Peligro en el bosque
-No deberías de silbar…-dijo Milo, rompiendo el silencio que reinaba en el grupo.- aun es de noche…
-¿Y eso? Me explica la razón de su pedido, príncipe Milo-pregunto educadamente Cristal.
-No me digas príncipe-Milo soltó un bufido bajo el capuchón de su capa- y no debes silbar, eso llama a los espectros.
-¿No me digas que crees en esas cosas?-Camus le dedico una mirada escéptica desde debajo de su capuchón. Los caballos iban a un paso ligeramente veloz, no podían exigirles un trote o se agotarían.
-¿Y que sí creo en esas cosas? -Milo busco de reojo la mirada de Camus- ¿tienes acaso algún problema…?
-No, solo digo que me llama la atención que creas.
-Explicas…
-Pensé. Que siendo una persona, aislada del mundo… No te dejabas llevar por supersticiones.
-Camus, con esas palabras… Diría que eres un ratoncillo de biblioteca.-El príncipe del norte detuvo su montura, lo que provoco que la de Hyoga "chocara" con él.- ¿pasa algo?
-Sabes… una de las últimas cosas que me dijo mi madre… Era que dejara los libros y saliera a tener "una aventura"-gruño el príncipe, apretando los dientes. Haciendo que todos le miraron algo sorprendidos- Quisiera saber… ¿si esto para ti es una aventura…? Porque para mí, es una pesadilla.
-Lo será, si salimos con vida…-informo Saga. Poniendo punto final, con su tono de voz, a la posible discusión.- Déjense de pelear y compórtense…
-"Como los futuros reyes que seremos"-dijeron los dos príncipes al mismo tiempo, robándole una pequeña risa a Shura.
-¿A ustedes le dicen lo mismo?-pregunto el joven rey.
-Al parecer… es un comentario típico de los padres…-comento Saga distraído.- estense atentos.-en eso notaron que el gemelo tenía la mano en la empuñadura de la espada que llevaba en la cintura.
-Saga, solo son sombras…-informo Izo, mientras miraba todo de reojo- ¿saben cómo se llama este bosque?
-No.-fue la respuesta colectiva.
-El bosque del fantasma.-puntualizo el chico, que quería distraer al grupo. Aun se sentía la tensión entre Camus y Milo.
-Por qué será…-comento irónico Shiva.
-Antes, era Bosque Negro.-comenzó el chico- pero según rumores un fantasma de un guerrero caído pena en este lugar y mata a todo aquel que entre al bosque.
-Entonces, que el general Cristal no vuelva a silbar.-Lithos montaba cerca de Izo eh iba con los ojos cerrados. – Lo que menos queremos, es que el fantasma nos cace… Mucho tenemos con los caza recompensa.
-Lithos, la idea era distraernos un poco…-gruño el joven de cabellera oscuro.
-Izo, tocaste tema de fantasmas. Que es lo que originó la disputa, lo único que provoca el traer de nuevo el tema… Es avivar un fuego que en cualquier momento se apaga.
-Tu voz… suena adormilada.-informo Hyoga, quien se acercó a la joven- ¿está bien general?
-Estoy cansada, Hyoga, solo eso me pasa.
-¿A quién pertenecen estas tierras?-pregunto Argol, solo para hacer tema.
-Ah…-Izo comenzó a hacer memoria, dado que no quería sacar el mapa.-Barlog…
-¿Es una broma?-pregunto Saga, mientras se daba vuelta y miraba al chico- ¿es territorio de Lune Barlog?
-Sí.-Informo Izo, mientras hacia una ligera mueca.
-¿Te suena?-pregunto Alexei.
-Mucho, es el consejero militar de Minos.-Lithos mascullo una palabra en Lintia, ante las palabras de Saga.- ¿con esos mismos labios dijiste madre?
-Sí y no abuses de mi paciencia.
-Despertaste a Lithos…-comento Milo, tratando de sonar lo menos burlón posible- le hubieras dejado dormir… Ahora va a estar de mal humor todo el viaje.
-El castillo esta al Este. No pasaremos ni cerca o eso creo. Tendríamos que saber en qué zona precisa del bosque estamos…-informo Izo, mientras miraba las estrellas.- fuera de los límites del bosque… Ahí está el castillo.-repitió.
