Hola a todos ¿Cómo han estado? Aquí he vuelto con la continuación de este fic. Ya nos encontramos en la recta final de esta historia y espero que les haya gustado capitulo a capitulo.

Quería agradecerles los comentarios a Hanamel 44 y a Solitario196.

Aquí se los dejo:


Creyó perder la conciencia. Taro. Hanako. Sus dos pequeños. Había hecho tanto por protegerlos... Desde el primer día de sus vidas había hecho lo imposible. Todo lo que había estado al alcance de sus manos, y más. Todo por ellos. Por saber que estarían bien. Había tomado decisiones difíciles, pero solo había algo que le había dado coraje, que le había dado consuelo en aquellos oscuros días. Y había sido el saber que sus hijos estaban a salvo.

Pero todo eso se había arruinado. Tantas luchas, tantos sacrificios para que de un momento a otro, las cosas se salieran de control.

Se obligó a mantenerse entera. Se quitó las lágrimas de sus mejillas y frunció el ceño. Ya estaba cansada de llorar, ya estaba cansada de tener que recurrir a alguien. Haría justicia, y si tenía que ser por mano propia, así sería. No iba a permitir que a ninguno de los dos les ocurriera algo. Jamás. Colocó a Souta y a Rainer en unas pequeñas transportadoras y le pidió a Akira que se calzara. Irían a dar un paseo.

Corrió al vehículo, que hacía tiempo que no usaban, y abrochó a los pequeños en sus sillas especiales. Tendría que recoger a Takara y a Mizuki, sabía que Luffy estaba en camino y no podía dejarlas solas. No luego de todo lo que estaba pasando. Se sentó en el asiento del conductor y giró la llave. Rogó que el vehículo encendiera, y cuando oyó el motor, sonrió.

No manejaba hace tiempo. Había perdido la costumbre desde el accidente. Pero como dice el dicho... Siempre hay otra primera vez. Respiró profundamente y aceleró a toda velocidad.

(...)

Las piernas de Hanako temblaban levemente. No tenía idea a donde iban, o porque. Lo único que la joven pensaba era que si aquel maldito lograba sacarlos del país, estaban perdidos. Desvió su mirada hacía su padre y lo contempló seria. ¿Qué era lo que quería de ellos? ¿Por qué se había molestado en volver luego de tantos años? Hanako no estaba tranquila, y no lo estaría hasta que no estuvieran fuera de ese auto.

Notó que Taro se revolvía en su asiento.

- Papá... - La voz del menor, la obligó a desviar su atención.

El rubio lo contempló por el espejo retrovisor.

- ¿Por qué te fuiste? - Insistió - Dijiste que cuando estuviera Hanako me lo dirías -

Tal pregunta sorprendió a la joven. Su cuerpo se irguió y esperó a que el hombre contestara. Bellamy simplemente suspiró. Parecía que la pregunta lo incomodaba más a él que a su hija. Respiró profundamente y apretó el volante con fuerza.

- Yo no me fui, fue tu madre quien me prohibió volver -

El pequeño pelinaranja quedó mudo, su rostro comenzó a teñirse de un tono pálido.

- Tu maldita madre - Se corrigió.

- Eso es mentira - Hanako ni siquiera posó sus ojos en él - ¿Por qué no le cuentas la verdad? - Hanako se giró sobre el asiento y clavó su mirada en su hermano - ¿Quieres saber porque mamá no le dejó volver? - Al notar que el menor estaba en estado de shock, continuó - ¿De verdad quieres saberlo, Taro? -

- ¡Ya basta! - Exclamó el rubio.

- Mamá no lo dejó volver por dos razones - Siguió pese a que podía sentir la irritación de su padre - Por sus ataques de ira, y porque estaba viendo a otras mujeres -

- ¡Dije que basta! -

Golpeó el volante de tal manera, que Hanako tuvo que volver a mirar al frente. Tragó saliva. Todo lo que había querido ocultar de su pequeño hermano para que no sufriera, había tenido que soltarlo. De un momento al otro, Taro se había enterado de todo. Pero no había habido otra oportunidad, él se merecía saber la verdad.

El rubio metió la mano en su bolsillo y extrajo su teléfono móvil. Su mano temblaba, estaba a punto de estallar en furia. Marcó un número específico y sostuvo el aparato junto a su oreja.

