NOTA: Se que no merezco perdón de nadie por demorar tanto en actualizar, pero la razón es que estoy tan ocupada con la universidad que no tengo tiempo para nada, estudio de lunes a sábado de 7 am a 10 pm los seis días, pero de a poco he ido adelantando el capítulo hasta terminarlo, incluso lo hice más largo para recompensarlas. Aparte que diré que tendré que intentaré actualizar UNA O DOS VECES AL MES por lo que les pido perdón de ante mano y me comprendan por favor.
Les agradezco a las personas que hayan estado leyendo los capítulos y hayan comentado. Les pido perdón por la demora en actualizar, pero como sabrán a mi no me sobra precisamente el tiempo. Pero haré lo posible de actualizarlo así sea cada una o dos veces al mes para que no pierdan el hilo de esta historia junto con la de 6 Romeos 1 Julieta (si no la conocen los invito a leerla), no merecen que se pierdan por mi poca presencia. Les pido perdón de ante mano por lo aburrido que tal vez les parezca este capitulo, recuerden que la historia es un poco lenta pero animo. Se puede decir que va a empezar a aparecer Sasori! de manera un poco más directa que antes, pero aun faltan unos pocos capítulos para que él haga su presentación oficial.
Capítulo 25: La historia de Temari Sabaku parte 2.
Mi gitano y yo seguimos pasando juntos cada tarde en el claro del bosque, y cada noche en el interior de la tienda del campamento de los gitanos. Nadie descubrió mis andanzas secretas en ningún momento hasta el día en que tuve que regresar a casa de mis padres en el otoño. Shikamaru seguiría el coche que me llevaba de vuelta al desierto y yo escaparía de casa noche tras noche para estar con él donde estuviese acampando.
Así pasamos más de un año. Mi amado se ganaba el pan tocando el violín en las calles de Sunagakure y en las noches yo llevaba al desierto una canasta con alimentos para que pudiésemos cenar juntos antes de acostarnos a dormir unas pocas horas el uno en brazos del otro, aun cuando siempre regresaba a mi cama antes del amanecer. Creo que desde que uní mi sangre a la de Shikamaru tuve que convertirme en gitana porque, si antes era hábil para escabullirme dentro y fuera de la casa, después de eso había casi adquirido el don de la invisibilidad.
Un día Shikamaru me dijo que iba a poner un pequeño bazar en la ciudad; allí adivinaría la suerte de los transeúntes y vendería las artesanías de madera que tallaba con tanta maestría. A mí me pareció una gran idea, sobre todo porque podría pasar a visitarlo alguna que otra tarde cuando mis padres me permitieran acompañar a Yoshino a comprar víveres. Sabía que la intención de Shikamaru era ahorrar algo de dinero para construir su propia tienda y así ofrecerme más comodidad en las frías noches de invierno. Mi corazón sufría pensando en el frío que mi amado debía pasar mientras yo estaba cada madrugada calentándome en la tibia casa de mis padres.
Por fin había reunido el valor suficiente para huir con él, pero no teníamos dinero para sobrevivir si nos íbamos. Tendríamos, al menos, que esperar a que llegase la primavera para marcharnos de Sunagakure y reencontrarnos con su familia ¡Cuánto deseaba no haber regresado nunca a casa! Aun así, ya era muy tarde para dar marcha atrás y sólo podíamos consolarnos en el hecho de estar juntos. Mis padres son en extremo cuidadosos con el dinero y nunca tuve oportunidad de tomar una sola moneda de sus arcas.
Si hubiera podido hacerlo, Shikamaru y yo nos habríamos fugado en ese preciso instante y jamás habríamos conocido al malvado Kiba Haruno. Una noche encontré a Shikamaru muy preocupado. Ya había instalado su pequeño puesto en las calles de Sunagakure y había vendido algunas piezas de madera. Había logrado reunir una módica suma de dinero, pero aún no era suficiente para adquirir los materiales con los que armar una tienda de buena calidad.
- Hoy recibí una visita extraña, Temari -me dijo— Debían ser las dos de la tarde cuando un hombre alto comenzó a mirar una por una las artesanías que había puesto en venta. Su semblante mezquino me puso sobre aviso, y sentí que algo no andaba bien.
"El hombre al fin me preguntó cuánto costaba una de las piezas y, al decirle yo el precio, se echó a reír.
- "No eres muy sagaz para ser un gitano... -me dijo- Aunque, pensándolo bien, eres muy joven aún. ¿Cuántos años tienes, muchacho?
- "Diecisiete -contesté yo, queriendo ponerle fin a la conversación.
- "Podrías hacer mucho dinero si así lo quisieras -dijo él, tratando de picar mi curiosidad- Claro está, si pudieras ayudarme a encontrarlo que busco.
"Yo fingí afinar mi violín tranquilamente, pero lo cierto es que el hombre me estaba poniendo muy nervioso sin que yo supiese por qué.
- "¿Y qué busca el señor? —le pregunté, deseando parecer casual.
"El hombre me miró y dijo, sin poder evitar que una sonrisa torcida surcara su rostro:
- "Busco un par de trozos de madera antigua.
"Fue como si me hubiese dado un golpe en medio del pecho.
- "Los hay por todas partes, señor -atiné a contestar.
- "Estos son especiales. Fueron tallados por un gitano hace mucho tiempo. Estaría dispuesto a pagar lo que fuera por ellos. Te daría incluso una buena suma de dinero por cualquier información que pudieras darme acerca de su paradero -dijo él, escudriñándome con mirada fría. Estoy seguro de que lo que deseaba era descubrir si yo sabía de lo que hablaba o no.
- "Tendrá que ser más específico si quiere que lo comprenda, señor. ¿Podría darme una descripción más detallada de los artículos que desea adquirir? ¿Tal vez el nombre del artesano que los talló? -le pregunté.
- "Sé que están guardados en un cofre de plata, pero ignoro el nombre del gitano en cuestión. Lo que sí sé es que tú debes tener hambre y que vosotros los gitanos os guardáis las espaldas los unos a los otros. Voy a darte un consejo, muchacho: no seas necio. El invierno es largo y duro, y yo tengo mucho dinero. Averigua quién tiene el cofre del que te hablo y te haré rico. Volveré en una semana. Tal vez para ese entonces hayas conseguido alguna información en cuanto a su paradero. Te recompensaré con generosidad.
