HOLA, HEME AQUÍ DE REGRESO LES DEJO ESTE SIGUIENTE CAPITULO ESPERO LES GUSTE….

FELICES FIESTAS!

Justamente el día de hoy se cumplía una semana del accidente, aquel que mantenía a Anko internada en el hospital y que había volteado su mundo al revés, desde entonces sus noches las pasaba en el hospital haciendo lo posible porque el sueño no lo doblegara en la silla de la sala de espera.

Hacía una semana que convivía con la angustia y la preocupación, deseaba estar en casa y poder descansar de aquella misión que fue arruinada por una terrible tormenta, se sentía fatigado y las ojeras ya formaban parte de él.

Kurenai se había cansado de pedirle que se retirara a casa a dormir aunque fuese un par de horas, sí, el era un ninja desinteresado por su vida pero no un desinteresado por la vida de las personas que amaba.

Llevaba una semana comiendo a deshoras, desvelándose, con sobresaltos, con enfado, irritado, nadie entendía por lo que estaba pasando, el fastidio de tener que lidiar con políticas de hospitales y burocracia… hoy cumplía una semana de vida su pequeña.

Termino de darle su biberón, y la acomodo con sumo cuidado sobre su hombro para hacerla repetir el alimento, la trataba como si fuese una muñeca de cristal que temiese romper.

No se cansaba de mirarla a los ojos, esos enormes ojos cafés que despertaban en él ese sentimiento sobreprotector y paternal que nunca pensó en poseer, solo podía ver a una criatura inocente que dependía de él en todos los sentidos.

-¿cuando le quitaran esta cosa?

-posiblemente mañana, debemos de realizarle otro estudio –contesto la enfermera –por lo pronto es hora de cambiarla…

-No, no se preocupe yo lo hago, debe de tener mucho trabajo.

La mujer solo sonrió y se dirigió a la salida de la sala de cuneros –si necesita algo estaré aquí enseguida.

El Jounin asintió y se dispuso a realizar su tarea, saco entonces una pequeña pañalera color azul y de el un mameluco también en ese mismo tono pero con la cara de un koala que abarcaba gran parte del pecho de la suave tela de algodón.

-lo siento… -murmuro el ninja, pues no había tenido tiempo de ir a la tienda de artículos para bebé y así poder cambiar toda la ropa en color azul por algo un poco mas femenino –te prometo que hoy te conseguiré algo mucho mejor.

Después de dejarla limpia volvió a cargarla entre sus brazos hasta dejarla completamente dormida, de vez en cuando le besaba su frente y pasaba sus toscas manos por las mejillas de la niña, se lo prometió a Anko… cuidaría de su hija.

A la mañana siguiente el Jounin se dirigió al área de pediatría, llevaba ahora una pañalera en color rosa llena de cosas indispensables para sus cuidados, deseaba con todas sus fuerzas poder llevarla a casa, deseaba alejarla de las garras de la muerte.

Mientras caminaba por aquel largo pasillo su mente comenzó a divagar con los recuerdos, con ese día en el que conoció por primera vez el rostro de su bebé.

Flashback

- esta es el área de cuidados intensivos –murmuro la mujer, quien enseguida se sitúo al lado de la ultima incubadora –es ella, puede cargarla eso les ayuda mucho.

¿Qué se suponía que era todo esto? El Jounin veía pasmado a una pequeña envuelta en una sabana rosa, en ese cunero había una bebe que evidentemente respiraba con mucha dificultad, sus ojos se mantenían cerrados con fuerza y en su diminuta nariz estaba incrustado un tubo delgado de plástico.

– ¿es su primer hijo? … señor.

-sí, es el primero.

-Entonces le ayudare a cargar a la bebé, mire solo basta con sujetarla de…

-No, no es necesario, tengo algo de prisa volveré un poco más tarde –sin decir otra palabra el ninja salió rápidamente del lugar, dejando a una confundida enfermera al cuidado de su hija.