-Una buena…-mascullo Alexei por lo bajo. Aunque todo dependía del lugar, del bosque, donde se hallaban.- ¿Qué tenemos más adelante?
-¿Lo peor…?
-Si-dijeron todos al unísono.
-Un pantano… -informo Izo- yo le atravesé por el camino real… -comento algo pesimista, notando el pequeño detalle que se estaban pasando por alto.
-¿Cuánto tiempo nos tomaría rodearle?-se aventuró a formular la pregunta, que nadie quería hacer, Milo.
-Nos tomaría un mes… o tal vez más… Según el mapa, es inmenso…-informo pesimista Izo- la única opción que tenemos… es buscar un camino ya existente o correr el riesgo de entrar y quedar en las fosas.
-cuando estemos ahí… veremos que haremos-sentencio Camus- de mientras, debemos concentrarnos con el ahora…
-Y con el hecho de que, a más de uno, les gruñe el estómago.-apunto Jabu, que ya había contado a cinco con estómagos gruñones.
-Jabu…-le gruño Yato, por lo bajo, aunque tuvo que callarse dado que su estómago gruño por comida.
-Yato.-Milo le miro y le sonrió- Hay un viejo dicho que dije: "Puedes engañar a la mente del pueblo, pero jamás a su estómago."
-Oh como dice otro… "A barriga llena, corazón contento".
-Ese dicho es de niños… Lithos-Apunto Shura, ocultando una sonrisa que quería formarse, tras una seria expresión- No te hacía, conocedora, de ese tipo de palabras.
-Una vez, fui niña… Shura.
Castillo de Barlog. Al mismo tiempo.
-Si entran al bosque… están perdidos…-informo el hombre de cabellera blanca, mientras miraba un mapa de sus tierras- eh llenado ese lugar con mis mejores cazadores.
-Señor…
-Que quieres, Marquino.-el hombre levanto su mirada amatista del mapa.
-Se olvida del fantasma.
-Los fantasmas no existen, Marquino.-el hombre tomo el látigo que reposaba a un costado de la mesa- ¿Cuántas veces debo decirlo?
-Lo siento, señor, es que…
-Es que… ¿"que"? Marquino-el hombre le miro con indiferencia- ¿Porque entras con esa cara, de perro asustado, e importunas mi calma?
-Encontraron a dos grupos de cazadores muertos… Señor-El movimiento fue veloz, antes que pudiera hacer algo, tenía el látigo enroscado en el cuello.
-Entonces, están en el bosque, Marquino.-informo mientras se acercaba, manteniendo el látigo tirante- No es tanta ciencia, hasta el más idiota de los pueblos linderos llega a esa deducción.
-Señor…
-Marquino, desaparece de mi vista o juro que lo lamentaras.-informo el hombre, mientras dejaba libre el cuello del sirviente- largo.-el hombre se apresuró a irse, dejando al teniente solo.
-Idiota supersticioso.
Bosque del fantasma.
-¿Qué sabes del fantasma?-pregunto Milo, mientras se tapaba la boca con parte de su capuchón.- mínimo… llevan tres días.-informo, solo se habían acercado tres porque era inevitable no sentir la podredumbre.
-Por el estado de descomposición…-comenzó Camus, que se tapaba la boca y hacia un esfuerzo para no vomitar- llevan cinco días… No tres...
-Volvamos con los demás… ahí les digo lo que se…-informo Izo, que seguía tapando su boca y nariz.- dioses… que olor…-los tres jóvenes, hicieron girar a sus monturas y volvieron con los demás.-Cadáveres, todo indica que son cazadores de recompensa…
-Alejémonos… de esta podredumbre… es fatal.-informo Alexei y no era el único que tenía esa opinión. La peste, estaba agriando con su asquerosa fragancia la nariz de más de uno.
-¿Hace cuánto que existe el fantasma?-pregunto Milo, mientras Camus ponía los ojos en blanco.
-No se… son varias versiones, pero todas están de acuerdo que solo mata de noche.
-Yo creo que murieron en manos de un mortal, los muertos no sujetan espadas-informo Alexei, completamente escéptico. Camus asintió ante sus palabras- ah de ser… una persona que escapo de su cautiverio- dijo. Antes de decir la palabra "esclavo", prefería extender sus palabras.