"Y, así, sin decir más, se marchó. No pude trabajar en lo que restó del día, esposa. Saber que ese hombre anda tras el cofre me ha dejado muy intranquilo.
Yo también me preocupé en extremo cuando escuché la historia de Shikamaru y ambos agradecimos el haber dejado el cofre con su familia, pues habría sido muy fácil que alguien se apoderase de él en medio de la noche si lo tuviéramos en el desierto.
- No te preocupes -le dije, abrazándolo- Ese hombre no tiene forma de saber siquiera que tú hayas visto esos dos trozos de madera alguna vez en la vida.
- No estoy seguro, Temari. A mí me pareció que sí lo sabía.
Esa noche ninguno de los dos pudo conciliar el sueño a causa del frío y del desasosiego ¿Quién sería ese hombre y para qué querría apoderarse del cofre? El hombre no había vuelto al puesto de Shikamaru, lo que hizo que nuestra inquietud en cuanto al cofre aumentara. Un mes después, descubrí que estaba embarazada. Teníamos que huir cuanto antes, pero viajar hasta donde estaba la familia de Shikamaru en medio de tan crudo invierno habría sido casi como ir al encuentro de una muerte segura.
Shikamaru no había vendido una sola pieza en el transcurso de las últimas semanas y las gentes se mostraban cada vez menos generosas con los músicos callejeros a medida que avanzaba el invierno: nuestra situación se estaba poniendo cada vez más desesperada con el paso de los días.
Una tarde fui a ver a Shikamaru mientras Yoshino hacía las compras. Hablaba con él al tiempo que simulaba admirar las artesanías que había puesto en venta, cuando el cielo se ennegreció mucho más de lo habitual. Ambos miramos hacia arriba esperando ser sorprendidos por una tormenta. En vez de ello, fuimos sorprendidos por la repentina visita del hombre que había estado preguntando por el cofre de plata.
Supe que se trataba de él en cuanto lo vi, llevaba el castaño pelo atado en una coleta y sus cejas naturalmente arqueadas le daban una apariencia cruel. Detrás de él, una mujer de cabellera del color rojo nos observaba con detenimiento. Su mirada encerraba tanta maldad que sentí que me paralizaba del terror, y no pude evitar que la pieza tallada que sostenía en la mano se me resbalara de los dedos, cayendo al suelo y rodando hasta el borde de sus negras faldas. La mujer poseía la agilidad de un felino: antes que pudiese acercarme a recoger la pieza, ella ya la había tomado entre sus manos y se había puesto frente a mí, clavando sus ojos en los míos.
- Una mujer encinta no debe esforzarse -dijo, depositando la pieza labrada sobre la mesita que sostenía las demás artesanías.
- ¿Cómo dice usted? -balbucí, pero sabía exactamente a lo que se refería: había adivinado mi estado nada más con mirarme a los ojos. Yo tenía poco más de un mes de embarazo y por lo tanto era imposible que alguien hubiese notado que albergaba un niño en mi vientre sólo observando mi figura, pues mi cuerpo a duras penas si había cambiado.
La mujer se limitó a mirar a Shikamaru, y le dijo:
- ¿Qué va a hacer un pobre gitanillo como tú para alimentar una familia? La gente paga muy poco por las bonitas tallas de los artesanos en estas épocas.
Shikamaru se levantó rápidamente de su taburete y se puso frente a mí, encarando a la mujer. Mi esposo temblaba y noté que hacía un gran esfuerzo por contener la rabia que sentía.
- ¿Qué quieren? -preguntó. No podía verle el rostro porque estaba escondiéndome a sus espaldas, pero supe que sus ojos gitanos estaban encendidos como un par de carbones.
La mujer soltó una risa triunfal y dijo, haciéndose a un lado:
- Deseábamos saber si habías obtenido alguna información al respecto del cofre que mi amigo había mencionado en su visita anterior, pero... ya no va a ser necesario. Vámonos, Haruno.
El hombre curvó sus labios en una sonrisa desagradable y ambos se dieron la vuelta, alejándose por la calle y subiendo a un coche negro de madera en lacada que desapareció antes que Shikamaru o yo pudiésemos decir nada. Asustada, me pegué a su cuerpo, y él me rodeó con sus brazos mientras el cielo se despejaba.
- Vampyr -dijo Shikamaru por entre los dientes, respirando como un toro.
De repente ambos fuimos conscientes de que estábamos abrazándonos en plena vía pública y nos alejamos bruscamente antes que Yoshino fuese a sorprendernos. Sentí que mi corazón se encogía.
- Tengo mucho miedo, Shikamaru -susurré.
- Yo también, Temari -dijo- Nos han descubierto. ¡Temo por ti, por nuestro hijo y por el cofre de plata que es nuestro deber resguardar! No debes venir al bosque esta noche. De hecho, no creo que sea prudente que salgas de la casa de tus padres en algún tiempo.
- ¡Pero, Shikamaru! -dije, sintiendo que los ojos se me encharcaban. No podía soportar la idea de dejar de ver al padre de mi hijo un solo día.
- Será mejor así -dijo él, tratando de parecer fuerte, pero yo sabía que estaba sintiendo tanto dolor como yo- Además, no quiero que te expongas más a los rigores de las noches del bosque, y menos aún en tu estado. Debo protegerte, esposa mía.
- No puedo estar sin ti, Shikamaru -dije, sollozando- Además: ¿cómo sobrevivirás?
- Soy gitano -dijo él, tragando en seco- Ya me las arreglaré.
Quise echarme a llorar en sus brazos. Su mirada reflejaba la infinita tristeza que llevaba por dentro.
- ¿Adónde irás, amor? —pregunté, desconsolada.
- Intentaré cabalgar hasta el campamento de mis padres. Sé que si me esfuerzo lo suficiente podré llegar en dos días. Tengo que alertarlos acerca de los Vampyr y encontrar un lugar seguro para esconder el cofre.
- ¡Iré contigo! -exclamé.
