¡Bienvenidos al capítulo final!

(O no...)

Ha sido muy gratificante para mí escribir esto, y la verdad que me siento mal aún por no haber tenido tiempo para publicar hace unas semanas como prometí e hice mi mejor esfuerzo para que la misma semana tuvieseis vuestra dosis diaria de Titans. Espero que hayáis disfrutado tanto de esta historia como yo y espero veros pronto por aquí.

Gracias por vuestro tiempo y vuestros reviews.


Lazos de sangre

El sol naciente bañaba los pasillos de lo que quedaba de la Torre de los Titans, que alguna vez estuvo habitada por cinco jóvenes, los mismos que, por lo menos una década después, habían vuelto a ella acompañados por su descendencia. El silencio era pesado, pero no era momento de hablar, así que soportaron bien la sensación de soledad que sentían al estar en aquel lugar tan triste para no hacer un comentario desafortunado que pudiese convertir el incómodo silencio en un momento "tierra trágame".

Subieron algunas escaleras y alcanzaron el piso donde se encontraba la sala de estar, el sitio favorito de los Teen Titans. Era una de las zonas más luminosas, pues toda una pared era cristalera, del suelo al techo, y se podía ver toda la ciudad. Sus padres se detuvieron en la puerta, con cierta nostalgia en la mirada, pero pasaron de largo y continuaron hasta el final del pasillo. Allí se dividieron, unos a la derecha, otros a la izquierda, y sus respectivos hijos les siguieron.

-¿Dónde vamos?-Preguntó de repente Crow, curiosa, sin poder contenerse más.

-Vamos a hablar en sitios más privados.-Respondió Chico Bestia. Se detuvo frente a una puerta en la que ponía su nombre y abrió.

Lo que había sido el dormitorio desordenado de Chico Bestia ahora estaba vacío. Había unas literas, cuya parte de arriba era la única que tenía cama, la de abajo estaba libre, dejando espacio para algunas cajas. Milagrosamente se veía el suelo, y los invitó a pasar. Raven los detuvo.

-Es verdad que tu habitación ahora parece de verdad una habitación, pero sigue sin haber sitio para sentarnos todos. Deberíamos ir a la mía.

-Está bien. -Cedió el hombre de piel verde, algo decepcionado.

-Parece mentira que hayas tenido que irte de tu dormitorio para que esté decente.-Se burló Raven.

-Parece que solo te pones sarcástica cuando estamos dentro de esta torre.-Anunció él, provocando que ella sonriese sin que nadie la viera.

Llegaron al misterioso cuarto de la chica oscura, y seguía siendo una habitación apagada, a excepción de la luz del amanecer que entraba por la ventana. Tomaron asiento en la enorme cama, la misma en la que había dormido durante tanto tiempo, y se hizo el silencio. Ryan y Crow se dedicaron a observar el dormitorio, como si así pudiesen conocer mejor a su propia madre, o a la faceta más desconocida de ella, la de heroína. Parecían algo intimidados, seguramente por estar en la habitación de Raven, y en parte por la decoración. Ryan estaba tenso, esperando la reprimenda; Crow tenía miedo dentro de aquella habitación. Chico Bestia suspiró y Raven puso ambas manos en sus rodillas.

-Bien, ¿qué queréis saber?-Preguntó.

-¿Eh?-Se extrañó la menor de los Logan.

-Sabemos que ha debido de ser muy duro para vosotros todo esto. Descubrir así vuestros poderes, marcharos de esa manera y encontraros con este desastroso final.-Expuso Chico Bestia.-Es el momento de hacer las preguntas que queráis. Sin miedo.

-¿Por qué nos ocultasteis todo esto?-Preguntó Ryan, y parecía molesto.

-Queríamos protegeros. No sabíamos cómo iba a ser vuestra vida si sabían que eráis hijos nuestros, o que tenéis poderes. Cuando vimos de lo que eráis capaces estuvimos muy orgullosos, pero tuvimos miedo también. Ser hijos de superhéroes puede ser genial, pero también peligroso.

-No solo estaba en peligro nuestra identidad, sino también la vuestra. Muchos podrían pensar que tenían derecho a pediros que usaseis vuestros poderes para entretenerlos, y no sois animales de circo. Ser verde es más difícil de lo que parece.-Comentó el hombre de orejas puntiagudas.

