Un par de pálidas manos se apoyan en el suelo. Maya está de rodillas, cabizbaja y algo triste, pues no puede concebir la idea de que la tan ansiada fuente de energía sea una niña muy pequeña: A pesar de pertenecer a un grupo de mercenarios, Maya tiene un corazón de oro y adora a los niños, y ahora tendría que arrebatar a una pequeña de sus padres… Eso la tiene mal… muy mal.

¿Qué debo hacer…?

Ella levanta su cabeza, enfocándose en tan infantiles e inocentes ojos… Expresivos y llenos de curiosidad…

No puedo…

La musa se levanta, da la vuelta y empieza a caminar, revelando una lágrima en su ojo izquierdo: Ella simplemente no puede cumplir con su misión. De repente…

Eres Maya. ¿Cierto?

Ahora Maya queda en shock, dándose la vuelta para encarar a la pequeña. – ¿Cómo sabes mi nombre?

Una amiga me lo dijo…

¿Una amiga?... ¿Cómo es posible?... ¿Cómo alguien sabe sobre su identidad si es la primera vez que visita ese planeta? Estas y otras preguntas rondan por la cabeza de tan confundida joven. – ¿Una amiga?

Sí. – Mich da un par de pasos, aún enfocando sus ojos en la visitante, acomodando su pequeña mochila rosa tras sus espaldas. – ¿Sabes? Mi mami me dijo que no saliera con extraños.

Es un buen concejo.

Yo no salgo con extraños. Pero mi amiga me dijo que tenía que irme contigo.

¿Qué cosa? – Pregunta la musa, sorprendida por las palabras de Michelle. – ¿Acaso piensas venir conmigo?

Sí.

¿Y qué hay de tus padres? Ellos se preocuparán mucho.

Lo sé. Pero… – Mich baja un poco su cabeza en señal de tristeza. – Tengo que ir.

Ya no hay remedio: Ella intentó acabar con eso, dejar a la pequeña con sus padres, y si Andros o cualquiera del grupo le preguntaba ella simplemente daría una excusa, pero… las cosas salieron de control: Esa niña, a pesar de su corta edad, a pesar de su inocencia, a pesar de su escasa experiencia sobre la vida, siente que su deber es ir con ellos, por lo que finalmente Maya accede, tomándola de la mano, marchándose juntas.

Tras ellas, oculta entre las sombras, puede verse una silueta femenina, alta y con llamativos ojos violetas, quien sonríe. – Buena suerte, pequeña Guardiana.


Vegeta arroja un sinnúmero de Ki-Blasters hacia su obeso oponente. Éste último, a pesar de su lentitud, logra eludir tales ataques gracias a sus escudos de energía, algo que enoja al Saiyajin. – Así que piensas seguir ocultándote tras tus juguetitos… ¡JA! Qué decepción me das… ¡Ven y pelea como los hombres!

Lo haría con gusto. – Responde Niel, quien coloca su mano sobre un dispositivo que tiene sobre su oreja izquierda. – Pero ya no tengo nada que hacer aquí. Así que me largo.

Como quieras. – Responde Vegeta, cruzando sus brazos, mostrando indignación. – De todos modos no valía la pena pelear con un insecto como tú. – Finalmente, cada cual se dirige hacia sus respectivos destinos.


Cellina camina por los alrededores del apartamento, buscando a su amiga. – ¿Mich?... ¿Dónde estás? – No hay respuesta, algo que la preocupa mucho. – ¿Michelle?


Trunks y Andros continúan luchando, utilizando sus habilidades especiales, cada uno dando todo su empeño para derrotar a su oponente. De repente, el capitán se coloca una mano sobre un dispositivo en su oreja izquierda, mostrando una sonrisa llena de satisfacción, así que se detiene ante la sorprendida mirada de su rival. – Mi misión ha sido cumplida: No tiene caso seguir perdiendo el tiempo contigo. – En este momento, él se eleva rápidamente y vuela hacia el lejano horizonte.

El Joven Briefs sólo está estático, en blanco, confundido, al igual que los demás. Él se acerca a su esposa, aún en shock, mirando por todas partes. – ¿Qué ocurrió aquí? – No hay respuesta, pues ella está tan sorprendida como él.

Todos miran en dirección hacia donde se fue el desconocido, aún preguntándose qué había pasado.


Andros llega a la nave, muy serio como de costumbre, caminando lentamente hacia la cabina principal donde se encuentran reunidos todos los tripulantes. El joven se dirige a Maya. – La hallaste. ¿Cierto?