-Pues si lo es… capaz que nos ayude…-comento Hyoga, los mayores se miraron entre ellos- ¿Qué pasa?
-No todos, nos ayudaran príncipe Hyoga -Regulus miro al joven rubio- mi padre me conto, de un soldado, que vendió a todo su escuadrón a cambio de su vida.
-Creo que entendí el mensaje…-informo el muchacho, mientras bajaba la vista- lo entendí a la perfección.
-El mundo es así.-Milo le miro con algo de pena- solo salía del palacio, para las batallas, en compañía de mi padre… y su legión. Te aseguro, que me había costado creer que lo dicho por mi padre era real… Bueno, en realidad, se quedó corto.
-Con lo que eh vivido, me parece que eh conocido bastante del mundo-informo Hyoga, mientras dejaba libre un suspiro.
-Eres un niño, si consideras que ya lo has vivido todo.-Lithos se arrodillo a su lado y le puso una mano amistosa en el hombro- que nos espera para los mayores… o para el General Cristal…-le guiño un ojo amistosamente- solo has visto una cara del mundo- cuando estés junto a tu padre, veras la otra cara… La que hace que la vida valga la pena y la que provoca que todos levantemos nuestra espada para defenderla.-Hyoga asintió- Hyoga, la vida no es lo que parece…-tomo al niño del mentón- puede parecer cruel… pero detrás de esa oscuridad siempre hay luz.
-Hay que atravesar oscuros senderos, para llegar al valle soleado-concluyo Alexei, algo abstraído en sus pensamientos.- está saliendo el sol…
-Debemos comer algo…-informo Saga, mientras Hyoga se levantaba del suelo.- si es que después de la peste nos queda ganas de comer.
-Yo paso…-Milo hizo una mueca- si como ahora, creo que vomitare…
Sala de alquimia, Castillo de Barlog.
El teniente entro a la sala de alquimia. Encontrado a la única esclava, que podía estar en ese lugar, durmiendo sobre unas pieles. Se acercó a esta, mientras iba corriendo algunas de las cortinas. No todo, lo que estaba en ese lugar, podía estar a la luz.
-Arriba.-la joven se removió sobre las pieles- ¿Por qué razón te cuesta tanto despertarte? Si es imposible, que te salgas de esta habitación.
-El amo, me ordena limpiar todo antes de dormir.
-Sé muy bien, que te ordeno.-Replico fríamente Lune, mientras acariciaba el mango de su látigo.- no puede llevarte tanto, limpiar, si solo usamos algunas cosas…
-¿Usted quiere que solo ordene lo utilizado?-pregunto la joven, cordialmente.
-Por supuesto, ordenar todo es una pérdida de tiempo. –informo Lune, mientras alejaba su mano del látigo.- sabes… Hubo más muertos en el bosque…-El hombre se acercó a la muchacha que mantuvo su semblante inmutable.- la gente sigue acusando a un fantasma…
-Los fantasmas no existen, amo.-el sujeto tomo una de las muñecas de la chica y la torció, sintiendo el aroma en sus dedos.- ¿Amo?
-¿Estuviste jugando con el fosforo?-pregunto mientras torcía un poco más la muñeca.- los esclavos, son caros… en algunos casos. Más si estos, tienen algún conocimiento. Esclavos, con conocimiento de alquimia… son raros y aún más caros.
-Se me cayó un poco de fosforo, mientras limpiaba, lo lamento amo… No se volverá a repetir-dijo la muchacha mientras intentaba liberar su muñeca. Lune torció un poco más la muñeca y aprecio la mirada aterrada de la joven- no me azote… no se volverá a repetir…
-Vales mucho… para andar maltratándote… Es posible, que seas la única esclava con conocimiento de alquimia.-le soltó la muñeca- a trabajar… pero no cometas otro error, porque te vas al poste…-cuando le dio la espalda a la chica, para dirigirse al ordenado escritorio. Recibió una peligrosa mirada verde oscuro, por parte de la esclava que hace solo unos momentos se había mostrado intimidada.
