Perdón! La universidad se come mi vida y mi tiempo y mis neuronas! Jajaja bueno antes de empezar parciales les subo capítulo espero les guste mucho! Les pido por favor sus reviews! Lean también por favor LUNA LLENA y TRAMPAS DEL DESTINO. No me queda más que decirles que este fic esta por llegar a su final y entonces quedarán los anteriores así que espero no me olviden jajaj pues podrán seguir leyendo de mí en los otros dos.
Capítulo 24 - Culpables
Podían oírse los pasos de un lado retumbar en las luminosas y brillantes paredes de la sala de urgencias. Era un blanco enfermizo, doloroso, pues, aún y cuando no era la intención, simulaba el muy mencionado túnel hacia el otro lado y no podían permitir que ella cruzara hacia allá.
Todos estaban ahí tratando de que, de alguna forma, la unión de aquellas personas sirviera como cadena para evitar que ella se fuera. Era demasiado pequeña para morir, demasiado frágil como para tener que vivir aquello pero, sobre todo, era demasiado querida como para que algo malo de pasase.
Hien escondía las lágrimas que corrían alrededor de sus mejillas en el regazo de su tía mismo que, para ese entonces, debía de compartir con una bebé que ocupaba el abultado vientre de la amatista mientras que, Sakura, no hacía nada más que mirarse a los pies tratando de encontrar una respuesta. Al mismo tiempo Syaoran caminaba de un lado a otro por el pasillo de aquella sala tratando de encontrar un consuelo que no estaba. Apenas la había encontrado ¡apenas comenzaba una vida con ella! Y, definitivamente, no quería perderla.
Pero, aquello, era totalmente inexplicable ¿cómo se suponía había sucedido? ¿En qué momento la habían perdido de vista? Hien se levantó del lugar donde había derramado todas aquellas lágrimas e, instintivamente, se limpió los rastros que quedaban de ellas. Miró con cuidado los rostros de sus padres y, dentro de él, se sintió culpable: era su responsabilidad cuidar de Nadeshiko y, él, había fallado como hermano; era su responsabilidad cuidar de su madre para que no sufriera y, ahí también, había fallado. Miró a su padre y le encontró el rostro más contrariado que le había conocido en aquel tiempo que llevaban juntos e, invariablemente, se sintió culpable también: apenas los había encontrado y, por su irresponsabilidad, quizás estaba a punto de perder a la niña de sus ojos.
Como todo un adulto se dirigió a donde estaba su abuela quien, con la impresión, parecía haber envejecido algunos años y, con cuidado, miró a Nae-su prima-dormir entre sus brazos. La miró y trató de sonreír para darle la esperanza que, por lo menos él, no había perdido en ningún momento.
Naddy podía ser chiflada y terca pero, a pesar de todo, era una luchadora y ella daría batalla hasta el final.
Vio también a sus tías caminar de un lado a otro de aquel pasillo como si, de aquella forma, el tiempo pudiese pasar a mayor velocidad pero, en circunstancias como aquellas, parecía que el tiempo iba cada vez más lento. En momentos como aquel deseo que Koichi y Touya estuvieran ahí junto con la tía Kaho y el bebé pero, ellos, se había mudado a América por el trabajo de periodismo de su tío. Pensó en su abuelo y, deseó con todo su corazón, que encontrase un vuelo pronto para poder llegar al lugar. Sabía que estaba rodeado de una infinidad de gente pero, en ese momento, se sentía solo.
Porque Naddy era parte de su vida desde siempre y, perderla, era como perder una parte de él mismo.
-Ven acá-Escuchó por fin de los labios de su madre haciéndole voltear a mirarla para, después, correr a sus brazos mientras las lágrimas seguían corríana velocidad por su rostro. Saltó con fuerza a sus brasos y escondió su rostro en su pecho mientras la rodeaba con sus cortos brazos.- Ya mi niño, todo estará bien.
