25. La despedida
La mañana del 1 de septiembre había caos circulatorio en la Madriguera, puesto que, ese día, Ron iba a inaugurar la tienda de Sortilegios Weasley en Hogsmade.
Además Hermione y Ginny empezarían en Hogwarts. No tenían que tomar el tren, ni estar en el banquete de bienvenida (ya que pidieron permiso a la directora para llegar más tarde y así poder ayudar en la inauguración), pero sí tenían que preparar el equipaje para llevarlo al despacho de McGonnagall, como habían quedado con ella.
También coincidía que ese preciso día, los Granger se instalaban en su nueva casa, pues las obras de remodelación ya habían terminado.
Por tanto, la Madriguera se mantenía en pie por obra de magia, dicho día más que nunca.
Molly estaba triste y cada vez que veía a alguno de sus hijos (reales o políticos), los llenaba de besos y les recordaba que los iba a echar mucho de menos. Ellos la intentaban animar diciéndole que la iban a visitar o volverían en vacaciones, pero ella seguía igual. Ron, en una de las ocasiones en las que le tocó a él el turno de besos, se empezó a reír:
- ¿Por qué te ríes hijo?
- Porque creo que te estás conteniendo de hacer lo mismo con Jane y Paul Granger.
- ¿Y por qué me iba a contener? – Y entonces fue donde estaban ellos, les dio dos besos a cada uno y les dijo que los iba a echar de menos. Ron no se lo podía creer y miraba hacia el suelo negando con la cabeza, resignado, su madre era así con toda la gente que apreciaba. Los Granger se habían quedado inmóviles, no se lo esperaban. Entonces Hermione les aconsejó que eso era algo a lo que se tendrían que acostumbrar, y Jane confortó a la señora Weasley diciéndole que se harían visitas mutuamente todos los días, esa era la ventaja de vivir tan cerca.
Arthur Weasley se despidió de las chicas (ya que a los chicos los vería por el ministerio cuando fueran a dar sus clases para convertirse en Aurores), les deseó suerte en el colegio, también se la deseó a Ron con la tienda, y se fue al trabajo.
Después los Granger dijeron adiós a Harry y a Ginny, dirigiéndose posteriormente a "la Muggledriguera" donde los esperaban Ron y Hermione que se habían aparecido allí con su equipaje. Se despidieron de los chicos, les desearon suerte y Paul le dijo a Ron que cuidara a su hija, mientras le dedicaba una mirada amenazante. Ron sabía muy bien lo que había querido trasmitir su "suegro" con esa mirada.
Ron y Hermione volvieron a la Madriguera a seguir haciéndose sus maletas. Más tarde, George se fue al Callejón Diagon, pero antes dijo:
- Hasta pronto chicas, espero que os vaya bien y rompáis unas cuantas normas. Ginny, no dejes que mi cuñadita se pase los días en la biblioteca.
- No te preocupes, - le dijo su hermana al oído aprovechando que se había acercado para abrazarla, - seguro que se me ocurre algo para sacarla de allí.
- Chicos a vosotros os veré muy a menudo, me pasaré por la tienda de Hogsmade de vez en cuando y me mantendré en contacto constante. Ah, y si necesitáis ayuda hoy, Ron, avísame para que vaya, pero sólo si es urgente, ya que yo también estaré muy ocupado. ¿De acuerdo?
- Tranquilo, George, estará todo bien. Nos vemos pronto. – Le contestó Ron.
Las chicas por fin habían terminado de guardar sus cosas en los baúles y los llevaron a Hogwarts. Y finalmente llegó el temible momento de que los cuatro se despidieran de Molly.
- Vosotros dos me visitáis siempre que podáis y vosotras me tenéis que mandar cartas todos los días. Os podéis ir alternando si queréis. Y Ron, si os hace falta comida, o ropa limpia, ya sabéis que podéis pedirme lo que queráis, como tu hermano George, que viene casi todos los días a por comida.
- Tranquila Molly, nos las apañaremos. Si he podido sobrevivir con los Dursley, podré hacerlo con Ron. – Le dijo Harry.
- Amigo, yo cuando quiero soy muy apañado. – Presumió Ron.
- Eso habrá que verlo. – Le contestó Molly.
- Cuando quieras mamá, ya sabes que tú también nos puedes visitar siempre que te apetezca. Bueno, nos vamos que se nos va a hacer tarde.
