Todos los personajes de esta historia pertenecen a Antena3 y Globomedia

FACTORES EXTERNOS

Y llegó el lunes. Pepa en su nueva casa. Hacia vida normal. Fue a trabajar al bar. Nadie sabia que trabajaba allí excepto Sara , y Silvia y ninguno iría ni diría nada. Nadie esperaría que una agente de policía trabajase en un bar. Don Lorenzo estaba nervioso, toda la comisaria lo había notado pero seguía con su trabajo y planeando el viaje a bruselas para dentro de 2 días. Sara y Lucas seguían con los casos que les habían asignado y Silvia se pasó el día en su laboratorio.

Aparentemente era un día mas en San Antonio. Pero tan solo aparentemente. Bermejo ya estaba en la calle y no había dudado en encontrarse con sus secuaces.

Los tres fieles compañeros habían esperado a que Chejo saliese de chirona para vengarse pero llevaban dos años fuera. Tiempo suficiente para conocer a sus victimas, tiempo suficiente para preparar la dulce venganza. Y como todo venganza se sirve fría ellos habían mantenido su cabeza y sus ideas bien congeladas. Tenían bien claro como harían daño a la agente traidora y a su cómplice el comisario. Se habían preocupado de estudiar a sus enemigos. Una traición así debería pagarse.

Conocían muy bien a Pepa y a Don Lorenzo y sabían como de un solo golpe, con una sola maniobra hacerles daño a ambos. Y así lo harían esa misma noche no esperarían mas. No pensarían que habiendo salido ese mismo día de la cárcel Chejo hiciese tal movimiento.

Allí se encontraban los cuatro, en sus posiciones, esperando a que su objetivo siguiese el camino que recorría todos los días al acabar su turno. Ningún mejor lugar que aquel un cruce de carreteras cercano a una rotonda con varias salidas. Si conseguían meter a su objetivo en el coche no podrían saber por donde se habían marchado.

Y entonces apareció, como todos los días, pero hoy con el paso mas ligero debido a su estado emocional. Su nerviosismo se notaba en su caminar pero también reducía su capacidad de reacción. Se encontraba a escasos metros de el coche que la esperaba. Jamas hubiese adivinado que por detrás de ella aparecería aquel hombre que con pañuelo en mano la inmovilizo haciendo que inhalase cloroformo.

Ya la tenían, ya estaba listo. La pelirroja inconsciente en el maletero y ellos en el coche camino a un lugar tan solo conocido por ellos. Todo les había salido bien. Solo tenían que esperar a ver sufrir a sus queridos policías.