-Y tener las orejas de punta no ayuda a disimular demasiado.-Sentenció Ryan, que había notado que sus orejas eran más bien puntiagudas, aunque no como las de su padre y su hermana.

-Cierto, pero puede ser hasta normal en un humano común. Aun así nos encargamos de disimular el aspecto y los poderes de ambos, porque sois más llamativos que vuestros amigos.-Añadió su madre.

-¿No era más fácil enseñarnos a usarlos?-Quiso saber la menor. Pudo percatarse de que sus padres se miraban, y se veían avergonzados.

-Hubiese sido lo correcto, cariño, pero hicimos mal.

-No confiamos lo suficiente en vosotros como para pensar que guardaríais el secreto.

-Pero no es por vosotros como tal, si no que eráis muy pequeños para saber porqué debíais ocultarlos.

-¡Pero crecimos! Y no nos lo contasteis.

-Para los padres nunca crecéis lo suficiente. Vamos alargándolo hasta que se va de las manos, y pasan cosas como estas. Nadie es perfecto. Por eso os pedimos perdón.


-Veo que habéis crecido mucho, y no tiene sentido convenceros de que aún sois unos niños, pero tenéis que saber que vuestra forma de actuar no ha sido correcta.-Regañó la señora Stone, paseando por la antigua habitación de Cyborg.

-La vuestra tampoco.-Rebatió Héctor, de morros.

-Pero somos vuestros padres y tomamos las decisiones tras meditarlas y hablarlas, no a lo loco.

-Pero podéis equivocaros.

Abeja quiso decir algo, pero no supo qué. No le gustaba nada que le dijesen que había cometido un error, pero no esperaba que fuese Naomi quien se lo dijese, que estuviese de acuerdo con su mellizo. Fuera de combate, recobró la compostura y se cruzó de brazos, ganando tiempo para responder. Miró a su marido buscando apoyo, pero él negó con la cabeza y se supo derrotada. Relajó el gesto y fue Víctor quien habló.

-Desde luego que podemos. Sencillamente queremos saber por qué no vinisteis a contarnos que lo sabíais cuando descubristeis estas cosas.

-¿Si alguien te hubiese ocultado algo así tantos años irías a contárselo?-Se ofendió Naomi. -Creednos cuando decimos que nos ha dolido mucho, a todos, no poder contar con vosotros.

-Y en nuestra defensa diré que Balemm contribuyó a formar una idea errónea de vuestras intenciones.-La apoyó Héctor.

Ambos hermanos, sin mirarse siquiera, alzaron la mano al mismo tiempo y chocaron el puño. No se habían dado cuenta de lo mucho que se parecían físicamente: sus gestos, su actitud y hasta su comportamiento en momentos como aquel, de total complicidad. De forma inconsciente sus padres habían sonreído y se hizo el silencio, pero alguien interrumpió a la familia.

-Debo decir que todo es culpa mía.-Un chico de cabello rosa se hizo notar, acercándose a los Stone. Había permanecido en un rincón, callado, pues no tenía dónde quedarse mientras los demás hablaban con sus padres.

-¡De eso nada!-Saltó Héctor.

-No digas tonterías.-Pidió Naomi a la misma vez.

-Mi hermana y yo nos unimos a Balemm para buscar a los chicos, y los convencimos de que debían venir con nosotros. De no haber estado nosotros podría haber sido igual, pero no seríamos cómplices, así que debo disculparme.

-Tú no sabías para qué nos buscaba Balemm. Fuiste engañado como nosotros. Por favor, olvídalo.-Pidió la chica.

-Muchacho, no te conozco, pero puede que gracias a que estabas allí los chicos lo hayan tenido más fácil para salir ilesos, porque eráis un grupo más grande.-Explicó Abeja.

-Por cierto, ¿dónde están tus padres?

-Starling City, señor. Mi madre era de aquí, pero se mudó allí cuando se casó con mi padre.

-¿Es mucho preguntar por sus nombres?-Quiso saber el hombre metálico.

-Wallace y Jill West.

-¡Vaya! Somos viejos amigos.

-Eso he oído, sí.

-¿Saben dónde estás?

-Sí, señor. Me dejaron ir con Balemm para entrenarme, allí aún están en activo, así que protegemos nuestra identidad pero controlamos nuestros poderes desde pequeños.

