Los personajes pertenecen a Suzanne Collins, la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.

Capítulo 25


La prisa de Peeta desaparece en cuanto llegamos a la habitación, los ardientes y necesitados besos que estábamos teniendo camino a la habitación, disminuyeron en cuanto fui depositada en la cama.

Peeta me quita por completo la camisa y desabrocha mis jeans, los baja con suma lentitud para quedar ante él en una delicada lencería. Se me queda viendo, se saborea los labios mientras se acomoda la entrepierna. Debe de estar a punto de estallar, en el jueguito de Johanna sentía como su sexo se endurecía a medida que bebía el tequila de mi cuerpo.

Inmediatamente llevo mis manos a su camisa, la desabotono hasta quitársela por completo, después llevo mis manos al botón de sus jeans y se los quito con todo y bóxer, Peeta patea los jeans y los zapatos quedando desnudo y listo para hacerme suya.

Con una delicadeza que desconocía me tumba sobre la cama y se acomoda entre mis piernas, besa cada centímetro de mi vientre provocando suaves gemidos por mi parte, poco a poco sus besos pasan por mis senos, baja la copa del sujetador y toma entre sus labios uno de mis duros pezones.

— Peeta… — Gimo.

— Shhh. — Muerde el pezón que tiene entre sus labios, provocando que mi espalda haga un arco. — Quiero hacerlo despacio, hoy voy a tomarte por atrás y no quiero que sientas molestias.

Continua acariciando mis pezones mientras sus manos van a mi entrepierna, acaricia mi hinchado clítoris entre sus dedos mientras suelto gemidos de placer. Estoy mojada, demasiado, Peeta lo nota y mete uno de sus dedos en mi interior. Grito cuando empieza a hacer un gancho acariciando la pared frontal de mi interior. Mis manos no están quietas, con una mano me aferro a las sabanas mientras que con la otra tomo la nuca de Peeta y lo obligo a seguir con su dulce tortura en mis senos.

No se cómo lo hace, pero cuando soy consciente de mí, Peeta me está ayudando a quitarme el sujetador. Una vez fuera de su camino la estorbosa prenda su boca desciende hasta llegar a mi sexo, saca la mano de mis bragas y me abre de piernas frente a él. Pasa la lengua por encima de la tela y gimo audiblemente.

— Ya estas mojada. — Besa mi sexo y me observa su mirada ardiente. — Solo por mí.

— Si, solo por ti. — Confirmo.

Con una lentitud bárbara, me quita las bragas, poco a poco mis bragas pasan por mis piernas quedando ante él totalmente expuesta. Acerca su boca a mi centro y pasa la lengua por todo mi sexo.

— Esto es mío. — Asegura con una media sonrisa. Pasa su dedo por el orificio de mi ano y un escalofrió recorre mi cuerpo. — Y esto pronto lo será.

Un miedo irracional me invade y me tenso de inmediato. Peeta conoce a la perfección mis expresiones porque de inmediato me hace olvidar todo pensamiento coherente, cuando su boca va de lleno a mi clítoris y empieza a chupar y succionar. Cierro los ojos y me abandono, chupa y me hace sentir miles de cosas, pero cuando su lengua es sustituida por sus dientes, es cuando grito a todo pulmón y Peeta aprovecha para penetrarme con un vibrador.

Peeta mete y saca el vibrador de manera que acaricia todas las paredes de mi vagina, mis gemidos han dado paso a gritos que estoy segura se escuchan en toda la cabaña. Las suaves vibraciones en conjunto con la estimulación a mi clítoris por parte de Peeta hacen que estalle más rápido de lo que esperaba.

Peeta se levanta y me besa en cada uno de mis pezones, después me da un casto beso en la boca y es cuando abro los ojos.

— Uno. — Dice y ambos sonreímos.

— ¿Te vas a cobrar tres orgasmos por traerme a la cabaña? — Peeta finge pensarlo y sonríe malévolamente.

— No es mala idea. — Amenaza. Me besa a manera de distracción mientras uno de sus dedos juega con el orificio de mí ano.

Inmediatamente me tenso, pero acciona de nuevo el vibrador y lo pasa por mi hinchado y sobre estimulado clítoris.

— No tengas miedo. — Dice contra mis labios. — Te va a encantar.

