Capítulo XXIV: Presentimiento.
Irreal. Sí, eso le parecía. El estar ahí, junto con la señora Hiroe y Amara, Ikumatsu e Izumi, probándose su futuro shiromuku, el kimono nupcial, parecía tan irreal. Suele suceder cuando llevas mucho tiempo deseando, soñando y anhelando algo que cuando lo tienes no puedes creértelo. Y allí estaba ella, con un hermoso kimono blanco, con flores bordadas de color plateado y un hermoso y gran obi que ceñía a su cintura perfectamente, y formaba un hermoso y gran lazo, que caía con gracia formando pequeñas ondas. Volvió su vista hacia las mujeres, que sonreían y asintieron en señal de aprobación, y otra vez volvió a mirar al espejo. No pudo evitar imaginarse a Battousai, con esa enigmática y escalofriante mirada, el cabello suelto y su sonrisa arrogante, sonriéndole mientras la esperaba para casarse. ¿Cuántas veces habría imaginado esa imagen? La única diferencia, es que ahora, en lugar de imaginarse al caballeroso Kenshin, con una sonrisa tierna y mirada adorable, se imaginaba a otro Kenshin un poco más...salvaje, sí, eso, salvaje.
—Ahora falta comprar la ropa interior, querida, en la noche de bodas la mujer debe estar igual de elegante que en la ceremonia —dijo la señora Amara, levantándose del suelo dando un suspiro emocionado.
Ikumatsu se encogió de hombros.
—¿Para qué comprarle ropa íntima? Total, para lo que le va a durar puesta...
—¡Señora! —gritaron al unísono la señora Hiroe y la señora Amara escandalizadas.
Ikumatsu agitó las cejas poniendo cara de angelito, y todas no pudieron evitar lanzar una sonora carcajada. Pero Ikumatsu tenía razón, algo le decía que esa noche iba a usar muy poca ropa...
—¿Qué estás pensando que te has puesto tan colorada? —murmuró Izumi sonriendo burlona, se acercó a ella y, con ayuda del señor Sota, el dueño de la tienda, empezó a desanudarle el complicado nudo del obi. Inclinándose con disimulo hacía ella susurró en su oreja—: ¿Estás contenta porque Battousai ya no tiene que salir de los armarios?
Las mejillas se le pusieron del color de la grana, y apretó los puños controlando el impulso de golpearla. Oh, parecía que hoy todas se empeñaban en avergonzarla.
—Bueno, al menos no soy la que aprovecha la hora de la medicación para darle mi propia cura.
Tuvo que reprimir la carcajada al ver la cara de Izumi, totalmente roja, parpadear varias veces y mirar al suelo. Já... y querían llamarla a ella pervertida.
Lo siguió con la mirada hasta que entró de nuevo al dojo, y eso era algo que, por supuesto, Shinsaku no había pasado desapercibido, él, siempre atento, había observado la actitud de Battousai días atrás, vigilando, sospechando y desconfiando del que un día pudo haber llamado amigo, Lizuka. Pero no era nada de extrañar, a el mismo le había sorprendido el comportamiento de Lizuka, el número de asesinatos cometidos durante la noche habían disminuido, y su concentración para la lucha... había desaparecido. Era evidente que algo estaba distrayendo su atención, algo que para él era mucho más interesante que la guerra que estaban viviendo, pero... ¿el qué? Él era un enigma, casi Battousai se había vuelto más predecible que él, y eso lo asustaba. No era que el gran Shinsaku tuviera miedo, no, sino que, en estas alturas, cuando no podías fiarte ni de tus amigos, hubiera un traidor.
Soltó una risa ahogada y negó con la cabeza. Qué tonterías estaba pensando, ¿cómo iba a haber un traidor entre ellos? Los Ishinshishi siempre habían estado unidos, era cierto que algunos de sus miembros habían tenido roces, pero seguían siendo un equipo, en el que todos trabajaban unidos y por una causa en común. Pero... pensándolo fríamente, debía admitir que habían estado ocurriendo sucesos muy extraños; dos de sus miembros habían caído, Satoshi y Yutaru; el señor Katsura se había envuelto en una emboscada, y cada mandato importante que tenían se veía interrumpido o desechado por los Shinsengumi... ¿Casualidad?
—No te es... —empezó a decir y carraspeó, mirando a ambos lados, asegurándose de que nadie los escuchase, se acercó a Battousai, sentándose en el porche, a su lado, y se cruzó de brazos — ¿No te es muy extraño que todos nos hayamos metido en líos con los Shinsengumi esta última semana menos Lizuka? —en ese momento, la atención de Battousai se centró en él —. No estoy suponiendo nada, si es eso lo que esa mirada ansiosa espera, pero piénsalo un momento... ¿Cuál es el Ishinshishi que más veces ha tenido un encontronazo con Saito?
Battousai suspiró. Él.