-Qué suerte… -Murmuró el otro chico.

-Deberías saber que ni siquiera éramos conscientes de que teníais algo de poder.-Comentó su padre.-A fin de cuentas, yo no tengo poderes y vuestra madre tiene que aumentarlos con sus inventos.-Explicó.

-Todo se fue de las manos cuando vimos los poderes del resto. Queríamos protegerlos y vosotros ibais a contarlo.-Dijo la chica.

-Tienes razón.-Concedió su madre.-Pero veo que no todo lo que habéis sacado de esta experiencia es malo.-Señaló con la cabeza al chico de pelo rosa, a quien los hermanos se habían esforzado en defender. Una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios y el chico se sonrojó.

-Bueno, quería saber sí podría, no sé, quedarse una temporada en casa.-Se atrevió a preguntar Héctor.

-Debería volver con sus padres.-Razonó su madre.-Estarán preocupados.

-Si, tengo que contarles lo de mi hermana.-Se miró los pies.-No quiero ser un estorbo.

-Entonces dejadme ir con él.-Exigió el chico.-No va a hacerlo solo.

Naomi observó a sus padres de reojo, no sabía bien que reacción tendrían y no quería entrometerse en aquella conversación porque no le correspondía. Abeja trató de explicarle a Héctor que Wallace tenía que volver a su casa y hablar con sus padres de lo ocurrido, descansar y volver a su vida normal. Que no iba a estar desprotegido y que además solo era un año menor que ellos dos, que no necesitaba una niñera. Cyborg intercambió una rápida mirada con su hija, que no fue partícipe de la conversación, y se mantuvo al margen; algo fuera de lo normal. Ella sonrió como si no pasase nada y Cyborg se levantó y puso una mano en el hombro de su mujer.

-¿Quieres ir con él?

-Sí.-Respondió sin titubear.

-Estoy seguro de que hay un buen motivo para ello.

-¡Se va a distanciar de todos nosotros! ¡Su hermana se ha fugado y tiene que ir solo a contárselo a sus padres! No quiero que esté solo cuan-

-Oye, allí tengo amigos… -Murmuró Wallace tras él.

-No hace falta que me cuentes tus motivos, hijo.

-Si que hace falta.-Rebatió.-Ya hemos guardado bastantes secretos, y se supone que esto debería servir como lección. No hay nadie en quien pueda confiar más que en mis padres.

Cyborg y Abeja se quedaron atónitos. Esperaban aquella charla por parte de Naomi, pero nunca pensaron que tendrían una confesión como aquella por boca de Héctor. Su hijo parecía muy frustrado, daba la sensación de que lo que tenía que decir era algo muy importante para él y no quería guardárselo. Respiró hondo y se calmó antes de hablar.

-Quiero ir con Wally porque- cogió su mano y entrelazó los dedos con los suyos-él es… Muy importante… -Empezó a trabarse y no se atrevía a mirar a sus padres a los ojos, pero sonreía como si fuese la persona más feliz del mundo.

-Oh.-Exclamó su madre, sonriente, llevándose las manos al rostro.

Cyborg pasó un brazo por los hombros de Abeja y la acercó a Héctor. Miró a su hija para invitarla a unirse al abrazo y Wallace se mantuvo rezagado para que compartiesen ese momento ellos solos.

-Quiero que sepáis que os queremos mucho, por igual, y que da igual el trabajo que tengáis, la ropa que vistáis o la pareja que elijáis. Estaremos siempre orgullosos de vosotros.

-¿Eso quiere decir que podré ir al laboratorio con mamá para mejorar mis técnicas y creaciones?

-Si ese va a ser tu futuro, no veo porqué no.-Rio el más mayor.

-¿Y podré conducir el coche?-Inquirió Héctor como si estuviese preguntando por la hora.

-Jamás.-Respondió Cyborg, aún abrazado a su familia, sin mudar su expresión.


-¿Por qué no vinisteis a buscarnos?-Preguntó Galfore apenado.-Pensaba que vendríais a por nosotros.