Siento como me acomoda de lado, de manera que el queda detrás de mí, levanta una de mis piernas y comienza a penetrar mi ano con un dedo. No puedo evitar gemir, porque realmente es placentero. Pero ni todo el tequila que me tomé me preparan para lo que viene.

Peeta pasa la humedad de mi vagina a mi ano y siento como ahora me penetra con dos dedos. Los mete y saca lentamente, de manera que expande mi orificio, después de todo siempre que hacíamos el amor, me preparaba para este momento.

No soy consciente de cuando Peeta sustituye sus dedos por la cabeza de su erección, me tenso de nuevo y Peeta intensifica las vibraciones a mi clítoris.

— Relájate. No es necesario usar lubricante, estas empapada.

Trato de hacerlo, pero al sentir como su cabeza es mucho más grande que sus dos dedos, me aferro a la sabana.

— Tranquila nena. — Sutilmente el vibrador deja de estar en mi clítoris y juega con la entrada de mi vagina.

Poco a poco me penetra con el vibrador de nuevo. Mi vagina lo recibe y me relajo al instante. Peeta aprovecha para sujetarme por la cintura y penetrarme con su erección por el ano.

— Peeta… — Gimo.

— Tranquila, prometo que te va a gustar. — Besa el lóbulo de mi oreja mientras lentamente soy penetrada por atrás.

Duele. Y lo hago saber con un grito.

— Va la mitad preciosa. — Dice con voz agitada.

Las vibraciones aumentan y me vuelvo a relajar, de repente Peeta empuja sus caderas y me ensarta completamente. Me siento llena, demasiado llena.

Peeta se queda quieto y se lo agradezco.

— Eres muy estrecha. — Dice entrecortadamente.

— Siento como tiemblas. — Digo de igual manera.

Empiezo a moldearme a su tamaño y mis caderas empiezan a buscar fricción. Peeta lo nota y muerde mi hombro.

— ¿Lista? — Pregunta juguetonamente.

Gimo en respuesta. El placer comienza con un suave vaivén por parte de Peeta, en un momento me pide que tome el vibrador y me estimule a mi antojo mientras él toma mis caderas para asegurarse a mí.

El vibrador es una maravilla, cuando lo ladeo para que acaricia mi pared frontal mi cuerpo tiembla de placer. Peeta también lo siente porque puedo sentir como su erección tiembla en mi interior. Pero cuando ladeo el vibrador y hago que se estimule la pared opuesta a mi punto G, Peeta gruñe y me ensarta más fuerte.

— Eres traviesa preciosa. — Dice con dificultad. — No quiero lastimarte, así que no vuelvas a hacer eso.

Mi lado salvaje hace su aparición y con coquetería pregunto.

— ¿Hacer qué? — Vuelvo a posicionar el vibrador como antes, y Peeta me vuelve a ensartar más fuerte. Ambos gritamos y me retuerzo de placer. — ¿Te referías a eso?

— Dios eres un peligro con un vibrador. — Toma entre sus manos el vibrador y nos estimula a ambos.

Y digo a ambos porque coloca el vibrador en la posición que él no quería y gime cuando siente las vibraciones en su miembro a través de la separación de piel de mi interior.

— Dios Preciosa, no voy a aguantar. — Aumenta la velocidad y ambos gritamos. — Dime que también estas a punto.

— Sí. — Digo con dificultad.

— Ya no puedo. — Y comienza estocadas más fuertes.

— Peeta… — Grito.

— Termina para mí.

Y lo hago, en seguida siento un líquido caliente inundar mi ano y como el peso de Peeta cae sobre mi espalda.

Sale de mi interior y saca el vibrador de mi vagina, lo avienta sobre la cama, me voltea para estar frente a frente y me besa en la frente.

— Dos. — Murmura mientras trato de reprimir una sonrisa.

— Le falta uno señor Mellark. — Digo abriendo los ojos lentamente.

— Te lo daría de no saber que tus ojos se están cerrando de sueño. — Dice tapando mi cuerpo con el cobertor.

— Creo que el tequila y el sexo ayudaron. — Murmuro.

— Recuerda no darte a beber tequila antes de hacer el amor.

— Culpa a Johanna, ella fue la de la idea. — Peeta ríe y me coloca sobre él.

