25. Parte.
Edward creía que para los mortales el tiempo pasaba de una manera muy distinta a lo que le ocurre a los inmortales. Los segundos, minutos y horas tienen un valor mucho más especial cuando no vas a poder volver a saborearlos y cuando uno es feliz las semanas parecen horas y los meses parecen días.
Cuando eres feliz.
Las ocho horas de vuelo desde Jacksonville a Seattle fueron las más eternas de su existencia. Más que los tres días de dolores insufribles durante su transformación o las torturas para volver a recobrar su mortalidad. El aire no le llegaba a los pulmones y le costaba tragar saliva. Quería cerrar los ojos para conciliar el sueño como el resto del pasaje pero sus pestañas se separaban por arte de magia.
Y el corazón le iba más deprisa que nunca antes.
No podía mirar a Bella, sentada a su lado. Desde que se apagó la lucecita de obligación de usar el cinturón de seguridad se había ovillado en su asiento poniendo las rodillas contra su pecho para apoyarse contra la ventanilla cerrando los ojos debajo de la capucha de su sudadera y de su presencia poco más podía ver que los cables de los auriculares de su Ipod para mantenerse totalmente sumergida en su mundo.
La había oído sollozar de vez en cuando porque sorbía la nariz, pero no había interactuado más.
Debía de estar aterrada, como él. Y sólo había un culpable. Él. Su nueva manera de hacerle daño ahora que no deseaba matarla. De su comportamiento… animal. Pero en cuanto aterrizaran y vieran a Carlisle seguro que él lo solucionaría todo. Les hablaría de aquella manera que sólo él sabía, le daría sentido a la situación y en unas horas despertarían de aquella pesadilla en los que estaban sumergidos.
Sólo era una pesadilla.
No quería entrar en detalles. No quería pensar en la grandiosidad de lo que estaban manejando porque quizás ni siquiera fuera capaz. Pensar que él, después de 90 años como inmortal podía ser padre…
Se le encogía el estómago de pensarlo.
No. Las cosas no debían de pasar así. Bella tenía que estudiar y madurar, hacerse adulta, viajar, disfrutar de todas aquellas cosas que él antes no le podía dar y entonces, cuando ella quisiera, pensar en una posible descendencia.
Descendencia.
Era una palabra más grandiosa que toda la situación en sí.
No, no existía, ni siquiera había pasado. No habían concebido a su hijo tras un arrebato en el que le arrancó la ropa o…
No. Entonces no podía haber sido. Habían pasado más de cuatro meses. Alice lo hubiera visto entonces, cambiar todo su futuro, este torbellino en el que estaban metidos. Y no es que se inmiscuyera mucho en los temas meramente femeninos de Bella, pero por supuesto que ella le hubiera comentado sus molestias mucho antes.
Pero eso le dejaba otras tres ocasiones factibles y una de ellas había sido dentro del coche.
Era hasta repulsivo pensarlo. Se moría de vergüenza sólo recordarlo.
Bella sólo cambió de postura cuando la luz indicativa de poner el respaldo en posición horizontal se accionó y la de obligación del cinturón de seguridad para el aterrizaje. Y después no separó los labios cuando la azafata comenzó a ordenar al pasaje para evacuar la cabina. Ni siquiera dio las gracias cuando él se ofreció a llevarle la mochila o al indicarle la parte de la terminal donde su familia les esperaría.
Entonces, algo ocurrió.
Caminaban en medio de los pasajeros sin poder avanzar un paso más por delante del otro - sin tomarse de la mano porque Bella las tenía muy bien guardadas en los bolsillo - cuando divisaron a Carlisle, Esme y Rosalie. Edward quiso hacer recuento y buscar la pequeña figura de Alice o incluso a Emmett que por seguro había acompañado a su pareja, si no a qué fin iba a estar allí esperándole a Bella y a él, cuándo ésta habló por primera vez.
A unos 20 metros de los Cullen, se detuvo, sacó las manos de los bolsillos para sujetarle del brazo y entrelazar los dedos e incluso quitándose la capucha que la amparaba, suspiró para decir:
-Lo siento, Edward. Espero que puedas perdonarme.
Y sin más, en medio de la multitud y la confusión, echó a correr hacia ellos. Esme se adelantó para recogerla en un abrazo y Rosalie se posicionó delante cubriendo incluso que pudiera ver la escena.
Quizás estuvo segundos parado, pero le parecieron horas, en los que sus piernas se hicieron de cemento y se pegaron al suelo.
-Edward, hijo, bienvenido a casa.
El abrazo de Carlisle le trajo de vuelta a la realidad, aunque no pudo corresponder y apenas dejó que se hiciera él cargo de sus pertenencias que tomó con mínimo esfuerzo sin apenas disimular a quien pudiera estar observando. Le miró con profundos ojos dorados y después suspiró:
-Bella está muy asustada y necesitaba hablar con alguien. Alice les contó lo que habías decidido y Esme y Rosalie están de su parte.
¿Parte? ¿Acaso había parte? ¿Era esto una guerra o algo por el estilo? ¿Alguien debía posicionarse del lugar de uno u otro? ¿Es que ellos no estaban del mismo lado?
-¿De…- balbuceó-… parte de Bella? ¿Bella quiere… seguir adelante?
Carlisle asintió y aunque Edward esperó una cara de resignación si es que él era el único aliado, le sonrió con pesar para darle un golpecito en el hombro antes de mirar a Rosalie que bloqueaba cualquier atisbo de Esme y Bella.
Y entonces no le hizo falta poder ninguno para saber qué ocurría allí: Esme la apoyaría sobre todas las cosas porque ella también había estado embarazada y sin querer había encontrado un nexo con Rosalie, cuyo único deseo había sido siempre engendrar un hijo.
Estaba solo, completamente.
Era el único que había querido comprender a Bella y sin querer la había apartado de su lado.
Ella si que no podría perdonarle jamás.
-Todo saldrá bien, hijo- dijo Carlisle en otro suspiro- Vamos a casa. Pareces exhausto.
Nota: Recuerda que en mi profile hay un link para un foro que he creado, aquí en fanfiction, donde discutir todo lo que está sucediendo en "Penumbra" o para preguntar tus dudas. A mayor número de comentarios... ¡más pronto habrá un teaser!