- Joker - Comentó al oír una voz del otro lado - Así es, ya la tengo - Hanako no pudo escuchar que era lo que decía la otra voz - Voy para allá -

Su padre cortó y arrojó el móvil entre sus piernas. Dobló bruscamente. Pese a que tenía el cinturón de seguridad puesto, Hanako tuvo que agarrarse de la puerta del vehículo para no deslizarse hacia el costado. La piel se le erizó. No podía terminar de entender a donde se dirigían, pero sabía perfectamente que no estaban a salvo. No con ese loco al lado.

Bellamy condujo hasta llegar a un pequeño puerto a las afuera de la ciudad. Aquel muelle parecía ser ilegal, puesto que no había ningún control policial presente en la zona. Estacionó a unos cuantos metros y apagó el motor. Se frotó las piernas con nerviosismo y murmuró algo inaudible varias veces.

- Bien, ahora - El hombre posó los ojos en Hanako - Vas a bajarte del auto e iremos al atracadero ¿De acuerdo? -

La joven lo contempló desafiante.

- ¿Y porqué iría al maldito muelle? -

Fue la gota que rebalsó el vaso. El rubio aguantó las ganas de respirar y con violencia abrió la guantera del auto, un lugar donde las personas normales solían guardar discos, mapas o folletos. Pero los ojos de la muchacha se abrieron como platos al percatarse de que allí había un arma.

Hanako se quedó sin aire. El hombre tomó el arma y la apuntó sin la menor empatía.

- Vas a bajarte -

Antes de abandonar el vehículo, Hanako contempló a su hermano. Completamente sumergido en la conmoción. Sintió cierta pena por el inocente Taro. Él siempre había querido recuperar el amor perdido de su padre, y ahora que se enteraba de la verdad, estaba sufriendo una lucha interna. Estaba decidiendo que bando tomar.

Cerró la puerta con sutileza. Al menos, alejaría al loco de su pequeño hermano. Ella iría con él, ella caminaría por el muelle, subiría a la embarcación que posiblemente estaba esperando por ellos, y ella desaparecería del mapa. Pero Taro estaría a salvo. Él volvería al calor de los brazos de su madre. Comenzó a sentir cierta congoja en su garganta. Estaba asustada. Muy asustada. ¿A dónde se suponía que irían? ¿Qué demonios iba a pasarle a ella? Comenzó a sentir como sus ojos se inflaban a causa de las lágrimas. Su corazón daba grandes golpes contra su pecho.

Caminaba lento, intentando hacer el mayor tiempo. Solamente Dios podía saber que sería de ella, solamente un milagro lograría sacarla de ese aprieto.

- ¡Alto ahí! -

Y Dios había escuchado sus plegarias. Ambos voltearon bruscamente y las esperanzas de Hanako se alzaron cuando divisó a Katsu y a Gaku, de pie frente al vehículo abandonado de su padre.

- Déjala en paz, idiota - Escupió el morocho.

Estaban completamente destruidos. La paliza que le había dado antes, había dejado grandes marcas. El rubio soltó una sonrisa y tomó a su hija por el brazo. La atrajo más hacía su cuerpo y apoyó la boca del arma en su hombro.

Hanako podía sentir como el corazón se salía de órbita. No podía creer que su propio padre estuviera apuntandole con un revolver.

El sonido de un motor retumbó en sus oídos. Al notar que un vehículo cívil se acerca lo suficiente al auto donde yacía Taro, parpadeó. Luffy se bajó del coche y contempló la situación con el ceño fruncido.

Cuando el rubio lo reconoció comenzó a dar pequeños pasos hacia atrás. Hanako notó que el morocho comenzó a hacer lo mismo, caminar hacia adelante. Con sumo cuidado.

- ¿Qué es lo que quieres? - Preguntó Luffy al percatarse de que el hombre no había tenido el más mínimo interés en llevarse a Taro.

- Papá... - Sollozó y clavó sus ojos en el morocho. Quería estar a su lado, quería estar en la seguridad de sus brazos.