En la escalera se escucharon pasos, Lune dejo lo que estaba haciendo y miro la entrada. Mientras la esclava tomaba los ingredientes, que su amo ya no usaba, y les guardaba. La puerta se abrió y entro un hombre de cabellera rubia y armadura oscura.
-Lune… ¿Jugando con tus mezclas?-pregunto el hombre burlón. Lune levanto la vista y miro a su esclava, quien se alejó de los hombres y se acercó a una jarra con agua. – Me entere, que perdiste cazadores en el bosque…
-No es nada del otro mundo…-comento mientras miraba de reojo a su esclava.- hay que tener en cuenta, que son soldados… Era de esperarse, que mataran…
-La gente acusa al fantasma, dado que no hay rastros de caballos cerca de los cuerpos… Y las armas siguen ahí.
-Los fantasmas, no existen.-informo Lune. Mientras la joven le daba una copa, de plata, al invitado y otra a su amo.-es solo una idiotez de los hombres mediocres…-el otro soltó un gruñido y se bebió el contenido de su copa. Sintió un sabor raro, cuando bebió el contenido de la copa, vio como la esclava, ponía algo en manos de Lune- tienes que tener en cuenta, que la copa te la dio una esclava… Nunca bebas una copa, que una esclava, te da sin pedírsela…
-El… me…
-Sí, estás envenenado, aquí está el antídoto…-informo Lune, mientras le mostraba un pequeño frasquito- no vuelvas, a importunarme con tus estupideces Byaku… o la próxima vez no habrá compasión de mi parte.-le dio el antídoto al otro.- te sentirás mal por un rato, pero ya no morirás por envenenamiento…
-Lune… eres un maldito…-mascullo el hombre, mientras salía. Cuando la puerta se cerró, Lune se dio vuelta y miro a su esclava quien se hallaba acomodando a unas cosas. Se acercó a esta, le separo de la estantería y le tomo del cuello. Para luego estrellarla contra uno de los muros…
-¿Amo?...-la chica apenas podía articular palabras, debido a la presión que se ejercía en su cuello.
-No tenías por qué envenenar a Byaku…
-Pensé… que quería que hiciera eso…-logro articular la joven, Lune miro fijamente a la chica para luego apoyar su frente contra la de ella.
-Si yo no te lo ordeno, no tomes iniciativa en nada. ¿Entendido?-la chica asintió lentamente- Recuerda, a quien le debes la vida... sacerdotisa.-el hombre le soltó el cuello y miro fijamente a la chica- esta noche, saldré a buscar a los idiotas que andan en mis dominios... -informo, mientras la antaño aprendiz de sacerdotisa se refregaba el cuello- creo que debería de impregnar las puntas de las flechas con veneno... o con esa toxina paralizante que me trajeron del norte... ¿Qué opinas?-miro a la chica. Quien medito un poco, sus ojos miraban el látigo que reposaba en la cintura de su amo.- te hice una pregunta... el látigo no te dará la respuesta.
-Si quiere matarles, veneno-la joven miro hacia un lado- si les quiere vivos... debe impregnar apenas las fechas con el paralizante, en exceso podría matarles... Aún no ha averiguado hasta qué punto deja de paralizar y se vuelve letal.-el peliblanco sonrió de medio lado, mientras se acercaba a la joven.
-Brillante, muy buena deducción era la que esperaba oír.-informo mientras tomaba a la joven del mentón.- el otro día te escuche llorar, no entiendo la razón, eres una esclava brillante...-informo mientras subía apenas la manga de la camiseta de la esclava y dejaba a la vista su signo de esclavitud- sin duda, tuviste mucha suerte de que se me ordenara coordinar el ataque al templo. Cualquier otro, se hubiera fijado en tu cuerpo y no en tus conocimientos...- limpio una lagrima que se había escapado de los ojos de la joven.- La próxima vez, que llores, recuerda que tu destino pudo haber sido mucho peor...
-Sí, amo.-replico la joven. Tenía que darle la razón al teniente de Elíseos. Por lo que había escuchado, las pocas veces que podía salir de esa habitación, su "amo" era el más tolerante y quien mejor trataba a sus esclavos.