Acomoda un mechón de cabello detrás de mí oreja mientras escucho como su corazón vuelve a latir a un ritmo normal, hago círculos en su pecho mientras una idea se me viene a la mente.

— ¿Crees que todos terminaron como nosotros? — Pregunto mientras Peeta suelta una carcajada.

— No lo dudes. La mayoría de los jueguitos de Johanna se hacen con ese fin. — Me acomoda sobre su pecho. — Pero dale las gracias. Hoy pude hacerte mía de todas las maneras.

— Te falto una. Un vibrador de plástico no se compara contigo. — Replico.

— En realidad es de silicona, pero tienes razón, falto de una manera. — Me acomoda sobre su duro miembro y mueve las caderas para dar de lleno en mi punto más sensible. Gimo. Reúno las pocas fuerzas que me quedan y levanto mis caderas y de una sola estocada hago mío a Peeta Mellark por la vía de siempre. Peeta sonríe, para después morderse el labio— Móntame vaquera.

Dice tomándome de las manos y ayudándome a montarlo. Esta noche será larga.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Casualmente todos tienen una sonrisa en el rostro, Peeta y yo fuimos los últimos en bajar y es que la noche fue muy larga para nosotros. Después de sentirme toda una vaquera sobre Peeta, nos dimos metimos en la bañera, empezamos con suaves masajes, una cosa llevo a la otra y terminamos teniendo sexo en la elegante bañera de la habitación. Regresamos a la cama y meditamos si el sillón que estaba frente a la cama y al lado de la chimenea era resistente y podía soportar cualquier cosa, y si, si soporto las fuertes estocadas de Peeta.

Así que nos levantamos tarde. Todos nos miran pícaramente, pero la sonrisa en el rostro de todos prueba que no están tan molestos como pensaba.

Desayunamos en el comedor, me siento al lado de Peeta, con el pretexto de colocarme una servilleta en el regazo acerca su boca a mi oído.

— ¿Quieres probar si esta mesa es resistente? — Pregunta con media sonrisa. Mi rostro se vuelve rojo de vergüenza y continuo comiendo.

— Ustedes dos. — Nos apunta Johanna con el tenedor. — Basta de arrumacos. Tuvieron tiempo suficiente para hacerlo anoche. Hoy tenemos planes.

— ¿Qué planes? — Pregunta Glimmer.

— Hace un día estupendo, hay que salir y tomar un poco de sol. No podemos quedarnos en la cabaña todo el tiempo.

— Me parece perfecto. — Dice Annie.

— Creo que afuera hay una canasta de básquetbol y una cancha de tenis. — Dice Peeta.

— No se diga más, terminen de comer, que vamos a jugar. — Dice un entusiasta Seneca.

— Solo recuerden que regresamos a las cuatro de la tarde a Chicago. — Finick lleva el itinerario. Así que él decide a qué hora es bueno regresar a casa.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Los juegos con balones no son lo mío, mi equipo perdió por muchos puntos e hicieron que me saliera, después de todo no éramos la misma cantidad de miembros en los equipos, ya que Annie no pudo jugar por su embarazo.

Me siento a lado de ella y apoyo a mi jugador favorito, Peeta; cada vez que encesta corre hacia donde estoy, me toma en sus brazos y me planta un beso que me deja sin aliento. Todos los demás gritan y hacen gestos cuando Peeta encesta, pero realmente no me importa.

Cuando Peeta decide que es tiempo de parar el juego y tomar un descanso los demás lo apoyan. Me acerco a mi novio y le doy un casto beso, él me toma de la cintura y ma atrae hacia él.

— Vamos adentro. — Dice en un susurro.

Con cuidado de que nadie nos vea desaparecer entramos a la cabaña. Peeta me guía por un pasillo que desconocía, pasamos el cuarto con la mesa de ping pong y damos a una puerta al fondo.

La abre y para mi sorpresa adentro está el fetiche de Peeta, un despacho con un elegante escritorio negro.

— Quería estrenarlo contigo. — Dice acercándose al escritorio, haciendo que yo camine para atrás.

Chocamos contra la orilla del escritorio y toma mi boca.

— Esto va a ser rápido, mis hermanos empiezan a sospechar que desaparezco contigo algunas veces.