- ¡¿Papá?! - El rubio apretó más su brazo e hizo presión del arma contra su piel - ¡¿Cómo que papá?! -

- Oi, déjala en paz de una vez - Insistió el morocho - Si quieres podemos arreglar esto tu y yo, pero deja a los chicos fuera de esto -

- ¿Tu y yo? ¡¿Tu y yo?! - Su voz se fue elevando. Hanako comenzó a sentir como sus zapatos pisaban una superficie mucho más inestable. El muelle - Tu no podrías entender nada - Lo contempló de arriba a abajo, con una mirada despectiva - Mírate - Sonrió burlonamente - Te ha logrado engañar. Ese es su trabajo. Engañar hombres, casarlos y luego, cuando menos te lo esperas, te quita todo - Respiró profundamente pero nunca dejó de dar pasos hacia atrás - Tu casa, tus hijos, tu vida... - Parecía completamente abducido por su mente - Y por eso saldaré todas mis deudas con su querida hija -

- ¿Qué demonios estas diciendo? - El morocho cerró sus puños con fuerzas, tampoco dejó de avanzar - También es tu hija -

- Creí oír que te llamó padre a ti - Sonrió.

Luffy sintió como la furia comenzaba a trepar por su espalda. ¿Cómo podía ser una persona con tan pocas emociones? ¿Qué acaso no se estaba oyendo? Aquella situación pasaba completamente el límite, ya no se trataba de atacar a una mujer que había sido su pareja por algunos años. Se trataba de atacar a sus propios hijos, a su propia sangre.

El rubio llegó hasta la punta más alejada del muelle, y Hanako pudo divisar una pequeña embarcación con un motor. Se percató de que estaba todo listo para zarpar y sus labios comenzaron a temblar. ¿A dónde demonios iba a llevarla? ¡Iba a pagar sus deudas entregándola! Comenzó a revolverse, intentando soltar su brazo de su padre.

- No, por favor - Comenzó a murmurar con desesperación - Por favor, no -

- ¡Cierra la boca! - El rubio la empujó hacía la embarcación - Sube al maldito bote -

Bellamy desvió la boca del arma de su cuerpo y la apuntó hacia el morocho. Éste frunció el ceño y se detuvo. Tenía que pensar rápido, tenía que ser ágil para que nadie resultara herido. En el momento que el rubio desvió la mirada para subir al bote, Luffy atacó. Se acercó a él dando un ligero golpe en su pierna. El hombre cayó sorprendido, pero su instinto le obligó a tirar del gatillo. El estrepitoso sonido retumbó en los oídos de Hanako, quien yacía inmóvil. Fueron segundos, pero cuando un pequeño hilo de sangre comenzó a correr por la mejilla del morocho, soltó un gran chillido.

- ¡Luffy! -

Intentó subir al muelle por sus propios medios pero cuando apoyó el pie sobre la madera, el barco se movió y su suela resbaló. Su mentón se golpeó con fuerza contra las tablas. Su cabeza comenzó a dar vueltas, pudo sentir el dulce sabor de la sangre entre sus labios. No podía pensar con claridad, ni siquiera podía mover su cuerpo. Estaba completamente mareada. Sintió la gélida agua penetrar su piel y cayó en la cuenta de que había caído al mar.

- ¡Hana! -

Gaku, quien, hasta ese momento, había sido testigo de la situación, salió disparado hacia el final del bloque de hormigón y luego de quitarse las zapatillas, saltó. Sintió el frío atravesar su ropa y sus rojizos cabellos se despeinaron con violencia, pero nada iba a detenerlo. Tomó a la joven de su torso y nadó lo más veloz que pudo hasta la superficie. Se aseguró que Hanako tuviera su cabeza fuera de agua y se acercó al paredón de cemento para poder sostenerse de algún lugar.

Sobre el muelle las cosas no iban tan mal. La bala había rozado la parte superior de pómulo del morocho, sin embargo nada lo había detenido. Luffy había aprovechado el estado de asombro del rubio y había saltado para quitarle el arma. Tomó su brazo con fuerza y lo apretó hasta que el hombre soltó el revolver. En cuanto escuchó que el metal golpeaba la madera, giró sobre su propio eje y pateó la pistola hacía el mar.