-Fue mi culpa.-murmuró mientras su infantill voz se ahogaba entre sollozos-Yo la perdí de vista, fue mi…
-¡Cállate!-Gritó Sakura mientras tomaba a su hijo por los hombros y lo alejaba de ella para verle a los ojos. Syaoran salió de su letargo ante aquella palabra y trató de acercarse para deterla pero, ella, le fulminó con la mirada haciéndole respetar su espacio. Miró a su hijo quien se mostraba contrariado y asustado: ella nunca le había levantado la voz de aquel modo, evidentemente habían peleado a lo largo de sus vidas pero, en aquella ocasión, todo era distintio.-Nunca lo digas de nuevo mi amor-Dijo mientras su voz se volvía dulce y melancólica, cariñosa pero fría al mismo tiempo.- Nunca creas que fue tu culpa porque no lo fue Hien y quiero que lo recuerdes siempre ¿está bien?
-Mamá tiene razón.- Intervino su padre mientras se sentaba a su lado y le revolvía un poco el cabello haciendo que al niño se que escapase una diminuta sonrisa que pronto se vio borrada por su pequeño rostro que se mostraba sombrío y adolorido.- Naddy no se sentirá bien si al salir del quirófano descubre que te crees culpable… fue solo un accidente.
-¡No!.- Gritó el niño mientras se soltaba de sus padres y los miraba con detenimiento ¿cómo podían creer que en verdad era un accidente? ¡no lo había sido! Él estaba seguro que, aquello, había sido provocado con alevosía y ventaja porque él se aseguró de que ningún coche viniera en camino y, aquella persona, le había mirado por unos instantes y estaba seguro de que conocía esa silueta oscura a causa de los vidrios polarizados pero ¿de dónde?-¡No fue un accidente mamá! ¡Ella quería matar a mi hermana y a mí pero me moví más rápido! ¡Fue mi culpa haberla dejado! ¡Fue esa mujer la que la lastimó!
Sakura suspiró profundamente y volvió a ensimismarse en sus pensamientos, cuando Hien estaba en aquel estado era mejor no contradecirle nada pero ¿por qué tenía la sospecha de que sus palabras eran la verdad? Sencillo: porque ella lo había visto todo. Vio como su hijo se sentaba sobre las piernas de Shiefa lo suficientemente lejos de sus padres para evitarse otra pelea con ellos. Al lado de la mujer más joven de las hermanas Li estaba Yukito quien, desde que la había conocido en aquella presentación de Btelgeuse, se había vuelto su amigo incondicional e inseparable. "Si no tuviera novia seguro esos dos estarían juntos" había pensado más de una persona que conocía la amistad entre ellos dos y, los susodichos, estaban inconcientemente concientes de aquello.
Uno de los médicos salió de donde se suponía era el ala de cirugía del hospital. Caminaba a donde se encontraba la enorme familia Li al mismo tiempo en que movía su cuello de un lado a otro sin detenerse tratando de descansar los músculos que se habían tensado durante tantas horas en la misma posición. El pequeño de ojso oscuros se levantó de golpe y corrió hasta su encuentro al momento en que sus padres se ponían de pie y entrelazaban sus manos esperando una respuesta de su parte.
-Mi hermana está…-Alcanzó apenas a balbucear antes de que sele cerrara la garganta de miedo ¿qué iba a hacer si ella simplemente no volvía a abrir sus ojos verdes? ¿quién cuidaría de Kero? Y ¿qué pasaría con Amminah su tan apreciado muñeco? O peor aún ¿qué sería de él sin nadie a quien cuidar y molestar durante el resto de su vida? En un momento de miedo ante la falta de respuesta caminó dos pasos hacia atrás sin despegarsu vista del rostro de auqel hombre para después abrazarse a una se las piernas de su madre quien veía al médico tan expectante como el niño.