- ¡No, Temari! ¡Yo soy fuerte y podré resistir el viaje, pero tú no! Te necesito viva; viva para estar conmigo siempre ¡No podría soportar el dolor de perderte y menos por algo tan estúpido como hacerte atravesar valles y montañas escarpadas en medio de inclementes borrascas y ventiscas! No, amor mío. Tú te quedarás en casa de tus padres hasta que yo regrese por ti en la primavera. Entonces escaparemos... y seremos felices para siempre.
- ¡Todo esto fue un error de mi parte, Shikamaru! -dije, tratando de no llorar más, pero era imposible— ¡Nunca debí retornar a casa de mis padres! ¡Hemos debido quedarnos con tu familia desde el día en que nos casamos!
- Lo sé, pequeña mía. Pero nada ganamos con lamentarnos ahora. Estaremos juntos en la primavera cuando regrese por ti y ya jamás volveremos a separarnos. Eso te lo juro.
- ¡No te vayas, Shikamaru, por favor! -le supliqué- Tengo demasiado miedo de que algo pueda pasarte ¡temo nunca más volver a verte!
Shikamaru tomó mi mano en un acceso de amor y terror a la vez.
- Es nuestra responsabilidad evitar que el enemigo se apodere del cofre ¡Es la misión que Kami-sama nos ha dado y debemos cumplir con nuestro destino! Además, me matarán si me quedo, Temari ¡Son Vampyr! ¡Los mismos que mataron a mis ancestros, los mismos que te perseguían en tus pesadillas! Existen, amor mío, son reales. Y ahora están tras nosotros. No puedo regresar al desierto, partiré hoy mismo al atardecer.
- ¿Qué comerás? -le pregunté con un hilo de voz. Sentí que las fuerzas me abandonaban ante la inminente despedida de mi amado.
- Hoy vendí una pipa. No me dieron mucho por ella, pero será suficiente como para comprar algo para el camino -dijo, enrojeciendo ostensiblemente. Estaba mintiendo- De todas formas, estaré bien. Comeré hasta la saciedad cuando llegue al campamento.
En ese momento vislumbré la distante figura de Yoshino que se acercaba desde la esquina opuesta de la calle.
- ¡Shikamaru! —exclamé, sin dejar de mirarlo a los ojos. Vi que los suyos también se llenaban de lágrimas.
- Volveré, amada de mi alma. Volveré por ti -dijo- Prométeme -agregó, sin soltar mis dedos- prométeme que en ningún momento te quitarás tu crucifijo ¡Júramelo!
- ¡Te lo juro, Shikamaru! -dije, sollozando- ¡Júrame que serás cuidadoso! ¡Júrame que vendrás por mí y por nuestro hijo!
- Te lo juro, amor mío —dijo, apretándome la mano con fuerza—Regresaré ¡Que Kami-sama te bendiga, Temari!
Yoshino estaba ya a pocos metros de nosotros.
- ¡Que Kami-sama te bendiga, Shikamaru! -dije, y me di la vuelta para limpiarme los ojos antes de ser descubierta por la empleada de mis padres. Creí que iba a desmayarme. El dolor de separarme de mi amor era demasiado; no pude siquiera volver a elevar los ojos para mirarlo una vez más.
- ¡Señorita! -exclamó Yoshino- ¿Qué tiene? ¿Le ha hecho algo ese horrible gitano?
- ¡No! -lloré, deseando darle una bofetada por insultar a Shikamaru y su raza gitana- ¡No me ha hecho nada! ¡Sólo me ha entrado polvo dentro de los ojos!
- ¡Pero, niña! ¡Se ve usted fatal!
- ¡Te he dicho que no me pasa nada! —grité- ¡Ahora, vámonos! ¡Vámonos ya mismo!
Tenía que alejarme lo más pronto posible o mi amor por Shikamaru haría que me devolviera corriendo a él para no soltarlo jamás.
- Está bien -dijo Yoshino algo molesta, pues nunca me había escuchado gritar— Como usted diga, señorita Sabaku.
Acto seguido, apuró la marcha hacia el coche y yo caminé a su lado con los ojos fijos en la calle empedrada. En cuanto nos subimos al coche no pude más, y rompí el silencio con mis ahogados sollozos.
- ¡Por favor, señorita! —pidió Yoshino- ¡Dígame qué le ocurre!
Yo hice caso omiso de sus palabras y salté fuera del coche para emprender una carrera enloquecida hacia el puesto de Shikamaru. Cuando llegué al lugar donde usualmente estaba su mesita caí de rodillas, echándome a llorar sobre el pavimento. Mi amado, mi gitano, mi Shikamaru había desaparecido sin dejar rastro alguno. Desde ese oscuro día de principios de enero no lo he vuelto a ver.
Yoshino corrió tras de mí y me dio alcance sólo para encontrarme sumida en el más profundo dolor. Trató de obligarme a levantarme del suelo, pero sus esfuerzos fueron inútiles, tuvo que ir a buscar al cochero para meterme al coche entre los dos. Mis padres me castigaron por mi conducta escandalosa, que les había sido referida en detalle por Yoshino, pero ya nada me importaba: Shikamaru había partido.
Todos los interrogatorios a los que fui sometida fueron en vano, nadie logró arrancarme una sola palabra al respecto del episodio de aquel día. Mi padre decidió que debía permanecer confinada en mi habitación hasta que les ofreciera una explicación satisfactoria, y así pasé varios días llorando ininterrumpidamente hasta que mi madre mandó a llamar al médico, un tal doctor Gaara.
Mi tristeza era tal que lo dejé examinarme como si mi alma ya no habitase mi cuerpo. Cuando hubo terminado, el doctor me preguntó, mirándome a través de unas redondas gafas.
- Y sus padres... ¿ya saben que espera un hijo?
La pregunta del hombre pelirrojo me dejó sentada sobre la cama.
- Doctor Gaara... se lo suplico... -balbucí.
- ¡Así que no lo saben! -exclamó con una mueca de agria satisfacción.
- No sería usted capaz... -dije.
- ¡Habrase visto! -exclamó con fingida indignación- ¿Está usted pidiéndome que traicione la confianza que su señor padre ha depositado en mí?
- ¡No se lo diga a mis padres! ¡Se lo ruego! -lloré.