— ¿Sospechan? — Digo sarcástica. — Creo que lo de anoche les quedo claro porque desapareces conmigo cada vez que puedes.

— Tienes razón. — Me sienta sobre la mesa y desabrocha mi camisa. — Vamos si esta mesa es resistente. El sillón de nuestra recamara lo es.

Me guiña un ojo y va de lleno a mis senos. Chupa, mordisquea y hace lo que quiere con mis pezones. Nuestras manos van al botón de los jeans del otro y metemos la mano en la ropa interior del otro.

En ese momento aparece el lado salvaje de Peeta, me baja del escritorio, me coloca de forma que mi culo choque contra su erección y me hace inclinarme sobre la mesa. De repente Peeta me baja los jeans y las bragas hasta las rodillas, mete dos dedos en mi interior y me tengo que sujetar a la mesa. Gimo por los maravillosos dedos de mi novio y mis caderas en automático buscan lo que tanto necesito.

— Estas empapada preciosa.

Escucho como se baja los pantalones y se posiciona tras de mí.

— Agárrate fuerte, esto va a ser rápido.

Me penetra por completo de una sola estocada, grito y me aferro a las orillas de la mesa. Las embestidas de Peeta son fuertes y rápidas, prueba de ello es que la mesa se mueve cada vez que me penetra. En la habitación solo se escuchan nuestros gemidos, que en un momento mis gemidos se convierten en gritos y duplicas para que Peeta no se detenga.

— ¿Te gusta? — Pregunta Peeta con la voz entrecortada. Gimo y recibo un cachete en el culo haciéndome gritar y sobresaltarme. — Respóndeme.

— Si… — Grito. — Peeta… — Suplico, no sé qué exactamente, pero inconscientemente comienzo a suplicar.

— ¿Qué quieres preciosa? — Pregunta cuando aplasta su pecho contra mi espalda, me toma de las caderas y sus estocadas se vuelven más fuertes.

— Más…

— ¿Más qué? — Toma el lóbulo de mi oreja y me aferro al escritorio.

— Más… rápido… — Grito.

De inmediato toma mis caderas y una de sus manos va hacia mi clítoris, lo acaricia y eso hace que mis caderas vayan al encuentro, provocando que su miembro llegue más lejos de lo que pensaba.

Las estocadas, las caricias a mi clítoris y los gemidos de Peeta provocan que mi orgasmo sea devastador. Ni siquiera me dio tiempo de avisarle a Peeta, me quedo inerte sobre la mesa, mientras él continúa con unas cuantas estocadas más y termina en seguida. Cae sobre mí, aplastándome, pero estoy demasiado abrumada como para quitarlo de encima.

Peeta nota mi incomodidad y me lleva consigo a la alfombra que hay en el despacho me coloca sobre él y nos quedamos así lo que parece ser horas, Peeta acaricia mi vientre mientras sigue dentro de mí, tomo sus manos y hago círculos en sus nudillos. Las caricias siguen y siguen incluso mientras empiezo a dormitar por el intenso encuentro, cuando nuestra respiración se normaliza, Peeta sale de mí, me coloca a horcajadas sobre él y me abraza.

— Creo que esta mesa es resistente. — Digo en un murmuro, provocando la fuerte risa de mi novio.

— En efecto, lo es.

Me abraza por última vez, me besa en la frente y me ayuda a ponerme de pie y a limpiarme. Nos colocamos la ropa y nos preparamos para salir del despacho, nos tomamos de la mano y salimos.

Al llegar a la sala todos están reunidos con cara burlona, incluido Darius, nos ven el uno al otro y es cuando quiero que la tierra me trague.

Johanna se acerca a Peeta y le palmea un hombro.

— Una cosa hermanito. — Nos observa el uno al otro con una sonrisa burlona. — Debes de mandar reforzar las paredes del despacho. Sus gritos se escucharon por toda la cabaña.

Mi rostro es de un intenso rojo, escondo la cabeza en el cuello de Peeta cuando este comienza a reír.

— No tenemos la culpa de que no podamos sacarnos las manos el uno del otro. — Responde como si nada mi astuto novio. — Además mis planes eran traer SOLO a Katniss. — Recalca "solo" y los demás ríen. — Ustedes fueron invitados por Johanna, así que no se quejen.