Aunque también estaban esos momentos en que se mostraba agresivo o cuando castigaba por alguna impertinencia que "no podía ser tolerada". Lune, se había tomado la molestia de comprar esclavos "cultos", personas que antaño habían sido sacerdotes o tenían el conocimiento básico de lectoescritura. Las esclavas mujeres eran contadas, dado que en su opinión estas distraían fácilmente a los guardias. Las que había, eran cuidadosamente vigiladas por el propio Lune. Quien no toleraba los embarazos "no deseados" y se encargaba personalmente de castigar a aquel que fuera responsable, de que su esclava, estuviera gestando una criatura que claramente había sido concebida a la fuerza.
A la hora del almuerzo, Lune comía en un cómodo escritorio que se hallaba delante de un amplio ventanal. La ex sacerdotisa estaba sentada sobre un almohadón purpura oscuro y tenía las manos juntas sobre su regazo.
-Separa esas manos, ahora-gruño el teniente, cuando le pareció percibir una connotación religiosa en la forma que se hallaban juntas esas manos.- te eh dicho algo... con respecto a eso.
-Lo lamento, amo. No se volverá a repetir.-informo la joven, agradeciendo que su mirada gacha no fuera percibida por Lune. Por dentro, ansiaba matar al teniente que había acabado con todos aquellos que habían habitado el templo y se hacía llamar noble por haber perdonado solo unas cinco vidas. El hombre le tendió una pequeña costilla de liebre, una de las varias que se hallaba comiendo, la joven la tomo y luego de agradecerla comenzó a comerla en silencio.
Bosque del fantasma.
Entre los jinetes, el cansancio era notable. No habían podido descansar como se debía y las fuerzas comenzaban a fallarles. Izo cada tanto se refregaba los ojos y trataba de espantar al cansancio con una charla sostenida con Milo. Quien a su vez, intentaba mantener despierto a los cuatro jóvenes rubios. Regulus se estiro, dejando en claro que el cansancio que imperaba sobre él en cualquier momento les vencía.
-Tenemos que parar, varios están cansados.-anuncio Milo, quien veía como Jabu cabeceaba en su silla.- no podemos seguir… por hoy, tenemos que dejar de la cabalgata.- a pesar que el orgullo se lo impidiera a la gran mayoría, descendieron de sus monturas y comenzaron a caminar buscando un sitio propicio para acampar antes que el sol se ocultara por completo.
Campamento.
-Voy a buscar ramas…-informo Izo, mientras observaba las pocas que habían quedado de la recolección anterior. Regulus se levantó del lugar donde se había sentado y se dispuso en acompañarles.
-Deberías de quedarte Regulus…-comenzó Milo- estas, obviamente, agotado.
-Solo serán unas ramas…-informo el joven rubio, mientras se iba tras el hábil mercenario. Milo miro a los restantes integrantes del grupo y dejo libre un suspiro. Jabu, ya había sacado una manta de su alforja y se había echado a dormir. Siendo el más pequeño del grupo, nadie protestó ante su acción. Al poco tiempo, a su cansancio, le siguió Hyoga quien tampoco era ya capaz de estar otro minuto sin dormir un poco. Milo termino sentándose en el suelo, mientras observaba a lo único que tenían de como combustible prenderse fuego.
Ya había comenzado a terminar de ocultarse el sol, cuando noto que Izo y Regulus tardaban mucho en regresar. Se levantó de donde estaba sentado y comenzó a realizar el "camino" que habían tomado antaño sus camaradas.
En otro sector del bosque.
-¿No puedes hacerlo más rápido?-pregunto Regulus, quien se hallaba colgando de una rama, preso en una red de caza.
-Reg, si lo hago rápido, puede que cuando corte los hilos sin mirar te caigas y te rompas algo…-informo, mientras continuaba cortando cuidadosamente distintos hilos de la red.- ya casi ter…-no pudo terminar de formular la oración. Dado que una flecha se incrusto en la parte superior de su brazo, poco antes de la articulación. No llego a quitarse la flecha, dado que su vista prontamente se hizo borrosa y cayó de rodillas. Su cuerpo se negaba a responder a las órdenes dictadas por su sistema nervioso. Escuchaba a lo lejos, la voz de Regulus que le decía algo relacionado con el levantarse…
-¡IZO! –El chico saco su cuchillo y comenzó a cortar distintas partes de red. Al final, Izo tenia razón y casi le terminaba de liberar dado que luego de cortar cierta unión cayó pesadamente al suelo. -¡IZO!-El menor se arrodillo junto al chico que, claramente consiente, no podía mover su cuerpo. Escucho el ruido de caballos y armo su arco. Al poco tiempo fue rodeado por los jinetes, recibiendo una sonrisa burlesca de más de uno de estos.
