¡Hola!
Actualicé más rápido esta vez porque ya tenía casi completo este capítulo. Es un poquis más corto que los otros, pero no podía agregarle mucho más, luego serían muchas emociones :b
En fin, espero lo disfruten.
Oh, y como instrucción para este capítulo, busquen Meditation de Monoman cuando vean estos signos:
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Ayudame a ayudarte:
Parte 2
Luego de la pequeña y secreta celebración de Hana-chan, donde Sakura y Kyo-chan tuvieron que arrancar a la pequeña del cuello de Sasuke ya que éste se estaba poniendo del mismo color de su yukata por la falta de aire, Itachi los encontró en las puertas del hospital.
Sin Kakashi.
— Ha ido a visitar a Touya-san. — explicó el Uchiha mayor.
Sakura asintió comprensiva, y los tres se encaminaron a la cabaña secreta de los Uchiha, para preparar los últimos detalles antes de que Naruto llegara.
— Yo me quedo a esperar a Kakashi-san, vayan ustedes. — se ofreció Itachi antes que ella hablara, recargándose en uno de los árboles cercanos a las puertas de Konoha — Necesita a uno de nosotros para llegar de todos modos. — tranquilizó a la pelirosa, que puso ojos preocupados.
— Bueno… — aceptó reticente.
— Y yo necesito practicar. — confesó Sasuke con un bonito sonrojo en sus mejillas, cruzado de brazos.
— Bueno, bueno. — rio Sakura, colgándose de su brazo.
Se encaminaron ambos por el sendero que prácticamente se sabían de memoria, disfrutando del pacífico aire que se respiraba esa mañana. Sakura recargó su cabeza en el brazo de Sasuke que estaba abrazando, pensativa.
— ¿Qué te molesta? — preguntó el Uchiha.
— ¿Eh? ¿A mí?
Sasuke le dio una mirada plana.
— N-no me molesta, sólo… no sé. — calló, tratando de poner en orden sus pensamientos. No sabía cómo decirlo — Sólo me preguntaba…
— ¿Hm?
— ¿C-cómo fue que-? ¿Qué fue lo que cambió?
Sakura se veía claramente nerviosa, desacostumbrada como estaba de meterse en lo que no le correspondía. Siempre lo recibió con brazos abiertos sin hacer preguntas, y tenía una confianza ciega en él y su hermano que los conmovía hasta niveles vergonzosos de admitir en voz alta.
El Uchiha sabía a lo que se refería. No había sido honestamente su intención espiarlos, pero es que la puerta de su habitación estaba abierta y ellos hablaban muy alto. Además, escuchó su nombre de la boca de Kakashi…
No que le importara cómo se veía la boca de Kakashi.
Ni su rostro tampoco.
— ¿Es difícil dejar de pensar en Kakashi? — le gruñó su bajita compañera, codeándole las costillas.
— Ya se me había olvidado.
Sakura hizo ademán de soltarle el brazo, pero él la jalo de regreso, riendo quedamente.
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— No es de tu maldita incumbencia. — ladró Sasuke, zafándose del agarre de Sakura y retomando su camino.
— ¡Sasuke! — gritó Sakura, antes de lanzar una serie de kunais que casi logran darle.
— Tan molesta… — siseó él, sacando su propia arma. Si así quería jugar, él no tenía ningún problema. Sería un jodido pan comido.
Sakura era inteligente, y jugó con su cabeza un rato que podría ser considerable, pero al activar su Sharingan la pelea se redujo a puño limpio. Tal vez no le hacía demasiado daño, pero era tan escurridiza que terminó por mandar el juego justo a la mierda y arremetió contra ella con todo lo que tenía, sin pestañear.
— No necesito ni tengo por qué cargar con un par de estorbos como ustedes. — gruñó Sasuke, agarrándola de cuello. No se conmovió por las lágrimas que se distinguían entre los chorros de sangre del maltrecho rostro de su compañera. Tampoco se arrepintió al verla ahogarse con su propia sangre.