Con la respiración agitada el morocho se enderezó. Se pasó la mano por la mejilla y quitó la sangre, la herida ardía. Pero no era nada que no pudiera soportar. Desvió la mirada hacía Hanako, se encontraba bien, a salvo. Notó que Katsu se acercó para poder sacar a la joven de agua. Por lo que podía ver, Hanako estaba recuperando la conciencia. Solo había sido un simple golpe, nada grave. Se obligó a calmarse, no había nada de que preocuparse.

Volvió a posar los ojos en su atacante, pero para su sorpresa, el rubio ya había logrado ponerse de pie. Y antes de que pudiera hacer nada, éste se lanzó sobre él. Su cuerpo era mucho más alto y musculoso, razón por la que no pudo mantener el equilibrio. Lo apresó con sus piernas y comenzó a golpearlo fuertemente.

Katsu utilizó todas sus fuerzas para ayudar a Gaku a subir. Hanako ya estaba lo suficiente consciente como para preguntar por Taro. Zoro se había encargado de sacar al niño de aquel vehículo. Se encontraba bien a salvo, pero cuando el morocho alzó la mirada, su pulso se congeló. Su padre... Su padre estaba siendo salvajemente golpeado por ese maldito. Se irguió y pese a tener la pierna dolorida, comenzó a correr.

La desesperación reprimió el dolor. Katsu avanzó por el muelle a toda velocidad, y cuando estuvo lo suficientemente cerca de ambos, estampó una patada en el rostro del rubio. Bellamy cayó de espaldas, sin poder moverse a causa del dolor. Y Luffy aprovechó su liberación para recuperar el aliento.

- Katsu... - Murmuró y alzó sus ojos cuando escuchó la sirena policial.

Contempló al rubio por encima del hombro. Estaba tirado boca arriba, ambas manos situadas en su nariz. La sangre podía verse chorreando por entre sus dedos. Sin lugar a dudas había sido una golpe fuerte. Notó que los ojos de su hijo estaban posado en Bellamy de manera despreciativa. No lo culpaba, luego de todo lo que había hecho, él también estaba furioso. Pero ya no valía la pena. Pasó la manga de su camisa por su cara y se quitó su propia sangre. Esa camisa ya no serviría más. Soltó un gran suspiro y comenzó a caminar hacia su vehículo, pero se detuvo cuando estuvo junto a Katsu. Apoyó su mano en el hombro del joven.

- Déjalo ya - Murmuró - Ahí viene la policía -

Supo que le molestaba tener que retirarse, sobre todo luego de todos los golpes que había recibido por parte de ese idiota. Pero eso era, un idiota. Y no valía la pena seguir con eso. Katsu aflojó sus hombro y se giró. Bajó la mirada y comenzó a caminar lentamente hasta llegar a su hermana. Ahora que su temperamento se tranquilizaba, su pierna comenzaba a doler de nuevo.

- ¿Estás bien, Hana? - Pregunto mientras se dejaba caer a su lado.

Sus ojos se posaron en el muelle y contempló como los policías lo tomaban, lo ayudaban a ponerse de pie y amarraban sus manos con dos esposas.

- Si... - Se frotó el mentón y tuvo que cerrar un ojo ante el dolor. Le saldría un gran moratón.

(...)

Había hablado con Robin. Sabía que tanto ella, como la policía iban en camino. Pero no podía dejar de pensar en que llegarían tarde. Ya había recogido a Takara y Mizuki, y el accidente de hacía varios meses, no le impidió aumentar la velocidad. Claro que desde entonces había tomado varias medidas de precaución. Todos tenían cinturón de seguridad puesto, y sus sentidos iban más alerta. Sobre todo por que en el asiento trasero viajaban cinco menores. Cinco niños que adoraba y que no iba a permitir que algo malo les sucediera.

Siguió el camino que le había planteado su amiga y se topó con las patrullas, todas estacionadas alrededor del perímetro. Clavó el freno y se quitó el cinturón. Akira, Mizuki y Takara hicieron lo mismo, y Nami se bajó para poder destrabar los asientos de Raiden y Souta. Takara tomó al más pequeño de la familia con fuerza y ella se encargó de Souta. Tomó a Akira de la mano y comenzó a caminar entre las fuerzas policiales, intentando buscar a alguien conocido con la mirada.