-Cuando vimos en las noticias lo que estaba ocurriendo y supimos que eráis vosotros teníais detrás a toda la ciudad, no queríamos arriesgarnos a que conocieran vuestras identidades y las nuestras. Nos delataríamos unos a otros sin querer.-Explicó Starfire.- No pensábamos que se alargaría tanto. Cuando encontrábamos vuestro rastro ya no estabais, y Raven trató de contactar con Ryan, pero le fue imposible. Si no fuimos a por vosotros fue por seguridad.

-¿Por qué no tengo poderes?-Quiso saber Korine.-¿Por qué sólo poseo fuerza alienígena y Galfore es igual a ti?-Miró a su madre a los ojos pero después miró a su padre de reojo, que les daba la espalda mientras miraba por la ventana de su cuarto hacia la ciudad.

-La genética es caprichosa. Nosotros no elegimos esas cosas. Sencillamente hay una proporción tamaranea mayor en él que en ti.-Dijo la pelirroja cogiendo las manos de su hija entre las suyas.

-¿Y por qué de repente tengo esta fuerza?

-¿No la tenías anteriormente?-La morena negó con la cabeza.

-Supongo que estaba ahí, pero no había despertado.

-¿Hiciste algo diferente?

-No, que yo sepa.

-Los poderes de nuestro pueblo se controlan mediante las emociones y los sentimientos. Por lo general buenos sentimientos. Una vez se dominan se pueden controlar con más facilidad aunque los sentimientos no sean positivos. ¿Sentiste algo distinto?

-Solo recuerdo que Galfore se interpuso entre un ataque de Balemm y yo. Conseguí acercarme a él y le dije que le quería-se puso roja, pues le costaba reconocer que de verdad quería al pelirrojo, quien le había provocado siempre tantos celos.-Después de eso me volví más resistente.

Cuando Korine miró a su madre, esta sonreía, radiante, con los ojos cristalinos. Korine no comprendía nada.

-Eso es porque los sentimientos negativos que tenías hacia Galfore no permitían despertar tu fuerza. Para usar la fuerza alienígena hay que sentir furia justiciera. Galfore es muy inocente y no le cuesta sentir estas cosas, pero tú has tardado más debido a los malos sentimientos. Cuando asumiste que de verdad le querías, este poder surgió en ti para poder protegerlos a todos.-Explicó.

-Supongo que es posible.-Sonrió.-Al final los he protegido teniendo menos poderes que ellos.-Bromeó, y pasó un brazo por los hombros de su hermano, que se apoyó en su hombro.

-Y a pesar de eso sigues siendo una irresponsable.-Riñó Robin, aún de espaldas a ellos.

-Papá…

-¿Te separaste del grupo? ¿Y dónde estuviste tu sola? ¿Qué iba a hacer una niña sin poderes sola? ¿Sabes que el propio Batman os ha estado buscando?

La vena paranoica de su padre había salido a relucir, pero no podía culparle: tenía razón, la había liado y bien, así que se resistió a responder con un berrinche y meditó bien la respuesta que le daría. Nunca creyó que vería a su padre en semejante estado, porque parecía que iba a llorar.

-Estaba celosa de los poderes de los demás, así que me fui. No fue la mejor idea del mundo, pero creo que formaba parte del plan de Balemm distanciarme del resto. Fue gracias a eso que pude investigar más sobre él y salvar al resto. Además me estuve entrenando para no ser débil.

-Un entrenamiento de tan poco tiempo no serviría de mucho contra alguien como Balemm, ya lo has visto.-Su tono severo era incluso peor que sus gritos.

-No iba a quedarme de brazos cruzados.

-¡Es muy arriesgado!

-¿Qué hubieras hecho tú?-Se levantó y se enfrentó a su padre, que se quedó en silencio.-Estoy segura de que tu mismo tuviste algún que otro berrinche y dejaste al grupo de lado. Pero no los abandonaste. Y yo tampoco lo hice.

-Que yo hiciese tonterías no quiere decir que debas imitarme.

-Es lo que pasa cuando tomas de ejemplo a alguien a quien admiras.-Sentenció ella.

Robin no pudo añadir nada más, estaba en blanco. Abrazó a la chica y por fin rompió a llorar. Ella tampoco pudo contenerse y dejó que las lágrimas fluyeran, abrazando fuertemente a su padre.

-Solo alguien tan cabezota como yo podría robarme el traje y lanzarse a una batalla peligrosa sin experiencia alguna en combate.