— N-n-n-oss-
Sakura no podía hablar, comenzó a toser sangre, manchando un poco a Sasuke, quien la soltó con desprecio.
— N-n-n-oss-otr-oss t-te nezz-ec-itamm-oss… —logró articular, antes de sumirse en la inconsciencia.
Sasuke cayó de rodillas al suelo, viendo el desastre que había dejado.
Algo se rompió en él ese día.
— Perdónenme.
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— Sé mejor que nadie cuánto duele… lo sé. — decía desesperado, cubriéndose con un ejército de clones de sombra para que pudiera dejarlo hablar —Es más fácil no pertenecerle a alguien, ni tener alguien que te pertenezca. Pero ya es tarde, Sasuke…
— ¡Cierra la boca! — Sasuke creo una enorme bola de fuego para asesinar todos los clones de Naruto de una malita vez, y que dejara de decir todas esas estupideces. Estaba cansado. Cansado de oírle y cansado de pelear. Éste no era el mismo Naruto con el que peleó en el valle del fin.
Él tampoco era el mismo.
— Si eres tú, no me da miedo necesitarte. — apareció Naruto, detrás de él de improviso, haciéndole una llave que le impidiera moverse — No importa cuánto escapes…
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Su hermano mayor. El más fuerte. El preferido de papá. El prodigio. El jodido asesino que masacró todo su clan, a su familia, sólo para medir su fuerza. El que le enseñó lo que era el odio y cómo usarlo… Itachi.
Sólo quería mantenerlo a salvo. Se la pasó su vida entera protegiéndolo. Haciendo toda clase de monstruosidades, incluso llegando a trastornarlo psicológicamente, sólo para saberlo a salvo.
La verdad le golpeó a Sasuke bien duro, y su furia contra él, contra la aldea, contra los idiotas que estaban intentando interferir en la pelea, contra su familia, contra sí mismo por no ser más fuerte … todo se desató, como si hubieran abierto la caja de pandora.
No se veía capaz de tranquilizarse. No quería tranquilizarse. Alguien tenía que pagar por todo esto…
— Creí que podría… creí que era distinto. Más fuerte… pero no puedo solo, Sasuke. — susurró Itachi, cayendo de rodillas al suelo — No puedo.
Quien fuera una vez la adoración de Sasuke, para luego pasar a ser su peor pesadilla (en más de un sentido), ahora se encontraba tirado frente a él, a punto de morir.
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— Tu propio dolor es fácil de manejar. Lo conoces, es responsabilidad tuya y sólo tuya. — explicó, con la mirada perdida entre sus recuerdos. Habían retomado su andar — Pero el dolor de otro, específicamente el dolor de tus seres queridos… es algo insoportable. Y saber que sufren igual que tú, que tienen sus propios demonios tras su espalda… y que sólo te den esa estúpida sonrisa que quieres romper a golpes…
Sakura abrió mucho los ojos antes esta declaración, sintiendo lo tenso que se había puesto.
— Te das cuenta de que la felicidad no existe hasta que tu la creas. — suspiró, relajándose tan rápido como se había tensado — Y es más fácil cuando tienes a alguien que te ilumine el camino…— ella no respondió, pero escuchó un sollozo — ¿Sakura?
— L-lo siento, e-es que….
— ¿Qué pasa? — preguntó Sasuke preocupado, frenándolos a ambos.
— ¡Es que eso sonó tan hermoso! — lloró emocionada — ¡Y tú lo dijiste!
La pelirosa se ancló a su cintura, haciéndole tronar los huesos.
— ¿Exactamente qué significa eso? — se quejó él, dándole un zape.
Fueron recibidos por un ruidoso Shiro que se les abalanzó encima tan pronto como cruzaron el umbral donde aparecía la residencia Uchiha.
— ¡Yo te extrañe más mi amoooor! — saltó Sakura junto al can, cargándolo en sus brazos y dejando que le lamiera toda la cara — Ven conmigo, tengo algo para ti.
Sasuke siguió a la atolondrada pelirosa adentro de la casa, con una sincera sonrisa en su rostro, reafirmando su deseo por casarse con su ruidoso e imposiblemente cabeza dura de su novio.