Sí… – Responde la musa, con un tono lleno de tristeza. Enseguida, ella mira en dirección a una entrada. – Ven.

Acto seguido la pequeña Michelle se asoma por la entrada, ingresando a la cabina. Andros muestra confusión, mirando a la infante. – ¿Acaso esto es una broma?

No, capitán.

Pero… ¡Esto es inaudito!... ¿Cómo puede haber tanta energía en una criatura tan insignificante? – No hay respuesta, pues nadie puede responderla. El capitán está simplemente anonadado, caminando alrededor de la pequeña, observándola de manera detallada… Luego se sienta y suspira colocando su gran mano sobre sus ojos. – Niel…

¿Sí, señor?

Larguémonos de aquí: Ya empieza a darme jaqueca. – El hombre asiente y se marcha, y rato después la nave despega a toda máquina.


Trunks y Andie vuelan juntos en dirección a su hogar, cuando al cabo de unos segundos el pelilavanda recibe una llamada en su celular. Él atiende. – ¿Meg?... ¿Qué sucede?... ¿QUÉ!


Andie se encuentra sobre el sofá, con sus ojos humedecidos, temblando, llena de nervios. Meg se le acerca y le ofrece una taza de té, la cual rechaza.

Mientras tanto, Trunks interroga a Cellina. – ¿Estás segura de que no sabes nada?

No, señor. – Responde la androide, mostrando tristeza a través de sus ojos. – Ella estaba conmigo, y luego se fue.

¿Pero no te dijo nada? Debe…. Debe estar jugando a las escondidas… sí… eso debe ser… – El Saiyajin está lleno de angustia, dándose falsas esperanzas para poder afrontar tan terrible situación. – ¿Están jugando, cierto?

No. La busqué por todas partes.

No se molesten en buscarla… – Trunks queda petrificado al oír esa voz tan familiar, dándose la vuelta y descubriendo que, cerca de la ventana, se encuentra nada más y nada menos que Oracle, quien los observa con su característica serenidad. – No la encontrarán… No ahora.

Oracle… – Ahora, los seductores ojos azules del príncipe Saiyajin empiezan a mostrar enojo, pues ella debe saber lo que le ocurrió a su hija… de hecho, ella tal vez esté involucrada en su desaparición. – Dime lo que le ocurrió a Michelle.

Ella fue enviada a cumplir su primera misión.

¿QUÉ! – La joven pareja muestra asombro, ira y decepción, en especial Trunks, quien toma a Oracle por sus ropas, acercando el rostro de ella al suyo. – ¿Cómo que fue enviada a su primera misión?... ¿Cómo pudiste permitir tal barbaridad?

Joven Trunks, recuerda que ella es El Guardián. Entienda que…

¿ENTENDER?... ¿HAS DICHO ENTENDER?

Por favor, cálmese.

¿CÓMO QUIERES QUE ME CALME?... ¡SE TRATA DE MI HIJA!

Lo sé, pero ya este viaje estaba predestinado… – En esto, Trunks libera a la pitonisa para sentarse al lado de su esposa, abrazándola de manera protectora, así que Oracle sigue hablando. – Pues ese es apenas uno de los pasos para cumplir con la profecía…

La profecía… – Interrumpe la zionita, quien encara a Oracle. – Gracias a esa "dichosa" profecía Trunks y yo estuvimos a punto de morir, la Tierra estuvo a punto de ser destruida y ahora mi bebé está lejos… (sniff) ¿Acaso todo tiene que ser de esa manera? (sniff) ¿Acaso debemos pasar por todo esto para, supuestamente, salvar el universo?

Temo que sí, princesa Andraia. Entiendo su dolor, créeme…

No… No lo entiendes… – Suspira Trunks, lleno de resignación. – No se trata de que Michelle sea o no El Guardián… Se trata de que una niña de apenas 3 años de edad está en estos momentos sola y en algún lugar desconocido. Eso nos angustia, Oracle, y nunca entenderás eso porque de seguro no has tenido hijos…

No he tenido hijos propios, pero he vivido mucho más que tú, príncipe Trunks… He guiado a muchos jóvenes como ustedes, muchos niños como Michelle, y a muchos los he considerado como mis propios hijos… Y casi todos han muerto, ya sea en batallas, ya sea por la edad. Por eso puedo afirmar que entiendo perfectamente lo que siente. – Ella se acerca a la pareja, mirándoles con su inquebrantable calma y sabiduría. – Sé que están angustiados y algo molestos, y entiendo su razón. Pero quiero que ambos entiendan que esta experiencia que vivirá su hija servirá como adiestramiento, preparándola para el futuro sombrío que está por venir.