— Bien, si ya terminaste de estrenar el despacho, empiecen a alistar las maletas, nos vamos en una hora, tengo que salir de viaje mañana temprano. — Dice Finick mientras toma la mano de Annie y suben escaleras arriba.

— Se acabó el encanto. — Dice Peeta mientras me abraza por la cintura baja y besa mi frente.

— Hey, si quieren estrenar los sillones de la sala díganos y nos retiramos. — Se burla Seneca.

— Se están tardando en desaparecer de aquí. — Refunfuña Peeta.

Todos se van mientras Peeta y yo los seguimos y preparamos las maletas.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Como salimos antes de la hora que teníamos planeada llegamos temprano a Torre León. Estoy muerta, el viejo me mareo y nos tuvimos que detener en tres ocasiones para que yo vaciara mi estómago. Como siempre Peeta se preocupa, yo le echo la culpa al tequila y al viaje. Pero parece ser que mi contestación no le es suficiente, solo tomar el piso del Pent-House, me toma entre sus brazos y me lleva a la cama.

Dormito por muy poco tiempo, me preocupa la beca de Prim. ¿Cómo la obtuvo?, y ¿realmente fue tan fácil localizar a mi hermana? Todo eso me causa mucho estrés.

Decido investigar al respecto. Tomo mi computadora personal y me siento en la cama a investigar.

No encuentro mucho, algunas fundaciones ofrecen becas a estudiantes para estudiar en el extranjero, pero lo que más encuentro es que son empresas las que becan a jóvenes.

Peeta entra en la habitación y se sienta a mi lado. Me toma por los hombros y empieza a masajearlos.

— Despertaste. — Afirma.

— No podía dormir. — Continúo buscando en diferentes páginas web.

— Me querías a tu lado. — Vuelve a afirmar, yo sonrió, dejo mi computadora y lo encaro.

— En parte, eres mi atrapa pesadillas. — Tomo una de sus mejillas y la acaricio. — Pero hay otra cosa.

— ¿Qué cosa? — Pregunta mientras acaricia mi cuello y cierro los ojos.

— Le otorgaron una beca a Prim. — Coloco mis manos en el dobladillo de la camisa y comienzo a acariciar.

— Eso es bueno. — Sonrió, mientras mis manos comienzan un lento camino por debajo de su camisa.

— No tanto, no sabe quién se la dio. — Replico mientras él continua con mi cuello.

— Bueno, las fundaciones apoyan a jóvenes con becas y jamás se enteran.

Mis manos se detienen en seco en su abdomen, abro los ojos. Quito sus manos de mi cuello y estudio su rostro.

— Yo jamás mencione una fundación. — Murmuro.

Peeta se muerde el labio, y sube los hombros.

— Bueno, es lo más seguro. — Titubea.

Por mi mente aparecen mil imágenes. Y ninguna es buena.

— Peeta… ¿tu… — Dejo suspendida la pregunta.

— ¿Yo que preciosa? — Recupera la compostura y ahora es él el que me estudia.

— ¿Tienes algo que ver en esto? — Voy directa.

Peeta traga saliva y frunce el ceño. Todo lo delata. Me levanto de la cama hecha una furia.

— ¿Con que derecho? — Le grito. Peeta se pone de pie y trata de alcanzarme.

— Preciosa, no es lo que parece… — Replica, ahora sé que él está detrás de todo esto.

— ¿Por qué lo hiciste? — Grito de nuevo y comienzo a temblar de rabia.

— Para ayudarte, te quiero a mi lado, eso lo hice para ayudarte, solo por eso.

Y cuando dice "solo por eso", a mi mente regresa una conversación que tuvimos antes: El trato tenía un plan B, si no aceptabas mi propuesta de vivir conmigo te iba a atrapar pagando la carrera de estudios de Prim.

No lo creo, no pudo haber hecho eso. Lo miro hecha una furia y empiezo a caminar por la habitación.

— Estas llevando a cabo tu estúpido plan B. — Grito.

— ¿De qué hablas?, claro que no. — Trata de acercarse a mí pero me alejo de inmediato. — Katniss, por favor. Prometimos ser sinceros el uno con el otro, lo hice solo por ayudar. Solo por eso. El trato se acabó en el mismo instante en el que te dije que te amaba. Créelo.