— ¡FRENTONA! — saltó Ino al cuello de Sakura, tan pronto llegaron al salón principal. La casa oculta de los Uchiha era una al estilo tradicional, conectada por caminos de madera y puertas corredizas. Escogieron hacer el festejo el salón que daba hacia el jardín, que contaba con un bonito lago con peces y abundantes plantas y flores silvestres que el dueño cuidaba con devoción.
— ¡Lo siento, lo siento! — se disculpó Sakura — Hana-chan de algún modo logró quitarle los anillos a Sasuke y se rehusaba a soltarlos a menos que la casara con él…
Ino rio al ver el escalofrío que le recorrió al estoico azabache.
— ¿Puedo verlos? — pidió la rubia, poniendo su mejor cara de perrito adorable. Sasuke ni se inmutó, sólo siguió su camino hacia la cocina sin dirigirle ni una mirada — Hombre sin corazón… — siseó ofendida.
— Si supieras… — suspiró Sakura — ¿Y Sai?
— Durmiendo…
—…. ¿qué?
—….
—….
— Ino.
—….
— Kami-sama… dejarás a ese hombre seco si no te controlas.
— ¡N-n-no es mi culpa!
— ¡Ni siquiera se han cambiado! ¡No sabemos a qué hora llegará!
— ¡Ya voy, ya voy!
— ¿Te parece familiar? — preguntó Itachi, al ver la expresión de Kakashi cuando la casa "apareció" frente a él.
El peligris no podía contestar que sí, pero tampoco podía decir que no… era una sensación de lo más extraña. Su cabeza se sentía atontada. Todo parecía pasar muy rápido, pero al mismo tiempo muy lento. Había cierto eco que resonaba ante cada sonido, y una estela de luz seguía todos los colores que captaban sus ojos. Sentía un cosquilleo desde la planta de sus pies cuando se posaron en el piso de madera, que recorría todo su cuerpo y terminaba en la punta de sus dedos.
Un perro del tamaño de Uhei, con 3 veces más energía que el mismo, ataviado con un mini yukata (siguiendo con la temática tradicional que habían escogido para la ocasión), no paraba de saltar en dos patas, y temía que su cola fuera a salir desprendida de su cuerpo por la euforia con la que se movía desde que lo vio llegar.
Justo en ese momento, el salón principal se abrió ante él. Estaba decorado con nada más que luces, flores blancas, y detalles sencillos con algunos listones. En el kotatsu (el más grande que Kakashi hubiera visto en su vida) estaba preparada una elegante mesa con una fina vajilla de cerámica con motivos tradicionales y cubiertos de plata brillante. Pero lo que sin duda resaltaba en el ambiente era la vista del jardín que había cruzando el lugar. Se escuchaba el agua de la fuente de bambúes, pájaros cantando, grillos, el susurro de cervatillos corriendo por los alrededores… y justo en el centro de todo eso, se encontraba ella.
Ella, con su kimono absolutamente acertado, con su cabello suelto, sentada en la orilla del piso de madera, su espalda recargada en una de las columnas, uno de sus pequeños pies colgando hacia el lago, el otro extendido en el piso, leyendo tranquilamente. Levantó su vista al escuchar al ruidoso can que no había dejado de rodearlo dando saltitos, y cuando sus miradas se conectaron, la sonrisa más preciosa en la fas de la tierra, se posó en sus labios. Kakashi podría jurar que esa sonrisa provocaría que la noche se hiciera de día, y el día pareciera noche por su resplandor.
— Hola. — saludó ella.
¿En qué momento se había movido de lugar?
No importaba demasiado. Todo la distorsión se había aplacado con ella cerca.
— Hola.
— ¿Cómo estás?
Jodido.
Confundido.
Atrapado.
Asombrado.
Acojonado.
Cachondo.
Impresionado.
Incrédulo.
¿Feliz…?
….
Irremediablemente-
— Bien.