Camino con su corazón latiendo de manera exagerada, le costaba entender todo lo que sucedía por un momento creyó que estaba formando una familia, su propia familia, se sentía feliz el amaba a Anko y su amor le era correspondido, y ese amor que ambos sentían por fin iba a tener un nombre, todo era perfecto.

Durante su ultima misión no dejaba de pensar en su futuro, en el de Anko y el de su hijo, ansiaba conocerlo ver su rostro poderle presumir a la kunoichi que su bebé era idéntico a él.

También supuso que le costaría demasiado estar lejos de su hijo, hoy no tenía por qué estar en este hospital, hoy debía de estar en la florería Yamanaka comprándole un ramo de flores a la madre de su pequeño, había planeado tocar a su puerta y pedirle una vida juntos.

Fue entonces cuando un llanto llamo su atención, una mujer joven salió de uno de los consultorios que se hallaban a lo largo del corredor, su rostro lucia bañado en lágrimas.

Seguida de ella el médico, quien tocaba con suavidad el hombro de la mujer –se hiso todo lo posible, lo siento señora.

No había consuelo para aquella mujer –Debe esperar en la sala, en unos momentos la buscara la enfermera, para entregarle el cuerpo de su hijo.

El doctor regreso al consultorio dejando la mujer sola en el pasillo, asimilando tal vez lo sucedido.

Kakashi permeancia inmóvil viendo la escena, sentía una enorme pena por lo que sus ojos veían, pero sintió desfallecer cuando el esposo de la mujer llego para solo enterarse de lo sucedido.

-¿! Que paso, dime por favor, que fue lo que te dijo el médico!?

La mujer sollozaba sin poder decir palabra, mientras su esposo trataba de sostenerla con sus brazos.

-No llegamos a tiempo, nuestro bebé no pudo resistir…

Ambos padres lloraban desconsolados la muerte de su hijo.

Kakashi sintió que sus piernas comenzaban a querer fallarle, a él no le pasaría eso ¿cierto? Su hija iba a resistir ella iba a sobrevivir… eso no.

-vamos, quiero verlo… -dijo de pronto el hombre –siempre estuve ausente, nunca estuve a su lado, te deje siempre sola tú eras quien cuidaba de él, mírame Miztuki, saldremos adelante.

La mujer asintió y ambos pasaron por un lado del ninja copia, juntos se dirigieron al área de terapia intensiva justo de donde había salido el peliplateado.

"-Nunca estuve a su lado…"

El Jounin se recargo en la pared para no perder el equilibrio, esas últimas palabras que el hombre dijo le retumbaban en su cabeza ¿Anko y él tendrían la fuerza para tolerar ese dolor?

-Olvídate de Anko, voltea de una buena vez hacia tu hija ella es quien importa ahora, deberías de aprovechar el tiempo que estas aquí sentado, busca al médico y pídele que te permita conocer a la niña.

- Como quisiera que todo esto fuese una pesadilla.

-Pero no lo es, deja de esconderte, al menos tú tienes la fortuna de poder conocer a tu hija… Anko tal vez no.

Fue en ese instante que comenzó a recobrar fuerza, sea cual fuese el final de su historia el debía de estar allí para apoyar a las mujeres que mas amaba, debía de dejar de ser un cobarde, y agradecer por cada segundo que pasaba al lado de su pequeña.

Fin de flashback

Su hija tenia ahora una semana de nacida, el doctor le había comentado que los días críticos ya habían pasado, que solo era cuestión ver cómo iba evolucionando su estado de salud.

No pudo evitar sonreír al verla de nuevo, sus ojos enormes parecían enfadados por su tardanza, como si lo hubiese estado esperando impacientemente.

Tenía sus ojos no podía negarlo, pero ya quería ver la cara de Anko en cuanto viese el cabello plateado de su hija.

-quiero verla.

