La idea para este drabble fue uno de esos casos en que me costó dar con la misma pero una vez la tuve entre manos, las mil palabras del drabble salieron de corrido. El caso es que quería utilizar el verso de la canción de St Vincent como fuera pero me cuesta horrores sacar a los personajes de los manga de Japón, así que tuve que forzar un poco la máquina. El resultado es sencillamente encantador, aunque esté feo que yo lo diga.
¡Gracias por vuestros reviews! Un fanfic con reviews es un fanfic feliz, pero los drabbles tampoco les hacen ascos.
Disclaimer: Naruto no me pertenece; tampoco lo hace la canción mencionada en este drabble.
Oh America, can I owe you one?
[Year of the Tiger by St Vincent]
Ninguna cantidad de películas podría haberle preparado para la locura que era Estados Unidos. Sasuke se consideraba un hombre cosmopolita después de haber vivido en Tokio desde que entró en la Universidad, pero aquel país estaba a otro nivel. No veía el momento de terminar la gira de su libro y regresar a Japón.
-¿Vas a poner esa cara de culo hasta que volvamos? –Preguntó Suigetsu.
Sasuke le fulminó con la mirada. Viajaban en un tren que ofrecía una vista excelente de un opulento bosque al que apenas se veía fin. Aquel país era estúpidamente inmenso. Que su agente fuese un idiota tampoco ayudaba, bueno, a nada.
-Anímate, que solo serán diez días más –fue la cortante respuesta de Sasuke.
-Yo tampoco puedo esperar a perderte de vista –recalcó Suigetsu sin perder la sonrisa socarrona antes de volver a ponerse los auriculares a través de los que atronaba un tema de death metal.
El tren volvió a detenerse en una parada rodeada por una enorme extensión de nada y sus vecinas de asiento les dedicaron una nueva mirada curiosa antes de marcharse. Sasuke había observado que en determinadas zonas de América la gente tenía cierta tendencia a contemplar a extranjeros como ellos, que además hablaban otro idioma, como si fuesen curiosidades de barraca de feria. No estaba en sus manos asegurar, no obstante, que algo similar no sucediese en rincones rurales de su país natal, así que apretaba los labios y soportaba con estoicismo las miradas. Dos chicas ocuparon los asientos que acababan de quedar libres. El tren volvió a ponerse en marcha y las chicas empezaron a charlar en cuchicheos. A Sasuke le tomó un instante darse cuenta de que hablaban en japonés.
-…Creo que tendremos tiempo –decía una de ellas.
-¡Eres muy optimista, Sakura-san! ¿Y si llegamos tarde? –contestó la otra.
-Ya he hablado con el patrocinador, Hinata. Estas cosas pasan –le restó importancia la primera.
Sasuke echó un discreto vistazo a las dos chicas. Una de ellas le resultaba vagamente familiar pero no conseguía ubicarla. Su teléfono emitió un tintineo. Cuando desbloqueó la pantalla observó que tenía un mensaje de Suigetsu:
"Es Hyuuga Hinata, la pianista"
Sasuke le dedicó una mirada ceñuda por encima del dispositivo. ¿Qué le hacía pensar que tenía curiosidad? Pero eso explicaba que le sonase. Además de ser muy famosa, habían acudido al mismo colegio, aunque no contaba con que ella se acordase. Sin embargo la muchacha le sobresaltó al aventurar con su aguda voz de pájaro:
-¿…Sasuke-kun? -Giró la cabeza hacia Hinata, que al ver que la reconocía, sonrió tímidamente-. Sabía que eras tú.
-Hn –contestó Sasuke.
-¿Os conocéis? -Preguntó Suigetsu, genuinamente sorprendido.
-Íbamos al mismo colegio –Hinata hizo una discreta reverencia, todavía sentada-. Tanto gusto. Soy Hyuuga Hinata y ella es mi manager, Haruno Sakura-san.
Suigetsu logró aguantarse un comentario sarcástico acerca de que se le hubiese presentado una famosa pianista y se limitó a responder:
-Encantado. Yo soy Hozuki Suigetsu, el agente de Sasuke.
No imitó la presentación porque no hacía falta. Sasuke acababa de publicar su segunda novela y ya se le consideraba una de las promesas de la narrativa japonesa de la década. Sakura contempló con interés al novelista. Había leído sus dos libros y le habían fascinado, pero aunque sabía que estaba de gira de presentación en Estados Unidos justo cuando ella acompañaba a Hinata en sus recitales en la Costa Este no había comprobado siquiera donde iba a estar él porque iba a estar demasiado ocupada para acudir a ferias literarias y conseguir que le firmase los volúmenes. Parecía cosa de magia que se hubiesen encontrado en aquel tren en la América profunda. Y ella que no había esperado nada de aquel país cuando llegaron.
"Estados Unidos, uno; Sakura, cero. Bien jugado, América", se dijo.
-Me leí tu primer libro, Sasuke-kun –comentó Hinata-. Escribes muy bien.
-Gracias –respondió él.
-¿Has leído el nuevo ya? –Se interesó Suigetsu.
-Aún no –negó con la cabeza Hinata-. Sakura-san me lo va a prestar cuando acabe de releerlo. Ella es una verdadera fan.
La interpelada abrió mucho los ojos, azorada. Sasuke desvió la mirada de Hinata para fijarla en Sakura, que se ponía un mechón de pelo tras la oreja.
-¿Releerla? –Quiso saber.
-Sus libros tienen varias lecturas, Uchiha-san. Me gusta leerlos varias veces porque siempre que lo hago encuentro cosas que no había descubierto antes –contestó a media voz.
-¿De veras? –La pregunta sonó casi burlona en labios de Suigetsu. Ella, en cambio, no se arredró y miró a Sasuke a los ojos al asentir con la cabeza.
Él no pudo sino sentirse íntimamente halagado. Se limitó a contestar con tono llano:
-Agradezco su fidelidad, Haruno-san.
Intercambiaron una mirada que pareció prolongarse una eternidad. Suigetsu tuvo que intervenir para proponer:
-¿Quiere que le firme su ejemplar?
Sakura enrojeció:
-Si no es molestia…
-No lo es –contestó Sasuke, tanteándose el bolsillo hasta dar con su estilográfica. Sakura, por su parte, rebuscó en su bolso hasta dar con el libro de tapa blanda con las esquinas un poco gastadas ya de acompañarla a todas partes. Se lo tendió.
Sasuke abrió la primera página y trazó su firma bajo el título. Añadió la dedicatoria "Para Sakura-san" preguntándose si se estaba propasando al usar su nombre de pila aunque fuese por escrito. No quería apearse de ese tren sin haberlo usado ni una sola vez.
Suigetsu miró de refilón a Sasuke y esbozó una sonrisa malévola al advertir que Sasuke se lo había dedicado. Tomó el libro de manos del novelista cuando hubo terminado y lo hojeó comentando:
-Sí, se nota que está bien leído y releído.
-Es una gran novela –acertó a articular Sakura tratando de evitar los ojos de Sasuke al decirlo.
Suigetsu le devolvió el libro con fingida expresión amable. Había colado una de las tarjetas de visita de Sasuke entre las páginas porque aquellos dos tenían pinta de necesitar un empujoncito. Menudo par de idiotas.