- ¡Ni más faltaba! -dijo- No tiene usted ningún sentido de la moral, señorita Sabaku... bueno, no debería siquiera llamarla señorita. Tengo que cumplir con mis obligaciones de médico. Iré a darles la noticia a sus padres de inmediato.
- ¡No! -grité, interponiéndome violentamente entre el doctor y la puerta- ¡No lo haga, doctor! ¡Tenga compasión de mí, por amor a Kami-sama!
- ¿Kami-sama? ¿Cómo puede hablar usted de Kami-sama? -preguntó y, haciéndome a un lado, no sin brusquedad, salió de la habitación en busca de mis padres.
Nunca había tenido tanto miedo como en ese momento. Mi padre siempre fue un hombre férreo y yo no podía ni quería imaginar cuál sería su reacción ante la noticia de mi embarazo. A mi madre, por su parte, lo que más le ha importado toda la vida ha sido guardar las apariencias. Sabía, por lo tanto, que estaba perdida. No esperaba que mi padre fuese capaz de tal violencia, aunque debería haberlo intuido, teniendo en cuenta la portentosa carrera militar que ostenta.
Los golpes que me propinó deberían habernos matado tanto a mí como a la criatura. Por fortuna, me desmayé casi en cuanto había comenzado a desahogar su ira contra mí, y mi hijo y yo sobrevivimos gracias a lo que aún considero un milagro. No fui capaz de mover un solo dedo en más de una semana. Cuando pude por fin abrir bien los ojos, mi madre estaba mirándome, sentada al pie de mi lecho. Su expresión era amarga y sombría, y el tono de su voz estaba desprovisto de cualquier dejo de ternura o piedad.
- Nos has decepcionado, Temari -dijo- No eres más que una mujerzuela.
- ¡Madre! -gemí, adolorida- ¿Es que ya no me quieres?
- No, Temari -dijo secamente- Ya no. Antes, cuando creía que eras una muchacha digna de tu cuna y de tu crianza, te quise muchísimo ¡Cuánto te quise, Temari Sabaku! Pero ahora... no te considero más mía que la más vil de las pordioseras de Sunagakure.
Lloré amargamente por entre mis párpados hinchados, más herida por la dureza de mi madre que por la paliza que me había dado mi padre.
- Mamá... ¡Mamita, no me hables así! —lloré.
Mi madre guardó silencio unos instantes y al fin preguntó, con un tono de voz que me heló el corazón:
- ¿Quién es el padre de tu hijo, Temari?
Yo dejé que las lágrimas corrieran por mi rostro entumecido.
- Su nombre es Shikamaru -dije, sin moverme- Me he casado con él.
- ¡Casado! -exclamó mi madre, poniéndose de pie- ¿Dónde? ¿Cuándo?
- Cuando estaba en casa de mis primos, hace más de un año. Nos casamos en el bosque... en el campamento.
- ¿De qué demonios hablas, Temari Sabaku? ¿Qué campamento? –preguntó mi madre a gritos.
Yo no podía parar de llorar. Mi madre me sacudió frenéticamente.
- ¡Respóndeme! -ordenó- ¿Es que no me oyes? ¡Habla de una maldita vez!
- ¡En el campamento de su familia! -exclamé-. Ellos... ellos son...
La voz se me quebró. Mi madre se quedó muy quieta, como si se hubiese transformado en una estatua.
- Gitanos -dijo ella, terminando mi frase- Llevas en tu vientre la semilla de un gitano.
Sus dedos tiesos se aflojaron, soltando mis brazos.
- Te maldigo, Temari -dijo, dándome la espalda- Los maldigo a ti y a esa abominación que llevas dentro.
- Amo al padre de mi hijo -fueron las únicas palabras que pude pronunciar.
- ¿Qué has dicho? -preguntó ella, encolerizada- ¿No repudias al hombre que te ha deshonrado?
- ¡No, madre! -exclamé- ¡Mi hijo es una bendición para mí!
- ¡Cállate! -gritó- ¡Tu hijo es el hijo del demonio! ¡Eres una desgracia para tu familia y para tu sangre!
- ¡Mi sangre es ahora la sangre de mi esposo, y la suya corre por mis venas! - respondí.
- Sangre gitana -murmuró mi madre, temblando- ¡Más te valdría haber unido tu sangre con el mismísimo Lucifer! Te mataría, Temari, si lo creyese castigo suficiente para lo que has hecho.
- ¡Madre! -exclamé, sollozando— ¡Soy tu hija!
- Reniego de ti, Temari Sabaku. Desde este momento no eres hija de nadie -dijo, y me escupió en el rostro.
Después de esto salió de mi habitación, echándole llave por fuera. Yo me entregué al más amargo de los llantos. Mis padres jamás me perdonarían por lo que había hecho. Me habían encerrado en mi habitación para asegurarse de que no pudiera huir ¿Qué sería de mí y de mi hijo?
Varios días pasaron hasta que alguno de mis padres volvió a mis aposentos. Una vez al día Yoshino me llevaba algo de comer, pero yo apenas si podía tocar los alimentos. Una mañana, la puerta se abrió y escuché la voz de mi padre diciéndome:
- Levántate.
Yo me incorporé de la cama como pude y él dio un paso hacia mí. El recuerdo de la última vez que lo había visto me puso a temblar. Mi padre me observó con desprecio y dijo:
- Pensé en abandonarte a las afueras de Sunagakure para que tú y tu hijo perecieran de una buena vez, pero has tenido un golpe de suerte: tu madre te ha encontrado un esposo.
El terror se apoderó de mí.
- Padre... -comencé a decir, pero él me azotó el rostro con tal fuerza que caí al suelo.
- ¡No me llames así! -gritó- ¡Tú no eres Sabaku!
- Padre, ¡se lo suplico! -dije, a pesar del miedo que sentía- ¡Escúcheme, por favor!
- Ya sé todo lo que necesito saber de ti -dijo él, limpiándose el sudor de la parte superior del labio con el dorso de la mano- ¡Has cometido un pecado imperdonable, manchando para siempre el buen nombre de esta familia! Sin embargo... al parecer, alguien está dispuesto a recibir los inmundos despojos del gitano a quien te entregaste -agregó, con un destello de odio en los ojos.