Ella rio, probablemente porque escuchó (o leyó, ve tu a saber) todo lo que él no dijo. Porque siempre lo descubría. Porque lo conocía. Porque él le había dejado entrar… muy adentro. No pudo reprimir el beso que necesitaba darle. Porque si seguía no hablando, ella probablemente se enteraría de lo que no estaba listo para admitir.
Terminó tan pronto como empezó. Ella estaba jadeando y sus mejillas se habían colorado. Él degustó el sabor a frambuesa que se había quedado impregnado en sus labios, antes de subir nuevamente su máscara al sentir que todos se acercaban al lugar.
— ¡Ha llegado! — susurró la rubia amiga de Haruno. Venía dándose tropezones por estar arreglándose a último momento su kimono lila, siendo ayudada por su extraño y socialmente ignorante padre de su futuro hijo.
— Wow, senpai… — se asombró el chico. Kakashi ladeó su cabeza a modo de pregunta — Te ves… — dudó un par de minutos, buscando probablemente una palabra que no fuera demasiado inapropiada. Las chicas se veían consternadas. Sobre todo, Ino, que parecía estar a punto de recibir un golpe — No sé como decir "ardiente" sin que suene a acoso sexual, Sakura. Lo siento.
La pelirosa palmeó su cara, Ino se cayó con fuerza al piso, Sai sonrió para arreglar cualquiera que haya sido su cagason esa vez.
Itachi sacó su cabeza de la cocina en ese momento, y con señas, les dijo que se encontraban en la entrada.
Las luces principales se apagaron, quedando sólo las series de foquitos que adornaban el lugar encendidas. Sai arrastró a Ino hacia el lado izquierdo, por fuera de la puerta corrediza que daba al jardín, mientras que Kakashi siguió a Haruno a la derecha. La pareja estaba discutiendo y Haruno se reía de ellos. El perrito había seguido a Kakashi y estaba sentado obedientemente en silencio a su lado.
Sólo se escuchaba la fuente llenarse y soltar agua, llenarse y soltar agua, llenarse y soltar agua…
Pronto Kakashi sintió una fuertes punzadas que se sincronizaron con ese sonido, y tuvo que apretar la mano de Haruno para no colapsar en ese momento. Ella volteó con ojos preocupados al sentir la fuerza de su agarre.
Tres cosas sucedieron en ese momento: Kakashi cayó al suelo, Naruto gritó "CLARO QUE SI QUIERO", y se escuchó una serie de estallidos lejanos.
Luego de eso, sólo hubo oscuridad.
— ¿Cómo está? — preguntó Naruto con gesto preocupado. En su mano brillaba el discreto anillo que Sasuke había mandado a hacer específicamente para él.
Era delgado, de oro blanco, una sortija casi circular, pero que tenía una luna en medio adornada con un discreto diamante. El de Sasuke era muy parecido, pero el suyo era un sol. Sakura no encontraba nada más adorable que sus dos amigos, pero al mismo tiempo, la mortificación por lo que había sucedido con Kakashi no le dejaba festejar como quisiera.
— Está estable. — dijo, regresando su atención al peligris — Le he dado un calmante y he revisado cuadrante por cuadrante su cerebro… encontré una inflamación no demasiado fuerte en una parte muy muy pequeña. Envié chakra hacía ese lugar y su cuerpo liberó tensión, y su respiración se regularizó. Ha estado así de tranquilo desde entonces.
— ¿No puedes hacerlo despertar?
— No creo que sea buena idea. — aportó Sasuke, poniendo una mano en el hombro de su prometido. Su semblante siempre serio mostraba preocupación.
A Sakura se le encogió el corazón al verlos en ese estado, cuando deberían de estar brindando y celebrando.
— Chicos, vayan a disfrutar de su cena. Yo me quedaré un poco aquí para ver cómo sigue.
— ¡Ni hablar! No podemos festejar sin ustedes Sakura-chan. — se quejó Naruto, abrazándola.
— Prometo unirme a ustedes en un ratito, ¿si? Anda, Sasuke estuvo comiéndose sus propias entrañas de los nervios por este día… — le guiñó un ojo.