Volverá… ¿Cierto? – Pregunta, Andie. – ¿Mi niña volverá?

Por supuesto, y más pronto de lo que imaginan. Les aseguro que ella está a salvo, pues se encuentra al lado de alguien sabio y confiable. No se angustien.

¿Podemos confiar en ti?

Por supuesto. Sólo les pido paciencia. – Enseguida, Oracle se dirige a la ventana, encarando a los jóvenes. Un rayo de luz surge del cristal en su báculo, así que ella dice sus últimas palabras. – He cumplido con informarles. Ahora me retiro, pero volveré el día en que Michelle regrese. – Finalmente, ella desaparece en medio de un rayo de luz, dejando solos a los Elegidos.


Desde las afueras de la órbita lunar, Michelle observa al planeta Tierra, su hogar, siendo la primera vez que lo ve desde esa perspectiva, pero también la última vez, en mucho tiempo.

En ese momento, Andros toma a la niña por sus ropas, como si fuese un cachorro, llevándosela a un área cerrada, cuya única entrada está bloqueada por un campo de energía. Él la deja allí, observándola fríamente, pero al dar la vuelta se encuentra a Maya, quien lo mira un poco molesta. – ¿Qué hace?

¿No lo ves?... ¡Encerrándola!

¿Cómo a una prisionera? Ella vino por su propia voluntad, no debería hacerle esto.

Oh, por favor, Maya: No me vengas con tus discursos. No puedes decirme lo que debo o no debo hacer.

Señor, ella no debería ser tratada así. Deberíamos ubicarla en otra parte.

Vaya… ¿Acaso la fuente de energía no soportará estar en una prisión? – Dicho esto, Andros se dispone a marcharse, pero la musa lo detiene. – Olvídalo, Maya.

Capitán, tal vez ella sea la fuente de energía, pero sigue siendo una niña.

Ella se quedará allí. – Acto seguido él da la vuelta para encarar a la joven. – Hagas lo que hagas, digas lo que digas, no cambiaré de opinión. ¿Está claro?


Bueno, aquí es.

Maya entra a su cuarto, seguida por la minúscula Centaury, quien se sienta de un brinco en la cama, colocando su mochila rosa a un lado. La musa la observa con una tierna sonrisa dibujada en sus labios, sentándose a su lado. – Bienvenida a mi alcoba.

Gracias. Es muy bonita.

Sí…. Es pequeña, pero cómoda, y definitivamente aquí estarás mucho mejor que en esa prisión. Debo reconocer que me costó un poco convencer al capitán de sacarte de allí, pero al final lo logré. – Dicho esto, ella guiña un ojo y sonríe nuevamente. A los pocos segundos la joven se levanta de la cama y se dirige a la puerta. – Descansa un poco. Luego te hablaré de los demás. ¿De acuerdo?

Sí. – Michelle sonríe, acomodándose en la cama, quitándose los zapatos y recostándose de un lado, hasta que logra conciliar el sueño.


Andros está acostado en su cama, pensativo. – ¿Cómo es posible que me haya dejado convencer por Maya? – Él suspira, mirando luego en dirección al ventanal para observar las estrellas. – Definitivamente la especie femenina es muy misteriosa: Logra convencer a cualquier hombre de hacer cualquier cosa… y claro, uno como imbécil cae en sus juegos…sólo porque son… hermosas… – Sin darse cuenta, él sonríe levemente, aún mirando las estrellas, mientras la imagen de su subordinada cruza por su mente. – Maya…

En ese instante él reacciona, sentándose y colocando su mano sobre su cara, mientras suspira. – ¿Por qué?... ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ella? – Ahora él se levanta, se quita el chaquetón, dirigiéndose al ventanal, quedándose allí inmóvil, preguntándose si en verdad la pequeña "prisionera" posee esa tan ansiada energía…


Nota de la Autora:

Al fin publiqué un nuevo cap! Lo tenía en la compu, peronegocio de mipapá(y mi comic) me tienen el tiempo full.

Gracias a todos aquellos lectores que me han dado su apoyo a lo largo de Xtreme Dragon Ball. Un abrazo y un beso para todos.

Sayonara.