querían que, en aquel mismo momento, él acabase convirtiéndoles en lo peor que se le viniera a la mente. Pero por el buen comienzo del desempeño de su cargo como Director del Departamento de Seguridad Mágica, lo pensó dos veces – algo muy raro en él - y anunció:
- Creo que todavía los magos no hemos llegado a adoptar las malas costumbres que emplean los muggles, al abordar a sus semejantes de un modo tan irrespetuoso e intromisivo. Así que, damas y caballeros, si les parece, les emplazo para mañana a primera hora, en la sala de Prensa del Ministerio de Magia, para que la señorita Weasley yo respondamos a todas las preguntas que sean formuladas con el debido respeto por la intimidad de ambos. Y ahora, espero no volver a ver el rostro de ninguno de ustedes por aquí – terminó con voz amenazadora, que todos los reporteros supieron interpretar a la perfección.
Y como ya habían logrado lo que pretendían, aunque para el día siguiente, decidieron perder aquella batalla, en aras de ganar la guerra. Así que fueron desfilando uno a uno, hasta dejar a Harry completamente a solas.
El auror suspiró con cansancio. Se planteó sumir a aquella casa bajo un encantamiento Fidelio igual al que todavía pesaba sobre la casa que su padrino le legó, en Grimmauld Place nº 12; pero tras pensarlo un segundo se negó a ello; no tomaría medida alguna que sumiese a su familia en ningún tipo de exclusión social; el miedo no tenía cabida en el mundo que él quería legar a su hijo que estaba por nacer, y lucharía con todos los medios a su alcance por lograr para él un mundo en relativa paz, pero al menos, razonable.
Aún más preocupado, pues un nuevo problema se había sumado a los quebraderos de cabeza que ya tenía, regresó al interior de la casa, pensando en cómo tomaría Ginny la nueva noticia.
- ¿Qué ha pasado ahí fuera? – la pelirroja preguntó, nada más verle regresar. – Te he escuchado hablar con alguien, y parecías enfadado.
- Y por Merlín, que lo estaba. ¿Por qué tuviste que anunciar tu embarazo anoche? – él le preguntó sin darse cuenta, dando voz a un pensamiento que le rondaba por la cabeza. – Ante la puerta había un trillón de periodistas ávidos de chisme.
- No te sigo – ella respondió, enarcando una ceja. – Yo jamás dije anoche, a nadie, que estoy embarazada.
- No con esas palabras, pero cuando yo te invité a bailar, dijiste ante el periodista con el que habías estado conversando – recalcó la palabra "periodista" – que ese baile sería ideal para tu estado. El trabajo de un periodista es atacar cabos, Ginny.
- Oh… - ella se tapó la boca con la mano, por la sorpresa. – Bueno… no pasa nada, ¿no?
Harry la tomó en brazos y se sentó con ella en un sofá, acurrucándola en su pecho, cariñoso.
- Por supuesto que no pasa nada, pero… ¿por qué demonios nuestro bebé ha de enfrentarse tan pronto a esos carroñeros? – él refunfuñó, molesto.
Al escuchar aquellas palabras, Ginny rompió a reír, divertida.
Para Harry, aquella risa fue como un bálsamo de vida.
- Ahora que sabemos que nuestros amigos están a salvo, creo que voy a dejar lo del Ministerio para mañana. Ah, por cierto, mañana tú y yo concederemos una entrevista a todos los periodistas del mundo mágico que quieran acercarse al Ministerio de Magia – dijo como quien no quiere la cosa.
- ¡Qué emoción! – la mirada de Ginny se iluminó, ilusionada.
Y Harry no pudo evitar pensar que, aquel día, él no hacía más que ir de sorpresa en sorpresa.
- ¡Me muero por contarle al mundo que te quiero! ¡Que te adoro! ¡Que estoy loca por Harry James Potter! – ella gritó, llena de entusiasmo.
Comprendiéndola por fin, él asintió, complacido.