El Uchiha parecía querer estrangularla.
— ¿Eso es cierto? — preguntó Naruto, completamente sonrojado y conmovido. Sasuke se vio desarmado, puesto que ese yukata naranja con negro, y la pequeña piedrecilla de su anillo de compromiso, hacían brillar de forma especial al rubio.
— Te esperamos. — carraspeó, saliendo de la habitación sin dirigirles una mirada o palabra más.
Sakura le dio sonoro beso en la mejilla al Uzumaki, y le revolvió el cabello.
— Suertudo.
Naruto rio divertido, y luego de cargarla en un abrazo efusivo, la depositó con cuidado en el piso al lado de Kakashi.
— No seas un flojo… no podemos celebrar nuestra fiesta de compromiso sin ti. — le dijo en un tono serio, nada propio de él. Acarició su mano por unos momentos, y después salió a encontrarse con Sasuke — Entonces… ¿estabas nervioso por proponerme matrimonio?
Sakura escuchó el tono sugerente con el que el rubio habló, y no le extrañó cuando luego de eso, se escuchara un gemido furioso, seguido de un portazo. Con las mejillas coloradas y la risa nerviosa ganándole, se acostó al lado de Kakashi, en el espacio libre de la cama.
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— ¿Yo? Yo soy Hatake Kakashi. Las cosas que me gustan y disgustan… Hm, no tengo ganas de decirles eso. Mis sueños para el futuro… nunca había pensado en eso. Y en cuanto a mis pasatiempos, tengo muchos pasatiempos.
— ¡Pero sólo nos dijo su nombre!
— Bueno, su turno. Tú, el de la derecha. — dijo Kakashi, señalando a Naruto.
— ¡Mi nombre es Naruto Uzumaki! ¡Me encanta el ramen instantáneo, ¡realmente me gusta el ramen! Iruka-sensei me lleva al puesto de Ichiraku a comer ramen. Odio los 3 minutos que debo esperar cuando viertes el agua en el tazón. Mi pasatiempo es comer distintos tipos de ramen y comprarlos, y mi sueño es: ¡CONVENTIRME EN EL MEJOR HOKAGE! ¡Entonces toda la aldea dejará de despreciarme y comenzarán a tratarme como alguien!
El hijo de Minato-sensei sin duda había crecido de una forma muy interesante.
— Muy bien… siguiente.
— Mi nombre es Uchiha Sasuke. Me disgustan muchas cosas, y no me gusta nada en particular. Lo que yo tengo no es un sueño, porque va a convertirse en realidad… voy a reestablecer mi clan y a destruir a alguien en específico.
Jodido Uchiha… ya se esperaba algo así.
— …. y por último.
— Y-yo soy Haruno Sakura. Me gusta leer y trabajar en el taller con mi padre. Y uh- no me disgusta nada en particular. Mi sueño es… hm.
Según el Sandaime, la pelirosa era una chica brillante. La número 1 en su clase en todas las asignaturas (fuera de combate), rivalizando con el genio del clan Nara. Lo sorprendente era que se veía que ponían el mismo "esfuerzo" para cumplirlo… la diferencia era que ella venía de una simple familia de ceramistas, y al igual que el Nara, odiaba atraer atención y prefería pasar desapercibida.
Interesante… Realmente su equipo se veía muy interesante.
….
¿Qué demonios…?
Una a una, fueron regresando todas las piezas faltantes en el complicado y confuso rompecabezas en el que se había convertido su mente.
Entendió por qué la relación con el Equipo 7 era tan especial.
Sufrió de nuevo el dolor de perder a Sasuke, al Sandaime, a Azuma.
Revivió su propia muerte y la conversación con su padre, otorgándole el descanso eterno.
Recordó la Cuarta Guerra, el miedo, el cansancio.
Se paralizó por el shock de la verdad sobre Obito, escuchándola de sus propios labios y la pelea que vino luego de eso.
Todo dolía. Era demasiada información que se entre mezclaba con los últimos meses viviendo como un extraño.