—Es mucha casualidad que todas esas noches Saito haya salido a patrullar sus calles como un lobo buscando su presa, y ¡oh qué sorpresa!, la liebre resultó ser todas las veces Battousai, el destajador, el cual tiene tantas ganas de matar como... mmm... déjame pensar... —se llevó la mano al mentón en actitud pensante —. ¡Ah sí!, como nuestro amado y queridísimo Lizuka...
—No creas que no lo he pensado... Pero una alianza entre Lizuka y Saito... ¿desde cuándo el zorro y la comadreja se unen para atrapar a la liebre?
Shinsaku se encogió de hombros.
—Desde que la liebre resulta ser más suculenta para la comadreja que el zorro, y si el zorro ayuda a atrapar a la liebre la comadreja, después de comerse a la liebre, podría comerse al zorro y no sólo eso, sino también a la zorra, al zorrillo, a la zorrilla, y a una madriguera entera.
—Sí, pero si el zorro sabe que la comadreja es su peor enemigo desde siempre, sabrá que no se puede aliarse con el enemigo, pues en cuanto el zorro se dé la vuelta la comadreja se echará sobre él.
—Pero quizás el zorro tiene la estúpida idea de poder con la comadreja.
—Con la comadreja podrá la liebre, no el zorro —sonrió con arrogancia.
Shinsaku enarcó una ceja.
—No te hagas el chulito, ¿o es qué no sabes qué la tortuga ganó a la liebre? Dime...—se miró a sí mismo —. ¿Tengo aspecto de tortuga?
—No querrás saber de qué tienes aspecto.
Kaoru e Izumi, que habían llegado de probarse el kimono nupcial, habían escuchado la conversación, perplejas. Incapaz de comprender, se miraron la una a la otra.
—¿Qué tienen estos dos con los animales? —preguntó Izumi haciendo un mohín con la nariz.
—Ni idea, pero entre tanto zorro, liebre y comadreja, y ahora meten a la tortuga, me he perdido... ¿Quién gana al final?
Izumi se encogió de hombros.
—No sé, ya le diremos que nos cuenten el cuento esta noche.
Conociendo su nefasta habilidad para cocinar, la señora Hiroe le encargó pelar las patatas, una tarea que empezaba a resultarle verdaderamente cansada y aburrida. Si al menos tuviera alguien con quien hablar...
—Vaya, vaya, vaya... ¿a quién tenemos aquí? —dijo una voz en sus espaldas.
Vale, lo retiraba. No necesitaba a nadie con quien hablar.
—¿No hablas? ¿Es qué te comió la lengua el gato?
Soltó un suspiro resignado, y se giró, enfrentando los ojos oscuros de Lizuka. Tan grande, tan fuerte, que a su lado la hacía sentir pequeña. Irguió el mentón, dispuesta a enfrentarlo, como tantas veces ya lo había hecho.
—¿Qué quieres?
Lizuka recorrió con la mirada su cuerpo, y se cruzó de brazos apoyándose en la encimera mostró una media sonrisa burlona.
—Me han dicho que hoy te has probado el shiromuku... Quizás debas disminuir el ritmo, a este paso te quedarás preñada antes de la boda y sería una auténtica pena que el kimono te quedase pequeño.
—Lo único pequeño que hay aquí es tu cerebro —ladeó el rostro —. ¿Y sabes qué? Nada me haría más feliz que tener un hijo de Battousai, ahora o después de la boda.
Para su sorpresa, Lizuka no le contestó, más bien se quedó mirándola, con una mirada abrazante y penetrante que hizo que sus rodillas le temblasen. Era como si quisiera mirar dentro de ella, como si quisiera saber sus pensamientos. Sin más, chasqueó la lengua, y se fue.
Fue entonces cuando se dio cuenta que había estado apretando la hoja del cuchillo contra su mano. Soltando un siseo de dolor abrió la mano y el cuchillo cayó al suelo, rápidamente cogió un trapo y presionó contra la herida.
—Pero que estúpida eres Kaoru...
—Kaoru, he visto a Lizu.. —la voz de Battousai se apagó cuando sus ojos se centraron en la mano sangrante.
Antes de que le diera tiempo a reaccionar, ella se adelantó, y le agarró del brazo.
—No ha sido él.
Battousai tensó fuertemente la mandíbula y apretó los puños. La vena de su cuello sobresalía. Kami, cómo se estaba controlando...
—No me dijo nada ni hizo nada, tienes que creerme. Sólo me dijo que había escuchado que me había probado el kimono... Sin darme cuenta me corté. Te juro que él no ha sido, no busques pelea, por favor... —le suplicó atrapando su cara entre sus manos, con cuidado de no presionar demasiado la mano herida.
Battousai fijó sus ojos en los suyos. Los segundos que tardó en relajarse, le parecieron eternos. Finalmente, soltó un profundo suspiro y la abrazo.
—Si ese desgraciado te toca yo...
Kaoru sonrió como tonta. Cómo le gustaba que la protegiese así.
—Lo sé, Kenshin, lo sé.