- Yo también me muero porque el mundo sepa que te amo, Ginevra Molly Weasley – la besó con ternura, acurrucándola aún más sobre su pecho. – Pero acabo de darme cuenta de que la prensa va a conocer la noticia de tu embarazo antes que tu propio equipo de quidditch, y eso supone un problema para ti.
- ¡Es cierto, Harry! – ella se sobresaltó. - ¡Tengo firmado un contrato que voy a incumplir sea como sea! ¡Y encima ellos van a ser los últimos en enterarse!
- Tranquilízate, por favor. Si es cuestión de dinero, tiene fácil arreglo; yo correré con los gastos de indemnización al equipo. Pero si ellos son los últimos en enterarse de tu embarazo, van a sentirse traicionados, Ginny. Así que ahora mismo voy a enviar una lechuza a tu entrenador pidiéndole que se reúna con nosotros mañana a las… ¿a qué hora comienzan los entrenamientos? – le preguntó.
- A las siete de la mañana; pero recuerda que ahora están todos de vacaciones.
- Eso no será un problema; redactaré el mensaje de un modo que tu entrenador no quiera dejar pasar la oportunidad de reunirse contigo.
- ¿Lo vas a amenazar? – ella quiso saber, mirándolo con los ojos como platos.
- No… voy a decirle que una hora después, todos los periódicos se harán eco de una noticia sobre Ginevra Weasley que él antes que nadie, debería conocer. ¿Crees que eso llamará suficientemente su atención?
- Yo diría que sí – le acarició el rostro, encantada.
- Solucionado, entonces. Y ya que mañana tú y el peque vais a tener que madrugar, hoy haremos lo que vosotros queráis – él anunció con una alegre sonrisa. - ¿Qué deseas hacer hoy, princesa?
- Pasarlo así, acurrucada en tu pecho. ¿Qué puede haber mejor? – suspiró, satisfecha.
Realmente, él no era capaz de imaginar qué podía haber mejor que pasar el día con ella entre sus brazos.
COMENTARIOS DE LA AUTORA.
No, en el capítulo anterior no tenía intención de causar un infarto a nadie, ni nada parecido. Si el argumento ha dado este giro tan inesperado, se debe a que causar a los seis un dolor tan profundo va a servir para que poco a poco, vivan la catarsis que sus vidas están reclamando a gritos. De hecho, Harry y Ginny ya la han vivido, al comprender que ninguno de los dos va a vivir la vida sin el otro, que están unidos por un amor tan fuerte que hasta se ha antepuesto a su bebé que está por nacer; y eso es bellísimo pero muy difícil de asimilar también; han comprendido incluso antes de que nazca, que su hijo, cuando sea mayor, tendrá una vida independiente de ambos aunque siempre los adorará como padres, pero creará su propio futuro, su propia familia; pero ellos dos se han elegido el uno al otro para siempre, han vinculado ambos futuros por toda la eternidad. Van a madurar mucho gracias a esta experiencia.
En cuanto a Neville, debe superar muchos miedos, muchos obstáculos que él mismo se pone por delante. Parece ser que Ron está alcanzando cierta serenidad en su vida, y aunque todavía debe tomar decisiones importantes, ya no lo hará a la desesperada. Hermione se ha dado cuenta de que el mundo no gira en torno a ella, a sus deseos y sus necesidades, no es que haya sigo arrogante y egocéntrica a propósito, sino que suele ser tan perfecta, que en ocasiones su propio comportamiento acaba siendo un obstáculo para continuar avanzando. Y Luna ya ha caído todo lo bajo que tenía que caer, ha alcanzado el fondo; ha reconocido su error, ha pedido perdón, ya no espera nada... Para mí, tanta humildad merece otra oportunidad (^_~)
Bueno, chicos y chicas, esta vez no habrá dedicatorias porque no me ha dado tiempo de mirar si ha habido alguien que ha añadido el fic a sus favoritos o a sus alertas, además de los reviews que he recibido. Y como me gustaría saludar a todos, absolutamente todos los que me han mostrado su apoyo de uno u otro modo, no pongo nombres, tan sólo os mando todo mi agradecimiento. Vosotros sabéis perfectamente a quiénes me refiero.
Con cariño.
Rose.