- Padre, por Kami-sama... -balbucí, tragando en seco- Apiádese de mí...
- Te casarás con quien te lo mandemos. Está decidido -sentenció.
- Pero, padre... -me atreví a decir, bajando la mirada- Ya me he casado.
- ¡Casado! -murmuró, encolerizado- ¡Con un gitano! ¡Cállate, blasfema, o no respondo por mis actos! Esa unión no tiene validez ante los ojos de Kami-sama ¡Lo que has hecho es maldecirte!
Yo rompí a llorar.
- ¡Entonces abandóneme a mi suerte! ¡Déjeme ir, por favor! ¡No me obligue a casarme!
Mi padre me miró con frialdad.
- No tienes derecho a pedirme nada. Harás lo que se te ordena. La vida te ha presentado la oportunidad de, al menos, salvar el nombre de esta familia que, contigo, ha muerto. Agradece que no te encerremos a morir lentamente en un claustro. Mañana vendrá a verte el hombre que se hará cargo de ti y de tu condenado hijo. Espero por tu propio bien que te muestres dócil. No se hable más -dijo, y salió de la estancia.
Presa de la desesperación, me acerqué a la ventana y descorrí las cortinas, examinando el exterior. No podría escapar: mi habitación quedaba en el punto más alto de la casa y el techo era demasiado inclinado. Si me arriesgaba a hacerlo, podía morir en el intento. Además, no podía fiarme de la agilidad de mis músculos adoloridos. Me miré el abdomen. Ya se vislumbraba la leve curva de mi embarazo.
¿Dónde estaría mi amado Shikamaru? ¿Habría sobrevivido el duro viaje que se había propuesto hacer? Me quedé dormida rezando para que Kami-sama lo protegiese. Al día siguiente Yoshino fue a mi habitación a lavarme y peinarme. Lo hizo en silencio, pero podía sentir en cada uno de sus movimientos que ella también me despreciaba. Cuando estuve lista, abrió la puerta de mi habitación y me dijo tajantemente:
- La están esperando en el salón.
Yo descendí las escaleras con lentitud sin que ella me quitase los ojos de encima. Una vez me hubo escoltado hasta el salón, se hizo a un lado. Por poco me desmayo: sentado al frente de mis padres estaba el hombre que había ido al puesto de Shikamaru preguntando por el cofre de plata.
- ¡Usted! —chillé, aterrorizada.
- Éste es el señor Kiba Haruno -dijo mi madre— tu futuro marido.
Antes que pudiese darme la vuelta y correr gradas arriba, mi padre se levantó y, llevándome por la fuerza, me obligó a sentarme en el sillón junto a Kiba.
- ¿No niegas, entonces, que lo conoces? -preguntó mi madre con una mirada insondable.
Yo no entendía qué ocurría.
- ¿Qué hace usted aquí? -le pregunté a Kiba, ignorando la pregunta de mi madre.
- ¡No seas impertinente, Temari! —gritó mi padre, furibundo— Este hombre se ha ofrecido a darle su nombre al bastardo que esperas ¡Lo menos que merece es un poco de respeto!
- No se preocupe, señor Sabaku -dijo él, fingiendo afabilidad- No esperaría menos de la cómplice de un gitano.
- ¿Cómplice?-pregunté, llena de ira- Esposa, querrá usted decir.
Mi padre se acercó hacia mí levantando la mano, pero Kiba lo detuvo.
- Muy pronto su hija estará casada conmigo según las leyes de la Iglesia y todas las pamplinas que ese gitano le ha metido en la cabeza pasarán a ser sólo un mal recuerdo. Esta niña es demasiado joven como para comprender los crímenes que esos villanos la han obligado a cometer... - luego, mirándome, prosiguió- Sus padres y yo hemos llegado a un acuerdo: a cambio de una pequeña dote, yo me casaré con usted y reconoceré a su hijo, salvándolos de la deshonra.
Sentí que la sangre me ardía en las venas. Hubiese deseado escupirle en pleno rostro, pero sólo me habría perjudicado a mí misma ¿Qué hacía ese hombre horrible en mí casa? ¿Cómo me había encontrado y por qué quería casarse conmigo?
- El señor Haruno nos ha contado que le ayudabas a ese gitano miserable a robarles a sus clientes, distrayéndolos con obscenos coqueteos -dijo mi madre con voz aguda- ¡Hasta el carnicero te había reconocido! Todos sabían que nuestra hija andaba por las calles de Sunagakure con un gitano ¡todos, menos nosotros! Fue así como el señor Haruno llegó hasta aquí ¡preguntando por la cómplice del hombre que lo despojó de su dinero!
- ¡Nosotros jamás hemos robado nada! -grité, furiosa- ¡Ignoro cómo se enteró este hombre de mí nombre o de dónde podía encontrarme, pero les aseguro que no ha sido indagando entre los comerciantes de Sunagakure!
- En eso tiene razón, señorita -me dijo Kiba con cara de indignación- He tenido que seguirla hasta aquí personalmente ¡Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que la única heredera de los Sabaku me había robado!
Lo miré con odio, pero él prosiguió:
- Su señora madre fue tan amable de recibirme y escuchar lo que tenía por decirle. Si hubiese sido usted menos encantadora, no habría dudado en acusarla ante las autoridades pero... ¡qué puedo decir! Me temo que, a pesar del daño que usted y ese gitano me han hecho, me he prendado de usted. Cuando me presenté por primera vez en esta casa, más que alertar a sus padres en cuanto a su conducta buscaba su permiso para cortejarla. Me he enamorado al punto que no me importa que haya sido deshonrada. Tampoco me importa que espere usted el hijo de otro hombre. Lo único que deseo es convertirla en mi esposa.
- ¡Usted sabe que eso es tan falso como que yo le haya robado! -exclamé- ¿Qué pretende conmigo? ¿Por qué hace todo esto?
En vez de responderme, Kiba les habló a mis padres:
- Está muy hosca. Tal vez si me permiten hablar con ella a solas por unos instantes yo pueda convencerla de mis buenas intenciones.
Mis padres entrecruzaron miradas y salieron del salón, dejándome en compañía del malvado de Kiba.