-Que necia eres ya te lo dije, y te lo he repetido toda esta semana, no puedes verla está en una incubadora.

-Entonces yo iré a verla…

-Anko, no puedes levantarte todavía, casi te matas ¿entiendes lo que es eso? –Contestó irritada Kurenai –y ya déjame terminar de ver esta revista.

-¿y por qué Kakashi, no ha venido a verme?

- Se ha estado haciendo cargo de la bebé, no se ha despegado de ella.

-Eso no le impide venir conmigo –dijo enfadada la kunoichi.

-¿No crees que estas exagerando? Déjalo que este con ella…no me digas que estas celosa de una bebé- la chica de ojos rojos comenzó a reír molestando aun mas a Anko.

-yo cargue a esa bebe en mi vientre por ocho meses ¿y esto es lo que merezco?- las lágrimas comenzaron a invadir su rostro – ni siquiera sé como esta ella, el idiota de Kakashi te prohibió decirme otra cosa que no sea: "Anko la niña está bien" y tu como buena amiga que eres le obedeces.

-Kakashi y yo estamos preocupados por tu salud, él todos los días me pregunta por ti, detiene al médico que te está atendiendo en los pasillos… y tú te enfadas, estas de un humor insoportable, Anko todos estamos haciendo lo que está en nuestras manos ¿podrías cooperar un poco? –la chica se levanto de su asiento y se retiro, no quería discutir con su amiga en ese estado

Con sumo cuidado termino de vestir a la pequeña, ya no tenía tanta dificultad al momento de cambiarla, la niña se quedaba quieta cuando su padre comenzaba a acomodarle su nueva ropa, un diminuto vestido color rosa que el mismo eligió de un aparador, unas calcetas del mismo color y un suéter de algodón color beige, el hospital era un lugar muy frio.

Parecía una muñeca –casi lo olvido –murmuro, el ninja saco de la pañalera un oso de peluche que acomodo por un lado –así no te sentirás tan sola cuando no este contigo.

La observo con detenimiento, ahora la veía un poco más grande y menos pálida, su hija ahora lloraba y se movía inquieta cuando algo la incomodaba.

No pudo evitar suspirar él también se sentía solo y desesperado ante la situación, Anko no podía ayudarle de hecho tenía dos días sin verla, no deseaba volver a ver sus ojos cafés mirándolo de manera tan inquisidora.

Kurenai lo mantenía al tanto del estado de salud de la kunoichi, quien también le informo que Anko no paraba de preguntar por él.

Sus pensamientos terminaron cuando vio entrar por la puerta al médico que se encargaba de revisar diariamente a su hija.

El hombre de bata blanca le pidió apoyo a la enfermera, quien se encargo de levantar un poco la niña de su cuna y acomodarla de forma correcta para facilitarle su trabajo al médico.

-¿Eso para qué es? –pregunto rápidamente Kakashi al ver como el doctor sacaba una jeringa y se acercaba de manera amenazante a la pequeña.

-le tomaremos una muestra de sangre.

-¿es necesario?... se ve algo grande esa aguja.

-sí, debemos realizarle algunos exámenes –contesto el médico quien de manera rápida y sin inmutarse clavo la aguja en el antebrazo de la menor y comenzó a llenar la jeringa de sangre.

El llanto de la bebé fue inmediato, y un angustiado padre veía horrorizado como ese doctor sin escrúpulos lastimaba a un ser indefenso.

-Le duele… ¿ya tiene suficiente con eso para su examen no?

-señor, esto es algo de rutina –Enseguida el doctor saco la aguja y cubrió la herida de la pequeña con algodón.

Kakashi vio como de esa herida en el antebrazo seguía saliendo algo de liquido rojo, por lo que molesto contesto -¿Así, y dígame también es rutina que los padres de los bebés le golpeen a diario?

-Señor Hatake, no se preocupe su hija está en buenas manos –intervino la enfermera algo nerviosa, quien conocía del oficio del Jounin.