-Dígame la verdad ¿Cómo está mi niña?-Cuestionó Syaoran siendo el único a quien pudieron salirle las palabras en ese momento mientras que, madre e hijo, lloraban desconsoladamente estrechados uno con el otro esperando escuchar lo que sus corazones tanto anhelaban pero, al mismo tiempo, sufriendo en silencio ante la posibilidad de que aquello quedara en sueños y que ya nada se pudiera hacer por ella.- Por el amor de Dios ¡Diga algo!-Espetó con rabia ante el corto pero estresante silencio de aquel hombre que seguía vistiendo parte de su ajuar quirúrgico.- Es mi bebé la que está ahí adentro así que se lo ruego ¿cómo esta?
-Grave pero estable-. Soltó al fin haciendo que la familia ahí reunida pudiesen respirar tranquilamente por algunos segundos: sí, seguía grave pero al menos estaba controlada y, tal vez, comenzaría a responder en pocos momentos.- Pero quisiera hablar con ustedes dos si es posible a solas.- Concluyó el médico dándole a entender que, el tyema de conversación, sería algo sumamente delicado y que, de no tratarse de una manera correcta, podría desencadenar una serie de problemas como para Naddy como para el resto de la familia.
-Creo que debo llevar a Hien a que duerma un rato y a que se bañe. Un hospital no es bueno para un niño.- Mencionó Shiefa mientras tomaba la mano del niño quien la veía con coraje ¿cómo podían tratar de alejarle de su melliza en un momento como ese?-Y también me parece que Tomoyo debería ir a dormir, ha estado en lal misma pocisión desde que llegó y no creo que sea muy saludable para ella.
Hien quizo apelar pero descubrió la súplica en su mirada y no hizo nada más que asentir sobre la proposición que se le había hevho. A demás, no podía mentir, moría de sueño. Caminó con cuidado al lado de su madre y le besó la mejila con dulzura para que, si llegaba sentirse sola, aquel beso le hiciera sentir que él estaba a su lado. Tomó su mochila y encontró dentro de ella uno de los pequeños muñecos que su hermana siempre llevaba de contrabando al colegio, lo sacó con cuidado y se dio cuenta de que era el pequeño peluche a quien había llamado Kero antes de que su abuela le regalara aquel cachorro quien según la niña se parecía de manera peculiar a él-todos sabían que no había pizca alguna de parecido pero, solo por ser ella, mentían diciendo que era verdad-.
Lo miró con detenimiento inspeccionando parte por parte del juguete: su cabeza similar a la de un oso con los ojos tan pequeños que apenas eran visibles, sus peculiares alas que salían de su espalda, su larga cola que terminaba de una esponjosa forma que lo hacía tan diferente. A decir verdad le parecía un juguete feo y torpemente hecho pero aquel era el favorito de Naddy: el único que mamá le había hecho solo a ella. Lo depositó entre las manos de su madre y le pidió que, en cuanto pudiera, se lo dejara a Naddy en su habitación porque estaba seguro que le daría las fuerzas necesarias para salir adelante.
Después de eso tomó la mano de su tía y caminó junto con ella y Yukito hasta el final del pasillo donde desaparecieron de la vista de todos. La pareja de castaños le vio alejarse por aquel angosto y peculiar pasillo. Se tomaron de las manos con fuerza y se miraron por un par de segundos: los dos estaba pensando exactamente en lo mismo.
-Tampoco cree que haya sido un accidente ¿verdad?-Cuestionó Sakura tan pronto el médico cerró la puerta del consultorio al cual los había conducido.
-No señora, no creo que haya sido un accidente lo que le pasó a la niña.- Contestó mientras miraba a la pareja con empatía.- Justamente de eso es de lo que quería hablarles: el coche la golpeó con demasiada velocidad y por lo mismo sus lesiones son severas.
-Pero estará bien ¿verdad? Mi Nadeshiko va a estar bien ¿verdad doctor?-Rogó. Por primera vez en mucho tiempo Li Syaoran le rogó a alguien de aquella forma. Tomó la mano de la que sería su mujer en un par de meses para sentirse seguro y miró al médico de forma suplicante.- ¿verdad?