- Sólo deseo ayudarte, Temari -dijo él, afectando inocencia.
- No creo que mis padres estén escuchando detrás de la puerta -respondí- ¿Por qué no me dice de una vez qué es lo que busca?
Kiba se puso de pie y me observó de arriba abajo.
- Eres rica y hermosa. Tienes, además, varios títulos de nobleza. Yo no soy precisamente ni rico ni guapo. Haz las deducciones pertinentes.
Lágrimas de ira se asomaron a mis ojos.
- Sé que hay mucho más detrás de todo esto -dije, por entre los dientes- ¿Qué necesidad tiene de calumniarme?
- No sabes lo mal que se está en la pobreza—dijo él, a manera de respuesta- A diferencia de ti, yo sabré apreciar cada centavo de más que agreguen tus padres a la dote y ésta aumenta proporcionalmente con el desprecio que tus padres sienten hacia ti. Sólo estoy dándole un pequeño empujón a nuestra fortuna, querida.
- ¡Yo no soy su querida! —grité, poniéndome de pie y lanzándole varios golpes.
Kiba rio por lo bajo y dijo, cogiéndome los brazos:
- ¿No te das cuenta de lo mucho que a ambos nos conviene esta boda, pequeña? Yo seré rico y noble. Y tú... bueno, digamos que no terminarás tus días en el frío encierro de una celda. Porque tu padre pensaba hacer eso contigo. Te lo ha dicho, ¿verdad?
Él me soltó y yo caí rendida sobre el sillón, mirándolo.
- Es usted el mismísimo demonio, Haruno -dije.
- Es una lástima que insistas en verlo de ese modo. Yo me considero algo así como... tu ángel guardián. Comprendo que casarte conmigo te atemorice porque no me conoces, pero... puedo asegurarte que, si cooperas, no sufrirás mayores maltratos una vez que seamos marido y mujer.
- Esa mujer que estaba con usted... ella es su cómplice en esto, lo sé -dije.
- No digas tonterías, niña -replicó Kiba- Ella sólo busca recuperar algo que los gitanos le robaron a su familia ¿No habrás visto, de casualidad, en tus andanzas entre los gitanos, un bonito cofre de plata antiguo?
- ¡No! -grité- No he visto ningún cofre pero tenga por seguro que, si algún día encontrara algo que a usted le conviniese hallar, le prendería fuego de inmediato.
Esperé haber sido convincente. Kiba se limitó a sonreír con sorna y dijo:
- Está bien. Veo que no quieres que seamos amigos. De todos modos, eso no importa. Ya verás cómo la convivencia nos acercará -dijo, deslizando un largo dedo por mi mentón. Yo me estremecí- Piensa en lo que te he dicho, Temari. Es tanto mejor ser mi esposa a pasar el resto de tus días encerrada ¡Quién sabe! Tal vez algún día me harte de ti.
En ese momento, mi padre entró de nuevo al salón.
- Creo que ya han tenido una entrevista lo suficientemente larga como para conocerse -dijo- Espero que haya logrado hacerla entrar en razón, señor Haruno.
- Yo también lo espero así -dijo Kiba- Ahora, sabrán disculparme: debo partir.
Dicho esto, se caló el sombrero y, después de ponerse el abrigo, se despidió de mí inclinando la cabeza. Apretó la mano de mi padre y se inclinó ante mi madre, dejándonos solos. Mi padre me escudriñó con la mirada.
- ¿Tienes algo que decir? -me preguntó.
Yo negué con la cabeza, mirando al suelo. Densos lagrimones se deslizaban por mis mejillas, cayendo sobre la alfombra.
- Muy bien -dijo él y, mirando a mi madre, ordenó- Llévala de vuelta a su habitación.
Mi madre le obedeció. Después de dejarme adentro de la estancia, volvió a cerrar la puerta con llave sin decir una palabra. Me tendí sobre el lecho, dejando que mi llanto empapara la almohada hasta que me quedé dormida. Cuando desperté, me quedé largo rato pensando en todo lo que había ocurrido.
Quizá Kiba no sabía nada de los Vampyr y había decidido, simplemente, aprovecharse de mi situación para obtener dinero y títulos nobiliarios a punta de engaños y mentiras. Tal vez tuviese razón: si me casaba con él, algún día tendría la oportunidad de escapar. Si no lo hacía mi padre me encerraría para siempre y jamás volvería a ver a Shikamaru. Traté de mostrarme razonable con mis padres en los días que siguieron.
Sabía que, si provocaba su ira, mi padre volvería a darme una golpiza como la de la vez anterior. Aunque la idea me aterrorizaba, decidí casarme con Kiba por las buenas. El día de la boda lo emborracharía y huiría antes que pudiese ponerme encima un solo dedo. Sabía que era un plan muy ingenuo, pero no se me ocurría ninguno mejor. Aunque no se me permitía salir de mi habitación, mi madre había suavizado un poco su tono conmigo.
- He conocido a tu futura suegra -dijo mi madre, unos cinco días después de mi entrevista con Kiba- Me ha parecido una mujer sensata. Ha venido con Kiba y con su hermano quien, por cierto, es muy guapo. No darán una mala impresión como familia política. Van a quedarse con nosotros hasta el día de la boda, así que tomarás las comidas en el comedor con nosotros de ahora en adelante. Espero que sepas mostrarte atenta con ellos.
- Sí, madre -respondí.
Odié a Kurenai Haruno tanto como a Kiba en cuanto la vi aquella noche, sentada junto a su hijo en el comedor: supe que era una víbora, tan astuta y malvada como él. Sasuke, en cambio, no se me antojó tan cruel como los otros dos, aunque sí noté que estaba deslumbrado con la riqueza de la casa de mis padres, cosa que me desagradó. Como me era muy difícil ser cortés con ellos, comí en silencio, clavando los ojos en el plato.
- A mí me parece una pena que una novia tan guapa no pueda ser apreciada por todos ¿Qué opinas tú, Kiba? -preguntó Kurenai.
- Opino exactamente lo mismo, madre -respondió él.
- ¿Qué quiere decir con eso, Kurenai? -preguntó mi padre.