Molly los volvió a llenar de besos a los cuatro y definitivamente los dejó marcharse por la chimenea en dirección a la tienda de Hogsmade.
La tienda lo tenía todo listo. Al poco de que ellos llegaran, llegó Lee y él y Ron abrieron las puertas. Empezó a entrar un poco de gente que estaba esperando en la calle para el evento, pero sabían que el momento de más movimiento sería cuando llegara el tren de King Cross lleno de alumnos.
Para no haber llegado el tren, había más gente de la que Ron esperaba y eso se debía a que Lee había estado haciendo publicidad de la futura apertura en su programa de radio. Pero como sólo George sabía sobre su otro trabajo, sólo él también sabía que había hecho publicidad.
Al fin llegó el momento crucial de la inauguración. Llegó el tren con los alumnos. Los que eran responsables se montaron en los carruajes, y se dirigieron al colegio. Pero los más desobedientes y gamberros, que eran los clientes estrella de Sortilegios, hicieron esperar a los Thestrals con los carruajes más de lo que deberían y se dirigieron a la tienda. Entonces fue cuando la tienda era un ir y venir de gente para allá y para acá preguntando y comprando cosas y Ron, Lee, Hermione, Ginny y Harry, atendían a los clientes como podían.
Mientras tanto en el callejón Diagon en el otro Sortilegios:
- ¿No crees que deberíamos ir alguno de los dos a Hogsmade? Aquí no tenemos mucho trabajo y allí debe estar abarrotado con la inauguración.
- No, confío plenamente en Ron. Si necesita nuestra ayuda, la pedirá. Además seguro que Hermione, Harry y Ginny también están ayudándoles a él y a Lee. – Contestó George. Ella no lo comprendía, pero él necesitaba tranquilidad para planear lo que quería hacer ese día. Aunque no se le ocurría nada. Todo lo que pensaba lo terminaba desechando porque, o bien le parecía de mal gusto, o pensaba que él no era tan cursi y no se iba a atrever.
Finalmente, en Sortilegios Weasley de Hogsmade, salió el último cliente por la puerta y Ron cerró la puerta detrás de él. Estaban todos exhaustos, pero Lee tuvo que sacar fuerzas de no sabía dónde y le pidió permiso a Ron para salir sin reordenar los productos ni nada, él todavía no había terminado por ese día, su único consuelo sería hablar con Lois. Ron le dio permiso y quedó el cuarteto de amigos en la tienda.
- Chicos, esto ha sido agotador. – Comentó Ron.
- Nada comparado a luchar contra Mortífagos. – Contestó Harry.
- ¿Pero te gusta esto, Ron? – le preguntó Hermione preocupada por si no era lo que Ron esperaba.
- Sí, claro que me gusta. Sólo estaba pensando en los días en que después tengamos que ir a la Academia de Aurores. Harry vamos a acabar mal.
- No te preocupes Ron, – lo tranquilizó su amigo – todos los días no serán como hoy, normalmente los alumnos no pueden salir de Hogwarts, ¿recuerdas? Además los días que tienen permitidas las visitas al pueblo son sábados y los sábados no tenemos Academia. ¿Qué os pasa a vosotros tres? – Añadió después al ver la cara de Ron y las chicas.
- Tú lo has dicho, - respondió Ginny – que no nos dejarán salir de Hogwarts. Sólo los días de visita, que será cuando más ocupados estéis.
- Ya había pensado en eso – sonrió Harry – Ginny, por el honor que me conceden mi padre y sus amigos, te hago entrega del mapa del merodeador, úsalo cuando me extrañes.
- Ejem – tosió Ron.
- Digo, usadlo las dos cuando nos extrañéis, y aquí os esperaremos.
- ¿Y si no estáis cuando lleguemos? – Preguntó Hermione, siempre con recelo a romper las normas, pero esto era distinto, era por ver a Ron.
- Nos mandáis un patronus y nos aparecemos al instante. ¿Verdad Ron?
- De inmediato.
- Nos tenemos que ir chicos – dijo Hermione – McGonnagall nos va a transformar en relojes.
- Quédate un ratito más. – Suplicó Ron.
- Ejem – tosió Harry.
- Digo, quedaos un rato más.
- El beso de buenas noches y nos vamos – cedió Hermione.
Fue más de un beso, vamos, que se despidieron bien despedido, le dirían a McGonnagall, que los clientes no habían salido antes de la tienda.