El doctor se retiro sin decir nada más.

Odiaba oír llorar a su bebe de esa manera porque él no podía hacer nada para calmar su dolor, lo cierto era que su pequeña sufría al estar allí con esos desconocidos, odiaba ver a su bebe con ese tuvo adherido a su pequeña nariz, verla desesperada moviendo sus manos… ella no tenia porque estar sufriendo a esa edad.

-¿Y bien?

-Ya te lo dije todo saldrá bien.

-Se trata de Kakashi, no lo creo tan idiota.

-tranquilo, créeme está muy distraído con lo de su hija no se ha despegado del hospital –contesto la kunoichi.

-Y cuando piensas ir a verle.

-debemos de esperar a que se recupere la niña…

-o muera –dijo Genma.

Yugao lo miro curiosa –no te conocía ese lado tan rencoroso.

-Solo espero y funcione tu dichosa pastilla.

Por la mañana el Jounin permanecía al lado de la puerta esperando a que el médico le llamara.

-¿quieres que te acompañe?

-No Kurenai, estoy bien ve con Asuma hoy regresa de su misión.

-Entiendo, te veré a la hora de la comida para que me digas como le fue a la bebé en sus estudios.

-Gracias.

-De nada, y así espero que puedas irte a descansar –contesto la chica con las manos en la cintura –te veo luego.

Kurenai y Asuma le habían apoyado durante todos estos siete días, la kunoichi pidió un permiso especial para estar a su lado y su amigo, al no tener otra opción salía a misiones cortas por si se llegase a ocupar algo.

-¿Hatake Kakashi?

El pediatra salió del consultorio para llamarle.

-¿Dígame como encontró a mi hija?

-Afortunadamente bien, mejoro muy rápido –contesto el doctor quien se sentó detrás de su escritorio –eso me tiene impresionado, tenía un mal pronóstico.

-Entonces, ¿pronto saldrá del hospital?

-De seguir así posiblemente en dos días, por lo pronto le quitaremos el respirador.

-¿Cree que mi…es decir la madre de la niña pueda verla?

-Si reacciona de manera favorable, al retirarle el respirador por supuesto.

Al salir del consultorio sintió que su alma regresaba a su cuerpo, faltaba poco para que le entregasen a la pequeña y entonces nadie la separaría de él.

Hoy cumplía ocho días internada, el médico le dijo que sus heridas ya habían sanado y el riesgo a una complicación también había disminuido.

Anko miraba con melancolía hacía la ventana de su habitación, deseaba respirar el aire puro de afuera, sentir los rayos del sol, extrañaba estar en casa.

De vez en cuando se tocaba su ahora plano vientre, se preguntaba como siempre si su bebe se encontraba bien, extrañaba sentir a su pequeña moviéndose dentro de ella.

-Seguro serás una niña muy traviesa –pensó la kunoichi mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.

-Buenos días.

Conocía perfectamente esa voz, enojada la pelimorada le ignoro, se negaba a dirigir su mirada hacia él -¿ahora si te acuerdas de mí? Pues no quiero hablar contigo, es muy temprano aun como para ponerme de mal humor.

-Bien, Sayumi y yo nos iremos a comer un helado, se lo merece por ser una niña tan…

-¡Hatake, eres un… regresa! Trae a mi hija.

El ninja de los cabellos plateados no pudo evitar reír, volvió a entrar a la habitación con su bebé en brazos, por fin el médico le permitió llevar a su pequeña al lado de su madre.

-¡rápido ninja holgazán acércate, déjame verla! –la pelimorada con sus ojos abiertos de par en par extendió sus brazos para que el Jounin le entregara por primera vez a su hija.

-No extiendas los brazos, así no debes cargarla –contestó Kakashi –debes de sujetarla de esta manera ¿lo ves?

-Déjate de tonterías, solo dámela…

-¡Anko se te va a caer!