-Ya hicimos todo lo que pudimos.- Dijo él al fin- Ya todo depende de ella…
De haber sabido que fallaría de aquella manera hubiese dejado aquel intento de acabar con ellos en otro momento. El estúpido del niño se le había adelantado por lo que solo lastimó a uno de los mellizos y, para colmo, no había podido terminar con su vida tal y como estaba planeado.
Se preocupó. No pudo evitar hacerlo. Esata conciente de que aquel niño había visto su reflejo camuflageado en el vidrio del coche y, aunque le pesara, era un chico listo. Uno muy listo. Aún y cuando su actual pareja no supiese de su otra vida como Adrena, este le había hablado de la mujer para la que trabajaba: tan buena y responsable que no podría ser mejor madre, con unos niños adorables y especiales al mismo tiempo. Había descrito a Nadeshiko como un ángel, el tipo de niña que te hace reir con solo sonreir, de las que hablan y hablay y tú pides que jamás se callen. El tipo de niña que ella odiaba. El tipo de niña que había arruinado su plan.
Por otro lado, Yukito describió al pequeño de lso mellizos como la seriedad andante. Según había comentado era serio, reflexivo y analítico, nunca dejaba a su hermana puesto que tenía como misión protegerla de todo. Tanto a ella como a su madre. Sí, definitivamente aquel niño era un Li: aquellos ojos oscuros y mirada penetrante le habían ineglable la estirpe que cargaba.
Y solo por ser hijos de Syaoran Li y Sakura Kinomoto merecían morir. Había anhelado por largas noches el ver la sangre de aquellos niños pintar en tonos escarlatas las calles de la ciudad de Tokio. Les siguió por días, días que se volvieron semanas y que a su vez se convirtieron en meses. Desde que él la había escogido a la ojiverde aún por encima de ella se prometió a sí misma que ambos pagarían de ña manera más cruel y dolorosa pero ¿cuál era aquella manera?
Y entonces ellos vinieron a su mente. Si quería verles sufrir por siempre entonces lo lograría mandando al mismísimo infierno a esos dos chiquillos que había ocasionado que se reunieran.
Hien siguió caminando por los pasillos tomado de la mano de Shiefa quien, de manera incociente, había tomado uno de los brazos de Yukito buscando el alivio que no podía encontrar. Muchas veces había admirado el rostro triste y perdido de su hermano pero, el que vestía ahora, era el peor que le había visto. Era como si hubiese envejecido un par de años, como si sus sueños hubiesen sido robado por un agujero negro y, sus ojos habían perdido el color y la chispa de aventura que siempre había tenido.
Era como si en un abrir y cerrar de ojos le hubieran robado a su hermano.
Su pequeño hermano.
Giró el rostro para toparse con el pequeño niño que iba tomado de su mano y no pudo evitar ver reflejado a Syaoran en él. Ambos fuertes, duros y seguros pero, en el fondo, inseguros y temerosos de quedarse solos. Suspiró profundamente y sintió como el amare de su brazos se sentía mas fuerte y se encontró con la mirada de apoyo de Yukito.
Suspiró de nuevo. Si tan solo él no tuviera una novia.
-Tía ¿Me puedes dar uno de lso dulces que siempre cargas?-Preguntó el niño mientras le miraba penetrantemente.-Tengo hambre…
-Claro amor.- Contestó mientras una sonrisa se dibujaba entre sus labios. La única diferencia entre su hermano y aquel niño eran los dulces. A diferencia de Syaoran Li, Hien Li prefería cosas sabor a vainilla puesto que, a diferencia del chocolate, este no empalagaba el paladar tan pronto era probado.
En aquello él era como su madre. Sakura.
La pobresilla también la estaba pasando mal pero no decía nada. No caminaba de un lugar a otro por los pasillos, no preguntaba desesperadamente cuanto más tardarían, cuando le dirían algo, cuando le darían a su niña.