—Este dojo no es lo demasiado grande para que no te cruces con él, en cuanto nos casemos nos iremos a vivir a otro, y como se acerque, no habrá espacio en Japón en el que no me tenga a sus espaldas.
Se mordió el labio, encantada con esas palabras. Deslizó sus manos desde su cara hasta su tórax, y fijó la vista en su pecho, donde subía y bajaba al ritmo de su respiración. Aquel olor masculino la embriaga, lo hacía desearlo con fuerzas, con tanta pasión, que hasta le dolía.
—Mmm... pequeña si sigues mirándome así vamos a acabar en una situación comprometedora... —dijo con voz ronca.
Kaoru levantó la mirada hacia él, transmitiéndole todo su deseo.
—¿Así cómo? —murmuró.
Sin contestar, Battousai inclinó la cabeza atrapando sus labios contra los suyos, mordisqueándolos, jugando con ellos y con su lengua. Como a ella le gustaba. Sus manos traviesas bajaron hasta sus nalgas, y las atraparon con firmeza, atrayéndola hasta su cuerpo para hacerla sentir su erección. Gimió entre el beso, y eso volvió loco a Battousai que se separó de ella para girarla, poniéndose él de espaldas a ella. Besó su cuello, succionando y lamiendo cada porción de carne, metió sus manos entre el kimono, y atrapó entre sus manos sus pechos, dando una ligera presión en ellos y pellizcó sus pezones.
Excitada, apoyó sus manos en la encimera, dejándolo hacer. Antes de que se diese cuenta, Battousai había levantado el kimono, y quitado el pantalón de su haori, con delicadeza, abrió un poco sus piernas con su rodilla, para penetrarla con exquisita lentitud. Abandonó su cuello para ir a su oreja, mordisqueando el lóbulo y haciendo que se deleitase escuchando los gemidos que se escapaban de su boca en su oído. Las embestidas eran lentas, pero profundas, una mano que tenía en su pecho la llevó hasta su clítoris, moviendo el pulgar en círculos, a la vez que la penetraba con más fuerza. Se apoyó aún más en la encimera, pues las piernas le temblaban, llevó su mano hacia atrás, agarrando a Battousai del pelo, y entonces él empezó a embestir desenfrenadamente, una y otra vez, sin miramientos, pero con la delicadeza y experiencia de un buen amante. Las enloquecedoras penetraciones, y el movimiento de su dedo en su clítoris, la llevó al éxtasis, y tuvo que morderse el labio con fuerza para no gritar su nombre. Battousai penetró un par de veces más y se unió a ella, derramando su simiente. Con el mentón apoyado en su hombro, sonrió.
—¿Te ha gustado? —preguntó jadeante.
Aspiró con fuerza, buscando el aire que le faltaba, y apartándose de un manotazo el flequillo del rostro, asintió con fervor. Con una sonrisa triunfal y satisfecha, se apartó de ella, volviendo a anudar su pantalón. Ella se colocó bien el kimono, y se soltó el cabello para volverlo a atar en una cola.
Aquella noche tenía un mal presentimiento. Su corazón latía con fuerza en su pecho. Battousai había salido, al igual que los demás miembros, a la cacería nocturna, pero esta vez, su preocupación era mayor. No podía explicar el motivo, pues ni ella misma sabía el por qué, pero si algo había aprendido estos años, era a hacer caso a sus presentimientos, y esta vez no iba a hacer la excepción.
A pesar de que a Battousai no le gustaba que saliese, ella no era una chica de atacar las reglas. Vistiéndose con su ropa de entrenamiento, cogió su bokken. Aspiró con fuerza llenando sus pulmones de aire, intentando calmarse ella misma. Esa noche... Esa noche iba a suceder algo importante, lo sabía, podía sentirlo. Se mordió el labio, y suplicó en silencio que nada le pasará a Battousai. Armándose de valor, salió sin que nadie se diera cuenta, y caminó por las calles de Kioto, buscando a Battousai.
El sonido metálico que hacían las espadas al chocarse la alertó. Frunció el ceño, y agarró con fuerza su bokken, luego, echó a correr hacia la dirección donde procedía el ruido de la lucha.
Continuará...
Muchas gracias por los reviews a: Kaorumar, MARITZA, Kaoru23, lorena, kaoru layer, gabyhyatt, kisa—Chan—sohma, —Sesshiry—, KagomeKaoru,—JustMe—, BattousaiKamiya, Nadja—chan, Athena Kaoru Himura, Kunoichi Himura Sohma, Josefita, okashira janet, Taigrin Dido, mercuryakane, Mei Fanel, kiogo, Mai Maxwell, hinaru, sakura dark angel ( Con respecto a lo que me dijiste de que no te menciono en mis notas de autor es porque yo agradezco a los que me dejan reviews tú me mandas MP ( mensajes privados)).
Espero que os haya gustado, os dejo con la intriguilla y que saquéis suposiciones ustedes mismas!.
Hasta el próximo capítulo.