— Pero ¿Por qué lo hiciste?, prometiste no interferir. — Digo con lágrimas en los ojos.

— Lo sé — Baja la cabeza. — Pero entiéndeme. Eres mi vida. — Busca mi mirada a la distancia, y la encuentra. — El pagar la carrera de tu hermana era difícil para ti. Yo solo quise aminorar tu carga.

— Pero no la aminoraste. — Replico llena de impotencia. — La quitaste completamente. Me decepcionas Peeta. ¿Qué no ves que mi hermana y mi madre corren peligro?

— Lo sé. Pero te aseguro que ellas están bien. — Dice tratando de acercarse de nuevo. No lo logra.

— ¿Cómo estas tan seguro? — Pregunto en un susurro.

— Eso no importa. — Replica sin importancia.

— ¿Cómo estas tan seguro? — Grito.

— Contrate seguridad para ellas. — Grita y me toma por los hombros.

Mi decepción crece a pasos agigantados, lloro de impotencia y siento ganas de matarlo por lo que ha hecho.

— Eres un imbécil. ¿No ves que corren peligro?, te lo he dicho mil veces. ¿Y qué haces?, vas y contratas seguridad privada. ¿Qué no ves que Snow me sigue la pista?

— ¿Eso que tiene que ver?, ellas están seguras, te lo puedo jurar.

— Snow puede sumar dos más dos y dar contigo. O peor aún, puede pensar que yo se las contrate. Y entonces si acabara con ellas. — Grito de nuevo y veo como Peeta se enfurece cada vez más.

— Lo sé. Pero te aseguro que son discretos. — Replica en tono calmado.

— Nadie puede asegurarme nada. — Me zafo de su agarre y voy hacia la cama, lejos de él. — No tenías derecho, era mejor que me hubieras consultado primero.

— ¡Ah! ya lo entiendo. — Peeta parece estar enojado. — Te enojas porque te pica el orgullo.

— Claro que no. — Grito, tal vez este día fue hecho para que yo gritara.

— Reconócelo. — Levanta los brazos y mira al cielo. — Ya recuerdo: Katniss Everdeen, la chica que todo lo puede, la que no necesita de nadie para sobrevivir. La que no necesita ayuda para mantener a su familia.

— Peeta… te estás pasando. — Gruño.

— No pequeña. — Replica serio. — Tú te estás pasando. Eres tú la que no quiere la ayuda del hombre que te ama. No aceptas que haga algo por ti o por tu familia. Yo sé que todo lo puedes, pero a veces en bueno apoyarse en la persona que amas. Eso es lo que hacen las parejas.

— Las parejas se dan regalos o viajan juntos. No pagan la carrera de los hermanos de su novia ni contratan seguridad privada para su familia. — Digo sarcástica.

— El sarcasmo no te va. — Entrecierra los ojos y ladea la cabeza. — Esta bien, supongamos que eso no hacen las parejas, ¿Qué propones?

— No es sarcasmo, pero me hubiera gustado que hubieras consultado primero conmigo.

— ¿Para qué?, todo lo que te compro no lo quieres. Tengo que hacerte entender con sexo de que lo aceptes. — Replica sarcástico.

— ¿Eso es lo que quieres?, — Levanto una ceja— ¿Más sexo por pagar la carrera de Prim y cuidar de ella y mi madre?

— Ese no es el punto. — Replica cansado. — El punto es que según tú, las parejas no hacen esas cosas por las personas que aman.

— No lo hacen. — Me sorprendo que no lo entienda. Y eso que es un chico listo. Busco las palabras para tratar de hacerlo entender. — Nos conocemos desde hace muy poco.

— ¿Qué es lo que quieres? — Pregunta acercándose a mí y logra abrazarme por la cintura procurando que mis brazos queden atrapados en el abrazo. — ¿Qué es lo que necesitas para aceptar lo que hago por ti?

— Necesito que nos conozcamos más, estar más seguros que lo nuestro va a durar. — Lo miro a los ojos y busco algo que me haga saber que lo entiende.

— Yo estoy seguro de lo nuestro. — Replica. — ¿Quieres verlo?

— Peeta, no estoy… — Me suelta y se pone de rodillas frente a mí

— Cásate conmigo…


Capítulo algo intenso, ¿Que creen que pase?.

Saludos!

Como siempre espero sus reviews!