Su corazón daba fuertes pulsos, tanto que hasta pensó que quizás estaba teniendo un especie de infarto. Y lo tendría si se enteraba que algo malo les había pasado a sus niños. Esquivó varios hombres y mujeres, y cuando divisó a Robin de pie entre todos ellos, corrió hacia ella.

- ¡Robin! - Clavó sus ojos en ella, esperando respuestas - ¿Qué pasó? -

- Tranquila, esta todo controlado - Murmuró seria.

Fue en ese momento que dos hombres pasaron a su lado. Entre ellos estaba el rubio. Varios litros de sangre había caído de su naríz y ahora decoraban su mentón con un tono oscuro. Quedó completamente pasmada ante esa escena y no pudo evitar aferrar a Souta y a Akira contra su cuerpo. No quería que los viera, no quería que fuese capaz de decir o hacer algo inesperado. Lo subieron a una patrulla y cerraron la puerta con un golpe seco.

Fue entonces que la pelinaranja pudo volver a mirar a la morocha.

- ¿Dónde están Hanako y Taro? -

La mujer se hizo aun lado y Nami pudo tener una visión más clara del panorama. Taro yacía sentado al pie en el capó de un vehículo policial, junto a Zoro quien no le quitaba los ojos de encima. Pero parecía completamente impresionado. Sin siquiera pensar en lo que estaba haciendo, le entregó el pequeño de un año a la morocha y soltó a Akira.

Comenzó a correr hacía Taro. Por unos segundos su mundo se congelo. Estiró sus brazos y lo abrazó con todas sus fuerzas.

- Tranquilo - Susurró en su oído - Aquí estoy -

Apretó su rostro contra su cuerpo. Esperó unos segundos a que su hijo sintiera su calor maternal y lo separó para poder examinarlo. Tomó su rostro y suavemente, se fijo que no estuviera herido, que ese maldito no le hubiera hecho nada. Al confirmar que estuviera bien, soltó un gran suspiro.

- Taro ¿Dónde esta tu hermana? - Le preguntó, pero al ver que no obtenía respuesta, insistió - Taro -

El niño alzó su brazo derecho y apuntó detrás de la barrera de policías. Nami se enderezó y contempló más allá.

Su rostro se tornó pálido. Hanako estaba sentada en el suelo. A su lado, Katsu y Gaku le hablaban en voz baja. Dejó a Taro junto a Zoro, sabía que no había nadie más seguro allí que él, y comenzó a caminar hacía su pequeña. Su respiración estaba inestable, el rostro de Hanako estaba igual de pálido que el de ella.

- Hana... - Murmuró cuando estuvo a su lado - ¿Estás bien? -

- ¿Mamá? -

La joven se puso de pie, con ayuda de su madre, y la abrazó con fuerza. Nami nunca se sintió tan aliviada. Estaba bien, sus dos pequeños estaba bien. La abrazó con tanta fuerza que no quería dejarla ir.

- Mamá, tenía miedo - Comentó mientras aguantaba sus ganas de llorar - En verdad pensé que no te volvería a ver -

- Ya ha pasado - La silenció - Prometo que nada será lo mismo, nada de esto volverá a pasar -

Al notar que su hija hacía fuerza por separase de su cuerpo, la dejó ir. Acarició sus cabellos con pena y le regaló una lastimosa sonrisa. Hanako desvió la mirada y la posó en el hombre que había salvado su vida una y otra vez. Pero la bajó algo angustiada, pensar que todo eso había sido su culpa. Luffy se acercó a ambas mujeres y las contempló serio.

- ¿Estás bien? - Tomó a la muchacha por el mentón y la obligó a alzar sus ojos. Hanako respondió con el rostro - ¿Y tu? -

La pelinaranja lo miró algo alterada. Su boca, su mentón y su nariz estaban cubiertas con rastros de sangre seca. Estiró su mano y tocó su rostro con sumo cuidado. El hombre soltó un quejido que intentó disimular desviando la mirada.

- Oh, Dios - Soltó y lo envolvió en sus brazos - Cuanto lo siento, en verdad lo siento - Cerró sus ojos para no tener que seguir viendo esa escena - Te involucre en esto, involucré a Katsu en en esto y... -

- Oi - La tomó por los hombros y la separó de su cuerpo - Tu no me involucraste en esto - Afirmó y posó sus oscuros ojos en los de ella - Yo me involucre solo, y lo hice por Taro, por Hanako y por ti -

- Pero... -

- Yo también lo hice por ustedes - Katsu sonrió desde el suelo, se frotaba su tobillo con energía.