La tienda del callejón Diagón también se encontraba ya cerrada, y sus dos trabajadores estaban en el apartamento de arriba, como casi todas las noches. Acababan de cenar y George decidió algo de golpe.
- Espérame aquí un momento, vuelvo en seguida.
- ¿Pero dónde vas?
- Es una sorpresa, no te muevas. – George bajaba hacia la tienda a la misma vez que deseaba que su amigo trabajara esa noche. Aunque después de todo el lío que había tenido ese día, lo dudaba.
Cuando volvió al salón de su apartamento le dijo a Angelina:
- ¿Sabes algo? Hoy me gustaría escuchar un programa de la radio mágica que me han dicho que está bien.
- Pon lo que quieras, yo no sé si aguantaré mucho despierta, tengo sueño.
- Tienes que aguantar, creo que te gustará.
George sintonizó la radio y comenzó a oírse la melodía de un programa, y después, la voz de su amigo Lee:
"Hola amigos soy Kalel"
- ¡¿Kalel?! – interrumpió Angelina, mientras se escuchaba en la radio: "y está comenzando vuestro programa favorito:"
- ¿Lo conoces? – preguntó George. "No te cortes", y seguía la sintonía
- No, pero Alicia Spinnet se está enamorando de él
- ¿Qué? ¿Alicia se está enamorando de Lee?
- De Lee no, del locutor este, Kalel. Un momento, ¿Lee es Kalel, el locutor?
- Sí. ¿Alicia no será Lois?
- No sé, no me dijo su apodo.
- Espero que sea ella. Lee me contó que él estaba conociendo a alguien que se apodaba Lois en su programa de radio.
- Claro, ahora cuadra todo, es gamberro, y las travesuras con sus amigos, claro, vosotros, Fred y tú. Me da que va a ser Alicia, sí.
- Pues ojalá, me alegraría mucho por ellos. Shsss, pero calla, vamos a escucharlo a ver si nos enteramos, o quizá oímos algo más llamativo.
"Hoy es un día especial porque un amigo me ha mandado una grabación que sospecho que será muy interesante, pero los que me conocéis, sabéis que no puedo comenzar el programa sin escuchar la voz de alguien.
- Hola Lois.
- Hola Kalel"
- Sí que es ella – dijeron a la vez George y Angelina.
- "Ya sabes que no puedo empezar el programa sin escucharte. Bueno, y ahora que ya lo he hecho, comenzamos.
- ¿Me vas a dejar aquí colgada?
- Hablamos después, es que un amigo me ha pedido un favor y voy a poner su grabación.
- Vale, hablamos después, pero en persona. Quiero verte.
- Yo también quiero verte ya. ¿Pero cómo lo vamos a hacer?
- Después te llamo en privado y te digo el sitio. Porque no queremos que la gente que nos está escuchando, se entrometa, ¿verdad?
- Verdad
- ¿Y cómo nos vamos a reconocer?
- Tú me reconocerás a mí por mi capa roja y yo te reconoceré a ti porque llevarás en la mano un ejemplar del Daily Planet.
- ¿De donde voy a sacar un ejemplar del Daily Planet?
- ¿No eras bruja?
- Es cierto, transformaré un Profeta.
- Pues luego me llamas para decirme el lugar. No sé si podré aguantar hasta terminar el programa.
- Hasta luego Kalel.
- Ahí Merlín. Hoy tenéis que ir rapidito los que estáis ahí ¿eh? Y la grabación la pondré porque además de mi amigo es mi jefe en otro trabajo que tengo y no quiero que me despida, que si no me la saltaba. Además, mientras la escucháis, Lois me dirá el sitio donde quedaremos".
- ¿Has mandado tú esa grabación? – Preguntó Angelina.
- Shsss, escucha.
- "Y vosotros me preguntaréis que por qué no me ha llamado directamente en lugar de mandarme una grabación. Y eso es lo que yo le he preguntado y me ha dicho que no se quiere perder ninguna reacción de la chica a la que está dedicada. Así que supongo que estarán los dos deseando escuchar esto:
Hola, uff, esto es más duro de lo que pensaba. Nunca he hecho esto antes. Estuve a punto de pedirte salir una vez, cuando teníamos 16 años, pero mi mejor amigo, mi hermano, se me adelantó. Desde entonces, mi corazón dejó de latir por ti, yo se lo tenía prohibido. Pero hace unos meses llegaste, entraste por esa puerta y volviste a llenar mi vida de luz. Te fuiste instalando poco a poco. Primero en mi trabajo, luego en mi salón a la hora de comer. Poco después en mi cama y en mi apartamento. Y finalmente en mi corazón".