-Perdonad.-Interrumpió de pronto X Negra entrando en el cuarto.-Sé que he dicho que me quedaría fuera porque es una conversación privada, pero tengo hambre y no sé llegar a la nevera.-Comentó avergonzado.

-Pasa, por favor.-Pidió Robin, poniéndose recto. El chico entró en la habitación, nervioso.-X Negra, vienes de muy lejos, así que debo pedirte que te quedes con nosotros hasta que puedas y quieras volver a tu casa.

-¿De verdad?

-Por supuesto.-Añadió Starfire.-Eres el hijo de mi hermana, así que eres bienvenido en mi casa.

-¿Después de todo lo que mi madre te hizo?

-Komand'r no es mala. Nuestro pueblo la hizo así.-Se entristeció.-¿Por qué creéis que puede usar los poderes de Tamaran? No tiene malos sentimientos, solo empezó a sentirlos cuando ya dominaba sus poderes. Es por eso que tu también puedes usar la fuerza alienígena. No eres un villano, ni eres hijo de villanos. Solo son personas rencorosas, pero algún día lo superarán.-Sonrió y pasó una mano por la espalda del chico para reconfortarlo. Él también sonrió.

-Deberíamos reunirnos con los demás como habíamos acordado.


La familia Grayson al completo entró en la sala de estar, donde ya estaban los demás reunidos. Robin se quedó en la puerta, observando al resto, y sonrió con cierta nostalgia y orgullo a la vez. Carraspeó para hacerse notar y todos lo observaron.

-Creo que todas vuestras dudas ya están resueltas. ¿No?

-En realidad no. -Respondió Ryan, que habló alto en público por primera o segunda vez, y todos le observaron.-Antes de que mi madre se deshiciese de Balemm, mi sangre entró en contacto con el libro para invocar a Trigon, pero no apareció. ¿Por qué?

-Puede que hiciese algo mal.-Dijo Cyborg.

-Quizá no valía solo con tu sangre y debía sacrificarte.

-Él aseguró que con mi sangre bastaba.-Dijo negando con la cabeza.

-Te lo voy a explicar. Es muy fácil. No hay ninguna profecía en ti, hijo.

-¿Ah, no?

-No. Es verdad que posees en gran cantidad los atributos del recipiente que Trigon buscaba para la profecía, pero me eligió a mí para ello. El portal que yo debía abrir ya se abrió, y él fue derrotado. Trigon se las apañó para tener más oportunidades, porque los lazos de sangre son lo único que no podemos cortar y nuestra familia siempre estará unida a Trigon, y es que la profecía debía pasar al primogénito de mi descendencia.

-Ese soy yo, ¿no?

-No. Tuviste un hermano. Pero le sacrificamos para evitar el fin del mundo.-Aclaró Chico Bestia.

-¡Garfield! No los asustes.-Reprochó al ver las caras de horror de los chicos.

-Perdón.-Se disculpó.

-Tras mucho entrenamiento mental por mi parte y haber conocido sin querer la magia negra…

-Ese maldito dragón con nombre de rey mago*… -Masculló su marido entre dientes.

-… pude dividir la profecía en trozos. Era inevitable que tuvieseis que heredarla y para no depositar todo el destino de la humanidad en uno solo, os di un poco a cada uno. Guardé un pedazo para mí, así que morirá conmigo y nunca podrá funcionar, porque la parte que queda en mí ya es inservible.

Tras aquella explicación se armó un pequeño revuelo de conversaciones aquí y allá, y Robin volvió a aclararse la garganta para llamar la atención.

-Debido a los recientes acontecimientos, creo que nos quedan dos meses de verano para disfrutar. Deberíamos volver a casa y descansar, sobre todo vosotros.

-Muy bien. Te puedes quedar hoy con nosotros.-Anunció Cyborg a Wallace.-Pero dormirás con Naomi.

-¡En serio, papá!-Héctor se llevó una mano a la frente, avergonzado.