No. Ella aguardaba en silencio como una sombra en aquel hospital. Algunas veces levantaba la mirada y se encontraba con quienes estaba ahí pero, ella, únicamente revisaba que su prometido y su pequeño estuvieran bien. No valía la pena angustiar más a las personas con sus miedos pues ya todos tenían suficientes por lo que se guradaba palabra por palabra, lágrima por lágrima en su corazón.
El niño la miarab con impaciencia ¿en qué tanto podía estar pensando? La hija menor de los Li llevó inconcientemente sus amnso a donde se supondría debería de estar su bolso pero se encontró con que no estaba colgando de su hombro. Miró a Yuikito tratando de encontrar una explicación y él la miró un tanto extrañado. Él tampoco la tenía. Pero entonces ¿dónde estaría?
-Demonios.- Musitó ella mientras se inclinaba para quedar a la altura del niño.- Creo que dejé el bolso donde mi madre ¿Me esperan aquí mientras voy por él?
-Si.- Respondió el pequeño mientras finjía una sonrisa ante ella.-¿Puedes preguntar como está Naddy?
-Amor hace no más de 5 minutos que nos dijeron como estaba, no creo que nada haya cambiado aún.- Dijo para después encontrarse con los ojos tristes del pequeño, Suspiró.- De acuerdo. Preguntaré.
Shiefa se fue caminando con tranquilidad por los pasillos para alejarse de donde estaban Yukito y Hien. Ambos se miraron y rieron un poco. Shiefa podía ser toda una adulta pero, ella, nunca dejaría de ser tan despistada e infantil como siempre lo había sido-o al menos eso repetía a la abuela Li-.
Yukito se ofreció a comprar algo en la máquina expendedora y el niño aceptó la invitación con alegría pues, su estomago, demandaba alimento tan pronto como fuese posible. El hombre de cabellos grises le pidió que esperase en aquella pequeña sala de espera a que Shiefa volviera mientras él buscaba algo en la máquina para llenas sus vacíos estomagos.
Dicho aquello se alejó dejándolo solo. Miró a los alrededores y no encontró a nadie por lo que se sentó en aquellas frías e incómodas sillas que había y comenzó a esperar. Movió sus pies al son de una boba melodía que Naddy había estado cantanto en el camino a casa misma que, como todas las cancioncillas que la nena cantaba, se le había quedado pegada al grado aque ahora era su cabeza la que la tareareaba.
Pero una voz lo sacó de sus ideas. Una voz que él conocía, una tan pilluda y estresante que jamás olvidaría. Era ella. La voz de esa persona era la de ella. Dejó de mirar sus pies para después mirar unos zapatos de tacón negro justo enfrente de él. Tragó pesado. ¿qué podía hacer ella ahí? ¿qué hacía ahí cuando ella les odiaba a su hermana y a él? ¿Por qué ella que odiaba a su madre por ser quien es y que había tratado de alejarles de su padre estaba ahí?
-Por qué la cara pequeño ¿ya se fue al otro mundo tu hermana?-Cuestionó la mujer mientras le miraba con odio. Ella los odiaba y él lo sabía y la única razón para que ella estuviese ahí era para asegurarse que ellos estuvieran sufriendo.
Dejó que las lágrimas corrieran por su rostro sin importar que aquella mujer lo viera ¿cómo podía alguien desear que su hermana mueriera?
Y la reconoció. Reconoció el moviento de sus cabellos de la misma forma que tenía intacta la imagen de la sombra de la persona que conducía el coche. Había sido ella, solo ella tenía el suficiente odio para hacerlo.
-Fuiste tú.- Susurró el pequeño como si no quisiese que le oyeran. No había duda, no podía equivocarse en algo así pero ¿sí sería ella?-Fuiste tú.- Repitió.
-Dejate de murmullos "pequeñito"-Dijo Adrena con desdén mientras capturaba en rostyro del niño en una de sus manos.- Habla como se debe mocoso ¿Fui yo qué?
-Tú… Tú atropellaste a mi hermana…
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De nuevo se los pido reviews!!! y lean tambien LUNA LLENA y TRAMPAS DEL DESTINO
ASHAKI