-Tira el arco muchacho-ordeno, quien parecía ser el jefe. Regulus, aun con una rodilla en tierra tenso su arco y apunto al pecho del sujeto- antes que logres dispararme, ellos le habrán disparado a tu amigo… Baja el arco y te prometo, que tu vida y la de él están aseguradas…-Regulus miro de reojo a Izo, quien seguía en el suelo tratando de comunicarse con él. Solo consiguiendo que, de su boca, salieran extraños sonidos que nada decían.
-¿Qué le hicieron?-pregunto, mientras seguía apuntando al corazón del líder del grupo.
-Una flecha, con un veneno paralizante… La toxina actúa muy rápido y paraliza al receptor.-informo tranquilamente el albino- deja el arco, de nada te sirve pelear un combate que ya está perdido…
-Solo pierdo, si no peleo… -Informo Regulus, que aún no dejaba su anterior posición.
-Tu rostro… me es familiar de algún lado-informo el albino- baja el arco o la siguiente flecha.-dijo mientras sacaba otra del carcaj que pendía de la silla de montar- será venenosa… Sería una pena, que tu amigo o lo que sea tuyo muriera… -informo mientras colocaba la flecha en el arco, pero no le levantaba.- deja ese arco… o le matare.-Regulus cerró los ojos, mientras bajaba el arco.- déjalo en el suelo.-el chico obedeció- patéalo hacia aquí y tira tu espada.-cuando abrió los ojos, noto que el hombre ahora si le apuntaba con el arco.- se llama tener cuidado, cambia esa cara chico, no planeo matarte…-aun, no planeo hacerlo. Regulus quito la única espada que tenía en su cintura y la arrojo hacia adelante.- también tu cuchillo… patéalo hacia aquí.- obedeció- atenlo- Uno de los hombre se acercó con una soga en sus manos y le ato las manos en la espalda.- tráiganmelo… Lo llevare yo, no quiero que sus manos estén en él…-De no ser por la rabia que tenía dentro, Regulus se hubiera sonrojado ante la insinuación. El chico fue sentado delante del jefe del grupo, mientras otro cargaba a Izo, a quien también le habían atado las manos en la espalda. Una vez le hubieran quitado la flecha del brazo.- volvamos al catillo-ordeno el peli blanco, una vez, sus sirvientes hubieran recolectado las armas de Regulus.
Tras un árbol cercano, Saga sostenía con fuerza a Milo. Su mano, descansaba sobre los labios del chico, al mismo tiempo que usaba su cuerpo para mantener al menor aprisionado entre él y la corteza del árbol.
-Eres un maldito bastardo…-Milo empujo a Saga, quien le había seguido también algo preocupado por la demora de los dos jóvenes ahora raptados. Quiso golpear al espía, pero se contuvo- pudimos haberles ayudado…
-Si no te diste cuenta, las flechas de Barlog estaban envenenadas o tenían algo que provoca parálisis… -informo Saga, mientras le dedicaba una helada mirada jade- Milo, tu vida, es más importante que la de ellos dos. No podía arriesgarme a que te mataran…
-Tenemos que ir por los chicos…-sentencio Milo.
-¿Sí?-Saga sonrió irónico.- preguntémosle a quienes ostentan cargos militares que opinan…
Campamento.
-¿Te volviste loco?-Alexei miro preocupado al joven, al ser un general de Reino Azul, sin duda se hacía una idea de las consecuencias de la idea de Milo.
-Milo, no por darle la razón a Alexei…-Lithos le miro con pena- pero una cosa, es entrar a las arenas de combate y otra muy diferente es un castillo.
-Te escapaste de dos castillos-Milo miro a la joven, no creyendo lo que acababa de oír.- no puedo creer que estés del lado de Saga, Alexei y Cristal.