Tras un día duro de aguantar despiertos para irse a dormir a una hora decente, se sintieron como nuevos al despertar en sus respectivas camas, duchados y bien cenados. Pasaron un par de días hasta que volvieron a salir a la calle a hacer vida normal. Se reencontraron con sus viejos amigos y dejaron de verse entre ellos tan a menudo. Ryan casi no hablaba con Héctor, Naomi iba por su cuenta, Galfore y Crow volvían a ser considerados los bebés del grupo, y Tim Drake tuvo que adaptarse y conocer al resto de amigos de su equipo. Todo había vuelto a la normalidad. Incluso ellos habían decidido ponerse los inhibidores por su propia cuenta para evitar incidentes. Al menos una vez por semana se juntaban para entrenar, o planear nuevas tácticas de ataque que Naomi y Korine habían estado perfeccionando, pero no tenían la misma relación estrecha de antes, pues cada uno tenía su propia vida antes de todo aquello. Héctor había presentado a Wallace como un amigo, porque no estaba preparado para contarlo todo a sus amigos, y Wallace lo había apoyado en ese aspecto. Dijo que se habían conocido en una escuela de baloncesto el mes anterior, y que se iba a quedar unos días en su casa. La semana siguiente lo acompañó a Starling City y se presentó a sus padres. Ambos explicaron lo que había pasado con Mary y fue lo peor que Héctor tuvo que pasar en los días que estuvo con Wallace, hasta que volvió a su casa.

Un día se juntaron para ir a la piscina, como si hubiese sido una casualidad, pues sus padres habían salido y hacía bastante calor dentro de casa.

-¡Hey! ¿Qué tal?-Saludó Naomi a Korine, que iba con sus amigas y su hermano.

-Muy bien, estamos esperando a Crow. Supuestamente Ryan iba a traerla a casa, pero se han atrasado y nos hemos adelantado.

-Yo he venido con Glenn.

-¿Glenn? ¿El capitán del equipo de fútbol?

-Sí. Mi hermano y él se pasan el día picándose por eso de que practican deportes distintos, y se ve que ha optado por invitarme a hacer cosas solo para fastidiarlo. Pero al menos ya sabe que existo.

-Espero que tu cerebro privilegiado sepa lo que hace.-Recordó ella.

-Tranquila, llevaré cuidado. Pero mientras tanto, me trata como a una reina. Solo tengo que pasar un poco de él y ya viene a buscarme.

-¿Y tu hermano? ¿Qué piensa?

-Él no piensa, pero se enfada cuando Glenn me invita a salir.-Rio la mayor.

-¡Madre mía!

-No sé quién es, pero necesito saberlo.

-¡Está mirando hacia aquí!-Las amigas de Korine, a sus espaldas, miraban hacia la entrada de la piscina, y ambas chicas miraron hacia allí.

-Si ese es el tipo de chicos que ven a los campamentos de verano, tendré que apuntarme a todos.-Dijo otra.

Su primo acababa de llegar, sin camiseta, acompañado de Ryan y Crow. La pequeña corrió hacia Galfore, y los dos chicos continuaron hablando tranquilamente. Tim Drake llevaba unas gafas de sol que le daban aires de malote, y su collar inhibidor disimulaba su tinte azul y sus ojos violetas. Sin embargo, Korine no podía apartar la vista del chico de la gorra. Sonreía, algo poco habitual en él, y su tez clara era casi cegadora, pero podía apreciar perfectamente el cambio en su cuerpo, algo que el año pasado no estaba ahí: músculos. ¿Acaso Ryan había empezado a ir al gimnasio? ¿O es que la meditación entrenaba algo más que la mente?

Korine vio como su primo saludaba a la chicas que lo observaban, sonriente, y estás emitieron un chillido que solo los murciélagos podrían escuchar. Korine se palmeó la cara.

-¿Por qué nos miran esas chicas?-Preguntó el moreno, saludándolas.

-Seguramente porque quieren conseguir tu teléfono.-Respondió el más bajo, entre dientes.-No las saludes, o pensarán que tienen alguna posibilidad.

-Ni de coña. Con lo caro que me ha costado el teléfono no se lo voy a dar.

-Se nota que no eres de este planeta.-Rio el más joven.

-Hola, Ryan.-Lo saludaron otras dos chicas, dejándolo desorientado.

-¿Ryan?

-¿Es Ryan Logan?

-El amigo de Korine.

-¿No le habéis reconocido?-Preguntó una de las primeras.

Korine observaba anonadada como sus amigas, las mismas que le preguntaban por qué solía ir con él, se lo comían con los ojos.

