Cita
Se sentía tan estúpida… Corrección, se sentían tan estúpidas, tan ciegas, tan densas…
Después de aquella pregunta en la entrevista, Tsubasa no había dudado un segundo en darle un sí, por eso ahora, un par de días después, se encontraban de paseo de lo más incógnito que pudieron. Primeramente habían comenzado su cita apenas levantarse, pues al vivir en el mismo lugar, se arreglaron juntas y desayunaron algo preparado por la mayor. Posterior a ello, fueron hasta el parque de diversiones recién inaugurado acordando no subirse a ninguno de los juegos extremos ya que podían volar sus pelucas.
Jugaron varios juegos de azar (en donde descubrieron que Maria tenía bastante suerte) y algunos otros de competencias en los que ambas habían ganado sin parar, por suerte habían usado el auto del manager para transportarse, así que todos los regalos habían quedado en la cajuela del mismo. Comieron algo ligero durante el medio dia y después de otra caminata por el centro comercial, terminaron en el cine con la Kazanari escogiendo una película cómica (bastante dificil de creer hasta para ella misma) y con la Cadenzavna escogiendo los snack.
Durante todo este tiempo, todo había transcurrido con la misma normalidad con la que convivían en casa. Maria ya era consciente que su amistad parecía más un noviazgo, pero esto no quitaba el hueco que le dejaba el no serlo, aunque esto desapareció apenas compraron sus botanas.
Tsubasa se había encargado de llevar la charola y Maria los tickets.
Una vez acomodadas en sus respectivos asientos y con la charola enganchada al respaldo de la mayor, la menor corrió el respaldo que separaba sus asientos y en un movimiento inconsciente y consciente a la vez, juntaron sus cuerpos en un abrazo alimentando a la otra en turnos sin la necesidad de ponerse de acuerdo.
Todo muy bello ¿verdad? ¿Por qué justo ahora las mayores Idol momento miraban el techo de su habitación con ganas de golpearse hasta causarse una hemorragia cerebral?
Bueno, la respuesta es sencilla, y es que apenas estaban llegando al apartamento, con sus manos y brazos enlazados, ambas chicas acercaron sus rostros sin motivo alguno siendo interrumpidas por el pasar de un ferrocarril que decidió interrumpir aquel íntimo momento. Les frustraba saber que, como aquella vez en la mansión Kazanari antes de que apareciera Phara, pudieron haberse besado, pero lo que les había dejado tan mal había sido la súbita realización de lo obvio:
Los sentimientos de ambas eran correspondidos.