Angelina, conforme iba escuchando más, más lagrimones se le caían, había reconocido perfectamente la voz de George. La grabación terminó con la frase:
"Te quiero y deseo con todas mis fuerzas que tú sientas lo mismo por mi"
- Oh, George, ¿todo eso lo has dicho por mí? ¿Me lo has dicho a mí?
- Que yo sepa no ha habido nadie más en mi cama en estos meses.
No esperó más, se quitó las lágrimas de la cara y lo besó en los labios suavemente. Él la correspondió y el beso dejó de ser tan suave, para convertirse en apasionado. Pero entonces Angelina se acordó de algo y con el hechizo "Repulso" lo alejó hasta el otro extremo del salón.
- ¿Pero qué haces? – Preguntó extrañado George.
- Estás tonto, has dicho en la radio que me metí en tu cama. Todo el mundo pensará que soy una…
- No di nombres ¿recuerdas? Además, ¿crees que ese programa lo escucha mucha gente?
- Lo pensarán Lee y Alicia.
- Angie, cariño, eso es lo que hacen las parejas. Bueno, rectifico, las parejas hacen algo más que dormir en la misma cama. Nadie pensará mal de ti.
- ¿Parejas? ¿Eso es lo que somos?
- Una pareja es un grupo de dos personas.
- ¡George! Deja de tomarme el pelo.
- Lo siento, pero es que me lo pones muy fácil. Además, te lo mereces por el hechizo.
- En serio, ¿qué somos?
- Pues somos pareja, sólo si tu quieres. Y si no me vuelves a separar de ti.
- ¿Pareja de novios?
- No, después de esta conversación, pareja de bobos.
- ¿Sin clientas atractivas ni damas de honor francesas de por medio?
- Ya te he dicho, en la radio nada más y nada menos, que te quiero, que me he enamorado de ti. Y hace un tiempo te dije que yo en las relaciones esperaba a cambio lo mismo que doy. Por tanto espero que tú también me quieras.
- Claro que te quiero. ¿Todavía lo dudas? ¿Acaso no has notado como te miro? ¿No notaste que te acaricié cuando dormías?
- Pensé que lo había soñado.
- Bueno, ¿y eso qué tiene que ver con que no haya terceras personas de por medio?
- Tiene todo que ver, porque si nos queremos, no las habrá. Nos respetaremos. Ven aquí. – Y ahora fue George el que empezó a besarla y ella la que se dejó llevar.
En la radio ya no se escuchaba a Lee. Dejó música puesta, y él no estaba a pesar de que el programa no había terminado. No quiso esperar más tiempo y acudió a su cita con "Lois".
Al cabo de un rato Angelina se separó de George y le dijo:
- No lo hemos celebrado, tenemos que celebrarlo.
- Es lo que pensaba hacer antes de que interrumpieras.
- No me refiero a eso. Me refiero a unas copas, un brindis. Algo así.
- En ese caso tendría que acercarme al Caldero Chorreante, porque no me queda ni Wisky de fuego ni Cerveza de Mantequilla.
- Aquí te espero, no tardes.
- ¿Hablas en serio?
- Sí, esto hay que celebrarlo. ¡Andaaaa, por favor!
- ¿Sabes que estás loca? – añadió George mientras se ponía la chaqueta y se desaparecía.
Apareció en la puerta del bar y entró. Estaba pidiendo una botella de Wisky de fuego y otra de Cerveza de Mantequilla (no quería arriesgarse a que no le apeteciera alguna de las dos cosas), cuando vio a su amigo Lee entrar con una capa roja.
- ¿Así que has quedado aquí con Lois?
- ¿Lo escuchaste?
- Veo que estás muy nervioso ¿Te tengo que recordar que yo mandé esa grabación?
- Es cierto. ¿Y qué tal ha ido?
- Fenomenal, he venido a por provisiones, pero me vuelvo ya. Me está esperando para celebrarlo.
- Con que era Angelina la chica de la que te habías enamorado. ¡Qué callado te lo tenías!
- Ya te dije que era complicado.
- No te quejes, que te ha ido bien. Me alegro por ti.
- Ya verás como tú también triunfas.
- Eso espero.