- Escucha - Le quitó los anaranjados cabellos del rostro y la contempló con dulzura - Iremos por Taro, llevaremos a Katsu al hospital para revisar ese tobillo y nos iremos de aquí ¿De acuerdo? -

Asintió en silencio.

- Bien - Luffy soltó un gran suspiro y se agachó para tomar a Katsu del brazo - Déjame ayudarte -

- ¡Papá! -

Mizuki y Akira llegaron corriendo y se aferraron a la pierna del hombre con fuerza. Éste se giró y acarició los oscuros cabellos de Mizuki, luego tomó a Akira y la alzó.

- ¿Dónde están tus hermanos? - Le preguntó con una sonrisa.

La niña no podía quitar la mirada de la sangre pero se animó a apuntar a Takara. La mayor de las hijas que había tenido en su anterior matrimonio, se acercó con Raiden en sus manos. El más joven de la familia comenzó a llorar con fuerza. La pelinaranja se arrimó y lo tomó en brazos para luego calmarlo con una canción de cuna.

- Papá - La voz de Katsu lo obligó a girarse hacia él - Crees que podamos llevar a Gaku al hospital también, le ha dado una gran paliza -

Luffy desvió la mirada hacía el joven pelirrojo quien yacía de pie a unos cuantos metros de ellos. No analizó con la mirada, al parecer él también había recibido un golpe en la nariz. Sin lugar a dudas parecía ser el lugar predilecto por el rubio. Soltó un suspiro, el muchacho se había limpiado la sangre pero su estado era peor que el suyo. Posiblemente le hubiese roto el hueso nasal, tenía toda la zona inflamada. Y además... Estaba completamente mojado. Él había sido quien se había tirado al agua para rescatar a Hanako.

- No es necesario, yo tengo mi auto y además... - Gaku posó los ojos en Hanako, todavía no habían podido hablar sobre lo de Suki.

- Te llevaremos al hospital, luego vendrás a comer a casa - Hanako no lo miró a los ojos, pero había cierto aire de dulzura en su voz.

- Esta decidido - Sonrió Luffy.

Se agachó para poder dejar a Akira en el suelo. Si iba a ayudar a Katsu, necesitaría todas sus fuerzas para mantenerlo en pie. Pasó el brazo de su hijo por sus hombros y comenzaron a caminar hacia los vehículos. Atravesaron la gran pared de policías y se dispusieron a abrochar los asientos de los más pequeños.

Robin apareció entre los oficiales y le entregó al pequeño Souta. La pelinaranja lo tomó y le dio un beso en la frente. Al fin estaban todos juntos. A salvo.

- Ya ha sido trasladado - Comentó la morocha mientras anotaba ciertas cosas en su teléfono móvil - He hablado con el fiscal, se les tomará declaración una vez sean atendidos en el hospital - Añadió. Posó sus claros ojos en los de su amiga - Hablaré con el juez ahora mismo, te aseguro que no va a salir tan fácilmente -

- Te lo agradezco - Tragó saliva. Al fin comenzaba a hacerse justicia - En serio -

Aún quedaba un largo camino. Pero estaba segura, que esa vez, lo superarían. Por fin sus vidas iban a cambiar, ya no más miedo, ya no más paranoias. Iban a poder vivir la vida tranquila se merecían, junto a todos sus pequeños. Soltó una sonrisa. Tal y como había sido antes.

Ahora que su vida estaba tranquila y bajo esas circunstancias, no le molestaba tanto pensar en la idea de nietos.


Bueno... Fin del fic. Por supuesto que, como siempre, faltará un pequeño epilogo para dar un cierre formal a la historia. Aunque ya he mencionado el hecho de que habrá una tercer parte con más aventuras para esta alocada familia. Nada de Bellamy, se los prometo. Él se pudrirá en la cárcel, como se lo merece.

Espero que les haya gustado y estaré ansiosa de leer sus comentarios.

¡Nos leemos pronto!