- Bueno... -respondió Kurenai Haruno— Ahora que nos hemos conocido... y que he podido ver con mis propios ojos cuan bonita es Temari. Me parecería una lástima no celebrar la unión de nuestros dos hijos como tan... feliz acontecimiento lo amerita ¿No creen?
Mis padres guardaron silencio unos instantes. Yo me limité a beber un trago de agua. Después de todo, lo que yo quisiera no tendría relevancia.
- ¿Una fiesta? -preguntó mi madre.
- ¿Por qué no? —Respondió Kurenai- Después de todo, sería muy extraño que una Sabaku se casara precipitadamente sin que nadie fuese convidado a participar de la ocasión. La gente hablaría. En cambio, si diésemos una fiesta, la unión de Kiba y Temari sería motivo de alegría no sólo para nosotros sino para todos.
- Tal vez tenga usted razón, Kurenai -dijo mi madre- Es algo en qué pensar.
- Yo creo que es una idea maravillosa —dijo Sasuke- ¿Por qué no hacerlo? Además mi hermano está profundamente enamorado. Nunca lo había visto tan entusiasmado como en los últimos tiempos. Yo propongo que brindemos por el amor.
No podía dar crédito a lo que escuchaba ¿acaso no sabía Sasuke cuánto detestaba yo a su hermano? Mi padre titubeó antes de levantar su copa, pero al fin la unió a las de los Haruno.
- ¡Por el amor! -dijo Kiba, sonriendo y mirándome con intensidad. Sentí que el estómago se me revolvía.
Mis padres estaban dejándose enredar por la comedia que los Haruno estaban representando ¡Poco faltaba para que ellos mismos se convenciesen de que yo amaba a Kiba y olvidasen que estaba embarazada de un gitano! Así, entre copas, se decidió que mi boda con Kiba Haruno sería el acontecimiento del año. Mi madre me llevó a mi cuarto después de la cena e incluso se despidió antes de encerrarme.
Kurenai Haruno había logrado darle un giro repentino a la situación con la idea del festejo y mi madre no iba a desaprovechar la ocasión de salvaguardar su reputación. De un momento al otro, lo que era un motivo de vergüenza para mis padres se había convertido nada más y nada menos que en motivo de distracción.
- ¡Todos hablarán de tu boda, Temari! -dijo mi madre al tiempo que cerraba la puerta. Sentí que la odiaba. ¿Cómo era capaz de engañarse de semejante forma?
Supe que mi madre había perdido la razón en los días que siguieron: había mandado llamar a la mejor modista de Sunagakure para que arreglara el traje antiguo que había usado en su boda con mi padre. Las invitaciones estaban listas para ser repartidas cuando apenas empezaba febrero, como si no se tratase de una boda arreglada a última hora.
- Será la novia más hermosa de todas -dijo Kurenai cuando me vio con el vestido. Su mirada era calculadora, pero fingía estar disfrutando de cada uno de los preparativos. Era obvio que estaba alentando a mi madre a no escatimar en ningún lujo.
Kiba se reunía con sus amigos en la sala de fumar y Yoshino les escanciaba los mejores licores de mi padre. Yo estaba furiosa con todos, pero procuraba esconder mi indignación por mi bien y el de mi hijo. Varios floristas y expertos jardineros fueron consultados y la casa comenzó a engalanarse para la que yo había decidido denominarla boda de mis padres con los Haruno: yo no tenía nada que ver con ese asunto.
No era más que una marioneta destinada a hacer el papel de novia, tan sólo la pieza decorativa alrededor de la que se tejía un blanco manto de falsedad. Mientras tanto, sólo pensaba en Shikamaru ¿Habría logrado encontrar a sus padres? ¿Habría podido llevar el cofre de plata a un lugar seguro?
Una mañana estaba tomando el desayuno a solas con los Haruno, pues mi madre estaba supervisando las compras para el banquete y mi padre estaba en sus habitaciones, cuando Sasuke dijo que partiría al día siguiente a alojarse en un albergue de Hi no Kuni. A mí se me antojó extraño, pero no dije nada. De hecho, no había cruzado más de tres palabras con nadie en varios días. Creo que todos habían olvidado mi presencia.
- He podido hablar con nuestra querida prima anoche en la Casa de la Ópera -dijo Sasuke a Kiba- Es en verdad más guapa frente a frente.
- ¿Por qué irte a un albergue? -respondió Kiba— ¡Aquí tienes todo lo que necesitas!
Sasuke miró nostálgicamente a su alrededor y respondió:
- Estaría mucho más cómodo en la propiedad de Ketsueki.
Kiba rio de buena gana y su madre reprimió una sonrisa de complicidad.
- No creo que la casa de Ketsueki sea precisamente agradable, Sasuke -le dijo Kurenai.
- Puede que la casa en sí no lo sea, pero lo que encierra en su interior sin duda me traería gran prosperidad y que pueda ponerle las manos encima depende sólo de Sakura -dijo él con una mirada críptica de la que no lo habría pensado capaz.
- Si logras que tu prima te acepte, quizás ni siquiera tengamos que molestarnos en venderle el cofre a Karin ¿Por qué no soñar? ¡Tal vez estemos celebrando otra boda a fines de este año! -le dijo Kurenai a Sasuke.
Toda la conversación me había puesto muy nerviosa, en especial la mención del cofre. Ya sabía que Kiba estaba asistiendo a esa mujer Vampyr que se había presentado en el puesto de Shikamaru y no pude menos que suponer que se estaban refiriendo a otro de los tres cofres sagrados ¿Qué estarían tramando los Haruno?
- ¿Quién es Sakura? -me atreví a preguntar.
Los tres se quedaron mirándome como quienes ven a un fantasma.
- ¡Querida! ¡Has recuperado la voz! -dijo Kiba con sarcasmo.
En ese momento entró mi madre al comedor.
- ¿De quién hablan? —preguntó con desinterés.
Noté que los hermanos Haruno se habían puesto un poco incómodos, pero Kurenai respondió con la más perfecta naturalidad.
- Hablábamos de Sakura Haruno, la prima de Kiba y Sasuke ¿No la conoce usted? Es una mujer inmensamente rica.
- Nunca la he escuchado mencionar -dijo mi madre, favorablemente sorprendida. Le agradaba que los Haruno tuviesen parientes acaudalados.