-Milo, una cosa es salirse de un castillo y otra muy diferente es entrar.-la joven se cruzó de brazos.- las dos veces, entre con las manos amarradas y como prisionera. No lo hice con guerreros ni nada por el estilo. Se necesita inteligencia previa, para atacar un castillo o para salvar a alguien que se halle ahí.
-Pueden lastimar a Regulus.-informo Jabu, quien ya no daba más del silencio que se había visto obligado a llevar.- ¿No harán nada?
-Jabu…-Cristal le miro con pena- es muy riesgoso, si ellos están en el castillo. Sería muy complicado liberarles sin tropas.
-Te lo dije.-informo Saga, mientras miraba a Milo. Quien le depredaba con la mirada- ya es hora, que comiences a pensar como rey y no como niño…-el puñetazo se lo esperaba y a la vez no.- golpearme, no solucionara las cosas.-informo mientras se limpiaba la sangre del labio.
-Ágamos una cosa…-Alexei cerró los ojos, ya no podía con la mirada suplicante de su sobrino.- que algunos de nosotros vaya hasta el castillo y que le vigile. Luego veremos si es o no viable intervenir…
-¡ESTAN HABLANDO DE LA VIDA DE UN NIÑO Y LA DE MI HERMANO!-Rugió Shura, quien ya no podía seguir con su fachada de indiferencia. Argol y Shiva le sujetaron los brazos.- NO PUEDEN…
-Shura.-Lithos cerró los ojos- Izo es mi amigo, ni te imaginas cuanto me cuesta decir esto… Pero… Ten esto presente: el destino de Reino Azul, Antares y Bluegard está presente aquí. –Miro a Camus, Milo e Hyoga- dos vidas, a cambio de otras cientos… Estuviste en la guerra, sabes que se considera un precio aceptable.-los puños de Shura se cerraron con fuerza- pero estoy de acuerdo con Alexei. Si hay posibilidad, de salvarles, antes que dejarles a su suerte en manos del enemigo… Haremos lo posible para salvarles…
-Pongámonos en marcha entonces…
-Milo-Saga miro al impulsivo príncipe- estamos cansados… deja que recuperemos algo de fuerzas…
-Pero…
-Príncipe Milo- Dante miro al joven- hágales caso por algo son generales y teniente… Escúchelos, hacer algo sin pensar solo nos traerá problemas a nosotros y a los chicos…-Milo soltó un bufido y se dejó caer en el suelo derrotado.
-Descansemos hasta el amanecer-ordeno Cristal- una vez este el alba, partiremos.-todos asintieron, mostrándose de acuerdo.
Calabozos, Castillo de Barlog. Cuatro horas después.
El movimiento comenzaba a volver, situación que era por demás frustrante para Izo. Aparte de hallarse con las muñecas encadenadas, no era capaz de decir con certeza a donde había sido llevado Regulus. Cuando les traían al castillo, había estado completamente consiente, pero sus sentidos no coordinaban y sus movimientos eran absolutamente nulos.
-Debo… buscar a… Regulus…-logra susurras, a pesar que aún no es capaz de coordinar completamente un solo movimiento.
Habitación de Lune, Castillo de Barlog.
-Perdona, que me vea obligado a tenerte aquí…-informo el hombre, que vestía una sutil túnica negra.- pero conociendo a los, imbéciles, que se encargar de las prisiones del castillo. Tienes todas las de terminar con los pantalones abajo.- Regulus movió una de sus muñecas para intentar soltarse. Lune le había amarrado a una silla, con las muñecas en la espalda, y lo había sentado frente a una mesa que normalmente usaba para desayunar.- Me sigues pareciendo conocido de algún lado…-comento, mientras tomaba el mentón de Regulus entre sus finos dedos- en este preciso momento, no logro acordarme de donde me eres familiar… Pero pronto lo sabré-informo, con una ligera sonrisa, mientras Regulus trataba de mantener una expresión fría en sus ojos. – Apenas salga el sol… comenzaremos con tu interrogatorio, así que… ve pensando que nos dirás… y como lo harás.-informo, mientras deslizaba un delgado dedo por la mejilla de Regulus. Mejilla que era en parte interrumpida por la mordaza- si no quieres sufrir, te conviene colaborar… Como puedo ser amable, puedo ser cruel.
Continuara.