-A mi siempre me han gustado los chicos misteriosos, solo que no me gusta ir diciéndolo por ahí.

-¡Claro, y yo nací ayer!-Se burló otra.

Korine puso una mano en la espalda de cada chico, y los empujó lejos de allí, ante la atónita mirada de las demás.

-Lo siento, pero habíamos quedado y tenemos prisa.-Dijo, y se fue hasta el quiosco de bebidas.

-H-hola, Naomi.-Saludó el mayor al pasar por su lado, divertido por la actitud de su prima.

Ella se limitó a sonreír y agitar levemente la mano. Mientras tanto, Korine se sentó a la sombra frente a los dos chicos que iban con ella. Miró los ojos verdes de Ryan, que no entendía esa actitud repentina de la chica, la misma que siempre lo invitaba a ir con su grupo para que viesen lo simpático que podía ser ahora lo alejaba de ellas. La morena se ruborizó cuando él la miró y ella apartó la vista. Su primo se sentó al borde de la piscina y metió los pies en el agua y Ryan se quedó a su lado, sin quitarse la gorra. Fue incómodo porque no se atrevía a hablarle a su mejor amigo, y es que una única pregunta rondaba su mente.

-Esto… Ryan…

-¿Sí?- El chico observaba el agua y ella sus propios pies.

-¿Puedo hacerte… una pregunta?

-Supongo.

-¿Estás…? ¿Estás yendo al gimnasio?

Ryan se puso colorado y contuvo el aliento unos momentos. No sabía qué responder a esa pregunta, ni entendía porqué se la hacía. Se rascó la cabeza y se dedicó a seguir a su hermana con la mirada, que jugaba con Galfore a quién sabe qué. Carraspeó.

-No, la verdad es que no. ¿Por?-Ella negó con la cabeza.

-Te he notado distinto. Quería saber si habías empezado a hacer deporte.

-Héctor me está entrenando desde hace unas semanas.-Ella se volvió tan repentinamente que Ryan pensó que se había hecho daño.-Sí, le pedí ayuda porque empecé a acomplejarme y, bueno… Está funcionando. No puedo ser lo que somos si soy débil.

-Pero no necesitas fuerza física.-Dijo ella.

-Pero me hará más resistente. Son todo ventajas, así que no voy a dejarlo.

-¿Hay algún motivo?-Se interesó la joven.-Además de lo de ser un héroe y eso…

-No, ninguno. Solo quería empezar a gustarme.

Se hizo de nuevo el silencio, solo roto por la vibración y el tono de un móvil. Korine estaba recibiendo una llamada y cuando cogió el teléfono desvió por accidente los ojos hacia los abdominales de Ryan, que empezaban a notarse, poniéndose más roja y tartamudeando.

-¿D-diga? ¡Papá!-Saludó.-Sí. ¿Para? V-vale, se lo diré.-Esperó unos segundos mientras Ryan la miraba.-Hasta ahora.

-¿Ocurre algo?-Se tensó su acompañante.

-Mi padre quiere que nos veamos con él en unos diez minutos.

-¿Crees que nos mandarán alguna misión?

-Lo dudo.-Sonrió ella, y fue a reunir al resto.

Cargados con sus bolsas y mochilas se encaminaron hacia el lugar donde les habían citado, cerca de la playa. Una vez allí vieron a sus padres aparecer y los guiaron por una calle sin salida. A pesar de sus preguntas, ellos solo sonreían y continuaban su camino. Raven los teletransportó sin previo aviso y se vieron en un largo pasillo, con una puerta a sus espaldas. Entonces Robin llamó su atención alzando un brazo.

-¿Quién de vosotros es el líder?-Quiso saber.

-Yo, señor Grayson.-Naomi se adelantó entre el grupo y se plantó frente al moreno de ojos azules.

-Te hago entrega de esta llave. Ahora es vuestra.

-¿Qué abre?

-El cuadro del sistema de seguridad de la Torre de los Titans.

-¡No!

-¡Estás de coña!-Saltó Héctor, riendo.

-¡La Torre T!-Se escandalizó Korine.

-Tu padre te enseñará a manejarlo. A todos.-Víctor abrió la puerta tras ellos y pudieron ver la sala de estar reformada, ordenada y limpia. Rachel encendió la pantalla que había frente al sofá, que era un ventanal, y esta mostró una imagen de Koryand'r.