- Ha de ser porque es aún muy joven -replicó Eva- La pobrecita se quedó huérfana cuando era niña y pasó su infancia en el famoso internado de Konoha no tōjō.
- ¡Konoha no tōjō! -exclamó mi madre- ¡Qué maravilla! Ya me hubiera gustado enviar allá a Temari. Pero bueno, debemos invitar a esa joven parienta suya a la boda.
- Ya lo hemos hecho —replicó Kurenai— Le he llevado la invitación ayer yo misma ¡Soy una romántica incurable! Albergo la esperanza de que Sasuke y ella contraigan nupcias algún día ¡Harían una pareja tan hermosa!
- Imagino que no habrá ningún inconveniente -dijo mi madre— Después de todo, son primos y ¿qué muchacha sensata podría no enamorarse de un joven tan guapo como Sasuke?
- Me halaga usted, señora mía -dijo Sasuke, desplegando todo su encanto y haciendo a mi madre sonrojar. Ese hombre era capaz de obtener el favor de la mujer que quisiera con tan sólo una sonrisa. Nadie imaginaría la vileza del carácter que se escondía detrás de esos luminosos ojos color negro.
De repente sentí náuseas y le pedí a mi madre que me acompañase a mi habitación. Los primeros síntomas del embarazo se manifestaban en mi cuerpo. Kiba Haruno tuvo el descaro de besar mi mano con fingida ternura cuando me excusé de la mesa, lo que incrementó mis deseos de vomitar.
A partir de ese día estuve bastante enferma. Trataba de pensar en la extraña conversación que había atestiguado, pero las frecuentes náuseas no me permitían hacer buen uso de mis facultades mentales. Sólo esperaba que, fuera cual fuese el plan de los Haruno para apoderarse de los cofres de plata, no pudieran llevarlo a cabo.
Mi hijo daba más y más vueltas en mi vientre a medida que se acercaba la fecha de mi inminente boda con Kiba. Sabía que él también podía sentir mi desesperación, y su sangre gitana se rebelaba contra el destino que mis padres habían designado para mí. Faltaba casi un mes para la llegada de la primavera y Shikamaru no volvería a Sunagakure hasta después de la boda.
Afortunadamente te presentaste en la boda, Sakura. De no ser por ti, Kiba Haruno sería ahora mi dueño. Doy gracias a Kami-sama por haberte puesto en mi camino. Es cierto que no tengo cómo pagarte todo el bien que nos has hecho a mí, a mi hijo y a Shikamaru al ayudarme a escapar de una situación tan espantosa. Sin embargo, sé que Kami-sama te recompensará en nuestro nombre.
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Cuando Temari terminó su narración, los pájaros cantaban y el sol entraba por la ventana. Lo que acababa de escuchar me hacía creer, por primera vez, en la existencia de un destino. No un hado en el que el ser humano está atado a la fatalidad, sino un destino maleable en que los seres de bien han de encontrarse en algún momento determinado para hilar historias, ayudarse unos a otros y hacer descubrimientos importantes.
Abracé a Temari con fuerza y le agradecí el haberme contado sus vivencias. La jovencita no sabía el enorme favor que me había hecho al referirme todas aquellas cosas, no sólo estaba salvándome de cometer el terrible error de depositar mi confianza en Sasuke, sino que también me había dado información de gran utilidad para atar varios cabos sueltos de mi pasado.
Como ambas estábamos tan cansadas, nos retiramos a dormir, pero antes de ello le pedí a Kakuzu que vigilase la casa atentamente durante el día, quería ser alertada al respecto de cualquier movimiento extraño en las proximidades de la propiedad. Si Sasuke llegaba a presentarse, Kakuzu habría de decirle que yo estaba aún durmiendo y le pediría que me dejase cualquier recado con él. No debía dejar pasar a nadie.
Me quedé dormida pensando en los cofres de plata. Una palabra había quedado grabada en mi mente: Ketsueki. La misma palabra que aparecía repetidamente en las páginas de aquél libro que Konan y yo habíamos encontrado en el interior del cofre de Karin en Konoha no tōjō, el libro que narraba en un lenguaje casi imposible de descifrar la crónica de la vida de nuestra peor enemiga. No estaba claro en la conversación que Temari me había referido si Ketsueki era una persona o un lugar. Lo que sí estaba claro para mí era que la palabra me vinculaba con una propiedad, con los cofres de plata y con los Vampyr.
Disclaimer: Como dije este proyecto será desarrollado de manera lenta pero intentaré ser constante con él. Tengo la esperanza que lo apoyen. Ya dije que este será algo lento dado que así se desarrolla la trama original el libro, por lo cual este finc por así decirlo, será el doble de largo que el libro porque no pienso atosigarlos con capítulos largos, es por eso que esos que son en extremo largos los divido en partes para que sea más tranquila la lectura y ustedes no se sientan atenuados de leer algo tamaño familiar donde podrían demorar horas en lugar de minutos. Espero que les guste y me perdonen unas faltas ortográficas pero no soy muy hábil en el teclado dado que tengo problemas de vista y a veces se me confunden las teclas. La trama de "La historia de Temari Sabaku" termina acá, como vieron fue algo corta al igual que unas anteriores, además de que a partir de acá Sasori hará poco más acto de su presencia de manera no muy recurrente pero igual será de manera algo más directa, así que calmadas todas! Y dentro de poco se presentará de forma oficial en la historia.
Una vez más agradezco a los que están apoyando esto y espero leerlos en otro comentario para saber si les interesa que siga con esta adaptación, o que haga otra cosa o si les gusta o saber que personaje les gustaría ver acá en algún momento. Hasta ahora llevo a Mikoto, Kushina, Obito, Madara, Minato y Orochimaru que ya veré como agregarlos, si quieren ver a alguien más díganme. Este libro cuenta con muchos personajes, tienen libertad de elegir. Además de eso si esto cuenta con el apoyo suficiente subiré la adaptación de la "continuación" de este libro.
Para los que no lo sepan, también pueden decir que personaje femenino desean leer, menos a INO que la tengo pensada para la continuación, si es que se da al igual que a DEIDARA.