- Suerte – le deseó George, pero justo cuando se iba, llegó Alicia con un periódico en la mano en el que ponía Daily Planet. Lee se había quedado con la boca abierta y Alicia lo miraba sin poder creérselo.
- ¿Lee? ¿Kalel? – preguntó ella sin poder articular frases con sujeto, verbo y complementos.
- ¿Lois eres tú? – preguntó Lee atónito. George se estaba divirtiendo.
- Será mejor que os sentéis en una mesa y habléis, yo os pediré unas cervezas de mantequilla y os dejaré a solas para que podáis aclarar cosas. – Intentó ayudar George. Hizo lo que les dijo, mientras ellos se sentaban, les puso las cervezas en la mesa, les deseó que les fuera bien y se fue a su apartamento. Por muy interesante que estuviera la situación, no quería hacer esperar a Angelina, y él tampoco quería estar más tiempo sin besarla.
Cuando llegó al apartamento le contó a Angelina lo ocurrido.
- Me hubiera gustado verlos.
- Para eso tendrías que haber ido tú al Caldero Chorreante, si no fueras tan vaga.
- Vamos a ver qué está ocurriendo ahora.
- Ni hablar. Ellos tienen que estar solos. Necesitan sincerarse. Además tú y yo tenemos algunas cosas pendientes.
- ¿Ah sí? – Preguntó ella seductora - ¿Cómo qué?
- Como un brindis, para empezar.
Brindaron, y mientras se bebían sus copas seguían hablando de sus cosas:
- Así que era verdad que me acariciaste. Y yo que andaba trastornado porque pensaba que lo había soñado. Pero eso no lo hiciste porque me quieres, eso lo hiciste porque querías otra cosa.
- Si hubiera querido otra cosa te lo habría pedido, listo. Como si tú te fueras a negar. ¡Te conozco George! Seguro que pensaste que era un sueño por la costumbre.
- No cariño, de hecho me extrañó, porque mis sueños contigo no se quedan en simples caricias.
- ¡Qué romántico! – ironizó Angelina.
- Acepto que me digas eso cualquier día, pero hoy no, hoy no puedes tener queja.
- Tienes razón. Y yo que pensaba que nunca llegarías a sentir lo mismo que yo sentía.
- Y tenías motivos para pensarlo. Es la primera vez que me he enamorado.
- La primera y la única, espero.
- Bueno, una vez que empiezas, ya no puedes parar.
- Qué gracioso
- No, ahora en serio, ¿nunca sospechaste nada? En mi casa me han dicho de todo, que estaba raro, que estaba cambiado.
- Sí te noté raro, sobre todo porque no ligabas con chicas como siempre. Oye, ¿en la fiesta de Corazón de Bruja ya me querías o de verdad eres inmune al maquillaje?
- Digamos que descubrí en la fiesta que era inmune al maquillaje.
- Así que me mentiste.
- ¿Qué querías que te dijera, que no me había liado con ninguna porque estaba enamorado de ti?
- Eso hubiera estado bien.
- No estaba preparado para decirlo.
- Es cierto, ni yo estaba lista para escucharlo.
- ¿Tú no sentías nada en la fiesta?
- Claro que sentía. En mi casa también me lo notaron, se dio cuenta hasta mi hermana de 8 años. Cuando le dijiste aquel piropo a Audrey, estaba que me tiraba de los pelos de lo celosa que estaba. Además, a mi no me habías dicho nada. Pero estaba hecha un lío.
- No te había dicho nada porque me dejaste sin palabras. Estabas espectacular. Aunque cuando te pusiste mi camiseta, eso ya sí que es insuperable. Me pusiste a cien.
- Sí es superable, todavía no me has visto des…
George no le dejó terminar la frase, comenzó a besarla mientras se deshacía de sus zapatos y la acostaba en el sofá.
Un tiempo después, esa misma noche se vieron fuegos artificiales en el callejón Diagón, que procedían de la tienda de Sortilegios.
Cuando Lee y Alicia los oyeron, se separaron (estaban besándose) y se asomaron por la ventana del bar para verlos. Lee se alegró porque su amigo, como él, había encontrado al amor de su vida y ambos eran correspondidos. Parecía que la vida después de todo el sufrimiento, los estaba recompensando.
FIN
OoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooO
Hola, este ha sido el final de esta historia. Espero que os haya gustado. Y espero que todavía me sigáis dejando comentarios sobre lo que os ha parecido.