— Todo está bien. — susurró una conocida voz — Tranquilo, aquí estoy.
Era Sakura. Estaba temblando de pies a cabeza, con lágrimas corriendo por sus ojos como si fueran dos llaves de agua abiertas. Se encontraba arrodillada en un charco de sangre y parecía que sostenía algo en sus manos…
Era su cabeza.
— Vas a estar bien, tienes que estar bien. No puedes irte. — sollozaba — ¿Por qué escondías tu estúpida cara? Ni que fuera la gran cosa. — su máscara estaba desgarrada, lo que le permitía verla. Estaba enviando torrentes excesivas de chakra a su cabeza para cerrar una horrenda herida en la nuca.
Esa escena desapareció de pronto. Ahora se encontraba en el hospital.
— Buenos días. — entró Sakura, con un ramo de preciosas flores. Las puso en el florero, reemplazando las que se estaban marchitando, para después abrir las cortinas y que entrara luz — Estás muy pálido ya, y te ves más viejo. Tienes que despertar para salir al sol. Justo ayer, Naruto, Sasuke y yo fuimos a entrenar, y no tienes idea de lo que encontramos en el bosque… Kami-sama ni siquiera quiero recordarlo. — rio, temblando un poco — Gai-sensei se le estaba declarando a una chica, ¡pero no supimos quién era! El estúpido de Naruto hizo demasiado ruido y entonces…
Siguió parloteando todo el tiempo que se encontraba ahí, mientras revisaba los niveles y gráficos de los aparatos a los que estaba conectado, atendía sus heridas, cambiaba sus vendas y limpiaba su cuerpo.
La escena volvió a cambiar.
— He estado cambiando las flores de Rin, Obito y tu padre, para que no te preocupes por eso. Les comenté que estabas algo… indispuesto, pero que irías pronto. Así que tienes que despertar pronto o creerán que soy una mentirosa.
— ¡¿Hace cuánto no lavabas tu jodido refrigerador?! ¡Había vida creciendo allí, Kakashi! — hizo un ademán de vomitar — No quiero ni recordarlo. Y Kami-sama, Buru y Uhei se comieron todo eso… ¡ugh!
— Debería agradecerte, ya nadie va a despertarme a las 3 de la mañana a pedirme un curita porque no deja de sangrar el pulgar que siempre utiliza para invocar a los chicos. — dijo, cambiando las sábanas de su cama — Duermo mucho mejor aho-ra… — su voz se quebró y sus ojos lloraron, aparentemente sin permiso — ¡Maldita sea…!
— ¡ESTE ESTUPIDO LIBRO NO DICE NADA! ¡NOVECIENTAS OCHENTA Y NUEVE PAGINAS INUTILES! — lo arrojó hacia la pared, dejando un hueco — Mierda…
— Por favor Kakashi, por favor… sólo despierta. — lloraba. Estaba sentada en la silla de visitantes, tomando su mano entre las suyas, con su cabeza enterrada en el colchón — Por favor… necesito decirte- tengo que decirte… — rio sin ganas — Tengo que confirmarte lo que ya sabes, pero por estúpida nunca te dije. ¿Por qué no te lo dije?
Era la misma pregunta que Kakashi se hacía todos los malditos días. Incluso al despertar y no recordarla:
¿Por qué se preocupaba tanto por él?
¿Por qué él sentía tanta familiaridad con ella?
¿Por qué no escapaba de ese lugar?
¿Por qué quería que se quedara cuando tenía que irse?
¿Por qué sentirla cerca calmaba su miedo?
¿Por qué nunca hizo nada respecto a esos sentimientos?
— Entonces… — dijo Ino divertida, viendo cómo se estaban empezando a poner ebrios — ¿Aquí perdieron su virginidad?
Luego del incidente con Kakashi y de que se aseguraran que estaba fuera de peligro, no quisieron aguar la fiesta, por lo que Sakura e Itachi retomaron los planes que tenían para la velada.
Habían terminado ya con su cena, y el alcohol no se hizo esperar.