-Por supuesto que no dejaría a mi hija caer al suelo.

Fue entonces cuando Kakashi presionado por Anko deposito en sus brazos a la bebe quien se mantenía muy atenta a la pelea que sostenían sus padres.

La kunoichi se encontró frente a frente con su dolor de cabeza, esa bebé de enormes ojos cafés, piel aperlada y cabellos plateados.

Se quedo en silencio mirándola por varios segundos, por fin tenía entre sus brazos al pequeño ser que la estuvo acompañando durante ocho meses en su vientre, el resultado de una noche de locura.

-…tiene mis ojos.

-Sí, de hecho es el único parecido a ti.

-Kakashi, cállate.

-Es la verdad y lo sabes, te dije que sería idéntica a mí, pero gracias por participar de todos modos.

-¿Crees que no puedo golpearte delante de ella? –La kunoichi volvió a mirar al bebe envuelto en cobijas rosas -¿Cuándo podrá irse del hospital?

-Mañana temprano –el Jounin se sentó en la silla que estaba a un lado de la cama, últimamente se sentía muy agotado.

-Sayumi… -mumuro la kunoichi viendo pensativa a la niña, ciertamente ninguno de los dos había pensado en un nombre para el bebé.

-¿No te agrada ese nombre?

-¿A ti si? –pregunto rápidamente la kunoichi.

-Me gusta ese nombre pero a ti cual te…

-Entonces así se llamara.

Ambos ninjas se miraron en silencio, Anko le sonrió como no lo había echo desde hace ya varios años.

Un leve sonrojo se marco en sus pálidas mejillas, por lo que bajo rápidamente la mirada intentando ocultar sus sentimientos hacia el ninja copia.

-Pronto vendremos a visitarte, deberás recuperarte ahora más rápido… te estaremos esperando en casa.

La chica dirigió de nuevo su mirada hacia el Jounin estas últimas palabras no fueron cualquier cosa, su corazón sabia que significaban algo mas, un futuro.

-A tu hija no le importara si me besas delante de ella –Dijo el Jounin de pronto.

-supongo que no…

El peliplateado se subió levemente la máscara para dejar al descubierto sus labios, mientras que la chica impaciente obervaba como este se aproximaba hacia ella, ambos peribieron sus respiraciones, y una bebé comenzaba a quedarse domida tiernamente en los tibios brazos de su madre.

Habia ansiado tanto este momento, su vida estaba regresando a la normalidad, estaba segura que todo mejoraría de ahora en adelante.

Un leve suspiro escapo de sus rosados labios al ver como el rostro del padre de su hija estaba tan cerca del suyo entonces…

-Anko, la enfermera vendrá a traerte el desayuno y... ¡lo siento, no vi nada!- Una kunoichi interrumpió el anhelado momento entre Kakashi y ella.

-¡kurenai! – grito enfadada la chica, pues el Jounin avergonzado al ser descubierto por la kunoichi se aparto y rápidamente se bajo la máscara.

-yo… las dejo solas.

-Te odio kurenai –murmuro Anko viéndola fijamente.

-De verdad lo siento, casi lo olvido, Kakashi te buscan en la sala de espera… Anko, ¿puedo cargar un momento a la bebe?

-Entonces regresare más tarde por Sayumi –El chico se retiro de la habitación un poco sonrojado, pero dejando eso por un lado se sintió feliz de que Anko pudiese tener entres sus brazos a la niña.

-No, no puedes cargarla ¡eso te pasa por entrometida! –alcanzo a escuchar a la pelimorada gritar.

Ahora, ¿Quién lo estará buscando? No tardo mucho tiempo en contestar esta pregunta pues una chica de cabellos violetas se paro frente al él y sonriendo le entrego un vaso blanco con un delicioso café humeante.

-Yugao, ¿y esto? –dijo mientras observaba el vaso.

-Créeme, lo necesitas.