-¡Hola!-Saludó la pelirroja y acto seguido enfocó hacia el edificio donde ellos se encontraban. Estaba totalmente reformado y se erigía nuevamente, como el icono que había sido para la ciudad.

-Cuando vean la Torre reconstruida sabrán que los héroes han vuelto. -Dijo Garfield, apareciendo ante la cámara que llevaba Koryand'r.- Y esos héroes sois vosotros.-Aclaró.

-Ahora os dejamos solos para conocer la torre.

-Naomi, ven conmigo a la sala de control.-Dijo Víctor.-Te enseñaré a controlar el sistema.-Ambos salieron, y tras ellos, los adultos que había en la sala.

-Os esperamos para cenar.-Se despidió Rachel.

Se quedaron solos en la Torre y se dedicaron a explorarla, e incluso a elegir habitaciones en las que tener su intimidad. Ryan escogió la de su madre, Crow la de su padre, Galfore la de Robin, Korine la de Starfire, Héctor la de Cyborg, y Naomi eligió una habitación vacía. Tim Drake se quedó con un dormitorio que no habían visto antes, que simulaba el desierto por la noche. Quería ver mundo, y por ello le gustó la habitación. Encontró en ella un joyero en forma de corazón bastante desgastado, y optó por apartarlo a un lado y continuar observando la estancia.

Ryan subió a la azotea, era la zona que más ganas tenía de ver, quizá porque de pequeño, al ver la serie, era la parte de la torre que más se veía, después del salón. Allí estaba Korine, cerca del borde, mirando al mar, con la melena ondeando al viento. Se acercó en silencio a ella y empezó a hablar.

-¿Tu también querías estar aquí?

-Tenía ganas de verlo, sí. Y es mejor de lo que imaginaba. -Aseguró.-Está muy bien eso de tener la torre, pero no sé si estoy preparada para quedarme aquí.

-¿Por qué?

-Sigo estando muy atrasada, en comparación con vosotros.

-¡Tu nos salvaste! Eres increíble.-Se atrevió a decir. Ella le miró, sonriente.

-Gracias, pero tengo mucho que trabajar aún para merecer estar aquí. Y vosotros también tenéis que entrenar.

-Sí, no te digo que no, pero no vamos a irnos por eso.

-Quiero llevar el antifaz de mi padre estando a su nivel, así que no voy a aceptar este regalo sin luchar por él.

-Era lo que esperaba de ti.-Añadió él con una leve carcajada. -Te tomas muy enserio tu sueño de ser una heroína.

-Creo que las cosas hay que merecerlas. -Se sentó con los pies colgando en el borde de la azotea, y Ryan la imitó.

-Desde luego. Yo tampoco creo merecer muchas cosas de las que tengo, pero no desprecio lo que el destino me depara. Creo que si me lo ofrece es por algo.

Korine lo observó durante unos momentos y él la miró y le sonrió. Cuando vio como mantenía la mirada fija en él también la mantuvo, y la chica se acercó un poco más a él. Estaba tieso, tenso, pero no se alejó. Korine aproximó su rostro al del muchacho poco a poco.

-Chicos.-Llamó Héctor.-Vamos a irnos ya.-Dijo. Korine se había alejado de Ryan súbitamente y se puso en pie- Ya vamos.-Ryan la vio sonreír. Se levantó y caminó tras Korine y Héctor para volver a casa.


*El comentario de Chico Bestia hace referencia Malchior, un personaje que apareció en la serie y mantuvo una estrecha relación con Raven. La había engañado y le había enseñado magia negra para que lo liberase del libro en el que estaba preso. Algunos os acordareis, otros no. Solo quería aclararlo. En lo referente a "rey mago" es porque Malchior se pronuncia Melchor, como uno de los Reyes Magos.

Si has llegado hasta aquí: gracias de nuevo por tu tiempo.

Se ha alargado más de lo que pensaba, pues había calculado que acabaría en junio con un total de veintiún capítulos, pero me gusta el resultado. Espero que a vosotros también y como dije al principio: espero veros pronto.

Este es el último capítulo, pero puede que no. ¿Quién sabe? Quizá suba un capítulo extra, como un epílogo o algo por el estilo...

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O quizá haya una continuación para formar la trilogía.