Como era la primera vez de Ino en el lugar, le contaron sobre cómo lo descubrieron, cómo fue su sede secreta durante los acontecimientos previos a que se desatara la Guerra, y después, cómo lo convirtieron en una especie de club secreto. Le hicieron hacer un juramento asqueroso son saliva, en el que incluso Sasuke participó, para que no fuera a revelar nada de la información, ni siquiera de la existencia del lugar en sí, pasando después a revelar las más escandalosas reuniones que se habían llevado a cabo.
— ¡Q-q-q-ué te importa! — gritó Naruto avergonzado, casi escupiendo su trago.
La risa descarada de Sasuke fue la respuesta que la rubia quería.
— ¡Oh por Dios esto es una mina de oro! ¿Tú también Itachi?
— Sorprendentemente, no, fue en el cuartel de ANBU y nadie se dio cuenta por alguna extraña razón. Fueron jodidamente ruidosos. — comentó Kakashi, entrando casualmente y sentándose al lado de Sakura.
Hasta la música se silenció y la fuente se detuvo.
— Oi… Baka-kashi-sensei…
— ¿Estás bien? — preguntó Haruno, todavía confundida, sin atreverse a moverse.
Los Uchiha se veían como si estuvieran a punto de sufrir un ataque, Ino tenía la boca totalmente abierta y Sai miraba todo con curiosidad.
— Volviste, ¿no es así? — interrumpió Shisui, sentándose en su lugar luego de traer más botanas.
Kakashi vio a todos con diversión y con cierta nostalgia.
Itachi se veía mayor. Con ese yukata color vino tinto, su cabello más largo y una expresión de sorpresa que se veía extraña en su siempre tranquilo rostro. A su lado, Shisui seguía siendo Shisui, con su yukata blanco con negro, y su rostro siempre sereno. Pese a no haber recuperado nunca sus ojos, seguía siendo igual de perceptivo y calmo.
Sasuke se había cortado el cabello y parecía estar haciendo esfuerzos titánicos para que su cara no de deformara con asombro como a su hermano le había pasado, pero estaba fallando. Él y Naruto tenían las manos entrelazadas con fuerza, tratando de calmarse el uno al otro. Sus alianzas brillaban orgullosas en sus dedos anulares, y un cálido sentimiento le recorrió el pecho, haciéndolo agradecer al dios que fuera necesario el permitirle poder compartir esa etapa de la vida con sus preciosas personas.
Le sorprendió a sobre manera que Naruto no hubiera estallado aún. Estaba estático, cubriendo su boca, con lágrimas en los ojos, siempre luciendo adorable en color Naranja.
Sai tenía los ojos muy abiertos y parecía una estatua de mármol, aunque en ese yukata púrpura oscuro se veía con un poco más de tono en la piel. Trataba de alcanzar con su mano la mandíbula de la futura madre de su hijo, pero estaba demasiado en shock para alcanzarla. Ino se veía hermosa, como siempre, pero le preocupaba que se le fuera a meter un insecto si Sai no atinaba a ayudarle. Éste último pensamiento le sacó una risilla.
Y luego…
Luego estaba Sakura.
Sakura-chan.
Haruno.
Haru-chan.
Su pelirosa.
Se sentía tan bien poder pensarlo. Saberlo. Saborearlo…
Quería gritarlo, coño.
Todos los sentimientos que antes creía incorrectos y que le impedían actuar libremente, salieron de un puñetazo, golpeándolo y tambaleándole todo su mundo. Resquebrajando todas las paredes que había construido a su alrededor, dejándolo expuesto. Y, pese a lo que siempre creyó (y sintió, aunque no lo admitiera), no era tan aterrador como hubiera esperado.
Por que era Haruno. El lugar más seguro en el mundo. Porque mientras ella lo abrazara, con esa fuerza monstruosa que amenazaba con romperle los huesos, él no podía pedir nada más.
Le daba toda la fuerza que necesitaba, y la que no sabía que necesitaba, y la que no quería necesitar pero que necesitaba…
— He regresado. — musitó, regresándole el abrazo y enterrando su nariz en su cuello.
